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Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 5 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Un descampado al que solo se llegaba adentrándose en lo más recóndito de los callejones de la ciudad. Allí se encontraba un muchacho, empapado en sudor, blandiendo una vara de madera. "¡Hup!". Aunque se trataba de un rincón pequeño y destartalado, aquel era el primer territorio que Vlad había conquistado por sus propios medios. Era el primer espacio propio que un muchacho que nació con las manos completamente vacías había obtenido a través de la lucha. Y además, hasta hacía unos años, era el sitio donde se erigía la choza que alguna vez cobijó a Vlad, a Jemina y a Haben. 'No tiene caso repararla'. El que fuera su hogar yacía ahora derrumbado por el abandono y el paso del tiempo. Tras contemplar la choza en silencio, Vlad desvió la mirada y volvió a concentrar su espíritu en la punta de la vara. Todo lo que tiene forma está destinado a perecer. Resultaba penoso verla así, pero habiendo cumplido ya su propósito, bastaba con guardarla en el recuerdo. Porque él jamás volvería a ese lugar. ¡Fuuush! Jurándose en su fuero interno que nunca regresaría al pasado, el muchacho rubio repetía sin descanso los fundamentos básicos de esgrima que Jorge le había enseñado de pasada. Aunque corrían los rigores del invierno, la espalda del joven ya estaba empapada de sudor. Vlad era un chico semejante a un erizo envuelto en las espinas de su propio orgullo; sin embargo, también era un muchacho que albergaba un insaciable anhelo por aprender. Haben se lo había demostrado. Con su mente brillante, Haben aprendió las letras y los números por su cuenta, y gracias a ello trabajaba ahora bajo las órdenes del Capitán Hoover. Un lisiado al que le habían amputado los dedos y que apenas podía caminar sin cojear; si Haben hubiese descuidado el aprendizaje, hoy en día no sería más que otro desdichado mendigando con el estómago vacío en algún rincón de los callejones. "¡Hup!". Aprender mediante el esfuerzo y, a través del aprendizaje, ascender hacia un lugar más elevado. Para los habitantes de los callejones que vivían desprovistos de toda esperanza, esa era una experiencia casi imposible de concebir; pero Vlad había sido testigo directo de ello. Por esa misma razón, tras concluir sus quehaceres del día, empuñaba una vara de madera una y otra vez. Sin embargo... El rostro de Vlad comenzó a crisparse mientras repetía los movimientos básicos bañado en sudor. \[......\]. "...... Maldita sea. Siempre que empuño algo tienes que empezar a joder". A pesar de encontrarse en un descampado desierto y sumido en el silencio, Vlad podía escucharla con absoluta nitidez: una voz que resonaba en lo más profundo de su cabeza. Vlad sacudió la cabeza con violencia para intentar ignorarla, pero... \[El muchacho debería cerrar un poco más el ángulo del codo al descargar el golpe\]. Aquella voz de origen desconocido continuaba hablándole con obstinada insistencia. Daba igual que se tapara los oídos o que le gritara que se callase; cada vez que empuñaba algo remotamente parecido a una espada, la voz se hacía presente. "...... Con el dinero que gané tendré que comprar agua bendita de inmediato". Sin poder discernir si se trataba de un consejo o de un estorbo, las palabras que le llegaban en cada entrenamiento bastaban para confundir la mente del muchacho. "¿Por qué demonios tuvo que caerme aquel rayo a mí?". Vlad comenzó a agitar la vara con furia y fastidio. Para un muchacho que ya tenía suficiente con luchar por sobrevivir a diario, la situación actual era más que suficiente para colmarle la paciencia. Todo había comenzado hacía un mes. Desde entonces, esa voz empezó a resonar en su mente. Un mes atrás, mientras caminaba por los callejones, un fulminante relámpago cayó sobre él de la nada. Por muy alerta que estuviera un chico desconfiado, detener un rayo que caía del firmamento era una imposibilidad absoluta. Un auténtico rayo en un cielo despejado. Aquello ya era un fenómeno natural inexplicable por sí mismo, pero el verdadero problema radicaba en que el relámpago tenía una forma oscura, de un negro absoluto. Un suceso tan siniestro e inexplicable que, hasta el día de hoy, lo perseguía en forma de rumores por todos los callejones: el rumor de que Vlad estaba poseído por un demonio. "Y por culpa de eso fui a la iglesia a dejar limosna con el poco dinero que tenía...". Y lo peor era que el trasfondo siniestro de aquellos rumores era bastante acertado. Consciente de ello, Vlad acudió de inmediato al templo, ofreció limosnas y ayudó en las tareas pesadas para demostrar su inocencia y buscar una solución. "¡Al final solo fue tirar el dinero a la basura!". A pesar de sus esfuerzos, la voz seguía escuchándose. Al comprender que todo lo que había hecho había sido en vano, el muchacho estalló en indignación. Tampoco podía ir con la verdad por delante y confesarle a la Iglesia que un ser extraño le hablaba dentro de su cabeza; siendo un simple huérfano de los callejones, lo más probable era que lo arrestaran en el acto para quemarlo vivo en la hoguera. No, no era una probabilidad: era una certeza. El mundo siempre era infinitamente más cruel con los desvalidos. "Fuuu". Tras resoplar de rabia un buen rato, Vlad notó que la presencia en su cabeza se había sumido en el silencio. '¡Ignórala! ¡Dicen que cuanto más le respondes, más se te pega!'