Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 60 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Los más pequeños no tienen culpa alguna.
Sin embargo, los primeros en ser sacrificados son siempre ellos, los indefensos infantes.
En los callejones semejantes a un lodazal, Vlad lo había presenciado una y otra vez: adultos despojando a los niños de cuanto tenían, ya fuera para sobrevivir o para acumular más. Los pequeños desvalijados morían de hambre, morían congelados, o perecían exhaustos de llorar mientras llamaban a las madres que los habían abandonado.
En aquel paraje infernal, Vlad había abrazado con fuerza a Jemina y a Haben, jurándose a sí mismo que jamás se convertiría en un adulto como aquellos.
Que jamás viviría de semejante manera.
Las reglas que se había impuesto en su infancia para no dejarse arrastrar por la ciénaga de los bajos fondos aún respiraban, intactas, en lo profundo de su pecho. Eran los preceptos que el propio muchacho había forjado.
Y los preceptos existían para ser cumplidos.
Al mismo tiempo, los caballeros eran aquellos que protegían.
Y ahora, en este lugar, había niños pequeños que estaban muriendo.
\*\*\*
Vlad avanzaba abriéndose paso a través del aire húmedo que envolvía la aldea. Los edificios construidos con ladrillos grisáceos se fundían con la niebla, sumiendo los alrededores en una penumbra opresiva.
\[Parece ser aquí.\]
"..."
Vlad alzó la cabeza y contempló la edificación que se alzaba frente a él. Era una estructura imponente, más colosal que cualquier otra de los alrededores. Ante los ojos del muchacho se recortaba un campanario erguido a gran altura, semejante a un cuerno que apuntaba al cielo.
Una iglesia.
El lugar más cercano a Dios.
Un recinto sagrado consagrado a proteger a los más jóvenes, a los débiles, a los ancianos y a los enfermos. El lugar que, por encima de todo, debía ser un santuario.
"Voy a entrar."
\[Hazlo.\]
Vlad se echó hacia atrás la capucha que le cubría la cabeza y caminó hacia el interior del edificio grisáceo. En aquel instante, lo único que conservaba su color genuino en todo aquel entorno era el cabello dorado con el que el muchacho había nacido.
"..."
Una iglesia desierta en pleno mediodía.
Siendo la hora en que todos los habitantes de la aldea se dedicaban a sus respectivos oficios cotidianos, Vlad era la única persona que había puesto un pie dentro de la nave del templo.
'¿No ves nada sospechoso?'
\[Por el momento, nada.\]
Vlad deambuló con lentitud por la capilla, desplazándose de tal modo que la voz pudiera distinguir cualquier indicio perverso o prueba aciaga. El mundo de la voz era un universo de matices intensos y profundos; aquel mundo suyo, capaz de albergar un centenar de colores más que el del muchacho, sin duda sabría detectar cualquier tonalidad impropia de un recinto sagrado.
Mientras la voz escudriñaba en busca de signos siniestros a través de la mirada del joven, Vlad examinaba con detenimiento la distribución de la iglesia, preparándose para cualquier eventualidad. A simple vista aparentaba ser una construcción de dos plantas, pero, dada la tendencia habitual de los templos a reproducir una estructura similar, resultaba indudable la existencia de un sótano.
De ser posible, a Vlad le habría gustado dar con él.
\[Alguien viene.\]
No obstante, tal como toda tierra y todo edificio poseen un dueño, este lugar no era la excepción.
Mientras recorría la capilla con la mirada, Vlad sintió a su espalda los ojos de alguien clavados en él. El peso de una mirada que escudriñaba a un visitante no autorizado se posó densamente sobre su figura.
"..."
Al percatarse de aquella presencia, Vlad hincó con naturalidad una rodilla en el suelo y adoptó una postura de oración. No debía dar la impresión de estar registrando el lugar.
Sin embargo, debía permanecer listo para desenvainar la espada en cualquier instante.
Después de todo, aquella aldea se hallaba sumergida en una niebla ominosa.
\*Paso... paso...\*
Con una rodilla apoyada en las baldosas pero con los ojos bien abiertos, Vlad calculó la distancia que lo separaba de aquellos pasos y se dispuso a empuñar su arma. Sus pupilas azules comenzaron a teñirse poco a poco de su propio color.
