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Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 92 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
A la Serpiente Blanca le agradaba aquel muchacho. No solo guardaba antiguos recuerdos en sus pupilas, sino que además era una de las contadas presencias capaces de evocarla en el presente. Por si fuera poco, en ese instante le rendía una fragante ofrenda; no existía razón alguna para no encariñarse con él. "Parece que en verdad le agrada el licor." \[Supongo que el whisky era la respuesta correcta, después de todo.\] Siguiendo el consejo de la voz, Vlad sostenía la botella de whisky y derramaba su contenido al pie del árbol. Con lágrimas en los ojos, lo vertía sobre la tierra al recordar las palabras de la entidad, que le había asegurado que el whisky, al ser un licor elaborado a base de cebada, armonizaría a la perfección con la Serpiente Blanca, un espíritu de la tierra. "Este licor me lo dio el señor Josef como un obsequio especial para conmemorar mi investidura como caballero." \[Puesto que es costoso, debes darle un uso valioso. La bendición de protección de la serpiente equivale a una vida de repuesto.\] Le dolía desprenderse de él y resultaba un licor demasiado suntuoso para desperdiciarlo en el suelo, pero Vlad no tuvo más remedio que asentir ante sus palabras. La bendición de la Serpiente Blanca que llevaba grabada en la armadura de cuero de Bayezid siempre lo había protegido. De no haber contado con ella durante su encarnizado combate contra aquel hombre decapitado, tal vez ahora sería él quien yaciera bajo tierra bebiendo aquel licor. \[Ya viene. No te acobardes tanto.\] "Por lo que sentí la última vez cuando cazamos al dragón, creo que detesto las escamas." Sin prestar atención a los refunfuños de Vlad, la Serpiente Blanca descendió del árbol y comenzó a envolverlo por completo, tal como hiciera en aquella ocasión. Aunque no se asustó demasiado por haberlo experimentado una vez antes, la majestuosidad de la Serpiente Blanca contemplada a través del mundo de la voz todavía irradiaba una abrumadora presión emanada de su propia existencia. \[Te ayudó durante el duelo, así que no te causará ningún daño.\] "...... Ya lo sé." Vlad sabía a la perfección que no había doblegado a Istvan únicamente gracias a su propia destreza. Aquel caballero del oeste era arrogante en extremo, pero poseía la habilidad necesaria para respaldar tal orgullo; y por mucho que él se hubiera preparado, el tiempo que tuvo a su disposición no alcanzaba siquiera un mes. Sin los numerosos auxilios que recibió para afrontar el combate singular, el resultado de aquel día habría culminado inevitablemente en su propia derrota. "...... Gracias." Hubo un tiempo en que creyó que exteriorizar sus verdaderos sentimientos equivalía a mostrar flaqueza. Sin embargo, Vlad albergaba ahora una firme certeza en sí mismo y había forjado un temple lo bastante amplio como para abrazar incluso sus propias debilidades. Al recibir el sincero agradecimiento de Vlad, la Serpiente Blanca alzó el cuello en lo alto y comenzó a mecer la cabeza rítmicamente. 'Ya que me has ofrecido una dádiva y tu gratitud, te concederé debidamente mi bendición.' En la estampa que se reflejaba en el mundo de la voz, se alzaba la silueta de la Serpiente Blanca entonando un cántico hacia los cielos junto a la de Vlad, ataviado con una armadura que resplandecía en un fulgor blanco. La Serpiente Blanca y la Casa Heinal. En cualquiera de sus mundos, Deomar acogía al muchacho con los brazos abiertos. \*\*\* La encomienda en Deomar había concluido. Tras cosechar un resultado que superó toda previsión, Vlad y los caballeros de Bayezid habían expulsado con maestría a los intrusos del oeste; ahora correspondía partir de aquel territorio junto con la debida recompensa por sus hazañas. "Adelante, pueden pasar." Al acudir al despacho de Alicia en compañía de Sir Zayar, Vlad ladeó