Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 57 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Una de las calles de los bajos fondos teñida con los colores de la noche.
¡Tan! ¡Tan!
El estruendo del filo partiendo huesos y cercenando tendones quebraba el sosiego de aquel callejón. Aquel sonido, sumado a las osamentas de origen ignoto que colgaban por doquier en el establecimiento, confería al lugar una atmósfera lúgubre y opresiva.
"¿Está el amo del negocio?"
"...... ¿Quién anda ahí?"
Apartando los trozos de carne suspendidos del techo, dos hombres penetraron en el interior de la carnicería. El carnicero, que hasta ese momento se afanaba en descuartizar una res, frunció el ceño con disgusto al contemplar a las dos siluetas que abarrotaban el umbral de su entrada.
"¿De dónde sale este mocoso imberbe que osa tutear a un adulto?"
Al ver a un pipiolo que a duras penas parecía haber dejado atrás la niñez dirigiéndose a él con semejante falta de respeto, el carnicero escupió el tendón que rumiaba y profirió un gruñido:
"¿Acaso tus padres te educaron de esa manera?"
"Vaya, hacía tiempo que nadie me mentaba a mis padres por estos lares."
Vlad se encogió de hombros, se despojó de la capucha que le cubría la cabeza y extendió una pequeña nota frente al comerciante. Al contemplar la cabellera dorada del muchacho, tan impropia de la sordidez del lugar, junto a las letras menudas y apretadas que colmaban el papel, las facciones del carnicero se tensaron ligeramente.
"¿Y bien? ¿A qué viene esta gente?"
"Nada en particular, solo quería saber si los habías visto por aquí."
"¿Desde cuándo se busca a personas en una carnicería? Aquí no comerciamos con carne humana."
"¿De veras?"
Vlad esbozó una leve sonrisa al contemplar al carnicero, quien fingía desdén mientras volvía a descargar su cuchilla contra la carne. 'Aquí es.'
"Verás, nací y me crie en estos callejones, aunque regresé hace poco... ¿acaso este sitio siempre fue una carnicería?"
"Si tienes dudas al respecto, ve a preguntarle a Oso Negro. Yo cuento con su beneplácito."
Oso Negro, el Destazador de Cerdos. Había salido a relucir el nombre de otro de los mandamases que gobernaban los bajos fondos, pero Vlad se limitó a sonreír con desdén como si aquello fuese irrisorio. A estas alturas, semejante reputación ya no tenía el poder de perturbarlo.
"En ese caso, ya le preguntaré más adelante."
Vlad inclinó el torso sobre el mostrador de trabajo y aproximó su rostro a escasos centímetros del carnicero. Asomar la cara frente a un hombre que blandía un hacha y un machete sobre la carne entrañaba un peligro manifiesto, pero en cada uno de los ademanes del muchacho residía un peso indescifrable y abrumador.
"...... Aunque hay algo que me resulta sumamente curioso."
"¿El qué?"
El carnicero tragó saliva de manera involuntaria al sostener la mirada de aquellos ojos azules que lo escrutaban de hito en hito. Al principio había creído que se trataba de un vulgar mocoso imberbe, pero en cuestión de un par de frases, el joven se había adueñado por completo de la atmósfera del recinto.
"Si vas a comprar algo, hazlo de una vez. Si no, lárgate antes de que..."
"¿Cómo supiste que los nombres anotados en el papel correspondían a personas?"
La pregunta del muchacho paralizó en seco la cuchilla que estaba a punto de descender. Solo el leve repiqueteo de las cadenas que Vlad acababa de empujar con fingida inocencia resonó quedamente en la penumbra. Un silencio tenso y enrarecido envolvió la carnicería.
"No es nada fácil aprender a leer por estos callejones."
"......"
Chirriiiido.
Con la cuchilla todavía en alto, el carnicero movió únicamente las pupilas para escudriñar al joven que tenía enfrente. O más bien, al hombre de piel oscura que aguardaba a sus espaldas.
Aquel hombre acababa de cerrar la puerta del negocio.
"He caminado y preguntado mucho hasta dar con este lugar, así que hazme el favor de responder."
Una sonrisa torcida curvó la comisura de los labios de Vlad al notar la mirada crispada del hombre:
"Dejando a un lado la carne de res... ¿vendes personas de carne y hueso?"
"¡Maldito bastardo!"
