Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 88 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
"Detesto a los imbéciles".
En el despacho de Bayezid, acondicionado de forma especial por disposición de Alicia, el caballero tuerto permanecía sentado mientras fruncía el ceño sobre su único ojo sano.
"Y tú eres el mayor imbécil que he visto en toda mi vida".
Vlad ya había sido armado caballero; no obstante, frente a Zayar, el muchacho no podía evitar sentirse como un escudero torpe e incompleto, por lo que juntaba con sumisión ambas manos al frente.
"Echar a perder con un simple pañuelo todos los preparativos que lord Josef tanto se esmeró en disponer... Considero que esa estupidez tuya alcanza ya el terreno del talento innato".
"...... Lo lamento".
Frente a Zayar, quien desgranaba su reprimenda con una furia sorda y contenida, Vlad se limitaba a permanecer cabizbajo en actitud penitente, tal como había hecho siempre.
'...... De entre todos los momentos, tenía que salir justo ese'.
Esta vez de verdad había deseado hacer las cosas bien. Era su primera encomienda tras haber sido nombrado caballero y, en cierto modo, una misión donde él era el centro de atención. Sin embargo, los asuntos del mundo rara vez se plegaban al compás de la propia voluntad.
"Es que no sabía que acabaría saliendo de ese modo".
Tanto el pañuelo que le había dado Jemina como el que le había entregado Alicia eran valiosos para él, por lo que simplemente se los había guardado en el pecho. Los había colocado tan en el fondo que ambas telas terminaron pegándose una contra la otra; eso no era del todo su culpa. No obstante, al margen de cuáles hubiesen sido sus intenciones, la realidad era que Vlad había cometido otra gran torpeza ante Alicia.
"...... Lárgate".
"Lo siento mucho".
Zayar ya no le propinaba golpes. Una vez transcurrido el invierno de este año, Vlad cumpliría los dieciocho. Había llegado el momento en que dejaba atrás la niñez para convertirse en un adulto hecho y derecho y, al ostentar el título de caballero, el propio Zayar debía dispensarle la consideración debida a su rango.
"......".
Sin embargo, a Vlad, el propio destinatario de semejante miramiento, la situación actual le resultaba tan incómoda que permaneció plantado allí, sondeando con aprensión el semblante de su mentor a pesar de la orden de marcharse.
"¿Por qué no te vas? ¿Acaso quieres que te muela a golpes como antaño?".
Casi preferiría eso. Vlad dio voz a lo que le rondaba en el pecho y confesó su sentir con absoluta franqueza:
"Pues sí. ¿No podría simplemente golpearme? Creo que sería mucho mejor".
"...... Uf".
Al escuchar la disparatada réplica de Vlad, Zayar dejó escapar un gemido ahogado de frustración. Desde el primer instante en que lo recogió supo que era un muchacho difícil de tratar, pero jamás imaginó que llegaría a convertirse en alguien tan impredecible.
"Deja de soltar sandeces y lárgate de una maldita vez. Te lo suplico".
Al ver a Zayar masajearse el parche sobre la cuenca vacía mientras gruñía entre dientes, a Vlad no le quedó más remedio que apresurarse a abandonar el despacho. Aquel caballero poseedor del mundo de fulgor esmeralda, arrastrado por las absurdas palabras del joven, se estaba preparando inconscientemente para sumergirse en un plano todavía más profundo de su propio poder.
"...... ¿Qué miran con tanta insistencia?".
A Vlad, que acababa de salir a toda prisa del despacho huyendo de la orden de expulsión cargada de intenciones asesinas de Zayar, lo aguardaban los caballeros de Bayezid asignados a la misma misión.
"Tratándose de una figura tan ilustre, ¿cómo no íbamos a contemplarle el rostro?".
"¿Acaso no es este el libertino del norte del que tanto hablaban los rumores? Vaya, mis más sinceros respetos".
"Llevar a dos damas colgadas de una sola mano... He ahí la viva estampa de un auténtico héroe legendario".
Los caballeros se mofaban entre risitas burlonas a costa del torpe comportamiento de Vlad. Sin embargo, aquellas risas no encerraban desprecio alguno, sino una muestra de afecto y camaradería a su propia manera. Vlad se había familiarizado con los caballeros de Bayezid a lo largo de las campañas compartidas con Rutger. Los hombres allí congregados habían presenciado cómo el muchacho se dejaba la piel al límite de sus fuerzas en todo momento; ahora que había sido armado caballero y se convertía en el benjamín de entre ellos, no levantaban muralla alguna frente a él. En otras palabras, aquellas burlas no eran más que bromas destinadas a tomarle el pelo al recién llegado.
