Leer El Personaje Terciario Que Desafió Su Trama. (Novela) Capítulo 30 online gratis en español
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—¿Y bien? ¿Con qué fin nos reunimos? —Preguntaron en un rincón de la habitación real.
—Ah, siempre con tu impulsividad, duque de la familia Lifrost, ¿podrías calmarte aunque sea por esta vez? —Dijo con tenacidad en el otro lado de la mesa en la que comenzaba la junta real.
—Bien, guarden silencio, que el rey de la espada imperial hablará. —Ordenó alguien que se paró con firmeza.
Una figura abrió la inmensa puerta de madera de roble oscura; no se escuchó ruido alguno de óxido, sino un elegante y refinado aleteo en el aire; representaba gloria y estatus: ese era León Radien.
—Oí que esta semana darán los resultados del segundo examen práctico. ¿Cómo le fue a su descendencia? —Preguntó con un tono imponente el rey, mientras sus feroces antebrazos se afirmaban en el borde del amaderado mesón.
—Escuché que podrían sancionar al hijo de la casa Morgath, ¿no es cierto, duque Morgath? —Preguntó con astucia el duque Soler.
Dio un leve suspiro lleno de impotencia y molestia; mantenía su cordura y estado noble, pero se veía fuera de sí.
—Mi hijo hizo un acto por el cual será supervisado de forma minuciosa; sin embargo, me gustaría saber quién fue el cómplice de este suceso. —Dijo con imponencia; los ojos rojos característicos de los Morgath brillaban con ferocidad incluso en una junta formal como esta.
—Según vi en el informe del director, fue que dos estudiantes arremetieron a pelearse de una forma visceral en un campo de examen; algo que puede sonar como salvaje. —Dijo con un tono delicado lleno de astucia, proveniente del duque Soler.
—¿Fue un noble? —Corrió la voz de uno de los duques.
—No. Fue un plebeyo del pueblo bajo mundo. —Dijo levantándose el duque de la casa Valerius con una mirada que fruncía elegantemente el ceño, mostrando una actitud que no dejaba pasar nada; le parecía inaudita la situación.
El duque Morgath, con un traje negro de corte largo y recto, acompañado de unas charreteras doradas en conjunto con la rojiza banda de condecoración que cruzaba en la mitad de su pecho, detrás de esta llevaba una camisa blanca simple. Pero incluso a pesar de que su vestimenta era extravagante, se podía ver su cara de descontento total; con una mano se cubría la cara para no mostrar esa rabia descontrolada que los caracteriza.
—Es increíble cómo un plebeyo haya podido derrotar a uno de los hijos de una casa ducal; parece que tendremos que tomar medidas… —Le pide a un mayordomo cercano traer algo… o a alguien. —Tenía pensado acabar las tutorías privadas en un mes más, pero parece que las adelantaré para mañana; mis dos hijos prodigio, que tienen buenas becas al igual que notas, me contarán a detalle todo. —Dijo con orgullo el duque Valerius con sus característicos ojos púrpura en conjunto a su pelo que, a diferencia de sus ojos, es negro como el azabache.
De la gran puerta emergieron dos jóvenes con sus uniformes sin ensuciar ni arrugar: una joven mujer con el característico pelo oscuro de los Valerius, este estaba tomado en un moño alto que le dejaba una cola; sus ojos eran distintos a los de su padre, tomaban un color más violeta opaco. En el lado derecho de su cadera llevaba un cinturón en donde portaba una gran espada de hoja larga y delgada.
A su lado, quien parecía ser su hermano, era alguien de pelo corto negro con ojos idénticos a su hermana; es de contextura musculada compacta, podría aparentar ser un peleador como los Morgath, pero él llevaba la chaqueta abierta; en la parte interna tenía tres cuchillas por lado y en el cinturón llevaba algo similar a un machete, pero la hoja era más compacta tanto en longitud como en grosor, una mezcla extraña entre machete y navaja.
—Estos son mis prodigios que pronto se convertirán en héroes para que vayan al continente de héroes. —Dijo con orgullo, pero manteniendo su perspicacia y tono bajo.
—Es muy interesante, duque Valerius… —El rey imperial se levantó lentamente. —Para finalizar la reunión, dentro de unas semanas será la ceremonia de aprobación de los de primer año; deben prepararse para felicitar a sus hijos… Espero verlos pronto, caballeros. Ahora, con su permiso, me retiro. —Un tono que imponía, sabía qué decir en qué momento; era un líder por naturaleza, ya que él en sus años dorados fue uno de los pocos con el título: “Héroe.”
Todos hicimos una leve reverencia antes de marcharnos. Pero una de las casas ducales más brillantes, tanto como el sol, siempre ocultaba su noche; un pecado que, más que carcomerlos vivos, los alimentaba: alimentaba el poder y la futura gloria que los haría ser la familia más poderosa.
Todo nacido por una envidia de ser la cuarta casa ducal más importante; un simple puesto fue lo suficiente como para aspirar a hacer que su línea sanguínea sea la más poderosa del reino; esos eran…
La Casa Soler.
