Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 6 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Un hombre con armadura estaba sentado sobre una roca, limpiando su espada. El acero se hallaba manchado de sangre fresca y bermeja, señal de haber despachado a alguna bestia que se cruzó en su camino.
"Los años no perdonan. Ahora el viento invernal me cala hasta los huesos".
No podía decirse que fuese un anciano, pero las cicatrices y arrugas cinceladas en su rostro bastaban para adivinar los años vividos y la aspereza de los caminos que había transitado.
"¿Eh?".
El hombre, que limpiaba la sangre de la espada en silencio, detuvo la mano y aguzó el oído hacia un sonido lejano. El vaho blanco que salía de sus labios se dispersaba en todas direcciones.
"Vaya, qué bien imitado".
A lo lejos resonaba un leve sonido: era el canto de un cuco. Entre los árboles deshojados y marchitos que se extendían más allá del sendero trazado, un cuco llamaba con insistencia.
"No sé si es estúpido o si lo hace a propósito".
El hombre maduro chasqueó la lengua con desdén. Tras cerciorarse de que no había nadie en los alrededores, se desvió del camino y se encaminó hacia el sitio de donde provenía el canto.
¡Cu-cú! ¡Cu-cú!
A pesar de que los pasos de un hombre se aproximaban, el cuco no cambió de lugar ni dejó de cantar; continuó emitiendo su graznido como si pretendiera dejar bien en claro que estaba allí.
"Seas quien seas, ya basta. Ya estoy aquí".
En medio del bosque desierto, el hombre con armadura habló con voz sosegada.
"...... ¿Es usted el señor Stanga?".
Entonces, de entre la espesura que parecía deshabitada, emergió una figura embozada en una capucha.
"Así es. Yo soy Stanga".
El hombre llamado Stanga contempló a la persona frente a él con gesto adusto y suspicaz.
"¿Así que tú eres el tal Vlad?".
"Sí".
Cuando Vlad se retiró la capucha que le cubría la cabeza, Stanga lo miró con curiosidad.
"Me dijeron que mi guía venía de los callejones, pero mírate: pelo rubio y ojos azules. Cualquiera que te viese pensaría que eres de cuna noble".
"...... Aquí tiene la carta que le envió el jefe".
Al escuchar el comentario de Stanga, el rostro de Vlad se frunció en una mueca de disgusto.
"A ver, veamos......".
Las cicatrices de Stanga se crisparon de un modo peculiar a medida que leía la misiva con parsimonia. A Vlad le resultaba imposible descifrar su expresión: parecía que sonreía, pero a la vez daba la impresión de estar a punto de enfurecerse.
"Bien. Mi honorable mayor me pide que siga a este mocoso".
"Así es".
Un hombre impredecible. Habiendo nacido en los callejones, donde el instinto para calar a las personas se agudizaba por pura supervivencia, esa fue la conclusión a la que llegó Vlad.
"Sígame".
Mientras Vlad evaluaba a Stanga, este hacía lo propio con el jovencito que tenía delante. A pesar de la atmósfera intimidante que había impuesto a propósito, aquel muchacho rubio no se inmutaba y dejaba pasar sus palabras como si nada.
'Conque esta es la clase de sujeto que le gusta a Jorge'.
Ignoraba su nivel de destreza con las armas, pero al menos parecía un cachorro al que valía la pena pulir. Sin embargo, en este instante Stanga no actuaba como un caballero, sino como un simple viajero que deseaba llegar cuanto antes a su destino.
'Habrá que darle una lección de humildad'.
Para viajar con comodidad en lo sucesivo, consideró necesario bajarle los humos a aquel chiquillo insolente que se erguía con tanta altanería en su presencia.
"Uf...... Parece que el tipo que tengo enfrente es un auténtico idiota. Dudo mucho que sea capaz de guiarme como es debido".
"Sé guiar un camino lo bastante bien".
"No me lo parece".
Al ver a Vlad protestar con voz hosca y ofendida, Stanga curvó los labios en una amplia sonrisa.
