Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 70 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Daba igual que no supiera de equitación o que ni siquiera estuviera sentado sobre una silla de montar.
"¡Aaaargh!"
"¡Suban a los caballos deprisa!"
¡Hiiii-iiing!
Hacia donde el muchacho fijaba la mirada, ya se encontraban allí; y apenas descargaba un tajo con su espada, ya habían pasado de largo.
Mundo y mundo.
Aquellos dos, enlazados a través del Aura y el cuerno, avanzaban hacia el mismo destino aun cuando sus miradas apuntaran en direcciones distintas.
'¡Es esto!'
Vlad sonrió de oreja a oreja al sentir el viento azotarle el rostro.
El latido de aquella fiera azabache resonaba a través de todo su cuerpo.
Sintiendo el galope salvaje de un corazón que parecía duplicar en tamaño al suyo, Vlad blandió la espada.
Para mantener encendido aquel corazón descomunal, haría falta muchísima más sangre.
"¡Vuelvan a reírse como lo hacían antes!"
Cada vez que aquella noche azabache cruzaba como una exhalación, la sangre de los bárbaros se dispersaba en una densa bruma.
Aquellos que habían desmontado, cegados por la codicia del botín, jamás volvieron a subir al lomo de sus monturas.
"¡Esa bestia lleva a alguien encima!"
"... ¡Si es el mismo animal que rechazó incluso al joven señor!"
Los bárbaros, que hasta ese instante se hallaban ocupados saqueando a los mercaderes, quedaron desconcertados al ver a Vlad abalanzarse hacia ellos con una celeridad aterradora.
En parte se debió a que era endemoniadamente veloz y a que el ímpetu de la espada que esgrimía resultaba feroz; pero lo que más los anonadó fue el hecho de que la criatura a la que habían perseguido durante tanto tiempo hubiera permitido que un humano la montara.
Los únicos dignos de cabalgar al hijo de las estepas, portador de un linaje espiritual sagrado, debían ser ellos: los propios hijos de la pradera.
Sin embargo, aquella convicción inquebrantable acababa de hacerse añicos ante la estampa de Vlad a lomos del corcel azabache.
Contrario a lo que creían, aquella bestia negra no pertenecía a nadie; había elegido al muchacho únicamente por su propia voluntad.
"¡No permitan que un mequetrefe del imperio se apropie del hijo de las estepas!"
Sintiendo aquella escena como un ultraje intolerable a lo que les pertenecía, los bárbaros apretaron los dientes e instaron a sus caballos al galope.
Con una furia que rebasaba el mero orgullo y pisoteaba sus propias almas, abandonaron las relucientes monedas de oro y comenzaron a perseguir al joven.
Aun cuando habían sido doblegados y expulsados por el imperio, existía una última línea que jamás estaban dispuestos a ceder.
'¡Vienen tras de mí!'
Vlad, que se encontraba tajando a los saqueadores, se sintió desorientado al contemplar a la horda que comenzaba a arremolinarse contra él.
Al haber conseguido apartarlos de la caravana, su cometido inicial estaba cumplido; no obstante, quedar gradualmente cercado era una situación abrumadora para un muchacho carente de experiencia en combate ecuestre.
Mientras Vlad vacilaba sin saber qué decisión tomar, los bárbaros terminaron de envolverlo en plena carrera.
Las miradas de los jinetes se clavaban en él como dagas afiladas.
Atrapado en medio de más de una decena de enemigos, Vlad apretó los dientes y se dispuso a encarar la inminente hostilidad.
"¡Bájate de ese caballo ahora mismo, mocoso!"
"¡Aquel no es un corcel que alguien como tú pueda montar jamás!"
Aun bajo las miradas punzantes que amenazaban con atravesarlo, Vlad no se intimidó.
"... ¡¿Y a ustedes qué les importa si monto a esta fiera o no?!"
'Haré lo que me plazca. Para lograrlo me arrastré hasta aquí, y escorias como ustedes no tienen ningún derecho a detenerme'.
"Váyanse al diablo, bastardos".
"¡Mátenlo!"
Al advertir el fulgor azulino que ardía en los ojos del muchacho, los bárbaros descargaron sus espadas al unísono desde todas direcciones, como si hubieran estado aguardando esa provocación.
"... ¡!"
Vlad intentó canalizar el Aura a toda prisa para hacerles frente, pero, para su sorpresa, las hojas de los jinetes ya se agitaban en vano, cortando el aire vacío a considerable distancia de él.
"¿Eh?"
¡Hiiii-iiing!
Vlad no combatía en solitario.
Tras reducir el galope con una maniobra prodigiosa, el corcel azabache esquivó en un parpadeo las estocadas que le arrojaban.
¡Pum! ¡Crac!
Acto seguido, embistiendo con brutal fiereza a los caballos que corrían a sus flancos, comenzó a despedazar el cerco que le habían impuesto.