la cabeza de manera involuntaria. Se debía en parte al inveterado hábito con que reaccionaba ante lugares desconocidos, pero también a que percibía una atmósfera diametralmente opuesta a la del despacho de Josef. "¿Se encuentra bien, Lady Alicia?" "Gracias a ustedes." Tras intercambiar saludos con Zayar, Alicia desvió la mirada para contemplar a Vlad, que aguardaba de pie junto a él. '......' Fue entonces cuando los ojos de Alicia captaron detalles que no había logrado advertir desde la distancia: tenues cicatrices dispersas por su rostro y un andar que, de algún modo, denotaba cierta rigidez. La estampa de un muchacho que había recorrido con entrega un sendero de penalidades en pos de una gloriosa victoria se hallaba justo ante ella. "¿Sufre alguna molestia, Sir Vlad? ¿Acaso tiene alguna herida?" "Me encuentro bien, Lady Alicia." Aunque él aseguraba estar bien, a oídos de Alicia aquella contestación resultó profundamente conmovedora y amarga. Sabía muy bien que la causa de todas y cada una de las heridas que Vlad cargaba sobre su cuerpo no era otra que ella misma. "...... Por lo que vi ayer, me pareció que derramaba licor sobre la colina, ¿fue así?" "Así es." Cada uno de los actos que el joven había demostrado a lo largo de este tiempo traslucía un sincero respeto por Deomar. Incluso cuando la confundió con una sirvienta, Vlad se había tomado la molestia de limpiar la tumba de sus padres. "Rendí mis respetos a los señores que allí descansan. Al fin y al cabo, todo esto fue posible gracias a que conté con su bendición de protección." A ello se sumaba una devoción garantizada por nada menos que el célebre sacerdote Andrea. Aun sin tener en cuenta su prometedor porvenir como caballero, a Alicia le sobraban motivos para tenerlo en la más alta estima. "Cada vez que vengo a Deomar cosecho una victoria resplandeciente, así que imagino que los antiguos señores de estas tierras me contemplan con buenos ojos." "...... Así parece." Aunque Vlad ocupaba una posición inferior en contraste con su estirpe noble, incluso eso representaba una ventaja para la Alicia actual. Al neutralizarse a la perfección las carencias de cada uno, Alicia creyó que la relación entre ambos encajaba con la precisión con que se unen las piezas de una vasija rota. "Es verdad. Yo también pienso que Sir Vlad congenia a la perfección con nuestro feudo de Deomar." "...... Sí." Vlad experimentó una vaga incomodidad al advertir cómo Alicia apoyaba la barbilla en la mano mientras lo escrutaba con fijeza. Cuando la conoció por primera vez, sus ojos irradiaban la limpidez fresca de las aguas cristalinas; ahora, sin embargo, su mirada destilaba un fulgor casi empalagoso. "Hágale saber a Lady Oksana que, después de muchísimo tiempo, he vuelto a sentir la calidez de los lazos de sangre." "Entendido." Sir Zayar recibió la carta que Alicia le tendía e inclinó la cabeza. Si bien a raíz de este suceso no se había estrechado un vínculo íntimo con Oksana, Josef se daría por satisfecho con semejante desenlace. Tras haber sorteado las tribulaciones que se abatieron sobre ella desde el centro y el oeste, Alicia sin duda habría comprendido de qué lado le convenía alinearse. "Y para el caballero que defendió mi honor en mi lugar, Sir Vlad." La compensación que entregaría a Josef ya estaba estipulada. Por lo tanto, ahora correspondía recompensar al joven que había alzado la espada en su favor. Además, debía depositar en sus manos una carga tan rotunda que le impidiera dar marcha atrás. "Coincido con sus palabras en que los antiguos patriarcas de este linaje también han de estar complacidos con usted." En cuanto las palabras de Alicia cesaron, Duncan, como si hubiera estado aguardando ese instante preciso, trajo consigo una caja que mantenía preparada a un lado. No era una arqueta de madera de gran tamaño, pero su aspecto dejaba en claro que había sido tratada con suma reverencia. "Por lo tanto, ni siquiera mis antepasados me reprocharían el que le haga entrega de esto a usted, Sir." Él había protegido a Alicia, la legítima heredera de la Casa Heinal, y había salvaguardado Deomar de las garras del oeste. Frente a Vlad, la caja de madera celosamente custodiada por el linaje Heinal abrió su tapa. \[······.