Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 51 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Marcela se enjugó con premura las lágrimas y, frunciendo el ceño, contempló al muchacho que tenía delante. Era, sin duda, un rostro añorado, pero también uno que jamás debía estar en este lugar.
"...Sal deprisa. Vete ya."
Marcela habló forzando los labios con desesperación, conteniendo su temblor con todas sus fuerzas.
"¡Te he dicho que salgas deprisa!"
En su tono, similar a un susurro sofocado, se traslucía una premura angustiosa. Aún quedaban lágrimas que no había alcanzado a secarse, suspendidas en sus mejillas.
Al verla en semejante estado, Vlad no pudo evitar inclinar la cabeza.
'Sí, era aquí. El lugar que fue mi nido.'
Bajo aquella iluminación vulgar, una mujer intentaba contener el llanto a duras penas y le hablaba con los ojos.
"..."
Allí caía algo brillante. Sobre el lodazal de lujuria que los hombres habían forjado, Vlad contempló el destello lastimero de una luz estelar que fluía. Aunque fuese una flor caída al suelo y pisoteada, mientras aún conservara su fragancia, seguiría siendo una flor.
El muchacho aspiró aquel aroma a rosas que hacía tanto tiempo no sentía y se puso de pie con lentitud.
Ahora era momento de secar sus lágrimas.
\* \* \*
"..."
La madame percibió de inmediato que la atmósfera entre el hombre rubio y Marcela no era ordinaria. Sin embargo, ella también era una superviviente de los bajos fondos. Acostumbrada a lidiar con semejantes imprevistos, la madame hizo una sutil seña con la mano a los hombres sentados en una mesa distante.
'¡Sáquenlo de aquí!'
Al recibir la señal de la madame, los hombres comenzaron a levantarse uno tras otro. Eran por lo menos más de diez. Todos ellos eran secuaces de Jack asignados para custodiar este burdel.
"...Habrá que pagar el precio."
A pesar del ambiente cargado, el hombre rubio se puso de pie con total calma y se limitó a clavar la mirada en la madame. En sus pupilas de un azul puro palpitaban venas de un rojo encendido.
"Antes de pagarle cien monedas de oro a la madame, tengo que saldar una cuenta previa."
La madame no salía de su asombro. El hombre que hasta hacía un instante parecía un refinado joven noble lucía ahora como un lobo hambriento.
"...¿Qué cuenta?"
La madame tragó saliva y abrió la boca con cautela. Ante la presencia asfixiante que emanaba del hombre rubio, los clientes carcomidos por la lujuria comenzaron a retroceder poco a poco. Al percatarse de ello, los secuaces de Jack avanzaron en silencio mostrando sus colmillos. La tensión en el aire era idéntica a la calma que precede a la tempestad.
"Jack el Manco."
El hombre levantó la cabeza con lentitud y habló:
"Tengo algo que cobrarle a ese tipo."
Al escuchar el nombre de alguien totalmente inesperado, la madame quiso replicar atónita qué demonios significaba eso, pero...
¡Fsshh!
Sintió de pronto el impacto de una salpicadura de sangre caliente golpeando su rostro y no le quedó más remedio que sellar los labios. Uno de los hombres de Jack, que intentaba aproximarse sigilosamente a espaldas del joven, caía al suelo desmadejado y sin fuerzas.
"Tú quédate aquí quieta y espera."
De la espada sin adornos de Vlad se deslizaba un hilo de sangre.
"Porque si con estos bastardos no me alcanza, te lo cobraré a ti también."
El lobo liberado de su jaula babeaba con apetito voraz. Porque ante sus ojos yacía lo que había contenido durante tanto tiempo: las tareas que ineludiblemente debía consumar.
"¡Apártense! ¡He dicho que se quiten de en medio!"
"¡¿Qué carajos le pasa a este maldito?!"
El burdel, un recinto dedicado al desahogo de los apetitos carnales, mutó de súbito en un sangriento matadero. Horrorizados ante el espectáculo, los clientes comenzaron a chillar fuera de sí.
"¡A por él!"
"¡¿De dónde salió este bastardo con trucos tan sucios?!"
