Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 58 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
El berrido del ganado resonaba por doquier. Envueltos en un hedor a sangre perceptible en cada rincón y pisando el lodo rojizo que se adhería viscoso a sus botas, dos hombres avanzaban a pie.
"Este sitio es insoportable, venga cuando venga."
"Hm."
Ante la queja de Vlad, Otar respondió con un escueto gruñido, pues compartía plenamente sus palabras.
La Iglesia miraba con malos ojos a quienes comerciaban con la sangre de las bestias muertas. Sin embargo, la inmensa mayoría de los mortales no tenía más remedio que alimentarse de sangre y carne para subsistir. Una incómoda convivencia entre la radiante palabra de Dios y los instintos inevitables de la carne residía precisamente en aquel lugar.
Era el callejón dominado por Oso Negro, el Carnicero de Cerdos; la calle donde se estancaba la sangre escarlata. Aquel rincón era más antiguo que el barrio de los burdeles saturado de lujuria, más viejo incluso que los garitos de apuestas atestados de codicia.
"El hedor marea."
"..."
Conforme el calor apretaba, el fétido vaho de la sangre encharcada en el suelo ascendía de forma nauseabunda. Un callejón añejo y laberíntico, una peste herrumbrosa mezclada con inmundicias de toda índole y la mirada de gentes que convivían día tras día con la muerte.
Vlad cruzó entre ellos y se detuvo ante la edificación más imponente de aquella calle. La fachada estaba decorada por doquier con huesos de procedencia incierta; la mayoría de las personas apenas habrían tolerado mirarla, pero el muchacho nacido en los bajos fondos estaba más que habituado a semejante atmósfera.
¡Pum, pum, pum!
Una aldaba labrada con los huesos de alguna criatura. Vlad golpeó con fuerza aquel llamador, concebido con lo que parecía un pésimo gusto, anunciando su presencia.
"¿Quién es?"
"Ya se habrán enterado de sobra."
"..."
Tanto Vlad como Otar habían advertido las miradas que los vigilaban desde el primer instante en que pusieron un pie en el callejón de Oso Negro. La estampa de un muchacho de deslumbrante melena dorada marchando con su propio pendón llamaría la atención dondequiera que fuese, y aún más en los bajos fondos.
"Espera ahí."
El hombre cerró de golpe la mirilla que apenas dejaba entrever sus ojos entre las junturas de la puerta.
"..."
Sin embargo, pasaron cinco minutos, luego diez, y por más que aguardaron, no llegó ninguna otra señal desde el interior.
\[Miden voluntades.\]
Tal como señalaba la voz, sufriendo aquel ninguneo tan tradicional y habitual en los bajos fondos, Vlad alzó la cabeza y contempló el cielo. Entre los edificios apiñados y caóticos se abría apenas un palmo de firmamento azul.
'No creo que deba dejarme pisotear de esta manera.'
Mirando ese retazo de cielo, el muchacho se sumió en sus pensamientos. Si fuera el Vlad de los callejones, un desdén como este habría sido el pan de cada día, pero ¿qué debía hacer el Vlad de Shoara? El joven, que no hacía mucho había descubierto el significado del honor, se hallaba sumido en un dilema.
Las nubes pasaron. Para cuando el cielo comenzaba a teñirse lentamente de escarlata, solo entonces.
¡Clic!
"Entra."
Las puertas del edificio de Oso Negro se abrieron al fin.
"..."
A pesar de que el acceso se franqueaba tras una prolongada espera, Vlad seguía mirando fijamente hacia el cielo. Al contemplar la bóveda celeste que enrojecía por momentos, el muchacho tomó una decisión: esto no podía pasarse por alto.
"¿No vas a pasar?"
"...Exacto. No voy a entrar."
"¿Ah, sí?"
Viendo al muchacho plantado con terquedad en la calle, el portero soltó un bufido de desdén. ¿Dónde se creía que estaba? Aquella callejuela en la que permanecía en pie era el dominio indiscutible de Oso Negro, el cabecilla de los carniceros.
"Pues lárgate entonces."
Sin embargo, el portero debió haberlo comprendido: el muchacho frente a él no estaba inflando un vano orgullo. Había llegado allí cargando no solo con su propia persona, sino con el peso del nombre de alguien más sobre sus hombros.
"Si cierras esa puerta ahora..."
A espaldas del portero, que ya se disponía a cerrar con una risita burlona, resonó la voz del muchacho. Poseía una presencia abrumadora, impropia de sus pocos años.
"...tú solo no podrás cargar con lo que ocurra hoy."
"¿Qué?"
El portero lo miró, estremecido por unas palabras que, sin saber por qué, sonaban escalofriantes. Esos ojos azules. En ellos no anidaban la cólera ni el pavor que el guardia aguardaba encontrar. Solo se advertía la templanza de un joven resuelto a cumplir con lo que debía hacer.
