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Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 87 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Caballero. Una palabra capaz de hacer vibrar el corazón de un muchacho que se revolcaba en el fango de los callejones. Hubo alguien que le abrió las puertas a ese mundo de la caballería, un reino al que sentía que jamás podría aproximarse aun si se arrastrase durante toda una vida. Aquel que jamás perdía su imponente presencia ni bajo la luz de la luna era un hombre que albergaba en su interior un mundo teñido de azul. Y el muchacho había perdido su nido a causa del mundo que aquel hombre blandía. La mirada vacía y oscilante de Jorge pendiendo de la punta de sus dedos. Los andrajosos jirones de carne que llovían sobre su cabeza. Aquel caballero de la luna azul, que había arrojado sobre el muchacho unos despojos que representaban a la vez salvación y ultraje, le había dicho: 'Un caballero siempre toma únicamente la debida retribución.' El Tercer Precepto del Maestro de la Espada: un caballero debe ser siempre honorable. Por ende, siempre debe tomar únicamente la justa retribución. "... He venido aquí para pagar la debida retribución por vuestro pañuelo, Lady Alicia." Y ahora, el muchacho también comprendía ese precepto. Pues los pasos del joven, que había avanzado arrastrándose y debatiéndose en el fango, por fin habían alcanzado la azulada luz de la luna. El muchacho, que ahora podía extender la mano con orgullo hacia la justa retribución, alzó la cabeza hacia la noble dama. "Para pagar ese precio, empeñaré todo el honor de caballero que poseo." El mundo con el que había soñado, el mundo que había anhelado. Y el mundo que había jurado destruir a toda costa. Ante la mirada del Caballero de la Luna Azul, Vlad proclamó en silencio que por fin poseía la dignidad para estar de pie frente a él. "Junto a mi nombre, avalado por Bayezid." El caballero de Bayezid, Vlad de Shoara. "..." "..." El azul y el azul se contemplaban mutuamente en silencio. Las pupilas trémulas del muchacho se asemejaban a su propio mundo. \*\*\* "Vlad. Conque Vlad de Shoara..." En la sala de recepción que Alicia había dispuesto para los huéspedes de las tierras del oeste, Istvan permanecía despatarrado en una silla, chasqueando la lengua con fastidio. Creía que todo marcharía sin tropiezos, pero Bayezid se había presentado con una jugada del todo imprevista. "¿Es un nombre que jamás había oído?" Junto a esas palabras, Istvan volvió la cabeza hacia Godin, sentado a su lado. Era un hombre que siempre exhibía una sonrisa en el rostro. Sin embargo, al menos hoy, la expresión que esbozaba no era su refinada sonrisa habitual, sino una marcada por una extraña turbación. "¿Acaso lo conoces?" En circunstancias normales, a Istvan ni siquiera le habrían importado los caballeros del norte. Su temperamento arrogante y audaz, adquirido por nacimiento junto a su linaje, solía desterrar con presteza a las existencias insignificantes fuera de su memoria. Sin embargo, aquel mocoso llegado del norte era diferente. "Ha sido sumamente insolente." "... ¿Eso os parece?" Creyó que sus miradas se habían cruzado, pero no había sido así. Las pupilas de Vlad no se habían posado en Istvan, sino únicamente en Godin, que permanecía de pie tras él. Ante la forma en que Vlad lo había ignorado con total ligereza, Istvan experimentó una curiosidad mezclada con un ultraje enteramente nuevo. "... Podría decirse que nos conocemos, si se puede expresar así." Godin respondió a la pregunta de Istvan, pero continuaba atrapado en la marea de sus propios pensamientos. La intensa mirada que el muchacho le había clavado aún lo hacía extraviarse entre las sombras de La Sonrisa de la Rosa. "Jamás llegué a imaginar que volvería a toparme con él en un lugar como este." Aquel día, el haberle perdonado la vida al muchacho no había nacido de la mera piedad. El potencial que el joven albergaba era tan resplandeciente que incitaba a alentarlo, aun si se trataba de una promesa que con el tiempo pudiese regresar convertida en una calamidad. 