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Leer El Personaje Terciario Que Desafió Su Trama. (Novela) Capítulo 29 online gratis en español

\[Perspectiva de Damián\] “Al fin cayó; el bastardo era duro. Se me hace imposible que él sea de primer grado con un grado de habilidad así: usar el barro para cegarme, golpear mis puntos vitales en momentos precisos… Si no tuviese este cuerpo genéticamente hecho para pelear, habría perdido.” El pensamiento sombrío que pasó por mi mente me hizo darme cuenta de que quizás sí debería recapacitar; haber escuchado a mi padre cuando me lo advirtió: el talento de nuestra línea sanguínea no basta para cubrir los orificios que deja la falta de consistencia. —Mi cuerpo se está entumeciendo de a poco…—Sentía cómo miles de espadas me atravesaban la carne.—¿Cuánto tiempo ha pasado desde que me excedí así?—Murmuré con seriedad viendo mi mano con mi propia sangre, que escurría desde mi fosa nasal hasta la parte más baja de mi mentón. Pero… “Qué bueno que acabé con ese trapo del bajo mundo; era un completo bastardo que no era rival para la casa de los Morgath.” Al mirar el cuerpo demacrado del perro de clase baja, miré cómo escurría lentamente la sangre de su frente, dejando una línea roja por su rostro que no se veía por la sombra. Al mirar su cuerpo, se veía como peso muerto; estaba sentado con la espalda pegada al árbol detrás suyo, la cabeza inclinada hacia abajo, sus manos con la palma hacia arriba estaban pálidas y débiles. “Tiene un aspecto desagradable; es obvio quién fue el ganador de esta batalla. Pero algo me inquieta: siempre que pulverizo a todos con los que peleo los dejo noqueados y me voy; ahora mismo se me hace imposible el irme. Mi cuerpo me dice que no debo darle la espalda, que esto no se termina.” El clima empeoraba; la lluvia se intensifica en pequeñas gotas que aumentaban en número y grosor. El tiempo de la prueba ya está por acabar; lo mejor sería irme. Debo recoger a Dalas y Derek; tengo que dejarlos en un lugar seguro y aguantar hasta que llegue el profesor Silas. Al momento de darle la espalda y caminar hasta donde se encontraban Dalas y Derek, escuché un oleaje que me perturbó; un escalofrío recorrió mi columna, una alerta de peligro natural. Escuchaba el raspado a la tierra y la fricción de la ropa contra el árbol; rápidamente me di la vuelta. “¡No puede ser…! ¿Este bastardo todavía puede pelear?” Estaba impresionado; tenía pavor en el cuerpo, me sentía incrédulo, pero también tenía ganas de ver de qué está hecho un tipo que viene de la basura, un ser que no merece ni que lo mire. Su cuerpo se levantaba lentamente con la espalda pegada a la pared, siendo soporte para que sus piernas funcionaran como una especie de pistón que empuja el cuerpo muerto; su torso rápidamente colapsó quedando en forma horizontal, pero de forma brusca lo levanta y queda erguido, con una mirada penetrante; su pupila se veía anómala, algo en él se veía distinto. —¡¿Qué pasa, pedazo de mierda?! ¡¿Todavía tienes ganas de pelear?!—Grité con euforia llamándolo con mi dedo, que hacía el gesto de que viniese hacia mí. “Sí… Sé que puedo ganarle; estoy seguro de eso.” Caminó lentamente hacia mí; rápidamente lancé un derechazo… Pero no golpeé nada y sentí un dolor agudo en mi rodilla; no vi cuándo llegó el golpe, fue instantáneo. Al mirar a mi rodilla derecha, Edward me lanza un gancho de derecha que me levanta ligeramente la barbilla. —¡Serás tú un—! Sin dejarme terminar mi frase, me agarra con fuerza la cabeza y me golpea la mandíbula con un rodillazo que me hizo apretar los dientes; la sangre emergió desde mi dentadura y encías, escurriendo por mi labio inferior. “¿Será porque no tengo maná o simplemente este bastardo se hizo más fuerte? No, definitivamente mi defensa no está funcionando; mi maná antes formó una especie de vórtice que me agotó por completo, lo que significa que ahora mismo estoy en mi estado más vulnerable.” En el instante caí al suelo, pero al mirar hacia arriba vi una sombra: la suela del zapato que usa este tipo a punto de aplastar mi cabeza. Rodé hacia mi lado derecho y me levanté rápidamente. —¡¿Qué pasa, maldito idiota, ahora te crees poderoso?!