Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 80 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
"Se ve demasiado joven, ¿de verdad cree que podrá desempeñarse bien?"
Sir Volkov le preguntó a Rutger mientras observaba al muchacho rubio que cabalgaba tras los batidores. Aunque la mirada que poseía era afilada, aquel cuerpo sutilmente descompensado dejaba en evidencia que la vasija del joven aún distaba de estar consumada.
"Fue la mejor elección posible que pude tomar".
"¿Ese muchacho?"
La edad no lo dictaba todo. Solo la experiencia, la destreza y los logros acumulados podían erigirse como el criterio legítimo para decidir el éxito de una encomienda.
"Así es. Es un tipo que ya logró desenterrar a rastras a un gusano de la muerte desde las entrañas de la tierra".
"...¿A un gusano de la muerte?"
Visto bajo ese prisma, entre los batidores que avanzaban en ese instante hacia el Lindwurm no existiría un talento comparable al de Vlad. Para esta cacería, Rutger había traído consigo al mejor batidor de dragones que conocía.
"En tal caso, ha sido una decisión incuestionable".
Sir Volkov asintió con parsimonia tras escuchar las palabras de Rutger. Creía que en esta generación de la Casa Bayezid el único talento digno de mención era Rutger, pero había uno más agazapado en la penumbra.
"Pongámonos en marcha nosotros también".
"Entendido".
Grabando en su mente aquel nuevo pormenor digno de ser reportado al Duque de Acero, Sir Volkov empuñó su jabalina y se dirigió hacia la parte alta del desfiladero.
"..."
Antes de moverse hacia la posición asignada, Rutger volvió la cabeza y miró hacia atrás.
Mircea, el comandante de la Orden de Caballeros Matadragones.
Sus ojos azules contemplaban a los caballeros del norte que partían. De forma sosegada y gélida. Habiendo desterrado la burla que hasta entonces curvaba sus labios, se limitaba a observar con gravedad al bisoño batidor de dragones que se desvanecía entre la bruma de nieve.
\* \* \*
El estado actual del Lindwurm bien podía tildarse de frenesí absoluto.
Toda criatura viviente posee sus propias pautas de conducta, y en el caso del Lindwurm no era la excepción. Sin embargo, al ver cómo avanzaba a ciegas hacia el sur, abandonando su propio territorio consolidado y desoyendo incluso su instinto innato de buscar las gélidas temperaturas, daba la impresión de perseguir un propósito definido.
"Está ahí delante".
"Rodeémoslo por la retaguardia".
Los caballeros del Duque de Acero, los primeros de entre los grupos presentes en emprender el sometimiento del Lindwurm, habían rastreado a la bestia con implacable obstinación. Rutger, por su parte, también había logrado dilucidar la posición del Lindwurm sonsacando información a los bárbaros cautivos a través de Age. Ambas órdenes de caballeros determinaron la ubicación exacta del Lindwurm cruzando los datos que poseían, y ahora tocaba forzar al dragón blanco a salir de su guarida.
"¡Todos listos!"
Habiendo espoleado a sus corceles para trazar un amplio cerco y tomar la espalda del Lindwurm mientras descansaba, los caballeros se lanzaron a la carga contra el dragón blanco entre atronadores alaridos de guerra.
\*Grrrr—\*
El Lindwurm, sumido en un profundo letargo, alzó la cabeza de golpe ante el repentino clamor. Por muy degradado que estuviese aquel vestigio de los dragones caídos, aún conservaba cierto grado de raciocinio instintivo.
Armaduras relucientes. Y varas de madera envueltas en fuego.
¡Kuaaa—!
Al percatarse de que no eran los bárbaros que solían ser su sustento habitual, sino los humanos centelleantes que le habían grabado amargos recuerdos, el Lindwurm se alzó de inmediato y soltó un bramido colmado de cólera.
Recordando las jabalinas de aquel entonces, obstinadas y letales, que terminaron arrancándole las escamas, el Lindwurm prefirió eludir la zona antes que encarar a los caballeros. Un juicio instintivo que, a medida que corría el tiempo, se asemejaba cada vez más al intelecto consciente fue lo que guio sus movimientos.
"Vaya..."
Vlad se sorprendió un tanto al ver que el Lindwurm no arremetía de inmediato, sino que parecía sopesar la situación. Exhibía un cariz muy distinto al del gusano de la muerte, que hundía sus fauces en cuanto percibía el más leve rastro de presencia humana.
\*Tum—\*
La conducta calculada del Lindwurm, que latía tan viva como su propio corazón desbocado, no dejaba de causarle asombro al muchacho.
"¡Se mueve!"
"¡Cierren ambos flancos!"
