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Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 61 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Una mujer cubierta por una túnica raída, pero cuya espada rebosaba de poder sagrado. Un muchacho con apariencia de mercenario, mas que ya había forjado su propio mundo interior. Aunque ambos comprendieron al instante que el trasfondo del otro no era ordinario, sus aceros ya se habían trabado. La espada es veloz y la palabra, lenta. Si optaba por blandir el filo, podría someter al rival con un único movimiento; sin embargo, desentrañar con palabras aquella enrevesada situación requeriría un tiempo del que carecían. "..." La mujer de ojos verdes no tenía intención de dialogar cuando disponía de un método certero. Al fin y al cabo, aquello resultaba mucho más seguro. \['¡... Hazle frente!'\] Resuelta a someterlo, la mujer ya se abalanzaba sobre Vlad. La voz en su mente, como si no quedara otro remedio, le ordenó al muchacho que actuara. Los acontecimientos se habían desencadenado y ya no había marcha atrás. "¡Tch!" Vlad asumió la embestida pensando que, después de todo, era una buena oportunidad; también sentía curiosidad hacia un ser como un paladín, al que enfrentaba por primera vez en su vida. ¡Claaang! El mundo de Vlad contuvo y rechazó la espada de ella, henchida de voluntad divina. Al colisionar un mundo contra otro, brotaron chispas y, en ese mismo instante, el mundo de Vlad osciló violentamente, cual llama de una vela a punto de extinguirse. '¡Es demasiado pesada!' Al chocar por primera vez contra la espada de un paladín, Vlad quedó sumido en un profundo desconcierto. La hoja de aquella mujer se había aproximado con un peso y una velocidad insuficientes como para causar semejante impacto; mas, en el instante preciso del contacto, portaba una contundencia comparable a la del mismísimo Sir Zayar. Era un desenlace que desafiaba toda lógica. \['A eso se le llama bendición. Es la prueba de que el mundo conspira en su ayuda'\]. '¡¿Cómo diablos puede haber algo semejante?!' Pensar que, por el mero hecho de acatar la voluntad de un dios, recibiese una potencia que superaba con creces su destreza real. Convencido una vez más de que el mundo era injusto, Vlad volvió a cerrar el ojo izquierdo. Al compás de la determinación del muchacho, la espada desprovista de adornos comenzó a arder lentamente. Aunque se trataba de una emanación tenue en comparación con el poder sagrado que irradiaba aquella desconocida paladín, Vlad sentía orgullo por el mundo que había edificado únicamente con sus propias fuerzas. Después de todo, era algo enteramente suyo que nadie podría arrebatarle jamás. 'Puedo verlas'. Gracias a los combates de entrenamiento contra Sir Zayar, que en nada diferían de batallas reales, ya se había habituado al duelo de ardides e iniciativas. Y a ojos de Vlad, la mujer frente a él estaba repleta de fisuras. 'Puedo acabar con esto'. El principio del golpe letal definitivo radica en el dominio del campo de batalla. Si se logra inducir el movimiento del adversario, se sientan las bases de la victoria. Firme en su resolución, Vlad cargó hacia adelante con la presteza del rayo. Hundiéndose en la guardia ajena con la vista fija en la comisura del hombro, contuvo el aliento, alerta a la reacción inmediata de su rival, pero... '¿Qué?' La réplica de la mujer no fue la defensa anticipada, sino una ofensiva pura. Aquella caballera que acataba la voluntad divina ignoró por completo el punto que el muchacho pretendía desgarrar y se limitó a seguir avanzando. "¡...!" Sabiendo que se trataba de una paladín, Vlad no deseaba herirla de gravedad. Sin embargo, el proceder de ella resultaba tan desmedido que, en semejante tesitura, quien cediera primero cargaría con las peores consecuencias. ¡Claaang! Obligado por las circunstancias, Vlad descargó su hoja contra la paladín, pero la armadura de placas oculta bajo la túnica desvió sutilmente la punta de su acero. Era el arte de la armadura, orgullo indiscutible de los paladines. '¡...!' Al errar el punto de impacto, el equilibrio de Vlad comenzó a desmoronarse en un instante. Justo a tiempo, los ojos verdes de la mujer centellearon y descargó una coz implacable contra el tobillo del muchacho. Un giro. El mundo entero daba vueltas. '¿Qué es esto...?' Incluso mientras salía despedido sin remedio, Vlad repasó hasta el último instante la maniobra que ella acababa de ejecutar. Desde el inconcebible