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Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 46 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
"¡Ay, ay, ay...!" Emitiendo un quejido similar al de un anciano achacoso, Vlad se incorporó con dificultad. "...Estuve a punto de morir". \[De no haber sido por la bendición de la Serpiente, habrías muerto sin remedio.\] Al escuchar las palabras de la Voz, Vlad bajó la mirada hacia su armadura. Jamás imaginó que la protección divina de aquella serpiente que lo había envuelto en su abrazo aquel día se manifestaría de semejante forma. "Sirve de algo". \[Por eso te digo que volvamos a visitarla más adelante.\] Vlad ignoró el comentario de la Voz y recordó de inmediato el propósito que lo había traído hasta allí. La hendidura en la tierra que se aproximaba inexorable. Rutger y los caballeros que la perseguían a la zaga a galope tendido. Y más abajo, a la distancia, se distinguía a sacerdotes y caballeros sumidos en tal consternación que ni siquiera habían reparado en su estrepitosa caída ladera abajo. "¿Eh?" \[...Vaya.\] Y en medio de todo aquel gentío, divisó la silueta de alguien sumamente familiar. ¡Rrrrummm-! Incluso en el instante en que el muchacho quedaba perplejo, la fractura que desgarraba la pradera continuaba propagándose sin freno. Aunque Rutger y sus caballeros se esforzaban a muerte por darle alcance, tal como había advertido la Voz, la velocidad del gusano de la muerte desplazándose bajo tierra era tan endiablada que podía dejar atrás con holgura a una manada de corceles salvajes. "¡Maldición!" Y la grieta que se abría en la pradera a una velocidad espeluznante avanzaba en línea recta. De manera exacta, frontal, sin un ápice de vacilación: derecho hacia la comitiva de los peregrinos. "¡Rápido, protejan a los sacerdotes!" "¡Pónganse en marcha quienes estén listos!" ¡Hiiieeegh-! Los alaridos de los caballeros y los relinchos despavoridos de las bestias. Y devorando todo clamor a su paso, la siniestra hendidura que se cernía sobre ellos. Una violencia colosal contra la que resultaba imposible oponer resistencia se precipitaba directamente hacia su destino. "No puede ser..." En medio de aquella vorágine apremiante, Vlad reconoció a un clérigo que subía a toda prisa a una carreta. Era el único sacerdote al que el muchacho conocía en este mundo y alguien a quien jamás debía olvidar. Aquella imagen, grabándosele de golpe en la mirada, le produjo una punzada tan aguda en los ojos que caló hasta lo más profundo de su pecho. "¡Maldita sea!" En ocasiones, el azar se presentaba disfrazado de destino para imponer una elección. En aquellos instantes que caían con despiadada crueldad, la gran mayoría de los hombres agachaba la cerviz y elegía la senda fácil; sin embargo, el muchacho no era como los demás. Siempre había sido alguien que forcejeaba y batallaba con todas sus fuerzas. "¡...!" Apretando los dientes para afianzar su resolución, Vlad se lanzó colina abajo a la carrera en dirección a Rutger. El corazón le retumbaba sin tregua en el pecho con una fuerza que le arrebataba el aliento por sí sola, pero el joven no aminoró el paso. Había dos pertenencias que hasta ese momento guardaba con devoción contra su pecho: una era el pañuelo de Alicia; la otra, la placa de identidad que Andrea le había avalado con su firma. "¡Señor sacerdote!" Aquel hombre que había sido el primero en responder por él cuando no era nadie; aquel que le había permitido echar raíces en el mundo por vez primera, se encontraba allá abajo. Olvidando el sobresalto y los dolores de haber rodado ladera abajo, el muchacho echó a correr hacia el rumbo por donde avanzaba la grieta. Hacia aquella violencia atronadora de la que cualquiera desearía huir despavorido, el joven