Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 74 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
En medio de una montaña nevada envuelta en una densa bruma blanca, un hombre de cabello negro permanecía con una rodilla en tierra, observando con fijeza la escena que se abría ante sus ojos.
"...... Están todos muertos".
"A simple vista, eso parece".
Ante las palabras de Rutger, Dorothea asintió con la cabeza.
Sobre el gélido aliento que exhalaba la montaña blanca yacían los cadáveres de los monstruos, congelados por completo. Aunque no despedían un olor atroz debido al frío, las marcas de sus últimos estertores de agonía habían quedado grabadas de forma intacta en sus expresiones.
"Cayeron en un instante. Parece que el primero ni siquiera llegó a percatarse de su propia muerte".
Dorothea habló mientras se acercaba al cadáver de un orco gris que mantenía los ojos desorbitados por el espanto:
"Se movió de este modo".
"......"
Rutger se aproximó al costado de Dorothea y caminó en la dirección que ella señalaba. En efecto, sus palabras eran certeras.
El primer cadáver miraba hacia el frente.
El cadáver del medio había intentado girar la cabeza hacia atrás.
Y el último finalmente había logrado voltearse, pero no fue capaz de esquivar el embate.
Los cuerpos de los orcos esparcidos por los alrededores rondaban fácilmente el medio centenar.
"Eso significa que los aniquiló a todos en el tiempo que lleva girar la cabeza".
Rutger asintió tras comprender la naturaleza de lo ocurrido.
Eran cadáveres de orcos grises destrozados en pedazos, como si hubieran colisionado contra una mole descomunal. Aquella entidad, que se había aproximado sin emitir sonido alguno y los había pisoteado en un instante donde cualquier defensa era imposible, siguió corriendo hacia adelante dejando a su paso tan solo la muerte, sin mirar atrás ni una sola vez.
Rutger exhaló una espesa bocanada de vaho mientras contemplaba las extremidades de los orcos esparcidas por doquier.
"...... El informe de Josef era acertado".
Con esas palabras, alzó la vista y contempló la cordillera teñida de blanco. Sin embargo, la montaña nevada de cumbres afiladas no le ofreció respuesta alguna a la mirada de Rutger sobre qué era lo que albergaba en sus entrañas.
Aquel ser perfecto que antaño fue destrozado miembro a miembro por el Maestro de la Espada se precipitó hacia la tierra, esparciendo su sangre por todos los rincones del mundo.
De ese modo nacieron los vestigios de los dragones caídos.
Algunos dragones perdieron sus alas; otros perdieron sus ojos. Así, aquellos dragones quedaron diseminados por el mundo, olvidando incluso que alguna vez lo fueron.
Y ahora, por motivos que aún se desconocían, un ser poseedor de las patas más perfectas de todas había comprendido su verdadera naturaleza draconiana.
\* \* \*
"¡Uff!"
En medio del amplio patio de armas, un muchacho de cabellos dorados corría bañado en sudor. Con pesados sacos de arena atados a ambos brazos y a ambas piernas, Vlad corría sin permitirse un solo instante de respiro.
\*¡Hiiigh!\*
Tal vez al corcel negro le resultaba cómica la silueta de Vlad tambaleándose por culpa de los pesados sacos de arena a pesar de su férrea determinación, pues correteaba dando saltos juguetones a su lado. Al contemplar a la criatura tan exultante, Vlad no pudo más que jadear con aspereza.
"Es-esto... ¿hasta cuándo tengo que seguir corriendo?".
"Hasta que sientas que has llegado a tu límite".
"Pero... ¿por qué? ¿Por qué llegar a semejante extremo?".
"¿No fuiste tú quien dijo que quería aprender a usar el Aura como yo? Pues ahórrate las quejas y corre".
Ante la tajante respuesta de Sir Ramund, Vlad volvió la mirada al frente, apretó los dientes y reanudó la carrera. Con cada gota de sudor que caía desde la punta de su barbilla, maldecía a Ramund en lo más profundo de su corazón.
