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Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 47 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
¡Kuaaaaa! "……" Al escuchar el rugido del gusano de la muerte resonar desde la lejanía, Rutger mantenía su ojo izquierdo firmemente cerrado. Lo hacía para contemplarse a sí mismo en sus profundidades más recónditas; para invocar un mundo propio aún más firme y formidable. El mundo de Rutger era de un rojo encendido. Un mundo que albergaba la furia y la pasión de un volcán activo. "Aquello brillante incrustado en su frente resulta sumamente sospechoso. Parece estar relacionado con la magia." Fueron las palabras que pronunció su maga tras descender arrastrando su cuerpo exhausto. Alguien estaba manipulando al gusano de la muerte. ¿Quiénes se atrevían a perturbar la tierra de sus ancestros con semejantes ardides perversos en los dominios de Bayezid? "…… Ya viene." Rutger, con el ojo izquierdo cerrado, contenía y afilaba aquel mundo rebosante de ira. ¡Kuaaaaa! "¡Aaaaaaaah!" Al unísono con el grito de guerra del muchacho, los ojos de Rutger se abrieron de par en par. En ese mismo instante, su espada se elevó con lentitud. Su acero ardía en llamas. \*\*\* "¡……!" \[¡Parece que ya está listo!\] Vlad, que conducía al gusano de la muerte a lomos de Noche Sin Luna, sintió a lo lejos cómo el mundo de alguien ardía con feroz violencia. "…… ¡Esto es…!" \[Ha expandido su mundo de forma temporal. Es un caballero mucho más formidable de lo que creía.\] Al percibir la imponente emanación que brotaba de Rutger, Vlad se estremeció de manera involuntaria. Aquello era más salvaje que lo visto en cualquier caballero que hubiese conocido jamás y, por encima de todo, ardía con un calor abrasador. '¡Está en un nivel completamente distinto!' Aquel mundo de Rutger, que hervía al rojo vivo, parecía capaz de engullir sin el menor esfuerzo su propio y diminuto mundo. Tal como juzgó la voz, Rutger había expandido su mundo temporalmente mediante una profunda introspección. Era un método que solo podía emplear un caballero capaz de contemplarse a sí mismo con absoluta lucidez. Alguien que sabe con certeza quién es. Jamás podría existir un ser humano con raíces más firmemente arraigadas. ¡—————! Y entonces, el gusano de la muerte que perseguía a Vlad también advirtió el mundo de Rutger. Por muy ignorante que fuera cualquier criatura en aquel lugar, no habría ser vivo incapaz de percibir la presencia que este desprendía. El gusano de la muerte comenzó a aminorar la marcha poco a poco mientras giraba la cabeza. "¡Maldición!" Al percatarse de que la atención del gusano de la muerte se había dispersado, Vlad apretó los dientes y alzó bien alto su espada desprovista de adornos. Sin embargo, el mundo del muchacho apenas estaba rodeado por una débil luminiscencia. No bastaba para arrebatar la atención del monstruo ante el resplandor abrasador de Rutger. Prrrruuu— "¿Eh?" Comprendiendo la situación, aquel animal de pelaje azabache viró bruscamente sobre sus patas para encarar al gusano de la muerte. Ante semejante giro imprevisto, Vlad no pudo hacer más que aferrarse con fuerza a sus crines. \[…… Vaya.\] "¡Oye, idiota!" Ante una conducta tan incomprensible, Vlad gritó con todas sus fuerzas, pero la voz en su mente no hizo más que soltar una exclamación de asombro y desconcierto. Aprovechando el propio impulso de la carrera, el caballo azabache retrocedió a gran velocidad mientras clavaba la mirada en el gusano de la muerte. Vlad no lo sabía, pero la voz sí era capaz de verlo: el movimiento de una tenue neblina que comenzaba a congregarse sobre la frente de aquella criatura de pelaje negro. ¡Hiiiiin! No contento con retroceder, el animal sacudió su cuerpo con presteza de un lado a otro para provocar al gusano de la muerte, dejando a Vlad completamente mudo del asombro. El propósito del corcel azabache dio resultado. Aquella neblina tenuemente centelleante logró perturbar los sentidos de la bestia. ¡Kuaaaaa! Ante el insolente desafío de aquella presa, el gusano de la muerte empezó a fulminar con la mirada a Vlad, montado sobre el corcel. Aunque carecía de ojos, la sensación era exactamente esa. '¡Si yo no he hecho nada!' Al ver al gusano de la muerte abalanzarse mientras chorreaba fluidos sanguinolentos, Vlad se sintió desconcertado, pero de un modo u otro, la maniobra había triunfado. ¡Hiiiiin! El animal azabache relinchó con todas sus fuerzas mientras alzaba las patas delanteras al aire. Recibiendo