El carnicero blandió su machete con un tajo fulminante, pero Vlad se limitó a ladear la cabeza hacia atrás, como si hubiera anticipado la trayectoria de antemano. Aunque se trataba de un ataque veloz y certero, impropio de un carnicero ordinario, el muchacho que tenía delante ya rozaba con sus dedos los talones de un auténtico caballero.
"Parece que por hoy se acabó el negocio, Otar."
"Entendido."
El hombre de tez oscura, Otar. Aquel que figuraba oficialmente como asistente del comandante en funciones de la guardia urbana, desenvainó el hacha de mano que llevaba al cinto.
"¡¿Quiénes demonios son ustedes?! ¡¿De dónde provienen?!"
"...... ¿Que de dónde provenimos?"
Al cerrarse la puerta y quedar bloqueada la claridad que entraba del exterior, la carnicería quedó iluminada únicamente por el tenue titilar de las velas encendidas por el dueño. Una lumbre trémula y vacilante que danzaba en mitad de las sombras. El color inequívoco de los bajos fondos.
"Esa es una pregunta que más bien debería formularte yo a ti."
El reflejo de las llamas proyectaba densas sombras sobre el rostro impasible del joven.
¡Tan! ¡Tan!
Desde el interior de la carnicería sellada a cal y canto, los golpes secos de huesos y carne descuartizados continuaron resonando. La única salvedad con respecto a antes radicaba en que, entre golpe y golpe, ahora se entremezclaban los alaridos ahogados de alguien rompiendo a llorar.
\* \* \*
La calle de los callejones justo antes de despuntar el alba.
Vlad tomó asiento frente a un puesto ambulante que apenas comenzaba a recoger sus bártulos y tomó una brocheta.
"Toma una tú también."
"Entendido."
Acomodados uno junto al otro, ambos hombres hincaron el diente a la carne asada mientras se entregaban a limpiar sus respectivas armas. El hacha de mano ensangrentada de Otar. Y la daga de Jorge, que ahora solo Vlad tenía la potestad de empuñar. Dos herramientas idóneas para los bajos fondos que, habiendo cumplido con la tarea de la jornada, se desprendían de la sangre acumulada bajo los cuidados de sus dueños.
"¿Cuándo se infiltró semejante alimaña en esta zona?"
"Jack el Manco descuidó la vigilancia durante este tiempo."
"¿Hasta ese punto se desmadró todo?"
"...... Tras aquel fatídico día, no volvió a ser el mismo."
Otar, que antaño fuera uno de los esbirros de confianza de Jack, parecía reacio a reprocharle el comportamiento de sus últimos días. Al fin y al cabo, fuera cual fuese el desenlace, Jack había sido el único en todos los callejones que le había brindado cobijo a pesar de su color de piel.
"En fin, los peces gordos ya se encargarán de sonsacarle los detalles."
El impostor que se hacía pasar por carnicero había confesado: él no era más que un simple intermediario encargado de reclutar incautos, y que los tratantes de esclavos eran quienes conocían el fondo del asunto. Aunque no había oído hablar en concreto de Anna, aquello confirmaba que, durante todo aquel tiempo, habían estado vendiendo y traficando personas en secreto en el rincón más recóndito de los callejones.
"Aun así, pudimos corroborar que la trama es real... supongo que con esto basta por ahora......"
Había sido una pesquisa comenzada casi por mero trámite, sin sospechar jamás que escondería raíces tan hondas. De no haber intervenido Vlad, como siempre ocurría en estos lares, el asunto habría sido tachado como un suceso turbio más de los suburbios y habría quedado sepultado en el olvido. La luz y la oscuridad, los marginados y aquellos que resplandecían. El muchacho todavía caminaba sobre la delgada línea que separaba ambos mundos.
"¡Vlad! ¡Hermano!"
En medio de sus cavilaciones, una voz juvenil y familiar resonó en los oídos de Vlad. Desde el extremo opuesto del callejón, un chicuelo menudo y cubierto de tizne corría a toda prisa hacia ellos.
"Uf...... jadeo...... ¡Argh!"
"Tranquilo, que nadie se va a escapar."
Vlad le encasquetó una brocheta en la boca al muchacho que acababa de llegar sofocado. Era la justa recompensa que el crío se había ganado.
"¿Averiguaste lo que te pedí?"