"No es posible que tenga muchas luces alguien que imita el canto de un ave migratoria de verano en pleno invierno".
"...... Ah".
La cara de Vlad se desencajó por completo al oír las palabras de Stanga.
"Si a mitad del viaje se te ocurre decirme 'parece que no era por aquí', te rebano el cuello en el acto. Estúpido".
Viendo la turbación en el rostro del chico, Stanga sonrió satisfecho al comprobar que su estocada verbal había dado en el blanco.
※※※※
Caballero.
Una palabra capaz de conmover hasta el corazón de un huérfano de los callejones. Alguien que ostentó el título de caballero, un nombre que representaba calificación, honor y una prueba de la propia existencia, caminaba justo a su lado.
"¿Qué tanto me miras de reojo?".
"...... ¿Acaso se desgasta si lo miro?".
"Preocúpate por no perder el rumbo".
"No se preocupe. Conozco este camino hasta con los ojos cerrados".
"Ciérralos entonces".
"...... Es un decir para que entienda lo bien que lo conozco".
A pesar del reproche que acababa de recibir, a Vlad le resultaba inevitable desviar la vista hacia Stanga una y otra vez. Sabía de sobra que Jorge era un antiguo caballero, pero en él la presencia de un jefe criminal resultaba ya mucho más natural. En cambio, el hombre que caminaba a su lado aún conservaba intacta la estampa del caballero que Vlad siempre había soñado: una larga espada a la cintura, un peto reforzado con cuero, guanteletes firmemente atados y el tintineo metálico de la armadura a cada paso.
"¿Nunca habías visto a un caballero retirado? ¿Por qué me miras tanto?".
"De tan cerca, no".
"Eres un pueblerino".
"¿Y de dónde viene usted?".
"De Dacia".
"Eso sí que es una aldea remota".
"......".
Al ver que Vlad no daba su brazo a torcer ni retrocedía un milímetro tras haber recibido un escarmiento verbal, Stanga sonrió con hosquedad.
"Casi preferiría que te perdieras, para degollarte de un solo tajo".
"Acamparemos aquí por hoy".
"¿Los de ciudad siempre son tan maleducados?".
Stanga refunfuñó entre dientes, pero estuvo de acuerdo con el criterio del muchacho de acampar en ese punto. Ambos avanzaban por la espesura del bosque para eludir miradas indiscretas, y entre los árboles la noche caía mucho más deprisa.
"Te mueves bien, para ser un mocoso de ciudad".
"Es que nunca tuve una casa como la gente".
Viendo al muchacho moverse con diligencia para levantar el campamento, Stanga sonrió.
"Qué considerado, ¿hasta me preparas un sitio para mí?".
"Es el invitado de Jorge".
"Mmm".
En un abrir y cerrar de ojos, Vlad acomodó un lugar para descansar, recogió leña seca e incluso encendió una fogata.
"¿Tienes algo de comer?".
"Tengo para mí".
"¿Y para mí?".
"No me dieron comida para usted".
"......".
Stanga soltó un suspiro de resignación y no tuvo más remedio que sacar su propia cecina. Para alguien ataviado con una armadura brillante, la ración resultaba bastante miserable.
Una vez que la fogata ardió con fuerza, Vlad puso la carne seca al fuego.
"¿Está bien encender fuego si se supone que nos movemos en secreto?".
"Por eso di un rodeo tan largo. Aunque alguien descubra que hay gente aquí, con tal de que no se enteren de que traigo a un señor caballero conmigo, da igual".
Daba igual que detectaran sus huellas, siempre y cuando no descubrieran su propósito.
"Parece que mi mayor la está pasando bastante mal".
A través de las palabras de Vlad, Stanga comprendió de inmediato la difícil situación de Jorge.
"Ocultar la espada solo tiene sentido cuando se la desenvaina para dar una estocada certera".
Vlad no respondió nada; simplemente asintió con su silencio.
