Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 8 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Un hombre con armadura estaba sentado sobre una roca, limpiando su espada.
"Los años no perdonan. Ahora el viento invernal me cala hasta los huesos".
De su hoja goteaba sangre fresca y bermeja mientras refunfuñaba para sí.
"......".
Detrás de la roca donde se hallaba sentado, yacía un cadáver que la nieve caída no alcanzaba a cubrir por completo: un cuerpo inerte con los ojos desorbitados, incapaces de cerrarse en la muerte.
"Veo que ha llegado bastante lejos durante todo este tiempo, mi honorable mayor".
Aquel hombre leía una carta manchada de sangre mientras secaba el acero. Fue entonces cuando un leve sonido llegó a sus oídos desde la lejanía.
"Vaya, qué bien imitado".
Un sonido frágil y tenue que resonaba sin llegar a extinguirse del todo: era el canto de un cuco.
※※※※
"Cuánto tiempo sin vernos, Jorge".
"......".
En lugar de responder, Jorge clavó la mirada en la gota de sangre que aún pendía de la punta de la espada del hombre.
"¿A quién mataste?".
"Veo que la seguridad sigue siendo tan rigurosa como siempre".
Vlad tragó saliva con dificultad mientras contemplaba al guerrero frente a él. Aquel individuo, a quien ya no sabía cómo llamar, miraba al muchacho con una sonrisa en los labios.
"Fue un cachorro bastante útil".
"¿Por qué vienes a buscarme recién ahora?".
De pie a las espaldas de Jorge, Vlad pudo percibirlo con nitidez: hasta hoy, la persona más colosal y poderosa que jamás había conocido era, sin lugar a dudas, Jorge. Sin embargo, en este instante exacto... aquel hombre que avanzaba con paso pausado y tomaba una botella de licor parecía mucho más descomunal que el propio Jorge.
"El conde Gaidar ha fallecido".
"...... ¡!".
Los ojos de Jorge se abrieron de par en par al escuchar aquellas palabras.
"No había oído hablar de semejante......".
"Debido a circunstancias complejas, aún no se ha hecho público; pero muy pronto todo el mundo lo sabrá".
El hombre hizo girar la copa llena de licor en su mano mientras hablaba, sin apartar la mirada de Jorge.
"Por el desdichado conde Gaidar".
"¡Maldito bastardo!".
Antes de que el sujeto pudiera terminar la frase, Jorge se abalanzó sobre él soltando un bramido semejante al de una fiera salvaje. Era una embestida con una agilidad prodigiosa, inconcebible para un cuerpo tan gigantesco.
"Y también......".
¡Creeck!
El impacto furibundo de la espada de Jorge partió la copa en mil pedazos, derramando el licor por doquier.
"Por el señor Sigmund, el nuevo conde Gaidar".
Sin embargo, el adversario al que Jorge había dirigido su estocada ya se encontraba a sus espaldas.
"¡Goo--diin!".
"Esta es la primera orden del señor Sigmund, el nuevo conde".
Acompañada de un rugido gutural que brotaba desde el fondo de sus pulmones, la parte superior del cuerpo de Jorge se petrificó como una roca inexpugnable.
"Que el caballero desertor Jorge regrese a sus filas".
"¡Sigmund no es mi señor!".
Los músculos ocultos bajo su carne cobraron vida y volumen; y al tensarse, las heridas recién cosidas volvieron a desgarrarse, haciendo brotar torrentes de sangre.
"Por supuesto, el señor conde tampoco esperaba que regresarais de manera dócil".
Pese a la figura aterradora que proyectaba Jorge, el hombre llamado Godin no perdió la compostura en ningún momento.
"Ni tampoco lo deseaba".
"¡Hijos de perra!".
¡Buummm!
Muestra siete partes de tu fuerza, pero oculta tres... para aquel instante incierto en que la vida dependa de ello.
"¡Aaaahhh!".
"¡Marcela!".
