Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 67 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Un árbol enraizado sobre una colina baja.
De espaldas al ventanal que ofrecía una vista despejada de aquel árbol, una mujer de cabellos aguamarina se mordía el labio.
"…Así que la Casa Gaidar por fin ha asegurado una cabeza de puente que conduce hacia el norte."
"Para ser precisos, se han apoderado de una región desde la cual es posible establecerla. Después de todo, para avanzar hacia el norte, tarde o temprano se verán obligados a atravesar nuestras tierras."
Las altas pilas de documentos amontonadas junto al escritorio bloqueaban la luz del sol entrante y arrojaban sombras sobre su rostro.
"¿Vendrán hacia nosotros?"
"…No puedo asegurarlo con total certeza, pero debemos estar preparados."
Alicia Heinal.
Cabeza de la Casa Heinal y señora de Deomar.
En este preciso instante, ante ella se extendía un mapa sobre el cual reposaba una pieza que representaba a la Casa Gaidar.
"Será más prudente dar por sentado que vendrán. Aunque todavía ignoremos cuándo lo harán."
"Tiene toda la razón."
La Casa Gaidar se encontraba ya a las mismas puertas de Deomar. El nuevo amo indiscutible del oeste proseguía su expansión implacable, y su influencia alcanzaba ya tanto al norte como a las regiones centrales.
"…Estábamos tan absortos conteniendo el avance de las regiones centrales que, antes de que nos diéramos cuenta, el oeste ya se nos ha echado encima."
Al observar cómo la situación política viraba en una dirección tan imprevista, Alicia hizo un esfuerzo por expulsar la inquietud que oprimía su pecho.
La sangre de un noble debía ser azul.
Porque, en todo momento y bajo cualquier circunstancia, se le exigía dictar juicios con fría templanza.
Alicia continuaba luchando sin descanso para conseguirlo.
"Tendré que escribir una misiva para la Casa Bayezid."
Alicia bajó la vista hacia el mapa y volvió a apretar los labios. Por fortuna, contaba con un seguro dispuesto con antelación para semejante contingencia.
"Ellos nos ayudarán. Tienen tanto la obligación como motivos de sobra para hacerlo."
"Así es."
Si de Bayezid se trataba, sin duda socorrerían a Deomar. Geográficamente, si sus defensas caían, el siguiente objetivo no sería otro que el Condado de Bayezid, uno de los grandes pilares del norte. No por nada aquel duelo de honor, que había servido como una contienda delegada entre el centro y el norte, se había librado en estas tierras.
"Hice bien en entregarle mi pañuelo."
"Es muy cierto. Últimamente no dejan de llegar rumores sobre ese muchacho. Está madurando de forma espléndida."
Al escuchar el elogio hacia Vlad en labios de Sir Duncan, Alicia se encogió de hombros con satisfacción y prosiguió:
"Parece que en esta ocasión incluso ha forjado lazos con la archidiócesis de San Rozino. Estrechar vínculos con la Iglesia jamás resultará perjudicial."
Al oírla, Duncan la observó con una expresión cargada de matices.
El hallazgo de indicios siniestros en la Baronía Utman por parte del destacamento de investigación de Shoara era el tema más comentado en todo el norte por aquellos días. Sin embargo, la inmensa mayoría de los señores feudales habrían aguzado el oído ante los vestigios de la magia negra o ante los sutiles movimientos entre el Barón Utman y la Casa Bayezid.
"…Es que he invertido en ese muchacho, ¿sabe?"
"Lo comprendo perfectamente."
No obstante, en lugar de prestar atención a tales corrientes de poder, Alicia mostraba un interés infinitamente mayor en los pasos de Vlad. De hecho, al haber rastreado su paradero de forma ininterrumpida desde que abandonó Deomar, la red de espionaje que la Casa Heinal mantenía en el norte se había fortalecido de manera notable.
"Yo también considero que fue una decisión muy acertada."
"Por supuesto. Cuanto más crezca el valor de su nombre, mayor será el beneficio para nosotros."
Al haber recibido el pañuelo de Lady Alicia, Vlad tenía el deber moral de acudir a su llamada. Y cuando el joven regresara a Deomar respaldado por el pretexto de aquel pañuelo, no lo haría solo.
Porque así lo había convenido en su promesa con Josef.
