Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 69 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
El valor de las cosas siempre resplandece en cualquier lugar.
"¡Allí está! ¡Cierren el cerco, rápido!".
"¡Maldita bestia, cómo nos hace batallar!".
Y las cosas que resplandecen son codiciadas por todos.
"......!".
Bajo un cielo nocturno teñido de su mismo color, un caballo completamente negro huía a la carrera. Había delegado su deber como líder de la manada para seguir los recuerdos de aquel día y buscar al muchacho, pero la codicia de los humanos por adueñarse de un ser resplandeciente bloqueaba su camino cada vez que intentaba avanzar. Lazos impregnados de siniestros conjuros volaban hacia el corcel azabache, por doquier y desde todas direcciones.
En el horizonte donde tu mundo y el mío se encuentran, nos convertimos en un solo ser. Un mundo ensanchado prometía un mayor potencial de elevación, pero el muchacho que aquel día había enfrentado al gusano mortal a su lado no estaba presente en este lugar. Por ende, la criatura azabache no tenía más remedio que soportarlo todo por sí misma y en completa soledad.
¡Hiiii-iiing!
Bajo la luna que acababa de alzarse, el desgarrador relincho del caballo negro resonaba en la inmensidad.
※※※※
Bajo un radiante cielo veraniego, una carreta cargada de heno avanzaba por la llanura.
Un anciano con el sombrero de paja calado hasta las cejas y, a su lado, un muchacho que soltaba un bostezo. Y un joven de mandíbula prominente que conducía los caballos con ambos a cuestas sobre la carreta. Apiñados dentro de aquel modesto carromato, la estampa de los tres parecía distar leguas enteras de cosas tales como caballeros o espadas.
"¿Hasta dónde dice que vamos?".
"Hasta Varna".
"¿Pero está bien que nos quedemos así echados?".
"Ya dijeron que vendrá por su cuenta".
El grupo seguía sigilosamente los pasos de una comitiva mercantil que avanzaba rumbo a Varna. Según los testimonios, el caballo que se presumía un corcel fantasmal no solo era veloz, sino que cada vez que había personas montadas en carruajes o carretas, las vigilaba y tanteaba desde la distancia.
"Es una bestia con intenciones claras. Desde luego, no se trata de un caballo ordinario".
"......".
Al escuchar las palabras del anciano, Vlad y Goth no pudieron evitar que los recuerdos de aquel día acudieran a sus mentes por cuenta propia. La aldea envuelta en niebla, el jinete decapitado y el corcel espectral que montaba. Les resultaba sumamente incómodo pensar que, tal vez, aquel siniestro rastro los hubiera seguido hasta Shoara.
"Qué buen cielo. Y corre una brisa agradable".
Al margen de las preocupaciones de ambos muchachos, a Ramund parecía complacerle la tranquilidad con la que se movían. Tomó una brizna del heno amontonado, se la metió en la boca y comenzó a masticarla con aire juguetón.
"¿Cuánto hace que empezaste a usar aura?".
"Unos tres meses, creo. O tal vez cuatro......".
"¿Y la despertaste a partir de Dermar?".
"Sí".
"Ummm".
El anciano se sumió en sus pensamientos mientras contemplaba la espalda del muchacho a través de los huecos de su sombrero de paja. En un principio, el propósito de haber salido hasta aquí era investigar a aquel misterioso caballo, pero a decir verdad le daba igual si no llegaban a encontrarlo. Al fin y al cabo, el motivo primordial por el que Ramund permanecía en Shoara no era otro que el muchacho que tenía enfrente. Su única intención era permanecer al lado de Vlad durante los días de búsqueda para observarlo, evaluarlo y, si demostraba talento, enseñarle algo de provecho.
"Tres meses es bastante pronto".
"¿A qué se refiere?".
Ante la pregunta del muchacho, Ramund se quitó el sombrero de paja y clavó su mirada en los ojos de Vlad.
"Tu aura es densa para el poco tiempo que llevas desde que la despertaste. Aunque lo que resulta curioso es que aún no hayas encontrado tu propio color".
