Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 45 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
El gusano de la muerte. Uno de los vestigios de los dragones caídos. Un monstruo que habitualmente excavaba y se desplazaba bajo tierra, asomando su cuerpo a la superficie tan solo de vez en cuando para respirar. A diferencia de su aspecto colosal y repulsivo, su sustento primordial solían ser los minerales sepultados en las entrañas de la tierra y la energía telúrica que brotaba del suelo fértil, pero...
"¡Algo anda mal! ¡Por naturaleza, los gusanos de la muerte jamás han sido carnívoros!"
Sin embargo, el espectáculo que se desplegaba allá abajo contradecía por completo el saber convencional de este mundo.
¡Hiiii-i-ing!
¡Kuaaa-aa-aak!
La manada de caballos salvajes se dispersaba en todas direcciones bajo las embestidas del gusano de la muerte. Los desgarradores relinchos proferidos por los corceles eran sofocados entre borbotones de sangre espesa. El viscoso y resbaladizo corpachón del gusano, teñido de un rojo escarlata, ofrecía una estampa tétrica y siniestra.
"... ¡Todos, monten a caballo!"
Tras evaluar la situación y tomar una determinación al instante, Rutger bramó la orden a los caballeros. Poco importaba si lo que tenían frente a los ojos desafiaba la lógica o no. Lo crucial era estar en el lugar donde debían estar y cumplir con lo que correspondía hacer. Ese era el deber ineludible de quienes habían recibido una misión.
"¡Protejan a los peregrinos! ¡Hay que rescatarlos!"
Apenas concluyeron las palabras de Rutger, al ver a los caballeros movilizarse con vertiginosa rapidez, Vlad también trepó con presteza a la carreta.
"¡Avancen!"
"¡Al frente! ¡Sigan a Lord Rutger!"
Atendiendo al mandato de Rutger, los caballeros de Bayezid bajaron a galope tendido por la colina cubierta de hierba verde, arremetiendo hacia aquel dantesco escenario teñido de rojo intenso por la sangre de los corceles salvajes, resueltos a salvar a los peregrinos que se hallaban sumidos en el desconcierto sin saber qué hacer.
Sobre la otrora serena y verde pradera, el rugido atronador del gusano de la muerte se entremezclaba de forma caótica con el fragor de los cascos de los caballos. Previendo la remota posibilidad de que ocurriese una contingencia semejante, Peter había enviado a su propio hijo a este lugar. La meticulosa prevención del patriarca, preparada para cualquier imprevisto, resplandecía en este preciso instante con la misma intensidad que el estandarte de Bayezid alzado en lo alto del asta.
"... ¡Es un ejemplar joven! ¡Apenas acaba de nacer!"
Incluso mientras cabalgaba a toda velocidad, Dorothea no dejaba de observar fijamente al gusano de la muerte. Era una persona sumamente consciente de cuál era su función.
"¡Tanto por su tamaño como por su piel, todavía no se ha endurecido!"
Ante el informe que Dorothea profirió casi a modo de alarido, Rutger volvió la cabeza para contemplar al monstruo. Tal como ella afirmaba, el gusano de la muerte, que trituraba y engullía sin descanso los cadáveres de los corceles, no era tan colosal como cabría esperar y, por encima de todo, lucía una piel suave de un tono rosáceo. Se trataba de un espécimen inmaduro que todavía no había desarrollado la coraza endurecida tan característica de su especie.
"..."
Mientras Rutger cabalgaba a rienda suelta evaluando el panorama, Vlad también observaba lo que ocurría allá abajo desde lo alto de la carreta, que no paraba de sacudirse. La única diferencia con respecto a Dorothea radicaba en que el muchacho, en lugar de mirar al gusano de la muerte, contemplaba a la manada de caballos salvajes que huía profiriendo desgarradores relinchos.
\[Percibo la energía de los espíritus. No son caballos ordinarios.\]
'Espíritus...'
La Serpiente Blanca que había visto en Deomar. La entidad que le había concedido su bendición acudió de inmediato a la mente de Vlad.
\[Te prestaré mi mundo.\]
"Entendido."
El estrépito chirriante de la carreta devoró la queda respuesta del muchacho.
"Fuuu..."
El joven inclinó su postura como si rezara y cerró el ojo derecho.
'¡...!'
Y a través de su ojo izquierdo, abrió el mundo de la voz.
¡Hiiii-i-ing!