En un lugar remoto y lejano, el duque Soler caminaba por un lugar indigno para él; pero todo valía mientras sus planes fuesen tal cual como él ideó.
—¿Cómo va todo… Sebastián? —Dijo con seriedad el duque Soler; su tono pasó de una astucia como un zorro a uno grave, serio y totalmente autoritario.
—Va todo bien hasta ahora; he estado investigando bastante en este período como profesor y ahora que he podido pasearme por la academia, puedo decir que destruirla desde adentro es más fácil de lo que parece. —Dijo Sebastián con malicia.
El duque Soler muestra una leve sonrisa de satisfacción al oír eso, pero se le va fugazmente al recordar algo.
—Oye, Sebastián, escuché rumores sobre que un vil plebeyo pudo derrotar a un joven noble prodigio en su propia disciplina. ¿Podría ser peligroso para nuestros planes? —Dijo con un tono de misterio, pero sin dejar de clavar su mirada ígnea como el sol a la espalda de Sebastián, quien se encontraba trabajando.
—¿Te refieres a Edward Vangort?… —De forma repentina, el duque, con ímpetu y una toma de decisión rápida, agarra el cuello de Sebastián y lo entierra contra la pared de piedra mientras comenzaba a ejercer presión.
—Oh, qué interesante, Sebastián… ¿Así que lo conoces? —Dijo con una sonrisa llena de malicia y un sentimiento perverso detrás, acompañado de un tono grave lleno de astucia y una visceralidad cruda en sus ojos que se comenzaban a tornar de un anaranjado bermellón a un rojo oscuro.
La fuerza del duque comenzaba a presionar con aún más ferocidad.
—S-sí… E-es un estudiante de primer a-año… parecía de-débil cuando lo vi, b-pero a-al parecer me equivoqué. —Con la voz entrecortada debido a la presión ejercida en su cuello, haciendo que su tráquea comenzara a presionar su laringe y faringe de forma gradual.
—Interesante… Bien, me convenciste… —Soltó instantáneamente su cuello y sus ojos, al igual que su poder, volvieron a su estado normal. —Esto no se repetirá. Quiero que la invasión sea dentro de ocho días exactos. ¿Entendiste… Sebastián? —Dijo con ferocidad y un aura opresiva muy potente que incluso llegaba a quemar de forma real la piel de quien estuviese en frente de él.
—S-sí, mi lord. —Dijo Sebastián con un intenso pavor gélido, mientras con sutileza se tocaba el cuello verificando si estaba todo bien, mientras babeaba una mezcla de saliva y pequeños rastros de sangre de forma involuntaria.
El duque, quien le daba la espalda a Sebastián, dejaba a la vista un traje negro de corte largo y recto con una gran capa anaranjada con un sol amarillo en el centro, un bordado dorado en el contorno de esta, unas charreteras doradas y una melena entre naranja bermellón y algunos pelos amarillos opacos que lo hacían ver como un león; pero él no era majestuoso ni glorioso… Eso era una imagen falsa que él da, ya que es todo lo opuesto a lo que representa…
—¡Maldito bastardo de mierda! ¡¿Quién te crees para venir a mi laboratorio y amenazarme así?!… —Sebastián, esperando a que se fuera el duque, lleno de furia y a pesar del castigo que recibió, comenzó a acelerar todos los procesos.
Ahora, en el mundo de alto rango corría la voz con varios nombres, entre ellos los hijos de famosos nobles, casas importantes y de las casas ducales; a veces eran hijos de nobles con buenas becas o con buen puntaje, pero había un nombre especial que comenzó a llamar la atención, con un apellido famoso solamente en la academia: Edward Vangort.
\*\*\*
Abrí los ojos lentamente, como si el despertar fuese una acción pesada; sin embargo, en comparación a otras veces, no tengo huesos rotos. Mi maná está solamente agotado, pero no está ni desviado ni tampoco obstruido; significa que, aunque me haya destrozado una vez más y haya parado aquí, por lo menos no me destrocé de nuevo… Con una pequeña mueca pensé que esto es una pequeña victoria gracias al esfuerzo.
Mi cuerpo no estaba vendado como otras veces; solo tengo un hielo en la cabeza y nada más.
“Me pregunto cuánto tiempo habrá pasado desde que estoy aquí.”
Me levanté sin problema alguno; mis heridas, moretones y cortes estaban sanados al 100%, por lo que me levanté de la camilla y, de un perchero en donde se encontraba mi uniforme, me lo coloqué rápido para salir.
Al salir, el pasillo estaba vívido de estudiantes yendo a una dirección en concreto; varios me chocaron con total fuerza y otros me esquivaban. Era como una estampida que no me dejaba siquiera mi espacio personal, así que la mejor idea fue seguir a los demás para ver a dónde iban.
Miraba adelante y atrás; todo el pasillo estaba repleto de estudiantes como si hoy fuese un gran evento.
“El único gran evento que habría en estos días sería la temporada de misiones y…. ¡Los puntajes!”
Al recordar tan brevemente los puntajes también me desesperé un poco, a lo cual atravesé moviendo estudiante por estudiante hasta llegar al mural del fondo del pasillo.
