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Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 68 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Una ciudad rodeada por imponentes murallas: Sturma. El señor de aquel dominio, Peter Bayezid, se acariciaba la barbilla mientras contemplaba la magnífica armadura dispuesta frente a él. "Según el informe del señor Josef, Sir Ramund se encuentra ahora en Shoara. Al parecer, ha mostrado interés por cierto escudero de allí". "Ya veo". Peter asintió con la cabeza, rememorando el instante en que el caballero Ramund regresó por primera vez a Sturma. Habiendo servido como caballero juramentado al anterior patriarca, Ramund era un hombre a quien ni el mismísimo Peter podía permitirse tratar a la ligera. Que semejante veterano contemplara el estado de los escuderos locales solo para marcharse soltando un hondo suspiro había dejado un amargo regusto en la boca de Peter. "¿Debería decir que al menos hemos salvado las apariencias... o lamentarme de que esto sea todo lo que tenemos?". Ragmus contuvo sus palabras al advertir la mirada de Peter, que se tornaba cada vez más afilada. En sus orígenes, la Casa Bayezid gozaba de un prestigio sobresaliente no solo por sus formidables caballeros, sino también por su capacidad para instruir a jóvenes escuderos prometedores. Ramund, quien se había marchado entre suspiros, era alguien que en su juventud había ascendido desde el peldaño más humilde de escudero hasta alcanzar el manto de la caballería; por ende, al contemplar el nivel de los aprendices actuales, debió de haber sentido como si los antiguos cimientos de Bayezid se estuvieran desmoronando. Después de todo, la Casa Bayezid que él conoció en el pasado distaba mucho de semejante estampa. "Los tiempos han cambiado, después de todo, mi señor". "Aunque los tiempos cambien, hay cosas que jamás deberían cambiar". Habría sido fácil descartarlo como la mera queja de un viejo terco, pero la punzante advertencia de Ramund ciertamente había calado hondo en Peter. "Parece que he descuidado en exceso a los talentos prometedores del norte". Durante todo este tiempo, al expandir el reclutamiento de espadas externas, la calidad marcial de los caballeros se había elevado, pero el calibre de sus propios escuderos había menguado sin remedio. Aquello equivalía a decir que la auténtica identidad de Bayezid se estaba desvaneciendo, una inquietud sobre la que Peter sin duda debía reflexionar. "..." La armadura resplandecía bajo la luz del sol. La mirada absorta de Peter se desvió hacia ella por instinto. Era una pieza defensiva enviada desde la diócesis septentrional de San Rozino. En la breve misiva que la acompañaba se detallaban las circunstancias de su entrega, junto con el familiar nombre de cierto muchacho. "Parece que dejó una profunda impresión". "Ha obtenido incluso el reconocimiento formal de una institución externa como San Rozino. A fin de cuentas, nada infunde tanta certidumbre como una corroboración imparcial, ¿no le parece, mi señor?". Peter asintió con gravedad tras escuchar las palabras de Ragmus. El veredicto de los paladines de San Rozino, sumado a la predilección de Sir Ramund, un caballero forjado en los viejos tiempos... "Habrá que enviársela a Shoara". "Así se hará". Por fortuna, las antiguas tradiciones de la Casa Bayezid todavía perduraban. Al constatarlo, Peter, aunque no dejó traslucir emoción alguna en el semblante, experimentó un inmenso alivio. Pues las sólidas murallas de Sturma habían sido levantadas junto con semejantes tradiciones. \* \* \* "Ugh..." Vlad abrió los ojos sobre el lecho mientras dejaba escapar un quejido ronco. Ante el tenue dolor de cabeza que aún persistía, su entrecejo se frunció por reflejo. "¿Cómo demonios llegué aquí?". A juzgar por el paño húmedo colocado sobre su frente, alguien debió de haber cuidado de él mientras permanecía inconsciente. 