Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 4 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Los accidentes llegan sin previo aviso. La ruina sobreviene sin advertencia. Las cosas oscuras que acechan la vida siempre se arrastran en silencio a nuestras espaldas, ocultas entre las sombras.
Exactamente como ahora.
"Oye, mocoso. ¿Dónde está tu jefe?".
Una sombra de silueta grotesca se proyectaba sobre Vlad mientras este despachaba las velas. Era una figura gigantesca, pero su brazo izquierdo lucía retorcido de forma extraña: en el sitio donde debía estar la mano, colgaba un garfio metálico y siniestro.
Al reconocer a la persona que le hablaba, Vlad tragó saliva con sorpresa contenida; sin embargo...
"...... Solo soy el encargado de vender las velas, así que hasta ahí no llego".
Haciendo gala de su temple característico, evaluó la situación en un parpadeo y soltó la respuesta que correspondía.
¡Baaam!
En ese mismo instante, uno de los secuaces apostados junto a Jack el Manco descargó un violento puñetazo sobre la mesa donde Vlad estaba sentado.
"¡Maldito mocoso imberbe! ¡¿Cómo te atreves a responderle así al jefe?!".
"......".
Con el bramido del hombre, las velas de rosas de múltiples colores salieron despedidas por los aires. Ante la repentina hostilidad que se desató en la sala, las miradas de todos los presentes en La Sonrisa de la Rosa convergieron en aquel rincón.
El ambiente se tornó gélido. Un silencio denso invadió el recinto. Al contemplar la escena, una muchacha pelirroja se tapó la boca con ambas manos y corrió desesperada escaleras arriba hacia el cuarto piso.
"Vaya por Dios......".
No obstante, en medio de aquel clima de tensión donde todos permanecían petrificados, hubo alguien que se movió con pasmosa naturalidad. Y eso aun bajo la abrumadora presencia de hombres que le sacaban una cabeza de ventaja.
"Se cayeron todas las velas al suelo. Y estas cosas cuestan caras".
"Pedazo de desquiciado......".
Al ver a Vlad ignorar por completo su advertencia y ponerse a recoger con total serenidad las velas dispersas, el rostro del subordinado de Jack el Manco se encendió de furia. Pero el muchacho no se detuvo ahí.
Toc, toc.
Vlad golpeó suavemente con los nudillos la bota del sujeto, quien apenas lograba contener la rabia mientras temblaba de ira contenida.
"Hermano, aparta tu puto pie de aquí, haz el favor".
"...... ¡Hijo de perra!".
Incapaz de tolerar semejante provocación calculada, el hombre alzó la pierna dispuesto a pisotear al chico que estaba agachado.
"...... ¡!".
Una pelea es una guerra en miniatura. Un campo de batalla deliberado, una situación planeada con frialdad. Solo la determinación implacable garantizaba la victoria.
Y Vlad lo sabía mejor que nadie.
Aunque a ojos de cualquiera era una situación sumamente peligrosa, Vlad parecía haber estado aguardando exactamente ese instante: desenvainó su garrote a la velocidad del rayo y descargó un golpe demoledor contra el tobillo de apoyo del individuo.
Había sido su plan desde el principio.
¡Crack!
"¡Aaargh!".
Con un chasquido seco y sonoro, el hombre soltó un alarido de dolor. En el breve instante en que perdió el equilibrio ante el ataque imprevisto...
"...... ¡!".
Los ojos azules de Vlad brillaron con una ferocidad salvaje al captar la apertura. Incorporándose con una agilidad casi animal, sin desperdiciar un solo movimiento...
¡Paaak!
Enderezando el torso en una fracción de segundo, Vlad descargó el garrote con precisión fulminante contra la mandíbula del agresor, haciendo volar por los aires una hilera de dientes blancos salpicados de sangre. Todo había sido minuciosamente calculado en su cabeza.
"¡Hup!".
Al mismo tiempo, Vlad ejecutó una patada trasera giratoria que impactó de lleno en el pecho del hombre, castigándolo severamente mientras aprovechaba el impulso para abrir una distancia segura. Una maniobra magistral que obtuvo dos ventajas cruciales en un único movimiento.
"¡¿Acaso te crees que esta es la sala de tu casa?!".
Tras asegurarse el dominio absoluto del combate, Vlad rugió con la fuerza que brotaba de su pecho y arrojó el garrote que sostenía con puntería milimétrica.
¡Baaam!
El leño fue a incrustarse con brutalidad justo en la frente del sujeto, que ya caía de espaldas trastabillando. Una resolución implacable.
"¡Cuaaack!".
¡Pooom!
En un parpadeo, ante la implacable ráfaga de impactos encadenados por Vlad, aquel hombre corpulento se desplomó pesadamente sobre los tablones como un árbol podrido.
