Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 7 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Una noche oscura. Al pie de las murallas de la ciudad de Shoara.
Dos sombras humanas se deslizaban al amparo de la negrura que proyectaban los altos muros.
"Por aquí".
"...... ¿De verdad voy a caber por ahí?".
En lugar de mirar a Stanga, Vlad respondió manteniendo la mirada fija en los alrededores, atento a cualquier peligro.
"Si se quita la armadura, creo que sí cabrá......".
"¿Por qué demonios tengo que rebajarme a estas porquerías para entrar a hurtadillas?".
Tras lamentar su desdichada suerte por un momento, Stanga comprendió que no le quedaba otra opción. Se despojó de la armadura e introdujo la mitad superior de su cuerpo en un pequeño túnel excavado en la tierra.
"¿Este sitio es realmente seguro?".
"Es el pasadizo que usé hasta hace dos años".
"¿Dos años?".
Siendo una metrópoli comercial, Shoara veía pasar una inmensa marea de mercaderes y mercancías, y por ello los controles de acceso eran implacables. La razón era simple: cobrar aranceles a todo aquel que no contara con privilegios. A excepción de los mercaderes autorizados por el conde Bayezid, los buhoneros ordinarios estaban forzados a pagar los tributos aduaneros sin escapatoria. Y en ese proceso, ser despojado y sobornado por los guardias de la puerta se había convertido prácticamente en una costumbre arraigada.
Por tal motivo, algunos buhoneros idearon métodos para colarse en Shoara sin ser esquilmados, y una de esas artimañas consistía en emplear a los niños de los callejones.
Vlad, hasta hacía apenas unos años, había sido uno de aquellos chiquillos.
"Al menos mientras yo lo usé jamás nos descubrieron, así que puede estar tranquilo".
"Sí, claro, qué tranquilidad tan reconfortante".
A diferencia de la despreocupada calma de Vlad, el rostro de Stanga se endureció al ver cómo la tierra del agujero se desmoronaba con solo rozarla.
"Cuando salí de la ciudad también lo hice por aquí. Para ser un guerrero, resulta bastante miedoso".
"...... Bien".
Cobrando valor al oír que Vlad ya lo había utilizado antes, Stanga se adentró en la madriguera, pero volvió a asomar la cabeza de inmediato.
"Como te lleves mi armadura, te mato, mocoso".
"Qué lástima que todo el viaje que compartimos no haya bastado para ganarme su confianza".
Sin mostrar la menor pizca de aflicción, Vlad se encogió de hombros, ante lo cual Stanga torció el gesto con amargura y se deslizó por completo al interior de la galería subterránea.
"......".
Apenas Stanga desapareció bajo tierra, Vlad se agachó con presteza y pegó la oreja al suelo. Al poseer unos sentidos mucho más aguzados que los del común de los mortales, Vlad era capaz de detectar si había gente en las proximidades a través de las vibraciones de las pisadas. El hecho de no haber fracasado ni una sola vez en el contrabando durante su niñez se debía precisamente a esa habilidad.
'Bien'.
Tras comprobar que lo único que resonaba en el entorno eran las maldiciones apagadas de Stanga, Vlad guardó las piezas de la armadura en un saco de cuero y se introdujo en el pasadizo.
'Hacía tiempo que no pasaba por aquí'.
Pensando que el túnel sería seguro puesto que no se había venido abajo con la corpulencia de Stanga, Vlad reptó con agilidad por la estrecha galería.
Cuando emergió al otro lado, Stanga, que lo esperaba afuera, comenzó a refunfuñar de inmediato.
"Qué asco de sensación. Me siento como un pordiosero".
"Ya estamos adentro, ¿de qué se queja?".
"Es solo que...... no sé qué es. Pero tengo un mal presentimiento".
"Tome su armadura".
Al entregarle las piezas de metal, Vlad inspeccionó con rapidez la callejuela para trazar la ruta a seguir.
Burlar los ojos de Jack el Manco fuera de los muros de la ciudad había sido pan comido. Por mucho que Jack fuese uno de los capos que dominaban los bajos fondos, visto desde la escala total de una urbe inmensa como Shoara, no era más que una presencia insignificante.
Sin embargo, a partir de este punto, debiendo dirigirse hacia La Sonrisa de la Rosa, las cosas cambiaban por completo.
"Es mucho mejor que esté algo sucio. Resulta bastante más creíble parecer un mendigo que un caballero andante".
"Te digo que no hablo de mi apariencia, sino de que tengo una sensación pésima en el cuerpo".
Sin prestar atención a las quejas que Stanga mascullaba a sus espaldas, Vlad respondió sin volverse siquiera.
