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Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 90 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Josef le había dicho que no importaba si perdía. Aquel joven, que siempre se preparaba para el peor de los escenarios, ya había calculado todas las variables posibles en caso de que Vlad resultara derrotado. Los caballeros de Bayezid, que con tan buena disposición habían cruzado espadas con el muchacho para instruirlo, tampoco albergaban grandes esperanzas de que Vlad consiguiera doblegar a Istvan. Nadie esperaba en verdad que alguien tan insignificante pudiera imponerse al vástago de una familia condal, a un noble que había recibido la educación más selecta desde la cuna. Ni su maestro Zayar, ni Alicia, quien le había encomendado su honor. Ni siquiera Godin, que permanecía de pie fuera del terreno del duelo con la misma sonrisa de aquel entonces. Aun así, al menos por una vez... "Ven". A alguien como yo también le gustaría ser digno de las expectativas ajenas. "Veamos cuán bueno eres". Porque ahora yo también soy un hombre que carga con su propio honor. Porque en toda la lucha desesperada que libré para trepar hasta aquí, no hay una sola mancha de la que deba avergonzarme. \*\*\* ¡Clang! ¡Clang! Chispas que brotaban sin tregua cada vez que el acero colisionaba contra el acero. Los caballeros de Bayezid que contemplaban el duelo apretaban los puños sin ser conscientes de ello. "Bien. Lo estás haciendo de maravilla". "Solo mantén el ritmo. Justo como hasta ahora". Había sido una instrucción contra mandobles impartida a marchas forzadas, embutida en su mente a toda prisa por la escasez de tiempo. Sin embargo, Vlad contenía la espada de Istvan con absoluta precisión, tal y como ellos le habían enseñado. Tambaleándose, pero apretando los dientes con fiereza. Desviaba las estocadas que aprovechaban la longitud del arma y esquivaba los tajos descendentes que descargaban todo su peso. Tratándose de una postura extrema que resultaría casi impracticable en un combate ordinario, la arriesgada apuesta táctica de Vlad estaba desgastando a Istvan de manera implacable. "¡Maldita rata escurridiza!". En consecuencia, el único recurso con el que Istvan podía alcanzar a Vlad eran los tajos horizontales, dotados del rango brutal característico de un mandoble; pero incluso aquello se le tornaba cuesta arriba. ¡Klang! '¡¿Pero qué demonios...?!'. Godin le había asegurado que el mozalbete rubio que tenía enfrente apenas llevaba un año empuñando una espada. Sin embargo, las técnicas de contraataque que ejecutaba en ese instante hacían gala de una destreza y un refinamiento desmedidos para su escasa experiencia. "¡¿Hasta cuándo piensas pasarte la vida huyendo?!". Vlad encaraba el duelo volcado por completo en una defensa férrea, como si hubiera renunciado a cualquier conato de ofensiva. Istvan sabía de sobra que Vlad no podría esquivar y bloquear eternamente de esa forma, pero el verdadero problema radicaba en que, para cuando ese momento llegara, él mismo tampoco saldría indemne del agotamiento físico. El mandoble era un arma maciza y pesada que, en comparación con otros pertrechos, exigía un tributo descomunal a la resistencia de quien lo blandiera. '¡Maldita sea!'. Istvan sentía en este instante como si intentara avanzar en mitad de un lodazal. El campo de batalla preparado por la Casa Bayezid, la guardia de Vlad que parecía ensayada de antemano y, sin saber si era solo fruto de su imaginación, un suelo que se tornaba por momentos más viscoso y traicionero. Hasta el aire que respiraba le pesaba en el pecho, al punto de generarle la asfixiante sensación de que cuanto existía en Deomar conspiraba para estorbarle el paso. "¿Será porque trepaste desde el fango? ¡Tus mañas son igual de repugnantes y rastreras!". Por todas esas razones, la impaciencia comenzaba a carcomer a Istvan. Estaba