Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 52 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Toda espada posee su propio propósito. Así como una espada grande y una pequeña se emplean en circunstancias distintas, tampoco puede afirmarse que una hoja afilada sea siempre superior a una que carece de filo.
Sir Bordan, quien de continuo recibía los reproches de Josef, era precisamente esa clase de hombre. Aunque se trataba de un caballero anciano, corpulento e incapaz siquiera de blandir una espada con destreza, Josef había optado por mantenerlo a su lado. Después de todo, era una persona cuya utilidad resultaba incuestionable.
"¿Se aseguró de bloquear con firmeza todas las demás callejuelas?"
"Por supuesto... Hice todo lo humanamente posible."
El alcalde de Shoara se secaba el sudor sin descanso con un pañuelo de seda mientras asentía ante el obeso caballero plantado frente a él. Aunque no era más que un simple caballero, conocía con tal exactitud los entresijos más turbios del gobierno municipal que el dignatario no había tenido más remedio que capitular ante sus exigencias. Solo le quedaba preguntarse en qué cloacas se habría curtido semejante sujeto.
"Por eso le digo: ¿cómo permitió que el asunto creciera hasta este extremo? Al punto de llegar a oídos del señor conde."
"Es que ese tal Jack el Manco poseía una astucia desmedida... ¡Aun así, a partir de hoy, ese tumor quedará extirpado para siempre de Shoara!"
Al contemplar al caballero respaldado por la autoridad absoluta del conde, el alcalde no dejaba de manifestar su profunda turbación; no obstante, Bordan se limitó a sonreír con sorna ante sus palabras.
'El auténtico tumor serás tú, miserable.'
Los de la misma calaña se reconocen al instante. ¿De qué otro modo habría podido aquel hombre apodado Jack el Manco manipular a su antojo el inmenso ecosistema de los callejones? Todo aquello no había sido más que el fruto de la connivencia de este individuo que ostentaba el título de alcalde.
"Por cierto, ¿cuándo llegará el caballero que entrará en el recinto? Ese que la Casa Bayezid envió de forma especial..."
El alcalde no solo había congregado a las tropas de la guarnición, sino también a todos los caballeros destinados en Shoara; sin embargo, Bordan los había descartado a todos afirmando que existía alguien designado en exclusiva para esta encomienda.
Este asunto no se limitaba a ejecutar a un capo de los bajos fondos como Jack el Manco. Era, al mismo tiempo, el debut oficial que la Casa Bayezid había orquestado para Vlad.
"Precisamente ahí viene."
A lo largo de la calle de los callejones, iluminada apenas por una mortecina penumbra, un hombre avanzaba en solitaria marcha.
De la espada que sostenía baja goteaba sangre que aún no terminaba de secarse.
"¿Viene solo uno?"
"..."
Por más que escudriñaba la oscuridad, el alcalde no alcanzaba a distinguir a nadie más y frunció el ceño con perplejidad, pero Bordan se limitó a responder con el silencio.
"¿Has llegado?"
"Sí, señor Bordan."
Un muchacho de cuya capa empapada emanaba un denso hedor a sangre.
Al ver a Vlad por primera vez, el alcalde se estremeció primero ante sus facciones, y una segunda vez ante la abrumadora atmósfera que desprendía.
'Qué contraste tan inconcebible.'
En aquel rostro de facciones hermosas y refinadas habitaba la mirada rapaz de una fiera salvaje. Su cabellera rubia, digna de la envidia de cualquiera, relucía humedecida por la sangre, y sus intensos ojos azules albergaban un fulgor tan vívido que brillaba con un matiz sobrenatural en medio de la noche.
"He dejado todo preparado."
"Se lo agradezco."
"Aun así, ¿por qué no entras junto a los soldados incluso ahora? Si llegas a resultar gravemente herido, de verdad no tendré cara para presentarme ante el señor Josef."
Vlad no pudo evitar esbozar una sonrisa al escuchar las palabras de Bordan.