'Llega a ser admirable.' El muchacho que se arrastraba por el suelo empapado en sangre. El muchacho que aullaba a voz en cuello a sus espaldas. Pero el muchacho de aquel entonces ya no existía. El joven que hoy se alzaba ante los ojos de Godin era el caballero de Bayezid, Vlad de Shoara. 'Pensar que aquel chiquillo era este mismo hombre.' Godin recostó la espalda contra el respaldo del asiento al rememorar las pupilas azules que lo habían mirado fijamente. Aunque resultara un desenlace inverosímil, el tal Vlad de Shoara del que solo había tenido noticia a través de informes era, en verdad, el mismo Vlad al que él conoció. "¿Y qué piensas hacer ahora?" "..." Ante la hosca pregunta de Istvan, Godin abrió los ojos. Tras desprenderse por fin de sus cavilaciones, tomó plena conciencia de su posición y calculó con presteza el siguiente movimiento que debían emprender. "No es que carezcamos de una salida." Un caballero como Godin era capaz de cortar de raíz incluso los lazos más preciados del pasado si mediaba la orden de su señor. Aunque se tratase de un potencial lamentable de desperdiciar, si este se interponía en su camino, no habría motivo alguno para vacilar. "Que el vencedor se quede con todo es una ley válida en cualquier rincón del mundo." El muchacho sostenía un pañuelo con un noble nombre bordado, y esa era la única justificación que frenaba la falsa propuesta matrimonial de Istvan. "Desafiad a ese muchacho a un duelo." "¿Un duelo?" El honorable terreno del duelo al que solo aquellos con la debida investidura podían ascender. Dado que el joven ya era un caballero, podría subir a él bajo su propio nombre, sin necesidad de tomar prestado el honor de nadie más. "¿Acaso no es costumbre que los jóvenes enamorados combatan en ocasiones para ganarse el corazón de una noble dama?" Godin contempló a Istvan con una sonrisa. Era su semblante habitual, la faceta en la que tanto confiaba Sigmund, el señor supremo del oeste. "Me parece bien." Istvan soltó una carcajada al compás de la recuperada compostura en la sonrisa de Godin. En el oeste, nadie reparaba en medios ni métodos con tal de apoderarse de lo que deseaba. Istvan esbozó una sonrisa feroz al rememorar las pupilas azules que lo habían despreciado. \*\*\* "Os agradezco que hayáis venido, caballeros de Bayezid." En una estancia desde cuya ventana se divisaba un árbol arraigado en la cima de una suave colina, Zayar y Vlad, que habían entrado en el despacho de Alicia en calidad de invitados, inclinaron la cabeza una vez más ante su saludo. "Lord Josef ha manifestado su firme voluntad de demostrar la solidez de la alianza entre Bayezid y Heinal." "Tendré que enviarle una carta de agradecimiento." Alicia asintió con una sonrisa de plena confianza al escuchar la respuesta de Zayar. Para esta encomienda, Josef no solo había enviado a Zayar y a Vlad, sino también a un selecto grupo de los caballeros más sobresalientes de Bayezid hacia las tierras de Heinal. Aquello era una prueba fehaciente de cómo el valor territorial de Deomar se había encumbrado en medio de unas circunstancias políticas cada vez más apremiantes. "Aquí tenéis la misiva enviada por Lord Josef." Alicia aceptó la carta que le era entregada en nombre de Josef. "Lord Josef advirtió que, si bien Sir Vlad porta el pañuelo de Lady Alicia, no resultará sencillo rechazar la propuesta matrimonial de Gaidar basándose únicamente en ello." Tras recibir la carta de Alicia, Josef había dejado a un lado sus deberes en Shoara para partir a toda prisa rumbo a Sturma. Hizo esto tanto para acelerar los preparativos que tenía dispuestos para el muchacho desde hacía tiempo, como para asegurar una jugada mucho más certera ante este trance. "¿Y esto es...?" "Leedlo vos misma." Siguiendo las palabras de Zayar, Alicia rasgó el sobre sellado con el blasón de Bayezid. El mensaje de Josef aguardaba escrito en la carta de su interior. Las pupilas de Alicia comenzaron a temblar levemente a medida que recorría las líneas de la carta. "… Ya veo que existía semejante alternativa." "Hicimos cuanto estuvo en nuestras manos por el bien de Deomar." Habiendo terminado de leer la misiva, los ojos de Alicia se posaron sobre los caballeros de Bayezid con un fulgor distinto al de hacía unos instantes. Era una mirada más fría y serena; a diferencia de la cercanía anterior, ahora exhibía un temple mucho más