bien si el muchacho perdía, pero Istvan no podía permitirse la derrota. Más aún: verse en semejantes aprietos frente a un caballero desconocido ya constituía de por sí una vergüenza intolerable. "¡Hasta la madre que te parió apartaría la mirada si contemplara la patética y andrajosa estampa que das ahora mismo!". Al ver a Istvan recurrir a la provocación e implicar incluso a sus progenitores, a Vlad se le escapó una leve sonrisa. Istvan torció los labios como desafiándolo a tragarse semejante agravio, pero aquella ofensa no era más que el pan de cada día en los callejones, equiparable a un simple saludo. "... Imposible que hiciera eso". Y Vlad sabía con certeza que, aun si su madre estuviera allí presente, jamás lo señalaría con desprecio. Aunque a ojos de cualquiera aquella pareciera una posición precaria y desfavorable, Vlad avanzaba con paso firme, pulgada a pulgada, hacia la victoria. "¡... !". En ese instante, un destello plateado trazó una trayectoria fulgurante. Un golpe que partió como una saeta desde una postura aguzada al límite voló directo hacia el rostro de Istvan. Al haber sido un movimiento jamás exhibido en todo el duelo, resultó un ataque imposible de prever o eludir a tiempo. "Maldito pedazo de...". "¿No fuiste tú quien me pidió que me acercara?". Un hilo de sangre resbaló por su mejilla. La punta de la espada de aquel caballero vulgar al que tanto despreciaba acababa de rasgar el rostro de Istvan. "...". Incluso Godin, apostado fuera de la liza en calidad de observador, se estremeció levemente al presenciar aquella estocada. Por haber priorizado la velocidad antes que la potencia, el corte había resultado superficial, pero precisamente por ello había penetrado con éxito en el punto ciego del rival. 'La distancia se está acortando'. Godin advirtió de inmediato que el espacio entre Istvan y Vlad se estrechaba cada vez más. Era la prueba inequívoca de que Vlad también estaba persiguiendo la victoria bajo sus propios términos. Todas las hazañas que el muchacho había cosechado hasta ese día habían sido posibles gracias al socorro ajeno, honores compartidos con quienes le tendieron la mano. Sin embargo, ahora que cargaba con su propio honor a través de los votos de la caballería, Vlad ansiaba una victoria que le perteneciera únicamente a él. "Me parece a mí que si el señor conde Gaidar te viera ahora mismo, saltaría de pura alegría, ¿no crees?". "¡... !". Una provocación no debía diluirse como un eco marchito. Tenía que irrumpir siempre como una amenaza tangible, y si lograba marcar al adversario con una humillación punzante, resultaba insuperable. Exactamente lo que Vlad acababa de hacer. "M-Maldito bastardo...". Al contemplar a Vlad reasumir su guardia con una calma exasperante, como si le estuviese dando una lección sobre cómo provocar de verdad, a Istvan se le inyectaron los ojos en un carmesí violento. "Vaya...". Incapaz de contenerse por más tiempo, el Aura comenzó a brotar desde la punta de la espada de Istvan. Desatar el Aura significaba proyectar el propio mundo interior hacia el exterior. Aquello conllevaba un severo desgaste de la energía mental, y la mente extenuada no tardaba en devorar la resistencia del cuerpo. Godin chasqueó la lengua al advertir con qué facilidad Istvan había caído en la trampa tejida por el muchacho. "... Ha llegado muy bien hasta aquí, pero...". Al percibir la súbita mutación en la atmósfera del combate, Zayar posó de inmediato la mano sobre la empuñadura de su espada. "Ahora es cuando tendrá que resistir de verdad". Parado en calidad de observador, Zayar tensó cada uno de sus sentidos y clavó la vista, inflexible, en la contienda que ardía ante sus ojos. Él se mantenía preparado para irrumpir en el campo de batalla en cualquier momento, prevenido ante el peor de los desenlaces. "¡Muere, escoria vil!" \[¡Ahí viene!