Esa actitud tan inmutable de anteponer siempre su propia seguridad resultaba, en cierto sentido, digna de admiración y confianza.
"Aunque resulte herido, me aseguraré de que Sir Bordan no sufra perjuicio alguno."
"... ¡Te digo que eso es imposible!"
Al cerciorarse de la inquebrantable resolución del muchacho, Bordan se movió por iniciativa propia y extrajo el pendón personal de Vlad.
Aunque se trataba de un estandarte que todavía solo exhibía dos escudos de armas, el mero derecho de poder enarbolarlo representaba una gloria colosal para un individuo.
"¿Es ese un pendón propio?"
"Creí que era una tradición extinguida en el tiempo."
A los lados del sendero por el que avanzaban Vlad y Bordan, los soldados comenzaron a cuchichear en susurros contenidos. El espectáculo que estaban a punto de presenciar equivalía a la resurrección de un pasaje legendario que la historia del norte había ido sepultando en el olvido.
"Clava el estandarte en la tierra."
"Entendido."
Vlad tomó el pendón que Bordan le tendía y lo enterró con firmeza en el suelo.
A partir de este instante, esta tierra es mi dominio.
Bajo los nombres ilustres y honorables que me respaldan, ejerceré mi autoridad sobre este suelo.
Incluso sobre vuestras vidas.
"Bien."
Al constatar que la proclama del muchacho había quedado sólidamente plantada en la tierra, Bordan extrajo un pergamino de su pecho y lo desenrolló.
El joven alzaba el estandarte del honor.
El caballero obeso, el decreto emanado del señor feudal.
Dos espadas, cada una desempeñando la función que el destino le había asignado.
"¡Escucha, Jack el Manco, malhechor de los bajos fondos! ¡Has desafiado con descaro los preceptos y leyes fijados por la Casa Bayezid y has desangrado al pueblo durante todo este tiempo para saciar tu codicia!"
En sustitución de Vlad, quien era poco ducho en formulismos y retóricas cortesanas, Bordan desplegó el texto y leyó su contenido a viva voz. Quien lo viese por primera vez y contemplase la imponente gravedad con la que clamaba alzaría las manos en señal de admiración, convencido de que los caballeros pertenecían a una casta enteramente distinta.
"¡Por tanto, yo, Peter Bayezid, legítimo señor de Shoara, incapaz de tolerar por más tiempo tus vilezas, envío a mi representante Vlad; de modo que cualquier potestad que ejerza a partir de este momento es un derecho legitimado al unísono por mí, legítimo señor de Shoara, y por la Santa Iglesia devota!"
Tan pronto como concluyó la lectura de aquel decreto redactado por Josef, ratificado por Peter y proclamado por un caballero juramentado de Bayezid, los vítores y alaridos de las tropas estallaron ensordecedores:
"¡Bayezid! ¡Bayezid!"
"¡Muerte a Jack el Manco!"
"¡Que Dios proteja al enviado!"
"¡Jack el Manco y su chusma, abrid las puertas! ¡Rendid pleitesía al legítimo representante!"
Sin embargo, a pesar de la solemne intimación de Bordan, las puertas de La Sonrisa de la Rosa continuaron cerradas a cal y canto. Era una resolución inevitable. Abriesen o no, el único destino que aguardaba a quienes estaban dentro era una ruina despiadada.
"Mi parte ha concluido."
"Se lo agradezco."
Tras repasar el filo de su espada desprovista de adornos, Vlad acompasó con serenidad la respiración al escuchar al caballero.
"Te lo repito una última vez: no hay necesidad de llegar a tal extremo. Los hombres atrincherados ahí dentro son al menos cincuenta. Por consiguiente..."
"Fui yo quien decidió hacerlo de esta manera."
"... Está bien."
Al escudriñar los ojos azules del muchacho, henchidos de una determinación de roca, Bordan asintió y dio un paso atrás. Un individuo que ya había forjado su propio mundo interior no podía sino poseer una terquedad inaudita. Después de todo, solo aquellos con una convicción absoluta en su propio camino eran capaces de empuñar el Aura.