Habiendo dejado escapar al Lindwurm en una ocasión anterior, los caballeros del Duque de Acero apretaron los dientes y se desplegaron con presteza a ambos lados de la bestia, alzando sus antorchas mágicas. Sabían a la perfección adónde caería ese monstruo atroz si volvían a perderlo aquí. Bayezid lo ignoraba, pero Baranov lo sabía, y por ello los caballeros del Duque de Acero apretaban la mandíbula con mayor rabia.
"¡Ahora!"
Desde sus párpados izquierdos cerrados brotó el Aura de los caballeros, y el fuego de las antorchas, devorando aquel ímpetu, creció de un modo temible.
¡El calor ardiente acorraló a la bestia!
Al contemplar a los caballeros que volvían a representar una amenaza, el Lindwurm acumuló un aliento helado en sus fauces, pero ni el tiempo ni la situación eran propicios para desatarlo.
¡Kuaaa—!
Prefiriendo contener el aliento gélido antes que desperdiciarlo, el Lindwurm decidió romper el cerco con un movimiento fulgurante. Con solo alcanzar la aceleración suficiente, dejar atrás a semejante puñado de caballeros sería un juego de niños. Ya lo había conseguido una vez, por lo que el Lindwurm echó a correr a través de la llanura nívea sin un ápice de vacilación.
"¡No permitan que rompa el cerco!"
Plenamente conscientes de ello, los caballeros se interpusieron con desesperación en su camino, pugnando por arrebatarle al dragón blanco la distancia necesaria para tomar impulso. Se desató así la pugna entre los caballeros y el dragón por adueñarse del terreno.
¡Relinchos desgarradores resonaron en el aire!
"¡Aaargh!"
Un caballero que no logró esquivar los afilados colmillos cayó rodando de su montura. Entre los agónicos chillidos del caballo, la sangre escarlata rociada en todas direcciones salpicaba las armaduras circundantes.
"¡Vlad! ¡Cubre la retaguardia!"
Habiéndose coordinado ya durante la lid contra el gusano de la muerte, los caballeros de Rutger y Vlad se apresuraron a tapar los vacíos que las filas del Duque de Acero no lograban contener, bloqueándole el paso al Lindwurm.
¡Klang! ¡Klang!
"¡Maldición! ¡Ni siquiera se mella!"
"¡No hagan locuras!"
Algunos caballeros aprovecharon los resquicios para descargar tajos directos contra el Lindwurm, pero las escamas del dragón no cedían con tanta facilidad ante sus armas.
¡Guaaa—!
Aunque no alcanzaba la descomunal dureza de un gusano de la muerte, el Lindwurm también poseía un blindaje escamoso incomparable al de las bestias comunes. Para atravesarlo, se requerían caballeros dotados de un mundo interior hondo y consistente.
"¡Cuidado con el aliento!"
El Lindwurm por fin se había labrado una apertura. Al ver cómo su pescuezo se henchía de forma siniestra, los caballeros se dispersaron a toda prisa para eludir la ráfaga de aliento de dragón que estaba a punto de estallar.
"¡Aaargh!"
Uno de los caballeros de Rutger recibió de lleno la bocanada helada y comenzó a frenarse en seco sobre la nieve. A pesar de que el grabado de Dorothea despedía un fulgor protector, la severidad del aliento draconiano no le permitiría seguir batiéndose.
"¡Es más potente que la última vez! ¡Hay que replegarse más lejos!"
"¡¿Por qué de repente?!"
Los caballeros del Duque de Acero se quedaron pasmados al constatar que el aliento del Lindwurm era infinitamente más destructivo que el que habían enfrentado con anterioridad. Conforme avanzaba el tiempo, se tornaba más astuto y formidable. La sangre de dragón que hasta entonces dormitaba en su interior, azuzada por algún estímulo ignoto, comenzaba a despertar su más feroz y aterrador potencial.
'¡Tienes que intervenir tú! ¡Ya no quedan caballeros que puedan resistir más tiempo!'
"¡Tsk!"
Y aquí, al igual que el Lindwurm, había otro ser cuya sangre hervía con creciente furor a cada segundo que transcurría.
"¡Vlad!"
"¡Ustedes! ¡Pásenme una antorcha!"
Pese a haberse preparado con el mayor esmero, el aliento del Lindwurm, mucho más devastador de lo previsto, entorpecía el avance de los corceles.
"¡Tómala!"
Entre los caballeros que retrocedían lentamente lejos del Lindwurm con las piernas de sus monturas entumecidas por la escarcha, un corcel completamente azabache se lanzó a la carga con violencia inaudita.
Era un movimiento más veloz de lo planeado y se desviaba de lo previsto, pero en el combate real solía haber ocasiones en que un juicio de tal naturaleza resultaba indispensable.
"\[Tienes que entrar directo hacia sus fauces. En el instante en que lo desvíes hacia la izquierda o a la derecha, perderás la embocadura del desfiladero\]".
