Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 91 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
A Josef le gustaba la nieve. Para alguien de salud tan endeble como él, el clima gélido resultaba un visitante indeseable; sin embargo, existía un motivo por el cual apreciaba la blancura de los copos al caer.
"…Les tomará algún tiempo regresar."
En su infancia, Josef solía experimentar un hondo alivio al contemplar la ciudad sumida en el silencio bajo el manto blanco. Porque, al menos durante esos instantes, él no era el único que permanecía inmóvil.
Habiendo nacido con un cuerpo débil, la amarga certeza de verse postrado y rezagado mientras los demás avanzaban siempre había sido un tormento constante.
"Mi señor Josef. Soy Bordan."
"Adelante."
Despertado de sus cavilaciones por los golpes en la puerta, Josef alzó la vista hacia el caballero que ingresaba a la estancia.
"Ha llegado un despacho procedente de Deomar."
Aquel caballero corpulento, que parecía necesitar cuidar de su salud tanto como él mismo, se presentó en su despacho sosteniendo el mensaje mágico. En la diminuta tira de papel que sus dedos regordetes sujetaban debía de hallarse consignado el desenlace que Josef tanto había aguardado.
"Dámelo."
"Aquí tiene, mi señor."
Josef aceptó con semblante sereno la nota que le tendía Bordan. Aunque había procurado prepararlo lo mejor posible dentro de sus posibilidades, era indudable que se trataba de una encomienda abrumadora para el muchacho.
'Solo ruego que haya eludido el peor de los desenlaces.'
"…"
Al tratarse de una misiva transmitida mediante artes mágicas, resultaba imposible plasmar demasiadas palabras. Por tal motivo, en el despacho remitido por Zayar figuraba únicamente el resultado final, desprovisto de explicaciones adicionales.
"…Esto no entraba en mis cálculos."
Precisamente por carecer de pormenores, aquellas escasas líneas escritas bastaron para sumir la mente de Josef en un torbellino de conjeturas.
"¿Acaso Istvan de Gaidar es un adversario sencillo?"
"…¿Cómo podría serlo jamás?"
Ante tan desconcertante interrogante de Josef, Bordan respondió casi por instinto con otra pregunta.
Si se juzgara estrictamente por su destreza marcial, tal vez le costaría medirse de igual a igual con los caballeros consagrados de mayor experiencia; sin embargo, Istvan apenas cruzaba la mitad de la veintena. A esa edad, poquísimos hombres en todo el oeste descollaban con semejante brillantez, por lo que la desconcertada reacción de Bordan distaba mucho de ser una exageración.
"En efecto."
Al escuchar a Bordan, Josef arrojó la nota sobre su escritorio y esbozó una sonrisa indescifrable. Era la clase de gesto de quien ansía reír, mas desconoce por completo la manera de hacerlo.
"Manda llamar al mago. Debo responderle a Zayar de inmediato."
"Ah… Entendido."
Había dispuesto planes para la peor de las contingencias, pero no para la mejor. Pues todas las meticulosas intrigas nacidas de su habitual pesadumbre fluían ahora en una dirección completamente dispar a las olas que el muchacho levantaba a su paso.
"…Lo preparé con la simple esperanza de que lograra resistir a duras penas."
Josef había escogido a Istvan del oeste como oponente para el debut caballeresco del joven. Frente a un guerrero de renombre semejante, una eventual derrota de Vlad no mancillaría su honor; y si de milagro conseguía ponerlo en aprietos, la estima en torno al muchacho se elevaría de manera fulgurante.
A ello se sumaba su cálculo previo de que, en caso de que Alicia Heinal perdiera el pañuelo en la lid, no le quedaría más alternativa que recurrir a la mano protectora de Bayezid.
"Tendré que replantear la estrategia desde el principio."
Con la mente agobiada por nuevos esquemas, Josef apoyó la sien contra el frío cristal del ventanal y exhaló un prolongado suspiro. Desde el exterior le llegaba el suave susurro de los copos de nieve al precipitarse sobre la tierra. Aquella nieve, en otro tiempo consoladora, ya no le provocaba dicha alguna.
