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Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 65 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Una mujer que no respiraba. Una mujer cuyos pies no pisaban la tierra. Un ser libre de Dios y desvinculado por completo de las leyes de este mundo. "……" La mujer cerró los ojos y evocó en su memoria las pupilas azules de aquel muchacho. Y también el alma de cierta entidad que moraba en el ojo izquierdo del chico. Había sido un alma resplandeciente, pero los vestigios grabados en ella rezumaban crueldad; sin duda, se trataba de alguien que había dominado una de las artes más antiguas. 'Las viejas reliquias del pasado comienzan a desperezarse', pensó la mujer con los párpados cerrados. Había llegado el momento. Una era de caos. La época en que se abrían las fisuras. Tiempos como este constituían la oportunidad perfecta para que aquellos que habitaban en la frontera encontraran su lugar. La mujer había aguardado esa ocasión durante una eternidad. "…… Mis caballeros, tomen de entre lo que tienen delante aquello que sea de su agrado." Con los ojos aún cerrados, la mujer habló señalando con el dedo hacia el corazón de la penumbra. En el sitio exacto al que apuntaba la yema de su dedo yacían los rostros desmembrados de varios individuos, de los cuales todavía goteaba sangre fresca. Rostros retorcidos por la agonía, desencajados por el asombro o petrificados por el más puro espanto. Eran las cabezas decapitadas de los caballeros de la Casa del Barón Utman. "Por el momento, nos acogeremos a la hospitalidad de estas tierras." "Comprendido, mi señora Lamashtu." Desde la oscuridad, los caballeros decapitados que la aguardaban en riguroso silencio inclinaron la cabeza ante su señora. El Barón Utman había pagado el precio. Su único hijo había regresado de entre los muertos y, a cambio de semejante portento, la ciudad de Mosiam quedó preñada de tinieblas. La oscuridad se filtra por cualquier resquicio. Y siempre aguarda al acecho, buscando su oportunidad. Exactamente igual que la mujer que ahora mantenía los ojos cerrados. Aquella noche, el firmamento que descendió sobre la ciudad de Mosiam trajo consigo un matiz todavía más sombrío. \*\*\* Vlad pensó para sus adentros mientras contemplaba a la mujer que cruzaba miradas con él: 'Mirándola con atención, tiene unas pestañas larguísimas.' Sus ojos poseían el mismo color que los de Oksana, pero la impresión que transmitían era radicalmente opuesta, por lo que resultaba sumamente interesante observarla con detenimiento. "¿De modo que fue absorbido por un agujero negro que surgió de la nada? ¿Eso es lo que dices?" "Sí." La inflexión tajante y la expresión adusta de lady Justia evocaban la escena de un severo interrogatorio, pero la actitud con la que trataba al muchacho era, en verdad, profundamente considerada. Al fin y al cabo, mientras ellos yacían colapsados en el interior de aquella iglesia semiderruida dependiendo de una tenue barrera defensiva, quien había plantado cara al hombre decapitado había sido este joven de cabellos dorados. Era natural que sintiera deseos de brindarle las mayores atenciones a un muchacho que lo había dado todo de sí. "Explícamelo con más detalle." Lady Justia formulaba la pregunta con tono seco y marcial, pero sus manos revolvían diligentemente un té dulce antes de ofrecérselo. Aunque su primer encuentro había sido el peor imaginable, tras haber sobrevivido juntos a un campo de batalla que rozó la mismísima muerte, bien podían considerarse ya camaradas de armas. "Verá, lo que sucedió fue que subí al campanario y destrocé el emblema. Parece que eso lo enfureció en extremo, y entonces……" Alentado por las atenciones de lady Justia, Vlad comenzó a relatar una vez más y con minucioso detalle los sucesos de aquella fatídica noche. Al ser el último testigo presencial y el único superviviente que había enfrentado al hombre sin cabeza, el muchacho era quien poseía las pistas determinantes para esclarecer semejante catástrofe. En otras palabras, aquello significaba también que no existía ninguna prueba concluyente capaz de desmentir su testimonio. "El combate era tan frenético que apenas me daba abasto para contener las estocadas que descargaba." El escenario reconstruido a través de las minuciosas pesquisas posteriores resultaba, a todas luces, desolador. Y es que en el terreno habían quedado grabadas las marcas de un individuo que había rodado por el fango de manera lastimosa frente a la violencia implacable de