'Primero me batí contra ese viejo insufrible, y luego...'. Vlad, crispando el rostro, se sentó al borde de la cama e intentó rememorar los sucesos de la víspera. Aunque sus recuerdos se hallaban entrecortados como si hubiera sufrido una borrachera atroz, había ciertas imágenes que emergían grabadas a fuego en su mente. Aquella frente resplandeciente. Una frente que, pese a relucir con brillo fulgurante, poseía una fuerza monstruosa. "... Así que eso era posible". Solía decirse que el mundo era vasto y que pululaban seres estrafalarios, pero experimentarlo en carne propia le arrancaba una risa de pura incredulidad. La frente del anciano, fortalecida con Aura, había sido tan implacable que Vlad habría preferido estamparse de lleno contra un muro de piedra maciza. "¿Acaso el Aura también puede utilizarse de semejante manera?". \["El talento de los hombres suele manifestarse en formas muy diversas"\]. Dado que no aseguró categóricamente haberlo visto todo a lo largo del tiempo, parecía que ni la voz había presenciado jamás una rareza semejante. O tal vez yacía sepultada en sus antiguos recuerdos y la había olvidado por completo. "... Bueno, supongo que si alcanzó ese nivel, es natural que aún hoy lo traten con tanta reverencia". \["Así es. Sin duda alguna es un hombre del que tienes mucho que aprender"\]. Vlad asintió en silencio ante la solemne afirmación de la voz. Aquel anciano se había negado a revelar su nombre y linaje con soltura, pero gracias a su agudo instinto, Vlad podía intuirlo a grandes rasgos. Un veterano caballero de la Casa Bayezid. Y ahora, un espadachín retirado que vagaba errante de un lugar a otro. Vlad sospechaba que se hallaba inmerso en alguna clase de rito reservado exclusivamente a los caballeros consagrados, pero para él, que aún no era más que un humilde escudero, resultaba imposible discernir qué propósito perseguía con exactitud. "¿Qué estás murmurando ahí a solas?". "... ¿Acaso te costaría llamar a la puerta antes de entrar?". Apenas Vlad recobró la compostura y se levantó del lecho, alguien empujó la puerta de par en par con aspereza. Era una muchacha menuda que cargaba tal montaña de ropa que ni siquiera se le alcanzaba a ver bien el rostro dada su escasa estatura. "¡Tendría que tener una tercera mano libre para poder llamar!". Jemina, con gesto de fastidio, arrojó la pila de ropas sobre la cama. Eran todas y cada una de las prendas que vestía Vlad. "Si las hubieras dejado en su sitio, las habría lavado yo mismo. Qué afán de entrometerte en lo ajeno". "Estimado huésped. Esto forma parte de los servicios que brinda nuestra posada". Jemina alzó la mirada hacia Vlad, forzando una sonrisa espeluznante con la que se esforzaba por fingir cordialidad. La dentadura de Jemina, que hoy lucía curiosamente blanca, le transmitió al joven un mal agüero sin motivo aparente. "Dado que el ilustre cliente se hospeda en el exclusivo cuarto piso, lo tratamos como al distinguido huésped que es. Brindarle estas atenciones es lo mínimo que nos corresponde hacer". "..." Vlad comprendió de inmediato que las palabras de Jemina no eran una simple broma. La Sonrisa de la Rosa, que no era sino una extensión de la propia alma de Marcela, se hallaba en plena transformación por voluntad suya para dejar atrás su pasado como burdel y renacer como una posada digna. En aquella encrucijada del destino abierta tras la trágica ausencia de Jorge, Marcela luchaba con todas sus fuerzas por aferrarse a la supervivencia. "Todavía no tengo tanto dinero para costear semejantes lujos". "Ya te dijeron que para ti es gratis. Con el simple hecho de permanecer aquí ya