"En marcha".
"Está bien".
Stanga no replicó más y se puso en movimiento tras los pasos de Vlad.
Los tenebrosos callejones de Shoara.
Para esquivar la tempestad desatada por los dos capos, el distrito entero contenía la respiración en un silencio sepulcral.
"Sígame".
A pesar de tratarse de callejuelas lúgubres sin el menor destello de luz, Vlad guiaba a Stanga con paso resuelto, como si sus ojos vieran con absoluta claridad a través de la noche.
"Hay algo extraño aquí".
No obstante, las vías por las que avanzaban lucían algo distintas de lo que Vlad recordaba. El sector comercial de los callejones, de ordinario bullicioso, se hallaba sumido en un insólito desorden: muros derruidos por doquier y regueros de sangre salpicados sobre los escombros.
"¿Este sitio siempre es así?".
"No".
Vestigios aciagos. Al ver aquellas señales, los pasos de Vlad se aceleraron de manera inconsciente. A medida que avanzaban, los indicios se transformaban en sospechas, y las sospechas en una verdad ineludible.
"Parece que ya tuvieron un choque colosal".
Tal como señalaba Stanga, cuanto más se aproximaban a La Sonrisa de la Rosa, más devastado se volvía el entorno, revelando a las claras que un combate brutal acababa de consumarse hacía muy poco.
"...... Maldita sea".
Aunque Vlad se había criado en los despiadados callejones y estaba habituado a los imprevistos violentos, al fin y al cabo no era más que un muchacho de apenas dieciséis años. Por mucho que intentara mantener la compostura, resultaba inevitable que la visión de túnel nublara su juicio.
En ese instante crítico, la voz de Stanga atravesó sus oídos como una estocada certera:
"Antes de lanzarte a ciegas hacia adelante, cerciórate primero de dónde estás parado".
Era un tono grave, pero afilado como una cuchilla. Aquellas palabras ensancharon de inmediato el campo de visión constreñido del joven y disiparon la densa niebla que empañaba su discernimiento.
"Fuuu".
Siguiendo el consejo de Stanga, Vlad apoyó la espalda contra la esquina de un edificio y reguló su respiración. Fue entonces cuando lo vio.
'Hay centinelas vigilando'.
Con la mente despejada, los ojos de Vlad captaron nuevos detalles en la penumbra: hombres merodeando agazapados entre las sombras. Entre ellos, reconoció varios rostros familiares.
"Hay hombres vigilando La Sonrisa de la Rosa".
Eran los secuaces de Jack el Manco. El callejón destrozado, las puertas de La Sonrisa de la Rosa herméticamente atrancadas, y los hombres de Jack apostados al otro lado de la calle, acechando el edificio con miradas rapaces.
Las piezas dispersas comenzaron a encajar en la mente del joven.
"Hubo un asalto violento, pero parece que la posición aún no ha caído".
"Bien razonado".
Al oír el análisis de Vlad, Stanga asintió en silencio. Por mucho talento innato que alguien tuviera con la espada y por muy despierto que fuera su entendimiento, si no sabía aplicarlo en un combate real, no era más útil que un adorno colgado en la pared. Sin embargo, aquel jovencito había bastado con un único llamado de atención para serenarse de inmediato y recomponer su postura.
'Es un mocoso con un porvenir formidable'.
En el fuero interno del guerrero surgió el deseo de instruirlo como correspondía, pero resultaba una lástima no poder llevárselo consigo debido a la misión que tenía entre manos.
"Nos moveremos por separado. Le indicaré la ubicación de la puerta trasera que solo conocen los miembros de nuestra banda".
"¿Y tú qué harás?".
"Iré por la entrada principal. En este momento, lo prudente es desviar la atención de los vigías".
Vlad determinó con serenidad el siguiente curso de acción. Aunque Stanga, con su experiencia de antiguo caballero, era superior en todos los aspectos marciales, conducirlo sano y salvo hasta el interior del burdel era una responsabilidad que recaía exclusivamente sobre los hombros de Vlad.
"Nos vemos adentro".
"...... De acuerdo".
Tras explicarle al detalle la ubicación del acceso trasero, Vlad se incorporó con sigilo.
"Es la primera vez que hago algo semejante".
Pensando en los hombres de Jack que aguardaban al otro lado del callejón, Vlad se encogió de hombros. Había vivido toda su existencia acostumbrado a esconderse y pasar inadvertido, pero en este instante exacto debía exponerse abiertamente. Mostrarse con dignidad ante la mirada de otros: una experiencia que el muchacho jamás había vivido. Y por eso mismo, él aún ignoraba una verdad profunda:
"Habrá que intentarlo".
