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Leer El Personaje Terciario Que Desafió Su Trama. (Novela) Capítulo 42 online gratis en español

\[Momentos antes de encontrar el agujero escondido\] —La guarida según recuerdo está repleta de un musgo artificial que repele la magia, por así decirlo más que repelerla; la anula por completo dejando inhabilitadas nuestras habilidades que requieran maná al entrar en contacto con ellas. —Pero luego había un pequeño túnel que no atravesé, pero con solo percibir el maná en su interior pude sentir una desorbitante cantidad de maná podrido, probablemente gente inocente corrompida por las torturas de Sebastián. —Dije con seriedad mientras apartaba ramas y arbustos que se cruzaban en el camino. —Ya veo… Es bastante astuto ya que reduce el espacio para el beneficio de los corrompidos que de por sí su fuerza sobrenatural es aterradora. —Respondió Sophie con una excelente hipótesis, porque esa era la verdadera intención. —Además que si en el caso de la invasión se redujera el espacio, sería un alboroto cerrado en donde los corruptos te pueden detectar al instante. Pero dudo que lleve ese musgo mágico ya que no habría forma de esparcirlo por toda la academia. —Es lo más probable… —El silencio acortó mis palabras dejando a los Valerius con dudas. —¿A qué te refieres? —Preguntó Sophie mirándome con una ligera capa de incredulidad. —Sebastián es un alquimista de alto nivel por lo que probablemente use una barrera a través de runas consanguíneas. —Dije con seriedad mientras seguía caminando. “Sí, las runas consanguíneas se deberían referir a algo familiar o que comparte sangre similar. Pero se le da ese nombre porque su sangre se transmite a la runa que forma una barrera que se activa por la sangre en funcionamiento. Solo se destruye cuando el usuario muere… Por eso quiero apurarme y terminar con esto lo antes posible.” —Por eso necesitamos apurarnos en encontrar la guarida de Sebastián. —Dije con muchos sentimientos encontrados, entre ellos el asco y la ira interna que contenía con el rechinar de mis dientes y el apretar de mis puños. En medio de la caminata se oyó un oleaje diferente, sonaba forzado como si muchas hojas estuvieran artificialmente manipuladas, de forma antinatural Bernard había encontrado una capa liviana de estas como una especie de tapa que cubría el gran agujero. “Entonces por esto Eclipse no se percató de este cuando cayó la vez pasada.” —Ya llegamos. —Dije mientras quitaba la maleza que camuflaba el agujero de doscientos metros que había que bajar. Miré con desprecio y resignación aquel agujero, era lo único que nos separaba del objetivo final de esta misión; solo con dejarme caer ya comenzaría un momento crucial e importante… No me puedo permitir fallar ahora. —¿Estás listo? —Dijo Sophie tocando ligeramente mi hombro. —Sí… —Salté hacia el gran agujero acompañado de los Valerius que saltaron conmigo. —… Comencemos. … … Aún recordaba el olor a humedad mezclado con el intenso olor del hierro perturbándome la nariz, el momento donde mis dedos rotos no cesaban ante el cansancio. Ahora que veo las paredes aún hay marcas de sangre seca de cuando tuve que escalar, pero, ahora es distinto… —Bajemos de forma intercalada con las piedras que están asomadas como base para afirmarnos. —Dije mientras caíamos en picada en el agujero. —Entendido. —Respondieron. Con un movimiento hábil como si usaran el aire para impulsarse se apegaron más a los muros, sin aferrarse a ellos pero estando cerca para pisar una roca que se asome. Al momento donde los tres nos encontrábamos parados en rocas que asomaban miré hacia abajo y sentía algo irregular. —Cada vez que caemos la oscuridad comenzará a absorbernos dejándonos con baja visión del campo, y al parecer tenemos recepcionistas no deseados al fondo. —Dije mientras mi mirada intentaba penetrar la capa de oscuridad, viendo unas pequeñas auras de maná podrido al fondo; eran tan minúsculas debido al musgo que ocultaba sus presencias. —¿Entonces solo tenemos que matarlos con fuerza bruta, no? —Preguntó Bernard con un ligero aire de emoción. —Sí, pero algo no anda bien, cuando peleé la última vez el musgo se quemó en su mayoría, pero ahora está todo repleto e incluso diría que hay más. —Con tono preocupado decidí ser algo más temerario y precipitarme a una posibilidad, la de ganar. Al despegarme de la roca y sumergirme más, los Valerius me siguieron; poco a