la bendición divina que se desprendía de la armadura del muchacho. Congregando el aura que fluía desde el mundo del joven. Sobre la frente del brioso caballo azabache que corría a toda marcha, la neblina resplandeciente comenzó a adquirir forma poco a poco. No solo en el mundo de la voz, sino también en el mundo tangible que todos podían contemplar. Un misterio antaño relegado al olvido se alzaba una vez más en la memoria del mundo. "¡Vamos!" ¡Hiiiiin! Habiendo manifestado el potencial de un unicornio, Noche Sin Luna dio media vuelta de nuevo y comenzó a galopar, llevando al gusano de la muerte pisándole los talones. Hacia aquel volcán en erupción que ardía en el horizonte. La estampa de Noche Sin Luna corriendo mientras llevaba sobre su lomo al muchacho resplandeciente. Allí, en aquel preciso instante, también había un mundo expandiéndose. En el horizonte donde tú y yo nos encontramos. El yo se transforma en nosotros. El unicornio sin cuerno y el caballero sin corcel se volvían un poco más plenos a través del mundo del otro. Sobre el firmamento azabache, se elevó finalmente una única estrella de níveo resplandor. ¡Kuaaaaa! "¡Cierren el cerco!" "¡Muchacho! ¡Sal de ahí ahora mismo!" Los caballeros de Rutger, que aguardaban el momento propicio, cargaron en un instante y comenzaron a rodear ambos flancos del gusano de la muerte. ¡Kua—! Para impedir cualquier posible escape del monstruo, los caballeros de Bayezid fueron acortando distancias paulatinamente, como quien aprieta un nudo corredizo alrededor de la garganta. Gracias a la oportuna intervención de los caballeros, que habían desplegado sus respectivos mundos, se abrió un resquicio para que Vlad pudiera tomarse un breve respiro. "¡Mi señor Rutger!" "…… Buen trabajo." Cruzándose a gran velocidad, la estrella y el fuego entrelazaron sus miradas. El gusano de la muerte, que abría sus fauces de par en par para devorar al muchacho, quedó desconcertado al ver que el corcel se desviaba abruptamente de su trayectoria con la ayuda de los caballeros. Aquel caballo azabache y el muchacho que lo habían estado provocando. Sin embargo, tras la retirada de ambos, lo que ahora se erguía ante la criatura era… "Es mi turno." Rutger Bayezid. El hijo legítimo y primogénito de Bayezid; un caballero que ardía consumiéndose a sí mismo. "Esta es la tierra de Bayezid." Rutger dejó escapar su furia en un murmullo contenido, dirigido hacia quienquiera que estuviese orquestando aquella catástrofe. "Una tierra que escorias como ustedes jamás deberían mancillar." La espada llameante de Bayezid se alzó verticalmente hacia los cielos. La hoja de Rutger emitía una vibración insólita, calcinando todo cuanto existía a su alrededor. ¡Kuaaaaa! Brotando desde lo más profundo de su alma, un magma de un rojo escarlata irrumpió con fuerza hacia este mundo exterior. A través de la punta del arma del caballero, que asestó un corte descendente sin la más mínima vacilación. Su espada. La ira condensada en ella. E incluso el aire interpuesto entre el gusano de la muerte y Rutger. Absolutamente todo comenzó a consumirse en llamas. "¡Así que lárguense!" Con el bramido de Rutger, un destello carmesí fue disparado bajo el cielo azul. La furia incandescente, canalizada a través de los movimientos contenidos y rigurosos del caballero, rebanó con implacable precisión un mundo colosal. ¡Kuaaaaa! La sombra del dragón caído se partió por la mitad mientras dejaba escapar un aullido desgarrador. El estertor agónico del joven gusano de la muerte resonó largamente a través de la verde pradera. Consumida por unas llamas aún más densas y viscosas que el magma ardiente, la protuberancia brillante que coronaba la frente del monstruo fue perdiendo la luz de forma gradual. \*\*\* "¡Ugh!" Vlad encogió el cuerpo ante el calor feroz que sintió a sus espaldas. \[Parece que lo ha eliminado.\] "……" Al volver la vista atrás, una escena dantesca se desplegó ante los ojos del muchacho. ¡Kueeeeee—! Allí se encontraba el gusano de la muerte, sacudiendo desesperadamente lo que quedaba de su cuerpo envuelto en llamas. La mitad de su torso yacía ya cercenada, retorciéndose sin fuerzas sobre la hierba. El hedor a chamuscado, arrastrado tardíamente por el viento, llegó por fin a la punta de la nariz del muchacho. "…… ¿Acaso es posible llegar a tanto?" Vlad preguntó a la voz con expresión atónita. Existía un mundo de caballeros con el que siempre había soñado. Sin embargo, la estampa que ahora se desplegaba ante sus ojos era un espectáculo mucho más colosal y sobrecogedor que cualquier fantasía que hubiera concebido jamás. ¿Acaso el Caballero de la Luna Azul también habría sido capaz de semejante proeza? ¿Acaso aquel caballero semejante a una fortaleza de piedra que lo había acogido bajo su manto podía partir en dos a un gusano de la muerte? ¿Era este el verdadero mundo de los caballeros? \[... Siempre y cuando tu mundo sea tan inquebrantable como para no vacilar ante nada.