"Maldita sea... me voy a volver loco".
Vlad se quedó atónito ante la advertencia de la voz que le exigía actuar como carnada para conducirlo hasta la entrada de la garganta, mas comprendía con amarga lucidez que no disponía de otra alternativa.
'¿Servirá de algo?'
En una mano empuñaba la antorcha mágica entregada por el caballero del Duque de Acero, y en la otra, la daga de Jorge. Blandiendo esta última, Vlad se abrió una rápida herida en la palma de la mano.
"¡Ugh!".
Había oído que Mircea sacrificó a los bárbaros con tal de grabar a fuego en el Lindwurm el regusto de la sangre humana. Si la estratagema actual fracasaba, utilizarían a la tribu de Age como carnada para cazar a la bestia a su antojo y campar a sus anchas por todo el norte.
'¡Que se vayan al demonio!'
Deseaba responder con creces a la confianza que habían depositado en él, por insignificante que fuera su propia existencia.
Evocando a Rutger, quien le había dedicado un firme asentimiento con la cabeza, Vlad alzó bien alto la diestra empapada en sangre. El puño teñido de carmesí del muchacho se elevó hacia el cielo.
"¡Aquí!".
Desde el lomo del corcel que se estremecía en pleno galope, un reguero escarlata comenzó a deslizarse desde las yemas de sus dedos en un desesperado ademán.
"¡Aquí está la sangre que tanto ansías!".
Gotas carmesíes precipitándose desde la punta de los dedos del joven. Con las pupilas desorbitadas, el Lindwurm contempló cómo aquel goteo dejaba un rastro bermejo sobre el manto de nieve inmaculada.
Allí palpitaba una sed insaciable que la sangre humana corriente jamás podría aplacar. Era exactamente lo que había estado buscando todo este tiempo.
¡Kraaaargh!
El dragón blanco bramó con una ferocidad inaudita y aceleró en una violenta embestida tras el corcel azabache. Como si hubiera perdido por completo la razón. Como si despedazar a ese único muchacho fuese lo único que importara en el mundo.
"¡Funciona demasiado bien!".
"\[... Ojalá no hubieras llegado a tal extremo\]".
A pesar de haberse infligido un simple tajo en la palma, al constatar que el Lindwurm se tornaba incomparablemente más despiadado que antes, Vlad aferró de inmediato las riendas de Noir.
"¡Corre!".
Los caballeros, extenuados y ateridos por el frío, habían quedado rezagados muy atrás.
¡...!
Al advertir que ya no quedaba nadie salvo ellos dos, Noir comenzó a abrevar con avidez del mundo del muchacho, que manaba sin cesar.
El mundo del joven aún carecía de un color definido. Sin embargo, aquello bastaba con creces para hacer ascender una estrella solitaria en el firmamento de la noche azabache.
¡Hiiieeegh!
En la frente de Noir, que se proyectaba hacia adelante a una velocidad vertiginosa capaz de marear a cualquiera, comenzó a brotar un cuerno blanco y puro. Al mismo tiempo, el corcel aspiró hondo el aire gélido, embargado por una súbita sensación de liberación.
Era por esto. Por este preciso instante Noir había acudido en pos del muchacho. Para volverse un poco más veloz, un poco más perfecto.
Ahora, cruzando la llanura de nieve blanca, solo corrían dos mundos: el dragón más veloz y el corcel más raudo.
Y la única existencia capaz de colmar plenamente ambos mundos era una sola.
"¡Vamos!".
El muchacho de cabellos dorados que ondeaban al azote de la ventisca; únicamente él.
El rugido del dragón caído y el bramido del unicornio olvidado comenzaron a resonar con estruendo por toda la prístina llanura nevada.
※※※※
"¡Ya vienen!".
Junto a las jabalinas hincadas en el suelo, con el ojo izquierdo serenamente cerrado, Volkov oyó el azorado reporte que profería su lugarteniente.
"¿A qué distancia?".
"Están ahí al frente, llegarán en cinco minutos... No".
A diferencia de su compostura habitual, la voz del lugarteniente temblaba llena de desconcierto al informar.
"¡Tres minutos... no, un minuto!".
"¿Qué?".
Ante semejante informe que rozaba el alarido, Volkov arrancó al instante una jabalina del suelo e insufló su Aura en ella. La estampa que presenció al entornar el ojo derecho bien justificaba el pavor de su subordinado.
"¡Están justo encima!".
"Pero qué demonios...".
Una ventisca desgarraba salvajemente la blancura de la estepa. Una ventisca en línea recta, tan impetuosa que hendía el mismísimo viento polar del norte.
En la vanguardia de aquel torbellino, resplandecía un corcel azabache cubierto por la nieve que levantaba a su paso.
¡Graaaahhh!