aristocrático. "A fin de cuentas, yo también comparto la misma sangre que la señora Oksana. Es una vía perfectamente viable." Al percatarse de que la reacción de Alicia no era ordinaria, Duncan, que permanecía de pie a su lado, tomó la carta con presteza y se dispuso a examinarla. '… Santo cielo.' Aunque era algo para lo que ya se había preparado, una vez más se confirmaba que en ningún rincón existía nadie dispuesto a socorrer a Deomar por pura benevolencia. Duncan bajó la carta con semblante sombrío tras discernir las verdaderas intenciones de Josef entre sus trazos. Al igual que la mayoría de los nobles, Alicia Heinal era una dama que llevaba en sus venas la confluencia de varios linajes ilustres gracias a las alianzas matrimoniales forjadas por sus antepasados. Entre ellos, Alicia portaba a través de su abuela la sangre de la Casa Oscar, el mismo linaje del que descendía Oksana, la madre de Josef. "… Si la condesa de Bayezid consiente en convertirse en mi madrina, no cabe duda de que podremos desbaratar la propuesta de matrimonio actual con absoluta facilidad." "Así es." El dilema de Alicia radicaba en la ausencia de sus padres. Al hallarse huérfana, no tenía más remedio que verse sacudida ante la propuesta matrimonial impuesta por Gaidar; sin embargo, si Oksana pasaba a ser su madrina, las cosas cambiarían de cariz. A partir de ese momento, si Istvan de verdad pretendía desposar a Alicia, estaría obligado a obtener primero el beneplácito de Oksana. "Temo que resulte una osadía de mi parte causarle semejante molestia a la condesa." "La señora Oksana ha manifestado que siempre recibirá a la señorita Alicia con los brazos abiertos." Una madrina o un padrino. Un lazo formal entre un adulto y un menor sellado bajo la fe y autenticado por la Iglesia. En el peor de los escenarios, cuando la supervivencia de un linaje se veía amenazada, constituía la única vía para salvaguardar a una criatura incapaz de protegerse por sí misma; no obstante, en cualquier circunstancia, a la responsabilidad siempre la acompañaba una cuota equivalente de potestad. "¿Debo tomar una decisión ahora mismo?" "En absoluto. Nosotros también somos conscientes de que este asunto supone una gran carga para la señorita Alicia." Alicia, la última Heinal. Y Oksana Bayezid, quien podía erigirse en su única tutora legal. Si Alicia aceptaba el ofrecimiento de Josef, la intromisión de la Casa Bayezid en los asuntos de Heinal adquiriría una legitimidad inquebrantable. "… Cuánto tiempo sin veros, Sir Vlad." Gaidar se aproximaba utilizando una propuesta de matrimonio como pretexto ante una doncella inocente. Bayezid ofrecía su amparo como carnada a una huérfana desvalida. Para la frágil Alicia y el feudo de Deomar, ya apenas quedaba nadie en quien depositar la confianza. "¿Qué os parece? ¿No os resulta una carga demasiado pesada el deber que se os ha encomendado?" El joven que tenía delante también era un caballero juramentado de Bayezid. Por ende, resultaba natural que su lealtad reposara antes en su casa que en ella; y aun así, por el mero hecho de ceñirse a las obligaciones de su juramento, aquel muchacho inspiraba una confianza algo mayor que la que Josef jamás podría ofrecer. "Pondré mi mayor empeño por el bien de la señorita Alicia. Esa fue la orden que recibí y, además, es lo que deseo hacer." Al contemplar la firmeza inquebrantable en los ojos de Vlad mientras pronunciaba aquellas palabras, Alicia esbozó una sonrisa débil. Sabía muy bien, por el duelo librado en aquella jornada, que aquel muchacho era alguien que siempre entregaba hasta el último aliento. Y también sabía, por haberlo visto orar bajo el árbol del panteón familiar, que poseía una devoción sincera y desprovista de fingimientos. Aunque, en verdad, todo aquello no hubiera sido más que el fruto de un malentendido. "Os lo agradezco de corazón, Sir Vlad." Alicia le extendió una mano al tiempo que esbozaba una sonrisa y decía: "Mostradme mi pañuelo. Puesto que lo habéis llevado con vos todo este tiempo, ¿no creéis que precisará de ciertos cuidados?" No dudaba de que el joven lo hubiese custodiado con esmero. Sin embargo, habiéndolo portado durante más de medio año, lo más sensato era adecentarlo un poco antes de exponerlo ante