"......".
En cuanto la conversación giró hacia el aura, Vlad empezó a escuchar al anciano con total atención, aunque intentando disimular su interés. Zayar y la voz siempre se limitaban a recalcarle los fundamentos básicos, sin profundizar jamás en enseñanzas directas sobre el aura. Él no había hecho más que avanzar a tientas, comprendiéndolo todo por su propia cuenta.
"El aura es la manifestación concreta de la propia imaginería mental. Que no hayas encontrado tu color significa también que tu mundo interior aún no se ha definido".
"¿Y cómo se hace para encontrar ese color?".
Al ver las pupilas azules del muchacho, a Ramund se le escapó una sonrisa. Aun así, pensó que no debía revelarle demasiado; al fin y al cabo, Zayar tendría su propia senda trazada para él.
"Muéstrate un poco más hacia el exterior del mundo. No te limites solo a esconderte".
"No entiendo qué quiere decir con eso".
Ramund meditó un instante ante la duda de Vlad y, juzgando que revelar tanto no haría daño, abrió la boca.
"Construye un mecanismo que te permita extraer el mundo de tu interior hacia afuera. Los caballeros llaman a eso una llave".
"¿Una llave?".
Ante aquella palabra desconocida, los ojos de Vlad se afilaron con presteza. A Ramund le conmovió ver cómo el muchacho intentaba absorber hasta la más mínima de sus palabras.
"No es gran cosa. ¿Has visto a los caballeros que conoces usar su aura?".
"Los he visto".
"¿Y acaso esa gente liberaba el aura sin más?".
"...... ¿Acaso la usan de otra forma?".
"Te falta capacidad de observación".
Ramund apoyó la espalda contra el montón de heno y, dedicándole una sonrisa cargada de significado, continuó:
"Piénsalo bien. ¿No realizaban una acción específica antes de despertar el aura?".
"¿Una acción?".
Al oír al anciano, Vlad frunció el ceño e intentó hacer memoria. Cada vez que otros caballeros liberaban su aura, siempre había sido en medio de situaciones apremiantes, por lo que nunca había tenido la serenidad necesaria para fijarse con detenimiento. Sin embargo, al escuchar a Ramund, varias escenas acudieron a su mente.
"Chocaban la espada y el escudo......".
Sir Pablo, el caballero que lo había guiado hacia la senda del aura. Aquel hombre había entrechocado su hoja contra el escudo mientras le preguntaba el nombre al muchacho. Incluso ahora, el eco de aquel estruendo resonaba nítido en los oídos de Vlad.
"Umm, ¿y quién más?".
Rutger Bayezid, el que había decapitado al gusano mortal. Aquel hombre, semejante a un volcán en erupción, parecía haber hecho restallar la hoja de su espada con la yema del dedo. Aunque lo había presenciado desde la distancia y no podía asegurarlo con certeza absoluta.
"Y también......".
Y luego estaba Godin, el Caballero de la Luz de Luna Azul. El dueño del primer fulgor de aura que el muchacho había presenciado en su vida.
"...... ¿Besar la espada se hace también por esa misma razón?".
"Podría ser. A través de una acción concreta, uno evoca con fuerza desgarradora su propio mundo interior".
Una llave era precisamente eso: una herramienta y una suerte de rito para abrir de par en par el mundo de la propia imaginería.
"Yo simplemente la uso sin hacer nada de eso".
"Por eso es tan cutre".
Ante la seca respuesta de Ramund, Vlad se quedó sin palabras. Ciertamente, en comparación con el aura de otros caballeros, la suya apenas emitía una débil luminiscencia.
"A su debido tiempo, Zayar te lo habría enseñado con creces, pero tampoco te vendrá mal ir reflexionando sobre ello desde ahora".
Un ritual para abrir de par en par su propio mundo interior. Puesto que se trataba de una técnica al alcance exclusivo de caballeros cuyo mundo ya se hallaba firmemente arraigado, tal vez fuera una meta aún lejana para el muchacho. Al percibir la lejanía que lo separaba de la cúspide que vislumbraba en aquellos caballeros, Vlad sintió una opresión en el pecho y alzó la mano sobre él.
\[¡Agáchate!\]
"¡Abajo!".
