Leer El Personaje Terciario Que Desafió Su Trama. (Novela) Capítulo 46 online gratis en español
\[Perspectiva: Iván\] \[Dos minutos antes\]
—¿De verdad quieren romper sus límites? —preguntó con un tono juguetón e incrédulo, como si no pudiera creer lo que estaba viendo.
Los Valerius, con su Liberación activada, se lanzaron a toda velocidad hacia Sebastián. Antes siquiera de que él alcanzara a levantar la guardia, ambos ya estaban encima.
Con un sonido seco, Sebastián sujetó las muñecas que empuñaban las dagas. Sin embargo, la mano que había quedado libre aprovechó la abertura para intentar clavar la hoja en su cuerpo.
O, al menos, eso creyeron.
\[Magia básica defensiva: Barrera mágica\]
"Es rápido... Su velocidad de reacción es absurda. Incluso pudo leer los movimientos y las intenciones de los Valerius."
Con pavor, agarré mi espada y corrí en línea recta, sin un plan en mente.
Balanceé mi arma. Siempre había sido ligera, una espada de esgrima fácil de controlar. Sin embargo, ahora sentía como si el viento no empujara la punta de la hoja, sino toda su superficie plana, volviéndola cada vez más pesada.
No sabía si era algún conjuro... o simplemente mi propio miedo.
Aparté la vista de mi espada y volví a concentrarme en el combate.
Los Valerius atacaban con una sincronización perfecta. Mientras Sophie presionaba por la derecha, Bernard lo hacía por la izquierda.
Pero no estaban enfrentándose a una persona cualquiera.
Estaban peleando contra un ex héroe.
Un rango reservado para quienes no solo realizan hazañas extraordinarias, sino también para aquellos capaces de romper sus propios límites.
Sebastián desviaba ambas dagas con absoluta facilidad, sin siquiera lastimarse las manos y utilizando únicamente un hechizo básico de refuerzo.
Al observar con atención a los Valerius, me di cuenta de algo extraño.
Parecía que... estaban disfrutándolo.
Una ligera sonrisa acompañaba sus rostros, junto con una mirada desafiante que jamás había visto en los siempre inexpresivos Valerius.
Además, ambos estaban envueltos por una extraña capa de maná que cubría todo su cuerpo, como si un inmenso velo los protegiera mientras combatían.
—Esto es aburrido... —dijo Sebastián.
Con un simple giro de muñecas y movimientos mínimos de brazos, cadera y piernas, esquivaba todos sus ataques.
—...Si no superan sus límites, jamás podrán siquiera hacerme una herida.
"Otra vez con lo de los límites... ¿De qué mierda está hablando?"
—Parece que incluso en una batalla a muerte debo seguir siendo el profesor que los corrija. Les enseñaré a romper sus límites... pero, si no satisfacen mi deseo evolutivo...
Su voz se volvió ronca y cargada de una ira repentina.
—...los mataré a todos.
Mi cuerpo se paralizó al escuchar esas palabras.
El aire se sentía denso.
Mi visión temblaba.
Miré a mi alrededor.
La academia donde había venido para hacerme más fuerte estaba completamente destruida por un solo hombre.
Mis amigos estaban arriesgando sus vidas.
Edward debía de estar luchando en alguna parte.
Tadeo seguía inconsciente.
Eclipse hacía todo lo posible por mantenerlo con vida.
"¿Qué puedo hacer yo en esta situación?"
El mundo entero parecía pesar toneladas.
Era una presión insoportable que ni siquiera descansaba sobre mis hombros y, aun así, sentía que me aplastaba lentamente bajo el aura hostil de Sebastián.
En un abrir y cerrar de ojos, Sebastián conectó un rodillazo directo al mentón de Bernard.
La sangre salió disparada.
Sus pupilas perdieron el brillo al instante, como si unas nubes hubieran cubierto de golpe un sol radiante.
Al mismo tiempo, Sophie era sujetada por el cuello, completamente incapaz de contraatacar.