Aquel animal azabache también tenía una cuenta pendiente que cobrarles.
Un cuerno blanco que solo se revelaba dentro del mundo que lo enlazaba al muchacho.
Las pupilas de la bestia, que resplandecían al unísono con aquel cuerno, comenzaron a ejercer una presión abrumadora sobre las monturas enemigas.
Era un porte y una ferocidad inconcebibles para una criatura herbívora.
"¡Sooo, soo!"
"¡Maldita sea! ¡Nos ha ganado la espalda!"
Vlad, que hacía apenas un instante se hallaba atrapado como en una inmensa red, ya había rasgado la trampa y se posicionaba a espaldas de los bárbaros.
Una posición que únicamente correspondía a un perseguidor y a un depredador.
"¡Lancen los lazos!"
Mientras Vlad aún asimilaba el repentino vuelco de la situación, varios de los bárbaros arrojaron con presteza las cuerdas que empuñaban.
Eran los mismos lazos imbuidos de brujería que habían empleado la noche anterior para capturar al corcel azabache.
¡Hiiii-iiing!
Al distinguir aquellos lazos cargados de una ponzoña que escapaba a su control, el azabache soltó un relincho de angustia.
En su memoria revivió de golpe el cielo nocturno de aquel aciago día, cuando las ataduras llovían sobre él desde todos los flancos.
"¡¿Cómo se atreven?!"
Sin embargo, aquello a lo que la bestia no podía hacer frente, el muchacho lo estaba contrarrestando en esta ocasión.
Desde el ojo izquierdo que Vlad mantenía cerrado, el mundo que custodiaba en su interior comenzó a desbordarse.
"¡Cobardes miserables, no se cansan de recurrir a artimañas sucias hasta el final!"
Vlad grabó en su retina la trayectoria de los lazos que surcaban el aire y descargó su acero en el instante preciso.
Habría sido un predicamento si hubiesen atacado desde ángulos divergentes, pero el joven ya dominaba la retaguardia de la formación; por ende, aquellas cuerdas arrojadas a la desesperada volaban en línea recta hacia su frente.
¡Chas!
Al compás de un destello fulgurante, la brujería de los bárbaros fue cercenada en el acto.
Y con ella, fue sesgada la perversa malicia humana contra la que el corcel jamás había podido prevalecer.
"¡Este crío también usa Aura!"
"¡El muchacho es un caballero!"
Al ver a los bárbaros presa del desconcierto, el joven y la montura esbozaron una sonrisa salvaje.
"¡¿Ahora es mi turno?!"
La espada carente de ornamentos en la diestra del muchacho comenzó a estremecerse con violencia.
Un cielo nocturno, más implacable y afilado que los bárbaros, se abalanzaba sobre ellos desde su retaguardia.
\* \* \*
"¡Aaaargh! ¡Los caballos están aterrados!"
"..."
Al margen de la caravana, otro contingente sostenía una tensa confrontación.
Tanto el anciano que se batía entre ellos como el cabecilla de los bárbaros volvieron la cabeza casi al unísono ante los gritos insólitos que retumbaban a sus espaldas.
"¿Vlad?"
"... Maldición".
Aquellos bárbaros habían dedicado su existencia entera a perseguir y dar caza a sus presas.
Sin embargo, en el cuadro que se desplegaba ante sus ojos, eran ellos quienes huían despavoridos en calidad de presas.
Todo a causa de un muchacho rubio que blandía su hoja a lomos de un corcel azabache.
"¡Conténganlo ustedes!"
Al comprender que la situación era crítica, el cabecilla ordenó a sus subordinados inmediatos que retuvieran a Sir Ramund y partió a galope tendido hacia la zona donde cundían los alaridos.
"¡¿Adónde crees que vas, canalla?!"
Sir Ramund advirtió al instante que el cabecilla pretendía caer sobre Vlad e intentó darle alcance; no obstante, montado sobre un mero caballo de tiro que arrastraba una pesada carreta, le fue imposible emparejar la violenta aceleración de aquel jinete.
Los bárbaros restantes se abalanzaron sobre su paso, obstruyéndole el camino con el propósito de retenerlo.
"¡¿Qué demonios ocurre?!"
El cabecilla bárbaro irrumpió en dirección a sus subordinados en desbandada.
Y la estampa que halló al llegar lo dejó helado.
"¡Señor A... ¡Señor Age!"
Uno de los subordinados que se desangraba agitó con desesperación el único brazo que le quedaba al ver a Age acercarse al galope.
"¡Maldición!"
En un abrir y cerrar de ojos, el número de sus hombres se había reducido a la mitad. Y tras ellos venían en encarnizada persecución aquel muchacho de cabellos dorados y el corcel de linaje espiritual al que le había echado el ojo.