"Fueron ustedes los que empezaron."
En vez de responder a la pregunta del portero, Vlad tomó su propio pendón, sostenido por Otar, y lo clavó de golpe contra el suelo. En aquel paño, con amplios espacios vacíos, se distinguía con total claridad, por pequeño que fuese, el blasón de la Casa Bayezid.
"..."
El portero contempló al muchacho, firme e inquebrantable junto a su pendón, y pensó para sus adentros: quizá fuera cierto el rumor de que había aniquilado él solo a las sabandijas del dinero. Semejante peso emanaba de aquellas pupilas azules.
"...Entra. Me disculpo."
"No."
Durante el medio año transcurrido fuera de Shoara, el muchacho había visto, aprendido y madurado mucho más que en los dieciséis años que pasó en los callejones. En este instante, lo necesario no era la ira ni la violencia, sino la legitimidad.
"Dile que salga él mismo."
"...¿A quién?"
Observando a aquel joven señor que blandía la legitimidad, el rango y el miedo como armas, el muchacho había aprendido la lección: doblegar a los hombres mediante la pura presencia en lugar de la fuerza bruta. Ese era el proceder de la nobleza.
"Dile a Oso Negro que salga en persona a recibir al legítimo representante de Bayezid."
El legítimo representante de Bayezid. El último Caballero de las Rameras. El muchacho que había despedazado por su propia mano a una organización entera conocía con exactitud milimétrica el lugar que ocupaba.
"Es la última oportunidad que concede Vlad de Shoara."
Los cabecillas de los bajos fondos ya no tenían derecho alguno a hacerlo esperar. El pendón que el muchacho había clavado en el lodo ondeaba en silencio; un estandarte que solo aquel que hubiera demostrado su propio honor tenía derecho a portar.
\* \* \*
Frente al Ayuntamiento de Shoara se extendía una hilera de carruajes que abandonaban la ciudad. Así como había quienes acababan de llegar, también estaban aquellos obligados a partir.
Los caballeros y soldados que habían estado apostados originalmente en Shoara regresaban una vez más hacia Sturma, la ciudad donde residía su señor feudal. Marchaban junto al antiguo alcalde de Shoara, quien sin duda mantendría la cabeza gacha en el interior de su carruaje.
"Lamento haber causado esto sin haber sido esa mi intención."
"Solo está cargando con el peso del karma que él mismo sembró, señor Josef."
Josef, quien observaba aquella escena apostado junto a la ventana, esbozó una tenue sonrisa y alzó la mirada hacia el firmamento.
"A lo que me refería con lamentarlo es a haber adelantado un poco ese momento."
El cielo, desprovisto de la más mínima nube, se extendía con una claridad impecable; sin embargo, la ciudad de los hombres que yacía a sus pies no podía reflejar semejante pureza. A diferencia del firmamento concebido por Dios, la urbe de Shoara había sido forjada por mortales imperfectos, por lo que le resultaba imposible resplandecer sin tacha alguna.
"Yo tampoco disponía de tiempo, de modo que no había otra alternativa."
El antiguo alcalde de Shoara, a quien se le habían destapado toda suerte de desmanes y manchas en la administración municipal, regresaría a Sturma solo para recibir un severo castigo. No obstante, todos aquellos deslices bien podrían haber pasado inadvertidos en tiempos ordinarios. Delegar la autoridad en un solo capo para asegurar un manejo fluido de los callejones, concentrar las fuerzas del orden en los ciudadanos de a pie antes que en la escoria marginal, y admitir los fondos que los notables de la región aportaban desde diversos rincones tal vez no hubiesen sido más que medidas pragmáticas para sostener la gobernanza de la ciudad. Siempre y cuando, claro está, no hubieran mediado la punzante vigilancia de Josef y el tácito consentimiento de Peter.
"¿Qué fue lo que dijo ese capo apodado Oso Negro?"
"Aseguró que cooperará con todas sus fuerzas."
Ante el informe de Vlad, que resonó a sus espaldas, Josef sonrió con satisfacción.
"Debió de haber sido un individuo terco y obstinado; aun así, el asunto avanzó con notable facilidad."
"... Parece ser que el hecho de provenir de los mismos callejones resultó bastante convincente."
Como si la cuestión fuese tan simple. Josef sabía de sobra que el muchacho debió de haber sorteado sus propias dificultades. Con todo, y pese a tratarse de una labor a la que no estaba habituado, el joven había cumplido a la perfección la tarea encomendada. El propósito de Josef de moldear a Vlad no como a un vulgar espadachín, sino como a un caballero íntegro y consumado, marchaba por el camino del éxito.
"Bien. Has hecho un gran trabajo."
Josef se dio media vuelta con las manos entrelazadas a la espalda. Allí se hallaban congregados los hombres que aguardaban con reverencia sus siguientes directrices.
