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Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 53 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
La noche en los callejones era más luminosa que el día en la ciudad. Al ser un rincón donde solo subsistían aquellos capaces de arraigar en la penumbra, resultaba natural que la inmensa mayoría de sus moradores desplegara su actividad al amparo de las sombras nocturnas. Y si se trataba de un secuaz del Capitán Hoover, cuyo sustento primordial era el contrabando, huelga añadir palabra alguna. El lisiado Haben, uno de los hombres del Capitán Hoover, se encontraba en ese preciso instante devanándose los sesos con un fajo de papeles en la mano. "Ese Jack el Manco se está volviendo loco...". El libro de cuentas que sostenía mostraba incontables espacios en blanco, pero Haben, a quien le correspondía consignar los datos, se hallaba sumido en el más absoluto desconcierto, sin atinar qué asentar en el papel. Jack el Manco prácticamente se había erigido en el dueño absoluto de los callejones. Con la caída del Caballero de las Rameras y el implacable declive que había diezmado al resto de las bandas, ya no quedaba sobre la faz de los bajos fondos ninguna organización que osara alzarle la mirada. A lo sumo, el Capitán Hoover, consagrado al rubro específico del contrabando, gozaba de un margen relativo de autonomía frente a la vigilancia de Jack, pero aquello ya era cosa del pasado. "... Si continúa saqueando de una forma tan descarada, ¿qué se supone que hagamos?". Haben se cubrió el rostro con ambas manos y soltó un prolongado suspiro. Jack el Manco siempre había sido alguien que respetaba los límites. Consumado maestro en retorcer un harapo seco hasta arrancarle la última gota de plata, jamás empujaba a sus deudores hasta un callejón sin salida. Aunque distaran de ser gansos que pusieran huevos de oro, procuraba al menos no abrirles las entrañas a quienes consideraba simples ratas de alcantarilla. Sin embargo, desde la muerte de Jorge, Jack el Manco mostraba un semblante enteramente distinto. Expoliaba a la gente con una ferocidad que ni los más abyectos rufianes de taberna se atreverían a emular, y a causa de aquella rapacidad, los cimientos mismos de la economía de los callejones se venían abajo. Había quienes aseguraban que Jack vivía sumido en el fondo de las botellas y había desatendido por completo el gobierno de la banda; Haben pensaba que aquellas habladurías bien podían ser ciertas. Habiéndose quedado sin nadie que les impusiera freno, aquellas insaciables sanguijuelas del dinero se precipitaban a la ruina paso a paso. "Por ahora no tengo más remedio que presentar el informe". Al final, a Haben solo le quedaba inventariar los cargamentos saqueados aquel día por los hombres de Jack y rendirle cuentas a Hoover. Seguramente recibiría una andanada de gritos coléricos, pero no había alternativa. Después de todo, esa era la tarea que le había sido asignada. \*Creeek...\* Al salir de aquella leonera donde apenas cabía un maltrecho escritorio, Haben se topó de bruces con un joven subordinado que entraba en ese preciso instante. "¡Haben! ¿Te has enterado?". "¿De qué?". El muchacho a cargo de patrullar el distrito traía las mejillas encendidas de agitación, como si trajera entre las manos una noticia descomunal. "¡Dicen que han sellado los callejones!". "¿Por qué?". "Parece que llegó alguien desde Sturma para ponerle las manos encima a Jack el Manco. Los guardias de Shoara tienen cercado todo el perímetro". "Ah...". Al escuchar aquellas palabras, Haben no pudo contener un lamento desolado. Al final, las cosas habían desembocado en esto. Jack el Manco había terminado por cruzar la raya. Haben juzgó que era un desenlace inevitable y apretó con fuerza el bastón en el que descansaba su peso. Adivinó la marea de turbulencias que se desataría una vez que se lo llevaran encadenado. "Pero oye... ¿tú no tenías trato con ese chico?". "¿Con quién?". La voz del compinche lo alcanzó por la espalda mientras se encaminaba al despacho de Hoover. "Con Vlad". "... ¿Qué pasa con Vlad?". Al escuchar después de tanto tiempo aquel nombre teñido de añoranza, Haben giró sobre sus talones y clavó los ojos en el muchacho. "¿A qué viene mencionarlo tan de repente?". "No, verás, es que yo no lo he visto en persona, pero...". El subordinado se rascó la