. Recordando las advertencias que Jemina solía darle, Vlad intentó recobrar la calma, pero... "¡Vlad! ¡Jorge dice que vayas!". "......". Al ver aparecer de golpe justo al lado a la muchacha en quien acababa de pensar, Vlad frunció el ceño con resignación. "Parece que hasta aquí llegó la sesión de hoy". Él no era el vástago de una familia noble que pudiera entregarse al entrenamiento con el alma sosegada. Solo era un habitante de los callejones que, de no trabajar un día, pasaría hambre los dos siguientes. "Ya voy". "¡Apúrate! ¡Sabía que estabas practicando y por eso te gané algo de tiempo a propósito!". "...... Ya te dije que voy". Era hora de despertar del sueño y regresar a la cruda realidad. Antes de responder al llamado de Jemina, Vlad decidió ejecutar una última descarga con la vara. "Fuuu......". El último golpe siempre al máximo. Concentrando toda la mente y la fuerza. Descargar el golpe. \[¡Ciérralo!\]. "...... ¡!". En ese instante, la voz resonó con agudeza en su mente. Sorprendido por la orden repentina, Vlad cerró el ángulo del codo de forma involuntaria. ¡Fuuush! A diferencia de antes, sintió cómo la vara de madera caía con una violencia aterradora, rasgando el aire con un silbido feroz. "Uauuu". El tajo había sido tan limpio y preciso que incluso Jemina, que miraba con indiferencia a su lado, abrió los ojos con asombro. "...... Maldita sea". Solo entonces Vlad tuvo que admitirlo: cerrar el ángulo del codo había sido lo correcto. Y aquella presencia desconocida que habitaba en su mente entendía, con aterradora maestría, el verdadero arte de la espada. Porque si lo de antes habían sido simples garrotazos al aire... Lo que acababa de trazar siguiendo aquella voz había sido una auténtica trayectoria de esgrima. ※※※※ Aunque se le llamara callejones, aquello constituía un distrito entero de la urbe en toda regla. Tan vasta como era la ciudad de Shoara, el territorio de los bajos fondos era igualmente inmenso; y por ende, de manera natural, surgió en su interior una zona que bien podía considerarse el centro comercial del hampa. En torno a este sector se delimitaban los dominios de los cinco grandes capos de los callejones, motivo por el cual los miembros de cada banda solían contenerse de armar escándalos o excesos en aquella concurrida avenida. Por ello, en tiempos habituales, la calle siempre rebosaba con los pregones de los mercaderes y las voces de los bebedores. Pero hoy no era así. "......". "......". Vlad y Jemina caminaban por el distrito comercial de los callejones. Aunque siempre andaban riñendo y soltándose pullas, en este momento solo podían avanzar en riguroso silencio. "Está demasiado tranquilo". "Todos se dieron cuenta". Vlad giró la cabeza con calma para observar los locales del distrito. Varios establecimientos habían cerrado sus puertas por completo, e incluso aquellos que permanecían abiertos habían metido sus puestos ambulantes hacia el interior. Parecían listos para atrancar los portones en cualquier momento. "Parece que todos esperan que esta vez el estallido sea grande". "......". Aunque anteriormente hubo escaramuzas menores entre bandas, hacía mucho tiempo que no se respiraban presagios tan funestos. Los comerciantes del centro debían de intuir que, tras tantos años de tensiones acumuladas, la tormenta que se avecinaba sería devastadora. "¿No sientes nada?". Jemina miró a Vlad de reojo al oír su tono despreocupado. Muy probablemente, el chico tendría que marchar en la primera línea de la tormenta que se cernía. Aunque intentaba disimularlo, Jemina temblaba por dentro ante la idea de que aquel joven con quien había convivido como una sola sombra estuviera a punto de lanzarse hacia una violencia despiadada. Vlad era su amigo, su familia, y uno de los poquísimos pilares en los que la muchacha podía apoyarse en este mundo. "...... No andes sola durante un tiempo. Es más, será mejor que ni siquiera salgas del burdel". Sin embargo, en lugar de responder a su inquietud, Vlad concentraba la vista en unos hombres que los vigilaban desde el otro extremo de la avenida. Allí se encontraba el subordinado de Jack el Manco al que Vlad había derribado poco antes, mirándolos con ojos desorbitados de rencor. "...... Está bien". Jemina asintió al ver a Vlad colocarla de manera natural a sus espaldas mientras cruzaba miradas asesinas con aquel sujeto. Siempre había sido así: Vlad jamás vaciló en batirse contra quien fuera con tal de protegerla. Jemina siempre se lo agradeció en silencio, aunque nunca hubiese tenido el valor de expresarlo en voz alta. Pero ahora