"Ampliemos un poco el radio de nuestras patrullas de reconocimiento. Así podremos detectar a tiempo cualquier movimiento sospechoso. Puesto que carecemos de suficiente fuerza militar, al menos debemos ganar todo el tiempo posible."
"…Entendido."
Duncan contempló a Alicia, quien se apresuraba a mudar de tema, y decidió dejarlo pasar en silencio. En tiempos tan ajetreados y difíciles como estos, convenía conservar al menos un pequeño rincón donde tomar un respiro.
"Ruego al cielo que todo esto pase sin mayores desgracias."
"Pienso exactamente lo mismo."
El mundo estaba cambiando a un ritmo vertiginoso.
A una velocidad que los ancianos que hasta ahora habían gobernado la tierra eran ya incapaces de prever.
El viejo caballero no podía evitar sentir una profunda compasión por los jóvenes, condenados a cargar con fardos tan pesados sobre sus hombros en mitad de una era tan despiadadamente mudable.
Las flores blancas que se abrían en tupidos racimos sobre el árbol en lo alto de la colina.
Aquellas flores, que habían comenzado a brotar justo después de la partida del muchacho, eran el único consuelo que existía en Deomar en estos momentos.
\*\*\*
¡Clang! ¡Clang!
Frente al estruendo de los golpes de martillo, Vlad se encontraba sentado, resoplando con evidente disgusto.
"Ese viejo carcamal y prepotente. Si por mí fuera, le habría partido la cara allí mismo."
"…¿Ah, sí?"
Al ver a Vlad despotricar contra un anciano justo delante de sus narices, el viejo herrero puso una expresión indefinible y se limitó a seguir descargando el martillo en silencio. Los jóvenes sin duda tenían sus propias cargas que sobrellevar, pero los viejos también debían aprender a hacer la vista gorda en ciertas ocasiones.
"Y bien, ¿qué demonios rebanaste esta vez?"
"Esta vez me topé con un adversario un tanto peliagudo."
Aunque el herrero lo decía a modo de reproche al ver la hoja cubierta de muescas cuando apenas acababa de repararla, el muchacho tenía motivos de sobra para justificarlo.
"…¿Y qué se supone que es ahora un 'hombre sin cabeza'?"
Al oír mencionar una entidad de la que jamás había tenido noticia en toda su vida, el anciano herrero dejó escapar una frase que sonó a suspiro. La espada sin ornamentos, al rojo vivo por el fuego de la forja, parecía hoy más lastimera que nunca.
"Parece que cada vez te buscas rivales más imposibles."
"Supongo que ese debe ser mi destino. Qué le vamos a hacer."
Al ver al muchacho bromear diciendo que de todas formas no había nacido para llevar una vida fácil, el anciano continuó golpeando la sencilla espada sin mediar palabra. A pesar de haber vertido en ella toda la fuerza y maestría de la que era capaz, no era un arma concebida para semejantes extremos.
"¿No crees que ya va siendo hora de que cambies de espada?"
"¿Qué?"
Ante la sugerencia lanzada con ligereza por el anciano, Vlad abrió los ojos de par en par, desconcertado. La actitud del herrero, en apariencia tan serena como si no ocurriera nada, le resultaba aún más extraña.
"La forjé pensando que ya sería un milagro si te servía para salir ahí fuera y cortar a unos cuantos monstruos comunes. El material no es más que hierro ordinario, y quien la hizo no es más que un herrero mediocre."
"Pero…"
"Si sigues usándola de esta manera, tarde o temprano se terminará partiendo en dos."
El muchacho seguiría madurando y tropezaría con incontables adversidades a lo largo de su camino, pero esta espada sin adornos permanecería para siempre detenida en su estado actual. El anciano herrero no deseaba que la espada salida de sus manos se convirtiera en un lastre que frenara los pasos del joven.
Y este acero herido, que ahora yacía sobre el yunque, seguro que tampoco desearía semejante cosa.
"No te estoy diciendo que la cambies ahora mismo, así que piénsalo con calma."
"…¿Acaso acepta encargos personalizados?"
Ante la réplica del chico, el anciano herrero se limitó a soltar una risita. Vlad solía aparentar ser un adulto hecho y derecho, pero cuando mostraba estos destellos de ingenuidad infantil resultaba un mocoso impredecible.
"Esta de aquí fue mi última obra. Busca a otro herrero que no sea yo."
Afligirse por las despedidas es un privilegio reservado para los jóvenes. Para los ancianos marchitos y desgastados por los años, las partidas no eran más que parte de la rutina cotidiana.
