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Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 81 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
"¡Carguen ahora!" El dragón blanco y el muchacho rubio se habían detenido en seco justo frente al desfiladero. Ambos permanecían inmóviles, con los hombros estremecidos en un temblor convulsivo, como si contemplaran un horror indescriptible. La única diferencia residía en que el joven apretaba los dientes, pugnando por alzar la cabeza contra viento y marea, mientras que el Lindwurm retrocedía paso a paso. En la encrucijada entre la resistencia y la sumisión, los caminos de ambos seres se bifurcaban. "¡Al frente! ¡Que los caballeros avancen al frente!" Ante el apremiante grito de Rutger, los caballeros de Bayezid se lanzaron a la carga. Puesto que la presa no había caído en la trampa, esta era la única oportunidad que tendrían para cruzar aceros con ella. "¡Pero qué clase de disparate es este!" Incluso el veterano Sir Ramund, curtido en incontables batallas, no pudo evitar soltar una maldición al ver al Lindwurm frenar en seco justo en el umbral de la victoria. 'Son ellos.' Aunque carecía de pruebas tangibles, Rutger lo supo por mero instinto. Con la mirada anegada en pura cólera, clavó los ojos en el hombre erguido a sus espaldas. Mircea, con los brazos cruzados, observaba al muchacho con pupilas plácidas y serenas. En la comisura de los labios de aquel guerrero, a la distancia, se dibujaba una sonrisa teñida de auténtica satisfacción. ¡Gwaaaaaah! El Lindwurm, el más veloz entre los de su estirpe. Para huir de un mundo infinitamente más colosal que el suyo propio, el dragón recogió la cola, giró la cabeza con presteza y se dispuso a huir a la carrera hacia el páramo blanco y nevado. Hacia aquel rincón donde ese inmenso universo no pudiera alcanzarlo; el dominio que él mismo gobernaba. "¡Sir Volkov!" En ese instante, la voz de trueno de Rutger retumbó por todo el desfiladero. El mundo de Volkov era uno que escrutaba las distancias. Aquel universo suyo, forjado y pulido con el único propósito de proyectar filos letales más allá de lo visible, comenzó a condensarse sobre la jabalina. "¡¿Adónde crees que vas?!" De las yemas de aquel caballero heterodoxo que había preferido la lanza a la espada —y, entre las lanzas, un arma arrojadiza—, estalló un destello de luz violeta. Una saeta disparada con una velocidad tal que un caballero ordinario no habría alcanzado ni a pestañear. ¡Gwaaaaa! Sin embargo, el instante fue aciago. El Lindwurm temblaba de pavor ante el mundo monumental que se alzaba ante sus narices, manteniendo todos sus sentidos aguzados al extremo frente a cualquier indicio de amenaza que se cerniera sobre él. ¡Krrash! Por eso mismo, divisó el proyectil antes de que fuera liberado y lo esquivó antes de que hiciera impacto. Valiéndose de las patas más raudas de entre todos los vestigios de la caída raza de los dragones. "¡Maldita sea!" Mientras Sir Volkov arrancaba con presteza la jabalina clavada en la roca y se disponía a asestar un segundo embate, Rutger y los caballeros de Bayezid alcanzaron la posición del dragón blanco. "¡Ganen tiempo!" Rutger era un guerrero capaz de cercenar de un solo tajo incluso al colosal gusano de la muerte, célebre por su impenetrabilidad. No obstante, requería un lapso para expandir y manifestar hacia el exterior aquel universo que yacía latente en lo más profundo de su pecho. Exactamente del mismo modo en que aquel muchacho le había ganado preciosos instantes frente a la bestia subterránea. "¡Resistan!" "¡Hay que cerrarle el paso por el frente!" Mientras los caballeros ganaban tiempo exponiendo sus propias carnes, Rutger cerró con presteza el párpado izquierdo e hizo vibrar la hoja de su espada con un diestro toque de dedos. La resonancia nacida de aquella vibración familiar lo fue sumergiendo de lleno en un estrato más profundo de su mundo interior. Desde lo alto llovían ráfagas de fulgor violeta; por abajo, tenaces y relucientes, los mortales arremetían con