Y tras él, con sus pupilas azules desaparecidas y transformadas en ojos bermejos que parecían gotear sangre espesa, cargaba el Lindwurm.
Ambos se precipitaban a toda velocidad hacia el desfiladero.
"¡Den la señal a los caballeros de Bayezid!".
Cualquier plan trazado con anterioridad se había desvanecido; en aquel instante, lo único visible ante los ojos de Volkov era la antorcha alzada por el muchacho, que oscilaba de manera lastimera.
"Decían que era el mejor batidor de dragones...".
Entre un suspiro de admiración y amargo asombro, Volkov echó el hombro hacia atrás y enarboló la jabalina.
"¡Y a fe mía que no mentían!".
Poco importaba si el plan se torcía. Mientras el desenlace fuera favorable, todo quedaba justificado. Inundado por el remordimiento de haber dudado y por una sincera fascinación hacia el muchacho, Volkov descargó el brazo e impulsó la jabalina con colosal violencia.
¡Fiiiuuush!
Directa hacia la frente del Lindwurm, que estaba demasiado absorto persiguiendo al joven, surcó la jabalina disparada por Volkov.
※※※※
"\[¡Ahí viene!\]".
Incapaz de abrir bien los ojos por el viento en contra que azotaba su rostro, Vlad agachó la cabeza con rapidez ante la advertencia de la voz.
¡Fiiiuuush!
En ese instante, un lacerante chirrido que desgarró el aire rozó la oreja de Vlad. La sed de sangre que destilaba aquel sonido fue tan letal que forzó incluso al Lindwurm que lo perseguía a desviar fugazmente la cabeza.
¡Kbaang!
¡Graaaahhh!
No lo había alcanzado. Aun así, había sido una acometida con la potencia suficiente para torcer el rumbo de una bestia enloquecida por la furia.
'¡Funcionó!'
Pese a resultar un tiro errado, Vlad apretó con fuerza la antorcha que sostenía. Aunque la maniobra de arrastre hubiese sido un caos absoluto, a partir de este punto volvían a operar conforme a lo planeado.
El propósito de Volkov consistía en atraer al dragón hacia el estrecho desfiladero; estaba cortando su ruta de escape con sus jabalinas para evitar que el Lindwurm pudiera dar media vuelta.
"¡¿Adónde estás mirando?!".
Vlad arrojó resueltamente la antorcha que llevaba en la mano, captando una vez más la atención del Lindwurm.
Ya casi estaban allí. Si tan solo lograba arrastrar a esta criatura hasta el desfiladero que se abría al frente, el mundo llameante de Rutger se encargaría de ponerle fin. Siendo la espada de Rutger capaz de hender incluso el caparazón del gusano de la muerte gigante, sin duda podría partir las escamas del Lindwurm...
¡Bum!
"... ¡Ugh!".
Justo cuando Vlad se regocijaba de que el plan estuviera a punto de cumplirse, su corazón dio un vuelco repentino y punzante, obligándolo a doblarse sobre sí mismo y bajar la cabeza.
"\[¡Vlad! ¡¿Qué te ocurre?!\]".
"Ghh...".
A pesar de la apremiante insistencia de la voz, Vlad no lograba erguirse.
Preocupado por el bienestar del muchacho, Noir aminoró el paso, mientras que el Lindwurm, que venía pisándoles los talones, también comenzó a sacudir la cabeza presa de un dolor insoportable, reduciendo su velocidad.
Al ver a Vlad y al Lindwurm jadear sin motivo aparente, los caballeros que aguardaban la oportunidad apostados frente a la entrada del desfiladero comenzaron a mostrar rostros desencajados por el desconcierto.
'¡¿Pero qué demonios pasa?!'
El campo visual se le estrechaba en sombras, acompañado de una angustia y un terror tan asfixiantes que amenazaban con detener los latidos de su pecho. Ante la violenta advertencia que su propio instinto le transmitía, Vlad apretó los dientes con rabia.
No corras más. No des un solo paso al frente.
"Maldita... sea".
Luchando por ignorar la alarma que le oprimía el corazón, Vlad forzó su cuello dolorido y alzó la vista hacia el lugar exacto de donde emanaba semejante presión.
Había un punto hacia el cual apuntaban los desbocados latidos de su pecho.
En las entrañas del desfiladero, plantado frente a los sollozantes bárbaros, se erguía un hombre.
Los ojos azules de aquel hombre miraban fijamente al muchacho mientras sus labios se curvaban en una sonrisa feroz.
Una presencia avasalladora que solo un dragón sería capaz de percibir estaba aplastando sin piedad tanto al muchacho como al dragón blanco.
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• Autor: Q10
• Traductor: Inmensurable
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El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela)
Capítulo 81
El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 80
Estás leyendo el capítulo 80 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 19 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.