"Como bien saben, señores, aún no tengo a Shoara bajo mi dominio absoluto, y habré de consagrar incontables esfuerzos y jornadas muy fatigosas para resolverlo."
Eran los hombres que aguardaban a espaldas de Josef. Individuos de muy diversas edades permanecían formados en el interior del despacho: cinco caballeros, un mago, diez funcionarios administrativos y treinta soldados de élite. E incluso un escudero. Todos ellos integraban el nuevo cuerpo de vasallos para Shoara que Josef había traído y reorganizado desde Sturma. Y a partir de este momento, Josef debía valerse de ellos para tomar las riendas de la política, la administración, la seguridad pública y el poderío militar de Shoara. Todo ello en aras de lo que bien podía considerarse la última oportunidad concedida a su destino.
"En cualquier empresa, asentar el rumbo inicial es siempre lo más determinante y lo más arduo."
Los vasallos de Josef estaban embarcados en su misma nave. Si Josef se erigía como el futuro patriarca de la Casa Bayezid, ellos serían colmados de honores y ascensos; pero si quedaba despojado de la contienda sucesoria, compartirían la suerte de los marineros atrapados en un navío que se va a pique. Para todos los congregados en aquel recinto, la urbe de Shoara constituía su último trampolín hacia la gloria.
"A partir de este instante, emprenderé las maniobras necesarias para consolidar el gobierno de Shoara sin tropiezos. Me volcaré en ello con todas mis fuerzas, pero, por el momento, no dispondré de margen alguno para prestar atención a ningún otro asunto."
Las sombras comenzaban a teñir cada rincón de Shoara, y Josef aún no se hallaba debidamente pertrechado para presentarles batalla. Mas era imposible aguardar a tenerlo todo dispuesto ante cada vicisitud. Si lo realizado hasta entonces no había sido más que un manotazo desesperado por mantenerse a flote, a partir de ahora debía transformarse en pasos firmes hacia adelante.
"Por ende, delegaré este asunto por entero en Sir Gregory. Seleccione aquí mismo a los integrantes que conformarán la partida de investigación."
Ante la orden de Josef, un caballero de baja estatura pero de complexión recia y maciza dio un paso al frente e inclinó la cabeza con respeto.
"Le agradezco profundamente que me confíe tan grave responsabilidad, señor Josef."
"Confío en que desempeñará su deber con el mayor de los empeños."
Aunque no pertenecía a su círculo más íntimo, Josef había resuelto encomendarle la jefatura de la misión a Gregory. El caballero Gregory, una figura que siempre se había mantenido en una postura neutral dentro de la familia, no era de los que echarían a perder una empresa cegado por las rencillas entre hermanos.
"... En primer lugar, desearía contar con Sir Cade. Considero que en esta encomienda habrá muchas circunstancias en las que debamos seguir el rastro de alguien, de modo que quiero estar acompañado por él, quien descuella en el arte del rastreo."
A pesar de que en la pasada expedición punitiva había sufrido heridas de gravedad al enfrentarse a la mujer maldita, Sir Cade recibía de nuevo una oportunidad. Embargado por un júbilo inocultable, el caballero apretó ambos puños con fuerza.
"Concedido."
"Y además..."
Sir Gregory se mesó la áspera barba, sumiéndose por un breve instante en cavilaciones. Si bien tenía pensada de antemano una formación ortodoxa gracias a las sugerencias previas de Sir Zayar, resolvió decantarse por una alternativa un tanto singular. A decir verdad, la curiosidad lo venía tentando desde hacía ya bastante tiempo.
"Deseo llevar conmigo a Vlad, el escudero de Sir Zayar. A fin de cuentas, fue él quien descubrió este incidente en primer lugar."
"... Mmm."
Aunque el semblante de Josef denotó cierta sorpresa ante la propuesta de Gregory, terminó asintiendo con la cabeza. Al fin y al cabo, su elección no carecía de fundamento.
"..."
La designación de Gregory y la venia de Josef. El muchacho, apostado en la última fila del séquito, clavó la mirada en el caballero que acababa de pronunciar su nombre. Su torso rechoncho y sus piernas cortas —una estampa que casi sugería que podría echarse a rodar al menor empujón— le trajo al recuerdo a alguien a quien Vlad conocía a la perfección.
"Cuento contigo, joven promesa."
Sir Gregory. El hombre que venía prestando atención al muchacho desde sus días en la Casa Bayezid. Aquel caballero, tío en quinto grado y tutor de Portly Cannor, contemplaba al joven esbozando una franca sonrisa.
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• Autor: Q10
• Traductor: Inmensurable
⚔️ El juramento de un caballero y el filo del primer Maestro de la Espada se forjan en cada batalla. ¡Deja tu reacción y comentario para avivar la llama del acero y traer pronto el siguiente capítulo! 🛡️✨

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El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 58
Estás leyendo el capítulo 58 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 19 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.