\] "······." En su interior yacía una gema redonda que desprendía un diáfano resplandor amarillento. Era una joya que emanaba una presencia tan extraordinaria que silenció al unísono tanto a Vlad, que la contemplaba justo enfrente, como a la voz en su mente. "Dicen que el primer señor de nuestra casa mantenía una estrecha amistad con los elfos." Los elfos. Seres que adoraban a dioses distintos a los que veneraban los humanos. Una raza divergente que, al profesar una fe diferente, había sido relegada a los confines de la frontera oriental. "Escuché que es una gema obtenida gracias a los lazos que forjó con ellos. Mi padre me contó que se trataba de una piedra de ámbar nacida de la resina de un árbol en verdad excepcional." A pesar de que las palabras de Alicia llegaron a su fin, Vlad no hizo más que contemplar la arqueta de madera sostenida por Sir Duncan con semblante circunspecto. Más que a la mirada con que Alicia lo observaba, Vlad prestaba oídos atentos a las palabras que resonaban en su mente. \[······Recuerdo haber visto aquello.\] Vlad se lo había prometido a la voz. \[Si te es posible, consíguemelo sin falta. Te lo ruego.\] Tú me entregas la espada y yo te devuelvo tus recuerdos. Valiéndose de esa promesa como peldaño, ambos se encontraban erguidos en aquel lugar. "Mi padre solía tener este ámbar engastado en el pomo de su espada. Pero, como yo jamás tendré motivo para empuñar un arma, no hacía más que pudrirse en el olvido." Alicia ladeó la cabeza con una sonrisa que lo instaba a tomarlo de inmediato, pero ni siquiera ante su gesto risueño pudo Vlad moverse con ligereza. Sabía a la perfección que las cosas de gran valor exigen un precio igualmente oneroso. Y aquel tesoro familiar que Alicia le ofrecía era, sin duda, mucho más costoso que el valor de la hazaña que él había consumado. La sonrisa que ella no intentaba ocultar lo pregonaba con elocuencia. "······¿Acaso es digno que alguien como yo lo acepte?" "Por supuesto." Aun así, la mano de Vlad ya se extendía hacia el tesoro de la Casa Heinal. Había tomado la determinación de tomar aquella reluciente gema en su palma y aceptar de buen grado las ataduras que ella le imponía. \[Gracias.\] Quería proteger aquello que estuviera a su alcance. La razón por la que un muchacho había podido soñar con las estrellas incluso desde el fango de los callejones era porque poseía un principio propio al que jamás había renunciado. "Muchas gracias, Lady Alicia." 'No importa si no soy un caballero, mientras pueda mantenerme digno ante mí mismo.' Vlad pensaba aquello con absoluta sinceridad, y por ello tomó la piedra de ámbar amarillo en su mano sin vacilar. El joven había cumplido su promesa. \[Mira.\] Así, con la gema en la mano. A través de los ojos de la voz, el interior de aquella piedra se hallaba colmado de hojas otoñales arrastradas por el viento. Allí siempre era otoño. \*\*\* La distancia que separaba a Deomar de Shoara era de unos tres días de marcha a caballo. Aunque las nevadas cubrían los caminos, los corceles, habituados a la inclemencia de las estaciones norteñas, no se amedrentaron ante el temporal y condujeron a sus jinetes hacia el norte sin descanso. "Vaya, vaya, este muchacho sí que rebosa ambición." "Yo lo supe desde el mismísimo principio." Flanqueando a Noir por ambos lados, los caballeros de la Casa Bayezid no cesaban de hablarle a Vlad. "¡Bueno, si uno es un hombre, por supuesto que debe aspirar a las alturas!" "Pero apenas te ordenas caballero y ya le estás echando el ojo a un título nobiliario." "······." Al escuchar las voces que arreciaban desde todas direcciones, Vlad no pudo evitar arrugar el ceño. "Les