su adversario. Al descubrir en medio del caótico entramado de pisadas el rastro de aquella agónica contienda a muerte, los paladines de la archidiócesis le habían dedicado al muchacho un aplauso de sincero respeto. Jamás nadie hubiera concebido la idea de que un joven que apenas ostentaba el rango de escudero hubiera sido capaz de someter por sí mismo a aquel engendro descabezado. "Entonces, de improviso, brotó del suelo una extraña abertura tenebrosa, no sé bien qué era. Como si fueran las fauces de una bestia descomunal, se tragó de golpe al hombre decapitado y se lo llevó……" Lady Justia tomaba nota concentrada mientras escuchaba la declaración de Vlad, quien entretejía con maestría retazos de verdad con hilos de engaño. Habiéndose criado al abrigo de cortesanas que se ganaban el pan gracias a la elocuencia de sus labios, la labia del muchacho resultaba sumamente convincente. "Y después de eso, se esfumó en el aire. No tengo muchos años de vida, pero jamás en mis días había presenciado un espectáculo tan insólito." "Mmm." Lady Justia se sumió en hondas cavilaciones ante el testimonio de Vlad, el cual, si bien parecía un relato confuso a simple vista, contenía todos los elementos indispensables. "¡Ah! Me parece recordar que pronunció cierto nombre." "¿Qué nombre? ¿Cuál era?" Sedienta del menor indicio, lady Justia abrió los ojos de par en par y clavó la mirada en el muchacho, quien se mesaba los cabellos fingiendo devanarse los sesos para recordar. "Ah, no me sale. Se me ha quedado la mente totalmente embotada." "Aguarda un instante. Quizá si comes algo logres despejar la memoria." Lady Justia cogió con premura una fruta que descansaba cerca y comenzó a retirarle la cáscara a toda prisa. Aunque en ciertos aspectos resultaba ser una guerrera impenetrable y sin fisuras, verla mostrarse tan ingenua en momentos como este provocó que Vlad pusiera un gesto de sutil perplejidad. "Lama…… ¿Cómo era? ¿Lamasu?" "¿Lamashtu?" "¡Ah, sí! Juraría que dijo Lamashtu." Al oír las palabras de Vlad, la expresión de lady Justia se endureció como la piedra y sus manos se detuvieron en seco. Quizá debido a que la fuerza brotó de su cuerpo de manera involuntaria, los dedos de la guerrera dejaron profundas marcas hendidas en la pulpa de la fruta que sostenía. "…… Ya veo. Te agradezco la cooperación." Lady Justia dejó a un lado la fruta a medio pelar y se puso en pie. "San Rozino jamás olvidará el denodado combate que libraste aquella noche." "…… Sí." "Descansa." Vlad se quedó sentado con aire ausente mientras contemplaba cómo lady Justia se marchaba a paso raudo tras soltar únicamente lo indispensable. Viendo la tajante determinación que exhibía ante semejantes revelaciones, a Vlad le resultaba del todo imposible descifrar qué clase de persona era ella. Bueno, de todas maneras aquello había sido un alivio. El embrollo había quedado atrás sin mayores percances. \['Menuda fortuna. No ha sospechado de ti en absoluto.'\] "Dijeron que el tamaño de las huellas impresas en el barro era idéntico. Hasta yo me habría confundido de haber estado en su lugar." Allí se encontraba un muchacho que, usando el sentido común y los prejuicios ajenos como escudo, había prestado un testimonio falaz ante una devota paladín. Sin embargo, pese a haber recurrido al engaño, la información crucial que albergaban sus palabras era auténtica, por lo que los desvelos de lady Justia no habrían sido en vano. "Si iba a pelarla, al menos podría haber terminado el trabajo." Vlad cogió con disimulo la fruta que ella había abandonado y le asestó un mordisco de un solo bocado. "…… Salada." Aquella fruta a medio pelar sabía a ella. \*\*\* A la mañana siguiente. Tras haber concluido con rigurosidad todas las indagaciones, lady Justia y los paladines inclinaron la cabeza para despedir a la comitiva que se disponía a abandonar la aldea. Pese a tratarse de individuos imbuidos de un noble orgullo derivado de su cercanía con Dios, las hazañas que la partida de reconocimiento de Shoara había llevado a cabo en este poblado merecían un indiscutible reconocimiento. De hecho, en ese preciso instante se podía ver a varios paladines estrechando la mano del muchacho en señal de sincera felicitación por sus esfuerzos. "Nuestra archidiócesis de San Rozino jamás olvidará las valerosas determinaciones que todos ustedes han tomado." "…… En ese caso, os ruego encarecidamente que habléis bien de nosotros." "Porque el señor alcalde al que sirvo ahora es un hombre sumamente meticuloso." Lady Justia no tuvo más