Que desde el día en que nació, poseía un talento innato para ello: el don de brillar con luz propia.
Junto a una bocanada de vaho blanco, Vlad dobló la esquina del edificio.
Al despojarse de la capucha, su resplandeciente cabellera rubia ondeó entre las tenues farolas de los callejones.
'¡Miren allá!'.
'¡Es el mocoso de Jorge!'.
'¿De dónde viene ese bastardo?'.
El oro es eterno y noble por naturaleza; un tono que no encajaba en aquel fangoso mundo de sombras caminaba ahora en dirección a La Sonrisa de la Rosa.
Paso a paso.
Con un andar que no era ni apresurado ni tardo. Quien ignorara las circunstancias lo habría calificado de altivo; quien las conociera, lo habría llamado temerario.
Las miradas de todos los vigías apostados alrededor de La Sonrisa de la Rosa convergieron al unísono sobre Vlad. Y gracias a ello, absolutamente nadie pudo advertir la sombra que, aprovechando la negrura, se deslizaba hacia la parte trasera del burdel.
"Fuuu......".
Aprovechando el revuelo que se extendió entre los secuaces de Jack el Manco agazapados en la oscuridad, Vlad llegó sin contratiempos frente a La Sonrisa de la Rosa. Se detuvo ante el portón: una hoja de madera tiznada y astillada por los golpes, pero aún rígidamente trancada desde adentro.
Tenía una convicción, pero aún no lo había comprobado con sus propios ojos. Aunque la mano de Vlad tembló levemente al aferrar la aldaba, no vaciló.
¡Kiiik!
Las bisagras descuadradas chirriaron con un gemido desagradable y la entrada de La Sonrisa de la Rosa se entreabrió.
Lo primero que recibió a Vlad desde el interior fue un rostro familiar:
"Vaya, novato. ¿Por qué tardaste tanto?".
Era Buray, con la cabeza envuelta en espesas vendas.
※※※※
Mesas hechas pedazos, el suelo anegado en sangre fresca y cadáveres desparramados por todos los rincones. Aunque se tratara de un burdel, La Sonrisa de la Rosa siempre había ostentado un aire de distinción clásica; sin embargo, en este instante parecía un auténtico campo de batalla devastado.
'Marcela se va a desmayar cuando lo vea'.
Dejando atrás aquel panorama dantesco, Vlad giró la cabeza con presteza para buscar a alguien.
"Tu damisela está a salvo, así que no te preocupes".
"Busco al jefe".
"El jefe está en el cuarto piso, como siempre".
Vlad frunció el ceño ante la sonrisa socarrona de Buray, quien parecía adivinarlo todo. Al subir los peldaños que rechinaban quejumbrosos por el desajuste de la refriega, un denso hedor a sangre golpeó su olfato.
Era el olor de la muerte.
"Jorge, ya estoy aquí".
"Ah, sí. Buen trabajo".
Y al mismo tiempo, la prueba irrefutable de la victoria.
Al pisar el cuarto piso, entre una pila de cadáveres, vio a Jorge con el torso desnudo. Su ancha espalda, teñida de carmesí, se alzaba como una mole montañosa. Aunque estaba herido, ver a Jorge erguido y entero le arrancó a Vlad un hondo suspiro de alivio.
"...... Lamento no haber estado aquí para ayudar".
"Para nada. Cada quien hizo lo que le correspondía".
Aunque Jorge hablaba con su afabilidad habitual, los vendajes que envolvían su torso ya estaban empapados en bermejo. La ferocidad del combate que acababa de librarse era más que evidente.
"¿Se encuentra bien?".
"Hacía mucho tiempo que no me batía contra un individuo de nivel de caballero y por eso terminé así. Pero bueno, cumplí con mi parte".
Detrás de Jorge, clavado contra la pared por una espada, colgaba un cadáver. Era un cuerpo ataviado con un peto tan formidable como el de Jorge, pero su cabeza había desaparecido por completo; de su cuello cercenado manaba sangre a borbotones, gorgoteando sin cesar. Los espasmos que aún sacudían las puntas de sus pies indicaban que la matanza acababa de concluir hacía unos breves instantes.
"...... Esa maldita Sanguijuela del Dinero se me adelantó con una estocada preventiva. No cabe duda de que los usureros son tipos de acción fulminante".
Mientras Jorge chasqueaba la lengua ante los cuerpos caídos, Marcela se aproximó y le limpió con esmero la sangre con una toalla húmeda. Era una atención merecida para el león que acababa de defender su territorio con las garras.