Un mundo de colores nítidos y vívidos. El cosmos de la voz, que parecía poseer más de un centenar de tonalidades por encima de lo que el muchacho solía percibir, reflejaba la figura de los corceles. Una manada salvaje que caía pisoteada, masacrada y devorada. De entre los caballos que relinchaban con angustia, se vislumbraba una humareda blanca que flotaba en torno a ellos semejante a la niebla.
'¿Qué es eso?'
Era un humo blanco y centelleante. No obstante, resultaba tan tenue que no lograba consolidar una forma definida y terminaba por disiparse en el aire. Sin comprender la razón exacta, Vlad sintió una profunda compasión al presenciarlo.
\[Mira a aquel de color negro.\]
'...'
Siguiendo el consejo de la voz, Vlad dirigió la mirada hacia un caballo enteramente negro con el que acababa de cruzar los ojos. Como si fuese el líder de la manada, corría sin tregua por los alrededores tratando de llamar la atención del gusano de la muerte. Sin embargo, a pesar de sus desesperados movimientos, el monstruo ni siquiera se dignaba a mirarlo, consagrado por completo a saciarse con la tierna y dulce carne. Aquella escena pareció superponerse de forma dolorosa con cierto día del pasado, y Vlad terminó mordiéndose el labio.
'¿Un cuerno?'
Al desviar la mirada tal como le indicaba la voz, en efecto, hubo algo que se reveló con claridad ante los ojos de Vlad. En los demás corceles no era más que una bruma difusa, pero en aquel individuo existía como una silueta palpable.
\[Parece ser que la sangre de los unicornios corre por las venas de esos caballos.\]
Un cuerno blanco. En medio de la frente de aquel animal enteramente negro, se alzaba un cuerno albino suspendido como si fuese una luna. Contemplando aquel cuerno tenue, desde la armadura del muchacho brotó una vez más el aroma a limón de aquel día.
\* \* \*
'¿Qué es aquello?'
Mientras cabalgaba a toda prisa, la mirada de Dorothea captó de pronto algo anómalo. Había un destello brillante en la frente del joven gusano de la muerte. Desde ese punto exacto emanaba una extraña energía que solo un mago era capaz de percibir. Y la bestia inmadura reaccionaba en consonancia con ella.
"¡Lord Rutger! ¡El gusano de la muerte está girando la cabeza!"
"¡Los peregrinos! ¡Está mirando fijamente hacia los peregrinos!"
"... ¡Maldita sea!"
Una situación imprevista y un margen de tiempo ínfimo. Las pupilas negras de Rutger despidieron un fulgor afilado.
"¡Dorothea! ¿A qué reacciona el gusano de la muerte?"
Como ejecutor de la misión y cabecilla del contingente, Rutger tenía la estricta obligación de tomar la determinación más acertada.
"¡L-Los gusanos de la muerte carecen de ojos y oídos! Solo perciben las vibraciones de la tierra..."
"¡Idea un método para atraerlo hacia otro lado, Dorothea!"
Rutger dividió con premura al contingente de caballeros en dos con un simple ademán de la mano y, poniéndose al frente de un reducido grupo, cargó de lleno hacia la posición del gusano de la muerte.
"¡Ustedes dos, bajen! ¡Faltan caballos!"
Ante el grito apremiante de los caballeros, Portly y Vlad cedieron de inmediato su medio de transporte. Era una decisión incuestionable. Para los peregrinos, que avanzaban a pie y sin monturas, no habría forma alguna de escapar con vida de esta crisis sin el auxilio de los caballeros. Sin embargo, dotado de una velocidad capaz de dar alcance incluso a los caballos salvajes, resultaba evidente que el gusano de la muerte no soltaría con facilidad a la presa que ya tenía en la mira. Rutger se veía en la imperiosa necesidad de resolver dos dilemas al mismo tiempo.
¡Kuaaa-aa-aak!
El joven gusano de la muerte, que se atiborraba con los restos de los caballos, ladeó su corpachón hacia los peregrinos al compás de aquel destello titilante en su frente. Los corceles que huían despavoridos y los peregrinos apostados justo delante de ellos. Todo lo que el monstruo ansiaba, o más bien, todo lo que alguien deseaba obtener, aguardaba allí enfrente.
¡Kuaaa-aa-aak!
Con un bramido de salvaje ferocidad, el gusano de la muerte se abalanzó arremetiendo hacia los peregrinos.