obstinada insistencia. El Lindwurm, que hasta entonces había vivido ajeno a su propia nobleza de dragón pero que ahora la reconocía con plenitud, sintió una rabia abrasadora e intolerable al ver a aquellos insignificantes humanos atreverse a desafiarlo. ¡Gwaaaaaah! Exhalando un rugido todavía más atronador que el proferido al lanzarse contra el joven, el Lindwurm aspiró una bocanada de aire con toda la fuerza de sus entrañas. Desentendiéndose por completo de su propia guardia y concentrando toda su furia, el cuello del dragón blanco se hinchó como si fuera a reventar de inmediato. "¡Maldición!" Al percatarse del aliento de aniquilación que se desataría en el instante siguiente, Sir Ramund abandonó la primera línea sin vacilar y corrió a toda prisa hacia el muchacho. \[¡Vlad! ¡Despierta de una vez!\] "¡Mocoso! ¡¿Qué demonios haces ahí parado?!" "..." Mas, a pesar de los apremios de la voz en su cabeza y de los gritos de Sir Ramund, Vlad no lograba dar un paso; se limitaba a temblar convulsamente. Noir, cuya alma estaba entrelazada al mundo del joven, tampoco lograba mover un solo casco, encadenado al suelo por el influjo paralizante de aquellos ojos azules que tenía delante. Aunque los demás fueran ciegos a ello, en ese instante el muchacho libraba una batalla desesperada, pugnando por erguir la frente ante el colosal universo que amenazaba con devorarlo por entero. "... No sé qué demonios pasa, pero estamos jodidos." Al ver los ojos desorbitados del joven, clavado al suelo como si hubiese echado raíces ancestrales, Sir Ramund se dio media vuelta. Cuando resultaba imposible alcanzar el mejor desenlace, no quedaba más opción que aferrarse a la segunda mejor alternativa. Y la causa más justa para aquel veterano caballero en el ocaso de su vida no era otra que resguardar al muchacho destinado a sostener el porvenir. "Maldita sea, cuando uno llega a viejo, el viento gélido se le cala hasta el tuétano de las articulaciones..." Fshhh— Apenas se apagó el murmullo de Sir Ramund, el aliento del Lindwurm se abalanzó como una densa y espectral marea de niebla blanquecina. Un vaho glacial capaz de congelar el alma misma de cualquier mortal común. "¡Hup!" Cobijando al muchacho a sus espaldas, el anciano caballero apretó los dientes con ferocidad. Rogando con fervor que el mundo interior que había erigido a lo largo de toda una vida de acero y batallas resultara más ardiente que el aliento helado de la bestia. En lugar de blandir la espada, Sir Ramund cruzó ambos antebrazos frente al pecho, y un resplandor de Aura comenzó a investir su cuerpo. ※※※※ "..." Inmerso en aquella densa y glacial bruma que reptaba sobre el suelo, Vlad acompasó su respiración con serenidad forzada. Aunque el frío atroz que lo envolvía le erizaba la piel hasta la médula, el Aura de Sir Ramund que palpitaba a su espalda desprendía un calor inquebrantable. \[¡Tienes que cercenarlo!\] "... Ugh..." A pesar de que el frío tempestuoso entumecía y petrificaba los músculos del joven, Vlad obligó a su mano trémula a cerrarse en torno a la empuñadura de la espada. La mirada nacida de aquellos ojos gélidos lo aprisionaba igual que una intrincada telaraña, pero aun así, Vlad tenía que desgarrarla. "¡Maldita sea!" Para oponerse a un mundo de proporciones inconmensurables, el suyo propio estaba obligado a expandirse. En el universo interior del muchacho, que buscaba a tientas y con desesperación un resquicio por donde brotar, comenzó a arraigar la calidez transmitida por Sir Ramund. En el mundo de Vlad, que todavía no había adoptado un color definitivo, se infiltró un nuevo matiz de luz, y ese fulgor empezó a recorrer el filo de la espada sin adornos. "Viejo." "... Ve." La voz de Sir Ramund fluyó con esfuerzo de entre sus labios rígidos por la escarcha. El anciano ya había cumplido con su deber hasta el límite de sus fuerzas; ahora el destino descansaba en manos del muchacho. Escuchando las palabras del veterano caballero a sus espaldas, Vlad descargó un mandoble con la espada sin adornos poniendo en el golpe cada