Y en este instante exacto, la embestida de Jorge, revelando su verdadera naturaleza marcial sin reserva alguna, fue sencillamente devastadora. Aunque carecía de aura, un solo tajo de su hoja bastó para que la mitad del suelo del cuarto piso se hiciera pedazos y se derrumbara al vacío. Fue un golpe tan descomunal que hizo estremecer los cimientos de La Sonrisa de la Rosa por completo: el tajo de un auténtico caballero que Jorge había mantenido sepultado hasta ahora, semejante al zarpazo agónico de una fiera acorralada.
"¡Ufffff!".
Cargando a Marcela en hombros mientras la mujer se tambaleaba presa del pánico, Vlad esquivó los tablones que se desplomaban y escapó a toda prisa de la zona de derrumbe. Se movió con una agilidad felina, espoleada por la desesperación.
Y apenas creyó estar a salvo, volvió la mirada hacia atrás.
"¿Qué es esto......?".
Un panorama inverosímil se desplegó ante sus ojos.
"¡Kaaagh!".
Gotas de sangre volando por el aire y barandillas hechas astillas. El hombre más fuerte que el muchacho jamás había visto caía en picada. Hacia abajo. Hacia el abismo.
"Seguís tomando decisiones estúpidas, Jorge".
Derribado por el caballero que mantenía cerrado el ojo izquierdo.
Con la caída de Jorge, el sentido común y la fe del muchacho se hacían pedazos.
¡Buummm!
El estruendo colosal de un cuerpo corpulento estrellándose contra el suelo sacudió el edificio. Alarmados por el ruido ensordecedor, todos los miembros de la banda que permanecían en el burdel salieron corriendo despavoridos.
"¡Jorge!".
Vlad se aferró a la barandilla maltrecha y miró hacia el vestíbulo inferior.
"Cof......".
Allí abajo, el mundo entero del muchacho se retorcía sobre el fango, tosiendo sangre a borbotones.
Aquel hombre que fue el primero en tenderle una mano a un huérfano que se arrastraba por los callejones.
El primero en reconocer su valía.
Y el hombre al que siempre consideró el ser más poderoso sobre la faz de la tierra.
"¡Jefe!".
"¡¿Qué demonios pasó?!".
Yacía destrozado, convulsionando en el suelo.
Los subordinados pululaban desconcertados sin saber qué hacer ante aquella calamidad repentina, mientras un Jorge ensangrentado forcejeaba desesperadamente por ponerse de pie.
"Uuuugh......".
Aunque los hombres del primer piso se agolpaban aterrados, de la garganta de Jorge solo brotaban quejidos roncos y agónicos.
Únicamente Vlad, que había presenciado la escena desde el inicio, pudo intuir la catástrofe que se avecinaba.
"¡Maldita sea!".
El caballero, que ya había abierto el ojo izquierdo, se preparaba para lanzarse hacia la planta baja. En su espada ondeaba un aura azulina semejante a la luz de la luna.
"¡Jorge!".
"...... ¡!".
Al ver la silueta del guerrero en lo alto, Vlad lanzó un grito de advertencia y arrojó con todas sus fuerzas la daga que llevaba al cinto. Aunque jamás había recibido lecciones formales en el arte de arrojar cuchillos, era un muchacho sumamente diestro en la pedrada callejera.
¡Klang!
Apenas fue una fracción de segundo, pero el lanzamiento de Vlad logró entorpecer el salto del caballero hacia el primer piso.
"¡Haaaah!".
Y gracias a esa mínima distracción, le compró el tiempo suficiente a Jorge para ponerse trabajosamente en pie.
"......".
La mirada gélida del caballero atravesó los ojos de Vlad como una estocada helada al descender.
¡Baaam!
Apenas el aura de Godin colisionó contra el acero de Jorge, estelas azulinas semejantes al claro de luna envolvieron el interior de La Sonrisa de la Rosa: semejaban el azote del viento y la densidad de una niebla espectral.
"¡Kgggh!".