se arrojaba por propia voluntad. \* \* \* "¡Por aquí! ¡Estoy aquí!" Vlad agitaba ambos brazos con desesperación, intentando por todos los medios hacerse notar. "¡...!" Y a lomos de su montura al galope, el hombre de cabellos azabache divisó su figura. Sin embargo, entre los dos se interponía una distancia colosal y casi insalvable; y atravesando esa brecha se precipitaba el joven gusano de la muerte, dispuesto a arrollar a la comitiva de los peregrinos. El tiempo se había ajustado a duras penas, pero la distancia no cuadraba. "No..." Al ver cómo la grieta pasaba de largo a su costado sin titubear un solo instante, Vlad murmuró aturdido: "¡No!" Vlad lanzó un bramido henchido de cólera contra aquel gusano de la muerte que lo ignoraba por completo al pasar. No podía permitirse volver a quedar impotente y desvalido ante la magnitud de un mundo implacable contra el que parecía no poder hacer nada. \[¡Vlad!\] Adivinando lo que pretendía, la Voz intentó disuadirlo con urgencia, pero la decisión del muchacho ya estaba tomada. Ahora era el momento. Y si había que actuar, no cabía vacilación alguna. Haciendo oídos sordos a la advertencia de la Voz, Vlad arrojó a lo alto el pergamino del grabado que apretaba arrugado en su puño. La hoja blanca ondeó bajo el cielo. "¡Por aquí, maldito engendro!" La tajante trayectoria trazada por la espada sin adornos plasmó la determinación del muchacho. El papel se rasgó y, al mismo tiempo, intrincados grabados cubrieron la hoja desnuda. Siguiendo el resplandor azabache del grabado, la espada comenzó a vibrar. Al unísono con la furia del joven dirigida hacia el gusano de la muerte. \[...No es suficiente. ¡Invoca también tu propio mundo!\] Aunque hubiera preferido detenerlo de haber sido posible, la Voz, que comprendía a Vlad mejor que nadie, le ofreció su consejo. Si ya se había lanzado a hacerlo, no debía haber lugar para el arrepentimiento. \[¡Tienes que amplificar la vibración!\] El arte de grabado de Dorothea era formidable, pero resultaba insuficiente para desviar la atención de un gusano de la muerte que ya tenía a su presa al alcance de los ojos. Por tanto, era imperativo infundir su propia fuerza a aquel grabado. "¡Huuup!" Siguiendo la instrucción de la Voz, Vlad hundió la espada en la tierra. Acto seguido, cerró el ojo izquierdo. Lo hizo para extraer de su alma su propio mundo, aún tosco e inacabado. En una coyuntura como esta, aun si Sir Zayar hubiese estado presente, no le habría recriminado su proceder. Pues esta era, sin duda, la única y mejor salida posible. "...Sal". El muchacho recordaba con nitidez el día en que pronunció su nombre por primera vez ante Dios. Rememoraba la luz solar que, filtrándose a través de las vidrieras polícromas, se había posado sobre sus hombros. Era un calor tibio y acogedor; pero, por encima de todo, le reconfortaba la sonrisa de aquel sacerdote que lo miraba con afecto. "¡Sal de una vez!" Junto con el grito del muchacho, tenues destellos comenzaron a brotar desde la espada sin adornos que resonaba vibrante. Blanco, verde y azul lunar. El mundo del joven, que todavía no había hallado un tono propio, estaba impregnado por los colores de los caballeros que lo rodeaban. Eran tonalidades incipientes, pero de una belleza innegable. Vuum-vuummm-vuum. El grabado de Dorothea se engranó con el mundo del muchacho y desató una vibración descomunal. No producía un temblor físico perceptible, pero hacía ondular el aire; no emitía sonido alguno, mas todos los seres presentes podían percibirlo. Era como un bramido del joven proclamando: "¡Aquí estoy!". "¡...!" Aquel joven gusano de la muerte que cargaba contra los peregrinos echando espumarajos de sangre por las fauces también pudo percibir el grito mudo del muchacho. Poseía una resonancia superior a cualquier otra cosa, mucho más honda que la orden grabada en su frente que le exigía avanzar. Por esa misma razón, desvió la cabeza. Grrr-rrr-rrr-rrr... La hendidura se detuvo. Un mundo colosal reconoció el mundo del muchacho. Al sentir al joven, el corazón del gusano de la muerte comenzó a palpitar con violencia desbocada. "..." "..." Y todos los presentes contemplaron al muchacho resplandeciente. Vuum-vuummm-vuum. Apenas por un efímero instante, la presencia del muchacho dominó cuanto existía en aquel paraje. 