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Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 71 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Josef ofreció una taza de té humeante mientras contemplaba a la religiosa que permanecía sentada frente a él. Era una mujer anciana, ataviada con un hábito de paño tosco pero pulcramente planchado. La madre superiora del convento tomó un sorbo del té servido por Josef antes de retomar la palabra: "Comprendo bien que el señor alcalde tenga la intención de acoger y adiestrar a ese escudero, pero le convendría andarse con cautela." Con la cabeza erguida y la cerviz inflexible, la superiora sostenía la mirada de Josef. Su sola postura en el asiento delataba una rigidez implacable. "Por lo que yo misma presencié, tal vez debido a su cuna vil, adolece de un temple arrebatado y feroz en extremo. Es un muchacho que, sin duda alguna, terminará causando desgracias." Aquel día, Vlad había sacado a Jemina del convento sin molestarse en cumplir con las debidas formalidades. De haber sopesado las consecuencias para el futuro, jamás habría obrado de ese modo; mas en la vida hay ocasiones en que las pasiones se imponen a la razón. "Le digo esto por sincera inquietud, temerosa de que sus desmanes puedan mancillar el renombre del señor alcalde." "... ¿Es así?" Josef ya estaba al tanto de que Vlad se había comportado con insolencia en el convento. Sin embargo, que vinieran a cuestionar su proceder y a hacerle advertencias a estas alturas denotaba una intención premeditada. Si la superiora se atrevía a arremeter contra un joven reconocido tanto por el sacerdote Andrea como por la archidiócesis de San Rozino, sin duda contaba con alguien de peso que respaldaba sus palabras. "Mi señor Josef." "¿Qué ocurre?" En el instante exacto en que Josef cavilaba sobre quién se ocultaba a espaldas de la abadesa, Sir Zayar llamó a la puerta y franqueó la entrada del despacho consistorial. Aunque no había recibido permiso para ingresar y sabía que su señor se encontraba en audiencia con una invitada, el caballero tenía motivos de sobra para irrumpir de semejante forma. "El mozo de cuadras que enviamos junto a Sir Ramund ha regresado." Al notar que la expresión de Sir Zayar presagiaba un asunto de extrema gravedad, Josef entornó los ojos. "Ha vuelto solo." "¿Cuál es la razón?" Josef escudriñó la mirada de Sir Zayar y asintió. "Hazlo pasar." Pese a tener a la madre superiora frente a él, la urgencia de Sir Zayar demandaba atención inmediata. "¡M-Mi señor Josef! ¡Ocurrió una desgracia!" Ante una seña de Sir Zayar, Goat, que aguardaba en el corredor, entró con paso atropellado. Su rostro cubierto de barro y sudor daba testimonio de la desesperación con la que había cabalgado. "Habla." Al recibir la venia de Josef, Goat tragó saliva con esfuerzo y comenzó a soltar a trompicones las palabras que había ensayado por el camino: "¡Han aparecido bárbaros!" En cuanto el vocablo brotó de los labios del mozo de cuadras, la madre superiora se llevó las manos a la boca por puro instinto. Había vivido los suficientes años como para conocer el pavor visceral que sembraban las incursiones salvajes. "... ¿En dónde?" "En el camino principal que conecta Shoara con Barna. Estaban masacrando a la gente que transitaba por el lugar." Semejante atrocidad parecía inconcebible; no obstante, a juzgar por la experiencia previa, aquel hombre llamado Goat gozaba de sobrada credibilidad. Su testimonio ameritaba ser tomado con la más severa gravedad. "El anciano caballero me ordenó que viniera a buscar refuerzos." Coibido por la pesada mirada de Josef o abrumado por la asfixiante premura del momento, Goat se humedeció los labios agrietados con la lengua antes de proseguir: "El anciano y Vlad capturaron al cabecilla de los salvajes como rehén y están resistiendo para contenerlos." "..." El mensaje de Goat no admitía dudas: Sir Ramund y Vlad habían apresado al líder enemigo y