fibra de su ser. Aquellas invisibles y gélidas redes que lo mantenían encadenado comenzaron a rasgarse y desmoronarse en el aire. ※※※※ "..." Mircea, quien jamás perdía su semblante relajado y altivo, contemplaba el frente en ese instante con los rasgos petrificados por la severidad. El aliento blanquecino vomitado por el Lindwurm comenzó a disiparse arrastrado por el viento, desvelando poco a poco el escenario que ocultaba en su interior. Era una estampa donde el mismísimo tiempo parecía haberse congelado. Entre los caballeros entumecidos por el frío atroz, refulgían los diminutos prismas de hielo engendrados por la ventisca. Y, abriéndose paso a través de aquellos destellos, un corcel negro cargaba al galope como una centella nocturna. Mircea deshizo el cruce de sus brazos y clavó la vista en los ojos del muchacho que cruzaba a su lado a la velocidad del rayo. Ojos azules frente a ojos azules. A pesar de compartir el mismo tono celestial, aquellas dos miradas, portadoras de fulgores diametralmente opuestos, se rozaron en el espacio de un instante. "Asombroso." Desdibujando la sonrisa cínica que solía curvar sus labios, Mircea contempló al muchacho que se abría paso hacia la gloria con un asombro genuino y desprovisto de artificio. La mirada del joven se apartaba con lentitud de la suya, fija e inquebrantable en el horizonte. Sin el permiso de aquel colosal mundo, guiada únicamente por su propia e indomable voluntad, la espada del muchacho quebró la presencia que pretendía doblegarlo. "¡Vamos!" Para todo en la vida existía un orden estricto. Vlad, habiendo aprendido semejante principio de boca de Josef, comprendió al instante que, antes de arrojarse sobre Mircea, debía resolver primero el asunto del dragón blanco que yacía a sus espaldas. Solamente actuando de ese modo podría devolverle un golpe certero al hombre que había intentado aplastarlo bajo su bota. Habiendo erguido la cabeza una vez más al amparo del escudo del viejo caballero, Vlad guio a su corcel negro y se lanzó a la carga en pos del dragón blanco. "Uuuugh..." Ante el gélido aliento del Lindwurm, todo cuanto habitaba en el desfiladero quedó petrificado en escarcha. La misma suerte corrieron los caballeros que, hasta hacía apenas un suspiro, cargaban hacia el frente bramando feroces alaridos de batalla. Rutger hizo circular su Aura a toda prisa en un esfuerzo por desentumecer su propio cuerpo helado; sin embargo, consciente de que le bastaba un solo instante de tregua para abrirse paso hacia el frente, el dragón blanco comenzó a patear el suelo con impaciencia. "Maldición... carajo." Aunque los grabados rúnicos de Dorothea resplandecían contrarrestando el frío polar, los caballeros aún precisaban de un tiempo precioso para recuperar la movilidad. Allá arriba, en lo alto del desfiladero, la jabalina de Volkov brillaba mientras el caballero luchaba en solitario por frenar al Lindwurm, mas semejante esfuerzo distaba de ser suficiente. '¿Acaso... hemos fracasado?' Rutger apretó los dientes al sentir cómo la ponzoñosa sombra de la derrota ascendía desde lo más profundo de sus entrañas. Lo había dado todo, pero al final no bastó para alcanzar la meta. En este mundo, a veces las empresas se desmoronaban por la insignificante diferencia de un único paso. "¿Eh?" En ese preciso instante, una silueta azabache cruzó fugazmente el campo de visión de Rutger. "¡Intentaré frenarlo!" "¡... Vlad!" A lomos de aquel corcel cabalgaba el muchacho de cabellos dorados que, instantes atrás, mantenía la frente gacha. Aquel joven de cabellos oscuros había bajado la cabeza por un instante ante el desánimo, pero el muchacho rubio no se había rendido ni por una fracción de segundo. Por esa misma razón, mientras todos permanecían paralizados en el sitio, él era el único capaz de moverse. \['¡Pon en ello todas tus fuerzas!'