Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 54 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
La tenue luz del alba comenzaba a iluminar al muchacho.
La Sonrisa de la Rosa.
El espléndido jardín que él mismo había engendrado.
Teñido de un encendido carmesí, el joven avanzaba con paso pesado, dejando a sus espaldas los incontables pétalos de rosa que había hecho florecer.
"..."
Al término del placer más dulce, el vacío siempre acaba por anidar.
La venganza había sido dulce, mas nadie podía evitar la honda desolación que sobrevenía tras devorarla hasta el final.
Los soldados de Shoara contemplaban con miradas atónitas al muchacho que salía del edificio empapado en sangre de pies a cabeza.
Apenas podían concebirlo, pero aquel chico en verdad había emergido tras segar la vida de cincuenta hombres. Al contemplar a un joven que cargaba con semejante hazaña —un logro al que ellos jamás osarían acercarse—, las tropas no solo manifestaban reverencia, sino un pavor sobrecogedor. Incluso el mismísimo Sir Bordan, quien había descendido hasta allí para asumir el mando de todo lo acontecido.
Aquel ejecutor y vengador que acababa de hacer valer su legítimo derecho caminaba en completa soledad, apoyándose únicamente en su espada desprovista de adornos.
En ese instante.
"¡Vlad! ¡Vlad...!"
Desde la retaguardia de los soldados resonó una voz que clamaba con desesperada angustia.
"¡Vlad! ¡Por aquí! ¡Soy yo, Haben!"
El muchacho, que aún no terminaba de regresar por completo de su propio mundo interior, volvió la cabeza al escuchar aquella voz tan añorada.
En las pupilas azules del joven se reflejó una silueta: un tosco bastón de madera se agitaba sobre las cabezas de las tropas.
"... Haben."
La mirada del muchacho, que parecía haberse extraviado en los confines del horizonte, fue regresando paulatinamente a la realidad.
Aquel desgarbado bastón de Haben. Había sido el propio Vlad quien lo talló con sus manos para que su amigo pudiera apoyarse al cojear.
"¿Haben?"
Vlad alzó la mano y la agitó con levedad hacia el hombre de cabellos castaños que lo buscaba con tanta aflicción. Al ver ese gesto, los soldados se apresuraron a abrirle paso al recién llegado.
"Maldito crío..."
El camino se despejó ante sus ojos.
Al ver que el muchacho a quien tanto buscaba se hallaba en verdad allí, al final de esa senda abierta, a Haben se le cortó la voz. Antes de que pudiera embargarlo el gozo del reencuentro tras tanto tiempo, la figura del joven, empapada de un rojo tan espeso que resultaba desgarrador, le atravesó el pecho con un dolor punzante.
"¿Es... estás bien?"
Haben se abrió paso a trompicones entre los soldados, avanzando con su paso claudicante con toda la prisa que sus fuerzas le permitían.
"... Ah, cielos."
Vlad envainó la espada sin adornos en la que se sostenía y estrechó entre sus brazos a Haben en cuanto este llegó a su lado.
Aflojó la tensión que lo atenazaba por completo y arrojó lejos el vacío que albergaba en el pecho, mostrándose por fin con una ligereza enteramente libre.
"Ah... maldición. Me duele todo. En verdad me duele cada parte del cuerpo."
"¿Pero qué es esto? ¿Qué demonios te ha pasado?"
Haben no tuvo más remedio que soltar el bastón que empuñaba para sostener por puro instinto al muchacho que se desplomaba entre sus brazos.
Vlad, que se había apoyado en su espada sin adornos.
Haben, que se había apoyado en su tosco bastón.
Ambos soltaron los báculos que sostenían sus vidas para fundirse en un abrazo.
Permanecieron en pie en medio del mundo dependiendo el uno del otro, tal como en aquellos días pasados en que compartían el calor bajo una sola manta andrajosa.
"... Parece que por fin he vuelto."
Vlad cerró los ojos, cobijado en el pecho de Haben.
\* \* \*
La luna del firmamento se ocultó y el sol del nuevo día despuntó sobre el amanecer de Shoara.