"¡Maldición! ¡¿Por qué?!"
"¡Corran!"
Hasta hacía apenas unos instantes se atiborraba de caballos salvajes, ¿por qué razón mostraba de pronto semejante interés por los peregrinos situados allá adelante? Con todo, la urgencia de contener la catástrofe apremiaba mucho más que el análisis de las causas.
"¡Llamen su atención!"
Bajo las órdenes de Rutger, los caballeros cargaron con denuedo contra el monstruo. Mientras los jinetes se entremezclaban con la desbocada manada de corceles en un intento desesperado por frenar el avance del gusano, Rutger ardía en una furia silenciosa. La lógica se quebrantaba y los acontecimientos discurrían por un curso por demás aberrante. Siendo así, mediaba sin duda alguna una interferencia artificial que había provocado este caos.
"¿Cómo se atreven, en las tierras de mi padre...?"
Perteneciente a la ilustre estirpe de Bayezid en el norte, el caballero que había heredado íntegramente aquella noble sangre cerró el ojo izquierdo.
\* \* \*
A lo lejos se divisaba a los caballeros alcanzando a la comitiva de peregrinos, pero tal como se temía, el número de monturas parecía insuficiente para evacuarlos a todos de una sola vez.
"¡Esto es gravísimo!"
"..."
Desprovistos ya de su caballo y de la carreta, Vlad y Portly permanecían vigilantes en lo alto de la colina custodiando a Dorothea mientras observaban el cariz de los acontecimientos.
"¡Oigan, rubio y gordinflón! ¡Les dije que me taparan el viento!"
Apenas se habían movido un poco cuando, desde sus espaldas, resonó la voz chillona y mordaz de Dorothea. No era para menos: en ese instante, arrodillada en el suelo, se afanaba en trazar, tal como había ordenado Rutger, una marca de grabado capaz de atraer al gusano de la muerte.
"Vibración, vibración... ¿De qué color era el grabado de vibración...?"
Pequeños frascos yacían desparramados por el suelo como si se hubiesen volcado en desorden. Eran recipientes que contenían sustancias semejantes a pigmentos, tal como si un pintor se dispusiera a trazar un lienzo. Dorothea preparaba su hechicería moviéndolos de un lado a otro. Cada vez que sus labios temblaban en un susurro quedo y cada vez que sus manos sujetaban con esmero alguno de los frascos, estos destellaban sobre el terreno y recuperaban su auténtico color.
¡Kbaaaang!
'¡¿Qué demonios?!'
Una ráfaga de calor abrasador golpeó el rostro de Vlad, quien llevaba un buen rato contemplando los preparativos de la maga. Se trataba de una ferocidad ígnea que se hacía sentir desde la lejanía. Un destello de llamas intensamente comprimidas calcinaba el aire circundante junto al gusano de la muerte.
"¡Es lord Rutger!"
Ante semejante ímpetu arrollador que alcanzaba a sentirse hasta la cima, Portly alzó un brazo sin siquiera pensarlo; Vlad, en cambio, tan solo fue capaz de entreabrir los labios, pasmado ante un poderío que amenazaba con devorar en cenizas incluso su propio mundo. Era un mundo que se sentía en una escala categóricamente distinta a la suya.
"\[Es superficial. No se preparó como es debido\]".
Sin embargo, aunque aquel joven gusano de la muerte aún carecía de un caparazón exterior impenetrable, resistió el castigo gracias a una tenacidad obstinada.
¡Kaaaaah! ¡Krrrrr!
Pese al devastador golpe descargado por Rutger, el monstruo se limitó a soltar un chillido desgarrador antes de apresurarse a excavar la tierra para sepultarse bajo la superficie. Si podía considerarse algún mérito en ello, fue que, al tratarse de una cría, al menos lograron infligirle una pequeña herida.
"\[... Las cosas se han complicado. Por muy extraordinario que sea un caballero, poco o nada puede hacer contra un enemigo que mora bajo tierra\]".
Daba la impresión de que el golpe recién descargado por Rutger no había sido suficiente para neutralizar a la bestia de una sola vez.
Sobrevino una breve pausa. Y luego, el silencio. En medio de aquella vasta llanura donde nada parecía moverse...
¡Ruuuummm!
De pronto, la tierra retumbó y comenzó a resquebrajarse poco a poco. El rumbo hacia el que avanzaba aquella hendidura que se abría gradualmente era...
"¡Maldición!"
