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Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 89 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Godin ya había previsto que Vlad rechazaría su propuesta. Conocía bien el temple del muchacho, pues ya lo había experimentado en carne propia en el pasado. Sin embargo, lo que verdaderamente amargaba a Godin no era el desdén hacia su consideración, sino el falso espejismo que rodeaba al joven. "Era un muchacho que habría crecido con creces por su cuenta, sin necesidad de recurrir a semejantes ardides." En el informe que Godin examinaba a la luz de una vela se hallaban consignadas las hazañas que Vlad había acumulado hasta la fecha: Había desmantelado una organización de los bajos fondos de la ciudad. Había expulsado a los esbirros de un mago negro. Había conducido a un gusano de la muerte y abatido con sus propias manos a un Lindwurm. "Parece que la Casa Bayezid estaba ciertamente desesperada." Godin bajó el informe que sostenía como si ya no hubiera nada más digno de ver y apuró la copa que reposaba a su lado. En el mundo existía algo llamado sentido común, y sobradas razones justificaban que ciertos criterios se convirtieran en la norma comúnmente aceptada. "Lo han ensalzado demasiado." La primera vez que Godin vio a Vlad, el joven no era más que un chiquillo inexperto incapaz de blandir una espada con propiedad. Aquel último tajo había sido digno de elogio, sin duda, pero no pasaba de ser un destello de potencial; jamás alcanzaba el calibre necesario para ascender a la talla de un Matadragones en menos de un año. "Un potencial prefabricado, ¿eh...?" Aunque la Orden de Caballeros de Bayezid gozaba de un renombre legendario en el norte, en esta era se decía que habían fracasado en el relevo generacional. Por tanto, existían motivos de sobra para inflar los méritos a favor de Vlad. "Aun así, que haya despertado el Aura resulta ciertamente admirable." Y la razón por la que Bayezid había llegado a tales extremos se debía, sin duda, al formidable porvenir que albergaba el muchacho. La manifestación del Aura no era algo que pudiera transmitirse mediante la mera instrucción; de modo que resultaba del todo comprensible que la Casa Bayezid se hubiera entusiasmado al ver a Vlad extraer Aura a una edad tan temprana. "......" ¿Acaso debió habérselo llevado consigo a toda costa? Aunque lo había dejado atrás debido a que los hilos del destino no convergían, de haberlo persuadido con destreza, tal vez a estas alturas se habría convertido en la gran promesa de la Casa Gaidar. "Es una lástima." A lo largo de la vida, uno se topaba inevitablemente con innumerables encrucijadas; e incluso si en su momento se tomaba la mejor decisión posible, resultaba imposible no albergar remordimientos al mirar hacia atrás. A Godin le quedaba un regusto amargo en la boca al sentir que el brillante porvenir del muchacho se veía ensombrecido por culpa de su propia y errada elección. ※※※※ Al contemplar a Alicia mirándolo con un semblante gélido, los ojos de Vlad vacilaron sin rumbo fijo. "¿Volverá a repetirse algo semejante?" "Le pido mil disculpas. He reflexionado profundamente sobre ello." No solo se debía a la imponente firmeza de la joven baronesa, sino a que los copiosos manjares dispuestos sobre la mesa redonda tentaban al muchacho con sus fragantes aromas y apetitoso aspecto. "Le juro que jamás volveré a descuidar el pañuelo de Lady Alicia." "Me parece bien." Alicia asintió satisfecha ante la sincera respuesta de Vlad y entreabrió los labios con una sonrisa, adoptando una actitud enteramente distinta a la de hacía un instante. "Después de todo, hay que saber perdonar un simple desliz." Había terminado pareciendo una trampa en la que lo engatusaba con comida, pero poco importaba; al fin y al cabo, había obtenido una respuesta categórica de Vlad. Ya habría otra ocasión para hablar acerca de Lady Jemina. "Muy bien. Comencemos a cenar." Ante las palabras de Alicia, todos tomaron los cubiertos que tenían enfrente como si hubieran estado aguardando ese preciso instante. Todos los caballeros de Bayezid invitados lucían semblantes de pleno beneplácito. "Espléndido. Hacía tiempo que no presenciaba un banquete de semejante envergadura." "Y pensar que decían que la cosecha de limones de esta temporada había sido colosal." Aunque las voces de sus superiores resonaban a su lado, Vlad solo tenía ojos para los manjares que colmaban la mesa. En el pasado, durante su primera estancia en Deomar, Vlad se había quejado de la comida del lugar. A Josef le había complacido, pero desde la perspectiva de Vlad, la cultura vegetariana de Deomar distaba mucho de ser de su agrado. "Es lechón entero asado con una salsa especial de limón." 