A pesar de sus graves heridas, Jorge logró desviar el embate del caballero imbuido en aura. Fue una maniobra prodigiosa, aunque probablemente fuese la última de su vida.
"Godin......".
La sed de sangre manaba a raudales de los ojos de Jorge tras contener el golpe a duras penas; sin embargo, Godin, quien recibía aquella hostilidad de frente, se limitaba a mostrar una expresión enigmática.
"Debisteis haber obedecido la orden".
"...... Yo soy un hombre libre. No acato órdenes canallas".
"No".
Godin respondió sin borrar la leve sonrisa de sus labios:
"Vos sois un caballero".
Fue un intercambio escueto de apenas unas pocas palabras, pero entre ambos fluía una marea inmensa de memorias y rencores contenidos. Exactamente igual que las dos espadas que continuaban rechinando furiosamente una contra la otra.
"Para mí, la noche de hoy ha sido demasiado larga, Jorge. Ahora solo deseo descansar".
"¿Qué?".
Pero Godin no tenía intenciones de seguir conversando. Lo único que anhelaba era un descanso en silencio.
※※※※
"¡Es peligroso, Vlad! ¡No bajes!".
En ese instante de parálisis general, Vlad se zafó del agarre de Marcela, quien intentaba retenerlo advirtiéndole del peligro, y se lanzó escaleras abajo hacia el vestíbulo.
'¡Fui yo quien lo trajo!'.
Sentido de responsabilidad, culpa devoradora, desconcierto y una furia rabiosa por haber sido engañado. En el alma de aquel muchacho de dieciséis años se arremolinaban todas las pasiones oscuras del dolor. En estricto rigor no había sido su culpa, pero Vlad no podía pensar así: la grandeza del espíritu con que había nacido le impedía eludir la carga.
Descendiendo casi volando por los peldaños que crujían bajo sus pisadas, Vlad vio cómo los hombres de la banda comenzaban a incorporarse para abalanzarse sobre el intruso.
"¡No lo hagan!".
Comprendiendo de inmediato lo que pretendían, Vlad lanzó un alarido desgarrador.
El hombre llamado Godin era un caballero; y no cualquier caballero, sino uno capaz de dominar el aura: una existencia inalcanzable para meros maleantes que se arrastraban por el fango de los callejones.
"¡Deténganse!".
Decidido a frenarlos, Vlad se disponía a saltar directamente desde la barandilla del segundo piso cuando, de pronto, sintió un escalofrío gélido erizarle la nuca. Fue una premonición funesta captada por sus sentidos hipersensibles y su instinto salvaje.
\[¡Agáchate!\].
"...... ¡!".
Obedeciendo la voz que retumbó como un trueno dentro de su cabeza, Vlad bajó la testa en el acto.
¡Fasssh!
Un halo de luz lunar, imposible de esquivar por completo, cercenó varios mechones de su cabello que flotaron dispersos en el aire.
Una azulina luz de luna que avanzó en silencio... y las decenas de rosas que brotaron de ella estallaron en todas direcciones entre alaridos desgarradores.
"...... ¡!".
"¡Aaaargh!".
Las rosas convocadas por la luna desplegaron su manto carmesí por doquier. Brotes nacidos del corazón que salían por primera vez al mundo, revelando su existencia sin contemplaciones sobre los refinados adornos que Marcela tanto apreciaba.
"¡Aaaahhh!".
Empapando la mesa donde Vlad solía sentarse a vender velas.
"¡Khaaak!".
Tiñendo cada rincón de La Sonrisa de la Rosa con una generosa capa escarlata.
"Gooorgh......".
Junto al último estertor agónico, un silencio sepulcral y aterrador se desplomó sobre el burdel.
"Jadeo...... jadeo......".
Acurrucado en el suelo, Vlad jadeaba con el pecho oprimido mientras procesaba la carnicería que acababa de presenciar.
