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Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 63 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Dejando tras de sí a una exhausta Lady Justia, Sir Cade volvió a encordar una flecha en su arco. ¡Fiuuu! En el instante mismo en que la saeta surcó el aire, la piel de las yemas de sus dedos se desgarró en carne viva. De la cuerda que tensaba ya pendían densas gotas de sangre carmesí; aun así, Cade no cesó de disparar. Tenía que abrirle al menos una mínima brecha a Gregory. Las mujeres, habiendo perdido el rastro del niño rubio, viraron en redondo y se abalanzaron en tropel contra Gregory. Al hallarse fuera de la barrera que Justia había erigido con el último aliento de sus fuerzas, a él le correspondía soportar, enteramente en solitario, la malignidad que infestaba la iglesia. "¡Ojalá tuviese tanto éxito con las mujeres en tiempos de paz!" Sin embargo, Gregory era el más recio e inamovible entre los caballeros de la Casa Bayezid y, con una firmeza inquebrantable, avanzaba paso tras paso. Las garras ennegrecidas de aquellas mujeres ni siquiera conseguían arañar la superficie de su Aura parda. "Hoy he tenido que presenciar demasiadas porquerías. Empezando por tu asquerosa jeta." Bajo el implacable acoso de las mujeres, Gregory alzó en alto la espada imbuida con la bendición de Justia. Al fin y al cabo, bastaría con descargar este golpe para que todo encontrase su fin. 'Ruego que el chiquillo rubio al que envié haya logrado rescatar a los niños'. "Sigues sonriendo con sorna hasta el último aliento, ¿eh?" "Haga lo que deba." Yaciendo despatarrado en el suelo tras haber encajado la arremetida de Gregory —quien había embestido como un bisonte salvaje—, el falso sacerdote replicó dibujando una débil sonrisa: "Después de todo, yo no soy alguien a quien la muerte pueda ponerle fin." "...Veamos si eres capaz de seguir escupiendo sandeces cuando ruede tu cabeza." Como si las palabras de Gregory le hubiesen hecho gracia, el impostor estalló en carcajadas. Sus risotadas resonaban en una macabra sinfonía, mezclándose con los lamentos agónicos de las mujeres. "¡Eso es! ¡Ríete hasta que te pudras!" La espada de Gregory, resplandeciente con la bendición sacra, hendió el aire con furia torrencial. ¡Cras! Bajo aquel tajo desprovisto de la más mínima vacilación, el cuello del hombre risueño fue cercenado de cuajo y rodó escaleras abajo desde el altar. ¡Silencio! Al enmudecer el artífice de la maldición, los movimientos de las mujeres que lloraban se paralizaron al unísono. Para desarticular a un ejército, es menester decapitar a su comandante. El juicio de Gregory, tan arriesgado como una apuesta a ciegas, había coronado con éxito. Al contemplar la cabeza del hombre rodar y rodar peldaños abajo, Gregory exhaló un largo suspiro y se desplomó rendido sobre la escalinata del altar. "Maldita sea... El día de hoy sí que ha sido asfixiante..." Habiendo consumido hasta la última brizna de sus fuerzas en aquel golpe definitivo, Gregory extrajo con mano trémula la botella que guardaba en el pecho. Al menos por hoy, bien merecía beber hasta perder el conocimiento. Gregory había cargado con demasiado sobre sus espaldas para conquistar esta victoria. Cavilando en el sinfín de responsabilidades que tendría que asumir al regresar a Shoara, Gregory empinó el licor. Con aquel tajo, los caballeros habían triunfado, y se habían ganado con creces el derecho a saborear la gloria del instante. Hasta que la cabeza degollada despegó los labios. "Pensándolo bien, diría que a la misa de hoy le ha faltado el vino." "...¿Qué?" La comitiva, que cruzaba miradas exhaustas con tímidos destellos de alivio, se congeló de estupor ante aquella voz repentina. "Si no es mucha molestia, ¿tendría la bondad de concederme a mí también un trago de licor?" Los presentes se quedaron de piedra, petrificados por la voz que brotaba de algún rincón. Se trataba de la cabeza del sacerdote, recién degollada. La voz emergía directamente de su boca, que yacía en el piso al pie del altar. "¡Sir... Gregory!" En medio de una escena tan grotesca que a todos les arrebataba el habla, Cade se puso en pie de un salto con los ojos desencajados. Acababa de atisbar algo que se incorporaba con parsimonia a espaldas de Gregory. Cade tanteó a toda prisa su carcaj, pero sus dedos solo tropezaron con el vacío más absoluto. Aquel que se erguía lentamente tras la espalda de Gregory... carecía de cabeza. "Un Dullahan..." Justia clavó la mirada, transida de espanto, en el hombre que la contemplaba fijamente. El