—Grité a carcajadas con una mirada encendida. La respuesta a eso fue un silencioso frío; su mirada de juicio era lo único que me podía dar como un consuelo a su respuesta. No corrí, caminaba. Al ver su cuerpo, sentía un flujo de maná tan pasivo en él que probablemente esté usando una cantidad mínima de su maná o incluso que no lo esté usando. “¡¿Este bastardo me está subestimando?! ¡Si tan solo no lo hubiese gastado todo en él antes, ya lo habría acabado!” La euforia me consumía al igual que mi frustración de no poder acabar con un tipo que era peor que un plebeyo; era similar al lodo, sin valor y sin gracia alguna, pero era irritante, era molesto. Me molestaba que me haya llevado a este punto. Lancé un izquierdazo del cual él golpeó mi muñeca para desviarlo y, con su mano derecha, lanzó un derechazo hacia mi pómulo que sentí cómo chocó con mis muelas, cómo el puño estiraba levemente mi fascia y se hundía en mi rostro, haciendo que mi cara chocara con el suelo. \*\*\* —¡¿Qué fue eso?!—Dije asustado; sentía el cuerpo algo pesado todavía, pero por lo menos puedo levantarme. Al ver a mi lado, veía a Eclipse noqueada, con el cuerpo pálido, pero se veía mejor en comparación a hace un rato, que se veía como si estuviese muerta. Al lado mío se encontraba Iván, que estaba noqueado, pero nada grave más que un leve sangrado. —Ey… Iván… Despierta.—Murmuré mientras sacudía de forma lenta y torpe su torso. Abrió lentamente los ojos y, al verme, se paró rápidamente y me abrazó con fuerza. —¡¿Estás bien, Tadeo?!—Gritó Iván con emoción, casi con un llanto. —Shh, silencio; parece que aún están peleando. Necesito verificar; despierta a Eclipse mientras yo veo lo que sucede. Al asomarme, sentí una presión inmediata de dos colosos chocando sus auras como si fuese una batalla entre guerreros de alto rendimiento; no veía nada más que siluetas que peleaban. Era un baile agresivo y visceral; el cielo comenzaba a desprender truenos con mucha fuerza, el viento era fuerte y la lluvia parecía un llanto de las nubes. —¡Oye, Tadeo!…—Dirigí mi mirada hacia la voz de Iván.—…Eclipse despertó y está bien; quiere ver la pelea con nosotros.—Dijo Iván. —No creo que sea una buena idea…—Dije atónito ante lo que vi hace un instante. Ambos se asomaron al arbusto en donde veía la pelea y sentí que el aura de Edward no era la habitual; era un aura desconocida que emitía una fuerte sensación de peligro. De forma instintiva, mi cuerpo me pedía que tomara a ambos y huyera de aquí; pero el que está peleando ahí es mi amigo. Al momento en que se separan, ambos de forma simultánea ponen su pie dominante como apoyo estilo pivote; una zancada que da paso al martillazo que juzgará quién ganará esta pelea. El golpe de Damián golpea levemente el pómulo de Edward, mientras que el de Edward da de lleno en su pómulo izquierdo, hundiendo los nudillos como si quisieran penetrar con total violencia la potencia absoluta de energía cinética y optimización de su poco maná. Damián se aleja por el rebote de energía y el daño acumulado; su mejilla queda rojiza y entumecida. Al instante de apartarse, pega una fuerte zancada con el codo traspasando la altura de su espalda; un puño lleno de ira descontrolada, ojos saturados en angustia y rabia, como un perro que no se puede controlar. Edward se lanza contra él dando una zancada más tardía, una que entierra con fuerza en el suelo lodoso y húmedo. Al momento de que ambos mártires colisionen, un fuerte trueno cae evocando una luz que nos cegó fugazmente, acompañado de un estruendo tan fuerte que nos generó