Leer EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela) Capítulo 10 online gratis en español
🏴 Grupo: olvidado134✍️ Traducción: olvidado134
Contuvo la respiración hasta que sus pulmones ardieron, y con un impulso decidido, se lanzó hacia el fondo del río. En su mano aferraba con fuerza un cuchillo de roca, afilado y tallado por sus propias manos, la única herramienta que su esfuerzo había logrado crear.
Era Xuan Lie.
Aún llevaba las marcas de la caída, heridas que no habían terminado de sanar. Nunca antes había tenido que cazar algo tan pequeño y veloz como lo que aquí llamaban "pez", esas criaturas que se deslizaban por el agua con una agilidad imposible, dueñas absolutas de su hábitat.
Pasó la tarde entera intentándolo una y otra vez, pero sus manos, torpes por el dolor y la inexperiencia, siempre llegaban tarde. No fue capaz de atrapar ni uno solo.
Vencido por el cansancio y la frustración, se apartó del borde del río y se sentó sobre el pasto verde de la tierra, dejando que la pesadez del momento lo envolviera. Se cubrió el rostro sucio con ambas manos, y fue entonces cuando las lágrimas comenzaron a brotar, cálidas y amargas, escapando sin control. Lloraba de tristeza, sí, pero también de una soledad que sentía inmensa, abrumadora.
A pesar de estar en el cuerpo de un niño de trece años, dentro de él habitaba el alma de quien alguna vez estuvo en la cima, de quien lo tuvo todo y ahora se encontraba en un mundo totalmente distinto. Y sin embargo, en medio de esa desolación, se revelaba lo que lo hacía único: aún mantenía intacta su esencia humana.
La melancolía flotaba en el aire, tan densa que parecía formar parte de la naturaleza misma. Era como si el bosque y el río, comprendiendo su dolor, intentaran de alguna forma silenciosa acompañarlo, como si el propio mundo solitario quisiera darle aliento al verlo caer.
Lloraba sin poder detenerse, sintiéndose vacío, perdido… pero esas mismas lágrimas eran la prueba irrefutable de que, en el fondo, seguía siendo el mismo de siempre. Ni la caída, ni el tiempo, ni este nuevo entorno habían logrado apagar lo que llevaba dentro. Entre el dolor y la soledad, su corazón seguía latiendo con sentimientos profundos, con esa humanidad que lo definía y que, aunque ahora parecía su debilidad, sería sin duda su mayor fuerza.
No era solo un niño asustado; era un espíritu antiguo, herido pero vivo, que lloraba porque sentía, y que sentía porque, a pesar de todo, aún seguía siendo humano.
Se acercó de manera silenciosa, como una sombra deslizándose entre la hierba, cuidando no interrumpir aquel momento de dolor y soledad. Se sentó junto a él, con una postura extrañamente parecida a la de un perro fiel, pero con una elegancia que no pertenecía a ninguna bestia común. Movía su cola suavemente, rítmicamente, y alzó la mirada hacia el cielo, cerrando los ojos con calma, dejando que la brisa acariciara y ondulara su espesa melena dorada.
En ese instante, bajo la luz suave de la tarde, se revelaba por completo lo majestuoso que era. Parecía una estatua viva, una criatura antigua y poderosa que, a pesar de su forma, irradiaba una sabiduría inmensa.
Entre el silencio del bosque, la calma del río y las lágrimas que aún corrían por el rostro del niño, Lóngshī Lǜ abrió sus ojos profundos y habló con una voz grave, pausada y sorprendentemente suave, como si sus palabras fueran llevadas por el viento mismo.
— Mortal… está bien sentir dolor. Es parte de estar vivo. Pero no dejes que eso afecte tu voluntad…
Xuan Lie, con la voz entrecortada por el llanto y la confusión, susurró casi para sí mismo, rompiendo el momento de melancolía y filosofía que la bestia había creado:
— Ehhh… ¿Qué dices?
Lo miró con seriedad, limpiándose la cara con rabia.
— Mi nombre es Xuan Lie… no "Mortal". —corrigió con firmeza, molesto porque aquel ser imponente siempre se refiriera a él como si fuera algo sin nombre.
Lóngshī Lǜ parpadeó un par de veces, sin entender del todo la molestia del pequeño humano, y de repente soltó una carcajada profunda y sonora que hizo vibrar las hojas de los árboles alrededor.
— ¡Jajajajaja! ¡Insecto! —exclamó divertido y algo arrogante—. Si quieres que te llame por ese nombre que tanto te gusta… tendrás que ganártelo.
Se puso de pie de golpe, evidentemente indignado y ofendido en su orgullo, pues él solo intentaba dar palabras de aliento y enseñar una lección profunda, ¡y el niño había interrumpido su gran momento filosófico para corregirlo!
Antes de darse la vuelta para alejarse, lo miró con curiosidad y arqueó las cejas, cambiando totalmente de tema:
— ¿Atrapaste algún pez?