'Ohhh...' Sin embargo, lo que ahora se extendía ante Vlad eran carnes tan suculentas que le hacían la boca agua. Que un joven en plena etapa de crecimiento requiriera sustento era una verdad irrefutable para cualquiera. "Muchas gracias, Baronesa." "Coma todo lo que guste." Vlad dio un mordisco a un generoso trozo de carne y, sin poder contenerse, dejó escapar una exclamación de deleite. Ciertamente se había hartado de comer carne de primera calidad en la Familia Cannor, pero el asado que degustaba en Deomar ofrecía un sabor perteneciente a una dimensión enteramente distinta. \[El culmen de todo manjar reside invariablemente en la salsa.\] Era una voz que se jactaba como si hubiera probado tales delicias en incontables ocasiones, pero Vlad se limitó a seguir devorando la carne para no disipar el exquisito aroma que impregnaba su paladar. Sentada frente al muchacho, Alicia lo contemplaba henchida de satisfacción. "… ¿Marchan bien los preparativos para el enfrentamiento?" Sintiendo cierta turbación por la actitud complaciente que exhibía su señora, Duncan dirigió la palabra a Zayar, sentado junto a él. "Precisamente había algunos asuntos que deseaba solicitarle al respecto." Zayar también se sentía un tanto cohibido al ver los platos amontonados con tanto descaro frente a Vlad. Comprendía que se tuviera deferencia con el Campeón que cargaría con el honor de la casa sobre sus espaldas, pero ¿no rozaba esto el exceso? "Solo dígamelo. Nos prepararemos con la mayor diligencia." "En ese caso..." El muchacho que debía batirse en el duelo que tendría lugar dentro de unos días debía alimentarse con contundencia, mientras que aquellos encargados de los preparativos debían deliberar con suma cautela. El caballero llamado Istvan era el primogénito de la Casa Gaidar, la indiscutible soberana del oeste, y como tal, era un guerrero de pura cepa que había forjado su destreza desde la infancia. Con total franqueza, Zayar no albergaba grandes esperanzas respecto a las posibilidades de victoria de Vlad. "Pida lo que sea menester. Deomar brindará todo su apoyo en favor de Sir Vlad." "Entendido." Tal como acababa de asegurar Duncan, Deomar no escatimaría en respaldar al muchacho. Si el joven llegaba a morder el polvo, Alicia no tendría más alternativa que aceptar por completo la intromisión de otra potencia extranjera —la Casa Bayezid— con tal de disipar la amenaza de la Casa Gaidar. Todos en Deomar se preparaban para obtener aquello que anhelaban. Por una causa legítima, por la independencia y por la venganza. Todos los presentes sabían muy bien que aquel banquete era como la víspera de la tempestad, un preludio dispuesto en vísperas de ese momento crucial. La noche fue transcurriendo entre risas francas y desahogadas. ※※※※ "..." La mañana del duelo. Al poner un pie en el terreno que Alicia había dispuesto para el combate, Istvan experimentó una incomodidad difícil de describir con palabras. "...Por lo general, ¿los duelos no suelen librarse en un vestíbulo o en un salón?" "Fue una petición especial de la baronesa Alicia." Tal como señalaba Godin, Alicia había pedido que este duelo se celebrara al aire libre y no en un vestíbulo o un gran salón; alegando que, al tratarse de un asunto concerniente a una propuesta matrimonial, anhelaba que sus difuntos padres, sepultados bajo aquella tierra, también fuesen testigos de la contienda. "¿Ah, sí?" No era una razón incomprensible, pero a Istvan seguía causándole recelo. La sensación de la hierba recortada al ras que percibía bajo la punta de sus botas. Un terreno llano y pulcramente despejado, del que se habían retirado hasta los guijarros más diminutos. "¿Ha llovido esta mañana?" "No, señor." Y, a pesar de que no había caído lluvia alguna, la hierba de aquel claro permanecía empapada y húmeda. Resultaba propicia para desplazarse con rapidez, pero era un entorno desfavorable para los espadachines que, como él, necesitaban afianzar con firmeza el pie de apoyo. "Tendrá que resignarse a ello." "Cómo se esfuerzan." Acondicionar el campo de batalla en favor propio antes del combate era una de las actitudes elementales de cualquier comandante. Al contemplar al caballero tuerto que se las había ingeniado para acumular pequeñas variables en beneficio del muchacho, Istvan dejó escapar una sonrisa feroz. "¿Estás listo?" Pese a la sonrisa cargada de intenciones de Istvan, Zayar conservó su semblante impasible, giró la cabeza y miró al muchacho que aguardaba a su espalda. Con el fin de arrebatarle la iniciativa moral, el ímpetu intangible de los caballeros de Gaidar se volcaba sobre Vlad sin tregua incluso en ese instante. Y tras sus veteranos, que contenían ese embate en su lugar, Vlad permanecía de pie con los ojos cerrados. "Sí." Al contemplar los firmes ojos azules de Vlad, Zayar asintió. Había resistido admirablemente hasta ese momento. Sabía de sobra que su paciencia inagotable, incluso frente a quienes bien podían considerarse sus enemigos mortales, había sido para cumplir la promesa empeñada ante Lord Josef. "Bien." Por lo tanto, ahora era su turno de recompensar la entereza del muchacho. En cuanto Zayar hizo una seña a Duncan para indicarle que estaban listos, el sacerdote invitado por Alicia subió al terreno de duelo. Se trataba del mismo clérigo que había presenciado cómo