remedio que responder con el silencio ante las palabras de Sir Gregory, que sonaban a chanza pero entrañaban una rotunda verdad. Como paladín juramentada a declarar siempre la verdad ante Dios, no le sería lícito omitir el nombre de Gregory de Bayezid en lo tocante a este asunto. "Aunque no me sea dado faltar a la verdad, haré cuanto esté en mi mano por tomar en consideración la postura de Sir Gregory." "Preferiría que sencillamente no hiciera nada." "... Lo lamento." Habiendo recobrado el vigor gracias al poder sagrado de los paladines, el grupo ultimaba las comprobaciones a la espera de que Sir Gregory diera la señal de partida. Los ojos verdes de Lady Justia, que los contemplaban, se detuvieron en un punto concreto. Había un pequeño pendón que el muchacho doblaba con meticulosa cautela. "... Conque Vlad poseía un pendón personal." "Es un talento en ciernes al que la Casa Bayezid presta atención tras largo tiempo de espera. Por ello nos cuidamos de tratarlo con la debida prudencia." Al escuchar las palabras de Sir Gregory, los paladines que lo rodeaban asintieron al unísono, juzgándolo más que comprensible. Habiendo demostrado semejante entereza y temple, era natural que el potencial que custodiaba en su interior fuera extraordinario. "Bien, nosotros emprenderemos el regreso." "Rezaré para que la gracia de San Rozino os acompañe en el camino." Intercambiadas las despedidas con los paladines, Sir Gregory hizo una señal y Goat tiró con firmeza de las riendas de los caballos. ¡Hiiii-iin! En lugar del carruaje que ellos mismos habían reducido a cenizas, la comitiva avanzaba conduciendo un humilde carromato. Pese a haber perdido el coche de caballos, a cambio se habían granjeado la buena voluntad de la archidiócesis de San Rozino en el norte. Ignoraban cuándo se presentaría la ocasión de recurrir a ella, mas con certeza podrían contar con su auxilio al menos una vez en el futuro. "¿Te encuentras bien?" "Puedo aguantar el viaje sentado." "Si sientes molestias, dilo; sería un grave contratiempo que las heridas vuelvan a abrirse." Vlad, todavía convaleciente y maltrecho por las secuelas de haber albergado aquella voz en su alma, acomodó las posaderas en el borde de la carreta tomada prestada de la aldea. Aquella insistente realidad de verse forzado una y otra vez a viajar sobre carromatos le causaba una vaga zozobra, pero al ser incapaz de montar a caballo, no había alternativa alguna. "Es un alivio ver cómo se disipa la niebla." "Dicen que desde antiguo este paraje gozaba de un sol espléndido. Al cabo, todo era obra de aquel engendro." Ante las palabras de Sir Gregory, el muchacho sintió que el pecho se le aliviaba levemente. Más que en las entrañas de los oscuros callejones de Shoara, descansar en una aldea abierta y acariciada por el sol sería un destino mucho mejor para Anna. La aldea que antes languidecía anegada por la bruma. Los pobladores congregados a la entrada del poblado agitaban las manos hacia la comitiva que partía con rumbo a Shoara. Al divisar entre ellos a la niña que le había entregado el anillo de flores, Vlad correspondió alzando levemente la mano hacia la pequeña figura que se despedía de él. Sobre el traqueteo del carromato, el joven alzó la mirada hacia la bóveda celeste. El firmamento, donde bogaban nubes níveas, resplandecía teñido de un azul intenso y límpido. "Qué hermoso." Ojalá que Anna pudiera hallar calor y sosiego en este rincón. El muchacho lo deseaba desde lo más hondo del corazón. Arropados por la bendición de los paladines y la despedida de los aldeanos, el grupo pudo emprender el camino de regreso a Shoara con el ánimo mucho más ligero que cuando habían llegado. \*\*\* La límpida luz del sol bañaba el despacho de la alcaldía de Shoara. El señor de aquel aposento, Josef, servía el té con sus propias manos para el anciano sentado a la mesa de recepción. Aunque vestía con prendas raídas y humildes, la mirada de aquel hombre refulgía con un brillo penetrante. "¿Cuándo llegó a esta ciudad?" "Hace ya un tiempo que arribé. Deben de haber pasado un par de días." "Si me hubiera hecho llegar una palabra, habría acudido de inmediato a recibirlo con los honores debidos." Al contemplar a Josef escanciar el té con porte pulcro y sereno, el anciano lo miró con expresión complacida. Aquel niño tan débil que en sus tiernos años parecía a punto de exhalar el último aliento en cualquier instante se había convertido en un hombre cabal. Pensar que él mismo había aportado algo a forjarlo llenaba de orgullo su