Había sido un solo trazo de espada. Al menos, eso fue todo lo que Vlad alcanzó a percibir: un blandir ordinario y sin artificios, pero cuyas consecuencias habían sido la aniquilación absoluta.
El silencio sepulcral de La Sonrisa de la Rosa.
"Mal... maldito...".
Aferrándose las piernas que temblaban sin control, Vlad descendió al primer piso casi arrastrándose. Lágrimas y saliva que ni él mismo advertía goteaban sobre las tablas del suelo.
"Maldita sea...... ¡maldita sea!".
Al pisar finalmente la planta baja, lo primero que lo recibió fue el cuerpo de Buray: un cadáver rígido que se enfriaba lentamente tras haber vertido hasta la última gota de su vida.
"¡Uaaagh!".
Incapaz de contener la tempestad de rabia que le abrasaba las entrañas, Vlad clavó sus ojos inyectados en sangre en todas direcciones.
¡Kiiik!
En medio del vestíbulo desierto, alguien se aproximaba quebrando los tablones destrozados a su paso.
Era Jorge.
"¡Hijo de perra!".
Sujetada por los cabellos en la mano de Godin, la cabeza decapitada de Jorge miraba hacia Vlad con pupilas desprovistas de luz: una mirada hueca y vacía, incapaz ya de albergar nada en este mundo.
"¡Aaaaaarrrgh!".
\[¡No lo hagas!\].
Perdiendo la cordura por completo, el muchacho empuñó una espada de entre los cadáveres y cargó a ciegas contra el caballero que invocaba la luz de la luna. Fue una embestida ágil, fulgurante y feroz, idéntica al zarpazo final de una bestia malherida.
Exactamente igual al ataque que alguien más había ejecutado momentos antes.
"¡Mueeereee!".
Aunque se movía impulsado por la cólera ciega y no por la razón, en la memoria de sus músculos había quedado grabada a fuego una única trayectoria de esgrima:
El último golpe siempre con todas las fuerzas. Concentrando todo el espíritu y el poder. Descargar el golpe.
¡Cerrando el ángulo del codo!
"...... ¡!".
En ese instante, las gotas de sangre impregnadas en la espada del muchacho dibujaron una fina línea en el aire: una trayectoria hermosa y curvada. Era una auténtica senda del filo.
El primer umbral para dejar de ser un simple espadachín callejero y transformarse en un verdadero maestro de la espada: el camino del acero, un dominio inalcanzable mediante el esfuerzo y la destreza ordinarios. Y aquel muchacho sepultado en el fango de los callejones lo estaba recreando ahora con sus propios medios.
"Magistral".
La descarga del muchacho, henchida de esfuerzo y rencor, se precipitó sobre el caballero. En ese instante supremo, incluso la presencia que habitaba dentro de su cabeza contempló el tajo con absoluto sobrecogimiento.
"Una descarga formidable".
Sin embargo, el sendero trazado por un muchacho era aún demasiado frágil para rozar el mundo erigido por un auténtico caballero.
¡Paaaf!
Godin ni siquiera se tomó la molestia de bloquear la espada de Vlad con su acero: esquivó el tajo con un único y sutil desplazamiento corporal y descargó una patada demoledora. El embate del joven aún no ostentaba el valor necesario para obligar a Godin a desenvainar su espada una vez más.
¡Crash! ¡Klang!
Acompañado de un ruido ensordecedor, el último caballero de las rameras rodó sin piedad por el suelo enfangado de sangre.
"¡Kaaagh!".
\[¡Respira, muchacho! ¡No pierdas el conocimiento!\].
No podía respirar. Sentía el pecho completamente aplastado. Ni siquiera la voz que zumbaba con urgencia dentro de su mente bastaba para despejar la consciencia marchita de Vlad: tan descomunal había sido la violencia del impacto.
"Un talento natural. Torció el cuerpo por puro instinto".