estás prestando una gran ayuda". Marcela le ofrecía al muchacho un lecho apacible donde reposar, y el muchacho le prestaba a Marcela el amparo y el peso de su propio nombre. "¿De verdad crees que alguien como yo será suficiente?". "Eso es algo que le corresponde decidir a Marcela". Habiendo presenciado durante largo tiempo las sangrientas disputas territoriales entre bandas, a Vlad le inquietaba pensar si su solitaria figura bastaría para disuadir a los criminales; sin embargo, a ojos de Marcela, su presencia era más que suficiente. Tratándose del joven talento protegido y amparado por el mismísimo alcalde de Shoara y segundo vástago de la Casa Bayezid, quién sabe en otras tierras, pero al menos dentro de los límites de esta ciudad, el peso de su nombre bastaba y sobraba para imponer respeto. "Baja al comedor. Marcela ya terminó de preparar el almuerzo". Jemina, que ya se disponía a abandonar la estancia a paso vivo, se detuvo en seco con expresión de sobresalto, dio media vuelta y le tendió la mano a Vlad. "Casi se me pasa esto por alto. Tenga a bien recibirlo, mi señor caballero". "¡Que todavía no soy ningún caballero! Deja de ir por ahí diciendo semejantes...". Vlad se disponía a replicarle con aspereza, pero las palabras se congelaron en su garganta al vislumbrar el pañuelo que ella le ofrecía. Era un pañuelo primorosamente confeccionado con seda de la más alta calidad, que llevaba bordado en finos hilos de oro el nombre de cierta persona. "Pues desde mi perspectiva, es innegable que sois el leal caballero de Lady Alicia". "Esto... esto tuvo una explicación inevitable, de verdad". Vlad habría deseado aclarárselo con minucioso detalle de haber tenido la oportunidad, pero al contemplar la forzada sonrisa que crispaba el rostro de Jemina, prefirió guardar silencio. Cada cosa requería de su momento propicio, y la coyuntura actual distaba mucho de ser la idónea para disipar semejante malentendido. "Vaya, me alegra ver que valió la pena cortarme el cabello para ponerte una espada entre las manos". "¡Vaya que has ascendido en la vida!" "Pensaba agradecerte por eso..." ¡Pum! Al ver a Jemina cerrar la puerta de un portazo antes siquiera de que pudiera terminar la frase, Vlad alzó ambas manos y se encogió de hombros. "... Siempre te lo he agradecido. Todo el tiempo". Vlad se rascó la nuca mientras contemplaba la puerta por la que la muchacha acababa de salir. Jemina difícilmente sabría que Lady Alicia era la baronesa de Deomar, ni que aquel pañuelo le había sido entregado a través de un complejo cálculo político. O tal vez, incluso de haberlo sabido, su reacción no habría sido distinta a la de ahora. "Hasta la planchó". Vlad contempló las prendas dispuestas sobre la cama mientras rememoraba la devoción que la muchacha le había demostrado durante aquellos gélidos días de invierno. El esmero de la joven pelirroja sobre la ropa que le había obsequiado la noble dama se sentía cálido. "..." Al mudarse de ropa con las prendas que Jemina le había dejado, Vlad permaneció un largo instante con la cabeza oculta dentro de la camisa, sin sacarla de inmediato por el cuello. Aunque el tacto del tejido contra su piel era distinto, la calidez que la muchacha le transmitía no se diferenciaba en nada de la de antaño. 