"Es la primera vez que os veo por aquí."
A pesar de la tensión, el hombre que se acercó desde su espalda no desencadenó el peor escenario que Vlad había imaginado. Se limitó a recibir al forastero con una voz apacible y serena.
"... Llegué a este lugar ayer por la mañana."
"Ah. Sois los mercenarios, ¿verdad? Ya me habían hablado de vosotros."
Lucía un cabello castaño prolijamente peinado. Sostenía con veneración un grueso libro de las Sagradas Escrituras. Su complexión, tan esbelta como la de Josef, transmitía a primera vista la impresión de un erudito más que la de un clérigo.
"Lamento haber entrado de improviso, señor sacerdote."
"No hay de qué disculparse. El regazo de Dios siempre permanece abierto en cualquier momento y lugar."
Vlad rozó con discreción la empuñadura de su espada mientras contemplaba al sacerdote, quien le dedicaba una sonrisa benevolente.
\[No logro ver nada. Al menos, no por ahora.\]
"..."
Sin embargo, lo que le llegaba era una negativa. Había acudido hasta allí guiándose por la dirección que señalaba el colgante de la niña, pero en verdad no lograba percibir nada concreto.
"Temo haber interrumpido vuestras oraciones, hermano."
"En absoluto. De hecho, me siento más tranquilo habiendo recibido vuestro permiso. Me marcharé en cuanto termine de rezar."
Al presenciar la inusual estampa de un mercenario devoto entregado a la plegaria, el sacerdote sonrió agitando levemente las manos.
"Esto es una iglesia. Es el hogar de todos aquellos que buscan al Señor. Podéis hacer cuanto gustéis."
Aunque el hombre que tenía delante mostraba una sonrisa afable y bondadosa, Vlad no podía bajar la guardia. Con la asistencia de la voz, el muchacho había logrado atisbar a través del velo del mundo, advirtiendo con certeza que una entidad turbia y extraordinaria anidaba en la aldea.
No debía relajar la tensión ni por un instante.
"... Muchas gracias, señor sacerdote."
Vlad resolvió retirarse por el momento. Salvo que decidiera rebanarle el cuello al clérigo en ese mismo instante y registrar cada rincón del edificio, no lograría descubrir más rastros sospechosos.
A decir verdad, deseos no le faltaban, pero existían órdenes estrictas que Sir Gregory le había encomendado acatar.
"... En tal caso, aprovecharé la ocasión para elevar yo también una oración."
El sacerdote se aproximó sin hacer ruido y se arrodilló al lado de Vlad, quien volvía a acomodarse para rezar.
Un muchacho que fingía ser un mercenario y un hombre de quien no se tenía certeza si era en verdad un clérigo se arrodillaron juntos, hombro con hombro, ante Dios.
La capilla permanecía desierta.
En aquel lugar solo se hallaban dos hombres hincados ante el Señor.
"Ruego para que la epidemia que azota estas tierras no alcance a vuestro grupo, hermano."
'¿Una epidemia?'
Al notar el desconcierto dibujado en el semblante de Vlad, los labios del sacerdote se curvaron en una sutil sonrisa.
"Y también... por el bien de nuestros pequeños."
Con esas palabras, el clérigo inclinó la cabeza. Su postura, pulida y solemne al punto de parecer inmaculada tras incontables plegarias a lo largo de los años, encarnaba a la perfección la viva imagen de un sacerdote devoto.
"..."
Sin embargo, en medio de aquella compostura, Vlad logró percibir una punzada de disonancia.
El emblema de la iglesia que debía hallarse grabado en lo alto del campanario se encontraba oculto entre la niebla. Con todo, el símbolo con el que Vlad se había topado por primera vez al ingresar al templo le había parecido sumamente extraño.
El emblema de la iglesia estaba invertido.
Y aquel sacerdote sostenía las Sagradas Escrituras al revés ante el mismo Dios al que fingía rezar.
\*\*\*
'...'
Tras abandonar la iglesia, Vlad caminaba sumido en sus pensamientos.
