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Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 79 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
"Alza un poco la cara." Vlad frunció el ceño con disgusto ante las manos de Dorothea, que forzaban su rostro hacia arriba, pero no le quedaba más remedio que acatar. "Preferiría que no me pintaras la cara." "¿O acaso prefieres convertirte en un cadáver sin cabeza?" "Por eso mismo llevo puesto el yelmo." "¿No te dije ya que no me hablaras con tanta familiaridad?" Grabados de un vivo tono carmesí cubrían densamente su armadura. Por si fuera poco, a Dorothea le pareció insuficiente y sostenía un pequeño pincel, aplicándolo directamente sobre el rostro de Vlad. Tal como los caballeros del Duque de Acero portaban antorchas mágicas, aquella era la medida ideada por la maga para contener la gélida ventisca que exhalaría el Lindwurm. "¿Por qué se ensaña solo conmigo... señora?" "Porque tú serás quien cabalgue hasta el final." A un lado, los caballeros de Rutger que observaban la escena se limitaron a encogerse de hombros con resignación. "No hay más remedio, muchacho. Tu corcel es el más veloz." "Tratándose del mayor ojeador de dragones de Bayezid, es un precio que tendrás que pagar." Divertidos por el aspecto del muchacho, cuyo semblante se teñía progresivamente de rojo, los caballeros que lo rodeaban no dejaban de soltar chanzas. "Lo repetiré una vez más. Miren este mapa." Mientras Dorothea trazaba las inscripciones sobre la piel del joven, el lugarteniente de Rutger desplegó un mapa arrugado y fue presionando con firmeza cada punto señalado con el dedo. "Para los caballeros del Duque de Acero y para nosotros, nuestro límite será arrear a esa bestia hasta este punto exacto. De modo que, a partir de aquí, tú tomarás la delantera." Sobre el mapa que señalaba el lugarteniente se cruzaban incontables trazos: los vestigios del minucioso desvelo de quienes habían planeado cómo atraer al dragón. "Hasta entonces, te resguardarás del viento a espaldas de los caballeros. Conserva tus fuerzas." "Entendido." Pese a ser las directrices de la operación que habían repasado una y otra vez, al lugarteniente de Rutger no parecía bastarle. "En cuanto lo atraigas hasta esta posición, lord Rutger saldrá de su emboscada a la carga. Al mismo tiempo, las jabalinas de sir Volkov lloverán desde lo alto." Ante las palabras del lugarteniente, Vlad desvió la mirada hacia el caballero que aguardaba más adelante. Aquel caballero de la Casa Ducal Baranov que cargaba la espalda colmada de jabalinas cortas: Volkov de la Jabalina. Vlad sabía por boca de Ramund que el aura podía manifestarse de incontables maneras, pero era la primera vez que presenciaba a alguien capaz de imbuir proyectiles arrojadizos con semejante poder. Ciertamente, el mundo era vasto y los prodigios abundaban. "Por lo tanto, en este plan tu cometido es el más crucial." "Siento que ya he oído esas mismas palabras más de cien veces." Un desfiladero donde las colinas a ambos lados estrechaban el terreno de forma abrupta, como el cuello de una botella. La estrategia dictaba que, una vez conducido hasta ese paso del que difícilmente podría maniobrar para escapar, Rutger contendría la embestida del Lindwurm desde tierra firme, mientras que, desde lo alto de la colina, Volkov descargaría sus jabalinas. Con tan solo lograr que Vlad arrastrara al Lindwurm hasta el punto convenido, la subyugación coronaría en victoria. "Bien. ¿Preguntas?" "Ninguna." "Pregunta lo que sea. Lo que se te ocurra." Al ver la imperturbable templanza del joven que se hallaba en el núcleo mismo de la operación, era el propio lugarteniente quien se consumía de angustia e impaciencia. "…Si tenemos éxito, esa gente no tendrá que morir, ¿verdad?" "Desde luego. Ni lo dudes." Ante la pregunta de Vlad, el lugarteniente asintió con vehemencia. Al borde de la mirada del muchacho se encontraban los bárbaros, obligados a arrodillarse contra el suelo bajo la tosca contundencia de la Orden de Caballeros Matadragones. Una carnada no es