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Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 48 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
"¿Crees que con esto... se parece al blasón de la Casa Heinal?" Bajo una luz solar teñida de reflejos anaranjados, una dama de cabellos verdes fruncía el ceño. Al compás de aquel gesto concentrado, los pequeños quevedos posados sobre el puente de su nariz se deslizaban ligeramente hacia arriba. Oksana examinó con detenimiento el libro que sostenía su doncella y volvió a girar la cabeza para acercar la aguja a la tela. "Es la primera vez que confecciono algo semejante. A decir verdad, en mi niñez solo alcancé a ver cómo lo bordaba mi madre". "¿No demuestra eso cuán preciado es este gesto, milady?" "Así es". A diferencia del ceño fruncido por la concentración, las comisuras de los labios de Oksana se curvaban hacia arriba. Se trataba de una de aquellas valiosas tradiciones que poco a poco se desvanecían en la memoria de las gentes. Aquella costumbre resurgía ahora en el mundo bajo la yema de los dedos de una noble dama. "¿Será suficiente con esto?" Bajo los dedos de Oksana, un árbol blanco comenzaba a tomar forma poco a poco. Un árbol albo plantado sobre una colina baja quedaba grabado sobre la tela negra mediante un bordado de exquisita elegancia. "Bien, supongo que ahora corresponde bordar el siguiente blasón". "Aquí tiene, milady..." "No hace falta. Ese lo tengo grabado a fuego en mi mente". Oksana detuvo a la doncella que se disponía a abrir el libro de heráldica y enhebró un hilo nuevo en la aguja. Sus palabras no carecían de razón. El blasón que se disponía a trazar pertenecía a un linaje que le resultaba imposible desconocer. Bajo un ceño que volvía a fruncirse, la punta de la aguja danzaba de un lado a otro con presteza. Sobre un nuevo lienzo recién desplegado, las firmes murallas de una fortaleza comenzaron a alzarse bajo los dedos de Oksana. Y flotando por encima de ellas, una espada solitaria. Era el blasón de la Casa Bayezid. El salón de Oksana permanecía en tal quietud que ni siquiera se escuchaba el rumor de una respiración; todo parecía haberse detenido. En aquel espacio donde únicamente las diminutas motas de polvo visibles entre los rayos de sol delataban el fluir del tiempo, un estandarte solitario se erguía erguido y firme en el centro de la estancia. Era un estandarte desprovisto de grabados, ocupado únicamente por un fondo blanco inmaculado. Aquel fondo blanco que albergaba el estandarte reflejaba con claridad el mismo color del universo que cimentaba las raíces del muchacho. La espada sin adornos entregada por el anciano y la muchacha. La placa de identidad conferida por el sacerdote. El pañuelo que una noble dama le había entregado con su propio nombre bordado. Y aquel estandarte blanco sobre el cual se grabarían los blasones de las casas. Cada una de aquellas cosas constituiría las raíces del muchacho. Eran logros que el propio joven se había ganado por su cuenta. \*\*\* La noche cayó sobre la pradera. Por mucho que el tiempo comenzara a acercarse al verano, las noches en una planicie desprovista de cobijo y abierta a los cuatro vientos todavía no podían ser más que gélidas. Por tal razón, los caballeros erigieron una muralla con los carruajes y carretas, y concluyeron los preparativos para acampar en su interior. Una vez terminados los ajetreados preparativos del campamento, llegó un instante de reposo. Los caballeros se congregaron entre ellos y los sacerdotes hicieron lo propio, comenzando a disfrutar de su tiempo a su manera. "..." Aunque le alegraba verlos a todos, el muchacho, incapaz de sentir afinidad o pertenencia con ninguno de aquellos grupos, buscó en silencio un rincón apartado y encendió una pequeña fogata. \*Fshhh.\* Al compás de las oraciones sacerdotales que resonaban desde diversos rincones, Vlad desenvainó su espada sin ornamentos. La superficie del acero se tiñó de un fulgor rojizo al reflejar las llamas de la fogata. No obstante, a causa de las incontables muescas y arañazos, la luz refractada sobre el metal se dispersaba en todas direcciones. 'Tú también has pasado por muchas penalidades'. Vlad contempló aquel resplandor escarlata que le recordaba a alguien a quien añoraba profundamente. Luego extrajo una piedra de afilar y la deslizó sobre la espada sencilla. \*Ras, ras.