Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 96 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Aunque ambos hubiesen sido nombrados para el mismo cargo de alcalde, la posición del anterior mandatario y la de Josef diferían de manera rotunda. Si el propósito del antiguo regente radicaba en el funcionamiento fluido de Shoara y en asegurar la recaudación tributaria, Josef era un hombre que precisaba forjar sus propios e indiscutibles méritos.
"¿Cree que ese tal Age inclinará la cabeza debidamente ante Vlad?"
"… Al menos habrá comprendido su situación actual."
Había instruido a un joven prometedor como Vlad y consolidado un dominio inquebrantable sobre el feudo de Deomar. Habiendo alcanzado semejantes resultados, el siguiente designio que Josef planeaba concernía precisamente a los bárbaros que habitaban más allá del confín septentrional.
"Incluso Age debe ser consciente de que la propuesta que le extendí encerraba la mayor sinceridad posible."
Durante todo este tiempo, la autoridad de la Casa Bayezid se había visto desafiada por numerosas familias nobles, y ahora había llegado el momento de darles una respuesta a través de los hechos. Y la tarea prioritaria que la Casa Bayezid debía consumar antes de ello consistía en erradicar a toda costa los factores de inestabilidad que acechaban a sus espaldas.
"… Por lo tanto, sabrá de sobra lo que ocurriría si llegase a rechazar mi ofrecimiento."
Habiendo recibido a manos de Mircea un golpe tan demoledor como para hacer tambalear los cimientos mismos de su clan, a la tribu Buda-at no le quedó más remedio que estrechar la mano tendida por Josef. Y Josef albergaba la intención de servirse de ellos a partir de ahora para mantener a raya a los bárbaros.
"Sería magnífico si se moviesen según nuestras intenciones."
"Así es."
Era una empresa que valía la pena intentar, mas de ningún modo resultaría sencilla. Sabiéndolo bien, Josef vertió vino caliente en su copa y exhaló un leve suspiro.
"… No alcanzo a concebir desde cuándo han estado tan divididos."
Pese a pertenecer a las mismas gentes del norte, los bárbaros y los norteños se habían enfrentado mutuamente durante largo tiempo. Ignoraba desde cuándo se había iniciado aquella cadena de odio, pero Josef no creía en absoluto que la situación presente reportara beneficio alguno al norte.
Tu mundo y el mío lindan el uno con el otro, mas no pueden ser uno solo.
Pues una infinidad de diferencias, tan vastas que resultaba difícil siquiera contarlas, separaban ambos mundos.
"Espero que ese muchacho se desempeñe bien también en esta ocasión."
Con todo, si había una razón por la que Josef había asignado a Age al lado de Vlad, era porque había vislumbrado una diminuta posibilidad en el joven.
El muchacho que montaba el corcel negro sacralizado por los bárbaros. Y el muchacho que, cabalgando sobre aquel animal, había cazado al dragón del norte, salvando de ese modo a los propios bárbaros. A diferencia de los norteños conocidos hasta entonces, Vlad despertaba en los bárbaros, siquiera en una mínima medida, un sentimiento de afinidad.
Josef tan solo anhelaba que, también esta vez, Vlad le mostrara un resultado capaz de rebasar sus propias expectativas.
\*\*\*
Desde aquella noche en que Vlad irrumpió y causó estragos, la casa de apuestas de Dados no había podido abrir sus puertas. De cara al público se decía que cerraba para realizar reparaciones en las instalaciones interiores, pero en realidad se debía a que Vlad le había ordenado la suspensión de sus actividades durante una semana.
"¿Bastará con esto?"
"Quién sabe. Habrá que verlo para saberlo."
Al llegar al despacho de Sir Bordan, Vlad depositó sobre su escritorio el fajo de papeles que traía cargado a dos manos.
"No entendí ni una sola palabra."
"Con que seas capaz de reconocer que allí hay palabras escritas, ya es bastante admirable."
Los papeles que Vlad había traído eran en su totalidad documentos contables incautados en la casa de apuestas de Dados. Los había confiscado bajo el pretexto de calcular las ganancias obtenidas mediante sus pasadas artimañas de engaño, pero Sir Bordan, a quien en rigor le correspondía encargarse de tal labor, se limitó a apartar los documentos a un lado en silencio.
"… ¿Quieres que te pase una tajada?"
"No."
Aunque no comprendía bien lo que estaba escrito, Vlad sabía al menos que se trataba de papeles carentes de todo valor real. Pues para que el antro de Dados volviera a abrir sus puertas, la respuesta no radicaría en un descargo intachable de cuentas, sino en el brillo de relucientes monedas de oro.
"Me dijeron que por ahora no acepte sobornos ni dinero sucio."
"¿Quién?"
"Un amigo mío."