"Je...... Hubo chicos que la vieron."
Tal como se esperaba. Vlad y Otar cruzaron miradas y asintieron al unísono. Del mismo modo en que los pájaros escuchan de día y los ratones oyen de noche, las habladurías y rumores de los bajos fondos invariablemente iban a parar a los ojos y oídos de los pequeños pilluelos mendigos.
"¿Qué vieron?"
"La mujer que buscas... Anna, ¿verdad?"
"Esa misma."
Ned le propinó un generoso mordisco a la brocheta que Vlad le había entregado y respondió con aire de orgullo triunfal:
"Cuentan que hace cosa de un mes la vieron subir a un carruaje que jamás habían visto por aquí. Pero dicen que había algo muy raro en todo eso."
"¿Raro en qué sentido?"
En lugar de responder, Ned le extendió la palma de la mano abierta a Vlad.
"...... Vaya, educaste de maravilla a tu hermanito."
"Así es."
Para sobrevivir en el cenagal de los bajos fondos, hasta las criaturas más tiernas se veían forzadas a volverse avispadas y despiadadas. Siendo ambos plenamente conscientes de aquella cruda realidad, en vez de molestarse, se limitaron a sonreír con condescendencia.
"Danos otra brocheta por aquí."
"Lo raro de todo el asunto era..."
Con la nueva comanda de Vlad, los labios de Ned volvieron a articular palabra. El diminuto ratón que escudriñaba el fango de los callejones había traído entre sus fauces la información exacta que Vlad anhelaba.
"Que todas las mujeres que subían a ese carruaje estaban encintas."
"¿Qué?"
Para cualquier otro transeúnte, las palabras de Ned no habrían sido más que una extraña anécdota sin importancia, pero en la mente de Vlad despertaron un eco lúgubre que le heló la sangre.
"...... ¿Todas estaban embarazadas?"
"Sí, dijeron que todas las que subían llevaban el vientre hinchado. Raro de narices, ¿verdad? ¿Quién iba a querer comprar mujeres encintas que ni siquiera sirven para trabajar duro?"
"......"
Ante la mirada suplicante de Ned preguntando con los ojos si podía tomar otra brocheta, Vlad se limitó a señalar hacia atrás con el pulgar en silencio.
"¿Qué sucede? ¿Ocurre algo malo?"
"No es nada."
Otar preguntó al advertir cómo el rostro de su acompañante se tornaba cada vez más sombrío, pero a Vlad le resultaba imposible despegarse del abismo de sus propios pensamientos.
'¿Comprar y vender a mujeres embarazadas?'
Que Anna estuviese encinta ya era una noticia bastante estremecedora de por sí, pero la existencia de una red que comerciaba con mujeres embarazadas en los callejones resultaba inconcebible. Carecía de toda lógica mercantil y desafiaba cualquier límite de lo tolerable. Y, sin embargo, en este mismo lugar había monstruos dedicados a semejante aberración.
'...... No me digas que...'
Un presagio funesto cruzó fugazmente por su entendimiento.
\[Los malos presentimientos siempre tienen la mala costumbre de cumplirse.\]
Deseaba con todas sus fuerzas creer que no era más que una casualidad, pero el susurro que reverberó en su mente lo transportó de golpe a un suceso acontecido en el rigor del invierno. En medio de un campamento rodeado por un manto de nieve impoluta, una mujer sollozaba desconsolada. Una madre que clamaba por el paradero de su pequeño hijo. Un infante diminuto que ni siquiera había tenido la dicha de nacer.
\[Debes aprender a prestar oídos a las advertencias que tu propio juicio te envía.\]
Vlad no tuvo más remedio que asentir ante las palabras de aquella voz. Había un rasgo en particular que el muchacho siempre había admirado en la conducta de Josef: su temple inflexible a la hora de prepararse meticulosamente para el peor de los escenarios concebibles.
"...... Nunca está de más tomar precauciones."
El recuerdo de aquel aciago invierno seguía grabado a fuego en la memoria de Vlad. A pesar de que el sol matutino comenzaba a clarear en el horizonte, a los ojos del muchacho las sombras que se cernían sobre las entrañas de los bajos fondos parecían volverse cada vez más densas y tenebrosas.
\* \* \*
"Lord Bordan."
"¿Qué ocurre? ¿Acaso tienes algo que informar?"