algo que se improvisa en el instante preciso en que se requiere; la verdadera forma de emplear un cebo es capturarlo con antelación y tenerlo a mano para el momento oportuno. Por esa razón, Mircea se había asegurado de apresar de antemano a los señuelos que tentarían al Lindwurm. Vlad posó los ojos en Age, quien rechinaba los dientes más atrás, incapaz de sofocar su furor. El hijo del caudillo que había perseguido al corcel sagrado y un bárbaro despiadado que había asaltado a los hombres de Bayezid. Con todo, tras sus actos no latía otra cosa que el afán de salvar a los miembros de su tribu. "…Vaya manera de torcerse las cosas." Y aquellos cebos que ahora yacían derrotados sobre la nieve gélida, apresados por la Orden de Caballeros Matadragones, aseguraban pertenecer a la tribu Buda-at. Si las gentes del norte fracasaban en la maniobra, la sangre y los alaridos de aquellos desdichados se convertirían en la trampa destinada a tentar al Lindwurm. ¡Kuaaaah—! A lo lejos, más allá del horizonte teñido de blancura, comenzó a retumbar el aullido bramado por el dragón caído. "¡Muy bien! ¡Atención aquí!" El lugarteniente de Rutger atrajo la atención de los caballeros con una palmada y giró el rostro hacia su señor. Ante la señal, el joven de cabello azabache asintió. "¡En marcha!" Al dictado de la orden de partida, los ojeadores del dragón viraron las riendas de sus monturas. "…" Vlad bajó la celada de su yelmo grabado de runas y cruzó miradas con quienes lo despedían. Dorothea, que entrelazaba las manos en oración. Rutger y Ramund, que asentían en señal de aprobación. E incluso Mircea, de la Orden de Caballeros Matadragones, que desde la lejanía lo contemplaba con una sonrisa apenas esbozada. "Vamos, Noir." ¡Hiiiiin—! El corcel, investido con el apelativo de la oscuridad que aquella doncella le había otorgado, arremetió contra el suelo con sus cascos. Tras su cola de azabache puro, una estela de blanca ventisca se dispersaba en el aire. \* \* \* Dos días antes, en la Fortaleza de Bernhem. Una hoja de papel blanco reposaba bajo el trémulo resplandor de una vela. "Su nombre es Vlad. Diecisiete años de edad. Lugar de origen: Shoara, en el condado de Bayezid. Como particularidad relevante, se constata que procede de los barrios bajos." "Mmm. ¿De veras?" Mircea frunció el ceño mientras escuchaba los informes transmitidos a través del orbe de cristal. "Shoara. Conque Shoara..." Cabello rubio y ojos azules. Y aquel latido del corazón que había sido capaz de percibir en el instante en que lo vio. En el segundo en que sus miradas se encontraron, Mircea había experimentado un presentimiento rayano en el instinto; sin embargo, las circunstancias que rodeaban al muchacho enturbiaban sutilmente su juicio. "Nació en una tierra demasiado remota." "Así es." "Y nació en un estrato demasiado bajo." "…" Aunque se diga que una semilla prometedora está destinada a florecer en cualquier terreno, los orígenes que envolvían al muchacho resultaban más que humildes: rayaban en la crueldad. ¿Acaso se habría diseminado una semilla de tan noble estirpe en un rincón semejante? "No lo comprendo." El mapa del norte descansaba sobre el escritorio, y sobre él se extendía aquella solitaria hoja de papel. Con el ceño fruncido, Mircea tamborileó con los nudillos sobre el documento que consignaba los pormenores de Vlad. Mas por mucho que los dedos de Mircea apremiaran la superficie, el pliego emborronado de tinta era incapaz de revelar más secretos sobre el muchacho. "Con esto solo no puedo estar seguro. Quisiera profundizar más en el asunto." Ante la exigencia de Mircea de recabar información más fidedigna, el semblante de su ayudante comenzó a ensombrecerse. "…Es que, verá usted…" Tras titubear un instante, el ayudante, intimidado por unos ojos más gélidos que la escarcha, no tuvo más remedio que articular la respuesta que tanto le costaba pronunciar: "Nos fue posible rastrear las andanzas que el joven llamado Vlad realizó fuera de la ciudad, pero averiguar sus pasos dentro de los muros de Shoara resultó una tarea imposible." "¿Por