arrow_back

Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 95 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Una bola dorada rodaba. Una bola que, para algunos, cargaba con la emoción de un instante; para otros, con el peso de una vida entera. Salvando sin descanso los resaltes entre el negro y el rojo, la esfera centelleaba al compás de la luz que derramaba la lámpara de araña. \[Tendríamos que haber venido aquí mucho antes.\] Sin embargo, al margen del bullicio ensordecedor del garito, Vlad solo se concentraba en la ruleta que giraba sin tregua ante sus ojos. \[No existe mejor sitio que este para entrenar la agudeza visual y la capacidad de reacción.\] La voz tenía toda la razón. Incluso en ese mismo instante, la bola sobre la ruleta no dejaba de moverse, trazando una trayectoria errática e irregular. "... El rojo estaría bien." Pensando en la muchacha de cabellos escarlata que no tardaría en cumplir los dieciocho años, Vlad depositó una ficha sobre el número dieciocho. Una apuesta directa, arriesgando todas las probabilidades a un único número. No la había colocado a sabiendas de nada en concreto, sino que simplemente siguió la dirección que le señalaba su símbolo de la fortuna. \[Empieza.\] Al compás de la voz que resonó en su mente, Vlad cerró con presteza el ojo izquierdo y comenzó a despertar su Aura. El arte del fortalecimiento corporal que había aprendido de Sir Ramund era una técnica consagrada a robustecer el cuerpo físico. La esfera dorada, que giraba con brío sobre la ruleta, comenzó a ralentizarse poco a poco ante las pupilas de Vlad. "Mmm." Los ojos azules de Vlad comenzaron a diseccionar aquellos instantes efímeros que resultarían invisibles para una persona ordinaria. Al observar la bola dorada, incapaz de prever hacia dónde rebotaría, el ceño de Vlad empezó a fruncirse gradualmente. "......" No existía nada tan frágil como la fe ciega. Cualquiera en aquel sitio habría creído que la ruleta, al menos, se regiría por un azar imparcial; sin embargo, a los ojos de Vlad, quien poseía un mundo propio impermeable a los engaños, aquello no se veía en absoluto de ese modo. "Malditos estafadores." Para alzarse con la victoria en un duelo, era imperativo dominar el campo de batalla. No obstante, aquel lugar rebasaba el mero control: perpetraba una manipulación deliberada, de modo que ni el más mínimo atisbo de esfuerzo serviría de nada. Aquello era un mundo corrompido. "Sir Vlad." Mientras rumiaba en silencio las emociones que bullían desde sus entrañas, una voz que lo llamaba resonó junto a su oído. "Si nos hubiera avisado de su visita con antelación, habríamos salido a recibirlo como es debido." Un caballero ataviado con un traje impecable, del todo impropio para los callejones. Al escuchar las palabras del gerente del garito, Vlad no pudo evitar soltar una risa amarga. En los días en que no era más que un golfillo vagabundo de los bajos fondos, aquel hombre le gritaba enfurecido exigiéndole que ni se atreviera a acercarse; ahora, en cambio, doblaba la cintura entre reverencias y le aseguraba que lo atendería con los más altos honores. "¿Se encuentra el jefe en estos momentos?" "El señor Dados sigue arriba, aguardándolo, Sir Vlad." Dados, el amo de los garitos y uno de los capos de los bajos fondos. Al oír que aquel sujeto lo esperaba, Vlad fue consciente una vez más de la posición que ahora ostentaba. Su lugar era distinto al de antaño, y su talla, diametralmente opuesta. "¿Y por qué razón se limita a esperarme sin más?" "¿Cómo dice?" Por tal motivo, Vlad no se movió de su asiento. Aquel era un lugar torcido, mientras que él era un hombre íntegro, respaldado por una causa justa y una investidura legítima. Así pues, quien debía acudir al encuentro no era el caballero de Shoara, sino el dueño del garito de apuestas. "Dile a tu jefe que baje aquí." La voz se lo había enseñado: el golpe de efecto inicial debía ser espléndido; tan rotundo y feroz que dejara a todos boquiabiertos. "Hasta entonces, este garito suspende todas sus operaciones." "... ¿Qué insinúa con...?" Un caballero plantó sus pasos con firmeza sobre la mesa que albergaba aquel mundo corrompido. Era un varón cuya melena dorada destellaba con fuerza bajo la suntuosa lámpara de araña. "Tú, el crupier. Quita las manos." Vlad avanzó a zancadas sobre el tablero de la mesa, apuntando con la punta de su espada al crupier, cuyo rostro se había tornado lívido. Al ver a Vlad caminar sin el menor titubeo, pateando a su paso las fichas y las copas que estorbaban sus botas, las miradas de todos los presentes comenzaron a converger sobre él. "¡Vlad, Sir Vlad!" Habiendo sido alertado de la gravedad de la situación, el dueño del garito comenzó a descender las escaleras a tropiezos y en medio de un gran estrépito, pero ya era tarde. La mirada de Vlad ya se encontraba contemplando la oscura verdad oculta bajo la ruleta. "... Debiste de pasártelo en grande todo este tiempo, ¿no?" Uno de los capos de los bajos fondos: Dados, el amo de los garitos. Al contemplar al hombre que le sonreía con una ferocidad salvaje, se vio asaltado por una opresión que le cortó el aliento de golpe. 