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Leer El Personaje Terciario Que Desafió Su Trama. (Novela) Capítulo 39 online gratis en español

Al llegar a casa me recosté con calma en el borde de la cama; con los codos apoyados en mis rodillas y con la mirada baja, me puse a pensar detenidamente en que pude sobrevivir a todo el primer acto hasta este momento. Creer que hace unos meses estaría con un cuerpo cercano a morir por la anorexia y ahora pasar a confrontar probablemente al jefe del primer acto me generaba cierta incertidumbre. Hasta ahora he podido manejar las situaciones debido a mi conocimiento meta del juego, pero ahora es distinto; ha habido factores que han alterado la historia por completo. Mi intervención en la trama la ha favorecido en ciertos ámbitos, pero la ha debilitado en otros. Pero ahora que estoy en este punto de intervención, no me queda más remedio que terminar lo que empecé; además, Iván ahora mismo no está en las mejores condiciones y si mañana puedo ayudar en la dificultad de la batalla final del primer acto, sería muy favorable. Sumado a que me he estado preparando desde la primera aparición de Sebastián en la trama, he intensificado mi entreno incluso sin la ayuda de Silas. Pero con el entreno de ayer siento el cuerpo cada vez menos fatigado; aun así, es suficiente cansancio acumulado como para dejarme en un estado de agotamiento extremo. Verdaderamente un entreno de mercenario es muy distinto al de un mago que entrena en una academia. “Han pasado seis días; mañana será la incursión. De cierta manera, el comportamiento de Sebastián ha sido extraño y lo que me preocupa es que Damián ha desaparecido últimamente. ¿Tendrá que ver con mi imaginación? Probablemente esté entrenando a puerta cerrada, pero aun así no quito la posibilidad.” Con un cierto ápice de insuficiencia que me invadía, me hacía preguntarme qué pasará. Era la primera vez que tenía muchas dudas, como un niño a punto de rendir un examen, pero ahora había un gran destino en juego. “Por ahora lo que puedo hacer es confiar en los Valerius y descansar; además, con la técnica que me enseñaron acompañado del infernal entreno que se basó todo en experiencia real… Aún me acuerdo de lo que dijo Bernard el primer día luego de nuestro duelo…” —No eres tan basto como creí, sin embargo te falta combate real; creo que en cada período de descanso entre clases iremos a hacer misiones del mural, cazaremos monstruos en los bosques. ¿Entendido?—Me generó cierto escalofrío recordar eso mientras me recostaba cómodamente en la cama, colocando ambas palmas en la parte alta de mi nuca. Al mirar al techo de madera vieja de mi casa me hacía razonar la cabeza, como si tuviese mil cosas que pesaran dentro de ella, un cúmulo de pensamientos donde solo dos me hacían retumbar las demás ideas: el que pronto seré mercenario y tendré que entrenar y vivir así, y que mañana terminará el primer acto. Es algo que me hace pensar que mi avance ha sido gratificante, pero muy arriesgado en ciertos momentos. Lo que más me hacía ruido, pero de buena manera, era el sentir mi cuerpo más fornido; tampoco algo exagerado, ya que en cinco días es imposible ver resultados, pero ahora me siento así no por algo visual o superficial. Más bien diría que encuentro mi cuerpo en equilibrio; siento un cierto balance como una triple balanza que sujeta mi maná, mi físico y la funcionalidad de ambos. Sin embargo, nada quitaba que tenía nerviosismo y una dualidad dentro de mí. Ya tenía claro que esta misión no es nada como lo que he vivido hasta ahora; si fallo, muero y todo se acaba. Y si fallo en alguna decisión importante, puedo provocar el declive de la trama y, tarde o temprano, el mundo también morirá como si fuese todo por un efecto mariposa, dejándome a mí en medio de la tormenta… “Debería dormir, mañana será un día agotador y debo prepararme para dirigir; no puedo fallar por nada en el mundo.” Me recosté de lado, con una palma que estaba entre mi almohada y mi pómulo derecho funcionando como amortiguador, pero también para transmitir calor a mi rostro ante esta fría noche que, por alguna razón, se siente más fría de lo habitual… … … Al abrir los ojos me encontraba en un lugar muy familiar: el olor a madera antigua, el lugar que estaba en una condición deplorable y colores anaranjados tenues al fondo del pasillo de lo que parecía ser una especie de edificio. Sentía olor a humedad y libros quemados que recorrían ligeramente mi nariz. —Oh, lo siento, no te vi.