Gracias a la información provista por Oso Negro y a las confesiones arrancadas a los hombres capturados, la comitiva de investigación había alcanzado aquella aldea en la baronía Utman. Sin embargo, al seguir el rastro de las mujeres encintas desaparecidas, lo único que aguardaba al grupo en aquel pueblo envuelto en brumas eran siniestros rumores.
'Una enfermedad que solo siega la vida de los niños...'
Al advertir algo extraño tras escuchar las oraciones del sacerdote, Vlad se apresuró a interrogar a los lugareños de los alrededores sobre aquella epidemia. Y ante las respuestas que recibió, no pudo evitar morderse el labio.
Si en Shoara desaparecían mujeres, aquí eran los niños quienes perecían uno tras otro. Aquella calamidad, que adoptaba los visos de una peste, era un fenómeno que azotaba no solo a esa aldea sepultada en la niebla, sino a la gran mayoría de los poblados pertenecientes a la baronía Utman.
Los presagios aciagos se sucedían sin tregua.
"... Tendré que encontrar alguna prueba. Aunque tampoco es como si pudiera enseñarles esto".
No podía tratarse de una epidemia. Vlad albergaba una convicción inquebrantable al respecto, pero carecía de pruebas tangibles para corroborarla. Al fin y al cabo, le resultaba imposible mostrarle al resto de la comitiva aquellas garras oscuras que había presenciado en el mundo de la voz.
Por si acaso, había acercado al niño de la posada la reliquia sagrada que trajo desde Shoara, pero no obtuvo la menor reacción de las que esperaba.
\[A juzgar por el hecho de que no reaccione a la reliquia, parece tratarse de una maldición urdida por un hechicero negro consumado. Como mínimo, tendría que examinarlo en persona un sacerdote debidamente instruido\].
'¿Y cómo pudiste reconocer algo de semejante calibre?'
\[... Eso ni yo mismo lo sé\].
Ante la respuesta de la voz, tan etérea y esquiva como siempre, Vlad se mesó el cabello con exasperación para desahogar la impotencia que lo consumía. Por mucho que supiera la verdad, de nada servía si no tenía los medios para actuar. El muchacho, que apenas acababa de despertar su propio mundo, se hallaba de nuevo ante un dominio que escapaba por entero a sus solas fuerzas.
"¿Mm?".
Mientras cavilaba sobre el modo idóneo de transmitirle aquella situación a Sir Gregory, Vlad se disponía a doblar la esquina de un callejón cuando divisó una escena sospechosa.
En la pequeña plaza situada en el corazón de la aldea, una figura cubierta por una túnica con capucha permanecía de pie frente a una niña pequeña.
"Esto me lo dieron en la iglesia".
Como si respondiera a una pregunta, la niña exhibía el collar maldito con evidente orgullo. Aquel desconocido tomó la alhaja de manos de la pequeña y comenzó a palparla entre sus dedos.
\* \* \*
Vlad había sido carterista en el pasado. También había sido ladrón y, en ocasiones, salteador; no obstante, la ocupación a la que más tiempo se había consagrado era sustraer bolsas de monedas de manos ajenas. Hasta guardaba cierto orgullo por su oficio de antaño, y sin embargo...
\[Me temo que se ha percatado\].
'Ya me di cuenta'.
Mientras seguía a aquella sospechosa figura encapuchada, Vlad advirtió que se adentraban paulatinamente hacia las afueras de la aldea. Lo estaba atrayendo hacia un paraje desierto.
'Debería dar media vuelta'.
Vlad chasqueó la lengua y detuvo el paso. El muchacho no sobreestimaba sus propias facultades; habiendo presenciado a tantos guerreros formidables a lo largo del camino, era plenamente consciente de que aún no era más que un cachorro novato. Además, hallándose en una aldea tan turbia, actuar con cautela era imperativo.
'Tendré que informar a Sir Gregory'.
Ya había verificado sus señas y vestimenta, por lo que bastaría con dar parte a su superior. Quizá, valiéndose de ese individuo, pudiera sacar a la luz las anomalías del pueblo...
\[¡Se acerca!\]
Pero la vida rara vez discurre conforme a las intenciones de uno.
Como si hubiera adivinado la intención de Vlad de retroceder con sigilo, la figura encapuchada cargó de improviso contra él.