coronilla, titubeando con ademán inseguro. "Dicen que el ejecutor que vino de Sturma es rubio. Y por si fuera poco, aseguran que se presentó a sí mismo como Vlad de Shoara. Si es así, ¿no es él?". "¿Qué?". Ante la irrupción de aquellas palabras tan familiares, Haben sintió que la fuerza se le concentraba en los nudillos que asían el bastón. "... ¿Dices la verdad?". "¡Te lo juro! ¡Dicen que plantó su pendón justo enfrente de La Sonrisa de la Rosa!". "...". Cabello rubio, Vlad, y La Sonrisa de la Rosa. Eran piezas que encajaban de manera inequívoca con una sola persona. El pecho de Haben se desbocó en un latido violento. "Toma esto". "¿Eh?". Haben le encajó el fajo de papeles en el pecho al muchacho y echó a andar a toda prisa rumbo a la salida. "¡¿A dónde vas?!". "¡Tengo que ir! ¡Tengo que comprobarlo con mis propios ojos!". Atento siempre a los rumores que circulaban en la sombra, Haben ya estaba al corriente de la existencia de alguien apodado Vlad de Shoara. El bisoño escudero de Bayezid que había manifestado Aura en el duelo de Deomar y que se había cubierto de gloria en la cacería del gusano de la muerte gigante. '¡Podría ser él de verdad!'. No obstante, ateniéndose únicamente a las habladurías que flotaban en el aire, no había podido dar por sentado que se tratara del Vlad que él conoció. Eran gestas demasiado colosales. El Vlad que habitaba en sus recuerdos poseía, sin duda alguna, un potencial extraordinario, pero atribuirle proezas de semejante envergadura desafiaba toda credulidad. "¡Te van a despellejar a latigazos otra vez si haces eso!". "¡Diles que me he retrasado un poco!". Haben se arrojó a las callejuelas bloqueadas por la guardia para cerciorarse de si se trataba de aquel muchacho rubio. Los pasos renqueantes con los que avanzaba, prendido a su bastón de madera, eran visiblemente más torpes y desviados que en los viejos tiempos. \* \* \* "Habrías hecho bien en mandarte a poner un diente en todo este tiempo". "Huuu...". Vlad contempló al hombre que yacía derribado a sus pies, cruzando con él una mirada desprovista del más mínimo rastro de entereza. Era el mismo maleante que, en los días en que Vlad vendía velas para Jorge, había irrumpido junto a Jack el Manco para patear el cajón de las mercancías. El hueco dejado por el diente que Vlad le reventó a golpes en aquella ocasión continuaba vacío y desdentado. "Aunque supongo que ya no lo vas a necesitar". Vlad deslizó su espada, despacio y sin vacilación, en el pecho del infeliz caído. "Kgggh...". Quizás porque el filo le había perforado los pulmones, el hombre ni siquiera alcanzó a proferir un estertor articulado; escupió una densa espuma escarlata por las comisuras y dejó caer la cabeza, inerte. "Haaa...". Vlad exhaló un suspiro contenido y volvió la vista atrás, recorriendo con los ojos el rastro por el que acababa de transitar. Un pasillo anegado en sangre. Tramos de escalera reducidos a astillas. Las alcobas de las rameras sumidas en el mutismo más sepulcral. Los más de cincuenta secuaces que componían las huestes de Jack el Manco yacían desparramados por el suelo, ensartados uno tras otro por el acero del muchacho. Todos ellos con el aliento definitivamente quebrado. \[Con esto es suficiente.\] "...". Al escuchar la advertencia de la voz, Vlad sacudió la espada carente de ornatos, despidiendo la sangre adherida al filo con un chasquido seco. El muchacho se había internado por propia voluntad en una senda de calvario. En la medida en que se había propuesto alcanzar al Caballero de la Luna Azul como su horizonte marcial, Vlad debía pisar y dominar de algún modo las huellas que aquel verdugo había dejado grabadas en aquel suelo. "Sí. Creo que con esto basta, en cierta medida". Y aunque distaba de la perfección absoluta, Vlad había logrado recrear, en parte, el sangriento cuadro de aquel fatídico día. Por doquier se extendían las rosas carmesíes que el muchacho había hecho florecer con su hoja. "... Pero aún debo ponerle el punto final". Limpiándose de la frente una mezcla tibia de sudor y sangre ajena, Vlad se apoyó un breve instante contra la pared y alzó la vista hacia los peldaños que conducían a la cuarta planta. El primer piso correspondía al vestíbulo. El segundo y el tercero, a las estancias del burdel. Y el cuarto piso constituía el reducto privado de la banda. Allí solía sentarse, imperturbable y en la misma postura de siempre, el Caballero de las Rameras para devorar su invariable ración cotidiana. "...". Vlad comenzó a remontar los escalones que llevaban al cuarto piso, uno a uno. \*Creeek...