"Quisiera estar a solas".
"¡Válgame el cielo! Entonces tendremos que despejarle el salón a Su Señoría".
"Este benjamín recién incorporado gasta aires formidables desde el mismísimo comienzo".
Al contemplar a los caballeros veteranos que se regodeaban a carcajadas a su costa, Vlad no tuvo otra opción que resoplar contrariado y salir a zancadas del salón de recepción.
"Maldita sea".
Tras escapar de la cólera de Zayar y de la rechifla de sus superiores, Vlad avanzó por el corredor revolviéndose el cabello con frustración. Había sido un error tan estúpido incluso a sus propios ojos que carecía por completo de argumentos con los que replicar.
"...... Ah".
En ese instante, mientras recorría el pasillo, un raudal de recuerdos familiares comenzó a brotar en la mente de Vlad. Aquellas memorias que surgían como una intensa sensación de familiaridad fueron frenando poco a poco sus pasos.
"Parece que la vida de la gente es parecida en todas partes".
La Sonrisa de la Rosa de aquellos días, un lugar que ahora solo existía en el recuerdo. Allí también hubo hombres que se burlaban del muchacho exactamente del mismo modo que lo hacían ahora estos caballeros. El eco de las risas que aún resonaba a sus espaldas se asemejaba tanto a las voces de Buray y de los mayores de aquel entonces cuando charlaban... Apoyando con lentitud la espalda contra la pared del corredor, Vlad jugueteó con la empuñadura de la daga que le había entregado Jorge. La nostalgia solía disiparse al compartir los recuerdos; sin embargo, al muchacho le quedaban muy pocas personas en el mundo con quienes poder revivirlos. Así, en medio de aquel corredor desierto, el joven permaneció a solas, rumiando en silencio el peso de su pasado.
\* \* \*
"Cuanto más lo pienso, más absurdo me parece".
Alicia apretaba los labios con fuerza, como si estuviera sumamente indignada; no obstante, Duncan, que la había observado durante largos años, sabía a la perfección que no estaba verdaderamente enfadada. La actitud que mostraba en ese momento no era más que una pequeña rabieta.
"Por mucha falta de sentido común que tenga, ¿cómo se le ocurre guardar juntos el pañuelo que le dio otra mujer y el mío? ¿Acaso todos los hombres actúan de esa manera?".
"...... Aun así, el pañuelo estaba impecable".
Ante aquellas palabras que le llegaban desde un costado, Alicia fulminó a Duncan con una mirada afilada.
"¡Pues claro! ¡Eso era lo mínimo que correspondía!".
"No es algo que deba darse por sentado. En especial tratándose de un muchacho de su edad".
Duncan carraspeó una vez antes de proseguir. No hablaba así únicamente porque el caballero tuerto hubiera acudido a verlo la noche anterior para inclinarse profundamente en nombre del joven.
"Tengo entendido que las misiones que ha desempeñado hasta la fecha han sido despiadadas. Haberlo conservado en tan buen estado en medio de semejantes vicisitudes significa, sin lugar a dudas, que le prestaba una atención muy especial".
"......".
Alicia guardó silencio, prestando oídos a las palabras de Duncan como incitándolo a continuar. El legajo de documentos que sostenía en las manos permanecía inmóvil en el mismo folio desde hacía un buen rato, sin que pasara la página.
"Fue un error nacido de la ignorancia. En cierto modo, denota cuán puro e inocente es en realidad. ¿No es un alivio saber que, al menos, no abriga segundas intenciones?".
"...... En eso tiene razón".
Los seres conocidos como caballeros siempre vivían obsesionados con medrar y ascender; desde la perspectiva de tales hombres, el pañuelo de Alicia representaba, sin lugar a dudas, una oportunidad inmejorable para elevar su propio estatus. Incluso en ese mismo momento abundaban por doquier varones que babeaban por ella; visto bajo ese prisma, la torpeza cometida por aquel muchacho llamado Vlad llegaba a tener un cariz casi entrañable.
"Pero aun con todo......".
Ante los alegatos que Duncan esgrimía en favor de Vlad, Alicia relajó por fin la tensión de sus labios. Al escuchar las razones del veterano, se percataba de que tampoco había un motivo real para persistir en su enojo.
"Mire allí afuera".
Al observar cómo Alicia recobraba con lentitud la serenidad, Duncan señaló hacia el exterior de la ventana con un ademán de la mirada.
"En cada uno de esos gestos debe de residir la razón por la que Bayezid tiene en tan alta estima al muchacho".
"......"
Siguiendo el ademán de Duncan, Alicia giró el cuerpo y miró a través de la ventana.