'Aquí estoy'. "...¡Huyan!" "¡Vlad! ¡Arrójame la espada!" En el instante en que la cabeza del gusano de la muerte —que parecía suspendida para siempre— hizo un leve ademán, resonó el grito desgarrador de Rutger. La presencia que el muchacho había manifestado detuvo el curso del tiempo en la pradera por un efímero segundo, mas no llegó a someterlo por completo. Su mundo era todavía una posibilidad incipiente para aspirar a semejante proeza. Aun así, había sido un esfuerzo visceral que cumplió a la perfección con su cometido. ¡Graaaahhh-! Habiendo fijado un nuevo objetivo, el gusano de la muerte emergió de las profundidades de la tierra y se abalanzó contra el muchacho. Lo hizo con una rapidez que superó con creces los cálculos de la Voz. Como si hubiese estado aguardando este preciso instante. \[¡Esquiva!\] "Kggghhh..." Pese al grito apremiante de la Voz, Vlad no lograba abrir con presteza el ojo cerrado. Un mundo incipiente que aún no terminaba de asentarse. El dominio del muchacho aún era insuficiente para abrir y cerrar aquel mundo con presteza. Sobre la cabeza del vacilante Vlad se cernió de pronto una sombra densa como la pez; una silueta nacida del colosal ademán que amenazaba con sembrar la desesperación más absoluta. "¡No!" Todos los presentes adivinaron lo que sobrevendría al instante siguiente y cerraron los ojos con fuerza. Aunque solo Rutger corrió desesperado para intentar salvarlo, la distancia que mediaba entre ambos era tan imposible de acortar como el fluir inexorable del tiempo. \['¡Envuelve tu armadura en Aura...!'\] Una presencia descomunal, capaz de devorar incluso el clamor de aquella voz. Justo en el instante en que el muchacho, de manera inconsciente, se disponía a proyectar la espada sin adornos ante el gigantesco mundo que se precipitaba sobre él... "¡...!" Una oscuridad mucho más negra que la sombra de desesperación proyectada por el gusano de la muerte. Algo tan hermoso y sombrío como el tono de una noche sin luna cubrió de repente los ojos del joven. ¡Kragagagang! Justo antes de que aquel mundo titánico lograra aplastarlo contra la tierra. \* \* \* "..." El silbido del viento rozándole los oídos. El latido descomunal de un corazón transmitido con fuerza a través de sus manos. La vibración palpitante de unos músculos donde una sangre que no era simplemente tibia, sino abrasadora, corría desenfrenada hasta la yema de sus dedos. "..." A espaldas de Vlad se levantó una densa cortina de polvo. Sin embargo, antes de que esa sucia polvareda alcanzara a envolverlo, el muchacho ya se hallaba fuera de su alcance. La tierra suspendida en el aire jamás podría seguir el ritmo de su veloz carrera. En un punto a caballo entre la conmoción y el asombro. Al percatarse de que, en un abrir y cerrar de ojos, se hallaba montado sobre el lomo de un corcel, Vlad abrió los párpados que mantenía cerrados. \['Ufff...'