rostro pálido de aquel ser, derribado al pie del altar, le sonreía desde el suelo. "Y pensar que le había tomado afecto a este rostro tras haberlo llevado durante varios años." Un cadáver sin cabeza que se ponía de pie y una cabeza sin cuerpo que articulaba palabras. Ante semejante aberración, las pupilas de Justia temblaron con violencia. El caballero decapitado, el Dullahan. Un caballero libre de las ataduras de la muerte. "Parece que ya estamos todos reunidos." La cabeza desprovista de torso dirigió la vista hacia el firmamento. El cuerpo acéfalo alzó ambos brazos hacia lo alto. Sin que nadie lo advirtiera, afuera ya se había desatado el diluvio. \* \* \* ¡Brummm! La lluvia caía a torrentes y los truenos retumbaban con estruendo sobrecogedor. Aunque bajo sus pies se arremolinaba un denso manto de humo y sobre su cabeza se agolpaban nubarrones cargados de tinieblas, el muchacho continuaba escalando hacia el cielo, aferrándose a las molduras resbaladizas del campanario. Todo con el único fin de arrancar el blasón que oprimía el aliento de los niños prisioneros en aquel lugar. "¡Ugh!" Habiendo perdido por un segundo el punto de apoyo, el pie de Vlad pataleó en el vacío. No obstante, apretó los dientes y resistió con terquedad inquebrantable. Volvió a afianzar el paso y estiró la mano. Recibiendo de lleno el azote de la lluvia inclemente y las ráfagas salvajes del vendaval, el muchacho estiraba el brazo hacia la cúspide apretando las mandíbulas. Pese a carecer de títulos o credenciales, trepaba hacia las alturas para cumplir con aquello que debía ser llevado a cabo. 'Si no hay nadie, lo haré yo. Si nadie más está dispuesto a hacerlo, lo haré yo. Porque ese es mi deseo'. "Solo un poco más..." Habiendo alcanzado el límite inferior del blasón casi sin percatarse, Vlad extendió el brazo haciendo acopio de su último resto de energía. Bastaría con estirar las rodillas una sola vez. Con tan solo soltar la mano que se anclaba al muro y alzarla, se encontraba a tiro para alcanzarlo. Sin embargo, el mundo no estaba dispuesto a permitir que el muchacho asiese la estrella suspendida en el firmamento. Así de penoso y escarpado resultaba aferrarse a una sola de ellas. \['¡Esquiva!'\] "...¡!" Incluso sin la advertencia de aquella voz, en el ambiente se percibía una presencia asesina y ominosa. Retorciendo el torso en el acto, Vlad saltó al vacío y quedó con la boca abierta ante el espectáculo que se desplegó ante sus ojos. ¡Dooong...! La campana, rebanada de tajo con un corte tan nítido como el trazo de una línea, emitió su último tañido agónico antes de precipitarse al vacío. Y junto con ella, el campanario entero comenzó a venirse abajo. ¡Krr-boom! Como si un rayo se hubiese desgajado de los cielos, la estructura más encumbrada de la iglesia se derrumbaba hecha pedazos. "¡Maldita sea!" Arrojándose al suelo para eludir el desplome del campanario, el muchacho retrocedió ágilmente para esquivar los escombros que salían disparados en todas direcciones. Habiendo caído desde semejante altura, lo natural habría sido sufrir un impacto devastador; sin embargo, la bendición protectora de la Serpiente Blanca resguardó su cuerpo. Tras ponerse a salvo por escaso margen fuera del radio de peligro, Vlad desenvainó con presteza su espada desprovista de adornos. Era imposible que una edificación intacta se hubiese desmoronado por sí sola. "Admirable. Hasta a mis ojos ha parecido un aterrizaje soberbio." En medio de la polvareda arremolinada, alguien comenzó a aplaudir en dirección a Vlad. Al escuchar esa voz familiar y reconocible, el muchacho apretó los dientes con furia. "Maldito bastardo." Allí se divisaba a alguien que, en algún instante, se había apoderado del funesto blasón que antes coronaba el campanario. "Ya sabía yo que no podías ser un maldito ser humano." Era un hombre decapitado que aplaudía hacia Vlad con tono de burla manifiesta. Sin embargo, lejos de sucumbir al espanto ante semejante aparición, el joven alzó su espada. Había estado en el lugar exacto donde debía estar, pero por la distancia de un solo palmo no había logrado concluir su cometido. "Entrégame eso." "..." Sin embargo, el hombre sin cabeza ya no respondió a las palabras de Vlad. Tan solo se dispuso a montar sobre el corcel que se le había acercado en silencio, el cual desprendía un fulgor azul intenso a través de sus cuencas. Un hombre decapitado. Un caballo reducido a puro hueso. La estampa de ambos era idéntica a la mismísima muerte. "¡Suelta eso de una vez!" Pero el muchacho no titubeó en arrojarse hacia ellos. Arremetiendo