'He dado con el hombre equivocado.' Los matones del local, desconcertados, intentaron aproximarse con cautela hacia el sonriente Vlad, pero no tardaron en verse obligados a recular. "Ni se acerquen. El señor caballero está en pleno cumplimiento de su deber oficial ahora mismo." "Mmm." "¿Podemos matar a estos tipos? Me parece que no habría ningún problema, ¿verdad?" Pues tres hombres, que en un abrir y cerrar de ojos se habían plantado a espaldas de Vlad para cerrarles el paso, los hacían retroceder empuñando sus armas con un ímpetu despiadado. "Maldición......" Solo entonces comprendió Dados que el nuevo alcalde de Shoara había soltado a un perro rabioso contra él. Y aquel sabueso era un animal capaz de rastrear y revolver cada rincón de los bajos fondos con solo seguir el hedor. Porque, después de todo, se trataba de alguien nacido y criado en ese mismo lugar. \*\*\* El día en que Vlad derribó la puerta de la habitación de Haben y lo sacó de allí. Avanzaba por la calle con el ceño fruncido mientras sostenía una botella entre las manos. "¿Esto no es aquello?" "Es exactamente aquello." Haben seguía los pasos de Vlad cargando un pequeño fardo. En aquel hatillo se hallaba todo cuanto había acumulado a lo largo de su vida entera, mas era un equipaje tan insignificante que podía sostenerlo con una sola mano mientras se apoyaba en su bastón. "Vaya que ser caballero tiene sus ventajas. Uno derriba una habitación a golpes, se lleva a un miembro de la banda y, en lugar de represalias, terminan entregándole un regalo." "... Esto no es ningún obsequio." Vlad chasqueó la lengua con ademán contrariado al observar el licor que oscilaba con una viscosidad extraña en el interior de la botella. "Es Capitán Q. Esta porquería." "Para ser exactos, Capitán Q3. La versión mejorada que fabricó el jefe." El Capitán Hoover, uno de los capos indiscutibles de los bajos fondos. En sus años mozos había sido un capitán naval de cierto renombre, pero ahora no era más que un anciano en decadencia que se ocultaba en las sombras de Shoara. Sin embargo, aun habiendo caído en desgracia, conservaba todavía una última pasión: recrear el licor de las sirenas que aseguraba haber probado en su juventud. "Parece que las sirenas no tienen lengua". "Viven en el mar, así que tal vez su anatomía sea algo distinta a la nuestra". Haben comentó que, si bien la destreza de Hoover para destilar licor era pésima, en el fondo no era una mala persona. En los días en que Jorge aún vivía, jamás había tenido mala reputación entre los capos y, aunque su trato hubiese sido áspero, al fin y al cabo había sido el hombre que acogió a un lisiado como él. "El nuevo alcalde de Shoara tampoco tocará al Capitán. Es alguien que, a su manera, genera cierto valor para la ciudad". "¿Ah, sí?". "Porque hasta entre los insectos hay plagas dañinas e insectos beneficiosos". Haben no había podido contemplar ni experimentar el mundo directamente con sus propios ojos a lo largo de aquellos años, pero a través de los documentos y tareas que le encomendaban había conocido de forma indirecta un sinfín de realidades. La propia naturaleza de una red de contrabando que alcanzaba tierras lejanas navegando por el río había contribuido en gran medida a aguzar su juicio. "El hecho de que te haya colocado a ti, que careces de experiencia, en el distrito más ingobernable, los callejones, sin duda encierra la intención de ponerte a prueba. Es una oportunidad, pero también un peligro". "Mmm". Vlad acompasó sus pasos con naturalidad al andar de Haben y comenzó a caminar despacio. Lo hacía en parte por consideración hacia su cojera, pero también porque las palabras que brotaban de los labios de Haben retenían su paso de manera instintiva. "Entonces, ¿qué hacemos a partir de ahora?". Josef no le había dado órdenes minuciosas a un Vlad falto de experiencia en tales lides, pues consideraba que incluso la vivencia de tener que pedir consejo resultaría formativa para el joven caballero. "Hacerles saber a los capos, igual que hoy". Haben esbozó una sonrisa al contemplar, bajo el cielo nocturno y a lo lejos, la silueta de La Sonrisa de la Rosa. "Que has llegado". Un nuevo alcalde, un nuevo caballero. Y un nuevo orden. Haben comprendía con absoluta precisión qué era lo que Josef esperaba de Vlad. ※※※※ Marcela le había prometido a Vlad cederle la mitad del cuarto piso, y aquellas no habían sido palabras vacías. "Gracias". "... Es alguien a