"...... ¿Pero qué demonios...?".
A pesar de ver caer a su camarada, los demás secuaces de Jack el Manco se quedaron con la boca abierta, incapaces de reaccionar. Había sido un golpe de gracia tan insólito e inesperado que nadie en el burdel pudo anticipar semejante estallido de violencia por parte del chico.
"Fuuu...... Fuuu......".
"Gññññ......".
Y así, el único que permaneció en pie sobre el entarimado fue el muchacho rubio, controlando la respiración con la mirada cargada de fiereza. El vencedor arriba y el derrotado abajo. Replicando una de las leyes inmutables de los callejones.
"......".
"......".
Los hombres de Jack el Manco continuaban estupefactos ante lo sucedido. Si se medía en términos de tiempo, sin exagerar, todo había transcurrido en el lapso de una sola exhalación.
"¡Maldito renacuajo!".
"¡¿Cómo te atreves delante de nosotros?!".
Recobrando el sentido al fin, los matones rugieron enfurecidos y se disponían a abalanzarse sobre Vlad, cuando...
"Basta".
Una voz profunda y autoritaria resonó en la sala, y los hombres se detuvieron en seco como perros bien amaestrados.
"...... Este mocoso me gusta de verdad".
A pesar de que su subordinado había caído sin haber logrado asestar un solo golpe, Jack el Manco comenzó a aplaudir con evidente diversión. Aunque solo se tratase del sonido metálico producido por el choque entre la palma de su mano y el frío garfio de acero.
"Comprende que no suene muy fuerte; con un solo brazo no se puede hacer mucho ruido".
"...... Yo no discrimino a los lisiados".
"¡Jajajaja! ¡Pedazo de mocoso desquiciado!".
Jack el Manco soltó una carcajada estruendosa al ver al joven novato sostenerle la mirada con la barbilla en alto, impertérrito ante su presencia.
"Tú y yo tendremos que vernos a solas más adelante".
"......".
Vlad comprendió de inmediato que esa era la línea límite que le estaba permitida. El margen que Jack el Manco le concedía por mera condescendencia; cruzar esa línea implicaría desafiar abiertamente su autoridad, y sabía con claridad cuáles serían las consecuencias.
"¡Sanguijuela! ¡¿Qué viento te trae por aquí?!".
Por fortuna, en ese instante un hombre imponente comenzó a descender por las escaleras. Con el cabello entrecano y portando una coraza reluciente que lo hacía semejante a un caballero de la nobleza, el hombre bajaba escoltado por sus subordinados.
Jorge, el Caballero de las Rameras.
En el porte de Jorge se percibía una imponente presencia capaz de subyugar a cualquiera, muy distinta a su actitud habitual.
"¡Si me hubieses avisado con tiempo, te habría puesto algo de carne sobre las brasas!".
Jefe contra jefe. Una situación al borde del abismo donde dos organizaciones colisionaban de frente. El caballero que custodiaba La Sonrisa de la Rosa dedicó una sonrisa hosca a aquel visitante inesperado.
"Bueno...... Tampoco es que nosotros tengamos una relación tan íntima como para andar mandando recados".
Jack el Manco respondió rascándose la cabeza con la punta del garfio. Dos capos que sonreían con la boca mientras mantenían la mano sobre el pomo de sus espaldas en el fuero interno. Los clientes congregados en La Sonrisa de la Rosa contenían el aliento, comprendiendo que aquel espectáculo era infinitamente más crucial que las mujeres desnudas sentadas a su lado.
"Ya que tenemos clientes presentes, ¿por qué no subimos a hablar?".
"¿Hay carne?".
"Marcela no es de las mujeres que dejan a un invitado desatendido".
"Siendo así, acepto".
Incluso al dirigirse hacia la cuarta planta, el corazón mismo del territorio de Jorge, los andares de Jack el Manco denotaban una osadía descomunal. Tal era la templanza que caracterizaba a quienes gobernaban los bajos fondos de la ciudad de Shoara.
"Ese chiquillo de ahí me resulta bastante simpático, ¿sabes?".
Siguiendo el gesto de Jack el Manco, Jorge dirigió la mirada hacia Vlad, quien aún trataba de serenar su respiración. A los pies del chico yacía todavía inconsciente el corpulento secuaz de Jack.
"Es la joven promesa de nuestra banda".
"El año pasado, ¿a quién me llevé en lugar de a ese chico? Ni me acuerdo, seguro que estiró la pata temprano".
Mientras guiaba a Jack el Manco escaleras arriba, Jorge le guiñó un ojo a Vlad. Era la señal de que el muchacho, en su calidad de vendedor de velas y centinela a las puertas de la fortaleza llamada La Sonrisa de la Rosa, había cumplido su misión de manera impecable.