poco comenzamos a aterrizar en rocas a medida que bajábamos hasta que ya no quedaban más por lo cual caímos directo. El lugar no había cambiado desde la última vez… La única diferencia es que había muchos corruptos que nos recibían cálidamente con sus horrendas expresiones. Sus huesos crujían y hacían constantes sonidos que incomodaban, gruñían y susurraban cosas sin sentido y al parecer debido al musgo no nos podían detectar tan fácilmente. “La vez pasada había menos musgo por lo que fue fácil que el corrupto detectara a Eclipse. Ahora tenemos su trampa a nuestro favor.” —Sophie… —Susurré y ella al instante se acercó. —… Trae suficiente musgo para cubrirnos con él y pasar por la horda. —Susurré a su oído a lo que ella entendió y caminó con total normalidad hacia una pared debido a sus botas ligeras. “Sus sentidos a diferencia del nuestro son menos agudos y más llevados a detectar el maná, pero si les quitas esa ventaja se les hará difícil vernos.” —Aquí están. —Susurró Sophie dejando caer una gran cantidad de musgo. Este musgo a diferencia del normal tiene una composición menos aguada y más moldeable, haciéndola ligeramente más rígida y seca como si se tratase de un alga disecada. Y cada uno se armaba una especie de sayón o túnica gigante para cubrirnos sin ser detectados. —Bien pensado, el entrenamiento de sigilo que hiciste expandiendo ligeramente tu pragmatismo y tu toma de decisiones, serás un gran potencial en nuestro ejército. —Susurró Sophie. —Bien, ahora que nuestras túnicas de camuflaje están listas debemos infiltrarnos a través de ellos sin entrar en contacto para ir al túnel del fondo. —Susurré mientras con mi mano derecha apuntaba a un túnel con una tenue luz casi invisible. Ambos entendieron, no necesitaba palabras para saberlo ya que con su comportamiento me bastaba; colocándonos firmemente los sayones nos encaminamos a través de los corrompidos que custodiaban la entrada, pareciendo pilares inamovibles se nos hacía fácil el caminar entre ellos. Estando a pocos metros el número de estos disminuía de manera exponencial haciéndonos entender que esto era solamente para desgastarnos y quitarnos tiempo, eran corruptos normales y no mejorados. Al llegar a la entrada del túnel, el aire se sentía distinto, era más liviano, no se sentía esa sofocación en comparación a antes. Aquí a diferencia de atrás no había musgo, pero si nos lo quitábamos llamaríamos la atención por lo cual nos lo dejamos y continuamos caminando. —Debido al musgo no puedo detectar cuántos enemigos habrá al frente así que vayamos con cautela. —Alcé la voz dando la orden. —Bien, nosotros te cubrimos la espalda. —Respondió Bernard. Aceleramos el paso ya que no había mucho tiempo, a medida que corríamos se escuchaba más fuerte un sonido metalizado mezclado con un sonido de choque, como si una gran masa chocara con el aire y emitiese eco. No había palabra exacta que lo describiera pero en mi mente me quedaba claro lo que estaba pasando… —Escóndanse rápido. —Susurré de inmediato al oír fuertes pasos que provenían del frente. En el pequeño túnel la única opción que había era… El techo. Los Valerius con destreza y agilidad se subieron al rocoso y húmedo techo del túnel, yo extendí los brazos para que me subieran como si fuese un muñeco de trapo; a pocos segundos de que la gran sombra se asomara los Valerius me tomaron y me subieron quedando en una posición incómoda en donde nuestro pecho estaba pegado al techo y nuestras manos y pies estaban incómodamente sujetándose en donde había un desnivel. “¡Carajo! No podremos aguantar más la posición, tendremos que arriesgarnos a atacar y ser lo más rápidos posibles.” Sin embargo, la sombra que se asomaba con imponencia se alejó dándonos la pasada abierta; luego de revisar si verdaderamente se había ido bajamos con cuidado sin hacer mucho ruido, seguimos caminando por una pequeña curva que se formaba en el túnel. Pegándonos a la pared interna de la curva asomamos levemente nuestros cuerpos y lo que vimos fue una grotesca y horripilante imagen. Un charco de sangre que casi llegaba hasta nuestro sitio provenía desde una gran puerta que se encontraba abierta; dentro se encontraban cientos de corrompidos bañados en sangre mientras comían humanos ya muertos, absorbiendo su maná y comiendo su carne. Los corrompidos mejorados se encontraban comiendo, sin embargo algunos tenían magia elemental, otros parecían ser artistas marciales