Deseos en fuga. Bestias que forcejeaban en un frenético estertor. Al contemplar a los secuaces de Jack abalanzándose contra él entre alaridos enloquecidos, Vlad curvó los labios en una tenue sonrisa.
"...Creo que echaba de menos esto."
Vlad sintió que la punta de sus pies volvía a hundirse una vez más en el fango inmundo. No obstante, ya nada de eso importaba. En aquel entonces, la estrella con la que soñaba el muchacho no aguardaba en lo alto de una herrería lejana, sino que descansaba firmemente empuñada entre sus manos.
"¡Maldito bastardo! ¡¿Quién te envía?!"
"...¿Que quién me envía?"
Hacía tanto que no escuchaba esas palabras que Vlad sonrió sin darse cuenta. Por eso respondió. Con el nombre de aquel hombre que había guardado grabado a fuego en lo más profundo de su pecho durante tanto tiempo.
"Jorge."
"¡¿Qué?!"
Junto a esa palabra, Vlad desenvainó una daga que llevaba ceñida a la cintura. Era la daga que aquel hombre que lo había recogido de la miseria le había ordenado portar siempre consigo.
"Digo que me envía Jorge."
A la par de la espada sin adornos, la daga de Jorge se hundió en las gargantas de los hombres. Aunque aquel fatídico día había tenido que huir conteniendo el aliento, hoy no sería así. El muchacho había cruzado innumerables ríos de sangre y dificultades para ser digno de proclamar su propio nombre. Y por eso hoy, en este mismo lugar, regresaba con el derecho legítimo de anunciarse ante todos.
"¡El Vlad que tanto buscaban está aquí!"
Marcela se llevó las manos a la boca, reprimiendo a la fuerza el gemido que pugnaba por desgarrar su garganta. Ella lo recordaba. Recordaba al muchacho que rompía en llanto tras la espalda del caballero de la luna azul mientras este se marchaba.
"¡Vengan a matarme como intentaron hacerlo aquel día!"
Vlad descargaba sus filos sin un solo instante de tregua, quebrando los invisibles grilletes que mantenían apresados los tobillos de Marcela.
"¡Ese bastardo era Vlad!"
"¡Miren si no ha sobrevivido la rata!"
Al comprender el grito del muchacho, las alimañas mostraron el filo de sus colmillos y se abalanzaron sobre él.
"¡Vengan, bastardos!"
Junto a un chorro escarlata, el hombre que cargaba al frente fue cercenado en el mundo marcial del muchacho. A cada golpe de espada correspondía un alarido de agonía. A cada alarido, una vida cegada. Con los ojos inyectados en sangre, Vlad cercenaba a los secuaces de Jack. No dejaría a ni uno solo con vida. Aunque fuera únicamente por Marcela y sus lágrimas.
Vlad esquivaba a quienes se arrojaban sobre él con el sutil juego de pies que le había enseñado un caballero, y arrancaba orejas a mordiscos tal como había aprendido a sobrevivir en los callejones. Se movía con una brutalidad desordenada, pero persiguiendo única y despiadadamente la máxima eficacia. Algo que no era un caballero ni tampoco una simple bestia se desataba con furia salvaje en aquel lugar.
"¡Hiiik!"
Hubo quienes se dieron la vuelta despavoridos ante la ferocidad sanguinaria del muchacho, pero no existía misericordia alguna para ellos. Vlad descargó un golpe brutal sobre la espalda del hombre que pretendía escapar, lo derribó, lo aferró de los cabellos para levantar su cabeza y le rebanó la garganta con la daga. La sangre brotó como una fuente ardiente, empapando con frialdad las tablas del burdel.
"¡No! ¡Nosotros no tenemos nada que ver con ellos!"
"¡Por favor, perdónennos la vida! ¡Se lo suplico!"
Aquellos que habían acudido al lugar arrastrados por la lujuria chillaban apretados contra las paredes, temblando de puro terror.
Aunque aquella furia no estuviera dirigida contra ellos, no era una presencia que pudieran soportar de ningún modo.
"¡Aaaagh!"
