Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 93 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
El invierno del norte era despiadado, mas el invierno de las tierras occidentales no se quedaba atrás. En aquellos páramos yermos y desolados, donde no existía un solo rincón en el que guarecerse, los vientos afilados como cuchillas solían azotar con severa crueldad a los moradores del oeste. Justo como acontecía en aquel mismísimo instante.
"… ¡Habría sido mejor que entregaras el cuello antes de regresar!"
El vestíbulo de Gaidar. El Salón de los Caballeros. El hombre sentado en el estrado más elevado poseía una corpulencia descomunal que infundía una opresiva intimidación a cualquiera a simple vista.
"¿Dejarte arrebatar la espada? ¿Y aun así tienes la desfachatez de llamarte caballero?"
El Conde Sigmund Gaidar. El flamante dominador de las tierras occidentales, que había purgado y derrocado a la Casa Romanov, contemplaba a su hijo desde las alturas sin molestarse en refrenar su cólera.
"Perdóneme, padre."
Istvan, presa de un pánico tembloroso y despojado por completo de su altivez habitual, no tuvo más remedio que inclinar la cabeza ante las inclementes palabras que manaban de Sigmund.
¡Pum!
"¡Apenas comenzaba a consolidar mi posición y tú vienes a echarlo todo a perder de semejante manera!"
Ojos inyectados en sangre y una barba trémula de rabia. El reposabrazos del sillón terminó quebrándose en pedazos, incapaz de resistir la aplastante presión de sus dedos. El codicioso señor del oeste sentía hervir una cólera tan abrasadora como pez ardiente por cada poro de su cuerpo ante la humillante noticia que su primogénito le había traído.
"¿Ni siquiera fue ante ese engreído de Rutger, sino frente a un mocoso imberbe que apenas acababa de recibir la investidura de caballero?"
Era un duelo que jamás debió perder. Para ser exactos, era una contienda en la que había tenido la certeza absoluta de la victoria. No obstante, Istvan había mordido el polvo y, como precio, se había visto forzado a entregar su propia espada. A decir verdad, era como si hubiera cedido a la Casa Bayezid toda la influencia sobre Deomar junto con su acero.
"¡¿Y tú qué hacías?! ¡¿Qué demonios estabas haciendo mientras mi hijo caía en semejante deshonra?!"
Un error atroz y una pérdida irreparable. Ante el regusto amargo de una derrota tan acre, un trago que no probaba desde hacía largo tiempo, la furia de Sigmund estallaba hacia todos los rincones de la estancia.
"No tengo excusa que valga, señor conde."
A pesar de la violenta tempestad de cólera que se abatía sobre él, Godin se limitó a mantenerse en pie, con una postura impecable e inconmovible.
"¡Habías dicho que era alguien a quien conocías!"
"… Si hemos de ser rigurosos, es alguien que también guarda relación con usted, señor conde."
Había un viejo vínculo. Aunque se trataba de una funesta enemistad que creía haber cortado para siempre, un débil hilo del destino aún persistía en Shoara.
"Es el muchacho al que crio el caballero desertor Jorge. Poseía un talento innato sobresaliente, y el temple de los caballeros que lo respaldaban distaba mucho de ser ordinario."
Al escuchar el nombre de Jorge, Sigmund titubeó una fracción de segundo.
"Por encima de todo, supo explotar a fondo la ventaja del terreno local. Resultó ser un adversario formidable, mucho más de lo previsto."
En el duelo de aquel día, mientras Istvan cruzaba aceros contra Vlad, Godin, apostado en calidad de observador, había librado un silencioso e invisible forcejeo de voluntades contra Zayar, quien aguardaba al otro lado. Aquel tuerto desprendía un ímpetu marcial tan insólito y formidable que resultaba desconcertante que su nombre apenas resonara en el norte.
"Jorge… ese maldito bastardo."
Sigmund escarbó en los confines de su memoria mientras escuchaba a Godin. Aquel caballero al que su tío, el anterior patriarca de la casa, favorecía con tanta devoción, había sido también el único insolente que se negó a reconocerlo hasta el último instante. Por esa misma razón se había encargado de degollarlo.
"¡Y aun después de muerto se empeña en jugarme una mala pasada hasta el final!"
El engorroso Frente de Liberación Enano, y ahora ese imberbe advenedizo del norte que recién asomaba la cabeza. Las cenizas que aquel caballero llamado Jorge había dejado esparcidas a su paso continuaban atormentando a Sigmund.