Xuan Lie se sintió totalmente utilizado, como si para aquella bestia él fuera solo un entretenimiento o un experimento. Lo miró con ojos llenos de frustración, pero no respondió con palabras. Se puso de pie de un salto y regresó directamente hacia la orilla del río, decidido a volver a intentarlo una y otra vez.
Lóngshī Lǜ se quedó observando su gesto, esa terquedad humana que tanto le llamaba la atención, y susurró para sí mismo, con una media sonrisa de aprobación:
— Eso es, pequeño mortal… No permitas que el dolor se apodere de ti. Haz de él tu fuerza, y sigue intentando hasta lograrlo.
Dio unos pasos lentos alejándose, pero al escuchar el chapoteo del niño entrando de nuevo al agua, se detuvo, giró la cabeza y le gritó con tono de burla y desafío, rompiendo cualquier rastro de seriedad que hubiera tenido antes:
— ¡Xuan Lie! ¡Eres un inútil! ¿Cómo es posible que no seas capaz de atrapar ni un solo pez? ¡Jajajaja! —se burlaba mientras caminaba alejándose, moviendo la cabeza con diversión—. ¡Qué mocoso más tonto! ¡Jajajajaja!
Lóngshī Lǜ salió a dar un pequeño paseo por los alrededores, dejando que la calma del lugar lo envolviera. Al regresar, sus ojos se posaron en el cielo, donde la luna de este planeta se alzaba en el este, brillando con una intensidad que muy rara vez se veía. Era una visión hermosa y majestuosa; su luz plateada iluminaba extensas zonas del terreno, convirtiendo la oscuridad en un resplandor etéreo que parecía tocarlo todo.
Conocía bien ese fenómeno. Era uno de los sucesos más extraños y antiguos de este mundo: cuando esa luna brillaba así, significaba que la vida despertaba, que las bestias se reunían para reproducirse y que nacían nuevas criaturas. Le llamaban "La Bendición de un Mundo Perdido". Para los humanos, esa luz era también una oportunidad única: bajo su brillo, podían moverse con seguridad entre las antiguas ruinas que, en otras noches más oscuras, servían solo de refugio y protección contra los peligros que acechaban a los mortales.
Lóngshī Lǜ observaba el astro con una sonrisa tranquila, perdido en sus propios pensamientos, y susurró suavemente al viento:
— Hoy será una noche muy tranquila…
Pero en ese momento, un sonido ronco y profundo rompió la serenidad: grrrr.
Era su propio estómago, rugiendo con fuerza, recordándole que el hambre no entendía de belleza ni de fenómenos celestes. Se apresuró a regresar, impaciente y ya preparando en su mente todas las burlas y palabras sarcásticas que le diría a Xuan Lie. Seguro que el niño seguía allí, frustrado y sin haber logrado atrapar ni un mísero pez, tal como había estado toda la tarde.
Sin embargo, al llegar al lugar donde lo había dejado, se detuvo en seco, sorprendido y con los ojos muy abiertos.
Frente a él ardía una fogata brillante, y junto a ella, apilados ordenadamente, había una montaña entera de peces. Eran docenas, quizás cientos, todos frescos y listos para ser cocinados.
Lóngshī Lǜ soltó una carcajada mezcla de asombro y diversión, acercándose lentamente mientras movía la cabeza con incredulidad.
— ¡Jajajajaja! —exclamó—. ¿Acaso vaciaste el río? ¿Te llevaste a todos y cada uno de los peces que se ocultaban en sus profundidades?
Xuan Lie estaba sentado junto al fuego, mirando las llamas con una expresión seria y decidida. No contestó en voz alta, pero sus labios se movieron apenas, dejando escapar un susurro cargado de orgullo y promesa:
— Ya verás… te haré repetir mi nombre una y otra vez, hasta que te canses…
Pero Lóngshī Lǜ, con sus sentidos aguzados y su oído capaz de escuchar incluso el más leve susurro a metros de distancia, captó perfectamente aquellas palabras. Una sonrisa amplia y satisfecha se dibujó en su rostro, brillando con malicia y aprobación bajo la luz de esa luna mágica. Se acercó más, se sentó cómodamente frente a la montaña de comida y dijo con tono arrogante pero innegablemente complacido:
— Hmmm… al menos resultas ser útil para cazar unos cuantos peces… Por esta vez, te perdono, mortal.
Xuan Lie removía lentamente las ramas secas dentro de la fogata, haciendo que el fuego crepitara con más fuerza y lanzara miles de chispas doradas que subían hacia lo alto, perdiéndose en la inmensidad de un cielo que brillaba de una forma hermosa y distinta. Allí arriba reinaba aquella luna, única en su especie, un fenómeno celestial que él ya sabía que era solo una pequeña parte de todo lo que este mundo escondía. Era solo una muestra de la inmensa cantidad de secretos, maravillas y verdades que aún no conocían, de todo lo que quedaba por descubrir entre estas tierras olvidadas y bajo cielos que habían visto pasar eras enteras.