y los restantes al parecer eran expertos en armas ya que había algunos con arcos, espadas, alabardas y hachas. “Esto es peor de lo que creí… Contando a simple vista se ve que son más de cien con facilidad, lo bueno es que la mayoría son corruptos no mejorados, pero aun así esto es muy peligroso.” Pero dentro de estos había uno que destacaba, mis ojos se ensancharon porque conocía la naturaleza de ese maná que incluso podrido era difícil de evitar, un aura egoísta que se veía a simple vista, pelo negro y corto, ojos completamente tapados por una cortina carmesí, un cuerpo morado gigante y abultado. —¿Ese es Damián? —Preguntó Bernard con impresión. —Al parecer sí, fue corrompido por Sebastián, se ve más masivo y gigante que antes, probablemente esté rondando por encima de los dos metros. Pero lo peligroso no es solamente su fuerza física potenciada, sino su habilidad única de repeler ataques mágicos y algunos físicos. —Susurré. “Si ahora mismo nos metemos a pelear… Moriremos en vano, pero tampoco podemos quedarnos parados. ¿Qué mierda podemos hacer ahora?” En ese instante quedé completamente paralizado, no sabía qué hacer ni qué orden dar; estábamos en un punto muerto donde la mayoría de las decisiones nos perjudicaban, incluso con las túnicas de musgo seremos descubiertos por la luz por lo que ya no nos sirve infiltrarnos, solo tocará esperar. Y en ese preciso instante se presenció un aura opresiva liberada de forma metódica, parecía planeado, se podía visualizar claramente por todos lados… Era demasiada muerte. Un olor a sangre se extendió con brusquedad en mi cuerpo, el miedo era claro; incluso los Valerius sin mostrarlo retrocedieron ante la desconocida presencia, era demasiado densa su aura de maná, la imagen grotesca que se visualizaba distorsionaba el juicio, el solo ver calaveras, personas sin ojos y gritos de agonía que rezaban por ayuda era muy perturbador y generaba repudio pero lástima por la gente que nunca pudo ser salvada, este escenario era algo que nadie debería ver. Pero para que él liberara toda su aura de forma deliberada debe significar que este bastardo… Sabe que estamos aquí. —Cuidado chicos, Sebastián está aquí. —Dije con seriedad colocando mi brazo derecho por delante de ellos mientras yo era el único observando de forma en que mi presencia no fuese vista. Al visualizar el laboratorio en donde estaban todos los corruptos se veía una presencia imponente entre ellos, todos se paralizaban al verlo o al percibir su poder. Era Sebastián quien ya había llegado. —Bestias sin raciocinio alguno, hoy haremos una gran fiesta de bienvenida para la academia Imperial, mataremos al hijo del rey y también a un noble cualquiera, pero no toquen a la chica. Ahora… —Su presencia cambió instantáneamente a una perversa en donde su sonrisa lo desfiguraba por completo dejando ver su verdadera faceta… La de un sociópata pervertido. —… Vayamos a cumplir nuestro deber y luego a matarlos a todos. ¡A TODO EL IMPERIO! —Gritaba con euforia y gran ímpetu mientras su cara se desfiguraba por su gran sonrisa. Al instante alzó el brazo abriendo un gran portal en donde los corruptos caminaban con lentitud y llenos de júbilo, sus ojos brillaban mientras se lavaban sus dientes con un movimiento circular de sus lenguas pareciendo que están preparándose para comer. —Ahora tenemos que detenerlos… Pero al momento de dar la orden una pequeña horda de corruptos comenzó a cerrar la puerta antes de siquiera llegar a ella; en el pequeño espacio que se formaba mientras nosotros corríamos con fuerza hacia la puerta, estaba Sebastián mirando de reojo hacia acá pasando de una actitud perversa a una burlesca y llena de satisfacción… Con fuerza golpeé el suelo haciendo que mis nudillos sangraran a medida que la tierra y piedras entraban por la herida. —¡¡MIERDAAA!! —Grité con furia mientras sentía cómo mi cuerpo se contraía por la fuerza. Me sentía rendido, el plan de invadir había fallado en la parte crucial, pero no nos podíamos rendir, ahora hay que volver… Tenemos que volver e ir a la habitación de armas y… Matarlos a todos. Me levanté lentamente y me di la vuelta caminando antes de comenzar a correr. —Debemos volver… —Alcé la voz con seriedad, debía mantener la calma y reaccionar rápido. Cada segundo ahora valía el todo o nada. —… La misión cambió, ahora cada corrupto que nos topemos, lo mataremos a sangre fría y llegaremos a la academia. —Dije con total frialdad