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Leer El Personaje Terciario Que Desafió Su Trama. (Novela) Capítulo 31 online gratis en español

“Los hermanos Valerius serán un verdadero fastidio si aparecieron a esta altura del Acto I… Mmmh, necesito respuestas; además, en esta parte del escenario será algo complejo poder derribarlos ya que, en términos de talento y habilidad, son superiores a Damián.” —Vinimos por orden de nuestro padre, el duque Valerius; tenemos que entregar un informe sobre ti, Edward Vangort, el que pulverizó al prodigio de los Morgath… Pero para serte franca, me alegra que lo hayas hecho; era un completo idiota, te doy el visto bueno. —Dijo Sophie con una sutil mueca mientras su mirada violeta opaca penetraba mi visión. —Yo también; Damián era muy estúpido a la hora de practicar. Por ahora nos retiraremos; espero que algún día podamos entrenar. —Dijo con una serenidad y seriedad absoluta Bernard, en conjunto a su hermana, mientras ambos se marchaban por el pasillo de mi derecha. En el momento que se fueron, solté un gran aire acumulado que expulsé con gran alivio; un susto que evité por completo. Ahora lo importante es que, una vez terminada la etapa de exámenes prácticos, comienza la etapa académica más compleja. “Cuando estuve en este período con Iván fue bastante complejo entender el sistema desde afuera, siendo un jugador que veía la pantalla; pero ahora, siendo un estudiante, lo entiendo mejor.” Una vez que termina el periodo de exámenes prácticos comienza el periodo de capacitación. Si no te va bien en el examen práctico, que es la fase eliminatoria para los cupos reales, puedes hacer misiones para compensar tu falta de puntos, ya que la experiencia real tiene cierta validez y credibilidad a diferencia de los puntos. “Pero las misiones, según recuerdo, se miden por dificultad; las de la academia son misiones de caza, por suerte. Aunque tengo mis dudas, ya que todas las misiones son en entornos hostiles fuera del reino. Lo positivo es que, mientras más difícil sea, mayor es la recompensa.” Con calma y algo de lentitud, me llevé la mano derecha al mentón mientras apoyaba mi espalda contra la pared. “¿Qué debería hacer ahora?…” La pregunta vagaba con lentitud. Tenía un mes entero antes de varios eventos importantes: la invasión de Sebastián, la gala de los becados oficiales y, luego de eso, los verdaderos exámenes prácticos que no serán nada fáciles… Pero lo que me preocupa es el crecimiento del grupo, especialmente la moral de Eclipse; la noto algo distante con todos, especialmente conmigo. No creo que sea por orgullo o resentimiento. Comencé a caminar mientras las ideas vagaban de forma ordenada; comencé a organizarlas por prioridad, pero no llegué a ninguna conclusión concreta, sino a cómo llegar a ella. —Debería… ¿invitarla a salir?… Pero no sé nada personal de ella… ¿Debería preguntarle a Tadeo sobre estas cosas o a Jannis? —Fruncí el ceño con molestia porque surgía la duda. “¿Quién de los dos me molestará más? Al fin y al cabo, ambos me ayudan, aunque sus consejos son distintos… Creo que sería mejor ir con Tadeo.” … … Fui a la habitación de Tadeo, que se encuentra en un edificio con forma de torre gigantesca en la parte de atrás de la academia. Cada estudiante becado, desde la mitad del primer año hasta que finaliza sus estudios, puede obtener beneficios; uno de ellos es este. Toqué la puerta con calma; uno, dos, tres golpes solamente di con la falange de mis dedos. A los pocos segundos escuché el sonido del colchón moviéndose y el oleaje de las sábanas golpeando el aire de forma brusca; la madera sonaba con cada paso que daba, era algo hueco, lo que significaba que estaba descalzo. —Hola, Edward. ¿Qué te trae por aquí? —Dijo Tadeo, quien se encontraba solamente con un pantalón holgado, sin camisa ni zapatos. —¿Estabas durmiendo? —Dije algo avergonzado por mi falta de respeto. —Sí, pero descuida; entra. Está todo ordenado a excepción de mi cama. —Mencionó Tadeo, quien dio un paso atrás y abrió completamente la puerta para darme el paso. —Con permiso. —Respondí mientras pasaba a la habitación. Era bastante confortable y simple. Una gran pieza con una cama, un pequeño escritorio de madera pegado a una ventana (casi un ventanal debido a su tamaño), un armario y, a su lado, un pequeño mueble para guardar pertenencias personales. Al frente de la puerta principal había otra entrada que conducía a un baño privado. Tadeo se sentó en su cama y sus piernas se cruzaron adoptando una postura relajada; de hecho, si lo veo bien, Tadeo se está fortaleciendo. Se