\* La estampa del joven cuidando con devoción de su espada sin adornos guardaba un profundo parecido con los sacerdotes que oraban a lo lejos. Quizá el muchacho también estuviera rezando junto a su espada. Rogaba por aquellas personas que aún permanecían en el lugar del cual él y su arma habían partido. El rumor de la piedra afilando el metal se entrelazó con el crepitar de la fogata. Al calor de la reconfortante hoguera y arropado por una paz en soledad que no experimentaba desde hacía mucho, las facciones del joven comenzaron a suavizarse poco a poco. "¿Por qué estás aquí solo con ese aire tan melancólico?" "... Sir Rutger". El joven de cabellos oscuros se aproximó al lado de Vlad sosteniendo una botella. Rutger se dejó caer de golpe en el suelo frente a la pequeña fogata que Vlad había encendido. "Te he preguntado por qué estás solo". "Todos están ocupados". Tanto como el calor que emanaba de la fogata, Vlad sintió una sincera calidez en la voz de Rutger al hablarle a su lado. "¿Y el gordo?" "Dorothea se lo llevó para ponerlo a trabajar". "¿Y el sacerdote Andrea?" "Está orando". Rutger se encogió de hombros ante las respuestas del muchacho y le tendió la botella que sostenía. "¿Quieres un trago?" "Ahora mismo estoy ocupado manteniendo la espada". "Vuelves a rechazarme". "..." Vlad no deseaba que interrumpieran aquel momento apacible que tanto le agradaba, pero temía que, si volvía a negarse, quién sabía qué clase de proyectil terminaría volando hacia el despacho de Josef. "Es whisky". "El licor de la nobleza". Al sentir el aroma a madera descendiendo por su garganta, Vlad miró a Rutger con una expresión ligeramente singular. El aroma del licor que ahora flotaba en la punta de su lengua resultaba asombrosamente semejante al trago que Josef le había ofrecido en su momento. Por mucho que rivalizaran por las mismas ambiciones, parecía imposible alterar los gustos compartidos que nacían de una misma sangre. "Esa espada necesitará una buena reparación en cuanto regresemos". "... Ciertamente". Ante las palabras de Rutger, Vlad volvió a colocar la espada sin ornamentos contra el resplandor de la hoguera. Era un arma forjada en los callejones por un herrero sin renombre. Aquella espada, en la que un hombre había volcado la culminación de todo lo que había forjado a lo largo de su existencia, aún protegía a su dueño con firmeza a pesar de haber segado la vida de incontables enemigos. "Sin embargo, me dijeron que era imposible repararla". "¿Eh?" Vlad respondió con indiferencia al comentario de Rutger y volvió a levantar la piedra de afilar para reanudar en silencio el pulido del filo de su sencilla espada. "Dijeron que la unión entre la empuñadura y la hoja se había hecho de un modo demasiado arbitrario". "Por eso me dijeron que, a menos que acuda a quien la forjó, tendrán que destrozar la empuñadura por completo para poder reparar la hoja". "Es una espada tan caprichosa como su dueño". Rutger alzó la botella mientras contemplaba el arma de aspecto tosco. Aunque el herrero de la Casa Bayezid se lo había explicado con delicadeza, en resumidas cuentas aquello significaba que estaba hecha de un modo tan caótico que resultaría inevitable romperlo todo, a excepción del cuerpo de la hoja. Con todo, aquello debió de haber sido el mayor esfuerzo que el viejo herrero pudo dar de sí. "Por eso debo encontrar a quien la forjó y pedirle que la arregle". "¿Y en dónde está esa persona?". Vlad alzó la espada en vertical para examinar el afilado filo. El reflejo rojizo que destellaba en la hoja hería con un dolor sordo los ojos del muchacho. Era como si ante su mirada reviviera una cabellera escarlata que jamás debía olvidar. "En Shoara". "Bueno, es verdad que siempre vas por ahí proclamando que eres Vlad de Shoara". Rutger comentó que aquel apelativo le sentaba a la perfección antes de dar un largo trago a su botella de whisky, pero el joven se limitó a contemplar la espada desprovista de adornos. Aunque un herrero de gran destreza se había ofrecido a restaurarla, él se había negado. No deseaba perder nada de lo que yacía impregnado en ella. Cada una de las marcas grabadas en su acero equivalía a la historia misma que el muchacho había construido. "......". Rutger observó al joven que no apartaba los ojos del arma. Las pupilas azules del muchacho, colmadas de un sinfín de emociones mientras contemplaba la espada, resplandecían con un brillo tenue. 'Conque era por esto. Por eso mi hermano menor anduvo corriendo de un lado a otro con tanto afán'. Rutger asintió como si por fin lo comprendiera todo y bebió otro sorbo de la botella. "......