—Debo reconocer que son fuertes. Incluso más de lo que imaginé. Estuvieron muy cerca de llegar a ese punto.
Suspiró con una mezcla de lástima y satisfacción mientras observaba cómo Sophie se ahogaba.
—¡Déjala ir! —grité desde mi humillante posición.
Sebastián giró lentamente la cabeza hacia mí.
Una sonrisa tan amplia deformó su rostro.
—Como usted ordene... su majestad.
Pero, en lugar de soltarla, apretó aún más su cuello y la estrelló contra el suelo con una fuerza monstruosa.
El impacto provocó un violento temblor.
El piso se hundió formando un enorme cráter.
Se escuchó ese horrible sonido de alguien intentando recuperar el aire sin conseguirlo.
La espalda de Sophie rebotó contra el suelo antes de caer completamente inmóvil, bañada en su propia sangre.
Sebastián comenzó a caminar lentamente hacia mí. Por instinto intenté volver a ponerme de pie desde mi posición arrodillada, pero sentía como si unas manos invisibles me obligaran a permanecer en el suelo.
—Escuché que el hijo del rey de la nación quería convertirse en un héroe, ¿no es así? Pues déjame decirte algo, mocoso ignorante...
Sebastián se inclinó hasta quedar junto a mi oreja. Sentía el calor de su respiración acariciando mi piel, un vapor incómodamente cálido que me provocaba escalofríos.
—...Eres tan débil y repugnante que ni siquiera eres capaz de valerte por ti mismo.
Su voz estaba cargada de rabia. Las venas sobresalían de su cuello y de su rostro, haciéndolo parecer más un monstruo que un ser humano.
—¿Q-qué...? —balbuceé, cayendo al suelo mientras me arrastraba hacia atrás sin apartarle la mirada.
—Para ti los héroes son poco más que personajes de un cuento de hadas, pero la realidad está muy lejos de eso. Los héroes reciben ese título por dos razones. La primera, realizar una gran hazaña donde haya vidas en juego. La segunda... romper el umbral de sus propios límites. Pero tú eres un mocoso de mierda que probablemente jamás se haya esforzado de verdad en su vida.
"¿Qué mierda está diciendo este imbécil?"
—Piénsalo, joven Iván. Desde que entraste a la academia solo has mejorado un poco tu esgrima. Pero dime... ¿has despertado alguna habilidad nueva? ¿Has conseguido liberar la Bendición de la Espada? ¿Alguna vez has terminado un entrenamiento sangrando, vomitando o llorando? Tu problema es la imagen equivocada que tienes de un héroe. Con ese poder jamás podrías salvar a nadie.
—¡¿Quién mierda te crees para venir a recriminarme cosas que ni siquiera conoces?! —grité con la sangre hirviendo de rabia.
—Vaya... interesante. Parece que tienes bastante boca para hablar...
Sin previo aviso, una violenta patada se incrustó en mi plexo solar.
—...Pero tan poca habilidad que solo eres eso. Palabras vacías.
—¡Iván! —gritó Eclipse, incapaz de abandonar a Tadeo para ayudarme.
Sentí cómo mi espalda se estrellaba contra una de las paredes del salón principal.
Un entumecimiento recorrió todas mis vértebras, acompañado por pequeños crujidos que parecían anunciar que mi cuerpo estaba llegando a su límite.
El impacto fue tan brutal que la sangre subió hasta mi garganta. Al escupirla, incluso pude sentir el áspero sabor metálico raspando mi boca.
"Estoy viendo borroso... Si quiero convertirme en un héroe... ¿cómo puedo tener un sueño tan infantil si ni siquiera soy capaz de proteger a mis amigos?"
Las lágrimas recorrían lentamente mis mejillas mientras era incapaz de mover un solo músculo.
Con la vista completamente desenfocada, apenas distinguía una pequeña silueta negra acercándose poco a poco.
Cada vez era más grande.
Hasta quedar frente a mí.
—¿Qué haces ahí sentado? ¿Acaso no dijimos que nos convertiríamos en un héroe?