Como si los sangrientos disturbios de la víspera jamás hubiesen tenido lugar, los callejones de la ciudad volvieron a sumirse en el letargo.
Y el muchacho, obligado ahora a desenvolverse a la luz del día y no al amparo de las sombras, abrió los ojos al sentir sobre sí los rayos del sol que comenzaban a propagarse por el aposento.
'No termino de acostumbrarme a esto...'
En verdad le costaba amoldarse. El lugar donde acababa de despertar no pertenecía a los callejones.
Shoara era la cuna del muchacho, mas cualquier rincón ajeno a los bajos fondos aún le resultaba por entero extraño.
"Vaya, vaya. Levántate con calma, jefe."
Como si hubiera estado apostado a su lado esperando el instante preciso en que abriera los ojos, Goat le acercó de inmediato un cuenco de agua.
"... Me duele hasta el último hueso."
"Normal. No es para menos."
No conforme con servirle agua fresca para calmar la sed, Goat ya había dispuesto un lebrillo de agua para asearse el rostro; con un paño doblado sobre el antebrazo a la manera de un consumado mayordomo, sonreía con beatitud.
"... ¿A qué viene esto?"
"¿Cómo que a qué viene? Si siempre he sido así."
Al percatarse del sospechoso servilismo de Goat, Vlad enarcó las cejas con desconfianza.
"Basta de teatro."
"... Entendido."
Al ver a Goat esbozar una sonrisa forzada, Vlad comprendió al instante lo que bullía en su cabeza.
'Es natural que sienta zozobra.'
Los antiguos lazos que Vlad conservaba en Shoara habían comenzado a manifestarse uno tras otro. Para Goat, aquellas figuras debían de antojarse como una amenaza directa para su propia posición.
"Mientras cumplas bien con tu labor, me ocuparé de que no te falte nada."
"..."
Al escuchar al muchacho, cuyas palabras denotaban que conocía de sobra sus segundas intenciones, Goat se limitó a asentir en silencio.
Aquel hombre todavía no había logrado cruzar la linde que el joven había demarcado. Para traspasar la frontera que Vlad había levantado en torno a sí por pura supervivencia, aún se requeriría más tiempo.
"¿Qué hora es?"
"Ya pasó el mediodía."
Vlad dirigió una mirada ausente hacia la luz que se colaba por la ventana. En efecto, el tono dorado y denso de la resolana confirmaba que se había quedado dormido a pierna suelta hasta bien entrada la tarde.
"Sir Bordan dijo que le gustaría hablar contigo un momento en cuanto te encontraras en condiciones."
"Habrá que ir."
Jack el Manco estaba muerto. Sus hombres también habían sido aniquilados hasta el último por la propia mano del muchacho.
Con todo, la alargada sombra de Jack el Manco no se disiparía de la noche a la mañana. Había sido un sujeto profundamente arraigado en los callejones, un capo que lo había gobernado todo durante largos años.
"... Sir Bordan debe de estar desbordado de trabajo."
Habiendo presenciado muy de cerca en el pasado cómo los capos de los bajos fondos caían derrotados o eran despojados de sus dominios, Vlad conocía bien la situación. Cada vez que una nueva marea se levantaba, la agitación subsiguiente alcanzaba su punto más frenético.
"Uff... Tendré que echarle una mano."
Arrastrando su cuerpo entumecido, Vlad se incorporó y bajó del lecho.
En cualquier empresa, poner el punto final de manera impecable resultaba siempre lo más crucial.
\* \* \*
"A esa mujer, Marcela, la tenemos a buen recaudo. Parece que pasó por bastantes penurias."
"Se lo agradezco."
"Más adelante encárgate tú mismo de sacarla de allí."
"Sí, señor."
Vlad exhaló un suspiro de alivio al oír que Marcela se encontraba sana y salva, pero sus ojos se abrieron con asombro al posarse en los manjares y refrigerios amontonados frente a Sir Bordan.
"¿Te apetece uno?"
"... ¿Acaso se ha comido todo eso usted solo?"