qué? Se supone que habíamos desplegado la mayor cantidad de espías en el norte". Ante el informe de su ayudante, Mircea mostró una expresión de desconcierto. Aunque en aquel momento eran las figuras del oeste las que causaban revuelo, en el fondo, la región que más inquietaba a la familia real y al poder central siempre había sido el norte. Pues el norte, fuertemente cohesionado en torno a una marcada identidad regional con el Duque de Acero, Timur Baranov, en su centro, había erigido un dominio propio hasta el punto de que a nadie le habría extrañado que se escindiera del imperio en cualquier instante. "Desde que el nuevo alcalde asumió el cargo en Shoara, todos nuestros ojos han quedado a ciegas. Al parecer, utilizó los recientes casos de desapariciones como pretexto y logró someter la ciudad bajo un control absoluto". A pesar de que Josef era un hombre incapaz de empuñar una espada, la comprendía mejor que nadie. La punta de la espada debe ser afilada y, al mismo tiempo, lo bastante flexible como para extenderse en cualquier dirección. Valiéndose de un único incidente como pretexto, la influencia de Josef se proyectaba con agudo filo, apoderándose de Shoara y devorándola sin descanso. "...Los dos hermanos de la Casa Bayezid son extraordinariamente capaces". "Le ruego me disculpe". Al ver a su ayudante inclinar la cabeza, Mircea extrajo un cigarro del pecho y lo acercó a la llama de una vela para encenderlo. Pronto, el denso humo que exhalaba comenzó a llenar la estancia. "Ambos son talentosos, pero en la cima solo hay sitio para uno...". Toc, toc, toc. Únicamente el golpeteo de Mircea sobre el escritorio resonaba en la habitación. El vencedor obtiene lo que anhela y el derrotado lo pierde todo. Más aún cuando se trataba de una disputa sucesoria entre nobles. Rutger y Josef eran hombres situados desde su nacimiento en un campo de batalla ineludible. "Aquí hay margen para sacudir un poco el tablero". Por muy férreamente cohesionado que estuviese el norte, siempre existía una grieta por donde infiltrarse. Y a Mircea le parecía vislumbrar con claridad esa misma rendija. \*Fuuu.\* El mapa del norte dispuesto sobre el escritorio se vio envuelto por el humo de tabaco que exhalaba Mircea, volviéndose borroso entre la bruma blanquecina. \*\*\* "En nuestros tiempos, a fin de cuentas, también acabamos sacrificando vidas humanas. Aunque no hubiese sido con esa intención...". Rescatando recuerdos de antaño, Ramund se cruzó de brazos y dejó escapar un suspiro contenido. "A fin de cuentas, le dimos caza mientras atacaba una aldea, así que, si nos atenemos estrictamente al método, no diferirá mucho de lo que hace la Orden de Caballeros Matadragones al usar a los bárbaros de cebo". Décadas atrás, también hubo un Lindwurm que descendió arrastrado por la temporada de frío gélido. En aquel entonces, un joven Ramund y los caballeros de Bayezid apenas lograron abatir a la bestia aprovechando que estaba absorta destrozando a los aldeanos. En última instancia, haberla cazado a costa del sacrificio de alguien no guardaba demasiada diferencia con el proceder actual de la Orden de Caballeros Matadragones. "...Ya que es imposible alcanzarlo, lo que dices es que nosotros también debemos tender una trampa". Rutger se sujetó la cabeza con ambas manos, sumiéndose en sus cavilaciones. "Si no logramos cazar al dragón, podrían valerse de ello como pretexto para quedarse aquí instalados". Dorothea, haciendo honor a su papel de maga y consejera de Rutger, comenzó a sopesar con voz pausada y serena los posibles pasos de la Orden de Caballeros Matadragones. Tal como ella advertía, si la Orden de Caballeros Matadragones les arrebataba la oportunidad de abatir a la bestia, sería imposible predecir qué clase de justificaciones políticas acumularían a su favor. Después de todo, la Orden de Caballeros Matadragones era un grupo que se escudaba tras el pretexto del dragón para actuar según los designios del poder central. "¿Nos tomaría mucho tiempo preparar una trampa ahora mismo?". "Si piensa arrear vacas u ovejas desde las ciudades cercanas, me temo que sí". Al ver a Rutger sumido en dudas, el ayudante habló con cautela: "...