Era una voz aguda y familiar.
Un niño de cabello rubio como el oro y ojos color esmeralda.
Era yo.
Yo cuando era pequeño.
No sabía si aquello significaba que estaba muriendo... o si simplemente mi propia conciencia había venido a reprenderme.
Vestía un chaleco negro completamente arañado y cubierto de barro. Debajo llevaba una camisa blanca manchada por salpicaduras de sangre y tierra. Su pantalón negro de seda estaba roto en varias partes y uno de sus ojos permanecía ligeramente hinchado.
"Probablemente sea de la época en la que Damián golpeaba a Tadeo, Eclipse y a mí junto a toda su pandilla."
—¿Por qué te rindes? Nosotros hicimos un juramento.
Su mirada estaba completamente vacía.
Las pupilas reflejaban únicamente indignación.
—Ser un héroe implica demasiadas cosas... y yo no tengo ninguna de ellas. No puedo proteger a nadie. Ni siquiera puedo protegerme a mí mismo.
Lo miré con desconsuelo.
Una inmensa vergüenza me inundaba por dentro, creciendo como un océano imposible de contener.
Un mar de frustración.
De impotencia.
De lástima hacia mí mismo.
Un incómodo silencio envolvió aquel espacio borroso.
Todo parecía irreal.
Como si mi propia mente se estuviera desmoronando.
—¿Recuerdas lo que nos decía padre cuando éramos pequeños? Esa sensación constante de no ser suficiente... de no cumplir sus expectativas... de llorar porque jamás conseguíamos que nos mirara con orgullo.
"Ahora que lo pienso... durante toda mi infancia solo fui la sombra de alguien considerado el héroe más fuerte de la nación. Un hombre que nació para liderar... pero que sobrevivió a una infancia tan cruel que cualquier otra persona habría muerto en su lugar."
"Entonces... ¿por qué quiero ser un héroe?"
"¿Porque deseo heredar la espada de mi padre?"
"¿Porque realmente es mi sueño?"
"¿O simplemente estoy intentando cumplir un destino que él eligió por mí?"
—¿Y qué hay de ese muchacho? —preguntó el niño.
—¿A quién te refieres? —respondí con curiosidad.
—Edward Vangort. No parecía la imagen de un líder ni de un héroe cuando lo conocimos, pero aun así lo admiras. ¿Por qué?
Mis ojos se abrieron lentamente al escuchar su nombre.
Edward.
Mi amigo.
Pero no fui capaz de responder.
Guardé silencio.
"Ahora que lo pienso... desde que lo conozco jamás ha dejado de esforzarse. Cada meta que se propone termina consiguiéndola, sin importar cuánto tenga que sacrificar. Siempre ha asumido riesgos enormes... incluso llegó a salvarnos a Tadeo, Eclipse y a mí..."
"¡Espera!"
Una intensa luz comenzó a envolver el lugar.
Sentía cómo el peso que aplastaba mi cuerpo desaparecía poco a poco, mientras la fuerza regresaba lentamente a cada uno de mis músculos.
El niño, que hace un instante me observaba con indignación, ahora sonreía con una calidez que nunca antes había visto.
Sostenía un simple palo de madera como si fuese una espada.
—¿Lo entendiste? La razón por la que lo admiras es muy sencilla.
Levantó aquella espada de madera.
—Él representa exactamente el tipo de héroe que siempre quisimos ser.
La luz comenzó a envolverlo.
No era una despedida triste.
Era cálida.
Reconfortante.
Mis ojos se llenaron de lágrimas.
Una sonrisa apareció en mi rostro mientras aquella figura infantil desaparecía lentamente.
—Sí... por eso me hice amigo de él.
Bajé la cabeza unos segundos.
—Porque, sin duda... Edward es un gran amigo.
La luz terminó por envolverme completamente.
No dolía.
No quemaba.
Era una sensación extrañamente tranquila.
"Ahora lo entiendo..."
"Quiero convertirme en un héroe porque admiro a quienes jamás dejan de avanzar."