La misión de Bordan, enviado para escoltar y respaldar al muchacho en lugar de Josef y Zayar, quienes no podían desplazarse, había llegado a su fin. Había intimidado con astucia al alcalde y movilizado la maquinaria administrativa de Shoara hasta sitiar por completo a Jack el Manco. Lo único que faltaba sobre el tablero era el juicio sumarísimo a manos del legítimo ejecutor.
"..."
Vlad elevó en silencio la espada sin ornamentos y cerró los párpados. Ante su estampa inmóvil, que semejaba a un devoto sumido en profunda plegaria, los soldados apostados a su alrededor asentían maravillados. Todos creían contemplar la noble compostura propia de un representante legítimo; sin embargo, como solía ocurrir con él, la realidad distaba un abismo de lo aparente.
'Ya deben de estar aguardándote.'
'Lo sé.'
'Amplía tu campo de visión. Esta será una batalla radicalmente distinta a cualquier combate que hayas librado hasta hoy.'
'Estoy preparado.'
Vlad, tras haber alcanzado y consolidado su propio mundo interior, ya no precisaba articular palabras para comunicarse con la voz en su mente. Existía ya un horizonte invisible tendido entre las fronteras de ambos mundos.
'Que el comienzo sea fulminante. El principio fundamental de toda contienda reside en arrebatar la iniciativa.'
Al acoger el último precepto de la voz, Vlad cerró su ojo izquierdo. Lentamente, un haz de luz pura comenzó a filtrarse sobre el metal de la espada sin ornamentos.
"¡Es Aura!"
"¿A esa edad tan temprana?"
Los soldados prorrumpieron en un clamor de asombro. Al mismo tiempo, los esbirros de Jack que espiaban los movimientos tras los ventanales se estremecieron de pavor y cerraron las cortinas a toda prisa.
El principio del golpe letal definitivo brota siempre de lo inesperado. Y aquel joven que en ese instante hacía resplandecer el Aura era la imprevisibilidad misma hecha carne.
"... Yo soy Vlad de Shoara."
En el abismo de su mundo interior, Vlad meditó. Aquel fatídico día, si él no hubiese traído a Godin a los callejones, ¿habría sobrevivido Jorge? Y si Jack el Manco no hubiese acorralado y amenazado a Jorge, ¿habría ido él jamás en busca de Godin?
"Antes de ser un legítimo representante, soy un legítimo vengador."
Las incontables hipótesis que tantas noches en vela le habían arrebatado danzaron en su mente, pero la conclusión última que aguardaba al final del pensamiento era una sola:
Tenía que matar a Jack el Manco.
"He venido hasta aquí para concluir nuestra guerra."
El mundo podrido de aquel hombre carcomía el suyo propio. Tal como le había advertido Josef, solo quebrando aquellos lazos hediondos del pasado podría avanzar hacia adelante.
"¡He regresado, Jack el Manco!"
Con un grito desgarrador que quebró el silencio de la noche, el muchacho cargó de frente contra aquel nido profanado, La Sonrisa de la Rosa.
He vuelto. Para ponerle punto final a todo.
¡Kbooom!
El mundo del joven, condensado con un poder inexorable, hendió de par en par el mundo de Jack.
Bajo los feroces embates del muchacho, las puertas de La Sonrisa de la Rosa, que le habían sido arrebatadas, abrieron finalmente su regazo.
"¡Aaaagh!"
"¡¿Pero qué clase de fuerza es esta?!"
Los hombres que atrancaban la entrada cayeron de espaldas, rodando por los suelos de manera lamentable. Para aquellos que no pasaban de simples matones de banda, contener la espada de un muchacho que ya había forjado su propio mundo interior resultaba una tarea que sobrepasaba con creces sus capacidades.
"¡Impedid que entre!"
"¡Descargad las armas sobre él!"
Entre las astillas de madera que salían volando, la cabellera rubia del muchacho ondeó al viento, acompañada por las salpicaduras de sangre de alguno de ellos.