"¿Te la vas a llevar hoy mismo?"
"Es que tal vez tenga que usarla dentro de un rato."
"De acuerdo."
Tras haber sido sumergida en el agua para templar su cuerpo ardiente, la espada sin adornos recuperó una vez más su silueta limpia y afilada. Por el momento, conservaba un porte que no desmerecía en absoluto al descansar al costado del muchacho.
"Aún está caliente, así que ten cuidado."
"Sí."
El anciano entrecerró los ojos, irritados por el fulgor de las llamas, y despidió con la mirada al muchacho que cruzaba la salida del taller.
'…'
Los pasos del joven al marchar eran firmes y decididos, muy diferentes a los de antaño.
Tanto como para esquivar y dejar atrás con absoluta ligereza el fango que se abría ante él.
"Así es como debe ser."
Asintiendo para sus adentros al contemplar aquella silueta, el viejo herrero tosió un par de veces con una carraspera seca y echó el cerrojo a la puerta. El trabajo por hoy había concluido. Puesto que acababa de derramar hasta la última gota de sus fuerzas en la espada de aquel muchacho.
\*\*\*
Últimamente, Vlad tenía los nervios a flor de piel.
Y no se debía únicamente a la orden de confinamiento disciplinario que le había impuesto Josef.
'…'
\[Hay alguien pisándote los talones.\]
Tal como advertía la voz en su mente, desde el día anterior alguien no dejaba de seguirle el rastro. Creyendo intuir quién era el dueño de aquella mirada clavada en su espalda, Vlad abandonó a paso ligero el callejón que le resultaba familiar y comenzó a enmarañar su trayectoria a propósito.
Aumentó la distancia al pasar a buen paso frente a un puesto de brochetas envuelto en un humo penetrante, y luego se camufló entre la multitud de una concurrida avenida principal hasta ocultar por completo su presencia.
Y entonces, al ver que el muchacho se había desvanecido súbitamente ante la entrada de un callejón en penumbra, el anciano detuvo sus pasos en seco.
'Qué perspicaz'.
El anciano asintió para sus adentros al notar que el muchacho no solo había advertido su presencia, sino que, en un abrir y cerrar de ojos, ya se encontraba a su espalda. Con razón le habían otorgado la armadura de cuero de la Casa Bayezid.
"¿Por qué me sigue?".
"Yo solo iba por mi camino, ¿de qué tonterías estás hablando?".
Ante la impasible respuesta del anciano, Vlad, incapaz de contenerse por más tiempo, comenzó a gruñir.
"Desde ayer no ha hecho más que buscarme las cosquillas".
'... Un ímpetu afilado. Nada mal'.
Al ver que el muchacho ardía en furia pero no se dejaba arrastrar por ella, el anciano asintió con la cabeza. A juzgar por su capacidad de autocontrol, era un joven de gran temple. Siendo así, aquel desplante de antes debía de haber sido premeditado. Menudo mocoso insolente.
"Por eso no debiste cometer semejante estupidez desde el principio. ¿Acaso dije alguna mentira en aquel momento?".
"......".
Vlad comprendió la situación al observar la mueca socarrona del viejo frente a él. Lo estaba provocando deliberadamente. Sin duda tenía un propósito y pretendía obtener algo de él.
"Si hay algo que no le agrade, dígamelo a la cara con palabras directas. Deje de andarse con rodeos absurdos".
El anciano sonrió al ver al joven gruñir mientras aferraba con lentitud la empuñadura de su espada. En aquel chico vibraba una fiereza cruda y salvaje que hacía una eternidad que no experimentaba. Era algo que añoraba y que, a la vez, recibía con agrado.
"Si tanto te fastidia, ven a por mí, muchacho".
Vlad afianzó su resolución al ver al anciano haciéndole señas con los dedos para incitarlo. No sabía quién era ni por qué actuaba de ese modo, pero aquel hombre contaba con el aval de Josef. Si se comportaba así ahora, sin duda obedecía a una intención concreta.
"...... Ha sido usted quien empezó".
Decidido a demoler cualquier intención oculta que tuviera, Vlad desenvainó su espada en un relámpago. Aquel anciano, curtido superviviente de innumerables campos de batalla, era a todas luces superior a él. Sin embargo, habiendo crecido en un mundo donde ser menospreciado equivalía a la muerte, el muchacho siempre estaba preparado para arrojarse contra quien fuera, sin importar de quién se tratara.