quien yo también conozco". Otar, convertido ahora en sirviente del caballero, le expresaba su gratitud a Vlad por haberle concedido una habitación y un oficio. "Si seguía de carterista, estaba cantado que acabaría muerto en cualquier momento. ¿Qué otra cosa podía hacer?". "..." Vlad apoyó la barbilla en la barandilla del cuarto piso y observó al muchacho que fregaba afanosamente el suelo con una mopa en la planta baja. Aquel chico de piel oscura había heredado la faena que antaño realizaba el propio Vlad en sus días como vendedor de velas. Por el bien de Ned, el hermano menor de Otar con quien compartía cierto pasado, Vlad le había conseguido un puesto en La Sonrisa de la Rosa, y ahora Ned residía junto a Otar en el cuarto piso. "Madame está encantada. Dice que por fin se deshizo de todos esos tipejos que no hacían más que estorbar". Jemina, acercándose a Vlad con el pretexto de limpiar, le susurró al oído mientras señalaba hacia donde se encontraba Haben. "... No sabía que a Marcela le desagradaban tanto". Hacia donde apuntaba Jemina, Haben atendía tras una solitaria mesa a las personas que habían venido buscando a Vlad. "Se le ve distinto. No tenía idea de que Haben tuviese este lado". Vlad no contestó en voz alta a las palabras de Jemina; se limitó a asentir con la cabeza en señal de acuerdo. Un hombre necesita un lugar donde desplegar sus dotes para poder demostrar de lo que es capaz. Y ahora, en lugar de estar recluido en una estancia umbría con olor a humedad y agua estancada, Haben cribaba a la chusma y a los oportunistas con la investidura del representante de un caballero. Con seguridad, una vez concluida la larga ronda de entrevistas de aquel día, acumuladas durante tanto tiempo, acudiría ante Vlad con una lista de aquellos que realmente pudieran resultar de utilidad. 'Ya es hora de que llegue'. Vlad masticaba el emparedado que Marcela le había preparado mientras aguardaba a la persona que vendría a buscarlo. Josef le había prometido cubrir la paga de cuatro hombres en total, y Vlad sabía muy bien que Haben y Otar no bastarían para desempeñar las labores de orden público en los callejones. No obstante, había alguien que durante todo ese tiempo no había dejado de hacerle notar su presencia, por lo que alcanzar tres plazas no supondría ninguna dificultad. "¡Vlad! ¡Vlad!". "¿Qué pasa?". Ned, que había estado fregando el piso con afán, subió los escalones a toda prisa buscando a Vlad. "¡Vlad!". "Aquí estoy". Vlad frunció el ceño al contemplar a Ned, tan diametralmente opuesto a su taciturno hermano. "Hay visitas del ayuntamiento que vienen a buscarte. Uno de ellos tiene la barbilla larga y...". "Diles que suban". Vlad consideró imposible que Goat dejara pasar semejante oportunidad. Por más que el puesto de mozo de cuadras de la Casa Bayezid fuera un empleo seguro, sabía que Goat no era de los que se conformaban con la condición de un simple criado. "Pero es que son dos". "¿Mmm?". Sin embargo, Goat no había venido solo; traía a alguien más a remolque. "¿Quién es?". Ante la pregunta de Vlad, Ned se humedeció los labios con la lengua apresuradamente y replicó con vacilación: "Tiene un montón de tatuajes, el pelo trenzado y...". En el norte, la posición de los hombres de piel oscura era miserable y precaria en extremo. Con todo, existía una clase de individuos a la que incluso un hombre de piel oscura, acostumbrado al desprecio, prefería no acercarse jamás. "¿No será uno de ellos, verdad, Vlad?". En medio del recelo de Ned, dos figuras hicieron su entrada en La Sonrisa de la Rosa. Detrás de un Goat con aspecto visiblemente alicaído se erguía un individuo de semblante imponente. Emanaba una presencia tan sobrecogedora que hizo volver la cabeza a los empleados que preparaban el local, e incluso a la mismísima Marcela. "Este sitio es bastante grande, me gusta". Aquel hombre bárbaro que había seguido el rastro de Noir, heredero de la sangre de los espíritus divinos, hasta la mismísima Shoara. "¡El alcalde me dijo que si venía aquí encontraría trabajo!". Age, de la tribu Buda-at, sonreía de oreja a oreja mientras clavaba la vista en Vlad, que lo observaba desde el cuarto piso. \----- • Autor: Q10 • Traductor: Inmensurable ⚔️ El juramento de un caballero y el filo del primer Maestro de la Espada se forjan en cada batalla. ¡Deja tu reacción y comentario para avivar la llama del acero y traer pronto el siguiente capítulo! 🛡️✨
El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela)

Continúa leyendo

El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela)

Capítulo 96

Siguiente Capítulo ›

El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 95

Estás leyendo el capítulo 95 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 20 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.