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Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 64 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
No sé quién soy. Sin embargo, sé que hay algo que debo hacer. El recuerdo de mi existencia desapareció hace ya mucho tiempo, pero el deber que he de custodiar permanece grabado en lo más profundo de mi alma. He existido única y exclusivamente para esto. \*\*\* Hasta el primer choque aquello había sido un duelo; a partir del segundo se transformó en ira, y después de eso... "¡¿Acaso creíste que con una destreza tan lamentable podías desbocarte como si fueras alguien?!" No era más que mera violencia. En el pináculo de aquella violencia descargada sin tregua, el hombre sin cabeza no tuvo más opción que retroceder a trompicones, presa de un profundo desconcierto. Parecía haberlo olvidado por un instante: aquel ser decapitado, que había subsistido alimentándose de la muerte ajena, ignoró por completo que también podía llegar el momento en que él mismo fuera devorado. ¡Bum! ¡Baaam! ¡Bum! Al contemplar los destellos que se arremolinaban nítidamente a través de la espada desprovista de adornos, el ser descabezado desenterró una emoción que no recordaba desde hacía una eternidad. "...¿Quién es usted?" El miedo. Temía que sus vestiduras sacerdotales, que aún se desgarraban en jirones, y su corcel espectral, arrojado a la distancia, no fueran más que el preludio de lo que le esperaba a él dentro de unos instantes. "No tengo nada que decirle a una escoria que sorbe la sangre de los más pequeños." En el ojo izquierdo de la voz rugía una tempestuosa tormenta. Era una tempestad de relámpagos desprovista de toda piedad. "Así que muere." En un instante, el mundo se tiñó de blanco. Al menos, así lo sintió el caballero decapitado. Ahí venía. El monstruo blanco. Con sus feroces colmillos al descubierto. Venía a devorarlo. Una bestia salvaje forjada con relámpagos blancos se abalanzaba en línea recta hacia el caballero decapitado, a una velocidad tal que ni siquiera las gotas de lluvia que caían parecían capaces de rozarlo. '¿Por la izquierda? ¡¿O acaso...?!' El caballero decapitado titubeó decenas de veces en una fracción de segundo, estremeciendo todo su cuerpo. En cada paso que daba la voz se hallaban contenidas decenas de posibilidades. El problema residía en que en cada una de esas posibilidades estaba grabada su propia perdición. Era la viva imagen de un destino que se aproximaba con implacable brutalidad. '¡Por la derecha!' Ante los movimientos impredecibles de la voz, el caballero decapitado reaccionó con todas sus fuerzas, pero lo único que recibió a cambio fue un gélido soplo a sus espaldas. "¿Y con este nivel tan mísero te atreviste a balbucear sobre si era lento o no?" "¡...!" Sin que se diera cuenta, la bestia feroz se había apostado tras la espalda del hombre sin cabeza, exhalando un aliento lúgubre. ¿Cómo se atrevía semejante alimaña a burlarse del potencial que él tanto atesoraba? ¡Kooom! "¡Aaargh!" La voz descargó sin piedad su espada repleta de furia contra el hombre sin cabeza. El impacto fue tan demoledor que el caballero decapitado no solo se estampó contra el suelo, sino que rebotó con violencia soltando un alarido involuntario; mas esto distaba de haber terminado. ¡Bum! ¡Bum! Suspendido en el aire, el hombre sin cabeza fue cercenado decenas de veces, debatiéndose en un terror mucho más espantoso que la muerte. "¡Puaj!" Aquel hombre decapitado, libre de las ataduras de la muerte y ajeno al dolor terrenal, era incapaz de recuperar el sentido ante los embates de la voz, que parecían desgarrarle el alma antes que la carne. ¿Cómo podía existir un ser semejante en este mundo? Al contemplar a aquella presencia que desafiaba cualquier comparación con los enemigos a los que se había enfrentado en el pasado, el decapitado solo atinó a manotear en vano. "¡Devuélvelo!" Exhalando un vaho feroz, la bestia blanca se precipitó sobre el hombre sin cabeza que yacía miserablemente derribado en el lodazal empapado por la lluvia. "¡He dicho que lo entregues de inmediato!" "¡Haaagh!" Repitiendo con exactitud las palabras que el muchacho había pronunciado momentos antes, la voz aporreaba al hombre decapitado sin contemplaciones. Cada vez que descargaba la espada y los puños, fragmentos secos y marchitos se desprendían del ser decapitado, dispersándose como ceniza inerte en el aire. ¡Creeec! "¡Aaaargh!" Haciendo palanca con la hoja y quebrando