nota en su masa muscular: no creció en volumen, sino que se ve más comprimida. —Dime, Edward, ¿qué sucedió? —Dijo con seriedad mientras agarraba una pequeña liga para amarrarse el cabello en su rutinario moño alto despeinado. —Nada serio, solo venía a pedirte un consejo… sobre mujeres. La última palabra cambió la actitud completa de Tadeo, haciéndolo ver más serio, como si su mentalidad hubiese cambiado al instante. Su mirada se fijó en mí de forma chistosa pero aterradora. —Te escucho. —Dijo de forma tajante. —¿Has notado que Eclipse se ve algo… distante? —Dije confundido. —Sí, la verdad es que la he notado algo fuera del grupo. Desde lo de Damián no ha hablado ni conmigo ni con Iván, y no tengo idea de sus amigas. ¿Pero a qué viene eso con los consejos de mujeres? —Vine porque quería invitar a Eclipse a salir, pero no sé nada de ella. Vine aquí para pedir tu ayuda, ya que eres su amigo de la infancia. ¿Podrías ayudarme con esta petición? —Dije de forma discreta. —¡QUÉEE! ¡CLARO, AMIGO MÍO! ¡TE AYUDARÉ! —Gritó con euforia total, casi reventando mis tímpanos. —Bien, ¿y cómo me ayudarás? —Dije de forma curiosa mientras lo miraba. —Tranquilo, te diré algunas cosas que le gustan. No muchas, porque será algo raro que las sepas; solamente lo esencial y básico. —Dijo con entusiasmo, hasta que repentinamente su semblante cambió. Tadeo se volvió serio y se dio una palmada en la frente como si hubiese recordado algo. —Edward, no creo que sea una buena idea. Eclipse está enamorada de Iván desde la infancia y, bueno, son mis amigos, por lo que… —Descuida, entiendo. No iba con esa intención de todos modos; solo siento que su estado de ánimo debe ser por algo que yo hice. —Interrumpí de forma cortés, evitando todo malentendido. —Oh, entiendo, entiendo. Bien, entonces ahora te diré todo. … … La conversación nos tomó toda la hora de colación y el receso de mi última clase, haciendo que saliera tarde de la academia para luego tener que volver. “No pensé que serían tantas cosas, pero la que me llamó la atención fue algo muy básico…” “—A Eclipse le gusta que la escuchen. No sé si funciona con todas las mujeres, pero siendo mi única amiga, a veces me habla por horas y simplemente la escucho y le respondo. Pero recuerda: oye no con la mente —sé que eres muy realista y proactivo—, sino con el corazón.” Venía a mi mente ese recuerdo con Tadeo tocando su pecho; de cierta manera me hacía gracia por lo cierto que era. Estoy viendo a los protagonistas como un sistema, pero estando aquí, es un mundo vivo con gente pensante; son personas que anhelan la vida al igual que yo en mi afán de sobrevivir. Estas personas son iguales a mí. Miré alrededor; cómo el flameante sol que nos ilumina comienza a cesar ante la noche. Una última luz se asomaba en las lejanas montañas, dando paso a la tranquila oscuridad que caería en el reino. Ahora iré a la academia; espero que Eclipse no se espante con lo repentino, ya que intenté avisarle, pero una vez que terminaban las clases desaparecía como si nada… Tengo que hacer esto. Di un suspiro mirando hacia arriba, como si un peso cayese en mi mente, en mí. “¿Será que estoy nervioso? Si es así, debe ser porque, por primera vez, seré vulnerable… Tadeo tiene razón: debo dejar mis objetivos del sistema y del juego a un lado. Eclipse es alguien que, al igual que todos, siente; tengo que abrirme a una conversación sin esperar una recompensa a cambio. Pero ¿por qué se me hace tan difícil?” Sudaba algo tibio; sentía cierta incomodidad en el cuerpo. Mi cara, de forma instintiva, miró hacia abajo mientras mi mano tapaba mi rostro. Me sentía confundido por mi comportamiento; era la primera vez que me afrontaba a alguien siendo más empático y comprensivo emocionalmente que ante una situación de combate. Caminé hasta las habitaciones y, estando al frente de la puerta del último piso, sentí de nuevo esta confusión en mi forma de actuar, pero sin titubear toqué de forma leve y relajada. “No creí que desde cierto punto solamente hubiera una habitación por piso. ¿Estos son los beneficios por tener una beca especial?” Al instante de golpear la puerta escuché unos leves crujidos detrás de la madera que nos separaba; sentí cómo se quedó parada por unos segundos, quizás por mi maná logró sentirme, pero no creo que haya sido eso. Ella abrió la puerta lentamente, tanto que incluso vi su habitación antes que a ella. —¿Quién es y por qué vienes a estas horas? —Dijo Eclipse con una voz apaciguada, levemente ronca y algo amortiguada, como si estuviese debajo del agua. —Hola, Eclipse. ¿Cómo