¡Clang!
Guiado por el principio del golpe letal definitivo, Vlad desenvainó la hoja a una velocidad que desafiaba toda previsión.
'¡Vaya que tiene maña!'.
Al ver el filo hendir el estrechísimo callejón, donde no existía el menor resquicio para esquivar, las arrugas del anciano se distendieron en una sonrisa. Para ser tan joven, resultaba admirable que hubiera logrado plasmar su propio carácter en un único trazo de espada. En tal caso, él también debía corresponderle mostrándole algo.
"¿A qué esperas para zafar tu espada? ¿Qué haces ahí parado?".
"¡......!".
Vlad estaba desconcertado. No se debía a que su estocada hubiera sido bloqueada con pasmosa facilidad; después de todo, eso entraba dentro de lo previsto.
Si se movía a la derecha, la hoja enemiga iba a la derecha. Si se desplazaba a la izquierda, iba a la izquierda.
Al contemplar cómo la espada del anciano lo seguía sin descanso, ejerciendo una presión insólita sobre la punta de su propio filo, Vlad comprendió que habían leído todos y cada uno de sus movimientos.
'¡Maldición!'.
Ante aquel manejo de la espada casi divino del anciano, Vlad cerró apresuradamente el ojo izquierdo. Aunque ya lo sospechaba, era evidente que aquel hombre no era alguien contra quien pudiera tantear el terreno.
"¡¿Por qué demonios me hace esto?!".
Los mundos colosales siempre solían oprimir y pisotear al muchacho. Asqueado y harto hasta los huesos de semejante trato, Vlad desató toda la furia acumulada en su interior y se abalanzó contra el anciano desconocido.
'¡Magnífico!'.
El anciano curvó la comisura de sus labios al sentir el temple del joven estremecerse bajo su acero. Incluso en sus tiempos de gloria, eran contados aquellos que a esa edad fuesen capaces de blandir un aura tan nítida.
"¡¿Acaso te parezco tan poca cosa?!".
¡Clang!
En la angostura del callejón, las espadas del joven y del anciano colisionaron con violencia. El ímpetu del muchacho, imposible de aplacar esta vez mediante simple técnica, se abalanzó contra el anciano entre una lluvia de ásperas chispas.
"¡Buen ímpetu!".
Y no era solo ímpetu. El muchacho, esforzándose al máximo por pegarse a él para anularle cualquier margen de maniobra, estaba pensando con lucidez en pleno fragor.
'Quizá no pueda igualar su técnica ni su experiencia, pero siendo joven, ¡al menos en fuerza bruta debería ser capaz de superarlo!'.
Analizando la debilidad de su adversario y aferrándose a ella con ferocidad, los movimientos del chico clamaban a todas luces por la victoria.
¡Chiiirrr!
Con un chirrido áspero de metal, el anciano fue empujado hasta quedar contra el muro. Ciertamente, el paso de los años era implacable, y le resultaba imposible frenar a un joven vigoroso que lo empujaba con tanta fuerza.
"Nada mal".
"A ver cuánto le dura la risa".
Completamente exasperado ante la sonrisa despreocupada del anciano, Vlad empujó su espada desprovista de adornos con todas sus fuerzas, encañonándola hacia el cuello del hombre.
"La maniobra ha sido buena, pero te has equivocado de oponente".
"¿......?".
Sin embargo, justo en el instante en que Vlad percibió un mal presagio al advertir que la sonrisa del anciano no perdía un ápice de calma:
"¿Qué?".
La espada del anciano... no, su brazo estaba brillando.
Vlad se quedó pasmado al contemplar cómo el anciano infundía aura no en la espada, sino directamente en su brazo. Jamás en su vida había visto a un caballero imbuir aura en su propio cuerpo en lugar de en un arma.
"Bastante útil, ¿verdad? Se trata de fortalecer el cuerpo".
Charloteando con desenfado como si estuviera presumiendo de un juguete, el anciano comenzó a empujar con fuerza la espada de Vlad, marcando que ahora era su turno.
"Ugh, argh......".
Sintiendo una fuerza descomunal que nada tenía que ver con la de hacía unos instantes, la espada de Vlad comenzó a retroceder poco a poco. Un anciano estaba doblegando en pura fuerza bruta a un joven.
"Y si lo aplicas con ingenio, también puedes hacer cosas como esta".
