Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 59 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Sus largos cabellos nacían con un fulgor azulado, pero culminaban en un azabache absoluto.
Su paso era más grácil y fluido que el de cualquiera, mas sus pies jamás rozaban el suelo.
Su pecho, cerrado a cal y canto, guardaba una frialdad tan implacable que ya no era capaz de acoger a nadie.
Ella llegó de la mano de la muerte.
"… ¿De verdad podré salvar a mi hijo si hago eso?"
"Por supuesto, señor Barón."
Un hombre exhausto, una mujer deshecha en llanto. Y un niño agonizante.
Todo cuanto rodeaba al hombre estaba teñido por la desesperanza. Se hallaba atrapado en una oscuridad impenetrable.
"Lo haré. Se lo suplico."
"Haré los preparativos, señor Barón."
La desesperación suele presentarse de improviso, como un infortunio, royendo nuestras vidas. Y suele ensañarse, precisamente, arrancando la parte más luminosa de ellas.
El Barón Utman era por naturaleza un hombre templado y juicioso, pero esa entidad llamada desesperación devoraba su preclara razón. El hálito mortecino de su único hijo y los desgarradores sollozos que exhalaba su esposa lo habían empujado a semejante abismo.
"No se aflija tanto."
El Barón Utman alzó sus ojos anegados en lágrimas para contemplar a la mujer frente a él. Pese a su semblante cadavérico, la sonrisa con la que lo miraba era más tibia y apacible que la de nadie.
"Dado que Dios no puede posar Su mirada en todos los rincones del mundo, es por eso que existimos personas como yo."
El hombre sumido en la desesperación imploraba salvación, pero la gracia divina jamás llegó a tocarlo.
Solo aquella mujer, llegada de la mano de la muerte, continuaba sonriendo.
Afuera, un violento vendaval azotaba los ventanales de la mansión.
\*\*\*
Las gotas de lluvia se dispersaban impulsadas por un viento atroz.
El grupo, que cruzaba una cresta montañosa desprovista de cualquier resguardo, no tenía más opción que recibir el temporal a cuerpo descubierto.
"… Esas nubes no auguran nada bueno."
Tal como advertía Gregory, aunque todavía era de día, los densos nubarrones velaban el firmamento haciéndolo asemejarse a una noche cerrada. Pretender avanzar a través de semejante tormenta y penumbra resultaba una insensatez.
"¡Cade!"
"… ¡Vayamos hacia allá!"
Cade, dotado de una vista excepcional, logró divisar un árbol a lo lejos en medio del vendaval que arreciaba. Aunque sus ramas lucían desnudas y escuetas para hallarse en pleno estío, parecía un amparo infinitamente mejor que soportar el aguacero a la intemperie sin nada bajo lo que guarecerse.
"¿No nos partirá un rayo, verdad?"
"Aunque nos cayera encima, debemos movernos de inmediato."
Gregory soltó aquellas palabras presa de una aprensión infundada, pero tampoco podían quedarse inmóviles recibiendo los azotes del agua. Ante tan funesto temporal, la comitiva se vio forzada a detener su marcha y disponer el campamento.
"Vaya un clima de mierda."
Tras abrirse paso entre el temporal y llegar a salvo al pie del árbol, se sacudieron a toda prisa el agua acumulada sobre sus cuerpos y procedieron de inmediato a amarrar las monturas en las proximidades.
El incesante rumor del aguacero resonó con violencia mientras los nubarrones que cercaban el horizonte, encrespados como un mar embravecido, cubrían la totalidad del cielo y descargaban gruesos goterones. Al presenciar la tromba, Gregory soltó un largo suspiro de alivio.
"Al menos tuvimos el acierto de traer el carruaje."
No es que hubiesen tenido intención de llevarlo por mero capricho, pero entre sus filas había alguien que requería de su uso. Al considerar los peligros de la misión, habían temido que se convirtiera en un fardo engorroso, pero en aquellos momentos representaba una bendición para el grupo.
"¿Preparo el campamento?"
"Adelante."
Goat, que formaba parte de la expedición en calidad de cochero y mozo de carga, se movió con diligencia y comenzó a desembarcar los pertrechos de acampada estibados en el carruaje. Tomando el techo del vehículo a modo de soporte central, fijó una lona encerada con sogas y la ancló al suelo mediante estacas, levantando en un santiamén un cobertizo bastante respetable. Aquella estructura bastaba con creces para guarecerlos de las recias gotas que azotaban los alrededores.
"Qué lástima. Estábamos a nada de llegar a nuestro destino."
Vlad, tras ayudar a Goat a erigir la tienda, chasqueó la lengua apesadumbrado mientras contemplaba un destello que titilaba a la distancia. Allí, como una antorcha solitaria desafiando a las sombras, se apreciaba el tenue vestigio de la civilización humana.
"La vida jamás transcurre según lo planeado."
El plan de alcanzar la aldea antes del anochecer se había malogrado, mas Gregory, resuelto a no renunciar a su determinación de beber, descorchó la pequeña petaca que guardaba en el pecho y dio un largo trago.