el joven hacía florecer su propio mundo durante el duelo por los derechos de sucesión. "¡Que suban los contendientes de ambas partes!" Un clérigo conocido. Un campo de batalla preparado a la medida del muchacho. "¡Que suban los testigos de ambos bandos!" Y unas reglas diseñadas en favor del joven. Siguiendo las instrucciones del sacerdote, dos caballeros avanzaron hacia el terreno tras los pasos de Istvan y Vlad. El Caballero de la Luna Azul, Godin, y el Caballero Tuerto, Zayar. Los caballeros que representaban a Gaidar y a Bayezid se miraron frente a frente. "En este duelo se autoriza el uso del Aura." Convencido de que un enfrentamiento de esgrima pura contra Istvan supondría una derrota segura, Zayar había optado por el Aura para abrir una brecha de incertidumbre. Juzgaba que la firmeza del mundo que albergaba el muchacho no palidecía ante la de nadie. "Puesto que no es un combate a muerte, cualquiera de los dos testigos podrá intervenir si alguno de los contendientes se encuentra en peligro." Al permitirse el empleo del Aura, resultaba indispensable contar con salvaguardas, y los dos caballeros allí presentes actuarían como custodios para prevenir el peor de los desenlaces. "¿Están de acuerdo con estas normas?" Al ver el asentimiento de ambos caballeros, al sacerdote solo le restaba ultimar los preparativos finales para el duelo. "Los contendientes, un paso al frente." Los testigos descendieron, dejando únicamente a los duelistas en el terreno. Allí, Vlad e Istvan quedaron situados cara a cara. "¿Llevas bien guardado el pañuelo? Sería una molestia pasar por trámites innecesarios para ponerle las manos encima." "..." El clérigo mantenía la mirada alzada hacia el cielo, aguardando a que el sol asomara tras el manto de nubes. Esperando el inminente inicio del duelo, Vlad abrió los labios. "Si yo pongo el pañuelo, ¿qué piensas dar tú a cambio?" Un perro débil siempre tiende a ladrar. Adopta una actitud amenazante para encubrir su propio pavor e intimidar al adversario. Sin embargo, el muchacho frente a él, que sin duda alguna debía de ser más débil, no ladraba en absoluto; se limitaba a sonreír con apacible calma. "Supongo que debería quedarme al menos con esa espada que empuñas." "Maldito bastardo..." Estar habituado a despojar a los demás no era un rasgo exclusivo del temperamento del oeste. Aquel joven, criado en unos callejones donde ser despojado equivalía a la muerte, albergaba una codicia tan rapaz como la de Istvan. "Ciertamente, diría que con eso las cosas quedarían equilibradas." Habían arrebatado porque lo deseaban. Habían arrebatado para sobrevivir. Dos fieras acostumbradas al expolio comenzaron a mostrarse mutuamente sus afilados colmillos. "¡Bajo el sol de este día, Dios es testigo!" Con la señal del sacerdote, el duelo dio comienzo. '...¿Qué demonios es eso?' Aunque Istvan ardía en deseos de abalanzarse al instante para hacer pedazos a Vlad, la insólita guardia que adoptaba el muchacho frenó en seco sus pasos. Se trataba de una postura contra la cual no resultaba sencillo lanzar un ataque y que, incluso intentándolo, resultaba sumamente difícil de alcanzar con el filo. Sostenía la espada con una sola mano y mantenía el cuerpo colocado de perfil tanto como le era posible. Aquella postura, calculada para ofrecer la menor superficie de impacto al adversario, era sin lugar a dudas la guardia habitual de los esgrimistas que blandían un estoque. "Espero que sea de tu agrado." Poseer información no equivale necesariamente a conocer la verdad. Aunque Godin disponía de datos sobre el muchacho, había formulado un juicio equivocado; en cambio, Josef había empleado los informes que obraban en su poder para prever y forjar con exactitud este escenario. Josef había estado preparando el duelo contra Istvan desde el instante en que recibió la carta de Alicia. "La preparé especialmente para ti." Los caballeros de Bayezid habían tardado tanto en arribar a Deomar que Alicia estuvo a punto de consumirse por la zozobra. Todo había sido una maniobra premeditada para ganar el tiempo necesario y permitir que el muchacho se instruyera debidamente. "..." Al observar la inquietante guardia que adoptaba Vlad, Godin desvió la mirada hacia los caballeros de Bayezid apostados a espaldas del joven. 'Se estuvieron preparando.' Los caballeros de Bayezid contemplaban al muchacho desde el perímetro del terreno de duelo. Por una deliberada coincidencia, todos y cada uno de ellos eran guerreros que empuñaban mandobles idénticos al de Istvan. \----- • Autor: Q10 • Traductor: Inmensurable ⚔️ El juramento de un caballero y el filo del primer Maestro de la Espada se forjan en cada batalla. ¡Deja tu reacción y comentario para avivar la llama del acero y traer pronto el siguiente capítulo! 🛡️✨
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El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 89

Estás leyendo el capítulo 89 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 20 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.