"¡Vayan tras él!"
El punto donde aguardaban los peregrinos. Al mismo tiempo, era el lugar exacto donde los caballos salvajes que habían huido resollaban exhaustos.
"Dorothea..."
"¡¿Qué?!"
"Creo que vas a tener que darte prisa".
Vlad, quien no apartaba la vista de la escena desde lo alto de la colina, comprendió que el denodado esfuerzo de Rutger jamás bastaría por sí solo para resolver aquella crisis.
"¡Ya casi termino!"
"Si ya casi termina, entrégamelo de una vez".
Vlad giró la cabeza y miró hacia atrás.
"¡Te he dicho que esperes!"
Allí se encontraba Dorothea, embadurnándose la propia cola con un pigmento de tono extravagante mientras grababa el conjuro sobre una hoja de papel.
"... ¿Usa la cola?"
"¡Esta es la manera propia y legítima de la raza de las bestias!"
Para un muchacho que jamás en su vida había visto a un mago conjurar hechicería, no cabía otra opción que darlo por bueno.
"¡Listo!"
Al parecer lo había completado al fin, pues Dorothea alzó en alto un pliego de papel del tamaño de una palma. El grabado resplandeció por un instante al captar la luz del sol antes de recuperar su color original.
"Solo tienes que entregarle esto a lord Rutger. Para usarlo, debe frotar el papel contra el objetivo o rebanarlo con un arma. Con una espada, por ejemplo".
"\[Es tarde\]".
Sin embargo, la grieta que abría el gusano de la muerte ya se propagaba en línea recta hacia donde estaban los peregrinos. A la distancia, la estampida de los caballos salvajes por escapar y los movimientos de los caballeros que cargaban con los sacerdotes se tornaban frenéticos y desesperados.
"Me temo que ya es tarde..."
"¡Toma mi caballo y ve!"
Ante las palabras de Dorothea, Vlad volteó a mirar a Portly.
"¡L-Lo... lo intentaré! ¡Iré yo!"
Dorothea se hallaba exhausta tras haber grabado el conjuro con tanta premura, y Vlad no sabía montar a caballo. En semejante aprieto, la única persona capaz de llevarle aquel pliego a Rutger no podía ser otra que Portly; no obstante...
"\[Aunque vaya a caballo, no llegará a tiempo. Jamás cometas el error de creer que la velocidad del gusano de la muerte bajo tierra es la misma que sobre ella\]".
"... Aunque vaya ahora mismo, me parece que no llegará a tiempo".
Dorothea se había esforzado al máximo, pero el tiempo concedido era demasiado escaso. Por tanto, nadie podía reprocharle nada.
"¡¿Entonces qué se supone que hagamos?!"
Derrumbada en el suelo, Dorothea temblaba con los labios lívidos.
"..."
Vlad lo sabía a la perfección. Que únicamente existía una manera capaz de poner ese pliego en manos de Rutger a tiempo mientras perseguía al gusano de la muerte.
"Iré yo".
"¡Pero si tú no sabes montar a caballo!"
Vlad se humedeció los labios con la lengua y echó a andar. En una dirección completamente opuesta a aquella por la que habían bajado los caballeros.
Clac, clac.
Los guijarros que apartaba con la puntera de sus botas rodaban sin descanso, precipitándose ladera abajo. No llegaba a ser un despeñadero vertical, pero la pendiente de aquella colina poseía una inclinación espeluznante como para lanzarse sin pensar. Era un risco tan escarpado que jamás podría descenderse sobre una montura.
"No hay otra alternativa. No queda más remedio".
En sus años de infancia, cuando sobrevivía como carterista, jamás atraparon a Vlad ni una sola vez. No solo porque su cuerpo fuera ágil por naturaleza, sino porque comprendía muy bien una certeza.
"Si bajo por aquí, llegaré a tiempo".
Sabía que la senda más rápida para alcanzar un objetivo siempre es la línea recta. Jamás existió un solo guardia capaz de capturar a Vlad cuando escapaba abriéndose paso a través de callejones, encaramándose a los muros y cruzando a la carrera el interior de los tenderetes. Y esta ocasión no sería la excepción.
"¡Eso es casi un precipicio!"
"Ponga una buena palabra por mí ante los caballeros después".
El muchacho de cabellos dorados tomó el grabado de manos de Dorothea casi arrebatándoselo.
"Y acláreles que aquel día de verdad no fue mi intención rechazar los cacahuates".