Montones de terrones de azúcar apilados y postres de los que no quedaba ni el rastro. Los despojos de las golosinas devoradas por el obeso caballero yacían desparramados sobre el escritorio.
"Si sigue comiendo de esa manera, va a acabar matándose."
"Si no como, siento que me muero yo."
Vlad optó por cerrar la boca al ver cómo Bordan, mientras le respondía, echaba otro terrón de azúcar en la taza de café que estaba bebiendo.
"¿Y qué piensas hacer ahora?"
"……Quién sabe."
Ver a Bordan acomodado en su propio despacho le confería un porte bastante digno y convincente, pero a ojos de Vlad, que conocía bien su verdadera naturaleza, la estampa no dejaba de resultarle curiosa.
"Gracias a ti, el asunto se ha resuelto antes de lo esperado. Bueno, yo tendré que ocuparme de limpiar los restos y estaré hasta el cuello de trabajo, pero en lo que a ti respecta, tu labor oficial ha terminado."
"Puedo ayudarle."
Bordan se mesó la gruesa papada y curvó los labios en una sonrisa.
"Me habría decepcionado que no lo dijeras."
"Esa era mi intención desde el principio."
El viejo caballero asintió y sacó un pergamino del fondo del cajón.
"Lleva esto contigo y ve ocupándote de los recados que te encargue según tu propio criterio."
"¿Y esto qué es?"
Aunque sabía leer, el muchacho aún no estaba del todo familiarizado con las letras, de modo que recorrió con titubeo los caracteres trazados en el documento.
"Poderes…… delegados del capitán…… de la guardia."
"Es una orden de arresto."
"Hum. Autoridad para arrestar."
"Y también un permiso para moler a palos a quien se te cruce, si se da el caso."
Bordan recuperó el pergamino del joven, que asentía comprendiendo el mensaje, y estampó una firma apresurada. Sin embargo, el nombre que escribió no era el suyo, sino el del mismísimo alcalde de Shoara.
"Todavía quedan sabandijas de Jack el Manco pululando por los callejones. Lord Josef quiere aprovechar esta coyuntura para meter en cintura los bajos fondos de Shoara."
Al arrancar de cuajo una maleza gigantesca, era inevitable que quedara un hueco vacío. Arrancarla ya constituía un logro notable, pero rellenar ese vacío con piezas convenientes supondría un triunfo todavía mayor. Josef era un hombre que jamás dejaba de anticipar el siguiente movimiento.
"Si se trata de eso……"
Vlad se acarició la barbilla y asintió. Para una tarea semejante, encomendársela a él era la decisión más acertada. Nadie conocía los entresijos de los callejones mejor que Vlad.
"De momento, y hasta que llegue Lord Josef, quedarás oficialmente en situación de espera. Bastará con que me eches una mano de vez en cuando con lo mío, nada más."
Bordan le acercó un puñado de caramelos que reposaban a un lado y le dedicó una sonrisa socarrona.
"Aprovecha para descansar una temporada, busca a tus viejos compinches y ponte al día con ellos. Y saca también a esa noviecita tuya del convento."
"……Ya le he dicho que solo es una amiga."
Aunque lo negó de palabra, Vlad no dudó en guardarse varios caramelos en la mano, con un gesto visiblemente avergonzado.
"Pues por hoy, tómate un descanso. A mí me queda una montaña de quehaceres."
"Le he dicho que pienso ayudarle."
A Vlad no le faltaban ganas de salir corriendo hacia el convento en ese mismo instante, pero no era un lugar al que se pudiera entrar por mero capricho. Tratándose de un recinto sagrado rigurosamente apartado del mundo terrenal, los días y las horas de visita estaban estrictamente fijados. Aunque Goat había solicitado un permiso de visita formal, era muy poco probable que le permitieran ver a Jemina antes de que concluyera la semana.
"En ese caso, verás: en los calabozos tenemos a un puñado de esbirros menores de Jack el Manco. Pásate por allí e interrégalos un poco. A ver si sacas algo en limpio sobre las riquezas que escondía Jack o asuntos por el estilo."