En el despacho habilitado para Bordan en el ayuntamiento, su escritorio, que de costumbre solía estar tapizado con los despojos de toda clase de golosinas y tentempiés, se encontraba hoy sorprendentemente despejado.
"Descubrí ciertos movimientos sospechosos."
"Ah...... ¿de veras?"
Cualquiera habría prestado oído ante el semblante tan severo que mostraba Vlad, pero Bordan se limitó a ordenar pausadamente los documentos restantes para ganar tiempo.
"Te dije que descansaras...... Veo que te tomaste mis palabras a broma."
"Fue usted quien me encomendó investigar a Jack el Manco."
"¡No imaginé que traerías algo tan pronto!"
Bordan esbozó una sonrisa forzada mientras su papada regordeta temblaba con desazón:
"¡Si tú descansas, yo también puedo holgazanear un poco!"
"......"
Solo ahora Vlad comprendía a la perfección por qué Josef le gruñía e increpaba sin piedad cada vez que ponía los ojos sobre Bordan. Aquel caballero orondo era la clase de hombre que no se levantaría de su asiento a menos que alguien le propinara un empujón por la espalda.
"¿No se puede postergar uno o dos días? ¿Acaso es un asunto de vida o muerte tan urgente?"
"Me temo que sí."
"Piénsalo con calma. Reflexiona una vez más sobre si de verdad tenemos una crisis inminente respirándonos en la nuca."
El rostro de Bordan parecía implorarle que captara la indirecta, pero Vlad la entendía con demasiada claridad.
"¿Debería acudir ante el señor alcalde?"
Ante la postura inamovible de Vlad, al percatarse de que no le quedaba más remedio que hacerse cargo del entuerto, Bordan soltó un prolongado suspiro:
"Con lo que me costó conseguirme unas valiosas vacaciones......"
Habiendo preparado todo minuciosamente para vaguear a gusto, Bordan se acercó a la ventana carcomido por la frustración. Sin embargo, en esta vida no existe paraíso para quien huye del deber.
"Tanto el de arriba como el de abajo no hacen más que atosigarme...... ¿No decían que llegaría dentro de dos días?"
Vlad se aproximó a un desolado Bordan y posó la mirada a través del ventanal. En el patio del ayuntamiento hacían su entrada varios carruajes y caballeros montados a caballo. En el centro exacto de la comitiva ondeaba un estandarte con un blasón harto conocido.
Era el emblema heráldico de la Casa Bayezid.
\* \* \*
"¿Ha llegado ya, mi señor?"
"¿Cómo han estado todos?"
Habiendo divisado la comitiva, Bordan, Vlad y el alcalde de Shoara se apresuraron a salir a la explanada del ayuntamiento para dar la bienvenida a Josef. Su llegada, acontecida mucho antes de lo previsto, sumió al edificio municipal en un frenesí de actividad.
"Supongo que no habrá habido novedad alguna en mi ausencia."
"Por supuesto. Todo ha marchado en perfecto orden y sosiego, señor Josef."
Bordan inclinó la cabeza ante Josef mientras su prominente abdomen, que parecía incapaz de doblarse, se plegaba milagrosamente sobre sí mismo.
"......"
Sin embargo, al cruzar la mirada con la de Josef, Vlad no pudo evitar mostrar una sutil expresión en su rostro, como quien tiene mucho por decir.
"De modo que sí hubo novedades."
"......"
Bordan soltó un suspiro imperceptible y siguió con paso lánguido los pasos de Josef. Aquellos que acudían a recibirlo se arremolinaban a su alrededor, junto a las nuevas caras que ingresaban en Shoara con la comitiva. Mientras los criados descargaban afanosamente el equipaje traído por Josef, la comitiva se adentró, guiada por el alcalde, en el despacho principal situado en el centro neurálgico del ayuntamiento.
"Permítame revisar primero la estancia."
Ante cualquier contingencia que pudiera comprometer la seguridad de su señor, Sir Zayar comenzó a inspeccionar minuciosamente cada rincón de la sala.
"No hay nada sospechoso en absoluto. No dejaría jamás algo semejante por aquí, se lo aseguro."
"......"