\] Al contemplar una escena que desafiaba todo principio y razón, el muchacho se sumió en profundas cavilaciones. El mundo de los caballeros era como una montaña interminable: una cumbre que parecía infinita sin importar cuánto se escalase. Vlad comprendía en carne propia que apenas acababa de situarse sobre la línea de partida. Rutger permanecía con una rodilla en tierra, con la espada firmemente clavada en el suelo candente que aún ardía al rojo vivo. La Espada de Bayezid miraba al muchacho con una sonrisa en los labios. ※※※※ "Bienvenido." "......" Las ensoñaciones habían terminado. Había llegado la hora de regresar a la realidad. Tras avanzar a paso cansino según lo guiaba aquel animal azabache, Vlad desmontó de un salto de sus lomos. "¿Se encuentra bien?" "...... Me vendría de perlas una cerveza bien fría." Sobre la tierra que aún desprendía un sofocante vaho, Rutger intentó ponerse en pie apoyándose a duras penas sobre su espada. "¡Vaya!" Sin embargo, las fuerzas parecieron abandonarlo por completo, pues se fue de bruces contra el suelo con bastante poca dignidad. El precio de haber expandido temporalmente su mundo le cobraba tributo en ese preciso instante. "...... Ngh, ¿no vas a darme una mano?" "Yo también estoy que me caigo muerto." El cadáver del gusano de la muerte aún se retorcía con espasmos intermitentes. Frente a semejante mole colosal, Vlad también terminó desplomándose sobre la tierra. Al sentir cómo el calor residual le quemaba las posaderas, el muchacho agachó profundamente la cabeza. No era para pasar por tales tribulaciones que había salido de permiso. "Montas bastante bien a caballo." "El problema nunca fui yo, desde luego." Ante la descarada réplica del muchacho, Rutger se limitó a sonreír. Los caballeros que habían estado arreando al gusano de la muerte para abrirle una vía de escape a Vlad comenzaron a congregarse poco a poco alrededor de Rutger. "Para ser un mocoso, no lo has hecho nada mal." "Ya nos veremos luego." "Bien hecho, muchacho." Bien podrían habérselo dicho con sosiego, pero los caballeros de Bayezid no desaprovecharon la ocasión de propinarle palmadas en la espalda y alborotarle los cabellos al pasar a su lado. "......" Al ver a los caballeros demostrarle un afecto tan llano y espontáneo, Vlad experimentó una emoción que no sentía desde hacía mucho tiempo. Si uno era capaz de sonreír incluso en los parajes más despiadados, se debía sin duda a la calidez que engendraban las personas. Tanto en los callejones... como frente a los restos humeantes del cadáver de un gusano de la muerte. Habiéndose medido contra un enemigo tan temible como aquella criatura, hoy, al menos, el muchacho y los caballeros no eran distintos de camaradas de armas. "¡Lord Rutger! ¿Se encuentra bien?" Entre el chirrido de una carreta, otros caballeros se aproximaron a la carrera. Aquellos que habían permanecido apostados en vanguardia custodiando a los peregrinos, al percatarse de que todo había concluido, se acercaron a Rutger trayendo consigo a los sacerdotes. "...... Je." Vlad sonrió al ver al sacerdote Andrea sobre la carreta. Porque aquel mundo que él mismo había logrado proteger se hallaba justo allí. "¿Vlad?" Andrea, quien con el rostro lívido sufría arcadas sobre el carromato, reconoció a Vlad y mostró una mirada de perplejidad. "Sí, padre." Aferrándose a sus muslos temblorosos, Vlad se puso en pie y avanzó hacia él. Su andar vacilante y tambaleante al disiparse la tensión resultaba lo bastante lastimero como para conmover incluso a los desconcertados sacerdotes. "Oh... Ya veo." Con semblante exhausto, Andrea abrió los brazos para recibir al muchacho que se le aproximaba. "...... Has hecho un gran esfuerzo. Y te lo agradezco." Aunque había permanecido en la lejanía y no conocía los pormenores, las menudas heridas que surcaban el rostro de Vlad eran testimonio elocuente. Decían con claridad que el muchacho lo había entregado todo. "Ven aquí, Vlad de Shoara." Al estrechar entre sus brazos al clérigo que lo acogía con los brazos abiertos, Vlad cerró los ojos. Percibió una