un pitido en el oído; de forma voluntaria nos colocamos las manos tapándonos los oídos. Al cesar la luz, vimos una imagen clara: el puño de Damián rozó sutilmente el rostro de Edward, quien tenía una mirada afilada, unas pupilas que no se dilataban en lo absoluto; parecían sumergidas en un profundo océano, uno tan profundo que era difícil sacarlo de ese estado, como si fuese un estado de concentración absoluta. Damián, por otro lado, recibió de lleno el puño de Edward; desfigurado su pómulo izquierdo, hundió por completo el lado izquierdo de su cara. No pudimos oír un crujido debido al trueno, pero se veía que el puño estaba lo suficientemente enterrado en su rostro que tuvo que haber despedazado la mandíbula, haciendo que su cara se deformara al momento de recibir el golpe. El golpe, que parecía más un dios juzgando a un mortal, un juicio donde el condenado pagaba las consecuencias de sus actos; un golpe bastó para lanzar por los suelos a Damián, quien quedó cubierto de lodo, su ropa manchada en barro mientras la lluvia no cesaba. Su nariz goteaba sangre sin parar mientras que su labio inferior, roto, goteaba sangre mientras que gradualmente este se hinchaba. No miraba a Edward sino al suelo, al lodoso suelo en donde está sentado como un ser “inferior”. Edward me generaba estremecimiento y una comezón de inquietud. Quedé paralizado; desde mis dedos, que estaban enterrados con firmeza en el suelo, entendí algo que cualquier ser vivo podría saber cuando ves a alguien superior a ti. “Es peligroso.” Un instinto salvaje le gritaba a cada una de mis células que estuviese alerta; por más que fuese mi compañero de batalla y mi amigo, él era demasiado peligroso. A un punto que me hacía dudar de su crecimiento inhumano, un poder colosal que se sentía vívidamente en la presión que estos dos emanaban; uno con una rabia y angustia palpable, pero Edward era algo frío, calmado, sin inmutarse en ningún momento. Este examen se trataba meramente de medir nuestro nivel de combate contra estudiantes de segundo y tercer año en un campo abierto. Pero parece que las cosas se salieron de control; por suerte Jannis no estuvo en este examen ni tampoco la prodigio de nuestro salón. Si hubiese sido así, esto se habría salido de control. —¡¿Qué hacemos?! ¡No entiendo por qué Edward se alteró tanto hasta este punto!—Gritaba Eclipse con el cuerpo lleno de pavor; temblaba con un agrio sentimiento de culpa y preocupación. Era entendible, ya que ahora mismo esto no parecía una pelea pareja; parece un matadero. —Ya nos encargamos de los dos reyes celestiales con mucho esfuerzo, pero no creí que Edward fuese capaz de tanto. El Edward de hace dos semanas no hubiese sido competencia contra estos tipos.—Dije con temblor en mi voz; un sentimiento amargo se formaba en la saliva que tragaba. Mis pupilas estaban dilatadas… Mis ojos, tanto como los de Iván y Eclipse, miraban con consternación a Edward. Edward, quien se encontraba bajo la intensa tormenta, parecía alguien distinto; parecía tan sumergido en derrotar a Damián que pareciera como si estuviese peleando por asuntos personales. Una pelea de perros salvajes que combaten para ver quién domina a quién, pero esto se asemejaba más a un depredador que ya olfateó el olor a sangre de su presa. —¿Quieres continuar? ¿No quieres parar? Pareces algo cansado, ¿no crees, Damián?