"Quiero ser alguien capaz de inspirar a otros."
"Quiero convertirme en alguien memorable."
"Ese... quiero ser yo."
Abrí los ojos de golpe.
Todo seguía destruido.
Los escombros cubrían el salón.
Y, frente a mí, Sebastián caminaba lentamente con un puño envuelto en una enorme cantidad de maná.
—Vaya... es increíble que hayas quedado inconsciente de un solo golpe. Pero ya fue suficiente.
Sonrió.
—Ahora te toca morir.
En el instante en que lanzó el puño hacia mí, reaccioné por puro instinto.
Sujeté la empuñadura de mi espada.
En cuanto mis dedos la tocaron, la hoja emitió un intenso resplandor blanquecino acompañado por una estela de múltiples colores que recordaba a un arcoíris.
El mango transmitía un calor agradable que recorría mi brazo desde la palma de la mano hasta el hombro, extendiéndose después por todo mi cuerpo.
Podía sentir cada partícula de maná fluyendo con una claridad nunca antes experimentada.
El aire se volvió ligero.
Tan ligero...
...que sentía que incluso podría cortarlo.
Con un movimiento elegante, casi coreográfico, ejecuté un corte ascendente en diagonal.
Sebastián abrió los ojos con sorpresa.
Había visto el ataque impactar.
Sin embargo, al observar su pecho y su abdomen, no encontró ninguna herida.
Sonrió con alivio.
—¿De verdad creíste que unas cuantas lucecitas iban a hacerme daño? Ahora sí...
De pronto...
Una fina línea carmesí apareció atravesando su torso en diagonal, desde el oblicuo hasta el hombro.
Era un corte superficial.
Pero suficiente para hacer brotar sangre.
—Oye... niño...
Su voz tembló.
—¿Qué... acabas de hacerme?
El miedo se reflejaba claramente en sus ojos.
Llevó una mano a la herida mientras la sangre descendía lentamente por sus abdominales.
Su expresión lo decía todo.
Jamás esperó que alguien despertara la Bendición de la Espada justo en medio de aquella batalla.
\[Habilidad única: Bendición de la Espada activada\]
—Había oído hablar de una espada con un grabado rúnico cuyo poder podía erradicar las calamidades del mundo... pero jamás imaginé que uno de sus portadores despertaría ese poder frente a mis propios ojos.
Una enorme sonrisa apareció en el rostro de Sebastián.
No era alivio.
Era emoción.
Una emoción enfermiza.
—¡ACABAS DE EVOLUCIONAR FRENTE A MÍ!
Sus ojos brillaban de locura mientras acariciaba la sangre que brotaba de la herida.
—¡AHORA PELEEMOS HASTA MASACRARNOS! ¡DISFRUTEMOS DE LA AGONÍA DEL OTRO... Y SIGAMOS EVOLUCIONANDO!
"No entiendo de qué está hablando..."
"Pero tengo que detenerlo."
"Todavía me tiemblan las piernas por su presencia... su aura... su poder..."
"Pero ahora mismo..."
"Soy el único que todavía puede seguir peleando."
Apreté con fuerza la empuñadura de mi espada.
Respiré hondo.
Y me lancé directamente contra Sebastián utilizando toda la esgrima que había aprendido durante años de entrenamiento.
Tenía miedo.
Muchas dudas.
Estaba completamente solo.
Tadeo, Bernard y Sophie seguían inconscientes.
Eclipse hacía todo lo posible por mantener con vida a Tadeo.
"¿Podré ganar?"
"¿De verdad existe alguna forma de derrotar a este monstruo?"
\*\*\*
Abrí los ojos de golpe.
Un dolor punzante atravesaba todo mi cuerpo, concentrándose especialmente en la parte baja del esternón.
"¿Cuánto tiempo estuve inconsciente?"
No entendía qué estaba ocurriendo a mi alrededor.
El pasillo estaba completamente destrozado.
El techo, que correspondía al suelo del segundo piso, presentaba un enorme cráter rodeado de montañas de escombros.