con los puños, la voz buscaba sin descanso el aliento de los niños en las entrañas del hombre decapitado. Es ley natural que un mundo débil sea devorado; aun así, los niños estaban libres de culpa. A los niños jamás se les debió arrastrar a las reglas despiadadas de este mundo. "Aquí estabas." Y así, la voz logró aferrar al fin el aliento de los pequeños que estaba a punto de ser succionado por la oscuridad. Con un leve suspiro, sostuvo con devota delicadeza aquel hálito que todavía titilaba. Aunque eran diminutas, las existencias de aquellos niños poseían una gravidez inmensa. Para hacer germinar el diminuto destello que ahora sostenía, los mundos de dos seres habían tenido que derramar sangre y lágrimas. Al sentir el peso que el padre y la madre habían grabado en ellos, la voz arremetió una vez más contra el pecho del caballero decapitado. "¡Ugh!" En aquella noche lluviosa, el caballero que no recordaba su propio nombre rescató, de ese modo, una pequeña estrella de entre las tinieblas del hombre sin cabeza. "Terminemos con esto." Tras depositar con sumo cuidado aquella estrella en el regazo del muchacho, la voz volvió a empuñar la espada desprovista de adornos. Todavía quedaba una tarea pendiente. "En otros tiempos recordaba con precisión cómo matar a los engendros como tú, pero parece que ahora lo he olvidado." "..." Al ver aproximarse con lentitud a la voz, el hombre decapitado se reprochó con amargura su propio error. Creyó que se trataba de un semejante, pero no lo era en absoluto. Sin duda era alguien que había escapado de la muerte al igual que él; sin embargo, la energía que albergaba era infinitamente pura. "Aunque no lo recuerde, no significa que carezca por completo de un método." Un relámpago blanco, nacido en la punta de los dedos de la voz, bañó en un fulgor enceguecedor la espada desprovista de adornos. "Si te arranco las cuatro extremidades y te desgarro en pedazos, será prácticamente lo mismo que estar muerto." El vencedor arriba, el vencido abajo. Quien triunfa lo decide todo. Y tú serás desmembrado aquí hoy. Al escuchar el despiadado desenlace decretado por la voz, el hombre sin cabeza retrocedió a tientas, extendiendo las manos con desesperación. Su postura era la viva imagen de una súplica desquiciada. "¡Lamashtu...! ¡Mi señora Lamashtu!" Incapaz de implorar a los dioses, el hombre decapitado no tuvo más remedio que clamar el nombre de su señora, tambaleándose mientras gritaba una y otra vez aquel nombre. "¡...!" Aunque su mente no lo recordaba, la voz pudo presentirlo en su fuero interno. Comprendió al instante a quién le estaba implorando socorro aquella criatura andrajosa. ¡Crujido! "...Vaya." Sin embargo, el cuerpo del muchacho comenzó a aullar de dolor, incapaz de resistir por más tiempo. La carne y el mundo del joven sin duda habían madurado, pero someterlos a una carga mayor ya era un imposible. Más bien, cabía elogiarlo por haber sido capaz de albergarlo hasta este límite. "¡Aquí! ¡Estoy aquí!" Durante la breve vacilación de la voz, el hombre decapitado alzó ambas manos hacia el cielo como si aguardara la salvación. No obstante, la salvación que tanto anhelaba no descendió del firmamento, sino que brotó de las entrañas de la tierra. Cual foso abierto de improviso, una sombra renegrida abrió lentamente sus fauces, arrastrando al hombre sin cabeza y a su corcel espectral hacia el abismo. "¿Mi señora Lamashtu? ¡¿Mi señora Lamashtu?!" Al bajar la mirada hacia sus propias manos, que se marchitaban y retorcían a ojos vistas, el hombre decapitado profirió un alarido de desgarradora agonía; su señora ya estaba despojándolo de la inmortalidad concedida. "Lamashtu." Paladeando aquel eco nada ajeno en sus labios, la voz contempló el ocaso del hombre que se desmoronaba poco a poco. Aquello que ha agotado su utilidad termina consumiéndose tarde o temprano. Ya fuera a modo de castigo o con el propósito de no dejar rastro alguno, el hombre sin cabeza continuaba encogiéndose sobre sí mismo hasta marchitarse. "¡No...!" La muerte regresaba a la tierra. En obediencia al llamado de su señora. Lo único que aquel hombre dejó finalmente en este mundo fue un alarido tan vano como fútil. Sin embargo, la voz, el único ser que escuchó semejante chillido, no albergaba la menor intención de guardar memoria del final de aquel sujeto. Entre los extenuados límites del muchacho, la voz comenzó a ejecutar el último movimiento que había reservado con cautela. "\[Regresad a casa.