—Dijo Edward no con arrogancia, más bien con un relajo inhumano; la luz parpadeante de los truenos creaba una imagen cincelada para él, un caos que hablaba: el dios de la tormenta contra Damián Morgath, alguien que ya mira desde arriba a alguien que ya no se encontraba en la cima. Damián, con desconcierto, rabia, ego roto y miedo, miraba a Edward desde abajo; una posición sumisa para alguien con un ego como el suyo. Pero ahora mismo será testigo de que el esfuerzo sádico es más peligroso que cualquier talento innato, ya que nadie le gana a quien se crió en las batallas mismas. “Yo también fui criado por las peleas de callejones y barrios, pero nunca vi a nadie pelear como él. ¿Qué pasado tendrás, Edward Vangort?” Pero sin poder dejarnos un respiro, se escucha un sonido viscoso; Edward, con total brusquedad, pisa el lodo para lanzar otro puñetazo, un puñetazo que, a diferencia de antes, ahora viene cargado de una cantidad considerable de maná que Edward guardaba dentro de su cuerpo. La guardaba para ahora pulverizar por completo a Damián Morgath. Al momento que el golpe estaba a pocos centímetros, se escucha y se siente un sonido plano, tan plano que no hizo más que un eco agudo. Era el golpe que Edward lanzó, reposando con gentileza en la palma del profesor Silas, quien llegó justo a tiempo. —¡Profesor Silas!—Gritó Iván con emoción. Pero esa emoción no duró mucho cuando el profesor comenzó a mirar a los alrededores y luego su mirada de molestia se fijó en Edward. —Esto es malo…—La voz de Jannis apareció de forma repentina, casi dándonos un infarto.—…Si Edward no confiesa lo sucedido, podría ser eliminado de la primera fase y ser sancionado para que no vuelva a entrar a clases.—Dijo Jannis con los brazos cruzados y una mirada fija y preocupada. —¿Es así de grave?—Dije con pavor y temblor en mi voz; no entendía por qué expulsarían a Edward y no a Damián. —Vi la pelea; sé que Edward quería salvarlos, pero llevó la pelea a un terreno con el que la academia no se maneja: escenarios viscerales en donde el propósito de la violencia no es detener, sino pulverizar y aniquilar al oponente…—Jannis miraba con preocupación la situación mientras cerraba lentamente sus párpados con desconcierto. —Edward Vangort, ¿estás consciente de lo que acabas de hacer?—Preguntó el profesor Silas con seriedad mientras soltaba con lentitud el puño de este. Edward no titubeó ni miró abajo como un niño siendo regañado por su padre; lo miró fijamente. Su postura, que temblaba por el cansancio, seguía viva. —Hice lo que tenía que hacer. Damián Morgath y su grupo torturaron a mis compañeros, casi matando a Eclipse Soler, Tadeo Mayden y dejando inconsciente a mi compañero Iván Radien. Como líder de mi grupo, tomo responsabilidad absoluta de mis actos; no fue el camino correcto, lo reconozco. Sin embargo, no puedo tolerar que Damián siga acosando a mis amigos sin que reciba una penalización por sus actos atroces que llevan así desde hace más de doce años.—Dijo Edward con total discreción y serenidad ante quien podía ser el más fuerte de toda la academia. Silas se rascó la nuca con desconcierto, dudando de qué acción debería tomar. Movió la cabeza hacia arriba y, al mirar al frente, tomó un suspiro: —Entiendo a lo que vas, pero no puedes tomar acciones por cuenta propia. Con lo que me has informado, creo que debo tener un juicio más justo y hablar esto personalmente con el director. Por ahora, ve a recuperarte; lo necesitarás.—Dijo Silas dándose la vuelta para levantar a un Damián que se encontraba noqueado solamente por el golpe psicológico del último golpe de Edward. —Gra…..cias…. Edward, dando leves desequilibrios, cedió ante el cansancio y se desplomó ante el suelo lleno de lodo, moho y agua con leves tonalidades rojizas de la sangre anterior.
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El Personaje Terciario Que Desafió Su Trama. (Novela) Capítulo 29

Estás leyendo el capítulo 29 de El Personaje Terciario Que Desafió Su Trama. (Novela), un novela. Edward Vangort, ¿Quién es? Un personaje que ni siquiera aparece en la trama de la misma historia, pero antes de llegar a este mundo era…¿Quién era…? Debido a una amnesia parcial provocada por el sistema dando solo… Este capítulo tiene publicado el 23 de marzo de 2026. El Personaje Terciario Que Desafió Su Trama. (Novela) tiene 47 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.