a una velocidad que desafiaba toda previsión, Vlad descargó su espada sin adornos directamente contra el decapitado. ¡Klang! Aquel movimiento fue tan veloz como una centella, pero el hombre sin cabeza alzó su espada con total indiferencia y detuvo el golpe del muchacho como si nada. Lejos de conformarse con ello, retorció su hoja en un ángulo incomprensible, sofocando a Vlad con una presión asfixiante. "¡...!" '¡Está retorciendo sus articulaciones de un modo aberrante! ¡No intentes anticipar el ángulo!' El hombre sin cabeza castigaba al muchacho con acometidas que solo una criatura desprovista de vida podía permitirse ejecutar. ¡Clang! ¡Clang! ¡Clang! Pese a todo, Vlad contenía cada embate volcando hasta la última gota de sus fuerzas. Aunque no pudiera predecir las trayectorias, sus ojos lograban captarlas. La portentosa agudeza visual innata del muchacho volvía posible semejante proeza. La técnica de contraataque aprendida de Zayar se desplegaba con furia. "¡Haaah!" Si estás en el lugar donde debes estar, actúa. Si te encuentras plantado en la posición debida, ejecútalo. Pues un gran caballero, el Maestro de la Espada, te lo ha concedido. "..." Al contemplar al muchacho, que hasta hacía un instante retrocedía en franca desventaja y ahora volvía a afianzar su postura para arremeter, el caballero decapitado aferró su espada con ambas manos. Había comprendido que solo empleándose con absoluta seriedad lograría sacudirse de encima al joven que tenía enfrente. "No se precipite de esa manera. Desconozco en qué momento la indulgencia que profeso hacia un semejante podría llegar a extinguirse." "¡¿Y por qué demonios iba a ser yo tu semejante?!" "... No me estoy dirigiendo a usted." Eran desvaríos incomprensibles los que profería aquel caballero sin cabeza, pero el muchacho solo avanzaba con la férrea convicción de cumplir con su deber. "¿Acaso no es usted demasiado lento?" "¡...!" Aunque blandía su espada sin tregua, los movimientos del hombre decapitado ya sobrepasaban por un margen abismal la velocidad del muchacho. Al percibir una estocada tan fulminante que resultaba imposible de desviar con una técnica de contraataque, Vlad, llevado por un puro reflejo inconsciente, interpuso su propio hombro en la trayectoria. 'Vlad...' Incluso la voz en su mente lanzó un grito de consternación ante semejante temeridad, pero enmudeció al instante ante la escena que se desplegó a continuación. ¡Chiiirrr! Un estallido de chispas brotó del choque entre el acero y la coraza. La espada del decapitado colisionó contra la armadura del muchacho, deslizando y desviando el filo en un ángulo sutil. Se trataba del arte de la armadura que había contemplado en la mujer de ojos esmeralda. "¡Haa!" Era una técnica concebida estrictamente para ser ejecutada con una rígida armadura de placas, pero la bendición de protección divina de la Serpiente Blanca, que refulgía en un blanco níveo, la hizo posible. Ante la maniobra del muchacho, que forzaba sobre el material un impacto inadmisible, la armadura de cuero de Bayezid chilló al borde del colapso. "¡...!" Incluso el hombre sin cabeza vaciló un instante, atónito ante la encarnizada resistencia del muchacho. El principio del golpe letal definitivo nace de lo imprevisto. El talento de aquel joven, capaz de aprender con solo observar y de asimilar con solo escuchar, bastaba con creces para sacudir con lo imprevisible un campo de batalla ya sentenciado. "¡Aaaaargh!" Una luz resplandeciente y blanquecina comenzó a manar del ojo izquierdo que Vlad mantenía cerrado. En el horizonte donde tú y yo nos encontramos, el yo se convierte en nosotros. El mundo del muchacho, que continuaba ensanchándose a cada instante, requería ser colmado, y comenzó a extraer lo que le faltaba del mundo de la voz con el que se hallaba en íntimo contacto. La voz se lo permitió. El mundo de la voz era un cosmos de tonalidades densas e inclementes. Un paraje colmado de tempestades desatadas y tormentas eléctricas implacables. Un rayo con una descarga más formidable que el mismísimo trueno que hendía la noche comenzó a brotar de la espada sin adornos. "¡Te he dicho que dejes en paz a los niños!" En lo alto del campanario no había sido capaz de conseguirlo, pero en este instante, el muchacho logró dar ese paso que tanto había anhelado. Al compás del crujido que quebraba el caparazón que lo confinaba. ¡Craaaash! El principio del golpe letal definitivo que la voz le había transmitido se reprodujo a la perfección a través de las manos del muchacho. Un relámpago blanco cayó con furia desde la espada del