'Hice bien en volver'. Con ese pensamiento rondándole la mente, Vlad terminó de asomar la cabeza por el cuello de la prenda. ※※※※ "Te he dicho que lo siento". "..." "Te compraré una nueva. Una bien digna". "Se supone que hay cosas que el dinero no puede comprar..." Vlad tomaba sopa sentado a la mesa donde Jorge solía desayunar a diario. Sin embargo, pese a estar saboreando la sopa de Marcela que tanto había añorado, el muchacho no lograba suavizar el ceño fruncido. La maltrecha armadura de cuero que llevaba puesta deliberadamente, casi a modo de protesta, contribuía a endurecer su semblante. "Esta realmente me gustaba". "... Lo sé. Era una armadura excelente". Comprendiendo a la perfección el pesar del muchacho, el anciano se limitó a revolver la sopa servida ante él. Aquella armadura de cuero, concedida por la Casa Bayezid únicamente a los escuderos más prometedores, era en verdad un objeto irremplazable por oro, tal como el chico acababa de señalar. Después de todo, la emoción que el propio anciano había sentido en su juventud al recibir esa misma armadura seguía tan viva en su memoria como si hubiera ocurrido ayer. "Entonces acompáñame al ayuntamiento más tarde". "¿Para qué?" Ante la hosca réplica del chico, el anciano sintió deseos de arrojar el cuenco de sopa que sostenía, pero se contuvo apretando los dientes. Era innegable que él mismo había provocado la disputa en primer lugar, no había regulado debidamente su fuerza, lastimando al muchacho, y para colmo había reventado la armadura de Bayezid, por lo que su culpa no era menor. "Tendrás que demostrarle de nuevo tu valía al joven señor, ¿no crees? ¿Acaso crees que la desastrosa reputación que te ganaste se arreglará sola con solo cumplir tu semana de confinamiento disciplinario?" Vlad, que hasta entonces no había hecho más que refunfuñar, se sumió en profundas cavilaciones al escuchar las palabras del anciano. Ciertamente, no existía mejor método para restaurar una estimación venida a menos que presentarse con logros tangibles. Además, a juzgar por la extrema deferencia con la que Josef trataba al anciano, si seguía sus órdenes, a lo sumo recibiría elogios, mas nunca una reprimenda. "Así que hagamos un encargo juntos. Elevaré un informe muy favorable sobre ti". "¿Qué clase de encargo?" "Si se lo pido a Zayar o a ese imbécil de Bordan, seguro que me soltarán algo". "... ¿Le corto un poco de pan?" Al ver cómo el muchacho discernía por puro instinto cuándo recular y cuándo tomar la iniciativa, el anciano se quedó sin palabras. "Por cierto, ¿por qué hiciste eso en aquel momento?" "¿Cuándo?" "... Solo corta el pan". Viendo al chico abrir los ojos de par en par con fingida inocencia, como si no tuviera la menor idea de a qué se refería, el anciano no pudo más que chasquear la lengua. 'No va a ser nada fácil lidiar con él'. Al contemplar a un joven tan astuto y resabiado, el anciano no pudo evitar compadecerse de los dolores de cabeza que Josef tendría que soportar por su causa. "Aun así, tiene que pagarme el valor de la armadura que destrozó". "..." No obstante, en ese preciso instante quien tenía que vérselas con aquel avispado muchacho era él mismo, por lo que al anciano no le quedó más remedio que tragar y pagar el precio correspondiente. ※※※※ Vlad, incapaz de entrar al ayuntamiento debido a la orden de confinamiento disciplinario, se dirigió a los establos exteriores y tomó asiento allí. "¿Te encuentras bien del cuerpo?" "He mejorado tras descansar un poco". "Estaba preocupado porque no parabas de quejarte de dolor hasta llegar aquí". Allí, Goat, quien ahora se había convertido en el mozo de cuadras de Shoara, lo recibió con tono afable. "¿Y a ti qué tal te va? ¿Es llevadero?" "¿De qué podría quejarme? Pagan bien, dan comida abundante y el lecho es cómodo. Además, esta vez incluso me darán una paga extraordinaria". "... ¿Cuánto te pagan?" Ante la pregunta de Vlad, Goat agitó un dedo de lado a lado y respondió: "Por muy compinches que seamos, esas cosas no se preguntan". "Maldito estafador". Al oír a Goat jactarse de su cuantioso salario, a Vlad le hirvió la bilis sin motivo aparente. La condición oficial de Vlad era la de escudero, y en la Casa Bayezid la posición de un escudero equivalía a la de asistente y aprendiz de