estás? Venía para hablar contigo un momento, ¿puedo pasar? —Dije con seriedad, pero al mismo tiempo sudaba un poco y me sentía confundido, haciendo que me diera calor. Ella tenía los ojos completamente cerrados, o estaban tan poco abiertos que no veía nada más que sus párpados; pero al escuchar mi voz, sus ojos amarillos perlados se agrandaron, sus mejillas rápidamente se pusieron rojas como manzanas y me cerró la puerta de forma brusca. —¿Estás bien? —Dije con preocupación e intriga. —¡Dame un momento! —Gritó con vergüenza y desde la lejanía. Pegué mi espalda en la puerta y comencé a meditar. ¿Cómo debería empezar a decirle las cosas? ¿Debería haber planeado algo al respecto? Pero, al fin y al cabo, nadie se prepara para momentos así. “Ella estaba vestida con un pijama de terciopelo blanco. La parte superior parecía afelpada y tierna, como una especie de pelaje de oso, al igual que sus largos y anchos pantalones del mismo material; quizás esa deba ser la razón de por qué se asustó al verme.” —Oye, Eclipse, no te avergüences por nimiedades. No pensaré nada malo de ti solo porque estés en pijama, así que no te preocupes por eso. —Dije de forma solemne, con una voz tan apagada como si se lo hubiese dicho a mis propios pensamientos. Como respuesta inmediata, la puerta hizo un crujido y se movió lentamente. Miré hacia arriba viendo cómo Eclipse, de forma sincronizada, me dirigía la mirada hacia abajo. Su pelo cayó lentamente como una cortina; sus delicadas puntas golpearon con dulzura mis hombros. Veía cómo seguía con su pijama aterciopelado y afelpado mientras ella me miraba. Hubo un pequeño instante de silencio hasta que rápidamente me levanté; ella se colocó pegada a la puerta, indicando que podía pasar, a lo cual yo caminé con lentitud hacia su habitación. Su dormitorio era completamente distinto en comparación al de Tadeo: poseía una terraza individual, decoración refinada, una alfombra negra con gruesos bordes dorados, muebles ordenados cerca de su cama, una librería al lado de un gran escritorio, un gigantesco armario doble y una cama inmensa. También un mesón para cuatro personas muy elegante, incluso con velas de cera y un mantel refinado; tenía un gran baño que era del tamaño de la habitación de Tadeo y, por último, una habitación oscura en donde se veía que guardaba pertenencias. —Tu habitación es bastante agradable y refrescante. —Dije de forma discreta; no sabía ni qué decir, ni cómo decirlo. —Gracias… —Respondió con timidez. De nuevo hubo ese pequeño silencio que no era incómodo, lo cual de cierta manera se me hacía extraño. Ella se peinaba el pelo con sus manos de una manera muy delicada mientras desviaba la mirada, avergonzada. —¿Quieres tomar algo antes de conversar? —Preguntó con vergüenza, pero a la vez una cierta calidez abrazaba su tono, como una voz llena de un dulzor melifluo; no tenía esa presencia de nobleza arrogante, era algo más que no entendía. Yo me senté en una silla de forma educada y me quité la chaqueta, dejándola en el respaldo. Mi vista se desvió con cierto interés hacia sus ventanales que guiaban hacia una inmensa terraza. No me quería parar hasta esperar a Eclipse, pero oí un ligero golpe en la puerta. Antes de que yo pudiera siquiera ir a atender, ella ya se me había anticipado. Al abrir, era una sirvienta que traía consigo un gueridón de plata lleno de comida y una pequeña fuente con lo que parecía jugo de naranja o alguna fruta que no conociera. “¿De verdad ella se tomó la molestia de llamar a una sirvienta para que trajera todo esto?” Mi pensamiento era irracional y, con algo de vergüenza, desvié la mirada. La sirvienta se fue haciendo una reverencia, pero nos lanzó una mirada pícara cuya razón no alcancé a comprender. Eclipse se sentó conmigo y se sirvió jugo, a lo que yo también me serví. —¿De qué quieres hablar, Edward? —Dijo con un tono ahora más claro y limpio, como si el jugo hubiese sido el filtro necesario para limpiar cualquier rastro de sueño.
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El Personaje Terciario Que Desafió Su Trama. (Novela) Capítulo 31

Estás leyendo el capítulo 31 de El Personaje Terciario Que Desafió Su Trama. (Novela), un novela. Edward Vangort, ¿Quién es? Un personaje que ni siquiera aparece en la trama de la misma historia, pero antes de llegar a este mundo era…¿Quién era…? Debido a una amnesia parcial provocada por el sistema dando solo… Este capítulo tiene publicado el 27 de marzo de 2026. El Personaje Terciario Que Desafió Su Trama. (Novela) tiene 47 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.