"...... ¿Eh?".
Al oír de pronto aquellas advertencias imprevistas, Vlad agachó la cabeza por puro reflejo instintivo.
¡Taaan!
"¿Qué demonios?".
Soltando una exclamación perpleja, Vlad giró el rostro hacia el lugar de donde provenía el ruido. Allí estaba Ramund, sujetando con la mano una flecha cuyo astil aún vibraba intensamente.
"Parece que las cosas no van a salir fáciles".
A través de las rendijas del sombrero de paja, la mirada de Ramund se tornó feroz.
"¡Emboscada!".
"¡Son bandidos a caballo! ¡En guardia todos!".
La caravana que avanzaba se detuvo en seco. Al mismo instante, clamores de guerra estallaron en todas direcciones, acompañados por una lluvia de flechas que descendía desde lo alto de una colina.
"¡Vuelquen la carreta!".
"¡¿Hacia dónde?!".
Ramund identificó de inmediato la dirección desde donde volaban las flechas y señaló con el dedo.
"¡Desengancha el caballo! ¡Sujétalo bien para que no escape, cochero!".
"¡¿Sí?! ¡Entendido!".
Pese a lo repentino de la situación, Ramund evaluó el entorno en un parpadeo y comenzó a impartir órdenes a Vlad y a Goth. Gracias a una reacción tan natural y diligente, Vlad y Goth pudieron ocupar sus posiciones a toda prisa.
"¿Qué son? ¿Bandidos?".
"...... Me temo que son tipos bastante más problemáticos que unos simples bandidos".
Vlad asomó con cautela la cabeza hacia la colina de donde provenían los disparos e inquirió. Había al menos una veintena de hombres a caballo apostados sobre la cima. Vestimentas de cuero de un corte insólito, peinados extravagantes y tatuajes que les cubrían el rostro por completo. Y, por si fuera poco, proferían extraños alaridos sin cesar.
"Son bárbaros".
"¿Bárbaros?".
Al brotar semejante palabra inesperada de los labios de Ramund, Vlad puso cara de asombro.
¡Claaav!
En ese instante, una flecha se clavó en la madera justo al lado de Vlad.
"......".
A lo lejos, en la cima de la colina, había un guerrero bárbaro con el arco tensado. A Vlad le pareció que sus miradas acababan de cruzarse. Dos miradas, feroces como las de bestias salvajes, se desafiaban frente a frente.
※※※※
Carruajes ardiendo envueltos en un humo asfixiante y gritos desgarradores de mercenarios que se desgañitaban:
"¡Maldita sea!".
Y una lluvia incesante de flechas. Contemplando una flecha clavada en la tierra que no dejaba de temblar, Vlad usó la carreta volcada como parapeto y comenzó a examinar la situación con suma atención. Jamás se le habría cruzado por la cabeza que las cosas fueran a torcerse de semejante manera.
"¿Por qué demonios hay bárbaros aquí?".
"......".
Cualquier habitante del norte conocía de sobra la existencia de los bárbaros que moraban más allá de las fronteras septentrionales. Vlad sabía muy bien que existían pueblos que, tras rechazar las enseñanzas de la Iglesia, habían forjado sus propios dominios para subsistir.
"¡Pero si esto es el Condado de Bayezid! Por muy lejos que hayamos salido, apenas nos separa un día de camino desde Shoara".
"En eso tienes toda la razón".
Sin embargo, el problema radicaba en que aquellas tierras pertenecían al Condado de Bayezid, una región situada muchísimo más al sur de donde solían merodear los bárbaros. Incluso alguien tan curtido como Ramund se mordía los labios, sumido en cavilaciones, pues era la primera vez que presenciaba algo semejante. Por más vueltas que le dieran, aquellos invasores no tenían motivo alguno ni beneficio que justifique haber descendido hasta el corazón de Bayezid.
Pero el ataque ya se había desatado, y ahora correspondía idear una salida.