\* Aquel crujido ominoso y funesto de antaño todavía resonaba en las entrañas de aquel lugar. Eran unas escaleras necesitadas de reparación; que llevaran medio año desatendidas evidenciaba que La Sonrisa de la Rosa no había recibido cuidado alguno durante todo aquel tiempo. 'Marcela se horrorizaría de ver esto'. Al subir por aquellos peldaños que tanto añoraba, a Vlad le asaltó de manera involuntaria el mismo pensamiento de antaño. No obstante, el muchacho que ascendía por los escalones ya no era el Vlad que vendía velas. "...He vuelto. Jefe". El legítimo vengador y albacea de un hombre de honor había alcanzado, al fin, el piso superior. "Vaya, pero si es nuestra joven promesa. Bienvenido". Como si hubiera arrojado a todos sus secuaces al tercer piso, en el cuarto nivel solo Jack el Manco permanecía sentado, a solas. Jack volvió la cabeza como si se alegrara de verlo y dio unas palmadas en el asiento contiguo, pero Vlad ni se inmutó. "Qué poco sentido del humor". Viendo que Vlad permanecía inmóvil y en silencio, exudando una presencia siniestra, Jack el Manco apartó la vista y alzó su copa a solas. Aquel sería, con toda certeza, el último trago de Jack. "Así que en verdad eras tú el Vlad de Shoara. Había oído ciertos rumores". "¿Llegaron hasta aquí?". "Debí haberte reclutado hace dos años. ¿Quién era el encargado por aquel entonces?". Jack el Manco frunció el ceño tratando de hacer memoria, pero terminó por soltar una carcajada. "Aunque bueno, seguro que ese malnacido también la habrá palmado ya". Tras apurar de un trago la copa que sostenía, Jack se puso en pie con lentitud y se encaró con el muchacho. "Aun así, es un alivio que seas una cara conocida". Acomodándose la faja y arreglándose las ropas, Jack miró a Vlad mientras empuñaba en una mano una espada corta semejante a un alfanje y desenfundaba el garfio en la otra. "Hasta ahora lo había dejado pasar porque me daba pereza, pero por naturaleza soy de los que dejan las cosas bien atadas". Un vínculo andrajoso. Un mundo que carcomía su propio mundo. "......" Sin embargo, al tenerlo enfrente, en Jack el Manco ya no quedaba rastro de aquella imponente presencia que el muchacho admiraba en antaño. Se debía en parte a la decadencia de aquel hombre, pero sobre todo a que el propio mundo del muchacho se había ensanchado en esa misma medida. El mundo de Jack el Manco ya no era capaz de contener al muchacho. "Allá voy". A pesar de ser su mayor enemigo, Vlad decidió rendirle a Jack el Manco una última muestra de respeto. ¡Klang! Si bien, al tratarse de la cortesía propia de los bajos fondos, fue de una brutalidad despiadada. "¡Khh!". Jack cruzó la espada y el garfio para frenar la hoja de Vlad. Había interpuesto ambas armas creyendo que necesitaría al menos eso para detenerlo, pero el ímpetu con el que Vlad arremetió superó con creces cualquier cálculo. "¡Eso es! ¡Al menos debías tener este nivel para haber trepado hasta allá!". Al presenciar el crecimiento del muchacho, Jack sintió una genuina admiración. Jack también había tenido algo llamado sueño. Él también había sido un hombre que, si bien bajo otra forma, había albergado una estrella en su pecho. Por ello era capaz de comprender las adversidades que el muchacho había superado. "¡Magnífico!". "¡......!". Las chispas estallaban con furia en el entrechocar del acero. El muchacho pugnaba con fiereza contra el mundo que lo había aprisionado durante tanto tiempo, a sabiendas de que el mundo de Jack ya no podía retenerlo. "¡Gaaah!". Jack contuvo la espada del muchacho empleándose a fondo. Aunque trastabillara, aunque pareciera patético. Aquella sería, sin duda, la última imagen y la última elección a su alcance. "¡A Jorge le habría fascinado ver esto!". "¡Cállate!". Al ver que su enemigo jurado se atrevía a mentar a Jorge, Vlad rugió con ferocidad. Era un hombre imperdonable. Era el bastardo que había contribuido a la muerte de Jorge, que había engullido a la desmoronada Sonrisa de la Rosa y que había vendido a Marcela. Tenía que morir de la forma más miserable. "¡Ja... ja, ja!". Debatiéndose entre el dolor, el remordimiento, el vacío y la entereza, Jack blandió a ciegas el garfio de su brazo izquierdo. Pues el alfanje que sostenía ya rodaba por el suelo, cercenado junto con su brazo derecho. Sabía que algún día llegaría una jornada así. Tan solo había vivido con ferocidad convenciéndose de que hoy no sería el final. '¡Mil veces mejor así!'