"… A Gaidar jamás deben arrebatarle nada."
Lo que caiga en tus manos, métetelo en la panza como dé lugar. Y con las manos libres, despoja a los demás de lo suyo para sujetarlo bien fuerte. Pues solo de ese modo se sobrevive en este indómito y salvaje oeste.
Toda su vida se había reducido a arrebatar, quebrar y derribar. A enemigos, a extraños y a su propia familia de sangre. Y precisamente por ello, él era el único hombre que permanecía en pie en aquel lugar, erigido sobre los escombros.
"Recupera la espada de mi hijo como sea, Godin."
"Entendido."
Él era un usurpador incapaz de tolerar la derrota: el Conde Gaidar.
\*\*\*
"¿De verdad no piensas venir?"
En una mañana de Shoara donde la nieve caía copiosamente a copos espesos, Vlad se hallaba frente a las caballerizas que Marcela había mandado ampliar de forma especial, contemplando a Noir.
\*Hiiii-hiin.\*
'Hoy no pienso salir a trabajar'. Al ver la actitud del corcel negro, que parecía transmitir exactamente eso con su descaro, Vlad no pudo evitar chasquear la lengua.
"Me da la impresión de que esto ya ni siquiera califica como un caballo."
'Que tenga demasiadas luces también resulta un problema.'
Una cuadra lo bastante espaciosa como para albergar a cinco monturas; sin embargo, el único animal que holgazaneaba en su interior era Noir.
Los densos montones de heno apilados por doquier para aislarlo de la cellisca y el forraje cocido y humeante demostraban con elocuencia qué clase de opulencia y cuidados disfrutaba aquel animal en La Sonrisa de la Rosa.
"… ¿Quién demonios creería que este animal solía ser un corcel salvaje?"
Noir, que tras seguir al muchacho había renunciado a su libertad a cambio de deleitarse a sus anchas con las comodidades de la civilización. Al contemplarlo tumbado a placer, enseñando las encías como si se burlara abiertamente de él, a Vlad se le subieron los humos de pura irritación.
Al menos, cuando se trataba de una misión partía a galope tendido sin rechistar, de modo que debía conformarse con ese consuelo.
"Ah, qué frío hace."
Vlad dejó en paz a Noir, que se negaba obstinadamente a obedecer, y echó a andar aplastando la nieve que le cubría hasta los tobillos, con rumbo directo al ayuntamiento de Shoara.
Ahora que ostentaba el rango de caballero, bien podría permitirse llamar a un carruaje para desplazarse, pero la honda amargura del hambre grabada hasta el tuétano de sus huesos lo mantenía siempre como un hombre austero.
"Esta es la primera vez que voy a recibir algo llamado salario."
Vlad había vivido toda su existencia sin percibir jamás una retribución justa. Desde sus días de golfillo vagabundo por los callejones, pasando por su época como la daga de Jorge, hasta el tiempo en que sirvió como escudero de Josef. Las propinas que le caían en gracia de tarde en tarde habían sido el único medio con el que el muchacho subsistía, pero a partir de hoy las cosas cambiarían.
"Sir Bordan. Soy yo."
"Puntual como un reloj. Adelante."
El caballero incapaz de empuñar una espada. Frente al despacho de Bordan, Vlad aspiró el empalagoso aroma dulzón que impregnaba el aire y cruzó el umbral.
"Se te ve el rostro radiante."
En aquella estancia, atiborrada de montones desordenados de golosinas y viandas, se encontraba un hombre gordo que parecía necesitar cuidar de su salud tanto como Josef.
"¿No cree que debería hacer al menos un poco de ejercicio?"
"Moverse demasiado solo sirve para morirse antes."
Con unas palabras que distaban por completo del decoro de un caballero, Bordan extrajo una pequeña faltriquera de un cajón y la depositó sobre la mesa.
"Sabías leer, ¿verdad? En ese caso, aguarda un momento, que también te entregaré el desglose de cuentas."
Por más que los caballeros ocuparan la posición de cuasinobles, abundaban entre ellos los que eran analfabetos.
Sin embargo, puesto que Vlad era capaz de leer y comprender, por más que lo hiciera a trompicones, lo correcto según el protocolo era consignárselo por escrito en un pliego en lugar de comunicárselo de viva voz.