Tan pronto como puso un pie dentro de La Sonrisa de la Rosa, hojas afiladas destellaron desde todos los rincones. Blandieron sus filos contra el joven que acababa de reventar la puerta, pero...
¡Clang!
¡Clang, clang, clang, clang!
La relampagueante técnica de contraataque del muchacho abrió un sendero a través de aquella lluvia de hojas teñidas de malevolencia.
Los tajos que aquellos rufianes descargaban no eran más que golpes insignificantes en comparación con el caballero que se alzaba ante él como una muralla infranqueable.
"¡Aaaargh!"
"¡Este lunático...!"
Vlad ya no era alguien que ejecutara una técnica de contraataque a medio pulir. Si se abría una brecha, había que penetrar en ella; y para penetrar en ella, había que proyectar el filo. Así se lo había enseñado Sir Zayar.
Godin había sido capaz de cercenar todas las dagas arrojadizas de Jorge de un solo mandoble, una proeza que Vlad todavía no alcanzaba a replicar; sin embargo, despachar a los pocos hombres que lo rodeaban estaba dentro de sus posibilidades.
"¡Haaaap!"
La espada del muchacho desprendió un destello fugaz. Habiendo perdido el equilibrio en un abrir y cerrar de ojos, los subordinados de Jack entregaron sus endebles cuerpos sin poder hacer nada para evitarlo. En la punta del acero del joven florecieron espléndidas rosas escarlata con el mismo fulgor de aquel fatídico día.
"¡Arrojad las redes! ¡Las redes de hierro!"
Ante el impetuoso avance del muchacho, que cargaba como un bisonte, los secuaces de Jack quedaron presos del desconcierto. El joven que ahora relucía ante sus ojos no guardaba relación alguna con el Vlad que ellos creían conocer.
"¡Rápido!"
Comprendiendo al fin la verdadera gravedad de la situación, los esbirros de Jack forcejearon desesperados, pero Vlad no se movía según los designios de sus enemigos.
¡Fsuuush!
El inmenso vestíbulo estaba coronado por los corredores cuadrangulares de las plantas superiores. Desde allí arriba comenzaron a llover pesadas redes de hierro destinadas a caer sobre la posición del muchacho sin dejar el menor hueco libre; no obstante, siguiendo el consejo de la voz, Vlad ya había ensanchado su campo de visión con antelación.
'¡...!'
Al advertir la hostilidad en el aire, Vlad rodó con presteza por la conocida entrada, un suelo que habría podido recorrer con los ojos cerrados. Era, después de todo, el mismo vestíbulo que tantas veces había limpiado con su fregona.
"¡Es demasiado rápido!"
"¡Desde aquí no lo alcanzamos!"
Zafándose de las redes con movimientos fulgurantes y ocultándose con astucia tras las columnas para moverse en los ángulos muertos de los tiradores, Vlad descargó su acero sin descanso sobre aquellos que aún se debatían en la perplejidad.
"¡Uaaagh!"
"¡Ese bastardo es demasiado veloz!"
Los hombres de Jack eran incapaces de hacer frente a los movimientos de Vlad, quien aunaba su agilidad congénita con un refinado adiestramiento de élite. El muchacho encarnaba el potencial sobre el que la ilustre Casa Bayezid del norte había puesto sus ojos.
"¡Bloquead solo las escaleras! ¡Solo hay una escalera aquí!"
"¡Taponadla bien y obligadlo a cargar de frente!"
Al ver desbaratadas sus estratagemas iniciales, los hombres de Jack se replegaron a toda prisa hacia la escalera central. Tomar de antemano una posición elevada y angosta era una de las nociones tácticas más elementales.
'...'
Y ese mismo principio básico era algo que el muchacho también conocía a la perfección.
Viendo a los secuaces de Jack apiñarse en las escaleras, los ojos de Vlad brillaron. La esencia del principio del golpe letal definitivo radicaba en dominar el campo de batalla: desbaratar al enemigo mediante lo inesperado, controlar el terreno y aprisionar al oponente dentro del propio mundo. Si se lograba eso, asestar un golpe letal resultaba inevitable.