"...... Casi me voy al otro barrio".
Solo tras recibir la confirmación de Jorge, Vlad se permitió aflojar la tensión acumulada. En cuanto los líderes de ambas bandas desaparecieron por el tiro de la escalera, Vlad propinó un puntapié al matón desparramado en el suelo.
"Oye, hermano. Las velas del segundo piso cuestan veinte monedas de plata y las del tercero, treinta. Paga lo que rompiste antes de largarte".
"Gññññ......".
"No te hagas el dormido. A menos que quieras que te estampe el garrote en la cabeza otra vez".
El subordinado de Jack el Manco solo acertó a responder con un gemido agónico al escuchar la advertencia.
※※※※
"¡Cielos, Vlad! Mira cómo te dejaron esta herida".
"Estas cosas hay que tratarlas a tiempo".
"Es verdad. Si se infecta, será terrible. Casualmente tengo una pomada excelente para los rasguños......".
Vlad se encontraba revisando su cuerpo por si arrastraba alguna contusión de la breve refriega.
"...... ¿A qué viene tanto alboroto de repente?".
Las mujeres del burdel comenzaron a arremolinarse a su alrededor.
"Pero mira qué modales tiene este chico. Con lo mucho que nos preocupamos por ti".
"Con todo lo que te hemos alimentado y cuidado, que nos hables así rompe el corazón, Vlad".
"......".
Representando un papel teatral poco convincente, las prostitutas se congregaban junto a Vlad. Para mujeres que se ganaban el pan vendiendo sus cuerpos, contar cerca con un hombre fornido y diestro en la pelea facilitaba enormemente el negocio. Y más aún si ese hombre era joven, prometedor y rebosaba talento.
Acariciándolo con descaro...
"¡Aaaah! ¡Pero miren qué músculos tiene!".
"¿Cuándo se puso tan fuerte? ¡Ya es todo un hombre hecho y derecho!".
"Apártense todas, se los ruego".
Y si encima se trataba de un joven apuesto de cabellos dorados y ojos azules, el ideal que cualquiera desearía tener cerca, la fascinación era inevitable. Tras haber demostrado su valía de forma indiscutible en la refriega de hacía un instante, a ojos de las cortesanas Vlad no era más que una presa irresistible. Aunque el chico las apartaba soltando maldiciones, incluso esa actitud rebelde suya resultaba sumamente atractiva para ellas. Todas sabían de sobra, gracias a cierta persona, que por muy ásperas que fueran sus palabras, en el fondo Vlad era considerado con las mujeres.
"¡Atrás! ¡He dicho que se aparten!".
"¡Mira esta mocosa! ¡¿Cómo te atreves a hablarles así a tus mayores?!".
"¡¿Cuáles mayores ni qué ocho cuartos?! ¡Zorras descaradas que solo buscan robar lo ajeno!".
Abriéndose paso a empujones entre aquel enjambre de mujeres, apareció una jovencita.
"¡Estás loco! ¡Completamente loco!".
A diferencia de las demás, que le dedicaban miradas cargadas de insinuaciones, Jemina, nada más ver a Vlad, comenzó a propinarle una lluvia de manotazos en la espalda.
"¡¿Y a ti qué mosca te picó ahora?!".
"¡El que empezó a buscarse problemas fuiste tú! ¡¿Quién te crees que eres para plantártele a un gigante como ese?!".
"¡Vi que se podía ganar y ataqué!".
"¡¿Qué se podía ganar ni qué nada?! ¡¿Acaso no ves la diferencia de tamaño y peso que te sacaba?! ¡¿Eres estúpido?! ¡¿Tienes los ojos de adorno?!".
Aunque Jemina lo golpeaba y le recriminaba a gritos, Vlad se limitó a fruncir el ceño sin mostrar el menor gesto amenazante. Comprendía perfectamente que cada uno de sus reproches nacía de una honda preocupación por él.
"Deberías estar fregando platos. ¿A qué viniste aquí?".
"...... Pedazo de imbécil".
Habiéndose criado en un lugar tan despiadado, resultaba inevitable que el afecto se manifestara mediante insultos.
"Jorge dice que subas. Pedazo de imbécil".
"No me insultes".
"Jorge dice que subas. Pedazo de imbécil".
"......".
Sabiendo que la muchacha se había ofendido seriamente por su culpa, Vlad decidió ponerse en pie. El llamado de Jorge apremiaba más que el enfado de Jemina.
Enfilando la única escalera que vertebraba La Sonrisa de la Rosa, Vlad vio descender por los peldaños a Jack el Manco escoltado por sus hombres.
"¡Eh, joven promesa!".
"...... Señor".