Al contemplar semejante espectáculo, que jamás habría creído posible, Age, el cabecilla de la partida, abrió los ojos de par en par.
"¡¿Cómo se atreve este bastardo?!"
Con solo presenciar una escena que le hacía hervir la sangre de pura furia, Age encajó una flecha en la cuerda de su arco. Apuntando hacia el muchacho, cuya presencia innata destacaba con fuerza incluso en la distancia, una flecha despiadada salió disparada.
En ese mismo instante, las orejas del animal azabache se aguzaron.
¡—!
"¡Ugh!"
Vlad, al sentir que el corcel azabache se ladeaba de golpe, se aferró a sus crines y, por puro instinto, pegó su cuerpo por completo al lomo del animal.
\*¡Fiiiuuu!\*
Un viento gélido y lúgubre le rozó la oreja en un parpadeo. Era el silbido producido por la flecha que Age acababa de disparar, la cual había perforado el aire exactamente en el punto donde, una fracción de segundo antes, se encontraba la cabeza de Vlad.
Vlad alzó la mirada de inmediato y fulminó con ferocidad la dirección de donde provenía el proyectil. Era un guerrero bárbaro que, a diferencia de los suyos, llevaba la cabellera atada con cordones de vivos colores.
"¡Tú, maldito perro! ¡Eres el de hace un momento!"
Vlad rechinó los dientes al reconocer al hombre de mirada despiadada que le había disparado una flecha desde lo alto de la colina.
"..."
Age también se quedó atónito al ver que el corcel había eludido su disparo. Sabía de sobra que un caballo nacido con sangre espiritual distaba de ser ordinario, pero jamás esperó que demostrara semejante prodigio.
'¡Tengo que acabar con ellos aquí!'
El muchacho y el corcel místico. Al contemplarlos —dos seres que alcanzaban la perfección al estar juntos y que, por su juventud, no harían más que volverse más temibles con el tiempo—, un escalofrío le recorrió la espina dorsal a Age. Había que quebrar el ímpetu de aquellos dos aquí y ahora.
"¡Rápido, rodéenlos!"
"¡Pero, señor Age...!"
"¡Yo me encargo de rematarlos!"
Los ojos de Age comenzaron a arder mientras clavaba la vista en el muchacho. Y con ellos, cobraron vida los tatuajes grabados a lo largo de todo su cuerpo. Inscrito mediante la hechicería de los bárbaros, el mundo interior de Age emergía a flor de piel.
Una vez más, la formación enemiga se estrechó sobre ellos.
"¡Eso es, ven por mí!"
Y abriéndose paso a través de las filas, un hombre arremetió a la carga.
Las miradas del muchacho y del corcel que lo veían venir destellaron con un filo punzante. A una distancia en la que podían verse reflejados en las pupilas del contrario, ambos rugieron con fiereza, como si hubiesen estado aguardando este preciso instante.
"¡Muere!"
"¡Púdrete!"
Espada contra espada colisionaron con estruendo, y sus miradas ardieron la una contra la otra. Un ruedo de combate en constante movimiento, delimitado por una barrera de caballos al galope, giraba en torno a ellos.
'Maldición.'
Con la espada en la mano, se le podía hacer frente. Vlad llegó a esa certeza tras haber cruzado aceros con Age. A los ojos del muchacho, que hasta entonces había combatido contra monstruos y guerreros de un poder absurdo, aquel combatiente de las estepas llamado Age era un contrincante al que bien podía medirse.
El verdadero problema radicaba en que ahora mismo se encontraba sobre el lomo de un caballo.
\[No tienes silla de montar. Cuanto más se alargue esto, más en desventaja estarás.\]
Tal como advertía la voz, al carecer de aperos en los que apoyarse, cuanto más se dilatara el enfrentamiento, más desfavorable resultaría para el muchacho. Al percibir el temblor que empezaba a apoderarse de los muslos del chico, el corcel azabache intentó mantener el lomo tan firme como le fue posible para aligerar la carga, pero la malevolencia que los cercaba por todos los flancos se lo impedía.
\[... ¡Hay que romper el cerco!\]
'¡¿Cómo?!'
Vlad giraba la cabeza con desesperación, esforzándose por hallar una vía de escape. Sin embargo, a su alrededor no había más que bárbaros, y esta vez ni siquiera el azabache conseguía desgarrar el cerco con facilidad.
"¡¿Y siendo tan poca cosa te atreviste a montar un caballo sagrado?!"
Y es que la presencia abrumadora de Age, pegado a su costado, sofocaba tanto al muchacho como a la montura.
"..."
En ese instante, la figura de Ramund, que venía a la carrera tras ellos, cruzó el campo visual de Vlad. Aunque los jinetes bárbaros lo tapaban en parte, la reluciente calva de Ramund resultaba inconfundible incluso con una mirada fugaz desde la distancia.