Chiiing.
"Y yo que creía que viajaríamos tranquilos".
Vlad masculló que su vida sin duda debía de estar torcida de nacimiento y desenvainó su espada. Ramund también desenvainó la suya y le ordenó a Goth:
"Cochero. Ponle la silla al caballo. Si queremos hacerles frente a esos desgraciados, necesitamos una montura".
Ramund ya estaba trazando en su mente la forma de quebrar la desventaja. Las profundas arrugas marcadas en su frente dejaban en claro que la situación distaba de ser sencilla.
"Salvo unos pocos guerreros escogidos, son tipos que jamás se atreverían a medirse cara a cara contra un caballero. Lo único que debemos quebrar es la movilidad propia de los bárbaros".
Se decía que los bárbaros convivían con los caballos desde el día de su nacimiento. Al oír a Ramund afirmar que todos ellos, sin distinción de sexo o edad, eran jinetes consumados, Vlad no pudo evitar morderse los labios. El combate ecuestre era una de las debilidades más dolorosas que arrastraba el muchacho.
"¡Escuchen bien! ¡Tampoco es nuestro deseo matarlos a todos!".
Los bárbaros, que llevaban un buen rato hostigando y amenazando a la comitiva con sus flechas, juzgaron que había llegado el momento idóneo. Lanzando gritos atronadores para infundir terror, comenzaron a descender por la pendiente de la colina.
"¡Si pagan el peaje, les perdonaremos la vida!".
"......".
En medio de la multitud sobrecogida por el silencio, un hombre con aspecto de mercader alzó los brazos y gritó. Era el dueño de la caravana que encabezaba la expedición.
"¡Pagaremos el peaje! ¡Detengan el ataque, se lo ruego!".
Al escuchar aquellas palabras del mercader que sonaban a pura rendición, las comisuras de los bárbaros se curvaron en sonrisas burlonas.
"¿Cuánto desean que......?".
"¡Todo el cargamento que lleven!".
Al ver la expresión atónita del mercader, el cabecilla de los bárbaros bramó a pleno pulmón:
"¡Márchense con lo puesto! ¡Cualquiera que conserve algo en las manos verá cómo sus pertenencias se convierten en el óbolo para cruzar al inframundo!".
Los bárbaros cabalgaban en círculos alrededor de la caravana, vitoreando por adelantado una victoria que daban por consumada. Ante una exigencia tan desmedida, los comerciantes cayeron en el desconcierto, y los escasos mercenarios contratados para proteger la expedición tragaron saliva con miradas vacilantes. Si arrojaban la carga y huían, ¿acaso aquellos salvajes los dejarían marchar en paz?
"...... Esos bastardos me caen pésimo".
"Yo también intenté que me cayeran simpáticos, pero no hubo caso".
Nadie en el grupo había anticipado que los acontecimientos tomaran semejante cariz. No obstante, la vida era una concatenación de sucesos imprevistos, y a veces a uno no le quedaba más remedio que encajar en silencio las pruebas que caían con la furia de una tempestad. Este era, precisamente, uno de esos instantes.
"Vinimos a buscar un caballo y miren en qué terminó esto".
Del mismo modo que Vlad no había imaginado este desenlace, los bárbaros que se aproximaban tampoco habrían esperado que ellos estuvieran presentes en aquel lugar. Vlad cerró con calma su ojo izquierdo y aguzó el oído hacia el estruendo de los cascos que se acercaban.
"Prepárate".
"Sí".
Un caballero retirado y un muchacho que aspiraba a convertirse en caballero. Aunque ninguno de los dos ejerciera en activo como tal, las espadas que blandían albergaban el poder correspondiente a ese título. El único problema era que ese poder no alcanzaba a sus adversarios.
A diferencia de Ramund, que sujetaba las riendas del caballo listo para lanzarse a la carga, a Vlad solo se le presentaría una única oportunidad: el brevísimo instante en que aquellos hombres se aproximaran a la caravana. Esa sería la única baza para un muchacho incapaz de montar a caballo.
"Fuuu......".