resistían atrincherados para resguardar a los indefensos supervivientes. Completamente solos. Únicamente ellos dos. "... Zayar. Reúne a la caballería de inmediato y ponte en marcha. Hazlo tú en persona." "A vuestra orden." "Goat. Lamento exigirte esto cuando apenas acabas de llegar, pero tendrás que servirle de guía a Zayar." "¡Entendido!" "Partid de una vez. Moveos a toda prisa." Tras despedirlos a ambos, Josef permaneció con la cabeza gacha, apoyando la frente sobre ambas manos entrelazadas como si estuviese entregado al rezo. Sin embargo, no había inclinado la cerviz para rezar. Estaba sofocando una cólera abrasadora al contemplar la audacia de aquellos bárbaros que osaban mancillar las tierras de Bayezid, al tiempo que sopesaba la advertencia que alguien pretendía enviarle a través de aquella visita. "... ¿No le parece una proeza digna de encomio?" Josef alzó lentamente el rostro hacia la madre superiora, quien no se había movido de su asiento. "Aunque su cuna sea vil y su temple impulsivo, ¿acaso no se halla ahora mismo protegiendo a los corderos del rebaño en fiel cumplimiento de la voluntad divina?" "... En efecto, así es." A los ojos de la superiora, la mirada que despedía Josef en ese instante era infinitamente más peligrosa que la de aquel joven escudero. Era el brillo implacable de un gobernante que dejaba en claro que, de surgir una tormenta, sin duda sería desatada por su mano y no por la del muchacho. "Transmítale mis palabras a Su Eminencia, madre superiora." La ciudad de Shoara obedecía al pulso de dos voluntades. Josef Bayezid, su legítimo gobernante, investido por el derecho inalienable de su linaje. "Dígale que agradezco sinceramente su preocupación por mi bienestar." Y el obispo de Shoara, el pastor consagrado al amparo espiritual de las almas según las sagradas doctrinas. Por designio de ambos hombres se regía la urbe. "Y hágale saber también que muy pronto acudiré a visitarlo en persona." A pesar de pertenecer a esferas dispares, dos señores que gobernaban dentro de las mismas murallas estaban inexorablemente predestinados a chocar tarde o temprano. Al fin y al cabo, tanto la potestad terrenal como la autoridad de la fe se nutrían de la devoción del mismo pueblo. Más allá de los ventanales de la alcaldía, el estruendo de los cascos de la caballería resonó con furia al romper la marcha. \*\*\* De haberse tratado de vulgares forajidos, la banda se habría desbandado en el instante en que capturaron a su cabecilla. Sin embargo, no eran salteadores de caminos, sino los aguerridos guerreros de la tribu Buda-at, y Age no solo era su comandante, sino también el hijo legítimo del caudillo. "¿No le parece que el número de enemigos no hace más que aumentar?" "... Un contingente bastante numeroso se había infiltrado hacia el sur." Ante la observación de Vlad, Sir Ramund asintió con adusta gravedad. Los bárbaros se negaban a abandonar a su líder. Acosaban y hostigaban sin tregua a Sir Ramund y a Vlad, quienes descendían lentamente hacia el sur resguardando a los civiles mientras el cerco enemigo se cernía sobre sus pasos. Incluso ahora, cuando las almenas de Shoara apenas comenzaban a dibujarse en la bruma de la distancia. "Parece que el muchacho Goat logró alcanzar su destino." Sin embargo, aquel extenuante pulso que se había prolongado durante más de una jornada tocaba a su fin en este preciso momento. Con la espada firmemente asentada contra la garganta de Age, Sir Ramund clavó los ojos en la densa polvareda que se levantaba en el horizonte. Eran los soldados de Shoara. "... Parece que nos hemos demorado un poco." "No olvides que esta es tierra de los Bayezid." Age asintió con la cabeza mientras contemplaba las fuerzas que acudían al galope desde Shoara. Si los guerreros que había traído consigo se hubieran reunido aunque fuera un poco antes, por mucho que dos de sus adversarios fuesen capaces de manifestar el aura, jamás habrían conseguido proteger a todas las