Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 66 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
El pausado crepitar de la fogata rompía con suavidad el silencio de la noche mientras la leña ardía con un murmullo constante.
"……"
Vlad contempló el fuego que vacilaba al compás del viento y pensó que se asemejaba a su propia condición. Deseaba mantenerse erguido con firmeza, pero la llama oscilaba una y otra vez según la dirección del aire, semejante a la estampa de un muchacho zarandeado a merced de entidades inconmensurablemente más vastas y poderosas que él.
"¿En qué piensas tan ensimismado?", preguntó Gregory al percatarse de que, aunque el joven mantenía los ojos clavados en la fogata, su mirada en realidad apuntaba a la nada.
"Solo… en esto y aquello", respondió Vlad en voz baja ante la interpelación del caballero. "……Hay demasiada gente extraordinaria en este mundo."
"¿Ah, sí?"
"No sé si seré capaz de seguir resistiendo entre semejantes personas de ahora en adelante."
Aquella noche, el muchacho había sido derrotado. De no haber sido por la voz que habitaba en su interior, sin duda habría perecido. Tal como le ocurrió a Jorge, como le sucedió a Jack el Manco y como le aconteció a Anna. Al igual que ellos, habría terminado quebrado y aplastado bajo el peso de un mundo colosal al que no era posible oponer resistencia.
"……A lo largo de la vida, a todos nos llega el momento de abrigar exactamente esa misma inquietud."
Gregory, intuyendo a grandes rasgos los dilemas que atribulaban al joven, arrojó al fuego la rama que sostenía en la mano. Provista de nuevo combustible, la fogata alzó la voz en un chasquido aún más sonoro y consumió la madera con renovado vigor.
"Arde bien, ¿verdad?"
"Sí."
Aquella fatídica noche, en el sombrío templo, el muchacho había trepado por el campanario azotado por la tempestad para tender la mano hacia el lugar donde aún se condensaba el aliento agónico de los niños. Gregory no había presenciado aquella estampa con sus propios ojos, pero bastaba con imaginarla para comprender que armonizaba a la perfección con la naturaleza del joven.
Un muchacho nacido en lo más hondo de los bajos fondos que, pese a su origen, sabía extender la mano con anhelo desesperado hacia las alturas… ¿Acaso no sería capaz de alcanzar algún día el confín de los cielos? Tal vez, en ese firmamento remoto, conseguiría engarzar una estrella con su propio nombre grabado en ella.
"Al final, lo fundamental es resistir."
Habiendo apartado la vista de las brasas titilantes, Vlad miró por fin a Gregory, sentado al otro lado de la hoguera. Allí estaba el rudo caballero de barba espesa, dedicándole una sonrisa franca.
"Basta con mantenerse ardiendo. Mientras la llama no se extinga, podrá volver a encenderse con fuerza en cualquier momento."
Resultaba imposible no vacilar ante el viento que soplaba. Sin embargo, lo crucial era no dejar de arder. Mientras la llama que uno mismo encarnaba no muriese por completo, siempre sería posible volver a arder con furia, sin importar cuán despiadada fuera la ráfaga.
Creyendo comprender el verdadero peso tras las palabras de Gregory, Vlad asintió con la cabeza y respondió:
"Tiene razón."
Para enfrentarse al mundo colosal que irrumpía sobre él de improviso, él también tendría que convertirse en una llama inconmensurable. Dentro del mundo interior del muchacho, que contemplaba en silencio la hoguera consumirse, un tenue destello de color comenzó a arraigar.
El joven sumido en hondas reflexiones, Gregory empinando la botella de licor y, más allá, en lo alto de la colina, aquel corcel de un negro absoluto que observaba la silueta del muchacho recortada por el resplandor de las brasas. Era una noche propicia para que cada uno meditara en sus propias carencias y arrojara sus pesares al fuego. Así declinaba el último campamento antes de regresar a Shoara.
\* \* \*
"Buen trabajo."
Josef, sentado en la sala de audiencias, recibió a la comitiva de investigación que regresaba de su misión. Vlad, al reencontrarse con él tras varias semanas de ausencia, notó que las sombras bajo sus ojos se habían vuelto aún más oscuras y profundas. No se debía únicamente a que estuviese sentado de espaldas a la luz solar.
"Deseo elogiar la diligencia con la que han cumplido su deber. Asimismo, valoro con creces la determinación con la que supieron alcanzar la raíz del problema."