"¡¿Qué demonios es eso?!"
Vlad corrió de inmediato hacia el ventanal situado junto al acceso y cortó de un tajo la cuerda de la pesada cortina que colgaba allí. Aferrándose a la soga que se tensaba y ascendía por el contrapeso, se impulsó de un salto directo hacia el segundo piso. Era la misma cortina que solía descorrer en el pasado para aquella muchacha pelirroja de baja estatura.
"¡Maldición! ¡Ha saltado hasta aquí!"
"¡Levantad las armas! ¡Se nos echa encima!"
Atrapados dentro de los cálculos del muchacho, los subordinados de Jack intentaron alzar un muro defensivo para detenerlo, pero ya era demasiado tarde.
"¡¿Acaso esto es todo lo que tenéis, pedazos de bastardos?!"
Vlad profirió un rugido feroz mientras hendía a los hombres con su espada. Las hojas que blandían contra él eran afiladas a más no poder, pero las trayectorias con las que se aproximaban resultaban toscas y predecibles. Un intercambio de golpes en los entrenamientos con Sir Zayar resultaba infinitamente más peligroso.
"¡Aaaagh!"
"¡Los arcos! ¡Traed los arcos!"
Aunque su irrupción había sido mucho más rápida de lo previsto, algunos hombres que sabían manejar el arco bajaron desde el tercer piso y encajaron las flechas en sus cuerdas, apuntando hacia Vlad.
'...'
El primer piso era el vestíbulo; el segundo, las alcobas del burdel.
"¡Disparad!"
El muchacho abrió de golpe la puerta de una de las habitaciones para escudarse de la lluvia de flechas. Era la puerta del cuarto donde solía estar Anna, la misma que en su día había recibido una paliza injusta bajo el pretexto de que la vela se había consumido demasiado rápido.
¡Tac, tac, tac, tac!
Al tratarse de un pasillo angosto del que no había escapatoria, las flechas fueron repelidas por la sólida puerta de los aposentos de las cortesanas. Aquella puerta, encargada de forma especial por Marcela, acababa de quedar convertida en un andrajo por culpa de los hombres de Jack, pero ella sin duda sabría perdonarlo.
"¡Aaagh!"
Vlad empujó con violencia hacia el interior de las habitaciones abiertas a los esbirros de Jack que aún no habían logrado retirarse. Atrapados súbitamente en un espacio tan reducido, los hombres comenzaron a revolverse desesperados.
"¡Muere!"
"¡Uaaagh!"
Arrojados sobre los lechos en lugar de las rameras, aquellos hombres fueron atravesados por el acero afilado. Solo una cortesana por habitación; y Vlad, que había sido el vendedor de velas de aquel lugar, cumplía con diligente rigor las normas de La Sonrisa de la Rosa.
¡Tac, tac, tac!
Abrir la puerta para frenar las flechas. Atrapar a alguien y ensartarlo.
Repitiendo una y otra vez aquella tarea tan metódica y fría, Vlad continuó abriéndose paso hacia el cuarto piso, donde debía aguardar Jack el Manco. Aquellas velas cortas de veinte monedas de plata apenas otorgaban el tiempo justo para desahogar la lujuria, pero ahora nadie se quejaría por ello. Los hombres a los que Vlad había empujado al interior de los cuartos quedarían tendidos para siempre sobre aquellos lechos húmedos.
"¡Subid! ¡Subid a la siguiente planta!"
"¡Maldito bastardo desquiciado!"
"¡¿De verdad ese es Vlad?!"
Incapaces de frenar al joven tanto en la primera como en la segunda planta, los hombres de Jack huían despavoridos hacia el tercer piso. Cualquier formación que hubiesen trazado al inicio se había desmoronado hacía largo rato.
\[... Parece que has segado a más de veinte.\]
La voz en su mente se quedó sin palabras al contemplar los movimientos del muchacho, que superaban con creces cualquier expectativa previa. El talento que poseía, su feroz empeño y una determinación ardiente e inquebrantable; aquel joven era un prodigio nato a la hora de arrebatar vidas humanas.