\*\*\*
En el amplio salón de recepciones, los caballeros se medían cara a cara. Aunque las armas permanecían en sus vainas, el choque de miradas entre ambas facciones desprendía una ferocidad implacable.
No obstante, una observación atenta revelaba la marcada discrepancia en el ánimo de cada bando.
Los caballeros del norte, envueltos en sus gruesas capas de pieles, exhibían sonrisas ambiguas.
Por el contrario, los caballeros del oeste, con los alzacuellos erguidos hasta el mentón, apretaban la mandíbula con furia contenida.
El vencedor sonríe; el derrotado baja la mirada.
Los caballeros del norte aguardaban de pie en el salón, regodeándose a placer en el privilegio que el más bisoño de los suyos les había concedido.
"Al menos desearía que nos fuera devuelta la espada."
Sir Godin, en cuyos labios solía reposar una sonrisa perpetua, contemplaba en esta ocasión al hombre frente a él con una rigidez visible en el semblante.
A pesar de ser alguien acostumbrado a tratar a cualquier interlocutor con soltura y cortesía, pocas veces en su existencia se había visto forzado a afrontar una circunstancia tan denigrante.
"Mmm."
Al escuchar su petición, Sir Zayar se acarició el mentón con parsimonia, esforzándose por componer un gesto de falsa perplejidad.
"En cuanto a las formalidades del duelo, no advierto objeción procesal alguna."
"¿Acaso no prevé que semejante acto resultará una carga excesivamente pesada?"
Istvan era el primogénito del conde Sigmund. Aunque recurría a palabras veladas, la velada advertencia de Godin apuntaba a cuestionar si serían capaces de soportar la tempestad política y militar que desataría despojar de su acero a semejante heredero.
"Ese es un asunto del que sabremos hacernos cargo nosotros mismos, ¿no le parece?"
Cruzándose de brazos, Zayar le devolvió a Godin un gesto cargado de desdén. En su absoluta falta de inquietud quedaba al descubierto el talante altivo con que la Casa Bayezid miraba por encima del hombro a la Casa Gaidar.
"Con todo, arrebatar la espada ajena en el marco de un simple duelo no es una práctica ordinaria. Constituye, con toda certeza, un proceder que sobrepasa los límites admisibles."
Tal como aseveraba Godin, desposeer a un rival de su arma en un combate individual podía juzgarse como una medida desmedida. No obstante, bajo la coyuntura que rodeaba aquel lance, representaba un botín incuestionable.
"Me parece recordar que fue Gaidar quien desatendió las consecuencias en primer término."
Habiendo sido Gaidar quien ultrajó sin miramientos a Heinal y a Bayezid al orquestar la afrenta, la humillación que ahora padecían no era más que la cosecha de sus propios agravios. Un desenlace que debían tragar hasta el fondo.
"Además, fueron ustedes los primeros en cruzar la raya."
Zayar mantenía una sonrisa en el rostro, pero no en el fondo de sus ojos. A pesar de quedarle únicamente un ojo sano, el destello que emanaba de su pupila imponía una presencia inconmovible y dominante.
"…Diga qué es lo que exigen a cambio."
La contienda ya se había tornado en un descalabro absoluto. Siendo ellos mismos quienes habían provocado la situación, a Godin no le restaban pretextos ni aunque dispusiera de diez bocas para defenderse; pese a todo, formuló un último ofrecimiento con el afán de rescatar la espada de Istvan por el medio que fuera.
"No es a mí a quien deberías preguntarle eso."
Ante la oferta de Godin, la mirada de Zayar se tornó aún más densa y penetrante. El vencedor del duelo había sido Vlad, y el indiscutible dueño de los despojos de guerra era asimismo Vlad. Por ende, para convenir un rescate equivalente, el único juicio determinante residía en la voluntad del joven.
"Después de todo, tú conoces sobradamente la razón por la que ese muchacho se adueñó de la espada de Istvan, ¿no es así?"
Sin mostrar ya el menor atisbo de recelo o miramiento, Zayar inclinó el torso hacia adelante, aproximándose a la mesa.