calidez tan reconfortante como la luz solar de aquel día en que había pronunciado su nombre ante Dios. "Señor mío. Hoy, en este lugar, el muchacho que acogió Vuestra voluntad ha obrado por su propio albedrío; tened piedad de él y concededle Vuestra gracia..." Al escuchar la plegaria que recitaba Andrea, Vlad dejó escapar al fin un hondo suspiro de alivio. En La Sonrisa de la Rosa no había podido proteger a nadie. En aquel entonces, el muchacho no era más que una existencia débil e insignificante. Sin embargo, hoy, por decisión propia, había logrado proteger a Andrea. Aquel joven que había salvaguardado una de las raíces que conformaban su mundo era un ser digno de recibir consuelo. Porque para alcanzar este preciso instante, el muchacho no había dejado de luchar con desesperación. Al escuchar las plegarias de los sacerdotes que resonaban con sosiego sobre la verde pradera, los caballeros cerraron los ojos en silencio. ※※※※ El crepúsculo caía sobre Sturma. En la mansión de los Bayezid, Ragmus tomó la palabra dirigiéndose a Peter, quien contemplaba el exterior a través de la ventana con las manos a la espalda. "Mi señor conde. Es una misiva que Dorothea ha enviado a través del orbe de cristal." Con semblante impasible, Peter tomó el mensaje que Ragmus le tendía y comenzó a leerlo. Sus cejas, negras como el azabache, se crisparon y comenzaron a fruncirse. "...... Por si acaso la envié allí, y miren con qué nos encontramos." Los caracteres trazados en aquel diminuto pedazo de papel portaban noticias funestas. "¿Otra vez magia negra?" "Parece haber sujetos que se han asentado en el norte." Ante las palabras de Ragmus, Peter volvió el rostro hacia el sol carmesí suspendido sobre las almenas. Sturma. La urbe erigida sobre la sangre de los Bayezid. Los muros que cercaban la ciudad no eran distintos de la historia misma de su linaje. "A medida que el imperio se debilita, las malditas reliquias del pasado alzan la cabeza a hurtadillas." "......" Ante aquellas palabras de Peter, que sonaban casi a un lamento, Ragmus no supo qué responder. El tiempo transcurre y las épocas cambian. Y tal vez Peter Bayezid fuera el patriarca al que le tocó cargar con el mando en el período más turbulento de toda la historia de su casa. "Aun así, ¿no hay acaso una noticia que sirva de consuelo?" "...... Cierto. Te refieres a ese escudero." Peter recordó el nombre escrito en la última línea de la nota. Vlad, el escudero que su hijo había traído consigo. "Últimamente no dejo de escuchar el nombre de ese muchacho." "Es natural, pues los individuos excepcionales siempre terminan destacando, sin importar dónde se encuentren." Aquel escudero que ya había cautivado su atención durante los combates de entrenamiento entre los aspirantes. Desde la expedición de exterminio de monstruos del invierno pasado hasta este asunto con los peregrinos, de no haber sido por él, los Bayezid podrían haber pasado por serias dificultades. Era un muchacho admirable. "Quienes poseen los méritos tienen pleno derecho a disfrutar de su recompensa." Dicho esto, Peter hizo sonar una campanilla que reposaba sobre su escritorio. La campana de plata emitió un tañido diáfano que resonó más allá del despacho. "¿Me ha llamado, señor conde?" "Haz venir a Josef." "Entendido." Al recibir la orden, el mayordomo se retiró del despacho. "¿Piensa concederle el permiso?" "Porque tiene el mérito." Ganas no le faltaban de colmarlo de elogios personalmente, pero aquel encomiable escudero pertenecía, después de todo, a Josef. Fuese un patrocinio o una recompensa, correspondía otorgárselo estrictamente a través de Josef. Pues el mérito del muchacho de cabellos dorados equivalía, en última instancia, al mérito de Josef. "......" La mirada de Peter volvió a posarse sobre las murallas más allá de la ventana. Las murallas de Sturma, bañadas por el resplandor carmesí del crepúsculo. Los muros erigidos sobre una historia de sangre se alzaban inconmovibles. Exactamente igual que la imponente figura de Peter, que permanecía de pie con las manos entrelazadas a la espalda. \----- • Autor: Q10 • Traductor: Inmensurable ⚔️ El juramento de un caballero y el filo del primer Maestro de la Espada se forjan en cada batalla. ¡Deja tu reacción y comentario para avivar la llama del acero y traer pronto el siguiente capítulo! 🛡️✨
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Estás leyendo el capítulo 47 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 19 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.