pecho. "En mi condición actual no soy más que el más humilde de los hombres; ¿cómo osaría hacer venir al joven señor?" Pese a que se dirigía a Josef tratándolo de 'joven señor' en lugar de 'señor alcalde', ni el aludido ni Sir Zayar, apostado a su lado, formularon el menor reproche. El anciano que paladeaba el té poseía derecho sobrado para llamar 'joven señor' a Josef en cualquier momento y lugar. "Bien. ¿Dónde está ese bribón?" Desde la infancia, Josef conocía de sobra el temperamento impaciente del viejo. Al ver que iba al grano antes siquiera de posar la taza sobre la mesa, Josef esbozó una sonrisa afable antes de responder: "Lo he enviado a cumplir una encomienda. Lo mandé a la baronía Utman, de modo que no tardarán en llegar noticias suyas." "Vaya. Para ser un simple escudero, ya se le confían misiones." Al oír las palabras de Josef, los ojos del anciano brillaron mientras asentía con la cabeza, sopesando para sus adentros que tal vez ese muchacho fuera de algún provecho. "En verdad, antes de venir a Shoara pasé por Sturma para ver al patriarca. Me queda un único ducado en el bolsillo y deseaba zanjar mis asuntos de una buena vez; por eso fui hasta allá." Al escuchar la palabra 'ducado', tanto Josef como Sir Zayar experimentaron un leve estremecimiento. De modo que con ese propósito había venido hasta aquí. "Pero los mequetrefes de escuderos que tienen en ese sitio tenían todos los ojos turbios y apagados, como pescados podridos. ¿Cómo es posible que los que en el futuro han de cargar con el nombre de los Bayezid anden en semejante facha lamentable?" Chasqueando la lengua al afirmar que entre la mocedad actual no quedaba un solo individuo que valiera la pena, el anciano volvió el rostro y clavó la mirada en Sir Zayar. "¿Acaso el escudero que adiestras tú también es de esa calaña?" "... Bastante mejor que esos inútiles será." "Al ver que el cascarrabias responde así, supongo que para algo ha de servir." Sir Zayar apretó los labios con fuerza al escuchar que lo llamaban cascarrabias. Mas ¿qué podía hacer? En los fogosos días de su juventud le había mostrado a aquel anciano tanto lo más excelso como lo más vergonzoso de su persona, por lo que no le quedaba réplica posible. "Solo espero que ese tal Vlad resulte de mi agrado. Porque si se comporta como ese tal Sobanin o como se llame, pavoneándose solo por el abolengo de sus padres, por más que sea el escudero del joven señor le propinaré un soberano golpe en..." "Mi escudero no tiene padres." Josef deslizó una bandeja con refrigerios frente al anciano, dibujando una leve sonrisa. "Creció huérfano en los callejones y trepó hasta aquí únicamente por su propia valía." "Vaya..." Habiendo desentrañado la verdadera intención tras la visita del anciano, Josef procuraba avivar su interés al máximo para retenerlo a su lado. La narración de un origen labrado desde la absoluta indigencia apelaría sin duda a la nostalgia del viejo, rememorando la aspereza de sus propios y lejanos días de antaño. "No es menester que le otorgue el ducado; bastará con que le enseñe una sola lección a ese muchacho." "Ejem. Bueno, si el joven señor me lo solicita en esos términos..." Mascando el dulce que Josef le había ofrecido, el anciano se mesó la barba. Josef desvió la mirada hacia el pendón clavado a la espalda del viejo visitante. "A decir verdad, entre los bribones jóvenes que he visto últimamente no había encontrado a uno solo que me complaciera." Aquel estandarte, pequeño y desgastado por los años pero custodiado con visible devoción, guardaba un innegable parentesco con el pendón que el propio Josef le había entregado a Vlad. "Siendo una petición del joven señor, me tomaré la molestia de examinarlo con detenimiento." El anciano adoptó un porte engolado mientras se acariciaba la tiesa perilla de chivo. En aquel gastado pendón que traía consigo se hallaban bordados más de diez emblemas. Tan antiguo como curtido por los años, aquel estandarte pertenecía a un hombre que había demostrado su honor por sí mismo. \----- • Autor: Q10 • Traductor: Inmensurable ⚔️ El juramento de un caballero y el filo del primer Maestro de la Espada se forjan en cada batalla. ¡Deja tu reacción y comentario para avivar la llama del acero y traer pronto el siguiente capítulo! 🛡️✨
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El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 65

Estás leyendo el capítulo 65 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 19 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.