"¡Taponad las escaleras!"
"¡Tranquilos! ¡Esta vez no hay ninguna cortina que pueda usar!"
Atrincherados una vez más en las escaleras, los subordinados de Jack alzaron sus armas, como si intuyeran que aquella era su última oportunidad de sobrevivir, y clavaron la mirada en el muchacho.
"¡Atrévete a subir, perro sarnoso!"
"... Uf."
Tras blandir su espada sin un solo instante de descanso, Vlad tomó una breve bocanada de aire mientras evaluaba la situación. Por mucho que hubiese alcanzado su propio mundo interior, arrojarse de cabeza hacia un cuello de botella tan angosto era una imprudencia que debía evitar.
'¿Era por aquí?'
Vlad alzó la vista y caminó lentamente por el pasillo del segundo piso, alfombrado de cadáveres. Había un rastro concreto que necesitaba encontrar.
'¡Aquí está!'
Su mentor y superior en la banda, Buray, era un tipo astuto pero holgazán por naturaleza. Quizás por esa misma razón poseía un talento innato para reparar las cosas a medias y salir del paso como fuese. Y fue precisamente esa chapuza la que le abrió un camino al joven; un vestigio que, tal vez, constituía la última muestra de consideración de un veterano hacia su aprendiz.
¡Crac!
"... ¿Qué?"
"¡¿Por qué se rompe eso?!"
Bastó con que apoyara apenas la punta de la espada para que el techo del segundo piso se perforara de par en par. Era, en efecto, el sector remendado por Buray.
Vlad esbozó una sonrisa ante los hombres de Jack, que sostenían sus armas con el rostro desencajado por el estupor.
"Voy a entrar, bastardos."
"¡Detened a ese cabrón!"
"¡Está subiendo! ¡Ese demente está subiendo!"
Dejando a sus espaldas los alaridos histéricos de los rufianes, Vlad envainó su espada y corrió a toda velocidad por el pasillo.
"¡Cerradle el pa—!"
Aprovechando el impulso de su carrera, dio un salto certero y apoyó con destreza ambas manos sobre el borde del agujero recién abierto. Impulsándose hacia arriba con ambas manos libres, Vlad emergió como un resorte a través del hueco y desenvainó su espada de nuevo en una fracción de segundo.
"Haaah..."
Un vengador legítimo. Un carnicero nato.
Habiendo alcanzado el tercer piso, Vlad mostró una actitud tan serena y relajada, como si hubiese regresado a su propio hogar, que sacó con naturalidad una jarra de agua que descansaba en la habitación de una de las cortesanas.
"..."
Al contemplar a Vlad en semejante estado, los hombres de Jack quedaron completamente petrificados por el pavor. ¿Por qué clase de calvario debía atravesar un hombre para transformarse de tal modo?
"¿Descansamos un momento? Aunque yo podría continuar sin problemas."
"¡Hijo de... perra!"
El muchacho sonreía mientras bebía a morro de la jarra. Cuantos más de ellos aniquilaba, más profunda y nítida se volvía su sonrisa, sumiendo a los secuaces de Jack en un pánico absoluto.
"Tendréis que pagar el alquiler por haber ocupado esta casa todo este tiempo, bastardos."
Aquellos matones creían que este edificio se había convertido en su propio territorio, pero estaban fatalmente equivocados. Este lugar era La Sonrisa de la Rosa. El nido de aquel muchacho.
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• Autor: Q10
• Traductor: Inmensurable
⚔️ El juramento de un caballero y el filo del primer Maestro de la Espada se forjan en cada batalla. ¡Deja tu reacción y comentario para avivar la llama del acero y traer pronto el siguiente capítulo! 🛡️✨

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Estás leyendo el capítulo 52 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 19 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.