"……"
Los esbirros menores de Jack el Manco. Al escuchar aquellas palabras, Vlad recordó vívidamente el momento en que escapó de Shoara. Siempre había sido un muchacho empeñado en vivir con la cabeza alta y sin lamentos, pero la vida a menudo lo acorralaba en situaciones donde no tenía más remedio que depender de otros.
"Me viene de perlas."
Vlad se guardó en el pecho el pergamino que Bordan le había entregado y se levantó del asiento.
"Daba la casualidad de que yo también tenía a alguien a quien buscar allí dentro."
En aquella cadena ininterrumpida de favores mutuos, ahora le tocaba al muchacho saldar su parte.
\* \* \*
El calabozo subterráneo habilitado bajo el cuartel de la guardia.
Los secuaces de Jack capturados en esta redada permanecían hacinados unos contra otros en una celda donde apenas se filtraba la luz. A medida que el clima se tornaba más templado, el calor pegajoso de los cuerpos apiñados resultaba insoportablemente desagradable, pero ninguno de los prisioneros despegaba los labios; se limitaban a permanecer sentados, inmóviles. Todos eran plenamente conscientes de que para despojos como ellos, que rodaban por las calles como basura, no existía salvación alguna.
"Para entrar aquí hace falta un permiso……"
"Tenga. Me lo acaban de entregar."
"……Todo en orden."
\*Clang.\*
Aquel recinto donde las antorchas eran el único atisbo de claridad se vio bañado por un fugaz destello de luz vespertina. Y entonces, una figura ataviada con colores vivos, por completo ajena a la lobreguez del lugar, cruzó el umbral.
Al ver entrar a aquel joven de improviso, entre los hombres enjaulados tras las rejas comenzó a alzarse un murmullo contenido. Varios de los allí presentes reconocieron al instante su rostro.
"……"
Sin embargo, ninguno de los presos se atrevió a dirigirle la palabra con ligereza mientras lo veían avanzar al otro lado de los barrotes. Sus facciones les resultaban indiscutiblemente familiares, pero el porte que desprendía no guardaba parecido alguno con el pasado. Exhibía una presencia tan imponente que costaba concebir que alguna vez hubiese sido uno de los suyos, rodando por el barro de los mismos callejones.
"Conque estabas aquí."
Ignorando las miradas cargadas de suplicante anhelo que le dirigían los demás, el muchacho distinguió a quien buscaba en el interior de una celda y sonrió.
"Ya eres bastante oscuro de por sí; si encima te encoges en una esquina, no hay forma de reconocerte."
Los cautivos de la celda volvieron la cabeza siguiendo la dirección de su mirada.
"……"
Al oír la voz del joven, un hombre de piel oscura alzó despacio la cabeza desde el rincón más sombrío de la mazmorra. Contempló al muchacho frente a él con la mirada perdida y atónita. A lo largo de toda una vida arrastrada por el fango, jamás nadie se había molestado en acudir a buscarlo mientras permanecía acurrucado en la miseria.
"Otar. Dame esas cuarenta monedas de plata y te saco de aquí ahora mismo."
El muchacho deslizó una mano entre los barrotes con aire despreocupado. Otar se limitó a contemplar esa mano con la mente en blanco. Y no era solo por la evidente diferencia de tono en la piel.
"También te lo puedo fiar."
Era la única presencia luminosa en medio de aquella lúgubre prisión. Se trataba del mismo muchacho de aquel entonces: aquel que ni siquiera sepultado bajo una montaña de basura había perdido su fulgor azul.
"……Gracias."
Guiado por esa luz, Otar estrechó por primera vez en su vida la mano que alguien le tendía. Frente a él, los ojos del muchacho todavía brillaban con un límpido resplandor azul.
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• Autor: Q10
• Traductor: Inmensurable
⚔️ El juramento de un caballero y el filo del primer Maestro de la Espada se forjan en cada batalla. ¡Deja tu reacción y comentario para avivar la llama del acero y traer pronto el siguiente capítulo! 🛡️✨

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El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 54
Estás leyendo el capítulo 54 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 19 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.