\]" ¡Claaang! En medio de aquel estertor postrero que aullaba la muerte, la voz descargó aquel postrer movimiento reservado contra el profano glifo. Desde la punta de la espada desprovista de adornos, comenzó a brotar y esparcirse el aliento resplandeciente de los niños. Una muerte que se extinguía y una vida que florecía. En la aldea donde la lluvia por fin había cesado, el espectáculo que la voz contempló fue la vida y la muerte mismas. Situada en el lindero exacto entre ambas, se limitó a guardar para sus adentros todo aquel paisaje en absoluto silencio. La niebla comenzaba a disiparse. \*\*\* En la posada de la aldea, todavía huérfana de huéspedes. En aquel sosegado rincón, había un hombre que se afanaba en moverse a solas. Había sido él quien regresó a hurtadillas a la iglesia, sumida en un silencio de muerte, para recoger a los caballeros que yacían desparramados como cadáveres. "Jefe. ¿Cómo te sientes ahora?". "...... Del asco, más o menos". Vlad dejó escapar un leve suspiro al mirar a Goat, quien lo observaba con fijeza. Le resultaba sumamente exasperante verse en semejante estado, incapaz siquiera de sostener una cuchara sin dificultad. "Aun así, date por bien servido de haber quedado solo en eso. Cuando te traje a cuestas por primera vez, creí de verdad que eras un trapo hecho jirones". "......". Vlad removió con esfuerzo la sopa que sostenía, ahorrándose las palabras. Aún le restaban asuntos por atender tras terminarla, de modo que lo más prudente era economizar hasta el más mínimo ápice de energía. "Todavía tengo que ir a cuidar a los otros señores caballeros. Descansa un poco". "De acuerdo". Con esas palabras, Goat cruzó el umbral de la habitación donde yacía Vlad. Al cerciorarse de que se alejaba, el muchacho comenzó a conversar en voz alta con la voz en su cabeza. Tal vez por haber forzado su cuerpo más allá de todo límite, le resultaba imposible transmitir sus palabras desde el fuero interno. La voz le había advertido que, muy probablemente, tendría que comunicarse de ese modo durante algún tiempo. "Aun así, me alegra que todos sigan con vida". \[En efecto. Eso es lo más importante.\] Todos los caballeros que habían plantado cara al Decapitado sufrieron heridas de diversa consideración, pero, afortunadamente, lograron conservar la vida. La barrera alzada por Justia había resistido con tenacidad protegiendo a los caballeros, y la audaz maniobra de Vlad había conseguido sacar al ser decapitado fuera del templo. Sin embargo, en última instancia, si lograron sobrevivir fue gracias a la intervención de la voz. Aquella noche, los caballeros debieron de creer que eran tan solo cuatro los presentes en la contienda; pero, en realidad, había un miembro adicional oculto en las sombras. Era un secreto que solo pertenecía al muchacho y a la voz. "Muchas gracias". \[...... Sí.\] El muchacho aún no estaba acostumbrado a expresar sus sentimientos con franqueza, pero, al menos en este instante, habló con toda el alma. Consciente de su sentir, la voz no añadió palabra alguna y se limitó a cerrar los ojos en lo profundo del joven. En la alcoba donde solo él permanecía a solas, únicamente resonaba el tenue tintineo de la cuchara al rozar el cuenco. \*\*\* Tras terminar la comida, Vlad se puso en pie para dar fin a los asuntos pendientes, a pesar de lo maltrecho que sentía el cuerpo. "¡Gracias! ¡Muchísimas gracias!". "¡Señor caballero! ¡De verdad, se lo agradecemos de corazón!". Los padres que aquella fatídica noche habían llorado abrazando a los niños cuyo aliento desfallecía, no escatimaron muestras de gratitud al ver al muchacho avanzar con paso fatigado. Para ellos, era alguien a quien anhelaban aclamar por encima de cualquier héroe legendario. El muchacho no les dio una respuesta en particular al verlos. Se limitó a frotarse la nariz con desgana ante esa incómoda y tibia emoción que brotaba en su pecho. Además, aún tenía una tarea que debía concluir debidamente. "No te acerques más allá de ese punto". "Vengo de Shoara. Una paladín llamada Justia me conoce". "...... Espera". Vlad aguardó la inspección apostado frente a la iglesia, que se hallaba semiderruida. Los paladines convocados por Justia habían llegado con cierto retraso, pero estaban rematando los asuntos pendientes con una eficacia intachable. La diligencia con la que inspeccionaban e investigaban la maldición propagada desde la iglesia infundía, sin duda, sosiego en los aldeanos. "Puedes pasar". Habiendo obtenido el permiso de