. Jack el Manco lo creía con total sinceridad. Pues era preferible morir aplastado bajo los pies de un mundo naciente que trepaba sobre él, antes que morir aplastado por un mundo colosal como le ocurrió a Jorge. Puesto que su vida llegaba a su término de cualquier modo, deseaba concluirla bajo su propia voluntad. "¡Tú llegarás mucho más alto que yo!". "¡Que te calles de una vez!". El muchacho, ajeno aún a la hondura que otorgan los años, no alcanzó a comprender el sentido de las palabras de Jack y descargó un mandoble henchido de cólera. Sin embargo, por muy ardiente que estuviera el corazón del joven, el acero que empuñaba era gélido hasta la médula. "¡Khhh!". Aquel frío atravesó las entrañas de Jack hasta brotarle por la espalda. De la punta empapada en sangre goteaba un carmesí espeso. Cercenando el andrajoso vínculo, mostrándose al fin verdaderamente libre. "¿Tus últimas palabras?". "......" El muchacho jadeaba con violencia, sin aliento. Viendo al joven que se había arrastrado hasta allí dejándose la piel, Jack alzó despacio el garfio y señaló el lugar donde antes descansaba. "...Descansa un rato antes de irte. Te has esforzado". "...¿Qué?". Pronunciando aquellas palabras inescrutables, Jack el Manco fue dando lentos pasos hacia atrás, haciendo que la espada de Vlad se deslizara fuera de su cuerpo. "¡Ugh...!". Pese al suplicio de sentir las entrañas desgarradas, se obligó a permanecer erguido y retrocedió tambaleante hacia la barandilla. "...Con esto basta". Exhalando un suspiro, Jack alzó la vista hacia el techo. Al contemplar la linterna mágica de recuerdos que desfilaba a través de la suntuosa lámpara de araña, rememoró los pasos de su vida. "No lo hice tan mal". Se sentía satisfecho. Aunque había vivido como un canalla, su vida había sido una lucha despiadada. Y si bien al final había terminado patéticamente aplastado por un mundo descomunal, no todo se debía a sus propios fallos. "......" Por último, Jack lanzó un bramido que resonó por todo aquel edificio que, después de todo, jamás logró hacer suyo: "¡Me lo pasé en grande! ¡Hasta luego, Jorge!". Vlad contempló cómo Jack el Manco caía de espaldas, lentamente. Por encima de la barandilla, directo al vestíbulo. La última estampa de su figura precipitándose al vacío desde el cuarto piso hasta el suelo del primero. ¡Bum! Un mundo que se desmoronó al vacío, tal como le ocurriera a Jorge aquel fatídico día. En medio de un silencio sepulcral, solo el repiqueteo de las gotas de sangre marcaba el transcurrir del tiempo. "......" La venganza era dulce. Por ello, un deber ineludible. Sin embargo, el regusto amargo que se demoraba en la punta de la lengua del muchacho resultaba irremediable. Tras haber concluido todo lo que debía hacer, Vlad arrastró al fin sus pasos exhaustos hacia la mesa donde Jack había estado sentado. "...Vaya". Allí aguardaban dos copas de licor dispuestas para el muchacho. Vlad vio una copa rebosante junto a la que Jack había vaciado. Comprendiendo al fin lo que Jack había querido decirle momentos antes, Vlad se sentó en silencio y contempló la copa que le había sido servida. El rincón donde reposaba un muchacho con la cabeza gacha. Dos copas de licor vacías. "...Se la devuelvo. Jefe". Y sobre la mesa, una brillante moneda de oro. El muchacho devolvió la moneda de oro que Jack el Manco le había entregado en el pasado. Porque un caballero solo debía aceptar la justa retribución. Aquel lugar era La Sonrisa de la Rosa. Un remanso donde las gentes de paso se detenían por un instante. Hoy, una gota que permanecía estancada se había deslizado hacia el mundo exterior, dejando tras de sí una leve ondulación en el mundo del muchacho. \----- • Autor: Q10 • Traductor: Inmensurable ⚔️ El juramento de un caballero y el filo del primer Maestro de la Espada se forjan en cada batalla. ¡Deja tu reacción y comentario para avivar la llama del acero y traer pronto el siguiente capítulo! 🛡️✨
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Estás leyendo el capítulo 53 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 19 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.