aseguro que no es nada de eso." En verdad no lo había recibido con esa intención. Solo lo había aceptado para cumplir la promesa que le había hecho a la voz, pero... "¿Cómo que no? ¡Claro que sí!" "Pues a mí me parece una elección sumamente acertada." Sin embargo, a los ojos de quienes lo rodeaban, la situación distaba mucho de ser inocente. Aunque nominalmente fuera un préstamo, se trataba en los hechos de un tesoro de la Casa Heinal entregado en sus manos. El que la dama se lo hubiera otorgado al mismísimo caballero que se había llevado su pañuelo era motivo más que suficiente para que cualquiera cayera en semejante malentendido. "Tendrás que rendirle cuentas de esto por separado a Lord Josef." "······Entendido." Si Vlad aún hubiera sido un simple escudero, Sir Zayar probablemente le habría impedido recibir el objeto que Alicia le ofrecía. Sin embargo, dado que Vlad ya era un caballero formal de pleno derecho, al veterano le resultaba sumamente incómodo intervenir en su lugar. "¡Ya se divisa!" "Por fin hemos llegado." Entre bromas maliciosas y vanas excusas, los portones de Shoara comenzaron a recortarse por fin a lo lejos. La ciudad natal del joven, aunque jamás hubiera sido un lugar del todo cálido para él. Los portones de Shoara, sumidos en la penumbra, siempre despertaban en Vlad una extraña marea de sentimientos. "Inténtalo tú." De pronto, una voz empujó hacia adelante a Vlad, quien se había quedado absorto en sus pensamientos mientras contemplaba las murallas de Shoara. "¿Yo?" "Ve y hazlo ahora." Vlad se sintió ligeramente descolocado ante la orden de Sir Zayar, que lo apremiaba a avanzar. Al ser noche cerrada, el rastrillo de la muralla estaba bajado y jamás abrirían los portones a menos que despuntara el alba del día siguiente. "Ejem." Con un leve carraspeo, el muchacho y el corcel negro avanzaron hacia los portones de Shoara sobre los cuales se posaba la oscuridad. Para Vlad, que estaba más acostumbrado a escabullirse entre las sombras en busca de gateras y grietas para colarse, la situación actual le resultaba enteramente ajena. "¿Quién anda ahí?" Al ver una silueta aproximarse de improviso, el centinela lanzó un grito cortante, pero Vlad se limitó a alzar la espada enfundada. En la guarda del arma que Rutger le había entregado estaba grabado el blasón que portaban todos los caballeros pertenecientes a la Casa Bayezid. "Soy Vlad, caballero de la Casa Bayezid." En la mente de Vlad aún permanecía viva la ubicación de las gateras perforadas al pie de las murallas. No obstante, el muchacho ya no tendría necesidad de recordarlas nunca más. "Regreso tras haber cumplido mi misión. ¡Abran las puertas!" Porque ahora, si deseaba entrar, le bastaba con ordenarlo con la frente en alto. El muchacho ya era un hombre que había demostrado su valía, y el emblema de Bayezid reflejado en la lumbre de las antorchas era la prueba irrefutable de ello. "¡Sea bienvenido, Sir Vlad!" Al tiempo que resonaba el clamor del guardia tras constatar el blasón, los portones de Shoara comenzaron a abrirse, rasgando la oscuridad que se alzaba ante sus ojos. "······De verdad se abren." Caballero. Un título, un honor y una designación reservada únicamente para aquellos que han demostrado la verdad de su propia existencia. El muchacho que había probado su valía ya no tendría que ocultarse ni esperar nunca más. A partir de ahora, serían las puertas de Shoara las que aguardarían por él. \----- • Autor: Q10 • Traductor: Inmensurable ⚔️ El juramento de un caballero y el filo del primer Maestro de la Espada se forjan en cada batalla. ¡Deja tu reacción y comentario para avivar la llama del acero y traer pronto el siguiente capítulo! 🛡️✨
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El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 92

Estás leyendo el capítulo 92 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 20 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.