joven. \* \* \* Frente a la fachada de la iglesia, solo el murmullo de la lluvia cayendo llenaba el vacío. "Ghhhuu..." Habiendo consumido cada fibra de su ser para lanzar aquel golpe, Vlad quedó tan exhausto que ni siquiera tuvo fuerzas para limpiarse el fino hilo de saliva que le escurría por la comisura de los labios. Había entregado todo de sí, pero no bastó. Aquel ataque semejante a una centella, arrojado con la resolución de asestar un golpe mortal, se había detenido en seco ante la espada del caballero decapitado. Ciertamente, el muchacho había avanzado, pero para aquel que ya se encontraba muy por delante en la cumbre, aquel no era más que un paso insignificante. El mundo era un lugar despiadado con quienes se esforzaban penosamente por dar alcance a los gigantes. "Pensar que le estaba perdonando la vida por considerarlo un semejante..." Una tenue humareda negra comenzó a brotar de la espada del caballero decapitado. Quizá el joven sí había alcanzado una victoria después de todo, pues había logrado abrir una grieta de cólera en el mundo de aquel ser que jamás perdía la compostura de su sonrisa. "¡Aaargh!" Cargada con la furia del hombre sin cabeza, la espada impregnada de maldición azotó el cuerpo del muchacho. Vlad, que ya apenas se sostenía tambaleante tras haber agotado hasta la última gota de sus fuerzas, salió despedido por el aire con la fragilidad de una cometa a la que le han cortado la cuerda. ¡Bum! ¡Crash! Vlad rodó pesadamente sin freno, derribando los muros de piedra cercanos. La bendición de protección divina de la Serpiente Blanca emitió un último fulgor para salvaguardar la vida del muchacho, pero aquel fue su final. La lluvia no cesaba de caer. El muchacho se había arrastrado hacia lo alto intentando alcanzar las estrellas, pero al final no había hecho más que precipitarse al vacío. No todas las tentativas humanas tenían la fortuna de engendrar un resultado. "... Tendré que acabar con usted antes de marcharme." El caballero decapitado, que se disponía a montar a caballo, se detuvo un instante y luego desenfundó su espada, encaminándose hacia Vlad con paso firme. Era un muchacho que albergaba un potencial fuera de lo común. Además, la entidad que custodiaba dentro de sus ojos parecía guardar sutiles diferencias con lo que él había supuesto en un principio. Dejar a su suerte una posibilidad tan impredecible le causaría una constante zozobra en la nuca. Aquel Caballero de la Luna Azul había perdonado la vida del muchacho en alta estima por su potencial, pero este caballero decapitado prefería cortar el brote de raíz. Dos mundos que contemplaban a un ser resplandeciente con actitudes diametralmente opuestas. "Por eso le advertí que no debía excederse." El muchacho de cabellos dorados yacía tendido bajo el diluvio, completamente inmóvil. El hecho de que, aun en ese estado, sostuviera con firmeza su espada no hizo más que consolidar la determinación del hombre sin cabeza. A este sujeto había que matarlo aquí y ahora. No importaba que en su interior albergara a un semejante de su misma estirpe. Las gotas de lluvia que resbalaban por la espada envuelta en maldición empapaban el rostro de Vlad. Al compás del torrencial aguacero, la hoja del descabezado se hundió en una estocada certera directa hacia el corazón del muchacho. ¡Chiiirrr! "¡...!" En ese preciso instante, la mano de Vlad, quien se hallaba inconsciente, se movió por sí sola y desvió la espada del decapitado forzando un ángulo imposible. "Esto es..." ¿Acaso era un último estertor desesperado? Mientras el hombre sin cabeza se desconcertaba al contemplar cómo una mano se movía por pura voluntad propia a pesar de que el muchacho había perdido el conocimiento, una voz resonó: 'Te advirtió hace un momento que no tocaras a los niños, ¿acaso no lo oíste?' La figura del muchacho se incorporaba con pasos tambaleantes. Apoyándose sobre su espada sin adornos, se puso en pie. No, aquel que se levantaba con un ojo cerrado ya no era el muchacho. 'Así que ahora nos toca medirnos entre adultos.' En el ojo izquierdo que mantenía abierto, danzaba un violento relámpago de color blanco puro. \----- • Autor: Q10 • Traductor: Inmensurable ⚔️ El juramento de un caballero y el filo del primer Maestro de la Espada se forjan en cada batalla. ¡Deja tu reacción y comentario para avivar la llama del acero y traer pronto el siguiente capítulo! 🛡️✨
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Estás leyendo el capítulo 63 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 19 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.