¿Deberíamos capturar bárbaros ahora mismo? O bien, podríamos arrebatarles por la fuerza los que ya apresó la Orden de Caballeros Matadragones". "Maldita sea". Rutger soltó una maldición entre dientes ante la propuesta de su subordinado. Cualquiera que fuese la elección, las repercusiones no serían desdeñables. Bárbaros y norteños, a fin de cuentas, convivían hombro con hombro, y la idea de usarlos como cebo acabaría por romper la frágil paz que con tanto tacto se había sostenido entre ambos. Rutger pensó que, tal vez, ese era precisamente el desenlace que buscaba el poder central. "Dejemos eso como el último recurso". Con todo, Rutger debía tener en cuenta cada una de las alternativas. Ese era el deber que recaía sobre quien estaba al mando. "He oído que el caballo de Vlad es veloz...". "Ni se le ocurra pensar en montar ese caballo". Ante la insinuación que Rutger soltó por si acaso, Ramund sacudió la cabeza con vehemencia. "Que ese animal no obedece a nadie es algo bien sabido por todos en Shoara". "Mmm. ¿Tanto así?". "Supera todo lo que pueda imaginar". Si la situación lo requería, Rutger tenía la intención de pedir prestado el renombrado caballo de Vlad y salir a lomos de un solo corcel para abatir al Lindwurm por su cuenta; sin embargo, ante la tajante oposición de Ramund, no le quedó más que chasquear los labios con frustración. "Entonces no queda opción". El Lindwurm era demasiado veloz para alcanzarlo a la carrera. Para atrapar a una criatura semejante, más que perseguirla, era necesario atraerla, y el medio más idóneo para ello no era otro que tenderle una presa como carnada. "Desde luego, hacen honor a ostentar el nombre de Matadragones". Rutger exhaló un suspiro con el ánimo ensombrecido. Con su mera presencia, la Orden de Caballeros Matadragones le imponía una disyuntiva enojosa. Como si le restregaran ante los ojos una imposición inescapable. "Mi señor Rutger". En aquel despacho sumido en el silencio ante la falta de una solución propicia, resonó de pronto el eco de pasos apresurados y un toque a la puerta. "¿Qué sucede?". Al recibir la venia, el caballero abrió la puerta con premura, entró en la estancia y procedió a informar a Rutger: "En este momento hay hombres afuera de la fortaleza que solicitan que les abramos las puertas". "...¿Quiénes son?". Rutger frunció el ceño temiendo que fuesen otros visitantes indeseables, pero la expresión del caballero que le rendía el parte estaba llamativamente animada. \*\*\* En medio de las planicies nevadas del norte, donde el sol se ponía con rapidez, un grupo de hombres golpeaba las puertas de la Fortaleza de Bernhem. "¡Identifíquense!". Ante las palabras del centinela, los hombres desplegaron en alto el estandarte que llevaban consigo. El blasón bordado en la tela representaba un guantelete de acero aferrando con firmeza un objeto. "Transmítele esto al comandante de la Fortaleza de Bernhem". El hombre que parecía ejercer de cabecilla, con el cabello recogido en una coleta, habló al centinela con voz pausada. Por el temple que irradiaba, saltaba a la vista que no se trataba de un individuo ordinario. "Dile que han llegado los caballeros del Duque de Acero". Eran los caballeros de la Casa Baranov del Duque de Acero. Justo cuando Rutger se devanaba los sesos sin una sola baza en la mano, ellos habían acudido a su encuentro. Las jabalinas enfundadas a la espalda de Volkov destellaban bajo los últimos rescoldos del crepúsculo. \----- • Autor: Q10 • Traductor: Inmensurable ⚔️ El juramento de un caballero y el filo del primer Maestro de la Espada se forjan en cada batalla. ¡Deja tu reacción y comentario para avivar la llama del acero y traer pronto el siguiente capítulo! 🛡️✨
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El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 79

Estás leyendo el capítulo 79 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 19 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.