aquel paladín anónimo, Vlad se adentró con cautela en el interior del templo. Acompañado por el chirrido de las maderas bajo sus botas, la iglesia, aún repleta de los vestigios de aquella noche, destilaba una atmósfera lúgubre y desolada a pesar de hallarse en pleno día. De no haber sido por los paladines que iban y venían afanosos de un lado a otro, Vlad habría empuñado la espada antes de dar un solo paso. "Lady Justia". "...... ¿Qué te trae por aquí, Vlad?". Vlad, que oteaba de un lado a otro buscando a la mujer de ojos esmeralda, dio finalmente con Justia bajo el profano glifo, sosteniendo un libro que asemejaba a unas sagradas escrituras. "¿Podría bajar al sótano? Hay una persona a la que debo encontrar". "Las mujeres desaparecidas de Shoara ya fueron identificadas por Sir Gregory". La partida de investigación salida de Shoara había acudido a este lugar con el propósito original de rastrear a las féminas desaparecidas. Aunque por el camino los acontecimientos cobraron proporciones descomunales, Gregory no había desatendido su encargo. "Se trata de alguien a quien necesito buscar a título personal". "...... Iré contigo". Y el muchacho tampoco lo había olvidado. Había alguien a quien debía encontrar sin falta. Intuyendo en cierta medida lo que ocurría, Justia cerró el libro que había estado examinando con detenimiento. Ambos abrieron una puerta ennegrecida por el fuego y descendieron por los escalones que conducían al sótano. Aquella estancia subterránea de escasa profundidad recibía una tenue claridad que se filtraba a través de una pequeña abertura en el muro. "Es posible que aún queden vestigios de la maldición". Con la advertencia de Justia aún en el aire al descender al sótano, Vlad frunció el ceño ante el acre hedor a sangre que flotaba en el ambiente. "¿Podría destaparlas?". "Siempre y cuando recibas mi bendición una vez concluido el asunto". Comprendiendo que las palabras de Justia eran una concesión, Vlad comenzó a apartar con cuidado los toscos lienzos de arpillera esparcidos a su alrededor en busca de alguien. "......". Allí yacían los semblantes de mujeres crispados por el dolor. Las destapaba con delicadeza, oraba por el eterno reposo de sus almas y volvía a cubrirlas. Tras revisar uno a uno los cadáveres alineados en el suelo, Vlad dejó escapar un leve suspiro. Pese a estar deslucida y sucia, una familiar cabellera castaña reposaba frente a él. "Aguardaré afuera un momento". Al percatarse de que Vlad había encontrado a quien buscaba, Justia le concedió privacidad y se retiró con paso sereno. En el sótano solitario. Bajo aquel tenue haz de luz, Vlad contempló a Anna en absoluto silencio. "Qué asco de vida, ¿verdad?". Allí yacía tendida la mujer que, tras haber recibido una paliza a manos de un hombre miserable, le había ofrecido un huevo al muchacho suplicándole entre lágrimas que la protegiera. Acompañada todavía por el rastro de lágrimas negras que nadie se había dignado a limpiar. Al contemplar aquella estampa, una profunda pesadumbre se impuso a cualquier brote de ira en el corazón del muchacho. Si la punta de su espada hubiera sido un ápice más afilada, si tan solo él hubiera sido más fuerte, tal vez ella no estaría tendida sobre este suelo helado en este instante. Incapaz de hallar consuelo a pesar de haber dado cuanto tenía, el muchacho tragó saliva con amargura antes de hablar. "...... En tu próxima vida, no renazcas como ramera. Sé cualquier otra cosa". Vlad alzó la mano y le cerró la ropa sobre el pecho, que se hallaba abierta de par en par al igual que aquel día. Con la esperanza de que el calor de su tacto le confiriera, al menos, un poco de abrigo. En el lugar que el muchacho dejó atrás, solo permaneció el cuerpo de una mujer velado con piadoso esmero. A diferencia de las demás que la rodeaban, sobre su rostro ya no quedaba rastro alguno de lágrimas negras. Y en su mano, acariciada por el débil haz de luz que se filtraba a través de la rendija, descansaba un anillo de flores que, esta vez, sí llevaba una flor engarzada. \----- • Autor: Q10 • Traductor: Inmensurable ⚔️ El juramento de un caballero y el filo del primer Maestro de la Espada se forjan en cada batalla. ¡Deja tu reacción y comentario para avivar la llama del acero y traer pronto el siguiente capítulo! 🛡️✨
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Estás leyendo el capítulo 64 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 19 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.