Allí, en lo alto de la colina, se encontraba el joven hincado de rodillas. Con ambas manos juntas, ofrecía una estampa que cualquiera reconocería como una plegaria impregnada de devota reverencia.
"Eso no ha cambiado en absoluto, ni en aquel entonces ni ahora".
Los cabellos dorados del muchacho ondeaban en medio de aquel paisaje que ella llevaba tanto tiempo contemplando, mas Alicia no sintió la menor disonancia en aquella escena. Tan sincera y pura resultaba la estampa de Vlad.
"Pero... ¿quién es ese?".
Mientras observaba a Vlad orar en apacible calma, una figura desconocida comenzó a perfilarse en el campo visual de Alicia.
Desde la falda de la colina, alguien ascendía con paso parsimonioso y las manos cruzadas a la espalda, como si se paseara por el patio de su propia casa. Aquella silueta desconocida revelaba a las claras que no pertenecía a la Casa Heinal.
"¡Maldita sea!".
Comprendiendo la identidad del sujeto mucho antes que Alicia, Duncan asió con premura una campanilla y comenzó a agitarla con vehemencia.
"¡Criado! ¡¿Hay algún criado afuera?!".
Al escuchar el repicar apremiante de la campanilla de Duncan, Alicia se aproximó con lentitud hacia la ventana.
Aquel joven contaba con el beneplácito de la señora del lugar para ascender a la colina. Sin embargo, el individuo que ahora remontaba la cuesta jamás había recibido su consentimiento.
"¡Avisen de inmediato a Sir Zayar!".
Se trataba del ser más peligroso de cuantos se hallaban en la mansión. Un caballero del oeste que no contaba con autorización alguna en Deomar.
Istvan de Gaidar.
Avanzaba directamente hacia el muchacho que oraba.
※※※※
Quedar relegado a un rincón donde nadie posa los ojos resulta desolador. Por mucho que uno brille por sí mismo, si ese fulgor carece de sentido, la aflicción es inevitable.
Comprendiendo a la perfección semejante condición, Vlad alzó la cabeza hacia la Serpiente Blanca que nadie recordaba. A través del mundo interior de la voz, los ojos del joven se cruzaron con los de la serpiente, que le sonreía apaciblemente.
"¿Aún no recordáis nada en especial?".
'Quién sabe'.
Aunque había ascendido de nuevo a la colina de Deomar por consideración a la voz, parecía que no afloraba ninguna memoria concreta.
"¿No dijisteis que os vinieron algunos recuerdos a la cabeza tras ver a Noir?".
'Parece ser que, en efecto, guardo algún vínculo con los espíritus'.
Con todo, el esfuerzo de Vlad no había sido enteramente en vano. Entre aquellos retazos de memoria que emergían como fragmentos dispersos, la voz lograba percibir que albergaba una honda fijación por los espíritus y los vestigios olvidados de antaño. Si bien ignoraba todavía si semejante apego nacía del cumplimiento de un deber o de su propia voluntad.
'Viene alguien'.
Junto a la advertencia de la voz, Vlad sintió una presencia que se aproximaba con arrogante ostentación, como proclamando a los cuatro vientos su llegada, y se puso de pie con parsimonia. Pese a no haberse vuelto aún, tuvo la certeza casi instintiva de saber quién era.
"Vaya, conque hay un cementerio en un sitio como este".
Fingiendo haber concluido su plegaria al incorporarse, Vlad giró el cuerpo hacia la procedencia de la voz. Allí se erguía el caballero del oeste, dotado de una complexión tan tosca y descomunal como la insolente confianza que ostentaba.
"¿Acaso hay algún conocido tuyo enterrado aquí?".
Istvan Gaidar. Primogénito del conde Sigmund y pretendiente de Alicia. El hombre a quien el Caballero de la Luna Azul había traído consigo.
"Este es un lugar al que solo se puede subir con el consentimiento de su señora".
"Al verte aquí arriba, supuse que a mí también me estaría permitido".
"Yo sí cuento con su venia".
Al encontrarse con la mirada inquebrantable de Vlad, que no pestañeaba al mirarlo, Istvan esbozó una sonrisa.
"Por fin te dignas a mirarme".
"......"
"Durante el banquete no le quitabas los ojos de encima a Godin. Me hiciste sentir casi invisible".
Soltando comentarios desenfadados con la mayor naturalidad, Istvan pasó de largo junto a Vlad y se dejó caer en la hierba cercana antes de inquirir:
"He oído que tienes en tu poder el pañuelo de la Baronesa Alicia".