concepto de una bendición divina hasta un manejo de la armadura jamás visto en su vida. Resultaba tan insólito e impetuoso que, incluso en el instante mismo de la derrota, la escena rehusaba borrarse de su mente. ¡Bum! Al tiempo que concluía aquel efímero pensamiento, semejante a una meditación, Vlad se estrelló con violencia contra la tierra. "¡Ugh!" Acto seguido, sobre la nuca del muchacho tendido e indefenso, se posó el tacto glacial de una hoja. "¿Quién eres?" Vlad levantó la cabeza y encaró a la enigmática paladín que lo contemplaba desde lo alto. Sus ojos eran del mismo color que los de lady Oksana, pero de una frialdad enteramente opuesta. Al mirar aquel rostro en el que no relucía ni una sola gota de sudor, Vlad acabó esbozando una sonrisa amarga. 'Había dejado aquellas fisuras a propósito'. El principio del golpe letal definitivo radica en el dominio del campo de batalla. Sin embargo, quien acababa de gobernar la contienda no había sido el muchacho, sino aquella desconocida paladín. Un nuevo adversario. Una nueva técnica. Hoy, habiendo atisbado otro mundo, el muchacho alzó ambas manos y admitió su derrota, grabando en su propio mundo interior un matiz más, como si fuera una cicatriz. \* \* \* En una posada donde no había más clientes que los de su propia comitiva, dos caballeros se sentaban frente a frente con una mesa de por medio. Observándolos desde el otro lado del brasero, Vlad dio un sorbo al vaso de agua que sostenía. Quizá porque aquella situación nacía de su propia derrota, el agua le supo amarga al deslizarse por la garganta. "Encontrarme con los caballeros de Shoara en este lugar ha de ser, sin duda, la voluntad del Cielo". "Yo también pienso lo mismo, lady Justia". Caballeros que se encontraban en una aldea envuelta en una niebla inquietante. Aunque las órdenes que portaban a cuestas fuesen distintas, ambos habían acudido guiados por los mismos indicios ominosos. "Me hallaba investigando el insólito fenómeno de los infantes que perecen en las inmediaciones. En un principio, abordé las pesquisas pensando que podría tratarse de una peste, pero..." La mujer a la que Vlad había seguido en secreto era, tal como la voz en su mente había advertido, una paladín enviada por la Iglesia. Concretamente, una de las enviadas por la archidiócesis septentrional de San Rozino. La Iglesia ya estaba al corriente de las perturbaciones que acontecían en la baronía Utman. "Resultó ser una maldición. He descubierto vestigios de un mal arcaico". "Ya veo". Ante las palabras de Justia, Sir Gregory se mesó la tupida barba, sumiéndose en profundas dudas. Aunque era algo previsible, con la presencia de ella el asunto escapaba ya a su autoridad y a sus capacidades. "Sin embargo, me pareció advertir que en este sitio también hay un templo erigido". Temiendo que sonara a descortesía, fue una pregunta que formuló tras muchas vacilaciones; mas la respuesta que recibió a cambio no pudo ser más glacial. "He determinado que la iglesia erigida aquí es la causante principal de dicha maldición". "... Oh". Al ver a una paladín juramentada a la voluntad divina señalar a la propia iglesia como causante, Sir Gregory optó por callar. La situación revestía una gravedad superior a lo previsto y este no era su territorio. "Le ruego que transmita mi gratitud al nuevo alcalde de Shoara. Su disposición al prepararse ante tales hechos a través de información que nosotros ignorábamos ha sido, sin duda, encomiable". Aunque se expresara con eufemismos, las palabras de Justia equivalían a una exigencia para que no interfiriesen más. Estas tierras no pertenecían a la Casa Bayezid, y cualquier asunto tocante a la magia negra correspondía exclusivamente a la Iglesia. Desde su posición ambigua, los caballeros de Shoara carecían de todo pretexto para avanzar más allá. "Entendido". En el curso de aquel diálogo quedó trazada una frontera infranqueable. La labor de la partida de investigación concluía allí. Habían verificado las anomalías acaecidas en la baronía Utman y obtenido el testimonio de una paladín procedente de San Rozino. Si bien no habían hallado a las mujeres desaparecidas, entrometerse más en aquel conflicto no haría sino acarrear problemas sobre los hombros de Josef Bayezid. A fin de cuentas, este no era su feudo. Ante el abrumador peso de la jurisdicción y la responsabilidad, los caballeros resolvieron emprender el regreso. "..." Vlad, sintiendo una punzada de amargura que le brotaba desde las entrañas, hizo