Vlad templó la respiración en silencio, aguardando a los jinetes que se acercaban entre un griterío ensordecedor. Sin embargo, la incapacidad para cabalgar no era la única debilidad que arrastraba el muchacho.
¡Hiiii-iiing!
¡Hay algo ahí!
¡Los caballos se asustaron!
"¡Maldición!".
Vlad, que aguardaba pacientemente la aproximación de los bárbaros, comprendió que todo se había echado a perder al ver cómo las monturas enemigas frenaban de golpe. A fin de cuentas, aquella extraña presencia que aún no era capaz de domeñar volvía a jugarle una mala pasada.
"¡Carga! ¡Ahora!".
"¡Maldita sea!".
Los enemigos no se habían acercado lo suficiente ni habían desmontado. Pero ya no cabía esperar más; si querían blandir el acero, este era el único momento.
Pese a su cuerpo entrado en años, Ramund espoleó al caballo y salió disparado como un rayo. Todo su ser se hallaba ya envuelto en un fulgor centelleante de aura.
"¡¿Qué demonios son esos?!".
"¡Hagan girar los caballos! ¡Abran distancia!".
Al ver a aquellos dos cargando con un ímpetu fuera de lo común, los bárbaros intentaron replegarse, pero Ramund ya había acortado la distancia hasta tenerlos al alcance de la mano.
"¡Malditos engendros! ¡¿Cómo se atreven a pisar estas tierras?!".
Frenando a los bárbaros con un rugido semejante al trueno, Ramund comenzó a blandir su espada con saña implacable. Tratándose de rufianes que mancillaban el suelo que él había consagrado su vida entera a proteger, no cabía la menor compasión. La sangre carmesí comenzó a brotar a borbotones sobre su veterano acero.
"¡Es aura!".
"¡¿Por qué hay un caballero aquí?!".
Desconcertados ante el resplandor de Ramund, los bárbaros tiraron con desesperación de las riendas para cambiar de rumbo.
"¡¿A dónde creen que van, bastardos?!".
Aunque rezagado respecto a Ramund, Vlad se abalanzó hacia el bárbaro más próximo con la agilidad felina que le era propia.
\[¡Apunta al caballo!\]
Siguiendo el consejo de la voz, rebanó las corvas de la montura. El caballo perdió el equilibrio y el bárbaro que iba encima comenzó a tambalearse peligrosamente.
"¡Bájate de ahí!".
Dolor y pánico. Desesperado por huir de todo cuanto emanaba de Vlad, el caballo comenzó a corcovear sin preocuparse lo más mínimo por su jinete, y el muchacho aprovechó el descuido para aferrar al bárbaro del cuello.
"¡Kuaaargh!".
"¡Ríete ahora como hace un momento, escoria!".
Sumándole el recargo por haberlo hecho correr a pie de manera tan poco decorosa, la espada sin adornos destelló en el aire. Relinchos desgarradores y salpicaduras de sangre escarlata. Con la irrupción sorpresiva de aquellos dos hombres, el empuje de los bárbaros empezó a desmoronarse.
"¡Regresa, Vlad! ¡Ve a proteger a la gente!".
Aunque la emboscada había resultado fallida a medias, aquellos dos guerreros habían logrado asestarles un duro golpe a los bárbaros gracias a su destreza marcial.
"¡Aaaah!".
"¡No! ¡Por piedad, no!".
Sin embargo, la caravana se extendía a lo largo de un tramo demasiado amplio, y los únicos que hacían frente a los invasores eran Vlad y Ramund. Mientras tanto, los mercenarios huían despavoridos, utilizando a los aterrorizados civiles como escudo para salvar el pellejo.
"Malditos cobardes de mierda".
Vlad soltó una maldición entre dientes dirigida a los mercenarios en fuga, pero no había nada que hacer. Siendo simples mercenarios a sueldo, no tenían motivos para arriesgar la vida en una situación tan adversa.
"¡Líder!".