\] "... Es un caballo". Sin llegar a oír el suspiro de alivio de la voz en su mente, Vlad enderezó la espalda. Al compás del aullido del aire, todo cuanto lo rodeaba pasaba de largo a una velocidad vertiginosa. El joven podía jurar sobre su vida que jamás había experimentado semejante sensación de rapidez. "..." Vlad abrió la palma de la mano para recibir el viento frontal. El denso flujo del aire se escurría con violencia entre sus dedos. "¡Ja! ¡Jajaja!" Pese a haberse debatido al borde mismo de la muerte hacía apenas unos segundos, Vlad soltó una carcajada incontenible. Y es que aquel paisaje con el que tanto había soñado se desplegaba por fin ante sus propios ojos. ¡Kuaaaaaaa! "¡...!" Aunque solo había sido por un instante fugaz, el rugido del gusano de la muerte resonó a espaldas del joven, arrancándolo del ensueño para devolverlo a la realidad. Su estratagema había tenido éxito, pero la amenaza distaba de haber concluido. "¡Vlad! ¡Vlad! ¿Estás bien?" Junto al bramido de la bestia, el caballero de cabellos negros se aproximó a galope tendido hacia el muchacho que cabalgaba a toda prisa. "¡Creo que estoy bien!" "... ¡Bien!" Rutger y los caballeros que habían acudido a la carrera para frenar a la criatura advirtieron que el joven había imbuido el grabado en su propia arma por voluntad propia. La disposición de sacrificarse por los demás. Aquello guardaba directa relación con el Segundo Precepto del Maestro de la Espada. Aunque no era más que un simple escudero, había cumplido con su deber con mayor nobleza que cualquier caballero presente en aquel campo. "Ha sido una decisión admirable y valerosa. Aunque, desde luego, no se trate de una conducta digna de elogio". "..." Tras señalar el proceder imprudente de Vlad, quien se había arrojado al peligro sin planear un desenlace, Rutger cabalgó hombro con hombro junto al muchacho mientras clavaba la mirada en la hendidura del terreno que avanzaba hacia ellos. "¿Podrás maniobrar a ese animal?" "¿Cómo dice?" Resultaba una exigencia implacable para un muchacho que apenas acababa de subirse a lomos de una montura, pero Rutger confiaba en que lo lograría. El destello de viva inteligencia que desbordaban los ojos azabaches de aquel caballo le confería semejante certeza. "Solo si abatimos a ese engendro siniestro podrán estar a salvo los peregrinos. Debemos jugárnoslo todo aquí". "Pero eso es un gusano de la muerte..." "Yo puedo liquidarlo". En aquel preciso instante, Vlad pudo contemplarlo con absoluta claridad: los rescoldos de una llama que ardía con ferocidad en las pupilas de Rutger. "Llevas el grabado de Dorothea y además montas un caballo extraordinario. Por lo tanto, tú podrás atraer a esa bestia". Vlad comprendió de inmediato lo que Rutger pretendía hacer. Pensaba utilizarlo a él como señuelo para cercenar al gusano de la muerte de un único tajo. "¿Podrás hacerlo?" "..." En vez de responder, Vlad acarició con suavidad el cuello del corcel azabache. El animal ladeó apenas la testa para mirarlo, revelando en sus ojos una confianza singularmente reconfortante. 'Ya veo. Tú también estás aquí para salvar a alguien'. "Puedo hacerlo". "Excelente". En cuanto oyó la resuelta respuesta de Vlad, Rutger alzó de inmediato un dedo para indicarle la dirección de la maniobra. "... Traza un rodeo de esta manera y ven hacia mí". Aunque Vlad asentía con empeño, la mirada de Rutger estaba fija, en realidad, en el caballo que este montaba. Le pareció que el animal azabache asentía tras observar la dirección de su dedo. "Ten cuidado". Al ver que el joven y el caballo asentían al unísono, Rutger y sus caballeros se abrieron hacia un flanco. ¡Kuaaaaa! En su lugar, el gusano de la muerte, habiendo dejado escapar a su resplandeciente presa, volvió a sumergirse en las entrañas de la tierra para lanzarse en pos del muchacho. "¡Vamos!" Sobre el lomo desnudo y carente de montura, el joven apretó los muslos con fuerza y se aferró a las crines del corcel oscuro. ¡Hiii-jin! Un relincho completamente distinto al anterior. Ya no era un lamento desgarrador por la manada que perecía, sino una declaración férrea de devolverle el golpe al agresor. Armado con semejante resolución, el animal azabache comenzó a acelerar con violencia. "¡Uaaah!" Una celeridad muy distinta a la de hacía unos instantes. Ante una velocidad tan desmesurada que comenzaba a infundirle pavor, Vlad rodeó el cuello del caballo con ambos brazos y terminó cerrando los ojos. Al fin y al cabo, no era más que un novato que ignoraba todo sobre el arte de la equitación. \['Baja la espada. Para atraer a ese bastardo sin margen de error, debes hacerle notar tu presencia transmitiendo vibraciones.'