Aunque no fuese el líder al que él servía, Vlad le guardó la debida cortesía.
"Me has caído en gracia. Si alguna vez te quedas sin trabajo, ven a buscarme".
Jack el Manco le dio un par de toques en la cabeza a Vlad con la punta curva de su garfio mientras hablaba:
"Aquí las condiciones son bastante buenas. Me dan comida, dinero y un techo donde dormir".
"¡Je, je, je! Esas minucias también podemos dártelas nosotros".
Vlad inclinó la cabeza con respeto mientras Jack el Manco lo rebasaba con una sonrisa ladina.
"¡Ah, casi lo olvido!".
Como si acabara de acordarse de algo, Jack el Manco dio media vuelta e impulsó algo al aire con un movimiento de sus dedos.
¡Tiiing!
Una pieza reluciente surcó el aire.
"Esto es......".
"Mi hombre te rompió las velas, ¿no? Considéralo el pago por ellas".
Vlad contempló atónito la palma de su mano. Era una moneda de oro.
"...... Es demasiado".
"Si vienes bajo mi mando, te daré tantas como desees. Por algo me llaman la Sanguijuela del Dinero".
Nada más concluir aquel breve diálogo, Jack el Manco agitó la mano sin mirar atrás y gritó a pleno pulmón:
"¡Me voy bien servido, Jorge!".
Con esas palabras, los secuaces de Jack abandonaron La Sonrisa de la Rosa entre risotadas. Irrumpieron como una tormenta y se retiraron como una marea; pero al marcharse, dejaron una huella imborrable tras de sí.
"......".
Tras confirmar que Jack el Manco había cruzado el umbral del burdel, Vlad guardó la moneda de oro a buen recaudo en su pecho y subió apresuradamente las escaleras.
La cuarta planta, el sanctasanctórum de Jorge.
Al llegar arriba, encontró apostados en riguroso orden a Jorge, a Buray y al resto de los subordinados de la banda. Aquella planta, donde siempre solían resonar risas desinhibidas y flotar el apetitoso aroma de la comida grasienta, se hallaba sumida en un silencio sofocante.
"Jorge. Ya estoy aquí".
"Ah. Siéntate".
Quizá porque Jack el Manco apenas había probado bocado, la mesa frente a Jorge estaba colmada de carnes asadas preparadas por Marcela.
"¿Qué le dijo Jack?".
"......".
En vez de responder a la pregunta de Vlad, Jorge le tendió el cuchillo con el que había estado troceando la carne.
"¿Qué es esto? ¿Me está dando un cuchillo?".
"Sí. Es tuyo. Lo acabo de probar cortando la carne y el filo es bueno".
Hasta ese día, Vlad no poseía ningún cuchillo. Siendo el novato de la banda de Jorge, aún no se había ganado el derecho a empuñar una hoja.
"Uauuu......".
Aunque distaba mucho de ser tan majestuosa como la espada colgada frente a la herrería, el arma que Jorge le entregaba era la hoja más larga que Vlad había sostenido en sus manos hasta la fecha.
"Pensaba entregártela más adelante, pero dadas las circunstancias, te la doy antes de tiempo".
"¡Muchas gracias!".
Aquel puñal entregado por las propias manos del jefe no era un simple utensilio para faenar. Que el líder le confiriese una hoja significaba no solo que Vlad había probado su valía, sino que se había ganado la confianza plena de su superior.
"Llévalo ceñido a la cintura a partir de ahora. Pídele la vaina a Buray".
"Entendido".
Al ver a Vlad sonreír con ojos brillantes de fascinación, una mueca amarga se dibujó en el rostro de Jorge.
"Vlad".
"Sí".
"Debes llevarlo puesto en todo momento".
"...... Sí".
La mirada de Jorge se ensombreció con una gravedad inusitada. Solo entonces Vlad, que hasta hacía un segundo se deleitaba contemplando el puñal, comenzó a examinar el entorno con atención.
"...... Comprendido".
Las expresiones veladamente tensas de los hombres de la banda.
"Lo llevaré siempre encima".
Un jefe entregando un arma blanca incluso al novato más joven del grupo.
Vlad pudo comprenderlo a través de la densa atmósfera que flotaba en la sala: la conversación entre Jorge y Jack el Manco había terminado en una catástrofe total.
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• Novela: El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas / 별을 품은 소드마스터
• Autor: Q10
• Traductor: Inmensurable
⚔️ El juramento de un caballero y el filo del primer Maestro de la Espada se forjan en cada batalla. ¡Deja tu reacción y comentario para avivar la llama del acero y traer pronto el siguiente capítulo! 🛡️✨

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El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela)
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El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 4
Estás leyendo el capítulo 4 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 19 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.