"......"
Al observar a Vlad correr, Ramund se sumió en cavilaciones.
Había nacido en los oscuros callejones, se había criado entre rameras deslumbrantes y, para colmo, poseía una apariencia innecesariamente atractiva. Debido a tales orígenes, era inevitable albergar ciertos prejuicios hacia él; no obstante, el muchacho frente a sus ojos corría en silencio, semejante a un buey labrando la tierra, sin emitir una sola queja ni lamento.
'Es extrañamente diligente'.
Al ver a Vlad entregarse al entrenamiento sin chistar, Ramund sintió una pizca de alivio. Al menos había confirmado que el muchacho no era de esos imprudentes que se desbocan confiando ciegamente en su talento natural.
"¡Piensa mientras corres! ¡Imagina que estás introduciendo el Aura en el interior de tu cuerpo!".
El viejo caballero le gritaba con voz potente a un Vlad que corría ahogándose en jadeos.
Hacerlo correr sin rumbo fijo cargando un peso asfixiante podía parecer a simple vista un método de adiestramiento obsoleto y tosco; sin embargo, Ramund no era un hombre de mente cerrada que se limitara a rendir pleitesía a los viejos cánones. Su forma de entrenamiento había sido concebida con absoluta precisión, calculada a la medida del estado actual de Vlad.
El muchacho poseía talento y determinación, pero carecía de la destreza marcial y la resistencia física necesarias para canalizarlos. Por el contrario, sus sobresalientes cualidades físicas innatas lo habían llevado a descuidar el acondicionamiento corporal que debía cultivar sin descanso; Ramund lo había advertido de inmediato y, por esa razón, lo estaba empujando al límite.
"¡¿Qué fue lo que hiciste en aquel momento?! ¡Cuando derribaste a ese bárbaro contra el suelo!".
Un cuerpo que roza sus límites está destinado a seguir creciendo, y una carne despojada de toda fuerza buscará, por naturaleza, llenarse con algo diferente. Ramund utilizaba la aguda percepción adquirida a lo largo de incontables años para calibrar sin tregua los confines de la resistencia del muchacho.
"¡Aaaagh!".
Los rugidos de Ramund resonaban justo en el instante en que Vlad creía desfallecer. Al escuchar aquellos gritos de mando, Vlad cerró una vez más su ojo izquierdo y comenzó a invocar su mundo interior. Sin embargo, aquel mundo del muchacho, incapaz de manifestarse a través de la espada, se disipaba en todas direcciones, extraviado y sin rumbo fijo.
'¿De verdad esto sirve de algo?'.
Habiendo recorrido el patio de armas hasta perder la cuenta de las vueltas, Vlad llegó al punto de sentir el sabor metálico de la sangre en el fondo de la garganta. No obstante, la mirada de Ramund continuaba firme e inmutable, y cada vez que Vlad la contemplaba, un brote de terquedad mezclado con alivio florecía en su pecho.
'Aún puedo seguir adelante. Parece que todavía soy capaz de resistir'.
El esfuerzo desprovisto de un objetivo y una dirección claros no pasaría de ser un forcejeo estéril; pero ahora el muchacho tenía a su lado a alguien que le marcaba el camino con paso firme, y por ello era capaz de avanzar sin la menor vacilación.
Fue en ese preciso instante en que el pie izquierdo de Vlad, exhausto y carente de toda fuerza, pisó con pesadez el suelo.
"¡......!".
Desprovisto por completo de fuerzas, el cuerpo del muchacho se aferró a una brizna de color procedente de su mundo interior para satisfacer la férrea voluntad que lo empujaba a seguir avanzando. Aquella sensación que había tenido presente sin cesar mientras corría comenzó a trepar sigilosa hasta alcanzar sus muslos, tensando de pronto sus músculos con violencia. Exactamente como la cuerda de un arco al disparar una flecha.
"¡Aargh!"