Había sangre por todas partes.
Entre los restos distinguí el cuerpo de Damián, completamente inmóvil.
No mostraba señales de vida.
Mi respiración era entrecortada.
Las costillas amenazaban con ceder en cualquier momento.
Mi ojo derecho seguía nublado por la sangre seca y un insoportable dolor de cabeza hacía que mantener el equilibrio fuera una tarea casi imposible.
—Ca... carajo... me duele todo...
Mi voz apenas salía.
La garganta estaba completamente seca y el dolor me impedía respirar con normalidad.
Apoyé ambas manos sobre el suelo y, haciendo un enorme esfuerzo, conseguí colocar una rodilla debajo de mi cuerpo.
Las piernas temblaban.
Me apoyé sobre ellas para terminar de incorporarme y, una vez de pie, dejé caer el peso de mi cuerpo contra la pared más cercana.
Avancé lentamente por el pasillo destruido.
"Tengo que reunirme con los demás."
"Sé que Sebastián es demasiado fuerte. Incluso todos juntos tendrían dificultades para derrotarlo hasta que Iván despierte sus poderes."
"Pero ahora existe una variable..."
"Yo."
Necesitaba llegar al laboratorio secundario.
Estaba ubicado en el subsuelo del salón principal, justo por donde nosotros habíamos entrado.
"No puedo arriesgarme a atravesar el salón principal."
"El laboratorio principal queda al frente del edificio y yo estoy en la parte posterior."
"Llegar hasta allí me tomaría demasiado tiempo... y probablemente volvería a desmayarme antes de conseguirlo."
Con las pocas fuerzas que aún me quedaban, debía comprobar si el laboratorio secundario conservaba algo útil para tratar mis heridas.
O, al menos...
Algo que me permitiera seguir peleando durante unos minutos más.
"Las pociones forman parte de la alquimia."
"Al igual que en los videojuegos, existen algunas capaces de acelerar la recuperación física y otras que restauran artificialmente el maná."
"No son especialmente eficientes..."
"Pero ahora mismo cualquier ayuda sirve."
Estaba agotado.
Todo mi cuerpo gritaba de dolor.
Al mirar de reojo el camino que había recorrido, observé cómo mi hombro derecho iba dejando una larga mancha de sangre sobre la pared.
Prácticamente me estaba arrastrando sobre ella para no desplomarme.
"Desde que desperté..."
"No dejo de escuchar niños."
"Ríen."
"Juegan."
"Es extraño..."
"En un lugar como este no debería haber ningún niño."
"Y, aun así..."
"No consigo ver a ninguno."
Finalmente llegué a las escaleras que conducían al subsuelo.
Me apoyé sobre la baranda utilizando el hombro y el codo como punto de apoyo para impedir que mi cuerpo cayera escaleras abajo.
Cada escalón era un suplicio.
Las rodillas apenas respondían.
Los tobillos se doblaban a cada paso.
Sin la baranda, habría rodado hasta el fondo.
"Si sigo perdiendo tanta sangre..."
"Voy a morir antes de llegar."
Después de un descenso interminable, acompañado únicamente por el retumbar constante de las paredes y los techos dañados por la batalla...
Por fin llegué al laboratorio.
Respiré con dificultad mientras levantaba lentamente la mirada hacia la puerta.
"Tengo que sobrevivir..."
"Sin importar el precio."

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El Personaje Terciario Que Desafió Su Trama. (Novela)
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El Personaje Terciario Que Desafió Su Trama. (Novela) Capítulo 46
Estás leyendo el capítulo 46 de El Personaje Terciario Que Desafió Su Trama. (Novela), un novela. Edward Vangort, ¿Quién es? Un personaje que ni siquiera aparece en la trama de la misma historia, pero antes de llegar a este mundo era…¿Quién era…? Debido a una amnesia parcial provocada por el sistema dando solo… Este capítulo tiene publicado el 24 de julio de 2026. El Personaje Terciario Que Desafió Su Trama. (Novela) tiene 47 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.