Mientras la luz plateada bañaba su rostro joven pero marcado por la experiencia, Xuan Lie levantó la vista, y por un instante, sus ojos parecieron mirar más allá de las palabras, directamente hacia todos aquellos que en ese momento estaban leyendo su historia, acompañándolo en este viaje. Una sonrisa ligera, llena de confianza y misterio, se dibujó en sus labios.
— Muchos de ustedes quizás tengan curiosidad… o quizás no… ¿verdad? —dijo con voz suave, como si estuviera charlando tranquilamente con viejos amigos que lo observaban desde lejos.
Se quedó un momento en silencio, asintiendo para sí mismo, disfrutando de esa complicidad invisible que se creaba entre él y quienes lo seguían. Luego, volvió a hablar, con esa sonrisa que guardaba recuerdos de tiempos que parecían eternos.
— Tranquilos… no se impacienten. Yo iré revelando poco a poco todo lo que sé. Les contaré sobre las estrellas… esas mismas estrellas en las que alguna vez caminé, cuando todo era diferente y yo estaba en la cima.
Giró la cabeza lentamente, dejando atrás ese momento de conexión especial, y sus ojos se posaron en Lóngshī Lǜ, que seguía comiendo con calma y satisfacción de aquella montaña de peces que él había conseguido con tanto esfuerzo. Xuan Lie bajó la mirada hacia las llamas, y susurró para sí mismo, con una determinación que nacía de lo más profundo de su ser, una promesa hecha solo para él:
— Si tener comida, fuego y protección es lo suficiente para estar seguro cada noche… entonces me esforzaré cada día, cada hora, para serte útil. Pero llegará el momento… cuando sea fuerte, realmente fuerte… entonces podré depender solo de mí mismo, y nadie podrá decidir por mí nunca más.
Aunque sus palabras fueron apenas un soplo de aire, tan bajas que cualquiera habría pensado que se perdían en el viento, Lóngshī Lǜ lo escuchó todo. Sus oídos, capaces de captar el sonido de una hoja cayendo a kilómetros de distancia, no perdieron ni una sola sílaba cargada de esa voluntad de hierro. La gran bestia dejó de comer por un segundo, levantó la cabeza y clavó su mirada dorada en la luna majestuosa que presidía la noche, y habló como si estuviera respondiendo a esos pensamientos, dejando caer sus palabras al aire con la pesadez de quien conoce la verdadera naturaleza de la existencia.
— Estar atado a este mundo, pequeño mortal… no significa el final de la vida misma. Al contrario… significa el verdadero inicio. El inicio de cosas sin precedentes, llenas de misterios que ni siquiera puedes imaginar, caminos que nadie ha recorrido y verdades ocultas… pero sobre todo, un camino lleno de peligros que pondrán a prueba hasta el último rincón de tu alma.
Xuan Lie no respondió, pero escuchó cada palabra como si fuera una sentencia y una profecía al mismo tiempo. Se acomodó mejor junto al fuego; sus heridas externas estaban vendadas con tiras de tela y cortezas curativas que había encontrado, aliviando el dolor visible, aunque sabía muy bien que el daño interno, el golpe en los huesos y en los órganos por aquella caída terrible, seguía ahí, latente y doloroso. Sin embargo, el cansancio era más fuerte que cualquier dolor físico.
Se recostó sobre la hierba, apoyando la espalda contra el lado cálido de la fogata para protegerse del fresco de la noche, y cerró los ojos, abrazando la esperanza de que, al descansar, recuperaría fuerzas. Su mente se quedó flotando entre la vigilia y el sueño, esperando con paciencia el momento en que la oscuridad diera paso a la luz del amanecer, ese primer sol que vería como parte oficial de este mundo perdido.
Desde cerca, sintiendo su propia presencia imponente, Lóngshī Lǜ curvó el hocico con una expresión tranquila y satisfecha. Por primera vez en siglos, en esa soledad eterna que había sido su compañía, sus ojos antiguos brillaban con una luz nueva, diferente. Sabía, con esa certeza que le daba el haber vivido tanto tiempo, que su vida desde ese momento ya no volvería a ser aburrida, ni vacía, ni mucho menos solitaria.
El destino había cruzado sus caminos, y bajo la luz bendita de la luna, ambos sabían que algo gigante acababa de comenzar.
Continuara…
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AUT: OLVIDADO

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EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela) Capítulo 10
Estás leyendo el capítulo 10 de EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela), un novela. He vivido incontables años... ¿Fueron 1000? ¿Acaso 2000? La vida es tan efímera como la de un mortal: breve, llena de dolor, de sangre y de lamentos. ¿Qué es la felicidad? ¿Una mentira para quien intenta huir de la… Este capítulo tiene publicado el 9 de julio de 2026, Traducido por el grupo olvidado134. EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela) tiene 69 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.