“Si hoy son los puntajes, significa que estuve casi dos días completos en reposo; por suerte desperté hoy y no otro día.”
Dentro sentía que se acumulaba una pequeña carga; recuerdo al profesor Silas regañándome el día del examen, dijo que vería qué castigo me pondrían… Si llega a ser algo que perjudique mis notas, será difícil cumplir mi objetivo de vivir una vida en paz dentro de lo que cabe.
“Para aprobar necesito más de setenta puntos por examen, si son cuatro exámenes necesitaré aproximadamente doscientos ochenta puntos en total para rascar aunque sea uno de los peores lugares. Pero con tal de mantener mi beca estoy más que bien ya que mi objetivo es graduarme y vivir como un ciudadano normal.”
Y sin darme cuenta llegué al tan anhelado mural que contenía cuatro grandes papeles que se encontraban enmarcados; cada uno era gigante y se extendía de forma vertical. Era un papel azul oscuro con detalles lineales dorados y los nombres se encontraban en el mismo tono dorado.
Busqué el papel de puntaje de primer año; era el primero de la izquierda del mural. Comencé leyendo desde abajo hasta arriba, y mi nombre se encontraba en:
\[Puntajes de Estudiantes de Primer Año:
1er Lugar: Edward Vangort: 200 puntos
2do Lugar: …… : 180 puntos
3er Lugar: …….. : 176 puntos\]
Al ver mi nombre no me emocioné; pensaba que gritaría de alegría y de euforia, puede que eso fuese al inicio, pero ahora esto me genera paz, un sentimiento de haber dudado en el momento sobre mis decisiones y que esas mismas me hayan hecho obtener puntaje máximo en ambos exámenes prácticos.
Al ver más abajo se encontraba Iván en el quinto puesto con una suma de ciento cincuenta y nueve puntos. Al final, mi primer gran paso en mi plan salió con éxito; ahora tengo un mes para prepararme para el arco final del acto I.
Con total relajo extendí mis brazos hacia arriba y me estiré de forma liberadora, como si mi cuerpo se hubiera quitado miles de golpes y pesos de encima.
Ahora seguí viendo las tablas de los de segundo año. Al verlas, observé con alivio que Eclipse y Tadeo ocupaban el segundo y tercer puesto con el mismo puntaje de ciento ochenta y nueve puntos, quedando solamente cuatro puntos por debajo del primero.
—¿Oye, oíste que llegaría la jefa de facultad de magia? —Susurró alguien que hablaba con su amiga mientras veía la tabla de primer año.
—Sí, dicen que acortó sus clases particulares; al parecer algo tuvo que haber ocurrido. —Respondió su amiga.
Con desespero vi la tabla de primer año; sin percatarme, por debajo de mí se encontraban Sophie Valerius y Bernard Valerius…
“¿Por qué esos bastardos vienen ahora?”
Según el registro del juego de “El Rey de la espada Imperial”, el dúo de hermanos Valerius llegaría un día antes de la invasión de Sebastián, colocándolos a ambos como villanos hasta cierto punto en donde… Bernard es corrompido por Sebastián haciendo que este mismo asesine a su propia hermana. Dos tipos bastante habilidosos que, si llegaran ahora mismo, podrían causarme muchos problemas.
“¿Será por la pelea con Damián? No, no creo que la casa ducal Valerius sea tan minuciosa y mandara a sus dos mejores cartas a la academia en este momento… A no ser que sea… ¿Por mi culpa?”
Y de forma repentina siento un dedo que toca con gentileza mi espalda. Al darme vuelta…
“¡Debe ser una maldita broma!... ¡Son los hermanos Valerius!”
—¿De casualidad eres Edward Vangort? Si es así, ¿podrías venir con nosotros? —Con un tono tan inocente, pero su aura emanaba mucha ferocidad; con una mano agarraba mi brazo izquierdo y la otra estaba acariciando el pomo, lista para rebanarme.
Mantuve la calma; aunque ellos sean prodigios dentro de los prodigios que incluso estando en primer año podrían rivalizar con estudiantes de tercer año, tengo que ser neutral y mostrarme como alguien que no debe flaquear.
—¿Quién se creen que son y por qué quieren juntarse conmigo? —Quité su mano de mi muñeca y la miré levantando levemente mi barbilla; solté ligeramente mis párpados y simplemente dejé mis labios en una expresión de desdén.

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El Personaje Terciario Que Desafió Su Trama. (Novela)
Capítulo 31
El Personaje Terciario Que Desafió Su Trama. (Novela) Capítulo 30
Estás leyendo el capítulo 30 de El Personaje Terciario Que Desafió Su Trama. (Novela), un novela. Edward Vangort, ¿Quién es? Un personaje que ni siquiera aparece en la trama de la misma historia, pero antes de llegar a este mundo era…¿Quién era…? Debido a una amnesia parcial provocada por el sistema dando solo… Este capítulo tiene publicado el 27 de marzo de 2026. El Personaje Terciario Que Desafió Su Trama. (Novela) tiene 47 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.