Al escuchar la respuesta de Vlad, Sir Bordan se encogió de hombros.
"No sé de quién se trate, pero es un tipo despierto. Domina los fundamentos del arte de saber vivir."
Haben le había dicho a Vlad que por ahora era momento de sembrar semillas antes que de recoger la cosecha. Le aconsejó que, en vez de precipitarse tras el provecho inmediato que tenía delante de sus ojos, aspirara a los frutos situados en alturas superiores.
"Luego ve a buscar a Sir Gregory."
"¿Por qué?"
A ojos de Sir Bordan, Vlad resultaba digno de elogio por haber hallado el camino correcto con tan buen tino. Pues aquel muchacho que en su momento ni siquiera podía leer adecuadamente una orden militar y a quien él mismo tuvo que leérsela en voz alta, se había transformado, sin darse cuenta, en la digna estampa de un caballero.
De modo que no estaría mal brindarle una pequeña ayuda.
"Porque lo que ambos buscan encaja a la perfección."
"¿…?"
Viendo la mirada de Vlad, que parecía inquirir qué demonios significaba aquello, Sir Bordan revolvió en su cajón y le arrojó un caramelo. Un postre verdaderamente apropiado para un muchacho que todavía desconocía el mundo.
"Ya te he dicho cuanto tenía que decirte, así que lárgate."
Viendo a Sir Bordan agitar la mano con desdén tras pronunciar aquellas misteriosas palabras, a Vlad no le quedó más remedio que salir.
"¿Pero qué…?"
Al salir al pasillo con semejantes palabras enigmáticas resonando en sus oídos, Vlad se limitó a rascarse la coronilla. Jorge había comentado en su día que Vlad era de esos tipos capaces de convertirse en el cabecilla de cualquier callejón, pero el dilema residía en que su mentalidad seguía recluida dentro de esos mismos callejones. Al margen de si era perspicaz o no, Vlad, que apenas acababa de ascender a la superficie, no había dispuesto aún del tiempo necesario para comprender el mundo de los caballeros.
"Vlad, Vlad."
Sin embargo, no había de qué preocuparse.
"¿Sir Gregory?"
Pues, aun en los entornos más extraños, Vlad siempre lograba descubrir lo que debía hacer.
"Vamos, vamos, toma esto."
Habiendo seguido a Sir Gregory, quien precisamente lo llamaba por señas desde el extremo del pasillo, Vlad tomó el objeto que este le ofrecía.
Un objeto envuelto en un papel de regalo de aspecto suntuoso.
Era la cecina de la Familia Cannor que Portly solía darle con frecuencia durante sus días de escudero.
"Justo pensaba ir a verle".
"¿De verdad?".
Vlad se refería a que acataría las palabras de Sir Bordan, pero Sir Gregory pareció interpretarlo de otro modo y comenzó a mostrarse sumamente complacido.
"Qué bien. Sabía que nos entenderíamos a la perfección".
"¿Usted cree?".
Gregory era el tío materno de Portly. En otras palabras, un hombre estrechamente ligado a la Familia Cannor.
"¿Oso Negro, decías que se llamaba? Esa banda que maneja el negocio de la carnicería en los callejones".
"Sí".
Aunque la Familia Cannor era célebre por la ganadería en el Condado de Bayezid, su esfera de influencia se limitaba estrictamente a Sturma y a las aldeas circundantes.
"A lord Josef tampoco parece agradarle esa escoria, ¿qué te parece? ¿La barremos juntos de una vez?".
"......"
Para que la Familia Cannor pudiera expandir fluidamente su influencia hacia otras regiones, adueñarse de las zonas comerciales preexistentes resultaba la mejor opción. Y en la ciudad de Shoara, daba la casualidad de que residía un joven caballero respaldado por la propia Familia Cannor.
"Conque de eso se trataba".
"¿Eh?".
Un caballero es la espada, y la espada representa la fuerza. Tras los caballeros que abrían camino amparados por una causa legítima, siempre solían marchar aquellos que buscaban sacar provecho.
"Me parece bien. De todos modos, ya tenía pensado ocuparme de él".
Vlad tomó la cecina que Gregory le ofrecía y asintió con una leve sonrisa.
"¿Me prestará hombres?".
"Por supuesto. Si lo deseas, yo mismo me sumaré".
Dados, el de las casas de apuestas, y el Capitán Hoover, el del contrabando, eran tolerables, pero Oso Negro no. Porque él era alguien que había cruzado la línea.
Y los caballeros eran seres investidos con la autoridad para purgar a quienes cruzaban esa línea.
Vlad pensó que al fin podría consumar la venganza por la muerte de Anna.
※※※※
Cruj... cruj.
Sobre el callejón blanco que cubría efímeramente toda la inmundicia, Vlad exhaló con calma su aliento blanquecino.