En un parpadeo, su visión pareció ser arrastrada con brusquedad hacia el frente. Al menos, eso fue lo que creyó Vlad. Ante semejante salto repentino, que rebasó a la montura en un suspiro acompañado de un grito ahogado, el bribón azabache abrió los ojos de par en par por el asombro.
\[Amortigua la caída. De lo contrario, saldrás herido.\]
"¡Uuaagh!"
Frente a un movimiento que ni él mismo había previsto, Vlad pataleó en el aire durante un instante antes de rodar aparatosamente por el suelo con gran estrépito. Una polvareda comenzó a alzarse en espirales sobre la estrepitosa caída del muchacho.
"Ja..."
Al contemplar la escena, Sir Ramund no pudo evitar soltar un hondo suspiro que brotaba desde lo más profundo de su pecho. Era un suspiro suspendido a medio camino entre el regocijo y la estupefacción.
"... Le ordené que lo intentara, pero que lo consiga a la primera..."
Desprenderse de aquello que uno atesora siempre deja un poso de renuncia. Y para Sir Ramund, el arte del fortalecimiento corporal, pulido y perfeccionado a lo largo de toda una vida, era precisamente uno de esos tesoros.
"¡Aaargh! ¡Se me acalambró la pierna! ¡Un calambre!"
\*Hiii-iin.\*
Cubierto de tierra de pies a cabeza, Vlad rodaba por el suelo mientras se apretaba el muslo con desesperación. A su lado se aproximó aquel bribón azabache, resoplando indignado y bufando por los ollares como si le recriminara la osadía de haberlo rebasado. Sin embargo, Sir Ramund se limitó a chasquear la lengua y a avanzar con paso pausado mientras contemplaba semejante alboroto. Al fin y al cabo, había cosas a las que ni siquiera la vejez permitía renunciar con facilidad.
\*\*\*
Vlad yacía despatarrado, sin una pizca de fuerzas, sobre una mesa desierta. Justo enfrente tenía servida la cena que Marcela le había preparado, pero en ese instante le costaba horrores levantar siquiera una cuchara.
"... ¿No terminaré muerto a este paso?"
Por la mañana, duelo de adiestramiento con Sir Zayar. A mediodía, entrenamiento de aura con Sir Ramund. Y por la noche, deliberar con la voz en su mente sobre los progresos de la jornada. La tutela de un solo maestro ya habría sido un privilegio digno de infinita gratitud, y Vlad era plenamente consciente de ello; no obstante, el cuerpo encargado de asimilar todo aquello chillaba de dolor. Eran tres las doctrinas que debía absorber, y cada una de ellas pertenecía a un mundo fuera de lo común.
"Vaya, vaya, jefe. ¿Qué tal te va?"
"... Piérdete."
Vlad le gruñó a Goat, quien subía por las escaleras dedicándole una amplia sonrisa.
"Por lo general acato las órdenes del jefe, pero ahora mismo no puedo largarme. El señor Josef me ordenó que me instale aquí a partir de hoy."
Goat le sonrió al maltrecho Vlad, que apenas se movía sin fuerzas, mientras depositaba junto a la mesa el equipaje que traía consigo.
"Dondequiera que haya un caballo, debe haber un mozo de cuadras que cuide de él, ¿no es así?"
"..."
Al ver a Goat vanagloriarse y soltar bromas sobre cómo, a fin de cuentas, sentía una conexión especial con aquel animal desde el principio, Vlad esbozó una mueca socarrona.
"¿Ah, sí?"
Sufrir semejante calvario a solas resultaba exasperante. Pero compartir las penurias entre los dos aliviaría al menos un poco el corazón. Al evocar a aquel bribón azabache, que ya se había escapado de las caballerizas en dos ocasiones porque aborrecía los espacios cerrados, Vlad se encogió de hombros.
"Pues mucho ánimo."
"¿Eh? Eh... gracias."
Goat no pudo evitar sentir una punzada de inquietud al contemplar la extraña sonrisa que Vlad le dedicaba.