repiquetear sin motivo el vaso de agua que sostenía entre las manos. Todo apuntaba a que, a fin de cuentas, no lograrían hallar a Anna. Vlad selló los labios en silencio mientras evocaba el recuerdo de aquella mujer que le había sonreído con desconsuelo. ※※※※ Yustia explicó que ya había despachado una paloma mensajera para solicitar refuerzos. Puesto que se esperaba la llegada de otros caballeros a más tardar en tres días, Sir Gregory le prometió permanecer junto a ella y acompañarla hasta entonces. Quizá esa era la mejor resolución que Gregory estaba en condiciones de tomar. "¿Ya se van?" "Sí." Dentro de la silenciosa posada, con la mirada puesta en la plaza desierta a través de la ventana, Vlad conversaba con la niña. "¿Por qué tan pronto?" "Porque ya terminamos el trabajo." "... ¿Acaso hay algo en este mundo que de verdad se termine?" Aunque no lo hubiera dicho con segundas intenciones, para venir de una niña tan pequeña aquellas palabras parecieron dar en el blanco exacto, por lo que Vlad carraspeó con cierta incomodidad. "¿Es que no tienes amigos? ¿Por qué llevas metida aquí desde hace rato?" "Mi papá me dijo que no saliera." Ante su respuesta, Vlad volvió la cabeza con cautela hacia el mostrador. Allí se encontraba el posadero, mirándolo de hito en hito con ojos severos. "Ojalá se quedaran un poco más. Si te quedas un ratito más, en la iglesia van a dar regalos." "... ¿Qué?" Ante aquellas palabras que la niña dejó caer con inocencia, Vlad experimentó una discordancia imposible de pasar por alto. Cuando Vlad miró al posadero con ojos que inquirían qué significaba aquello, este se apresuró a complementar las palabras de su hija: "Dicen que dentro de poco reunirán a los niños en la iglesia para oficiar un sacramento de bendición. En tiempos tan aciagos como estos, para los padres con hijos es algo que se agradece de corazón." "... ¿Y para cuándo dijeron que sería?" "¿Cuándo era...? Ahora no me acuerdo bien." El posadero se rascó la cabeza y frunció el entrecejo, como si de verdad fuera incapaz de recordarlo. "¿Dijo que en tres días, o en cuatro? Bueno, de todos modos el señor sacerdote irá recorriendo el pueblo en persona para reunir a los críos." Dejando de lado las palabras del posadero, que insistía en lo admirable que era aquel sacerdote, Vlad bajó la mirada hacia la niña sentada a su lado. Un colgante de madera tallado con el emblema de la iglesia. Aunque la figura en sí estaba bien labrada, el engarce del que pendía había sido confeccionado con tanta malicia que el símbolo quedaba suspendido una y otra vez de forma invertida, adoptando una silueta impía. Al observarlo, la mirada de Vlad se volvió más sombría. "¿Te quedarás hasta entonces antes de marcharte?" Al ver a la pequeña mirarlo con ojos puros mientras cargaba aquel siniestro símbolo al cuello, Vlad se quedó sin habla por un instante. La criatura no sabía nada. Y por no saber, estaba libre de toda culpa. Seguramente Dios también lo comprendería. "Supongo que sí, me quedaré hasta entonces." "¡Je!" Apenas Vlad terminó de hablar, la niña apresuró las manos y depositó con presteza en su palma lo que había estado manipulando con sus menudos dedos. Parecía haber aguardado esta precisa oportunidad a lo largo de toda la conversación. "¿Qué es esto?" "Un anillo de flores." "Pero si no tiene flores, ¿cómo va a ser un anillo de flores?" Tal como señalaba Vlad, era un aro trenzado únicamente con tallos verdes. Impedida de salir adecuadamente al exterior, parecía haber arrancado las enredaderas de hiedra que trepaban por la pared para fabricarlo. Era una niña que debería haber estado correteando al aire libre y recogiendo flores con júbilo, pero la realidad le negaba ese derecho. "Entonces, ¿por qué no salimos un momento a...?" "Marian." El posadero, que había permanecido en silencio escuchando la charla entre Vlad y su hija, intervino: "Sube ya a tu cuarto. Es hora de dormir." "Pero..." Ante el semblante tajante del posadero, la niña se levantó del lado de Vlad con aire compungido. Para una pequeña obligada a pasar todo el día en soledad, conversar con Vlad había sido, con toda certeza, un deleite que no experimentaba desde hacía mucho tiempo. "¿De verdad seguirás aquí mañana?" "Probablemente." Diciendo que se verían mañana, la niña agitó su menuda mano y siguió a su padre hacia su habitación. Viéndola marchar, Vlad también levantó la mano en respuesta. "..." Vlad se quedó a solas en la planta baja desierta, contemplando en