"Un poco no le hace daño a nadie. Menos con este frío."
"……"
Si el comandante de la partida se disponía a beber, ¿qué objeción cabía en boca de un simple subordinado? Vlad asintió en silencio con la cabeza y resolvió encargarse de los preparativos finales del campamento.
"Iré a recoger algo de leña."
"Estará todo empapado; difícilmente prenderá."
"Aun así, habrá que intentarlo."
Mientras Goat montaba otra lona al lado opuesto del carruaje para levantar un establo improvisado y Cade vigilaba los alrededores ante cualquier indicio sospechoso, Vlad no podía permitirse el lujo de holgazanear bebiendo como Gregory. Por ello, comenzó a juntar ramas caídas por las cercanías a fin de disponer una fogata.
"… Estas servirán. Tienen el tronco hueco."
"Muchas gracias, señor."
Cade se había aproximado a su lado bajo la lluvia para tenderle una mano en la tarea. Aunque ofrecía la insólita estampa de un caballero asistiendo a un simple escudero en sus faenas serviles, a Cade no parecía importarle en lo más mínimo semejante distinción.
"No había tenido ocasión de hablar contigo durante la marcha. Quería agradecerte lo de aquella ocasión."
"… Solo hice lo que debía. No le dé mayor importancia, señor."
Aunque Vlad y Cade jamás habían cruzado palabras de manera formal, no eran desconocidos el uno para el otro. El invierno del año anterior, durante la expedición de subyugación de monstruos reunida en Barna, ambos habían compartido el mismo escenario bélico.
"¿Se encuentra ya restablecido, señor?"
"Habría preferido que me cercenaran un miembro."
Cade le respondió con una sonrisa agridulce y tensa.
Aquella mujer que derramaba lágrimas negras en pos de su retoño. En ausencia de Sir Zayar, los dos caballeros que habían permanecido en el campamento para custodiar a Josef se habían debatido en las puertas de la muerte tras recibir el embate de aquel ser espectral.
Si en aquel momento el muchacho no hubiera tomado prestado el mundo de la voz, el Cade que respiraba hoy jamás habría sobrevivido.
"Ahora que lo veo, elegí bien a la gente. Con la excusa de ser caballeros, abundan los que se ponen altaneros y se niegan a mover un dedo en tareas como esta."
Al ver a los hombres buscar faena con total naturalidad sin que nadie tuviera que darles una orden, Gregory empinó su botella de licor.
"Sigamos tal y como estamos ahora. A partir de aquí, no somos caballeros, sino mercenarios."
Ante las palabras de Gregory, todos en el grupo asintieron. Esa era la naturaleza de la encomienda: una misión en la que, lejos de lucirse abiertamente con orgullo, debían infiltrarse en secreto para escudriñar el interior de la aldea. Si el pueblo al que se dirigían hubiera pertenecido a los dominios del condado de Bayezid, habrían movilizado tropas de inmediato para registrarlo; sin embargo, aquel asentamiento era propiedad de la Casa del Barón Utman.
Para Josef, que había dado con el rastro pero carecía de pruebas concluyentes, aquel contingente era el mayor respaldo que le resultaba posible brindar.
Con el destino a la vista, acamparon antes de entrar y resolvieron conservar sus energías de cara a la jornada siguiente.
El aullido del viento que soplaba con fiereza, el repiqueteo de la lluvia azotando la lona de la tienda. Contemplando la hoguera que a duras penas habían logrado encender, Vlad se arrebujó en su capa. Confeccionada con lana de excelente calidad, la prenda absorbía el calor de las llamas y templaba el cuerpo del muchacho.
"¿De qué te sonríes tanto?"
"No es nada importante."
"Tsk, qué soso eres."
Vlad no había podido evitar sonreír sin motivo al verse allí recostado con tanta holgura, arropado por la capa. Pensó en si la señora Oksana no se habría sentido complacida de poder verlo en aquel preciso instante.
Un día oscuro como la noche llegaba a su término.
Aunque ella no fuera su madre, Vlad comprendía a la perfección la calidez del afecto que le había prodigado, y descansó su cuerpo al amparo del calor de la hoguera. Rogando en su fuero interno para que aquel lastimero llanto que había escuchado en aquel día de invierno no se repitiera en este lugar.
※※※※
Una aldea levantada con piedras grises. En el pueblo, tras el paso de una recia cortina de lluvia, se alzaba una densa y húmeda neblina. Al ver la bruma que enturbiaba pesadamente la vista, Gregory chasqueó la lengua.
"Parece que cualquier cosa fuera a saltarnos encima."
"..."
Conscientes de que en aquel lugar bien podían ocultarse individuos vinculados a la magia negra, los hombres se limitaron a arrear sus monturas con extrema cautela a lo largo del sendero.
¿Se debería a lo temprano de la mañana o a la inclemencia del tiempo? Pese a haberse adentrado bastante en el poblado, no se veía ni un alma deambulando por las calles, lo que tornaba la atmósfera del lugar cada vez más lúgubre y desoladora.