Al menos Goth se batía con espada en mano, pero era un hombre diestro en trampas y ardides, no un experto en el manejo de la espada. Por doquier se desataban alaridos y brotaba la sangre.
\[Consolida lentamente tu territorio. Es imposible salvar a todos los que están aquí.\]
'Maldita sea......'.
Las palabras de la voz daban en el clavo. La punta de la espada de Vlad era incapaz de detener a bárbaros que golpeaban y huían a caballo a una velocidad constante. Si él al menos combatiera montado como ellos, la historia sería distinta; pero Vlad no era más que un hombre anclado al suelo.
"¡Maldita sea todo!".
Bajen a luchar de una vez. Dejen de hostigar y huir cobardemente.
Sin embargo, burlándose de los pensamientos del muchacho, los bárbaros caían sobre los distintos flancos de la comitiva como un enjambre de avispas: despojaban, degollaban y herían sin tregua. Caballos y velocidad. Sometidos por la táctica característica de los bárbaros, las víctimas no tenían más remedio que desplomarse en tierra profiriendo gritos agónicos.
"Mamá...... mamá".
Revolcado en el fango y cubierto de heridas, un niño fue cobijado entre los brazos ensangrentados de su padre. Al presenciar aquella escena dantesca, Vlad buscó apresuradamente a Ramund con la mirada, pero el anciano atravesaba por una situación igualmente intrincada. El caballo que Ramund montaba era una bestia de carga, y con eso solo no bastaba para dar alcance a los escurridizos bárbaros. Más bien, que en semejantes condiciones de desventaja hubiera logrado aislar al cabecilla enemigo y empujarlo fuera de la caravana era ya una auténtica proeza de su veteranía.
Al verse una vez más sumido en la impotencia, la rabia invadió al muchacho.
Las facetas del mundo eran diversas. Había cosas tan elevadas que resultaban inalcanzables, tan colosales que no podían contenerse y tan veloces que escapaban a cualquier intento de captura. Al sentir todas aquellas limitaciones abalanzándose sobre él, Vlad se mordió los labios.
Otra vez lo mismo.
¡Hiiii-iiing!
En medio de un instante que desbordaba por completo sus fuerzas en solitario, un sonido penetró en los oídos de Vlad.
"......!".
Hacía largo tiempo que no lo escuchaba, pero era un clamor que reconoció al primer segundo.
"¡¿Qué es eso?!".
"¡Es ese maldito bicho!".
"¡El que escapó aquella vez!".
A lo lejos, una pequeña mota negra comenzó a dibujarse en la llanura. Y, en un parpadeo, una presencia arrolladora avanzó quebrando las filas de los bárbaros. Vlad comprendió que aquellas pupilas azabaches que se abalanzaban al galope lo estaban buscando a él.
"¡Aquí estoy!".
Alzada a lo alto, la espada sin adornos destelló bajo los rayos del sol.
Mírame, aquí estoy.
El muchacho que no podía moverse y el caballo que había tenido que esquivar los lazos se reconocieron mutuamente al instante.
"......!".
Aquella noche azabache que cruzaba veloz montó de inmediato sobre su lomo una solitaria estrella. Elevada su perspectiva de pronto, Vlad estiró el brazo de manera inconsciente, tal como había hecho aquel día. El flujo del aire que se escurría entre sus dedos se lo estaba confirmando:
"¡Vamos!".
¡Hiiii-iiing!
Ahora sí podemos correr. Ya no hace falta contenerse más.
La espada sin adornos que había perdido su rumbo se alzó con firmeza hacia el firmamento. El mundo que fluía dentro del ojo izquierdo que el muchacho mantenía cerrado. Un cuerno blanco que se alzaba sobre el lomo del corcel negro como si emergiera de su propia estela.
En el límite extremo de sus respectivas debilidades, dos mundos comenzaron a fundirse en uno solo.
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• Autor: Q10
• Traductor: Inmensurable
⚔️ El juramento de un caballero y el filo del primer Maestro de la Espada se forjan en cada batalla. ¡Deja tu reacción y comentario para avivar la llama del acero y traer pronto el siguiente capítulo! 🛡️✨

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Estás leyendo el capítulo 69 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 19 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.