Godin volvió a maravillarse ante la elasticidad física del joven. Había sido una patada con la potencia suficiente para fracturar varias costillas de cuajo, pero el chico frente a él había logrado desviar la mayor parte de la fuerza gracias a un movimiento reflejo e instintivo.
"Bastardo......".
Aunque ciertamente no había salido del todo ileso.
Al ver al muchacho mascullar insultos entre dientes con voz quebrada, Godin se sumió en cavilaciones con la espada en mano.
"Mátame......".
Aunque exigía que lo mataran, la ferocidad en sus ojos permanecía intacta. Viendo aquel fulgor inextinguible, Godin tomó una determinación: era un retoño demasiado prometedor para segarlo en este momento, incluso si en el futuro regresara convertido en una espada afilada apuntando a su garganta.
"......".
Aquel hombre cuya cabeza sostenía ahora en su mano izquierda solía decirlo a menudo: que observar a los jóvenes con potencial era siempre el mayor de los deleites.
Tiempo atrás, se lo había dicho a él mismo.
"Muchacho que me guiaste: un caballero solo toma una retribución justa".
Godin decidió considerarlo como una última ofrenda en memoria de su honorable mayor.
Plaf.
Sobre la cabeza de Vlad, que forcejeaba desesperadamente por incorporarse, cayó un bulto oscuro.
"...... ¿?".
Vlad clavó la mirada en el objeto caído: era un trozo de cecina, la carne seca que Jemina le había preparado.
"Mi nombre no era Stanga".
Sobre la cabeza del joven cayó otro pedazo de carne.
"Y mi edad no eran cuarenta y dos años".
"...... ¡¿Qué clase de humillación es esta?!".
Ante el agravio ignominioso de Godin, destellos azulados de ira danzaron en las pupilas de Vlad.
"Esto es mi retribución justa, y por tanto me la llevo".
Dijo Godin mientras alzaba la cabeza de Jorge.
"Pero he recibido una retribución indebida de tu parte, y por ello te la devuelvo".
Vlad fue incapaz de articular palabra alguna. El vencedor está arriba y el vencido abajo; decidir sobre todas las cosas era el privilegio indiscutible del triunfador.
Godin se dio media vuelta y sentenció:
"Te la devuelvo con tu propia vida".
En la mano izquierda de Godin, los ojos apagados de Jorge oscilaban lastimeramente a cada paso.
"Ni se te ocurra reclamar el pago por la segunda porción de carne seca. La verdad, sabía espantosa".
Al contemplar la cabeza oscilante de Jorge, lágrimas teñidas de sangre brotaron de los ojos del muchacho y resbalaron por sus mejillas.
"¡Te voy a matar......! ¡Sin falta!".
Al compás de pasos firmes y sosegados, el caballero de la luna azul se alejaba en la noche, dejando tras de sí los fragmentos destrozados del mundo del muchacho, que hasta ayer se erigía imperturbable.
Arrastrándose por el suelo anegado en sangre, el joven gritó con un hilo de voz; pero el hombre que debía escuchar sus palabras ya había traspasado el umbral.
"¡Sin falta! ¡Goo--diin!".
El grito desgarrador de furia del muchacho retumbó persiguiendo al caballero a quien ahora sí sabía cómo nombrar. Y las únicas testigos de aquel lamento fueron las rameras que lloraban en silencio entre las sombras.
Este era el burdel de La Sonrisa de la Rosa: un recinto empapado en escarlata y el lugar donde el mundo del muchacho se quebró para siempre. En aquel nido incapaz de cobijar nada más, solo quedaba espacio para sollozos ahogados en la oscuridad.
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• Novela: El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas / 별을 품은 소드마스터
• Autor: Q10
• Traductor: Inmensurable
⚔️ El juramento de un caballero y el filo del primer Maestro de la Espada se forjan en cada batalla. ¡Deja tu reacción y comentario para avivar la llama del acero y traer pronto el siguiente capítulo! 🛡️✨

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El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela)
Capítulo 9
El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 8
Estás leyendo el capítulo 8 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 19 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.