El camino del muelle que conducía hacia Haben. Y el callejón que llevaba a la herrería.
Al menos mientras recorría estos dos senderos, Vlad podía olvidar la realidad por un instante. Quizá se debía a que, por muy convulsa que fuese la realidad que lo rodeaba, los senderos que conducían a esos dos destinos eran líneas rectas e inmutables.
¡Clang!
Tras empujar la puerta con un áspero estrépito, Vlad se adentró en la oscura herrería, desprovista de toda lumbre, arrastrando consigo el gélido viento invernal.
"......"
Lo primero que saltó a su vista al cruzar el umbral fue el banco de trabajo cubierto de polvo y una pequeña forja completamente helada. Una forja que en una herrería siempre debería estar encendida, pero que ahora solo contenía pálidas cenizas inertes.
"Parece que he venido demasiado tarde".
La nieve que nadie había retirado en mucho tiempo se había acumulado capa tras capa hasta volverse un bloque de hielo sólido. Bloqueaba aquella ruinosa puerta, como si quisiera dejar constancia de que nadie había ido a visitarlo en todo ese tiempo.
"Tenía algo que pedirle".
Vlad había acudido a ese lugar porque tenía un favor que pedirle al anciano y algo que mostrarle. Sin embargo, el viejo herrero, pese a la llegada de una visita, no hacía más que yacer sobre su destartalada cama, sin moverse en absoluto.
Al contemplar su quietud absoluta, Vlad arrastró una silla cercana y tomó asiento.
"He venido a pedirle que engarce esto en el pomo".
Vlad sostuvo en su mano la piedra de ámbar amarilla que había recibido de Alicia y la contempló en silencio. Pensó que al viejo le habría complacido verla. A pesar de no haber podido salir de los callejones en toda su vida, aquel anciano que anhelaba el mundo exterior siempre se deleitaba con las historias que Vlad le narraba, cotejándolas con las muescas de su espada.
"......"
Y a Vlad también le agradaba la risa del anciano, que resonaba al compás de los golpes del martillo.
De pronto, Vlad alzó la cabeza y contempló el techo de la herrería. Una viga de madera con una profunda hendidura. Era el lugar exacto donde siempre solía colgar la espada sin ornamentos.
"Hacía tanto que no la veía, que ahora hasta parece ajena".
El sueño del anciano había permanecido suspendido durante largo tiempo en los callejones, y el muchacho, al contemplar aquel sueño, había sido capaz de no perder la esperanza. Tal vez, mucho antes de aquella noche en que escapó de Shoara, el viejo ya estaba salvando a Vlad.
"En realidad, vine para entregarle esto".
Con un pesado suspiro, Vlad se puso de pie y extrajo de su pecho un objeto envuelto con delicadeza en un lienzo.
La espada sin ornamentos. La espada de los callejones de la cual solo quedaba la empuñadura, algo que ya no podía llamarse espada.
Vlad colocó la espada sin ornamentos entre las manos del anciano, que yacía completamente gélido.
"Gracias".
Quería decirle tantas cosas, pero al final todo se reducía a una sola frase. Darle las gracias por haberlo salvado.
Como última muestra de afecto, Vlad encendió una brasa en la forja del anciano y se incorporó. El calor que comenzó a brotar de allí alivió levemente el pesar de su corazón.
"Que tenga dulces sueños".
Con un quejumbroso chirrido, penetró una ráfaga de viento invernal, y poco después la puerta se cerró a espaldas del muchacho, cuya silueta se alejaba paso a paso.
El muchacho parte y el anciano se queda. Así es como fluye el tiempo, y nadie osaría quejarse por ello.
"......"
En la humilde herrería, desierta ahora tras la partida del muchacho.
Allí, el viejo herrero sostenía en calma la empuñadura de la espada sin ornamentos, tal como Vlad se la había colocado entre las manos.
Dormía y soñaba junto a la espada sin ornamentos. En su sueño se alzaban blancas montañas nevadas que jamás había pisado, y un dragón al que nunca había visto corría libre por la estepa. En el rostro de aquel hombre, que por fin había escapado de los callejones, parecía dibujarse una leve sonrisa.
La espada sin ornamentos, nacida del sueño de un anciano pero consumada en las manos de un muchacho.
La estrella que había permanecido suspendida apuntando al cielo por fin había regresado al regazo del viejo forjador.
Brillando con un resplandor más hermoso y radiante que el de cualquier otra.
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• Autor: Q10
• Traductor: Inmensurable
⚔️ El juramento de un caballero y el filo del primer Maestro de la Espada se forjan en cada batalla. ¡Deja tu reacción y comentario para avivar la llama del acero y traer pronto el siguiente capítulo! 🛡️✨

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El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 96
Estás leyendo el capítulo 96 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 20 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.