\] "¡Aaaaah!" Concentrando el torrente de Aura que acababa de extraer en su espada desprovista de adornos, Vlad descargó un tajo implacable contra la corva del Lindwurm, justo cuando la criatura comenzaba a impulsarse para dar el salto. ¡Klaaaang! ¡Kroooaaargh! Ante el áspero y atronador rugido que brotó de la garganta del Lindwurm, Vlad profirió un alarido de pura rabia y frustración: "¡¿Cómo demonios puede ser tan duro?!" Habiendo descargado por vez primera su espada contra un ser catalogado como dragón, Vlad no pudo evitar chasquear la lengua con impotencia mientras sacudía su muñeca entumecida por el contragolpe. ¿Cómo se las había arreglado Rutger para rebanar a un gusano de la muerte gigante, cuya coraza debía de ser aún más pétrea que la de este engendro? \['¡Si un golpe no basta, sigue blandiendo la espada!'\] "¡... Maldita sea!" Atendiendo las palabras de la voz en su cabeza, Vlad volvió a cerrar el ojo izquierdo y el torrente de Aura comenzó a fluir una vez más a lo largo de su hoja. "¡Dadme una lanza!" Al divisar a aquel muchacho que irrumpía repentinamente entre la neblina, Volkov sintió renacer la llama de la esperanza en su pecho. A fin de cuentas, el éxito o el fracaso de semejante operación pendía exclusivamente del hilo del tiempo. Si Rutger y los caballeros lograban reincorporarse antes de que el Lindwurm cobrara velocidad en su huida, la subyugación coronaría en victoria; de lo contrario, se verían forzados a cederle el honor y la oportunidad a la Orden de Caballeros Matadragones. "¡Apenas nos quedan jabalinas, mi señor!" Ante el apremiante informe del ayudante que le alcanzaba el arma, Volkov giró la cabeza con desesperación. "Mierda." Clavadas en el suelo a su alrededor, a Volkov apenas le restaban unas cuantas jabalinas. No era solo el tiempo lo que escaseaba. "¡Aun así, debo arrojarla!" La solitaria lucha de aquel muchacho jamás bastaría para retener al Lindwurm. Rutger bien podía presumir de ser el mejor pastor acorralador de dragones, pero distaba mucho de ser un matadragones capaz de asestar el golpe de gracia definitivo. Aferrando una de las escasas jabalinas que le quedaban, Volkov extendió el brazo hacia atrás y lo descargó con toda la fuerza bruta de su ser en dirección al Lindwurm. \['¡Tú, muévete a la derecha!'\] Para auxiliar a Vlad, quien era incapaz de prestar atención a las maniobras de Volkov mientras lidiaba a muerte con el monstruo que tenía enfrente, la voz resonó en su mente con una orden tajante. Un monstruo de semejante envergadura requería cierta distancia para tomar impulso y acelerar; por ende, el muchacho debía disputar y asegurar a toda costa el espacio necesario para avanzar hacia el frente, incluso si debía hacerlo en absoluta soledad. ¡Klang! "¡...!" Desde la punta de la espada que blandía con salvaje vehemencia, comenzó a escucharse un siniestro y funesto chasquido de fractura. Por más que estuviese imbuida en Aura, un arma forjada en los rincones más míseros de los callejones no podía oponer resistencia eterna contra las escamas de un dragón. "¡No puede ser...!" Al sentir a través del metal la grieta que se abría paso hasta sus manos, el rostro de Vlad palideció por completo. La espada que el muchacho había contemplado en su infancia como si de una estrella inalcanzable se tratara... se estaba quebrando. \['No te detengas.'\] "¡Pero...!" \['¡No puedes pretender que permanezca a tu lado para siempre!'\] Ante la contundencia de aquella voz, las palabras se le atragantaron en la garganta. Pese a haber sido una espada sin adornos colgada a una altura tal que obligaba al muchacho a alzar la mirada con anhelo, los enemigos a los que se había enfrentado hasta ese instante no eran rivales que una simple espada de hierro ordinaria debiera ser capaz de soportar. Muy al contrario, el mero hecho de haber resistido intacta hasta este preciso día lindaba en el milagro. \['¡Permítele cumplir con su verdadero propósito!'