Apenas terminó de pronunciar esas palabras, la cabellera rubia del chico osciló al lanzarse de lleno hacia la vertiginosa pendiente.
"¡Oye!"
Dorothea asomó la cabeza hacia el declive de la colina, buscando a Vlad, quien parecía haberse esfumado como si la tierra se lo hubiera tragado.
"Ah..."
Allí abajo se divisaba la estampa del muchacho precipitándose por la abrupta pendiente con una ligereza prodigiosa, como si le hubiesen brotado alas en la espalda.
"... Conque de verdad era un talento innato".
La joven promesa más brillante sobre la que la Casa Bayezid había posado su mirada y respaldo. En la mano del muchacho rubio, el grabado trazado por Dorothea emitía un blanco e intenso resplandor.
\* \* \*
"\[¡Despacio! ¡Más despacio! ¡Aférrate con la punta de los pies!\]".
"¡Cállese, que con tanto alboroto más bien me desconcentro!"
Con el grabado de Dorothea bien sujeto, Vlad descendía aquella pendiente casi vertical virando y esquivando obstáculos a cada paso. Lo hacía valiéndose de una destreza física forjada a costa de jugarse el pellejo, la misma que domina un muchacho que sabe que, de no conseguir qué comer hoy, bien podría amanecer muerto mañana.
'En realidad no tendría ninguna necesidad de llegar a tales extremos'.
A fin de cuentas, Rutger era la persona que disputaba la posición de señor feudal contra Josef. Además, todos los caballeros presentes formaban parte de la élite de más alto rango de la Casa Bayezid, así que un simple escudero como él no tenía por qué matarse de esa manera.
Aun así, Vlad deseaba hacerlo.
En primer lugar, quería asestarles un golpe al orgullo a los caballeros de Rutger, que lo despreciaban tanto a él como a Josef.
Y en segundo término, lo hacía por aquel animal de pelaje azabache que se desvivía por proteger a su manada en mitad de la catástrofe desatada por el gusano de la muerte.
'Maldita bestia, logra revolverme el corazón siendo tan solo un animal'.
Vlad conocía de sobra ese sentimiento. Sabía con exactitud qué se sentía cuando un mundo inmenso e imparable hace añicos el propio nido sin que uno pueda mover un solo dedo. La impotencia grabada a fuego en aquella fatídica jornada era como una herida alojada en lo más profundo de su alma.
Aquel muchacho, que detestaba no ser nada, justificó de ese modo su propia osadía mientras devoraba la colina a zancadas.
"¡Ugh!"
Tal vez por haberse distraído un instante con sus pensamientos, el pie de Vlad resbaló en una mala pisada y perdió el equilibrio en pleno declive.
"\[¡Hazte un ovillo!\]".
"¡Aaargh! ¡Maldita sea!"
Entre gritos destemplados, el muchacho comenzó a rodar descontrolado colina abajo. No obstante, a pesar de azotarse contra la tierra áspera y colisionar violentamente contra las rocas, resultaba insólito que Vlad apenas resintiera la fuerza de los impactos.
Si hubiese abierto su ojo izquierdo para contemplar a través del mundo interior de la voz, se habría percatado de que su armadura resplandecía en ese mismo instante con un fulgor completamente blanco.
La bendición de la Serpiente Blanca velaba por él, protegiéndolo de todo daño.
"..."
Y al pie de aquella colina, había alguien que atestiguaba en su lugar el resplandor que el propio chico era incapaz de ver.
Aquel corcel de pelaje azabache que jadeaba sin aliento tras correr sin descanso para poner a salvo a los suyos.
En las pupilas de aquel caballo, el muchacho relucía bañado en una luz blanca.
Una estrella que brillaba con nívea intensidad. Una solitaria estrella que se consumía en llamas blancas mientras caía despeñándose colina abajo.
En el mundo de aquel caballo de negro absoluto, la figura del joven se dibujaba de esa manera.
Hacia una noche desprovista de luna, una estrella blanca se precipitaba al abismo.
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• Autor: Q10
• Traductor: Inmensurable
⚔️ El juramento de un caballero y el filo del primer Maestro de la Espada se forjan en cada batalla. ¡Deja tu reacción y comentario para avivar la llama del acero y traer pronto el siguiente capítulo! 🛡️✨

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El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela)
Capítulo 46
El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 45
Estás leyendo el capítulo 45 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 19 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.