'Salvo por un puñado de guerreros excepcionales, estos tipos jamás se atreverían a medirse contra un caballero. Solo hay que anular la movilidad que caracteriza a los bárbaros.'
Eran las palabras que le había transmitido aquel curtido caballero: a los bárbaros se les puede dominar con solo derribarlos de sus caballos.
Al ver a Ramund aproximarse por la retaguardia y contemplar un cerco que no dejaba escapatoria, las pupilas de Vlad destellaron con un fulgor azulino y gélido.
"¿Dicen que ustedes nacen sobre los caballos, no?"
"¿Qué?"
Age percibió de inmediato cómo el temple de Vlad cambiaba de manera drástica. Incluso advirtió cómo las comisuras de los labios del chico se curvaban hacia arriba.
"Pues yo me he revolcado en el fango allá abajo toda mi maldita vida."
Nacido en los callejones de Shoara, aquel muchacho jamás se había despegado del lodo.
"¡Si ya jugué a su juego hasta aquí, ahora les toca a ustedes bailar a mi ritmo!"
En otras palabras: el muchacho estaba más que acostumbrado a las peleas en el barro. Porque allí era donde había nacido.
"¡Pero qué clase de des...!"
Age se quedó pasmado al ver aquellos ojos salvajes abalanzarse directamente contra él, saltando desde el lomo de su montura.
"¡Bájate de ahí, pedazo de escoria!"
En plena carrera de los caballos, Vlad atrapó a Age con una temeridad ciega. Ante la embestida del muchacho, que se arrojó con todo el peso de su cuerpo como si buscase arrastrarlo a la muerte con él, Age solo atinó a retorcerse, presa del mayor de los desconciertos. Podía jurar que en toda su vida jamás había sufrido un ataque tan disparatado.
"¡Khaagh!"
Derribado por el acto imprevisible de aquel muchacho, encarnación viva de lo inesperado, el guerrero bárbaro cayó en picada hacia la tierra. Acto seguido, un dolor desgarrador le azotó la espalda contra el suelo.
"..."
Al ver el suelo aproximarse a toda velocidad en un manto sombrío, Vlad evocó la reluciente calva del anciano caballero. En un instante infinitesimal, Vlad rememoró la estampa presenciada aquel día y concentró su aura sin titubear hacia el hombro que impactaría primero contra el terreno.
No se lo habían enseñado formalmente, pero lo había visto y lo había sentido en carne propia.
"¡Ugh!"
En medio de la densa polvareda que se levantó con el choque, el hombro izquierdo del chico, estrellado contra la tierra, desprendía un tenue resplandor.
\* \* \*
"¡Este... este insensato de mierda!"
Ramund, que llegaba a la carrera tras ellos, se quedó horrorizado al ver a lo lejos cómo el muchacho rodaba por los suelos tras haberse abalanzado sobre el cabecilla de los bárbaros. Por muy robusto que fuera el cuerpo de un caballero, precipitarse de semejante guisa ponía en grave riesgo la propia vida.
Sin embargo, cuando la espesa polvareda se disipó, la escena que se abrió ante los ojos de Ramund fue completamente contraria a sus temores.
"... Yo soy Age, de la tribu Buda-at."
Empapado en la sangre que manaba de diversas heridas, el muchacho sostenía en alto una espada carente de adornos. Y bajo el peso de aquel chico yacía aplastado el guerrero bárbaro.
"No tengo ningún nombre que darle a una escoria como tú."
El muchacho lo había aprendido bien: para proclamar el propio nombre con orgullo, uno debía obrar con honor. El bárbaro que tenía inmovilizado bajo su cuerpo no era más que un salteador de caminos que había saqueado y asesinado a la gente de Bayezid.
"..."
Ramund se quedó sin palabras ante la estampa que se desplegaba ante él.
El hombro izquierdo del muchacho aún destellaba con un tenue fulgor. Al contemplar el aura resplandecer a través de las rasgaduras de la armadura de Bayezid, Ramund tragó saliva pesadamente.
"... ¿Cómo demonios te atreves a robarte una técnica antes de que siquiera te la enseñe, mocoso del demonio?"
Todos los presentes clavaban la mirada en el muchacho.
El muchacho que cabalgaba a lomos de un corcel de linaje espiritual, siguiendo la vieja tradición de los bárbaros. El muchacho que, vistiendo la vieja tradición de los Bayezid, había imitado su propia aura.
En el interior del mundo de aquel muchacho, dos antiguos legados se entrelazaban.
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• Autor: Q10
• Traductor: Inmensurable
⚔️ El juramento de un caballero y el filo del primer Maestro de la Espada se forjan en cada batalla. ¡Deja tu reacción y comentario para avivar la llama del acero y traer pronto el siguiente capítulo! 🛡️✨

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El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela)
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El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 70
Estás leyendo el capítulo 70 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 19 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.