'¿¡Así, de pronto!?'
Ni siquiera habían abandonado el callejón flanqueado por viviendas. Sin embargo, a diferencia de la prudencia mostrada hasta entonces, aquel desconocido se abalanzaba contra Vlad con temeraria ferocidad.
'¡Maldita sea!'
No lo había previsto, pero disponía del tiempo justo para encararlo. Vlad desenvainó la espada con aplomo y recibió la arremetida del desconocido.
¡Clang!
El acero colisionó contra el acero. Y justo en el instante en que el muchacho se sorprendía por el peso de aquel filo, mucho más contundente de lo esperado...
\[¡Por la izquierda!\]
Aprovechando la inercia del rebote, la hoja enemiga, alzada ya en lo alto, cayó en picado buscando abrirse paso hacia Vlad.
"... ¡!".
En una fracción de segundo en la que era inconcebible alzar la espada a tiempo, Vlad se deslizó fuera del ángulo ciego con un juego de pies fluido e instintivo. Era el desplazamiento exacto que su maestro tuerto le había grabado a fuego en el cuerpo.
¡Bum!
Al contemplar el suelo hendido con violencia por el impacto, Vlad tuvo una certeza absoluta:
'¡Es un caballero!'
Ahora le bastaba cruzar aceros para saberlo. Aquellos que poseían la destreza requerida para doblegarlo... no podían ser otros que caballeros.
El desconocido se desconcertó por un instante al ver cómo el muchacho desviaba su golpe cual agua que escurre entre los dedos.
Ante aquel adversario, sin saber si se trataba de un antiguo caballero o de uno en activo, Vlad cerró con presteza un solo ojo.
El mundo interior del muchacho comenzó a manar a través de su espada desprovista de adornos.
El principio del golpe letal definitivo radica en lo inesperado. Habiendo mostrado ya sus cartas, la oportunidad residía únicamente en este instante. Una única y decisiva ocasión.
"¡Hap!".
Con un breve grito contenido, Vlad se proyectó hacia la figura que tenía enfrente. El desconocido, aturdido por la imprevisibilidad del muchacho, alzó la espada a toda prisa.
\[... ¡Vlad!\]
Brotó un resplandor luminoso que apartó la densa bruma.
¡Claaang!
Al toparse con un muchacho cuya presencia era diametralmente opuesta a la de hacía unos momentos, el desconocido intentó frenarlo a la desesperada. Sin embargo, Vlad no se detuvo.
Había quienes acechaban a los niños por doquier, y el muchacho ardía en cólera consigo mismo por ser incapaz de hacer nada. Exactamente como en los días de su niñez.
'No pienso seguir viviendo como un don nadie'.
La furia del muchacho, que terminó por quebrar su propia contención, se volvió aún más afilada y despiadada al descargarla contra el contrincante ante sus ojos.
Una ráfaga incesante de golpes continuos. Fiel a las enseñanzas de Sir Zayar, quien le inculcó prever siempre el movimiento posterior, Vlad acorralaba a su oponente sin concederle un respiro.
\[¡Detente! ¡Detente ya!\]
Las chispas estallaron entre las hojas y la túnica que cubría al desconocido acabó cercenada en jirones.
Y así, el rostro de quien tenía enfrente quedó por fin al descubierto.
\[¡Es una paladina!\]
Aquel verdor que había contemplado en las praderas. Unos ojos esmeralda que evocaban a la señora Oksana.
Entre mechones de cabello que se mecían al compás del combate, una mujer lo contemplaba con ojos llenos de asombro.
Vlad había cerrado un ojo para contemplar el mundo que yacía en su interior, pero los dos ojos de la mujer contemplaban con plena fijeza al muchacho.
Porque el mundo de ella ya se erigía sobre la faz de la tierra.
Bajo la palabra de Dios.
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• Autor: Q10
• Traductor: Inmensurable
⚔️ El juramento de un caballero y el filo del primer Maestro de la Espada se forjan en cada batalla. ¡Deja tu reacción y comentario para avivar la llama del acero y traer pronto el siguiente capítulo! 🛡️✨

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El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 60
Estás leyendo el capítulo 60 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 19 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.