Los dos caballeros conocían a la perfección la razón por la que el muchacho había anhelado la victoria con tanta vehemencia en el duelo del día anterior.
"... Supongo que así es."
Ante las palabras de Zayar, Godin asintió para sus adentros. Él lo recordaba vívidamente. Aunque el filo de su acero se alzaba afilado en dirección a Istvan, sus ojos azules habían permanecido clavados en él. Como si le exigiera que mirase hacia allí; como si le reclamara que contemplara su figura.
"... Las negociaciones han quedado rotas, por lo visto."
La razón por la que Vlad se había llevado la espada de Istvan no era otra que declarar la guerra contra el Caballero de la Luna Azul. Ahora, Godin ya no era el único con derecho a reclamar la legítima recompensa por una victoria.
Los lazos que habían comenzado con Jorge se habían enredado y retorcido hasta alcanzar finalmente este paraje. Aquellos destinos que fluyeron y confluyeron hasta encontrarse en Deomar bien podían ser el peso del karma del pasado, o tal vez el curso ineludible de los tiempos.
"Al final, volveremos a vernos más adelante."
Istvan y Vlad. La primera escaramuza entre el oeste y el norte. Y el vencedor indiscutible de aquella contienda había sido el norte.
"Pueden retirarse."
Sentenció el norte. Les ordenaban que abandonaran Deomar de una vez por todas.
"Les ruego que transmitan mi despedida en mi lugar."
"De eso nos encargaremos."
Derrotados en el combate, los caballeros de las tierras occidentales no tuvieron más remedio que levantarse de sus asientos en sumisión al legítimo derecho del vencedor. Mientras se ponían en pie, los caballeros del norte abrieron las puertas de par en par hacia el frío corredor.
\*\*\*
En su despacho, Alicia sostenía un pañuelo traído por su doncella y bordaba con meticulosa cautela.
"Al fin y al cabo, lo he hecho yo, ¿no es verdad?"
"Yo no he dicho una sola palabra."
Al tratarse de un pañuelo que ya estaba prácticamente terminado, no parecía requerir de sus manos, pero en todo tiempo y lugar las apariencias y las justificaciones formales siempre resultaban primordiales.
"A estas alturas, es como si lo hubiera hecho todo yo."
"... Tiene razón."
Si se viera obligada a ello, no habría nada que no pudiera llevar a cabo, pero a Alicia ya le costaba un esfuerzo desmedido cumplir con las abrumadoras obligaciones como señora de la casa. De cualquier modo, era un hecho indiscutible que había dado al menos una puntada, por lo que el muchacho al recibir el pañuelo comprendería la situación de sobra.
"Ejem. Supongo que ahora ya no hay ninguna necesidad de aceptar la propuesta de Lord Josef, ¿verdad?"
"Así es."
Apartando el pañuelo como si diera la labor por concluida, Alicia dobló con cuidado la carta que le había entregado Josef y la guardó de nuevo en el sobre. Habiendo Vlad rechazado la propuesta matrimonial de Istvan en calidad de caballero a su servicio, ya no existía motivo alguno para tomar a la señora Oksana como madrina.
"Es un verdadero alivio. Por muy cálido que sea el regazo de la Casa Bayezid, concederles un pretexto para intervenir siempre resultaba inquietante."
"Ciertamente."
El objetivo de Alicia era, de principio a fin, la supervivencia de la Casa Heinal y la reconstrucción de Deomar. Consciente de que, por acogedora que pudiera parecer la protección de los Bayezid, su propósito último también consistía en apoderarse de este dominio, Alicia luchaba con desesperación por mantenerse en pie por sus propios medios. Y aquellos afanes comenzaban a vislumbrar ahora un nuevo propósito.
"... Caballeros como Sir Vlad no abundan, ¿verdad?"
"Por supuesto que no, Lady Alicia."
Bastaba con desposar a una sola mujer para hacerse con todos los derechos sobre la Casa Heinal y Deomar. Para Alicia, desprovista del poder marcial necesario para defenderse a sí misma, el mero hecho de hallarse desamparada constituía en sí mismo su mayor debilidad en las circunstancias actuales.
"¿Hasta dónde prevé usted que llegará a crecer en el futuro?"