silencio el anillo que la niña le había entregado. La realidad, anegada por una niebla húmeda y opresiva, ni siquiera le concedía a la pequeña una sola y modesta flor. La niebla que devoraba el exterior, la maldición que se ceñía en torno al cuello de la niña y aquel anillo de flores desprovisto de capullos... Justo cuando Vlad se hallaba sumido en tales cavilaciones: "¡Marian! ¡Marian!" "¡...!" Un alarido desgarrador que se debatía entre el llanto y el espanto quebró de golpe la quietud de la posada. "¡¿Qué pasa?!" "¡¿Qué ocurre?!" Sobresaltados por el clamor, los camaradas que se encontraban en el piso superior bajaron las escaleras en tropel. Y Vlad, que aguardaba a solas en la planta baja, soltó una maldición entre dientes y se precipitó hacia las estancias interiores donde acababan de retirarse el posadero y la pequeña. "¡Maldición!" Intuyendo de inmediato el funesto significado que entrañaba aquel grito recién escuchado, Vlad irrumpió con celeridad tras el mostrador. "¡No! ¡Marian, no!" Al abrir la puerta de par en par con brusquedad, Vlad descubrió la figura de la niña desplomada, con el rostro lívido como la cera. El posadero la estrechaba entre sus brazos llorando con desesperación, mientras la pequeña arrojaba espuma por la boca, sacudida por estertores agónicos. \["Parece que la maldición se ha desatado. Han advertido nuestra presencia".\] Así como Yustia y la partida de investigación de Shoara habían detectado las anomalías de aquel lugar, el bando contrario también había descubierto la presencia de los caballeros. Pues aquella aldea se hallaba prácticamente bajo su yugo absoluto. Parecía que, antes que quedarse esperando con los brazos cruzados, habían resuelto tomar la iniciativa. \["Te prestaré mi mundo".\] Aunque ver no bastara para resolver la desgracia, al menos la voz se proponía hacer comprender la situación al muchacho. "..." El padre desgarrado en llanto, la niña respirando a duras penas y los caballeros incapaces de actuar con presteza. En medio de ellos, Vlad desplegó el mundo de la voz y posó la mirada sobre la pequeña que se retorcía de dolor entre estertores. El mundo de la voz, de matices densos y profundos. Lo que se reveló ante sus ojos fue la imagen de unas garras negras que retorcían sin piedad la garganta de la niña, y el rastro de un tenue humo que escapaba de entre sus labios. \["Parece una maldición concebida para drenar la fuerza vital".\] Aquel humo brotaba de la pequeña que agonizaba asfixiada y se deslizaba por la ventana de la posada hacia el exterior. Fluía en dirección a la iglesia. "... La maldición se ha activado. Es indudable que han descubierto mi presencia." "Lady Yustia." Yustia, que había observado la escena en silencio, despejó las vías respiratorias de la niña con la esperanza de serle de la menor utilidad y, acto seguido, se cubrió con el manto que sostenía sin titubear un solo instante. Bien sabía ella que, para poner fin a la catástrofe actual, no quedaba más remedio que arrancar de raíz al causante. "Si acaso no regreso, os ruego que expliquéis la situación a los camaradas que llegarán más tarde." "..." A su lado, Sir Gregory se limitó a morderse los labios en silencio, incapaz de articular palabra. Una caballera que partía resuelta para cumplir con la voluntad divina, y caballeros encadenados a su lugar por el peso de la responsabilidad y la jurisdicción. Aun presenciando lo mismo, las elecciones adoptadas por ambos mundos fueron distintas. Al contemplar la espalda de Yustia internándose en la niebla sin vacilación alguna, Vlad acabó siguiéndola hacia el exterior de la posada casi sin darse cuenta. "... ¡Respira, por favor, respira!" "¡A la niña le pasa algo!" "¡No! ¡No puede ser!" En la plaza a la que el muchacho había salido de manera inconsciente. Más allá del velo de niebla, las luces de los hogares comenzaron a encenderse una tras otra y, junto a ellas, se propagaron los llantos desgarradores de los padres. En aquella plaza desierta, nada salvo el eco de los llantos colmaba el aire. \----- • Autor: Q10 • Traductor: Inmensurable ⚔️ El juramento de un caballero y el filo del primer Maestro de la Espada se forjan en cada batalla. ¡Deja tu reacción y comentario para avivar la llama del acero y traer pronto el siguiente capítulo! 🛡️✨
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Estás leyendo el capítulo 61 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 19 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.