"……"
Con el leve rasgueo de la pluma sobre el papel, Sir Bordan comenzó a redactar el desglose de la paga. Mientras lo observaba, Vlad abrió la faltriquera de monedas de oro con un movimiento ágil y diestro para inspeccionar su interior. Era, a todas luces, una soltura digna de un antiguo carterista.
"Son cuatro monedas de oro."
Aunque mantenía los ojos clavados en el pliego, parecía que sus oídos prestaban entera atención a Vlad, pues Bordan le reveló sin rodeos el monto de la paga de aquel mes.
"¿Qué? ¿Acaso te decepciona?"
"……No. En absoluto."
A pesar de que su boca aseguraba lo contrario, a decir verdad, sí que sentía una amarga decepción.
'Calculándolo al año, apenas llegarían a ser unas cincuenta monedas de oro…'
Antes de conocer a Josef, el dinero que Vlad había reunido durante toda su vida ni siquiera alcanzaba a ser una moneda de oro entera. Y la espada desprovista de adornos que ahora yacía rota le había costado cinco monedas de oro. En comparación con aquellos tiempos de miseria, sin duda se trataba de una suma fastuosa; sin embargo, para el Vlad que ahora se había erigido en caballero, cuatro monedas de oro resultaban a todas luces insuficientes para colmar sus expectativas.
"Vaya un chiquillo inexperto."
Bordan dejó escapar un leve suspiro al observar a Vlad, quien todavía traslucía aquella torpeza propia de la ingenuidad. Le pareció comprender a la perfección por qué Sir Zayar aún mantenía al muchacho pegado a su lado sin apartarlo.
"Un caballero no amasa fortuna viviendo de una soldada mensual."
"¿Entonces cómo lo hace?"
Como si por fin hubiera terminado de redactar el documento, Bordan soltó la pluma con un chasquido seco y clavó en Vlad una mirada acompañada de una sonrisa cargada de intención.
"Un caballero debe perseguir el honor, asumir sus deberes y cargar con las responsabilidades consiguientes."
"……¿Y bien?"
Al ver que Bordan saltaba de improvisto del dinero a los principios fundamentales de la caballería, Vlad no pudo evitar sentirse desconcertado.
"A lo que voy es a que todo eso significa dinero."
Todo cuanto posee valor puede traducirse en dinero. Vlad era consciente de cuán preciadas eran las monedas, mas permanecía a ciegas en lo tocante a los medios para generarlas. Las ansiaba en la misma medida en que había padecido hambre durante toda su existencia, pero al no haber experimentado jamás la abundancia, ignoraba por completo cómo proceder.
"El precio del honor se retribuye de una sola vez a finales de año. Bajo el concepto de lo que se conoce como una recompensa extraordinaria."
Un gato con la panza llena no sale a cazar ratones. Quien aspire a conseguir riquezas y renombre ha de erigir hazañas a la misma altura.
"En cuanto a ti, harías bien en albergar ciertas expectativas."
Tal y como señalaba Bordan, a lo largo de aquel año el muchacho había sido uno de los artífices clave en exaltar el renombre de los Bayezid. Tanto el patriarca Peter como Rutger —quien lo había tomado prestado para sus filas—, amén de su señor original, Josef, sin duda sopesarían dicho mérito.
"¿Y cuál es el precio del deber y la responsabilidad?"
Habiendo comenzado al fin a desentrañar el sentido de sus palabras, a Vlad le centellearon los ojos a la espera de más oro, pero Bordan se limitó a encogerse de hombros.
"No creo que esa sea una pregunta que deba hacer alguien que regresó trayendo consigo el tesoro de la Casa Heinal."
"Eso no me pertenece. En rigor, es un simple préstamo."
Vlad protestó ante Bordan con tono agraviado. Fue como si de golpe rememorase las constantes burlas que los caballeros veteranos le habían dedicado a lo largo del viaje hacia Shoara.
"¡Si hubiera sabido que acarreaba semejante implicación, jamás lo habría aceptado!"
"Exacto. Mantén esa mismísima actitud frente al resto del mundo. De eso, precisamente, se nutre una justificación legítima."
"……"
Vlad jamás imaginó que la piedra de ámbar fuera un objeto susceptible de semejante lectura. La había aceptado resignándose únicamente a que Alicia lo tuviera a su servicio de acá para allá; de haber sospechado que entrañaba un trasfondo tan trascendental, se lo habría pensado dos veces.
"Cuando asciendas a la nobleza en el futuro, no te vayas a olvidar de mí."