Por tal razón, un caballero como Vlad, cuyo porvenir prometía mucho más que su brillante presente, reunía indudablemente todas las cualidades dignas de despertar su ambición.
"... Si continúa desarrollándose a este ritmo, probablemente llegará a representar al norte entero en la próxima generación. Es un madero de semejante talla."
Duncan ya había envejecido en el oficio de las armas, pero sus ojos templados por la veteranía continuaban siendo tan agudos como el primer día. Tras haber presenciado los dos duelos acaecidos en Deomar, Duncan ya comprendía que el potencial del joven distaba leguas de ser común.
"Mmm..."
Al oír las palabras de Duncan, Alicia se sumió en una profunda cavilación. No poseía facciones a las que les sentara bien el ceño fruncido, mas en ella ya no residía una dama ordinaria, sino alguien en quien comenzaba a fraguarse la compostura y la dignidad propias de la señora de un feudo.
"... Después de todo, no es tarea sencilla cargar sola con el deber de cabeza de familia siendo mujer. Y tampoco hay garantías de que no vuelva a ocurrir algo semejante."
Las alimañas siempre pululan en torno a una flor hermosa. Aunque nadie más hubiera irrumpido a exigir su mano como los Gaidar, las cartas remitidas por innumerables nobles varones que codiciaban sus derechos de sucesión ya se apilaban en su despacho. Seguir de este modo entrañaba un peligro inminente.
"Preferiría tomar a mi lado a un caballero que carezca por completo de linaje o vínculos con otras casas."
En semejante encrucijada, el único camino para que Alicia afianzara sus cimientos como la única y legítima heredera de Heinal era uno solo: conseguir un esposo que estuviera libre de las ataduras de las demás casas nobles.
"¡Oh, Lady Alicia...!"
Al comprender qué era lo que Alicia pretendía, Duncan se quedó consternado. Por desmedido que fuera su potencial, el muchacho no dejaba de ser un bisoño novato que apenas llevaba unas cuantas semanas investido como caballero.
"Puede que a la Casa Bayezid incluso le agrade mi propuesta. Después de todo, ¿no se asemejaría en cierto modo a una alianza de sangre?"
"¿No cree que es demasiado pronto todavía? Por mucho que los caballeros ostenten una posición dentro de la nobleza menor..."
"Usted mismo acaba de afirmar que llegará todavía más lejos."
A Duncan le invadieron unas ganas amargas de tragarse las palabras que acababa de proferir. Sin embargo, al no disponer de ninguna alternativa que sugerir al plan de Alicia, no tuvo más remedio que inclinar la cabeza con semblante apesadumbrado.
"Será mejor asegurarlo de antemano antes de que alguien más me lo arrebate."
"..."
Con su elocuente silencio, Duncan terminó por admitir que la resolución de Alicia distaba de carecer de fundamento.
"... Aun así, le suplico que no tome una decisión tan apresurada."
"Siempre será mejor que terminar casada con algún extraño indeseable."
Tras pronunciar aquellas palabras, Alicia volvió la cabeza hacia el paraje donde se erigía el árbol de la Casa Heinal.
"Además, sus actos son sumamente encomiables."
Las pupilas aguamarina de Alicia contemplaban las acciones del muchacho en aquel lugar. En la colina donde descansaban las tumbas de sus padres, el joven inclinaba la cabeza ante los antiguos señores de Heinal mientras derramaba sobre la tierra el licor que sostenía en la mano. Lo hacía con solemne reverencia, como si les agradeciera en silencio por haber velado por él.
Mientras los demás hombres solo forcejeaban y vociferaban con rabia por adueñarse de ella, únicamente aquel muchacho de cabellos dorados se encontraba vertiendo una ofrenda de licor por el descanso de sus padres.
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• Autor: Q10
• Traductor: Inmensurable
⚔️ El juramento de un caballero y el filo del primer Maestro de la Espada se forjan en cada batalla. ¡Deja tu reacción y comentario para avivar la llama del acero y traer pronto el siguiente capítulo! 🛡️✨

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El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 91
Estás leyendo el capítulo 91 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 20 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.