\] Sin embargo, el muchacho había asumido una misión. Y lo había hecho por voluntad propia. "..." Pese a que el viento tempestuoso apenas le permitía mantener los ojos abiertos, Vlad divisó a lo lejos a Rutger, quien ya había desmontado de su caballo y aguardaba con la espada desenvainada. Debía hacerlo. Porque así lo había prometido. "¡Aaaaah!" Una vertiginosa velocidad que experimentaba por primera vez en su vida. El sobrecogedor embate contra el suelo que se transmitía desde el galope del corcel. Aunque todo era nuevo para él, Vlad estiró el brazo y dejó caer la espada apuntando hacia la tierra para cumplir con su cometido. "¡Una vez... más!" Teniendo en cuenta la postura del muchacho, que colgaba casi recostado hacia un costado, el animal azabache compensó la inclinación ajustando el centro de gravedad. Tras echar un vistazo de reojo a la grieta que lo perseguía desde atrás, Vlad asentó el filo de la espada sin adornos contra el suelo. ¡Klang! ¡Klagagang! Por el calor de la fricción nacida del choque violento entre el hierro y la tierra pedregosa, una lluvia estruendosa de chispas saltó despedida desde la espada sin adornos. "¡Mírame! ¡Aquí estoy!" Junto a aquellas chispas, el mundo del muchacho comenzó a filtrarse tenuemente al exterior. El grabado de Dorothea, saturado de Aura, empezó a propagar intensas vibraciones a través de la espada sin adornos hacia lo profundo de la tierra. Hondo, muy hondo. Con un fulgor tan irresistible que a la bestia le resultaría imposible contener las ansias de devorarlo de una sola dentellada. ¡Kuaaaaaaa! El suelo se desgajó de golpe a lo largo de la hendidura. Emergiendo desde sus profundidades, se reveló la inmensa mole del gusano de la muerte. Aquel titánico mundo subterráneo, persiguiendo las vibraciones que lo llamaban, se abalanzó una vez más hacia el joven. "¡Sí, justo aquí!" Sin embargo, en este momento el muchacho ya no se encontraba solo. Una solitaria estrella brillaba en lo alto sobre una noche sin luna. Y tras el rastro de esa estrella se precipitaba la sombra de un dragón caído. Hacia aquel mundo descomunal e irracional, el joven alzó la voz y clamó con todas sus fuerzas, proclamando que se hallaba en ese lugar. ¡Kuaaaaaaa! "¡Aaaaaaaah!" Como si pretendiera despedazar la pradera entera, el vestigio del dragón bramó con furor colosal. Y desafiando semejante presencia, el joven desató a su vez un alarido atronador. Dos mundos dispuestos a no ceder ni un solo palmo de terreno. Todo mundo alberga un valor indiscutible por el simple hecho de existir; sin embargo, si su destino es colisionar de frente, solo prevalecerá el mundo que brille con más fuerza. Mira con atención, muchacho. El dragón va tras de ti. Avanza implacable hacia tu propia luz. \----- • Autor: Q10 • Traductor: Inmensurable ⚔️ El juramento de un caballero y el filo del primer Maestro de la Espada se forjan en cada batalla. ¡Deja tu reacción y comentario para avivar la llama del acero y traer pronto el siguiente capítulo! 🛡️✨
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El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 46

Estás leyendo el capítulo 46 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 19 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.