"¡......!".
Ni siquiera tuvo tiempo de desconcertarse ante el curso insólito que tomaban las cosas. Esta vez, la palma del anciano resplandeció y atrapó el filo de la espada del muchacho sin vacilación alguna. Pese a tratarse de una hoja afiladísima que acababa de salir de la forja tras ser reparada, de la mano del viejo no brotó ni una sola gota de sangre. La palma del anciano, endurecida hasta volverse más sólida que el acero, lo había hecho posible.
'¡¿Qué demonios es esto?!'.
Vlad profirió un grito mudo en su interior. Era un alarido nacido del quiebre absoluto de un fragmento del sentido común que había acumulado hasta ese momento.
\[......\]
En una situación en la que ni siquiera la voz le ofrecía consejo alguno —quién sabía si a propósito—, Vlad recurrió a su juicio puramente instintivo y renunció a la espada por cuenta propia. Acto seguido, desenvainó con presteza la daga de Jorge y se abalanzó hacia el torso del anciano.
"...... ¡Ja!".
El anciano no pudo evitar soltar una exclamación de asombro ante la sagaz determinación de Vlad. Un chico capaz de arrojar su espada y lanzarse al combate sin importarle el orgullo ni las apariencias. Era una maniobra temeraria que solo alguien con el corazón de una bestia salvaje podía concebir. Se lo confirmaba una vez más: aquel muchacho había nacido con un talento innato.
"¡Mocoso insolente!".
Ante aquel movimiento heterodoxo que ningún caballero debidamente instruido ejecutaría jamás, el anciano, casi por instinto, descargó un tremendo puñetazo imbuido de aura.
"¡Guh!".
Había sido un único golpe. A pesar del fiero forcejeo previo, bastó ese solo impacto propinado por el anciano para que Vlad saliera despedido hacia atrás con estrépito. El golpe había sido tan devastador que la sección de la armadura en el hombro del muchacho reventó en pedazos. La bendición de la serpiente, rota en la contienda anterior, ya no estaba allí para protegerlo.
"...... ¡Vaya por Dios!".
Sin embargo, aunque no hubiera sido más que un puñetazo, la desesperada acometida de Vlad —un cachorro imberbe capaz de forzar al anciano a emplearse en serio— era digna de todo elogio. Tanto como para que Josef o Sir Zayar, de haber presenciado la escena desde el ayuntamiento, se hubieran quedado boquiabiertos.
"¿Estás bien?".
El anciano gritó hacia el muchacho reprochándose a sí mismo por no haber medido su fuerza, pero aquel que debía responder yacía despatarrado a varios pasos de distancia. Al parecer, la violencia del impacto lo había dejado inconsciente.
"...... El aguante físico deja un poco que desear".
Habiendo hallado al fin un defecto, el anciano dibujó una expresión de franca satisfacción y se aproximó hacia el muchacho tendido en el suelo. No en vano Sir Zayar había sonreído de aquella forma tan enigmática.
"¡......!".
Sin embargo, al inclinarse para poner en pie al muchacho, el anciano se quedó atónito ante unos ojos azules que arremetieron contra él en un parpadeo. Gregory lo había dicho en su momento: mientras la llama no se apagara bajo ninguna circunstancia, bastaba. Y el muchacho aún no se había rendido.
"¡Muérete!".
"...... ¡Maldición!".
Vlad aferró con todo su cuerpo al anciano que intentaba levantarlo y le asestó un brutal cabezazo. Estando completamente pegado a él, sin margen alguno para esquivar, el anciano no tuvo más opción que encajar el ataque de lleno.
¡Crack!
En la soledad del callejón desierto resonó el crujido sordo de algo rompiéndose. Sin duda alguna, la embestida de Vlad había dado en el blanco.
"Mierda......".
En medio de la niebla que nublaba su consciencia, Vlad dejó escapar una maldición entre dientes. La última imagen que captó la mirada de Vlad antes de perder el conocimiento por completo fue la frente arrugada del anciano, resplandeciendo nítida bajo el brillo del aura.
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• Autor: Q10
• Traductor: Inmensurable
⚔️ El juramento de un caballero y el filo del primer Maestro de la Espada se forjan en cada batalla. ¡Deja tu reacción y comentario para avivar la llama del acero y traer pronto el siguiente capítulo! 🛡️✨

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Estás leyendo el capítulo 67 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 19 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.