la mirada de todos. "Sí, mi señora." Al ver cómo Vlad se llevaba la mano a lo más profundo de su coraza como si en verdad guardara allí un tesoro de incalculable valor, Alicia experimentó una íntima satisfacción. A pesar de verse asediada por la asfixiante presión entre dos grandes familias que codiciaban Deomar, la estampa genuina y transparente del muchacho parecía brindarle un leve consuelo. "Aquí lo tenéis." En efecto, el pañuelo que el joven extrajo permanecía primorosamente doblado, preservado exactamente en el mismo estado en que ella se lo había entregado. Si tan solo no hubiera salido arrastrado otro pañuelo adherido a él. "…" Al advertir el segundo pañuelo que acababa de salir a la luz, Vlad intentó recogerlo con disimulo como si no tuviera importancia, pero la mano de Alicia fue más veloz en atajarlo. En ocasiones, los reflejos de una dama podían ser más rápidos que los de un caballero. "No me parece que este sea el pañuelo que yo os entregué, ¿verdad?" Como instando a Vlad a que mirara con atención, Alicia alzó entre sus dedos aquel pañuelo desconocido. Ante tan bochornosa escena, el cuello de Duncan, situado justo a su lado, se tiñó de un rojo encendido, mientras que Zayar dejó escapar un leve lamento y se cubrió el único ojo con la palma de la mano. "No es nada especial; es solo un pañuelo que me dio un amigo. De hecho, es el que utilizo a diario y…" Vlad no alcanzaba a comprender por qué, pero sintió que sus propias palabras sonaban como una excusa mezquina y atropellada. Se asemejaba demasiado a las torpes justificaciones de aquellos hombres descubiertos por sus esposas tras frecuentar los burdeles. Sin embargo, él era distinto a ellos. Su conciencia estaba tranquila y no tenía nada de qué avergonzarse. Para empezar, lo había recibido por puro accidente; jamás había sido un intercambio para profesarse afecto mutuo, ¿verdad? "¿Un pañuelo… sin importancia, decís?" A diferencia de la entereza que sentía en su interior, la voz de Vlad menguaba por momentos hasta volverse apenas un susurro. A pesar de haber recibido una rigurosa instrucción de manos de la señora Oksana, el muchacho, que todavía ignoraba los intrincados pormenores de la nobleza, se limitó a contemplar a Alicia con una mirada pasmada. "Lady… Jemina." Aunque el joven insistía en que no era un pañuelo de cuidado, Alicia percibió al instante que una prenda con un nombre primorosamente bordado en finos hilos jamás podía ser un objeto insignificante. Alicia deseaba mantener la compostura a toda costa, pero la jornada de hoy había sido demasiado extenuante para ella. Por tal motivo, no pudo evitar tambalearse por un instante ante un torbellino de emociones difíciles de describir. "¿Así que vuestro amigo resulta ser una mujer?" "Sí. Crecimos juntos desde que éramos niños." "Ah, ya veo." Al ver a Alicia asentir con la cabeza, Vlad le correspondió con una sonrisa ingenua. 'Cierra la boca. Como digas una sola palabra más, te mato.' Sin embargo, las palabras de Zayar, acompañadas de un disimulado codazo en las costillas, lo obligaron a sellar los labios de golpe. Desconcertado por su repentina advertencia, el muchacho echó una mirada a su alrededor. La baronesa, luciendo una sonrisa forzada en extremo. El viejo caballero, con la cara enrojecida a punto de estallar. Zayar, con el semblante pálido y desencajado. La atmósfera que los rodeaba no auguraba nada bueno. '… Ah.' Aunque sus conocimientos sobre el mundo nobiliario no eran profundos, el muchacho, que no carecía de perspicacia, cayó por fin en la cuenta. Acababa de meter la pata otra vez. Y frente a un desliz de semejante calibre, ni siquiera la Serpiente Blanca que abrazaba el árbol sagrado allí afuera podría salvarlo del apuro. \----- • Autor: Q10 • Traductor: Inmensurable ⚔️ El juramento de un caballero y el filo del primer Maestro de la Espada se forjan en cada batalla. ¡Deja tu reacción y comentario para avivar la llama del acero y traer pronto el siguiente capítulo! 🛡️✨
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El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 87

Estás leyendo el capítulo 87 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 19 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.