A pesar de la sonrisa apurada y conciliadora del alcalde, Zayar continuó registrando la habitación sin articular palabra. Para él, lo único que revestía importancia en este mundo era el bienestar de Josef; la dignidad o el protocolo del mandatario le traían sin cuidado. Ante semejante frialdad, el alcalde de Shoara se limitó a chasquear la lengua y retroceder con recelo.
Mientras Zayar inspeccionaba el despacho, Josef volvió el rostro hacia Vlad:
"Has hecho un buen trabajo."
"Muchas gracias."
Sabiendo a qué obedecía aquel elogio y qué entrañaba aquel agradecimiento, ambos hombres intercambiaron pareceres con la sobria parquedad que exigía la complicidad de quienes reman en el mismo bote. Aquello bastaba con creces.
"¿Qué es lo que querías decirme? Habla con franqueza."
"...... Temo causarle molestias innecesarias."
Vlad vacilaba ante la orden de Josef. Tras haber presenciado y aprendido las costumbres de la Casa Bayezid durante aquel tiempo, el muchacho había comprendido la vital relevancia de respetar los debidos procedimientos oficiales.
"Necesitaría contar con cierto respaldo y recursos, pero considero que lo más prudente sería solicitárselo directamente al señor alcalde......"
Josef pertenecía a un linaje noble y distinguido, mas el derecho de sangre por sí solo no garantizaba la autoridad fáctica. Para ejercer el poder se requería un cargo oficial acorde a la posición. Y justo al flanco de Josef aguardaba el hombre investido con semejante autoridad, aun cuando en ese preciso instante permanecía inmóvil, sin saber qué hacer ante la incomodidad que le provocaba la presencia del joven noble.
"Cierto. Es un juicio muy acertado."
Josef sonrió al contemplar cómo el muchacho evaluaba por sí mismo los tiempos y las circunstancias sin precipitarse en arrebatos imprudentes. Sentía una íntima satisfacción al constatar que las lecciones impartidas no habían caído en saco roto.
"No se aprecia nada sospechoso, señor Josef."
Con el asentimiento de Zayar, Josef echó a andar con naturalidad hacia el centro del despacho.
"......"
Al ver a Josef avanzar hacia el escritorio del alcalde, recortando su silueta contra los dorados rayos del sol vespertino, Vlad evocó en su memoria aquel despacho señorial en Sturma. Parecía la estampa idéntica de aquel hombre que siempre lo contemplaba desde el estrado que le correspondía por derecho.
"La vista desde aquí no está nada mal."
Acomodando la espalda contra el respaldo de aquel sillón reservado exclusivamente para la máxima autoridad de la urbe, Josef contemplaba el paisaje a través del ventanal con una sonrisa de satisfacción. Ante el porte majestuoso e implacable que desprendía el noble, el alcalde de Shoara retrocedió un paso de manera instintiva.
"Aunque me parece que habrá que cambiar este sillón por uno nuevo."
"...... Pe-Pero... señor Josef... ¿acaso...?"
Solo entonces el antiguo alcalde de Shoara comenzó a comprender la magnitud de la situación y sus labios palidecieron hasta volverse lívidos, pero nadie se molestó en dirigirle una sola mirada. La atmósfera en el interior del despacho comenzaba a transformarse, impregnada por el aire de dominación que solo Josef sabía imponer.
"Ahora ya puedes hablar sin reservas."
Vlad contempló a aquel hombre con una mirada atónita. Allí, sentado con la misma prestancia de siempre, reposaba la figura de quien solía escudriñarlo con ojos penetrantes. Un hombre a quien jamás le resultaría ajeno ni forzado contemplar el mundo desde las alturas.
"Dirígete al nuevo alcalde de Shoara."
Aquel joven que había librado una batalla encarnizada para sobrevivir se hallaba ahora entronizado no gracias a los privilegios de su cuna, sino sobre el asiento que había conquistado con su propia astucia y determinación.
El nuevo alcalde de la ciudad de Shoara.
Josef Bayezid.
Bañado por la luz que se filtraba a través del ventanal, el hombre de las densas ojeras sonrió al muchacho.
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• Autor: Q10
• Traductor: Inmensurable
⚔️ El juramento de un caballero y el filo del primer Maestro de la Espada se forjan en cada batalla. ¡Deja tu reacción y comentario para avivar la llama del acero y traer pronto el siguiente capítulo! 🛡️✨

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El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela)
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El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 57
Estás leyendo el capítulo 57 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 19 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.