"Ahí adelante hay una posada."
"Hacía rato que no escuchaba una noticia tan grata."
Quizás por no tratarse de una aldea muy grande, no fue sino hasta alcanzar el corazón del pueblo cuando divisaron por fin una posada. Tal vez el mero hecho de que existiera una fuera ya una inmensa fortuna.
"Entremos."
Los cuatro hombres avanzaron hacia la posada llevando los caballos y el carro. Entre el chirrido de las maderas, Gregory abrió la puerta del mesón.
"¿Hay alguien aquí, posadero?"
"... Vaya si han llegado temprano, señores."
"La lluvia de ayer nos impidió entrar a pesar de tener la aldea a tiro de piedra. Sírvenos aunque sea un tazón de sopa caliente."
Mientras Gregory conversaba con el dueño haciéndose pasar por mercenario, Vlad contemplaba a una pequeña que asomaba tímidamente solo la cabeza desde el pasillo que conectaba con la cocina interior.
"..."
Una niña tan diminuta que ni siquiera le llegaba a la rodilla. ¿Tendría tres o cuatro años? Una criatura en esa edad en la que desbordan ternura. Al contemplar a la pequeña, que le traía a la memoria la infancia de Jemina, Vlad le agitó la mano con suavidad. Las mejillas mofletudas y sonrosadas de la chiquilla parecieron enrojecerse aún más.
"... Es que últimamente ocurren demasiadas desgracias por los alrededores..."
"Pensamos quedarnos un par de días aunque solo sea por el mal tiempo; ¿acaso nos va a echar así como así? Además, comeremos y cenaremos aquí."
Mientras Gregory y el posadero regateaban el precio del alojamiento, Vlad paseó con calma por la posada examinando los alrededores. Era un comportamiento arraigado por la vieja costumbre, pero a la niña pareció no gustarle que Vlad apartara los ojos de ella; inclinó poco a poco el cuerpecito y comenzó a asomar arrastrando los pasos hacia donde se encontraba el grupo.
Un enorme caldero hervía a borbotones sobre el fogón en el centro de la posada. Vlad se relamía los labios contemplando la olla, de la cual emanaba un apetitoso aroma aunque ignoraba qué contenía en su interior, cuando...
\[¡Vlad...! ¡Vlad!\]
La voz, habitualmente apacible, llamó al muchacho con perentoria urgencia, deteniéndolo en seco.
'¿Qué ocurre?'
Cuando Vlad posó la mano sobre la empuñadura de la espada, la voz resonó con una claridad todavía mayor.
\[... Me temo que este es el lugar.\]
Con tono sombrío, la voz le instó a girar la cabeza y observar a la pequeña que se aproximaba hacia él. Vlad volvió la cabeza en silencio, siguiendo la advertencia.
"..."
Al otro lado del fogón donde se hallaba apostado, descubrió a la niña, que en algún momento había salido por completo al salón y lo contemplaba. Presa de la timidez, lo miraba escondida detrás de una silla; componía una estampa enternecedora que a ojos de cualquiera resultaría adorable, pero...
\[Te prestaré mi mundo.\]
Aquella dulce apariencia no lo era todo. Con el corazón encogido por la tensión, Vlad abrió su ojo izquierdo.
'¡...!'
Al ver a Vlad guiñar un ojo, la niña creyó que le hacía una señal de complicidad y le dedicó una radiante sonrisa; sin embargo, al ver esa sonrisa, Vlad sintió cómo un gélido escalofrío le trepaba por la espalda.
\[Es una maldición.\]
En el mundo que contemplaba a través del ojo izquierdo, con el derecho cerrado, la pequeña...
El cuello de la niña estaba atenazado por unas garras negras, semejantes a las manos de un cadáver. Daban la aterradora impresión de que iban a partirle la garganta en cualquier instante.
'Maldita sea...'
Sintiendo como si en medio de aquella escena resonara de nuevo el llanto de la mujer que oyó aquel día de invierno, Vlad se apresuró a clausurar el mundo de la voz.
\*Tolón, tolón, tolón...\*
Las campanadas de la iglesia que anunciaban la hora resonaron en medio de la húmeda aldea. Pese a que debía haber sido un tañido solemne y piadoso, a Vlad se le antojó viscoso, idéntico a la neblina que los rodeaba.
Tras cerrar el mundo de la voz y regresar a la realidad terrenal, Vlad contempló con detenimiento el cuello de la pequeña, el mismo que apenas un instante antes se encontraba apresado por aquellas manos negras.
Alrededor del menudo cuello de la niña pendía un collar.
Era un collar con el emblema de la Iglesia grabado en él.
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• Autor: Q10
• Traductor: Inmensurable
⚔️ El juramento de un caballero y el filo del primer Maestro de la Espada se forjan en cada batalla. ¡Deja tu reacción y comentario para avivar la llama del acero y traer pronto el siguiente capítulo! 🛡️✨

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El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 59
Estás leyendo el capítulo 59 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 19 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.