¿Qué tenía de reprochable ambicionar el ascenso social a través de la caballería? Al ver a Vlad afanarse en ocultar una ambición ardiente como una llamarada, Bordan le dedicó una mueca cómplice que pregonaba comprenderlo todo sin necesidad de palabras, al tiempo que le comunicaba que Josef mandaba a llamarlo.
"¿Tú lo sabías, verdad?"
\['……¿Qué tiene de malo? Ser noble.'\]
Al salir al corredor, Vlad no pudo más que exhalar un suspiro ante la réplica que resonó en su cabeza. En este mundo no existía nadie en quien confiar. En una realidad despiadada donde la culpa recaía sobre aquel que se dejaba engañar, Vlad únicamente podía culparse a sí mismo por haber permitido que su juicio flaqueara por un instante.
\*\*\*
"Te asignaré un sector de patrulla."
Junto a la chimenea, una botella de vino se calentaba mientras desprendía una fragancia embriagadora. Sentado a la mesa de invitados, el caballero tuerto reposaba con los ojos entornados en plácida calma. Y arrimada al muro, descansaba la espada de Istvan.
"Ahora que te has consagrado como caballero, habrás de sobrellevar mayores deberes y responsabilidades."
Tras apartar al fin los legajos, Josef alzó la botella que reposaba junto al fuego y vertió su contenido en una copa. Si bien el whisky era su bebida predilecta entre todos los licores, en los gélidos días del invierno acostumbraba beber vino caliente aderezado con especias benéficas para las vías respiratorias.
"¿Estaré solo en esto?"
"Pondré guardias de la ciudad a tu disposición, pero el mando y la absoluta responsabilidad recaerán únicamente sobre tus hombros."
Hasta la fecha, Vlad se había desempeñado con brillantez. Había cumplido con creces cada tarea confiada, aportando a la Casa Bayezid un provecho muy superior al previsto. Por ello mismo, era menester forjarlo aún más.
"Esta será una posición completamente distinta a la de cuando liderabas una escuadra en tus días de mercenario."
"Entendido."
Al recibir la copa que le tendía Josef, Vlad acogió entre ambas manos la calidez que desprendía el cristal.
"Para tu demarcación, lo idóneo serán los callejones, ¿no crees? A cualquier otro le causaría un dolor de cabeza intolerable, pero para ti no es sino tu hogar natal."
"Así es."
Desde aquella noche cerrada en la que franqueó las puertas de la ciudad con una sola ordenanza hasta el instante presente, Vlad seguía sin ser plenamente consciente de la estatura de su posición. Aun así, no había problema alguno. Para su tierna juventud, el tiempo y las vivencias obrarían como el más certero bálsamo.
"Bien sé que los hombres te resultarán insuficientes. La guardia urbana no puede consagrarse únicamente a las rondas; son efectivos que deben atender múltiples frentes a la vez."
Los caballeros apostados en Shoara sumaban seis en total. Salvo Sir Zayar y Sir Bordan, a quienes atañían cometidos especiales, el resto tenía encomendado un sector propio para velar por el orden y la seguridad, tal como ahora correspondía a Vlad. Y a fin de afianzar semejante cometido, ninguno se limitaba a depender de las tropas asignadas por Josef, sino que reclutaban a sus propios secuaces para preservar la paz. Aquello no solo constituía una obligación propia de un caballero, sino también un privilegio.
"Costearé la soldada de hasta cuatro hombres de mi propio bolsillo. Contrata a quienes hayan de servir bajo tus órdenes."
Un caballero es quien encabeza la marcha. Una figura capaz de erigirse en cabecilla en cualquier rincón. Habiendo obtenido los espolones de la caballería, Vlad gozaba ya del legítimo derecho a contratar y mandar sobre su propia gente.
"A partir de ahora, habrás de hacer honor al peso del título de caballero."
A mayor responsabilidad y mayores deberes, mayores prebendas e influencias. En ese mismísimo instante, La Sonrisa de la Rosa rebosaba de mercaderes que aguardaban el regreso de Vlad. Todos ellos eran hombres avezados que habían previsto con antelación el curso inevitable de los acontecimientos.
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• Autor: Q10
• Traductor: Inmensurable
⚔️ El juramento de un caballero y el filo del primer Maestro de la Espada se forjan en cada batalla. ¡Deja tu reacción y comentario para avivar la llama del acero y traer pronto el siguiente capítulo! 🛡️✨

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Estás leyendo el capítulo 93 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 20 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.