mientras apretaba mis puños hasta que estos sangraran. —Bien. —Respondieron. Y presionando con fuerza los dedos de mis pies contra el suelo sin que el talón lo tocara, cargué con fuerza para salir disparado con zancadas cortas pero potentes lo que me hacía ir más rápido de lo habitual. Llegando a la habitación de antes todos los corrompidos rugieron y se abalanzaban hacia nuestra dirección. —Sophie, Bernard. Encárguense ustedes mientras yo verifico la situación. Tienen la libertad de matar a gusto a todos los corruptos que se topen. —Dije mientras me desviaba de su atención pasando por encima de ellos. Cinco palabras. Solo con cinco simples palabras: “Tienen la libertad de matar”, pudieron generar que estudiantes considerados prodigios que no muestran emoción alguna en la multitud ahora estén con un aura tan fría pero mostrando una actitud de frenesí; parecían emocionados mientras cortaban con facilidad a la horda de estos. ... ... “Vaya tarea de mierda… Profesor Sebastián es el peor profesor con diferencia.” Llevamos casi dos horas en el laboratorio, ya es de noche y no hemos avanzado absolutamente nada. Solté un suspiro lleno de lamento y angustia, la tarea era de magia nivel intermedio que incluso para estudiantes de segundo año era compleja ya que se debía memorizar un hechizo de conjuración activa en donde se tenía que recitar muchas palabras en un orden específico. —¿¡Cómo mierda los magos espirituales pueden invocar con tantas palabras?! —Preguntó Iván con intriga, ingenuidad y molestia. —Es porque ellos nacen y solamente se enfocan en hacer eso. —Dijo Eclipse estresada mientras hacía la misma tarea. Repentinamente se escuchó un gran estruendo que hizo temblar el suelo como si este se fuese a partir con facilidad, las capas del suelo comenzaban a crujir mientras todo temblaba cada vez más y más. Corrimos hacia el patio donde de forma antinatural el cielo comenzaba a ser absorbido por una delgada capa rojiza de color carmesí dejando la noche como una noche de luna carmesí. —Tengo un muy mal presentimiento… —Dijo Tadeo preparándose para pelear. —Yo también. —Respondió Eclipse. Por suerte traje mi espada por si llegábamos a aburrirnos y queríamos practicar, porque ahora mismo siento demasiados ojos observándonos. —¡Corran! —Gritó Tadeo mientras nos dio una palmada en la espalda. Al correr comenzaron a sonar demasiados sonidos de ventanas rotas, de ellas salían bestias moradas de ojos completamente rojos que comenzaban a perseguirnos en una postura casi en cuadrupedia. —¡Tenemos que llegar a la entrada y escapar de aquí! —Gritó Eclipse agitada mientras corríamos lo más rápido que podíamos. Y al intentar empujar la puerta, esta emitió una gran fuerza que nos repelió y empujó hacia atrás. “¿Qué acaba de suceder?” Al instante una gran ola de miedo y un intenso pavor se apoderaron de mí, sentía demasiadas presencias mirándonos; estando en un espacio tan pequeño las miradas y la sed de sangre eran legibles incluso sin que fueran algo que se viese con alguna forma. Sino que era uno de los instintos más primitivos de los seres vivos. El momento en donde llega una muerte inminente el cuerpo se queda paralizado. Pero una bofetada repentina me sacudió todo el cráneo dejándome la mejilla entumecida. —¡¿Y eso por qué fue?! —Dije molesto. —¿Es porque tu sueño es ser un héroe, no? Pues ahora es un momento perfecto para serlo, tenemos que abrirnos paso y encontrar un lugar seguro hasta analizar la situación, eso es lo que haría Edward ahora. —Dijo Tadeo lleno de miedo, pero apretaba los puños y se colocaba en guardia sin opción aparente. Yo entre el gran pavor y el flaqueo de mis piernas desenvainé mi espada y me posicioné. —Bien. Si muero será por tu culpa, ¿entendido? —¡Ja!, como si los dejara morir. —Dijo Tadeo abalanzándose contra los corruptos.
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El Personaje Terciario Que Desafió Su Trama. (Novela) Capítulo 42

Estás leyendo el capítulo 42 de El Personaje Terciario Que Desafió Su Trama. (Novela), un novela. Edward Vangort, ¿Quién es? Un personaje que ni siquiera aparece en la trama de la misma historia, pero antes de llegar a este mundo era…¿Quién era…? Debido a una amnesia parcial provocada por el sistema dando solo… Este capítulo tiene publicado el 3 de junio de 2026. El Personaje Terciario Que Desafió Su Trama. (Novela) tiene 47 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.