Aunque denotaba un cansancio indisimulable, Josef evaluó con serenidad el proceder de la comitiva. No obstante, a pesar de que sus labios pronunciaban palabras de encomio, sus pupilas permanecían inmóviles y gélidas al posarse sobre el grupo, infundiendo en todos los presentes una extraña y asfixiante opresión.
"……Sin embargo, no puedo pasar por alto con tanta ligereza el hecho de que hayan desenvainado el acero de Bayezid en las tierras de otro señor feudal."
Había llegado el momento inevitable. Gregory ya había previsto que Josef, un hombre de criterios rigurosos e inflexibles al tasar los méritos y las faltas, jamás dejaría pasar este incidente en silencio.
"Mis disculpas."
Tras inhalar hondo, Gregory se dispuso a pronunciar las explicaciones que había estado ordenando en su cabeza durante todo el viaje de regreso. Como comandante de la comitiva, su propósito era cargar sobre sus propios hombros la totalidad de la culpa si ello era posible.
"¡Con los tiempos tan revueltos que corren, hay que ser insensato para actuar con semejante temeridad en dominios ajenos!"
Sin embargo, una voz estridente y seca cortó de raíz las justificaciones de Gregory. Era una voz cargada de la pesadumbre implacable que solo otorgan los años acumulados.
"Es más, considero que se trata de un proceder aún más deplorable si se toma en cuenta que sabían a la perfección cómo se desencadenarían las cosas a partir de entonces."
Se trataba de un anciano al que Vlad jamás había visto, pero el temple y la autoridad que emanaba de su figura distaban de ser comunes. El joven se mordió el labio al sentir cómo aquella presencia imponente lo aplastaba físicamente. Una vez más, un mundo que habitaba en las alturas volvía a caer sobre él.
"……Tiene toda la razón. En una época tan convulsa, fueron a tocar una fibra en extremo delicada."
Aunque las palabras del anciano desconocido congelaron al instante la atmósfera del salón, Josef, que comprendía con claridad las intenciones del viejo noble, se tomó un breve respiro antes de proseguir.
"Incluso en este instante, disputas territoriales de diversa escala están estallando por doquier. Puesto que la familia real es incapaz de contenerlas debidamente, todos los señores feudales están dando rienda suelta a las rencillas y ambiciones que habían mantenido reprimidas durante tanto tiempo. Nada garantiza que el norte, donde nos encontramos, vaya a ser una excepción."
El anciano tenía motivos de sobra para amonestar con severidad a Gregory. La autoridad del imperio se estaba desmoronando. En el pasado, todos los señores feudales habían unido sus hojas bajo el mandato de Frausen, el Rey Fundador y el primer Maestro de la Espada, pero aquella época de esplendor no era más que un recuerdo lejano. En circunstancias semejantes, brindar el menor pretexto político equivalía a arrojar una brasa sobre paja seca.
"En una coyuntura como esta, en la que incluso se han manifestado vestigios de esas malditas abominaciones del pasado, hasta el mismísimo Duque de Acero está vigilando de cerca lo ocurrido."
Dado que se trataba de un acontecimiento que había atraído la atención de una figura de la talla del Duque de Acero, quien sostenía uno de los grandes pilares del norte, Josef no tenía más remedio que reaccionar con extrema suspicacia. Ante la reconvención de Josef, quien reconocía las buenas intenciones del grupo pero censuraba que hubiesen encendido un fuego desmesurado, Gregory se limitó a asentir con la cabeza en señal de sumisión.
"Por eso mismo debieron haberse replegado en el momento oportuno. ¿Acaso no dijeron que incluso una paladín de la archidiócesis de San Rozino se encontraba allí presente? Siendo así, el curso natural y obligado era transferirle el asunto por completo. ¡Tsk, tsk!"
"……"
Al escuchar los chasquidos de lengua del anciano, quien reprochaba agriamente por qué no se habían ceñido a las normas establecidas, el pecho de Vlad comenzó a inflamarse con un calor creciente. Era el instinto más elemental del muchacho, un impulso ciego de resistirse ante la soberbia de ese mundo gigantesco.
'¡Ni siquiera estuviste allí!'
En aquel lugar habían existido el aliento agónico de los niños y los desgarradores alaridos de dolor de sus madres, horrores humanos que jamás podrían abarcarse con un puñado de palabras vacías. A los ojos de Vlad, Gregory había entregado todo de sí y había asumido una decisión de inmensa bravura. No era una determinación que un anciano de nombre desconocido tuviera el derecho de mancillar con semejante desdén.