Tras sacar a rastras al secuaz de Jack que se ocultaba entre aquellos hombres, Vlad le hundió la daga de Jorge en la sien sin la menor vacilación. Los ojos del sujeto se pusieron en blanco mientras sus pupilas giraban desorbitadas.
"¡Haaah! ¡Haaah!"
El último hombre que había logrado sobrevivir hasta alcanzar la puerta jadeaba enloquecido. Con manos temblorosas no cesaba de girar el picaporte, pero, con implacable crueldad, la puerta no cedía. Era exactamente como si alguien la estuviera bloqueando desde el exterior.
"...Si buscaste pelea, debes pagar el precio."
¡Baaang!
Con la violenta patada descargada por el muchacho, la puerta saltó hecha pedazos.
"¡Kugh! ¡Cof!"
Aunque rodó por los suelos de forma lamentable, el último subordinado de Jack que quedaba con vida por fin había conseguido salir al exterior que tanto anhelaba. Aferrándose al pecho por puro instinto de supervivencia, intentó ponerse en pie, pero lo que en verdad lo aguardaba allí afuera eran los guardias de Shoara que rodeaban por completo el burdel.
"Habría sido mejor para ambos si lo hubiéramos zanjado adentro."
La voz de Vlad resonó a sus espaldas. Era un tono extrañamente sereno, pero al escucharlo, al hombre se le erizó la piel de puro espanto.
"...Per... perdóname la vida."
"Me niego."
Vlad pisoteó al esbirro de Jack que se revolcaba por el suelo, le apoyó la daga en el cuello y se lo rebanó sin piedad alguna. El hombre se aferró a la herida para contener la sangre que manaba a borbotones, pero no era más que un forcejeo inútil ante la muerte.
"Ustedes tampoco me habrían perdonado la vida si me hubieran atrapado aquel día."
Y así habría sido. Pues una de las leyes inflexibles de los callejones dictaba que, si no matabas, serías tú quien muriera.
"Kugh... gh..."
En unos callejones anegados por el silencio más absoluto, la daga de Jorge engulló el último estertor de una vida.
※※※※
La Sonrisa de la Rosa.
En aquel lugar que antaño fuera uno de los grandes símbolos de los callejones de Shoara, pero que ahora se había transformado en la guarida de las sanguijuelas del dinero, un hombre bebía sin tregua.
"...Una copa más."
Tras quebrar un bloque de hielo con el garfio que llevaba en su brazo izquierdo, empujó los gélidos fragmentos dentro del vaso que descansaba frente a él.
"Jefe. Ha bebido demasiado."
"..."
El subordinado a su lado le sugirió con cautela que se detuviera, pero Jack el Manco se limitó a contemplar el vaso en silencio.
Jorge, el Caballero de las Rameras. Desde su desaparición, los callejones de Shoara prácticamente le pertenecían por entero, pero Jack el Manco no sentía el menor regocijo. Al contrario, a medida que los días se sucedían, no hacía más que ahogarse en el alcohol. Y en la misma medida en que él se desmoronaba poco a poco, el orden y la esencia misma de los callejones también se venían abajo.
"¿Acaso queda algo más que pueda hacer a mi antojo aparte de esto? Cierra la boca y sírveme más licor."
"...Sí, jefe."
Mientras contemplaba el licor caer como una fina lluvia, Jack el Manco giró la cabeza con pesadez y observó a sus hombres reunidos abajo. Muchachos que charlaban y armaban alboroto sin saber absolutamente nada. ¿Acaso aquellos idiotas lo sabían? ¿Sabían que nuestras vidas no son más que un designio resuelto por quienes están allá arriba?
"Maldita vida perra."
Por muy miserable que fuera la existencia en los callejones, Jack el Manco había sido un hombre dotado de ambición. Subiría más alto. No era alguien destinado a estancarse en este fango. Por eso jamás vaciló en arrebatar lo ajeno, y convirtió los cadáveres de sus enemigos en los peldaños que con gusto levantó para ascender.