caballero. En otras palabras, Vlad jamás había recibido lo que pudiera llamarse una soldada formal, más allá del dinero para gastos personales que Josef le entregaba de vez en cuando de su propio bolsillo. "Aun así, jefe, usted ha recibido un sinfín de cosas, ¿no? Como esa armadura o las ropas". "..." Sin embargo, tal como decía Goat, Vlad tampoco tenía réplica posible. El respaldo material e intangible que la señora Oksana y Josef le habían brindado poseía un valor incalculable que no podía medirse con meras monedas de oro. Sin ir más lejos, la sola posición de escudero de Sir Zayar era una oportunidad por la cual ciertas familias nobles acudirían cargadas con cientos de monedas de oro en brazos. "¿Ha pasado algo fuera de lo común últimamente?" "Apenas han transcurrido unos días desde que llegamos". Goat, que cepillaba el lomo de un corcel con indiferencia ante la pregunta, se aseguró de que no hubiera moros en la costa antes de volver la cabeza con presteza para susurrarle al oído a Vlad: "Aunque sí corre un rumor". "... ¿De verdad?" La relación entre ambos, semejante a la de un cocodrilo y el chorlito que limpia sus fauces, seguía tan vigente como antaño. Al escuchar los susurros de Goat, la comisura de los labios de Vlad comenzó a curvarse hacia arriba. "Dicen que los centinelas que patrullaban de noche vieron algo extraño". "Desembucha". Aunque Goat aclaró que no era más que un rumor sin confirmar, en sus palabras había algo que a Vlad le encajó de inmediato. "Cuentan que un caballo completamente negro no deja de contemplar las puertas de la ciudad desde la distancia. Y que cuando intentan acercarse para ver qué es, se desvanece antes de que puedan darse cuenta". "¿Un caballo?" Vlad creyó comprender por qué Goat le hablaba en susurros. Una escena que había presenciado en aquella aldea envuelta en bruma comenzó a aflorar en su memoria. "Mencionaron que en aquel entonces el hombre sin cabeza montaba una especie de caballo espectral, ¿no?" "... Así era". Un corcel azabache vigilando Shoara en la negrura de la noche. Y una bestia a la que nadie lograba aproximarse por ser demasiado veloz. La conjetura de Goat tenía todo el sentido del mundo. "Podría ser el caso". "Ten cuidado. Todavía estás cumpliendo tu confinamiento". Al escuchar la advertencia de Goat, Vlad se sacudió el polvo de las ropas y se puso en pie. "Estaré confinado, pero parece que de todos modos me va a tocar trabajar". "¿Eh?" "Tú también ve preparándote". "¿Eeeh?" Vlad se llevó las manos a la cintura y contempló al anciano que se aproximaba a paso firme. La resolana del atardecer hacía brillar la frente casi calva del anciano. "¡Muchacho, en marcha!" "Le he dicho que me llame por mi nombre". El anciano reía satisfecho, proclamando que había conseguido un encargo. En el pliego que apretaba en su puño aparecía dibujado un caballo completamente negro. "Qué suerte la tuya, vas a cobrar otra paga extraordinaria". "No, espera..." Al ver la sonrisa socarrona del muchacho, Goat arrojó con resignación el cepillo que sostenía dentro del cubo. "¡Apenas si he podido descansar!" "Yo tampoco". Habiendo hecho trizas el dulce descanso de Goat, Vlad esbozó una radiante sonrisa. Si no podía montar a caballo, bastaba con montar a quien conducía los caballos. Esa fue la decisión que tomó el muchacho. \----- • Autor: Q10 • Traductor: Inmensurable ⚔️ El juramento de un caballero y el filo del primer Maestro de la Espada se forjan en cada batalla. ¡Deja tu reacción y comentario para avivar la llama del acero y traer pronto el siguiente capítulo! 🛡️✨
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Estás leyendo el capítulo 68 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 19 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.