\] El auténtico pavor que infundía la esgrima de espadón no radicaba en la fuerza descomunal de cada golpe aislado, sino en la incesante cadena de sus acometidas. Al tratarse de un arma con la que no resultaba sencillo alternar entre el ataque y la defensa, era imperativo conseguir un resultado definitivo con cada golpe. Por esa misma razón, solo una ofensiva continua e implacable era capaz de compensar las debilidades intrínsecas del espadón. "¡Ugh!" ¡Bum! ¡Baaam! ¡Bum! El suelo retumbó en todas direcciones y una lluvia de tierra comenzó a precipitarse por doquier. Ante una conmoción tan violenta que parecía un terremoto, a Vlad le costaba incluso conservar el equilibrio. "¡A ver si también esquivas esto!" Siguiendo el rastro del Aura de Istvan, blandida con pura furia, el prado entero saltaba en pedazos. El césped segado con violencia y los terrones de fango caían como un aguacero, enturbiando la visión de Vlad. \[¡Aun así, no apartes la vista!\] Aprovechando los pasos vacilantes de Vlad, como si lo hubiera estado aguardando, la espada preñada de ira de Istvan arremetió contra él sin piedad. '¡Maldición!' Era una situación que él mismo había provocado y el desenlace que había planeado, pero la cruda realidad a la que se enfrentaba distaba de ser dócil. Ciertamente, el mundo que Istvan había edificado con tanta solidez, respaldado por los recursos de una casa condal, poseía un vigor tan aplastante que a Vlad todavía le costaba igualar. Al menos, así habría sido si Istvan hubiera conservado su compostura habitual. '¡Hacia adelante!' Si continuaba esquivando, tal vez lograse forzar un empate. E incluso si perdía, obtendría cierto mérito a su manera. Sin embargo, Vlad deseaba despojarse de una vez por todas de esa actitud de esquivar, huir y postergarlo todo para una próxima ocasión. '...' Frente a él se hallaba el caballero que había destruido su nido. Aquel funesto día había huido de La Sonrisa de la Rosa y escapado de Shoara, pero ya no retrocedería ni un solo paso ante ese hombre. "¡Aaargh!" Mírame bien. Mírame a mí, que ahora poseo el legítimo derecho. Para trepar hasta aquí, entregué cada pizca de mi ser. Quizá para otros fuera un privilegio otorgado desde la cuna, pero para Vlad no era sino el fruto de una lucha encarnizada. Para poder extender su espada en este preciso instante, el muchacho jamás se había detenido. '¡Lo veo!' Había una pequeña rendija visible. Incluso en medio de la vorágine de acometidas que azotaba como una tormenta, existía una diminuta brecha a través de la cual alcanzar a Istvan. \[¡A la izquierda!\] En ese instante, un golpe abrumador cayó sobre su hombro. "¡Cof!" Obedeciendo la voluntad de su portador, la armadura impregnada con el aliento de los niños desvió con desesperación la trayectoria de la hoja de Istvan. Era el arte de la armadura que le había arrebatado a una paladín que, por acatar los designios divinos, había sido más digna y altiva que nadie. "¡¿Cómo te atreves?!" Por su notable longitud, el espadón adolecía de una marcada desventaja en la distancia corta. Pese a que la arremetida de Vlad había repelido su filo con una velocidad insólita y un ángulo desconcertante, Istvan ya se había instruido en diversas maniobras para contrarrestar tales flaquezas. "¡Gugh!" Fuerte y macizo. El cuerpo robusto que Istvan había heredado por estirpe era, en sí mismo, un arma soberbia. De improviso, una patada de Istvan se hundió con violencia en el abdomen de Vlad. Por si fuera poco, la mano izquierda de Istvan, libre en un parpadeo, voló directa hacia el rostro de Vlad. "¡¿Creíste que con eso te bastaría?!" "¡Guh!" Sin embargo, como para desafiarlo abiertamente, Vlad no hizo más que recibir el golpe de Istvan de lleno con su propia frente. "¡Maldito orate...!" La frente reluciente de Ramund, sin duda, había quedado grabada a fuego en la memoria del joven. Aquel viejo caballero que ahora marchaba al retiro no había escatimado lecciones para el futuro caballero de Bayezid que tomaría el relevo. \[¡Ahora!