Vlad forzó el entumecido cuello, rígido como si se hubiera petrificado, para dirigir la mirada hacia Jemina, sentada al otro lado. La muchacha ordenaba los obsequios que le habían enviado mientras redactaba un inventario detallado. Aunque el esplendor deslumbrante de hacía unos días se había esfumado por completo, los pendientes que adornaban sus orejas seguían centelleando con la misma intensidad.
"¿Quieres que te compre unos pendientes?"
"Estos son caros."
"Pero si son de Marcela."
"Ahora son míos."
Aquella joven se había valido del vestido y las joyas prestadas por Marcela para traer consigo a aquel bribón azabache. Como ella le había resuelto un asunto que anhelaba con desesperación, Vlad deseaba tener algún detalle con ella, pero Jemina rechazó el ofrecimiento con implacable frialdad.
"Alguien que ni siquiera cobra un salario decente no debería andar metiendo las narices en los pendientes ajenos. Mejor ponte a ahorrar dinero."
"Pues sí que me dan una paga."
"¡Ja!"
Jemina soltó un bufido burlón al oír a Vlad proclamar con orgullo que recibía una mesada.
"¿Acaso tienes idea? Los gastos de la estancia de ese vejestorio aquí se están cargando enteritos a tu cuenta."
"... ¿Por qué?"
Ante aquellas palabras totalmente imprevistas que brotaban de labios de Jemina, Vlad se puso de pie de un salto, como si lo hubiera fulminado un rayo.
"Qué sé yo. Dijeron que al menos esa parte te corresponde pagarla a ti."
"¡¿Por qué?!"
"¡Yo qué voy a saber!"
Jemina soltó un grito estridente y le estampó con fuerza sobre la mesa el libro de cuentas en el que había estado escribiendo.
"¡En resumidas cuentas, ahora eres un deudor! ¡Así que más te vale tenerlo presente!"
Jemina le lanzó una mirada fulminante que parecía advertirle que no se conformara con una mísera propina, y se dio la vuelta para bajar las escaleras, dejando a Vlad con los ojos desorbitados por la conmoción.
"¿Por qué tengo que ser yo...?"
Tan vacilante como la mirada de Vlad, las páginas del libro que Jemina había rellenado estaban repletas de trazos torcidos y desgarbados. Y es que, con el mismo afán con el que el muchacho se esforzaba por avanzar hacia adelante, la joven también se desvivía por no quedarse atrás en su senda.
\*\*\*
"Humph. Como si fueras a saldar tu deuda con unos míseros pendientes. Ni soñarlo."
\*Hiii-iin.\*
Jemina bajó al establo habilitado en la planta baja y le tendió una zanahoria a aquel bribón azabache, que aguardaba expectante por ella.
"Tú también opinas lo mismo, ¿a que sí? Vaya, pero qué bien comes."
Aquel bribón azabache resopló complacido mientras trituraba con deleite la reluciente zanahoria escarlata que la muchacha le ofrecía.
"Eso es. Cómetela y luego échame una mano, ¿de acuerdo?"
Como si comprendiera a la perfección las palabras de Jemina, el azabache asintió vigorosamente con la cabeza.
Marcela se lo había advertido en su día: si pretendes atar en corto a un caballero, primero debes sujetar las riendas del caballo que monta.
Al rememorar el consejo brindado por la antigua Rosa de Shoara, Jemina reafirmó su determinación. Jamás se conformaría con ser una mera espectadora que se limitara a contemplar la espalda de aquel muchacho.
\-----
• Autor: Q10
• Traductor: Inmensurable
⚔️ El juramento de un caballero y el filo del primer Maestro de la Espada se forjan en cada batalla. ¡Deja tu reacción y comentario para avivar la llama del acero y traer pronto el siguiente capítulo! 🛡️✨

Continúa leyendo
El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela)
Capítulo 75
El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 74
Estás leyendo el capítulo 74 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 19 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.