"...... Solo me dijo que, en el peor de los casos, no importaba si nos descubrían con tal de que lo trajera a salvo".
Al percibir por primera vez la afilada intuición de un caballero, Vlad se sorprendió internamente. Las palabras de Stanga eran ciertas: él no era un hombre que necesitara entrar a Shoara a hurtadillas. Sin embargo, la razón por la que Jorge había decidido ocultar la presencia de un espadachín como Stanga era evidente: planeaba utilizar esta contienda para cercenar definitivamente la vida de Jack el Manco.
Un caballero es una espada. Una espada sumamente afilada. Un filo que cae desde un ángulo imprevisto no es más que un arma devastadora. Aunque ahora estuviese retirado, Stanga, siendo un antiguo caballero, cumpliría ese cometido con creces.
"Oye... ¿de verdad vas a comerte todo eso tú solo?".
Stanga preguntó mirando alternadamente su propia tira de cecina y la que sostenía Vlad.
"Sí".
"Maldita sea......".
Vlad respondió sin concederle el menor atisbo de duda.
Stanga chasqueó la lengua mientras contemplaba la carne asándose al calor del fuego.
"Aunque hay que admitir que está bastante mal hecha".
"La persona que la preparó no tiene buena mano para la cocina".
Era una cecina muy peculiar. Más que tiras finas de carne curada, parecía carne picada compactada torpemente. No obstante, resultaba sumamente apetitosa.
'Hasta el olor es tremendo'.
El aroma que desprendía al tostarse sobre las brasas no distaba en nada del de un buen trozo de carne asada.
"Mmm...... Oye, ¿no tienes nada que quieras preguntarme?".
"¿Tan de repente?".
"Por cada tira de cecina que me des, responderé a una de tus preguntas. Una oportunidad como esta no se presenta dos veces".
"......".
Vlad masticó despacio la cecina que Jemina le había preparado con sus propias manos y miró a Stanga con fijeza. ¿Qué le pasaba a este hombre?
"Si se le antoja tanto, pídame una y ya".
"Un caballero tiene su orgullo, muchacho. Un verdadero caballero solo acepta una retribución justa".
"Pero usted está retirado".
"Aun así, todos los años que pasé......".
"Nombre".
"...... Stanga".
"Edad".
"Cuarenta y dos años...... Oye, mocoso".
"¿Por qué vino hasta aquí?".
Stanga atrapó las dos tiras de cecina que Vlad le arrojó, pero se quedó mudo por un instante ante aquella pregunta incisiva que le cayó encima a quemarropa. Ocultar la verdad bajo una apariencia trivial: Stanga sabía que el chico era listo, pero no esperaba que fuese tan agudo.
"Digamos que es el triste destino de un caballero que fracasó......".
Con una sonrisa amarga, Stanga ensartó la carne en una vara y respondió.
"¿Fracasó?".
"Otra tira de cecina".
Esta vez, Vlad torció el gesto con fastidio y le entregó otra porción.
"La tierra es importante. Es el cimiento sobre el que pisas, el pilar que te permite ponerte de pie por ti mismo".
"¿Se refiere a un feudo?".
"...... Algo así".
Vlad también lo sabía. El feudo era el objetivo supremo de todo caballero: aquello que convertía a un guerrero en algo más que un simple plebeyo.
"¿Quería convertirse en noble?".
Además, era el trampolín que permitía a un caballero ingresar a la alta sociedad.
"¿Convertirme en noble, dices?".
Sin embargo, al escuchar la pregunta de Vlad, Stanga dejó escapar una risa desprovista de emoción mientras introducía la cecina en el fuego.
"Simplemente...... solo quería recibir la retribución justa que me correspondía".
El fulgor oscilante de la fogata proyectó una extraña sombra sobre el rostro de Stanga.
"......".
Al notar la rigidez en la expresión del guerrero, Vlad comprendió que acababa de pararse sobre una línea que no debía cruzar. No convenía traspasar los límites. Todo el mundo tenía un rincón personal e íntimo en el que no deseaba que nadie se entrometiera.