Los vencedores arriba, los derrotados abajo. Había vivido creyendo ciegamente que todo en este mundo solo se conseguía a través de la victoria; sin embargo, a pesar de haber sido derrotado, se encontraba sentado en este mismo lugar. Aquel día, él había perdido ante Jorge. No obstante, al final, quien yacía muerto era Jorge.
"Mundo de mierda."
'Algún día yo también terminaré de la misma manera. Alguien de allá arriba sellará mi destino. Igual que Jorge, que murió tan vanamente aquel día.'
"Al final, nada de esto tiene el menor sentido. Eso es lo que digo."
Jack el Manco apuró el amargo licor de un solo trago y se estremeció ante la embriaguez que comenzaba a hervir en su interior. Porque esta era una noche en la que resultaba imposible conciliar el sueño sin estar borracho.
¡Baaam!
"¡Jefe! ¡Jefe!"
En ese instante, un hombre abrió la puerta con tanta violencia que todos los presentes en la sala se giraron a mirar.
"¡Jefe! ¡Ha ocurrido una catástrofe!"
"¿Qué pasa?"
"¿Qué te ocurre? ¿Pasó algo?"
Al ver al hombre subir a trompicones hacia el cuarto piso, los subordinados de Jack le lanzaron preguntas atropelladas, pero el recién llegado se limitó a devorar los escalones hasta que el aliento se le atascó en la garganta.
"¡Jefe!"
"¿Qué ocurre?"
Solo al hallarse frente a Jack pudo el hombre tomar una bocanada de aire entrecortada y, regulando a duras penas la respiración, soltar una sola frase:
"¡Estamos rodeados!"
"...¿Qué?"
El ceño de Jack se contrajo ante las inesperadas palabras del sujeto.
"¿Aquí?"
"No solo aquí..." El hombre que daba el informe tragó saliva con dificultad y habló en un susurro grave: "Todos los callejones están cercados. Los soldados nos tienen completamente rodeados."
"...Apártate."
Solo ante aquel informe alarmante dejó Jack el Manco su copa, apartó con brusquedad al hombre que tenía enfrente y se puso en pie.
"¡Jefe!"
"¿Se encuentra bien?"
Los subordinados se apresuraron a acercarse para sostener a Jack, que descendía las escaleras dando traspiés.
"...Maldición."
Incluso mientras bajaba los peldaños, Jack miraba a través de la ventana con la vista nublada por el alcohol. Los callejones de Shoara, sumidos en la oscuridad de la noche. En aquellas calles que cobraban vida precisamente al amparo de las tinieblas, donde debían colgar los faroles seductores para atraer a la clientela, otra clase muy distinta de luces rodeaba los alrededores.
"¡Abran la puerta!"
Ante el bramido de Jack al alcanzar por fin el primer piso, sus subordinados se apresuraron a abrir las puertas.
"...Válgame Dios."
"¿Pero qué demonios es esto?"
Lo que esperaba a quienes salieron al exterior era una marea incontable de antorchas. Y bajo aquellas teas ardientes se recortaba la estampa de soldados formados en riguroso y perfecto orden.
"Ja."
Al contemplar semejante escena, Jack el Manco soltó un murmullo que no se sabía si era un suspiro o una muestra de amargo asombro.
"Jefe, estamos... estamos rodeados."
"Ya lo sé."
Sin embargo, frente a un panorama tan sobrecogedor, Jack el Manco se mostraba pasmosamente sereno.
"...Parece que vamos a recibir visitas."
"¿Cómo?"
"No se queden ahí pasmados y vayan a prepararse para recibir a los invitados."
Dejando a sus espaldas aquellas luces que traían consigo el final de todo, Jack el Manco exhaló un suspiro que denotaba un extraño alivio. Porque una ruina visible justo ante los propios ojos resultaba mucho más reconfortante que la carcomiente ansiedad de no saber cuándo caería el golpe.
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• Autor: Q10
• Traductor: Inmensurable
⚔️ El juramento de un caballero y el filo del primer Maestro de la Espada se forjan en cada batalla. ¡Deja tu reacción y comentario para avivar la llama del acero y traer pronto el siguiente capítulo! 🛡️✨

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El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela)
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El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 51
Estás leyendo el capítulo 51 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 19 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.