\] Un solo instante. Únicamente este efímero parpadeo. Para abalanzarse en un único salto sobre esa rendija, el muchacho lo dio absolutamente todo. Un noble podía caer y volver a levantarse; un hombre acaudalado podía fracasar y resurgir. Pero aquellos cuya vida se había forjado en la miseria de los callejones y debían aguardar una única oportunidad, estaban obligados a apostarlo todo a ese solitario intento. Justo como hacía el muchacho en este preciso momento. "¡Muere, bastardo!" Ya no necesitaba mirar. Tenía a su adversario justo enfrente. Puesto que no podía permitirse renunciar a su campo de visión, solo al aproximarse del todo cerró Vlad su ojo izquierdo; y de él, como si hubiera aguardado impaciente este instante, brotó su mundo. Un mundo noble. Un mundo forjado con esmero. Ese mundo de Istvan que, precisamente por ello, solía mirar a los demás por encima del hombro. Contra el borde mismo de ese dominio se estrelló la punta de la espada del muchacho que se había arrastrado desde los callejones. Junto al estallido albo y resplandeciente de su propio mundo. Ante los ojos de todos los presentes. Enroscada en el árbol, la Serpiente Blanca rugió con un bramido atronador al unísono con el mundo del muchacho. \* \* \* "...Yo... yo tengo la razón, ¿verdad?" Un hilo de sangre brotaba del cuello de Istvan. Si la hoja se hubiera hundido tan solo un poco más hondo, sin duda el primogénito habría perecido en el acto. "Por lo tanto... ¿puedo reclamar mi justa recompensa?" En el silencio sepulcral que coronaba el final del duelo, la espada del muchacho había alcanzado irremediablemente la garganta del noble, y para impedirlo, alguien había interpuesto su propia hoja frenando la del joven. "¡Responde...!" "...Así es." Al fin te he alcanzado. El Caballero de la Luna Azul. Aquella espada bajo el fulgor de la luna que tanto había ansiado contemplar al fin posaba sus ojos en él. "Así que entregadlo. Vosotros también." Aquel día perdí mi nido. Rogué por mi vida a cambio de míseros despojos de carne. Por eso, ahora me toca a mí llevarme algo. "Un caballero se lleva su justa recompensa, Godin de Gaidar." Una causa justa, un derecho legítimo. Y un resultado intachable. Para cosechar este desenlace, el muchacho se había arrastrado hasta aquí. Por ello, exigir el tributo de su victoria no era sino lo más natural. "Como recompensa por este duelo, exijo la espada de Istvan." Un caballero solo toma lo que legítimamente le corresponde. Quien le había enseñado esa verdad por primera vez no era otro que el Caballero de la Luna Azul, que ahora lo miraba fijamente cara a cara. El muchacho derramando lágrimas y el noble estremecido ante la frialdad que acariciaba su cuello. El Caballero de la Luna Azul frenando la espada del joven y el caballero tuerto escudando al muchacho. Sobre aquel campo de duelo donde las espadas de los combatientes y los testigos se entrelazaban en una caótica tensión, el sacerdote consagrado a la voluntad divina proclamó con voz trémula: "¡El... el vencedor es el caballero de Bayezid! ¡Vlad de Shoara!" Bajo el sol inclemente, la cabellera dorada del muchacho resplandecía. Al igual que todos los presentes, hoy, al menos por hoy, Dios contemplaría con beneplácito la victoria del joven. Porque este era el instante exacto en que la espada del muchacho, al fin, alcanzaba el mundo de allá arriba. \----- • Autor: Q10 • Traductor: Inmensurable ⚔️ El juramento de un caballero y el filo del primer Maestro de la Espada se forjan en cada batalla. ¡Deja tu reacción y comentario para avivar la llama del acero y traer pronto el siguiente capítulo! 🛡️✨
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El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 90

Estás leyendo el capítulo 90 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 20 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.