"Está bien. En ese caso...".
Para disipar la tensión del ambiente y suavizar el semblante de Stanga, Vlad decidió actuar como un chico ordinario.
"¿Sabe manipular el aura?".
"Je, je. Vaya, veo que solo eres un mocoso fascinado por las apariencias".
Ante la pregunta de Vlad, Stanga soltó una risita burlona y volvió el rostro.
"No todos los caballeros son capaces de manejar el aura. Y además......".
"¿Y además qué?".
"Incluso si eres capaz de manifestarla, usarla en un combate real pertenece a una dimensión completamente distinta".
"¿Entonces puede usarla o no?".
Vlad creía estar fingiendo, pero se engañaba a sí mismo: sus palabras eran absolutamente sinceras. Caballero. Aura. Todo lo que el muchacho anhelaba en sus sueños más profundos yacía contenido en esas dos palabras.
"Tómelas todas".
"¿El qué?".
"Las cecinas".
Temiendo que Stanga se echara para atrás, Vlad se apresuró a entregarle la bolsa entera con las provisiones.
"Un caballero solo acepta una retribución justa, chiquillo".
"¿Quiere que le quite algunas, entonces?".
Ante la réplica de Vlad, Stanga arrebató la bolsa de sus manos a toda velocidad.
"Bueno, de vez en cuando hay que darse un gusto".
Al ver sonreír a Stanga, Vlad sintió que el corazón le latía desbocado en el pecho. Iba a presenciarlo de verdad: la esencia suprema de los caballeros, el aura. Para contemplar semejante prodigio, entregar toda la cecina que Jemina había preparado no le pesaba en lo más mínimo.
Sintiéndose algo abrumado por el brillo insaciable en los ojos del joven, Stanga carraspeó para aclararse la garganta.
"Ejem. Bien, mira con atención".
Con los ojos rebosantes de expectación, Vlad tomó la vara con la cecina que Stanga estaba asando.
¡Ssshhling!
Con ambas manos liberadas, Stanga desenvainó su espada. El arma, excelentemente cuidada y pulida, emergió de la vaina sin emitir el menor roce chirriante, con la gracia de una dama virtuosa que extiende la mano con timidez.
"¿Por qué cierra el ojo izquierdo?".
"Porque debo hacer brotar el mundo propio que habita dentro de mi alma".
"...... ¿?".
Eran palabras incomprensibles, pero Vlad se limitó a observar en silencio mientras Stanga se ponía de pie.
Frente a la fogata, bañado por la luz de la luna, se erguía el caballero. Mas a pesar de encontrarse entre dos fuentes luminosas, su imponente presencia no quedaba eclipsada por ninguna de ellas. El caballero Stanga: un hombre capaz de emitir su propia luz.
"Mira bien, novato".
Stanga besó la hoja de su acero y comenzó a susurrar unas palabras inaudibles. Aquello era un diálogo íntimo con su propia espada, y al mismo tiempo, el conjuro necesario para manifestar su mundo en la realidad.
"Uauuu".
De pronto, un resplandor azulino comenzó a ondular sobre el filo de la hoja. Aunque era tenue y sutil, albergaba con nitidez la fría pureza del claro de luna. Incluso un profano absoluto como Vlad pudo comprenderlo al instante: aquel era el mundo forjado por Stanga, y también aquello a lo que los hombres llamaban aura.
"Es realmente magnífico".
En las pupilas azules que contemplaban aquel nuevo mundo, algo comenzó a brillar con una fuerza incontenible.
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• Novela: El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas / 별을 품은 소드마스터
• Autor: Q10
• Traductor: Inmensurable
⚔️ El juramento de un caballero y el filo del primer Maestro de la Espada se forjan en cada batalla. ¡Deja tu reacción y comentario para avivar la llama del acero y traer pronto el siguiente capítulo! 🛡️✨

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El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela)
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El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 6
Estás leyendo el capítulo 6 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 19 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.