pensó que tal vez debería decirle las cosas que guardaba en su corazón antes de que fuera demasiado tarde. Inmersos en pensamientos distintos, Vlad y Jemina cruzaron el distrito y llegaron a las puertas de La Sonrisa de la Rosa. Al empujar la entrada y poner un pie en el vestíbulo, las miradas de los empleados congregados convergieron sobre ellos un instante antes de dispersarse. "¿Qué hacen todos ahí parados? ¿No van a trabajar?". Preguntó Vlad en voz alta, pero nadie se tomó la molestia de contestarle. Era la hora de la última inspección antes de abrir las puertas de La Sonrisa de la Rosa. Un momento en que los empleados debían andar ajetreados acomodando enseres y las mujeres retocándose el maquillaje con prisas; pero ahora se limitaban a agruparse en corrillos de tres o cuatro personas, susurrando en voz baja. "Qué fastidio". La tensión que se palpaba en las calles se había filtrado hasta el interior del burdel. "¿Acaso se desató una guerra o qué?". Disgustado ante aquel panorama, Vlad refunfuñó mientras subía hacia el cuarto piso, donde se encontraba Jorge. Al fin y al cabo, lo que tenga que pasar, pasará. Al contemplar a la gente agazapada como liebres temerosas, la mirada de Vlad se tornó gélida. Al haber nacido con un temple audaz por naturaleza, al muchacho le costaba comprender la cobardía de las personas comunes. "¿Me llamó, Jorge?". "Ah, sí. Pasa". Y esa audacia era precisamente lo que Jorge esperaba del muchacho. Al entrar en la cuarta planta, Vlad encontró a Jorge disponiendo la comida como de costumbre. El joven sintió alivio al verlo: Jorge era de su misma madera. "Dijeron que me mandó a llamar". "Sí. A partir de hoy, dejas de vender velas". Una sonrisa asomó a los labios de Vlad al escuchar las palabras de Jorge. Aunque otros consideraban aquel puesto como un privilegio, a él le parecía que vender velas no encajaba en lo absoluto con su temperamento. "¿Y qué haré entonces de ahora en adelante? ¿Cobrar a los comercios? ¿O patrullar el territorio?". "Mmm......". Jorge sonrió mientras contemplaba al muchacho rubio que lo encaraba con ojos brillantes. Aquel joven poseía un corazón recio, incapaz de acobardarse incluso ante el líder de una organización criminal. Si él aún fuese un caballero de verdad, no habría dudado ni un segundo en tomar a Vlad como su escudero. "Llegó información de que Jack el Manco está reclutando gente de fuera. Dicen que es un mercenario de linaje caballeresco". "¿Como usted, Jorge?". "...... Sí. Como yo". Jorge sonrió con amargura mientras apuraba el resto de su jarra de cerveza. La espuma que no alcanzó a tragar resbaló por su barba espesa. "Parece que esta vez ese bastardo va en serio". "......". Vlad asintió en silencio mientras procesaba las palabras de Jorge. Jack el Manco, la Sanguijuela del Dinero. Con su negocio de usura y su inmensa fortuna, había reunido a una multitud de secuaces, conformando la facción más numerosa de todos los bajos fondos. Sin embargo, a Jack siempre se le atragantaba la presencia de Jorge en La Sonrisa de la Rosa, y eso se debía a la destreza marcial que este ostentaba como antiguo caballero. Por muchos hombres que se recluten, un rebaño de ovejas jamás podrá hacerle frente a un lobo. Además, por mucho dinero que poseyera un prestamista, los auténticos expertos del acero no alquilaban fácilmente sus espadas a un vulgar capo de los callejones. Por esa razón, la existencia de Jorge representaba una muralla infranqueable para Jack el Manco. Jack con su multitud de hombres y Jorge con su formidable poder individual: así habían mantenido un extraño equilibrio de fuerzas, cuidándose de no invadir los dominios del otro. Pero si Jack el Manco lograba contratar a un espadachín capaz de rivalizar con Jorge, el tablero cambiaría por completo. "Si las cosas se ponen así, es un hecho que llevamos las de perder. Por eso te necesito". "¿A mí?". Vlad abrió los ojos con sorpresa al escuchar su nombre en boca del jefe. "Así es. En nuestra banda, tú eres el único exnovato capaz de llevar a cabo esta tarea". Jorge sonreía abiertamente. "Como líder de la organización, te encomiendo tu primera misión oficial". Sin un ápice de miedo o vacilación en el semblante. Al contemplar a aquel muchacho rubio que aguardaba sus órdenes con una expresión de viva expectación, Jorge no pudo evitar sentirse complacido. Observar a los jóvenes que rebosaban potencial era siempre el mayor de los deleites. \----- • Novela: El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas / 별을 품은 소드마스터 • Autor: Q10 • Traductor: Inmensurable ⚔️ El juramento de un caballero y el filo del primer Maestro de la Espada se forjan en cada batalla. ¡Deja tu reacción y comentario para avivar la llama del acero y traer pronto el siguiente capítulo! 🛡️✨
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El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 5

Estás leyendo el capítulo 5 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 19 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.