personas allí congregadas. De haber sido así, al menos él habría logrado quedar en libertad. "Ha sido un juicio excelente, anciano." La determinación de mantenerlo sometido bajo custodia mientras conducía a la multitud de regreso a Shoara. Y el tino de calcular la distancia y el momento exactos para despachar a Goat hacia la ciudad, previendo el riesgo de ser alcanzados. Si cualquiera de las dos decisiones hubiera fallado o no se hubiese podido ejecutar, la comitiva, en lugar de contemplar las murallas de Shoara, se habría encontrado cercada por aquellos bárbaros desconocidos. "¿A qué demonios han venido a este lugar? ¿Por qué se adentraron tanto en nuestras tierras?" Habiendo alcanzado al fin su propósito, Sir Ramund comenzó a soltar los interrogantes que había albergado durante todo aquel trayecto. Sin embargo, la mirada de Age, más que en la punta de la espada que amenazaba su garganta, permanecía fija únicamente en el muchacho que, montado en el corcel azabache al frente, vigilaba con fiereza a sus camaradas. "Necesitábamos al Hijo de la Estepa. Por eso lo seguimos hasta aquí." "¿Y unos tipos que perseguían a un caballo se dedicaron a saquear a la gente?" "Digamos que fue para sacarnos un dinero extra de paso." Aunque Age había rodado por los suelos tras ser derribado por Vlad, no perdió un ápice de su porte altivo. "Aun así, jamás imaginé que el Hijo de la Estepa elegiría a un muchacho del imperio antes que a nosotros." A pesar de encontrarse completamente solo, el muchacho había contenido con maestría las acometidas de los bárbaros a lo largo de todo el camino. Aunque le doliera admitirlo, el hecho de que el Hijo de la Estepa lo hubiese escogido a él antes que a su pueblo debía tener, sin duda alguna, una razón de ser. "...Tendrás que explicar esto con todo detalle." Por la expresión de su rostro, parecía haber una historia oculta de por medio, pero la punta de la espada de Sir Ramund no vaciló en lo más mínimo. De cualquier manera, se trataba de invasores que habían irrumpido sin permiso en los dominios de los Bayezid para perpetrar saqueos, de modo que no había motivo para tener contemplaciones con ellos. "¡Regresen! ¡Vuelvan todos!" Al comprender que la situación ya estaba perdida, Age alzó la voz para ordenarles a gritos a sus camaradas. "¡Quédate quieto!" Ante el repentino arrebato de Age, el filo de Sir Ramund se hundió un poco más en su cuello, haciendo brotar unas gotas de sangre escarlata; con todo, Age no dejó de gritar: "¡Regresen!" Al escuchar la orden de Age, los guerreros bárbaros titubearon por un instante, pero asintieron al divisar a los soldados de Shoara que galopaban hacia ellos en la lejanía. Su líder había fracasado y caído cautivo. No tenían posibilidades de librar un choque frontal contra la guarnición a las mismas puertas de Shoara, por lo que tendrían que aguardar por una mejor ocasión. "¡Nos veremos más adelante, jefe!" Entre agudos relinchos, los bárbaros viraron las riendas de sus monturas. Solo al presenciar aquella retirada, la gente que había corrido a duras penas arrastrando sus maltrechos cuerpos como si escaparan de las garras de la muerte pudo exhalar un hondo suspiro de alivio. "¡Muchas gracias, señor caballero!" "¡Gracias por salvarnos la vida!" Entre sollozos entrecortados, los aldeanos cayeron de rodillas, desplomándose sobre la tierra. Ninguno de los presentes había creído posible conservar la vida y regresar a salvo a Shoara. Tan abrumadora y letal había sido la amenaza de los bárbaros, y tan desesperada la situación en la que se hallaban. Y sin embargo, allí estuvieron aquellos hombres que contuvieron a semejantes guerreros y los guiaron sanos y salvos hasta aquel destino. "...Por fin se acabó." Al ver a los bárbaros perderse en la distancia, el muchacho asomó apenas la punta de la lengua con alivio pueril, constatando que todo había terminado al fin. Los cabellos dorados de Vlad ondeaban al viento mientras se volvía