—Dijo un niño que corría con ropa muy abrigada: una chaqueta de pelo, botas y un gorro de lana, al igual que sus guantes. No respondí y solo caminé hacia la dirección del fondo del pasillo en donde, con cada paso que daba, la luz se intensificaba; mis pasos se escuchaban acolchados en una capa cristalina y gélida que me hacía entumecer los pies. Era una densa capa de nieve que cubría el pasillo. Al llegar a la esquina vi una fogata y muchos grupos de niños acomodados en la pared; eran grupos que se abrazaban con una gran frazada y, al parecer, estaban divididos por su relación de amistad. Y en mi cuerpo sentía una pesadez distinta; conocía esta sensación… Era soledad… Los copos de nieve caían con intensidad por los orificios de la pared y en la madera doblada; las ventanas no cubrían del todo el intenso frío del invierno y, acompañado de esta cruda soledad, sentía una pesadez muy despiadada. Mis párpados me pesaban por el frío haciendo que mi vista estuviera a punto de cerrarse; mi boca crujía de forma instantánea y continua. Escuchaba claramente cómo mis dientes chocaban y rechinaban entre sí mientras me abrazaba para evitar el frío y luego hacía un gesto de fricción con mis manos para acumular calor en mis palmas. En el momento en donde la tormenta se intensificó, todos se abrazaron fuerte y se encerraron en sus frazadas como una especie de bola que los cubría de todo, mientras yo estaba entre la puerta de la habitación y el pasillo viendo cómo la fogata se apagaba lentamente y cómo todos estaban cómodos entre sí. Y sin darme cuenta, unas pequeñas lágrimas acompañadas de mucosidad comenzaron a emerger sin previo aviso; sentía el pecho obsoleto y obstruido por el aire frío que me raspaba las vías respiratorias. Mi tórax se hinchaba por el llanto reprimido; las lágrimas salían lentamente y por cada milímetro que recorría mi mejilla, esta se hacía más pesada. Y por un instante, en mi cabeza sentí un peso cálido; sentía algo pesado y con cinco partes ligeras. Cuando toqué ese peso con mi mano, entendí que era una mano acariciando mi gorro. Era un tacto que recuerdo perfectamente… —Perdón por la demora, hermanito. ¿Debiste sentirte muy solo sin nosotros, verdad?—Dijo Park Do-Hyun con un tono carismático. A diferencia de mi recuerdo pasado, aquí se ve más pequeño, como unos cinco años atrás; se veía más inocente, estaba con una chaqueta peluda gigantesca que le cubría desde los hombros y cuello hasta las rodillas. —¡¿P-por qué tardaron tanto?! ¡Me sentí muy solo!—Exclamé llorando mientras abrazaba con fuerza a Park Do-Hyun. Él, con una risa calmada, me abraza para calmarme y al instante sentí que todo frío y pesadez se fueron, como si algo dentro de mí hubiese hecho implosión haciéndome sentir ligero… —Vaya que se ven tiernos.—Dijo uno de los chicos del grupo. —Es mi hermanito, ¿tienes algún problema con eso, Choi Myung-dae?—Preguntó Park con inocencia y una pizca de molestia. —No, nada; solo decía.—Respondió Choi. Él era el tipo de pelo ondulado de color castaño que vi en mi recuerdo anterior; ahora se ve más tierno y, ahora viéndolo de cerca, tiene unos ojos color café claro como capuchino. —Vamos a hacer nuestro refugio.—Dijo un niño calvo al lado de Choi. —Sí, tienes razón, Jung Do-Yun. Ve a hacer el refugio con los demás.—Dijo Park. Todos caminaron rápidamente a colocar una frazada gigantesca; diferente a las demás, la nuestra era más gruesa y era de terciopelo de un tono café oscuro. Además, colocaron sábanas por encima haciendo que el calor se acumule y haya más espacio para no sofocarnos. —Ahora que estamos solos, lamento haberme tardado; para la próxima evitaré tardarme tanto.—Decía con una voz amarga y llena de lamento mientras miraba a los demás grupos, sintiendo mi sentimiento de soledad. —No te preocupes, hermano mayor; mientras tú estés aquí, yo siempre confiaré en ti.—Respondí con unas palabras tan inocentes que llenaban de ternura. Él sonrió y me cargó en sus brazos llevándome con los demás; ahora viéndolos a todos, éramos un grupo de ocho personas. Choi, Yun, los demás... eran una niña de pelo negro y ojos celestes; un tipo de pelo largo y liso de color negro que le cubría los ojos; un tipo con los ojos y pelo rojo similar a un erizo, y un tipo de pelo negro corto con unos ojos similares a la esmeralda. Aunque todos fueran distintos entre sí, todos tenían algo en común y era esta sensación de calidez. Al estar en el conjunto de sábanas, todos esperaron la orden de Park para amontonarlas y cubrirnos con ellas. —¡Ahora!