\] "..." Aquellas existencias que han alcanzado el límite absoluto de sus fuerzas no tienen más alternativa que detenerse. Al igual que le había ocurrido al viejo caballero, aquella espada común y desprovista de adornos debía detener su marcha en ese instante. "¡Maldita sea...!" El viejo herrero de los callejones se lo había advertido con suma claridad: le resultaría insoportable saber que su espada terminara convirtiéndose en un lastre que frenase los pasos del muchacho. Vlad recordó vívidamente al anciano artesano mirándolo con aquellos ojos profundos y cargados de sabiduría al pronunciar esas palabras. ¡Klang! "¡Detén tu paso!" ¡Klaaaang! "¡Te he dicho que te detengas!" El muchacho aullaba con desgarradora furia mientras azotaba sin piedad las patas del Lindwurm, que intentaba lanzarse a la carrera hacia las planicies nevadas. Y a la par de los desgarradores gritos del joven, la espada desprovista de adornos continuaba resquebrajándose pedazo a pedazo. "¡Maldito engendro bastardo!" Junto con los copos de nieve arremolinados por la ventisca, blancos fragmentos metálicos de la hoja comenzaron a dispersarse por los aires. Acompañándolos en su caída libre, se derramaban también las ardientes lágrimas del muchacho. ¡Krrrach! ¡Kroooaaargh! En el fugaz instante en que el dragón blanco titubeó desconcertado ante la abrumadora ferocidad del joven, un destello violáceo cayó en picada desde la cúspide del desfiladero como un relámpago vengador. "¡En el blanco!" Gracias a la desesperada y tenaz interferencia de Vlad, la jabalina de Volkov surcó los cielos y fue a incrustarse con brutalidad quirúrgica justo en la rodilla del Lindwurm. Apostado en lo alto del risco, Volkov alzó el puño al cielo al presenciar el impacto. Era la última de sus jabalinas arrojadizas. "Haaah... haaah." La sangre que brotaba de las palmas desgarradas de sus manos momentos antes se deslizaba en hilillos escarlatas a lo largo de la espada desprovista de adornos. Habiéndose nutrido de la sangre del muchacho, el arma maltrecha alzó la punta reuniendo las últimas reservas de su fuerza residual. "Esta es la última." Clavando la mirada en los ojos azules del Lindwurm que lo contemplaban fijamente, Vlad alzó la espada desprovista de adornos por última vez. "La última. De verdad, la definitiva." A lomos de su corcel al galope, el muchacho se despidió en silencio de su fiel compañera de armas. 'Te agradezco que me hayas permitido llegar hasta aquí.' "¡Aquí voy!" Habiendo recortado la distancia con un Lindwurm cuyo paso se volvía cada vez más torpe y lento, Vlad encaró al fin de frente aquellas pupilas celestes. 'No seré capaz de perforar tus impenetrables escamas, pero... al menos atravesaré la luz de tu mirada.' Para la despedida de una espada desprovista de adornos, semejante hazaña constituía un final más que digno. "Buen viaje." Impregnada por última vez con el Aura del muchacho, la espada desprovista de adornos destelló radiante sobre el páramo nevado. Acompañada por el atronador alarido del joven, la solitaria estrella nacida en los callejones se precipitó implacable hacia aquellas pupilas azules. ¡Kroooaaargh! Sobre la inmaculada llanura de nieve, junto al eco del agónico aullido del dragón, la espada desprovista de adornos se quebró en mil pedazos. La espada de los callejones, que había cobijado en su acero el potencial infinito de un muchacho, se convirtió en una estrella en su último suspiro. ※※※※ Pese a no encontrarse suspendida en las inconmensurables alturas del firmamento nocturno, la hoja resplandecía con luz propia. Y es que descansaba en las manos de un muchacho que, desde lo más hondo de su ser, ansiaba brillar por su propia voluntad. Siendo así, la espada nacida en los callejones poseía con creces el derecho de erigirse como una estrella. Y el nombre imperecedero que aquella estrella legó en su último aliento no fue otro que el de la Espada Matadragones. \----- • Autor: Q10 • Traductor: Inmensurable ⚔️ El juramento de un caballero y el filo del primer Maestro de la Espada se forjan en cada batalla. ¡Deja tu reacción y comentario para avivar la llama del acero y traer pronto el siguiente capítulo! 🛡️✨
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Estás leyendo el capítulo 81 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 19 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.