¿Acaso no podrás repararla muy pronto?". "¿Cómo dice?". El muchacho preguntó desconcertado, pero Rutger no respondió; se limitó a ponerse de pie. "Cuando se anhela algo con fervor, siempre hay alguien que termina dándose cuenta". "¿......?". "Significa que hasta ahora has vivido rectamente". Vlad contempló a Rutger con perplejidad ante aquellas enigmáticas palabras, pero de los labios del primogénito solo escapó el penetrante aroma del whisky. "Será mejor que me prepare para las tareas de mañana". Vlad se quedó observando la espalda de Rutger, quien se alejaba tras propinarle un par de palmadas en el hombro. "......". A solas una vez más frente a la fogata tras la partida de Rutger, Vlad impregnó un trapo viejo en aceite para darle el mantenimiento final. Aunque le dolía contemplar las mellas del arma que ni la piedra de afilar ni el aceite podían remediar, algún día lograría repararlas. Pues tanto aquella espada sin adornos como el muchacho tenían un lugar al que debían regresar. En aquella noche sobre la pradera donde el joven selló su silenciosa determinación, desde lo alto de una colina, un caballo tan negro como el firmamento nocturno contemplaba al muchacho sentado junto al fuego. A pesar de ser una luz diminuta, al corcel le agradaba sobremanera el color que aquel joven irradiaba. \* \* \* A la mañana siguiente. Los carruajes avanzaban raudos por la verde pradera. Y a su lado, galopando en perfecta armonía junto a la caravana, corría una manada de caballos salvajes. Aquel espectáculo donde hombres y bestias se fundían en una sola marcha a través de la llanura era, sin lugar a dudas, una estampa insólita. Tanto los sacerdotes sentados en el interior de los carruajes como los caballeros que cabalgaban escoltándolos eran plenamente conscientes de ello. Todos contemplaban a la manada salvaje que corría a la par, anhelando grabar en sus pupilas una escena que presenciaban por vez primera y que, muy probablemente, sería la última. "......". El muchacho rubio también apoyaba el brazo sobre el marco de la ventanilla, observando el paisaje exterior en silencio. Embargado por una extraña sensación que ascendía desde lo más hondo de su pecho, Vlad frunció los labios con desasosiego. Vlad lo sabía bien. Sabía que había llegado la hora de la despedida. Así como él tenía deberes que cumplir, aquel corcel azabache también cargaba con la obligación de guiar a su manada. ¡Hiiieeegh! El imponente semental azabache que lideraba la marcha resopló ruidosamente y comenzó a frenar su galope de forma paulatina. Al detenerse el líder que marchaba al frente, la manada entera frenó el paso de manera natural. 'Hasta aquí llegamos. Este es el límite de lo que podemos compartir'. Vlad giró el rostro con lentitud para retener en su memoria, durante el mayor tiempo posible, la silueta de aquel animal azabache que se iba quedando atrás. Como si hubieran trepado a la colina para despedirlos, los caballos salvajes contemplaban desde las alturas a la comitiva que avanzaba allá abajo. Las pupilas de la bestia, más oscuras que el cielo nocturno, reflejaban con nitidez los ojos azules del muchacho. "......Cuídate". Poco acostumbrado a pronunciar despedidas, el joven alzó la mano con timidez y la agitó torpemente. Fue un gesto discreto, como si le avergonzara que alguien lo viera; no obstante, aquel semental azabache fue capaz de divisarlo a la perfección. ¡Hiiieeegh! Alzando las patas delanteras, Noche Sin Luna despidió a la comitiva. Como si hubiera alzado sus cascos al compás de la mano que se agitaba, Vlad esbozó un gesto indefinible y metió la cabeza de vuelta en el carruaje. Aquel corcel azabache con quien había conectado tan profundamente en un lapso tan breve. La fuerza de un lazo no se medía únicamente por el tiempo compartido. "No te aflijas tanto por las despedidas". Frente al muchacho, el sacerdote Andrea asintió con una mirada comprensiva. "......Solo es un caballo". "Ja, ja. A los seres humanos nos cuesta tanto ser sinceros". Andrea sonrió con gentileza y abrió las Sagradas Escrituras que reposaban entre sus manos. "Nuestra existencia no es más que una constante sucesión de partidas y encuentros; por ende, la semilla que se siembra con las lágrimas del adiós florecerá algún día como el gozo del reencuentro". "......". Aunque el joven no comprendía con certeza el significado exacto del versículo que el clérigo recitaba, supo que lo decía con la única intención de reconfortarlo. "A mis ojos también ha sido un lazo verdaderamente extraordinario, de modo que no me cabe duda de que volverán a encontrarse". "Si tarda demasiado, tendré que buscar otro caballo". "Incluso eso formará parte del destino". Vlad volvió la mirada hacia el exterior de la ventana. Mientras contemplaba el majestuoso paisaje, los recuerdos del día anterior acudieron a su mente. La intensa emoción de galopar a través de la pradera esmeralda arrastrando al gusano de la muerte tras de sí. Se llevaba consigo la vivencia más liberadora y colmada de colores vivos de toda su existencia. Las vacaciones habían terminado. Ahora era momento de volver. \----- • Autor: Q10 • Traductor: Inmensurable ⚔️ El juramento de un caballero y el filo del primer Maestro de la Espada se forjan en cada batalla. ¡Deja tu reacción y comentario para avivar la llama del acero y traer pronto el siguiente capítulo! 🛡️✨
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Estás leyendo el capítulo 48 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 19 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.