—Mencionó Park. Todos agarramos la gran frazada y nos cubrimos con ella quedando casi en oscuridad, ya que solamente había un pequeño orificio que iluminaba el interior. Y rápidamente, de forma simultánea, todos nos juntamos; ahí pude sentir este calor que envidiaba… Esto, ¿era mi familia? ¿Este grupo con el que no comparto grupo sanguíneo me puede mostrar tanto cariño sin siquiera decir o hacer algo específico? Porque a través de esta experiencia sentía el dulzor de la hermandad; sentía que si los abrazaba, nunca podría soltarlos. El olor a ropa añeja llenaba mi nariz, pero en ningún momento sentí molestia alguna, ni tampoco por las pelusas o por el sonido de las respiraciones; nada de eso importaba ahora… —Ya que todos estamos aquí, quería agradecerles por… ser mi familia. Pronto saldremos de esta situación precaria e injusta con nosotros, en donde sufrimos de un invierno que podría matarnos, pero con nuestro cariño del uno al otro hemos podido sobrevivir por cinco años y ahora, con mi pequeño hermanito que se nos unió, solo me hace sentirme más motivado para esforzarme para sacarnos de aquí… Gracias a todos.—Dijo Park que, sin verlo, podía sentir su cálida sonrisa. Y así pude recostarme en calma, con el pecho lleno y este dulzor en mi alma… haciendo que este invernal clima se sintiera tan pasajero que, incluso si estuviese solo con ellos, no me percataría de nada más… … … Abrí mis ojos viendo mi pieza iluminada por la gran mañana que atacaba mi ventana; me levanté y me senté en el borde. Al contrario de lo que pensaba anoche, ahora mismo me siento más abrumado. Y de forma repentina sentí algo en mi rostro; sentía un líquido que caía en mi mejilla de forma lenta, lo que me hacía dudar si había una gotera en mi pieza. Pero al tocar mi mejilla y luego la parte baja de mi ojo, entendí que no eran más que mis lágrimas que, de forma repentina, comenzaron a emerger. —¿P-por qué estoy llorando?—Murmuré anonadado mientras veía las yemas de mis dedos humedecidas por mis lágrimas. Luego de pasarme el antebrazo para secarme el lagrimeo, me levanté para vestirme mientras aún sentía esta pesadez que era similar a la de mi sueño, pero ahora era distinta; ahí tenía una incertidumbre y preocupación de algo que no llegaba, ahora no siento eso. Más bien sería una certeza de que nada vendrá. ¿Esto es la verdadera soledad? … … —Hasta que te dignaste a llegar, ya estamos listos.—Dijo Bernard alistando una especie de correa o cinturón que iba desde el hombro hasta su cintura. —Nada importante, solo tuve un mal sueño. Por cierto, ¿qué es eso que te amarras?—Dije con intriga mientras me alistaba también. —Esto se llama tahalí y normalmente no se ve en magos, pero sí en caballeros, asesinos, merodeadores y mercenarios, ya que nos ayuda a llevar armas de menor tamaño y en gran cantidad sin agobiarnos o acaparar espacio.—Dijo Bernard mientras sacaba dagas de pequeños bolsillos que poseía su tahalí. En todos los casos, yo no usaré mi traje de mercenario y simplemente llevaré mi uniforme acompañado de unos cuantos accesorios para protegerme de los peligros desconocidos. “Sebastián destaca por ser un alquimista muy elocuente e inteligente, pero también fue entrenado por los héroes, por lo que su estado físico y su combate son igual de excepcionales que su alquimia y control del maná. No será nada sencillo debilitarlo.” —Bien, acérquense, repasaremos el plan…—Bernard y Sophie se acercaron.—… Ahora mismo bajaremos sigilosamente al subsuelo y, al entrar al portal, iremos a la mazmorra que hice en mi primer examen; nos infiltraremos sin hacer movimientos bruscos o buscando peleas y trataremos de eliminar la mayor cantidad de fuerzas posibles. ¿Quedó todo claro?—Dije con autoridad, mientras nos mirábamos mutuamente. Ambos asintieron con la cabeza dándome la certeza de que está todo listo; caminamos hacia la salida de la sala de entrenamiento Valerius y ya con el sol a mediodía nos comenzamos a mover con cautela sin que ningún conocido nos reconociera. Muy pronto comenzaría el tramo final.
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El Personaje Terciario Que Desafió Su Trama. (Novela) Capítulo 39

Estás leyendo el capítulo 39 de El Personaje Terciario Que Desafió Su Trama. (Novela), un novela. Edward Vangort, ¿Quién es? Un personaje que ni siquiera aparece en la trama de la misma historia, pero antes de llegar a este mundo era…¿Quién era…? Debido a una amnesia parcial provocada por el sistema dando solo… Este capítulo tiene publicado el 19 de abril de 2026. El Personaje Terciario Que Desafió Su Trama. (Novela) tiene 47 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.