Un hombre carente de permiso, pero rebosante de aplomo. Contemplando la mansión que se divisaba en el fondo, Istvan prosiguió:
"Godin me dijo que, si renuncias a ese pañuelo ahora mismo, te lo tomará a cuenta como el pago de la segunda ración de carne seca".
"¡......!".
Aquellos sucios pedazos de carne cayendo sobre su cabeza. Hubo una vez un muchacho cuya vida fue perdonada a cambio de semejante humillación. Un instante abyecto en el que logró sobrevivir pagando un precio indigno.
"Aunque, a decir verdad, no tengo ni la menor idea de qué significan esas palabras".
Con una mirada indolente, Istvan extendió la mano hacia Vlad y ordenó:
"Entrégamelo".
Un ademán prepotente, como si reclamara algo que le pertenecía por derecho. Jamás disimulaba lo que deseaba. Si codiciaba algo, lo arrebataba por la fuerza. El mundo del oeste, donde solo los codiciosos lograban prevalecer, se extendía sobre la palma de su mano.
"......Intenta quitármelo".
Ante la exigencia de Istvan, Vlad se limitó a propinarle una respuesta glacial, como si no hubiera hecho más que aguardar aquel instante:
"Si es que tienes la capacidad de lograrlo".
El norte jamás retrocede. Tal como atestiguaban las murallas de Sturma teñidas de carmesí, jamás entregaba lo que ya sostenía en sus manos. El muchacho por cuyas venas corría la sangre del norte no albergaba la menor intención de plegarse a las insolentes demandas del oeste.
"En fin, ya me advirtieron de que no entenderías por las buenas".
El oeste había llegado para apoderarse de todo, y el norte se había plantado allí para cerrarle el paso. A fin de cuentas, el destino de ambos no podía ser otro.
Dejando escapar un leve suspiro con fastidio evidente, Istvan se incorporó. Bajo la copa del árbol ancestral de Heinal, los caballeros del norte y del oeste cruzaron sus miradas.
"No queda más remedio".
Con un siseo metálico, la espada de Istvan comenzó a deslizarse fuera de su vaina. Mostraba un diseño jamás visto en el norte: un mandoble erizado de afilados dientes serrados, como fauces listas para desgarrar.
"No pienso marcharme con las manos vacías, mocoso del norte".
El acero de Istvan apuntó rectamente a Vlad.
"Apostando el pañuelo de Alicia, te desafío formalmente a un duelo".
El vencedor en la cumbre, el derrotado en el fango. Un duelo de honor en el que solo quien triunfa se adueña de todo.
"Repítelo".
Sin embargo, Vlad se limitó a cruzarse de brazos ante el reto de Istvan, rehusando aceptar el duelo en tales términos.
"¿Qué?".
"He dicho que lo repitas".
Aquel clamor desgarrador que el muchacho profirió mientras reptaba por el suelo ensangrentado frente al Caballero de la Luna Azul no había sido más que un eco vano. Porque en aquel día, el muchacho carecía de toda legitimidad.
"Yo no soy ningún mocoso del norte".
Mas el muchacho de hoy era enteramente distinto. Aquel joven que había luchado a brazo partido para arrancarle al destino su rango actual se había ganado con creces el derecho de que pronunciaran su nombre con dignidad.
"Soy un caballero de Bayezid, y el caballero juramentado de Lady Alicia".
Al compás de la imponente presencia marcial que emanaba del muchacho, la Serpiente Blanca comenzó a descender de las ramas del árbol. Vlad era un hombre legítimamente investido, y tanto la señora de Deomar como su espíritu protector daban fe de ello.
"Si pretendes retarme a un duelo de honor, pronuncia mi nombre como es debido, escoria del oeste".
Hasta hacía un instante, Istvan había asumido que doblegar el ímpetu de Vlad sería cosa fácil; sin embargo, la presencia marcial del muchacho que ahora lo encaraba no guardaba relación alguna con la de antes.
Unos ojos azules que ardían con un fulgor blanco bajo el influjo de la bendición. Y al unísono, una prestancia que se agigantaba tan colosal como el mismísimo árbol que coronaba la colina.
Dotado de mayor legitimidad que nadie, y por ello formalmente reconocido: el nombre de aquel caballero era Vlad de Shoara.
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• Autor: Q10
• Traductor: Inmensurable
⚔️ El juramento de un caballero y el filo del primer Maestro de la Espada se forjan en cada batalla. ¡Deja tu reacción y comentario para avivar la llama del acero y traer pronto el siguiente capítulo! 🛡️✨

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El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela)
Capítulo 89
El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 88
Estás leyendo el capítulo 88 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 20 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.