"De cualquier modo, los jóvenes de hoy en día jamás piensan en las consecuencias y se limitan a……"
"Los niños habrían muerto. Si nosotros no hubiéramos intervenido".
'Usted, que no sabe absolutamente nada, no tiene ningún derecho a hablar de ese modo'.
Los ojos azules del muchacho, que fulminaban al anciano desconocido, declaraban exactamente eso.
"¿... Qué?"
Al ver al muchacho interrumpiendo sus palabras con tanta osadía, el anciano se quedó sin habla por un momento. Por instinto, quiso lanzarle una reprimenda de inmediato, pero la mirada azul y vacilante del joven frenó en seco su arrebato.
"Sir Gregory hizo todo lo que estuvo en sus manos por esos niños. San Rozino dio fe de esa entrega. Y además..."
Vlad, tras dedicarle una mirada de reojo al anciano, comenzó a desahogar el fuego ardiente que ya no podía contener en el pecho:
"Como es natural, yo habría hecho exactamente lo mismo. Pienso que la decisión tomada por Sir Gregory es un acto que merece elogios, no reproches".
Era una masa de fervor tosco, desprovisto de refinamiento debido a su inexperiencia. Sin embargo, precisamente por carecer de pulimento, se transmitía con la fuerza pura de la sinceridad. Al ver al muchacho vaciar el fondo de su corazón sin adornos retóricos, todos los presentes en la sala de recepción se quedaron sin palabras.
"..."
No obstante, la realidad no era algo que pudiera resolverse únicamente con sinceridad. Al ver a Vlad soltando palabras sin el debido permiso, Sir Zayar apretó los ojos con fuerza, mientras que Sir Gregory no tuvo más remedio que agachar aún más la cabeza. La intención era noble, pero el muchacho acababa de cruzar la línea.
"Vlad".
Josef Bayezid. La persona que más apreciaba al muchacho en el mundo, pero que precisamente por ello debía disciplinarlo con severidad implacable, se puso en pie.
"Basta. No sigas poniendo a prueba mi paciencia".
Aunque Josef era incapaz de empuñar una espada, la imponente presencia que emanaba de su figura dominaba por completo a todos los presentes en el recinto. La simple sangre de la Casa Bayezid jamás habría bastado por sí sola para albergar semejante temple.
"... Sí".
Ante la severa advertencia de Josef, Vlad agachó la cabeza. La pesada mirada de Sir Zayar, instándolo a no dar un solo paso más al frente, también reprimió el hirviente ímpetu del muchacho.
"... Imagino que Sir Gregory lo comprenderá. El Segundo Precepto del Maestro de la Espada es un asunto particularmente delicado".
Josef desvió de forma natural el centro de la conversación hacia Gregory, pero aquellos que lo conocían bien pudieron notar que estaba conteniendo la cólera a duras penas. El gesto de Josef, desabrochando en silencio el botón que le apretaba el cuello, daba fe de ello.
"Así es, señor Josef. Ha sido un descuido imperdonable de mi parte".
Gregory admitió de inmediato su culpa para evitar que las chispas continuaran salpicando al muchacho que había salido en su defensa.
"Se han solapado demasiados asuntos espinosos. Debemos dar una muestra de acción por nuestra cuenta antes de que esa gente nos envíe una protesta formal directa".
Josef fulminó con la mirada a Vlad por un instante, colocó las manos tras la espalda y se aproximó a la ventana. Contemplando el paisaje de Shoara que se extendía al exterior, Josef abrió la boca:
"Condeno al caballero Gregory a reclusión indefinida. Durante ese período, no se le abonará sueldo alguno y no podrá disfrutar de ninguno de los derechos de caballería garantizados por la Casa Bayezid".
"Entendido".
Rogando para que el asunto terminara allí, Gregory inclinó la cabeza.
"..."
Sin embargo, tras concluir sus palabras, Josef giró la cabeza esta vez y cruzó su mirada con la del muchacho que lo observaba. En todas las cosas debían existir procedimientos y normas, y aquello debía aplicarse sin excepción al joven.
"Escudero Vlad".
Al escuchar su llamado, el muchacho lo miró desde un ángulo sutilmente renuente; seguía siendo exactamente el mismo rebelde de antaño.
"..."
'Pensar que, después de haberlo alimentado, vestido y tratado con tanta generosidad durante todo este tiempo, todavía no ha sido domesticado'.
Al ver al muchacho, que no había cambiado un ápice desde el primer día en que lo conoció, un inevitable sentimiento de decepción y amargura brotó en un rincón del corazón de Josef.