para contemplar a la multitud... Decían que su nombre era Vlad de Shoara. ※※※※ "¿Qué es lo que ha ocurrido?" "No lo sé con certeza. De pronto esos bárbaros salieron de la nada." Pese a haber sido el protagonista del suceso, Vlad afirmó desconocer los pormenores, ante lo cual Sir Zayar asintió en silencio. "...Buen trabajo." Al aproximarse a Shoara, la partida de bárbaros que Age comandaba rozaba ya casi los cuarenta jinetes. Haberlos contenido contando únicamente con dos combatientes era una empresa más que suficiente para dejar a Vlad completamente extenuado. "Por cierto, ¿de dónde sacaste ese caballo?" La mirada de Sir Zayar se posó en el animal completamente negro sobre el que iba montado Vlad. De envergadura visiblemente superior en comparación con las demás monturas, saltaba a la vista que no era una bestia ordinaria. "¿Ah, este de aquí?" Como si hubiera estado aguardando esa misma pregunta, una amplia sonrisa floreció en los labios de Vlad. "Es el que vi en aquella ocasión, cuando nos enfrentamos al gusano de la muerte. No sé cómo se las arregló, pero vino a buscarme y me encontró." "Mmm." Aunque el agotamiento resultaba patente en sus facciones, el muchacho se encogió de hombros con satisfacción, ufano de haber conseguido al fin montar a caballo. Encontrándose en particular ante Sir Zayar, se notaba a leguas su desesperado afán por presumir. "Deja ya de pavonearte." "En cuanto regresemos, tendré que mandar a hacerle una silla a medida sin falta." "..." Vlad desbordaba un entusiasmo desmedido, pasando completamente por alto las palabras de su superior. Al presenciar semejante actitud, a Sir Zayar le entraron ganas de propinarle una buena patada; sin embargo, dado que a sus espaldas todavía se escuchaban las voces de la gente coreando a ratos el nombre del muchacho, resolvió contenerse por el momento. "Más te vale saber que con esto apenas si te has ganado el pan que comes." Se limitó a gruñirle aquellas palabras en un susurro al oído. Había salvado a los civiles de las garras de los bárbaros y, de paso, desentrañado la verdadera identidad del caballo fantasma sobre el que tantos rumores circulaban. Vlad asentía para sí, convencido de que con semejante proeza recuperaría los puntos perdidos ante los ojos de Josef; no obstante, el asunto aún distaba de haber concluido. "¿Eh? Oye, ¿qué te pasa?" ¡Hiiii-hiin! Aunque hasta hacía tan solo un instante había obedecido las órdenes de Vlad con total docilidad, el corcel negro bufó ruidosamente en cuanto se aproximaron a las puertas de la muralla de Shoara, plantando los cascos y negándose en redondo a seguir avanzando. "¿Eh? ¿Qué te ocurre?" Ante el repentino y errático comportamiento del animal, Vlad comenzó a desconcertarse, mientras los soldados de los alrededores se apresuraban a apartarse de su camino. "Decías que ibas a empezar por mandarle a hacer una silla, ¿no es así?" "No, espere... ¿por qué se pone de este modo?" Sir Zayar entrecerró los ojos para descifrar la extraña conducta del corcel negro. Por lo visto, el animal parecía haberse incomodado desde el preciso instante en que los soldados se le acercaron. "...El jinete es rechazado por los caballos, y la montura detesta a los seres humanos. No cabe duda, Dios los cría y ellos se juntan." Al contemplar a la bestia azabache, que no contenta con retroceder se alzaba ahora sobre sus cuartos traseros coceando desbocada en un arrebato de furia, Sir Zayar pensó para sus adentros que, en verdad, formaban una pareja hecha a la medida. \----- • Autor: Q10 • Traductor: Inmensurable ⚔️ El juramento de un caballero y el filo del primer Maestro de la Espada se forjan en cada batalla. ¡Deja tu reacción y comentario para avivar la llama del acero y traer pronto el siguiente capítulo! 🛡️✨
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Estás leyendo el capítulo 71 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 19 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.