"¿Lo trajiste?".
La mirada de Jorge, en la que todavía no se extinguía la sed de sangre, se clavó sobre Vlad. Por fortuna, el chico estaba plenamente capacitado para responder a aquella pregunta intimidante con la frente en alto.
"Sí. Lo traje conmigo. A estas horas ya debe de estar entrando por la puerta trasera".
"¡Excelente!".
El rostro de Jorge, siempre impasible y templado, mudó por completo en una expresión encendida.
"Mañana aplastaremos a esa Sanguijuela. Esta vez ajustaremos cuentas de una vez por todas".
La furia contenida y la excitación de la batalla brillaban en los ojos de Jorge con una ferocidad que Vlad jamás le había presenciado antes.
"Pero dime, ¿cómo lo viste? ¿Todavía maneja bien el acero? ¿No le falta ningún miembro?".
Jorge se preocupaba por cualquier variable imprevista. 'Un antiguo caballero verdaderamente piensa distinto', concluyó Vlad al verlo templar su ardor para planificar la contienda de mañana.
"Está intacto. Aunque solo conviví con él dos días, me pareció un hombre confiable".
"Stanga siempre tuvo un carácter franco y jovial".
"Además, se movía con suma agilidad".
"¿Habrá bajado de peso? Bueno, si uno quiere vivir muchos años, tiene que cuidarse".
"Sí. Y además......".
Recordando la prodigiosa escena que había presenciado bajo la luz de la luna, el muchacho sonrió antes de rematar:
"Es un caballero capaz de manifestar el aura. Mañana será sin duda nuestro día".
Jack el Manco se había jugado el todo por el todo en una jugada arriesgada y había fracasado. El destino es como la marea: si no aprovechas la ola cuando sube, terminas arrastrado al fondo por la resaca. Además, aunque Jorge estuviese herido, continuaba firme, y ahora contaba a su lado con un diestro espadachín de linaje caballeresco con quien compartía un viejo lazo. Para cualquiera que mirara el tablero, la victoria de Jorge era un hecho indiscutible.
Al menos, a simple vista.
"Parece que ya sube".
"¿Qué?".
¡Kiiik!
Apenas Vlad terminó de hablar, desde el piso inferior resonó el sonido de pasos aproximándose. Los tablones descuadrados de la escalera rechinaron con un quejido áspero.
"...... ¿Qué acabas de decir, Vlad?".
"¿Señor?".
Vlad, que se disponía a bajar los escalones para guiar a Stanga, se detuvo en seco ante la pregunta. Más que las palabras, fue la expresión súbitamente desencajada de Jorge lo que lo congeló en el sitio.
"¿Qué fue lo que dijiste?".
"Que ya está subiendo".
"No, antes de eso".
El semblante de Jorge se endurecía por momentos, petrificándose en una tensión asfixiante.
"Que al ser un caballero que domina el aura...... mañana sería nuestro día......".
Al escuchar las palabras de Vlad, una sombra de puro espanto y consternación se apoderó del rostro del veterano capo.
¡Kiiik!
Al mismo tiempo, el funesto crujido de los peldaños se acercaba implacable.
"...... Ponte detrás de mí, Vlad".
Dijo Jorge mientras arrancaba de un tirón la espada que mantenía ensartada en el cadáver decapitado. El cuerpo del guerrero abatido se desplomó pesadamente a sus pies.
"Pero si yo lo guié......".
"¿Estás seguro de que era aura?".
En lugar de responder a la pregunta de Jorge, Vlad volvió la cabeza hacia la escalera.
Por el único tramo que conducía al cuarto piso, un hombre al que jamás habían visto subía con parsimonia. Había ingresado por la puerta trasera que solo conocían los miembros del sindicato, y de la espada desenvainada que sostenía en la diestra goteaba sangre fresca que aún no terminaba de secarse.
"Entonces el hombre que trajiste no es Stanga".
En el vértice de la mirada atónita de Jorge. En el abismo donde se desmoronaba la certeza de Vlad.
Aquel desconocido terminó de subir.
"Porque Stanga jamás aprendió a usar el aura".
Y en los labios de aquel hombre, se dibujaba una sonrisa.
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• Novela: El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas / 별을 품은 소드마스터
• Autor: Q10
• Traductor: Inmensurable
⚔️ El juramento de un caballero y el filo del primer Maestro de la Espada se forjan en cada batalla. ¡Deja tu reacción y comentario para avivar la llama del acero y traer pronto el siguiente capítulo! 🛡️✨

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Estás leyendo el capítulo 7 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 19 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.