"Lamento profundamente que hayas perturbado mi ánimo con declaraciones no autorizadas".
Vlad agachó la cabeza al sostener la profunda mirada de Josef. Aquel joven noble siempre le había mostrado un rostro afable y relajado, pero en ese preciso instante no era más que un soberano implacable y afilado como una navaja.
"A ti también te ordeno una semana de reclusión disciplinaria. Por el momento, procura no aparecer ante mis ojos".
"... Entendido".
Al levantar la cabeza junto a su respuesta, Vlad apartó la vista deliberadamente de Josef, quien acababa de dictarle una orden tan gélida. Había dado lo mejor de sí tras recibir sus órdenes, y lo único que obtenía a cambio era un confinamiento disciplinario; era inevitable que en el muchacho también surgiera un sentimiento de amargura.
"Pueden retirarse todos. A partir de este momento, debo redactar una carta para el Barón Utman explicando la situación".
Tras concluir el informe y aceptar con resignación sus castigos, los miembros de la partida de investigación hicieron sus reverencias ante Josef y comenzaron a salir. No obstante, el anciano que observaba la escena no pudo evitar soltar una risita al contemplar aquellos ojos azules que, aun en medio de esa situación, no habían perdido un ápice de su ferocidad.
'Así que eres tú. No hace falta que nadie te presente para saberlo'.
"¿De modo que tú eres ese tal Vlad?"
"..."
Vlad, que estaba a punto de cruzar el umbral de la puerta, se detuvo en seco ante las palabras del anciano. Un silencio momentáneo envolvió la sala de recepción.
"Un mayor te está llamando y ni siquiera respondes. Parece ser que no has recibido educación en modales".
Al escuchar el sarcasmo del anciano, la mirada de Vlad comenzó a oscilar con violencia contenida. Había recibido educación en modales más que suficiente. Y nada menos que de una noble dama que poseía los ojos de una madre.
Girando el cuerpo hacia el anciano que se tomaba la libertad de juzgarlo a la ligera, Vlad se presentó con una cortesía más solemne que nunca:
"Es correcto. Yo soy Vlad".
La estampa del muchacho inclinándose con rectitud, conteniendo su feroz ímpetu con todas sus fuerzas, recordaba a la tensión previa al desenvainar una espada.
"¿Podría tener yo también el honor de preguntar vuestro digno nombre?"
Al observar a Vlad emitiendo un temple feroz bajo su fachada cortés, el anciano sintió una vibrante emoción emergiendo desde lo más profundo de su pecho. Daba casi la ilusión de estar preguntándose los nombres antes de iniciar un duelo formal.
"Vaya, conque sientes curiosidad por mi nombre".
El anciano sonrió al mirar al muchacho, quien irradiaba una energía salvaje y visceral, algo verdaderamente difícil de encontrar en los jóvenes de estos tiempos y que él no experimentaba desde hacía una eternidad.
"Sin embargo, por desgracia, en este momento no poseo ningún nombre que pueda revelarte".
"..."
Hacia el muchacho, que fruncía el ceño como preguntándose qué clase de disparate era ese, el anciano respondió mientras se mesaba la barba:
"Es que soy alguien que recorre el sendero más bajo. Pues aún no he cumplido con mi deber".
Con la expresión endurecida ante palabras que no lograba comprender, fue solo entonces cuando Vlad pudo reparar en el viejo pendón clavado a la espalda del anciano. A diferencia del suyo, que solo tenía grabados dos blasones, el pendón de aquel anciano lucía más de una decena de emblemas heráldicos.
Existían caballeros que habían envejecido sin haber tenido la fortuna de morir. Al no haber podido retirarse en un campo de batalla honorable, no tenían más remedio que recorrer los lugares más ínfimos y desdichados, recogiendo el honor que habían ido derramando a lo largo del camino.
Exactamente igual que la última estampa mostrada por el Primer Maestro de la Espada.
Aquel anciano de nombre desconocido a quien Vlad contemplaba estaba llevando a cabo, en este mismísimo instante, su propia y honorable ceremonia de retiro.
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• Autor: Q10
• Traductor: Inmensurable
⚔️ El juramento de un caballero y el filo del primer Maestro de la Espada se forjan en cada batalla. ¡Deja tu reacción y comentario para avivar la llama del acero y traer pronto el siguiente capítulo! 🛡️✨

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El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela)
Capítulo 67
El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 66
Estás leyendo el capítulo 66 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 19 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.