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Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 44 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
La mañana en el convento transcurría en absoluta calma. La luz del sol, filtrada a través de las ventanas, iluminaba el suelo de piedra grisácea del refectorio. "Dicen que hay un escudero en la Casa Bayezid que se está haciendo de un gran renombre." "¿No decían también que manifestó Aura en Deomar?" A pesar de ser un convento levantado con lúgubres piedras grises, la atmósfera no resultaba pesada, en gran parte gracias al incesante parloteo de las jóvenes que aún no habían tomado los hábitos. Además, los rumores que circulaban en ese momento entre los pasillos bastaban para avivar la calidez del ambiente. "¿Y escucharon que ese escudero es increíblemente apuesto?" "Dicen que tiene el cabello rubio y los ojos azules. Quién sabe, tal vez sea de cuna noble." Las historias sobre aquel desconocido no dejaban de estimular las fantasías más risueñas de las jóvenes novicias. '¿Rubio?' Acurrucada mientras fregaba el suelo con un cepillo, la muchacha pelirroja captó entre los murmullos de las chicas una palabra que despertaba su nostalgia. "Haber desatado el Aura a una edad tan temprana significa que, sin duda alguna, llegará a ser caballero, ¿verdad?" "Incluso podría convertirse en el caballero insignia de todo el norte." '… Entonces no puede ser él.' Jemina, que había aguzado el oído con un destello de expectación, no tardó en desentenderse ante una historia que sonaba a pura quimera. Cabello rubio y ojos azules. Y un muchacho que soñaba con ser caballero. Eran rasgos innegablemente cercanos a Vlad, pero en el instante en que todos se conjugaban, la probabilidad se desmoronaba por completo. Aquel chico, que apenas había conseguido escapar con vida de los callejones, no podía estar triunfando de semejante manera tan pronto. A ella le bastaba con saber que continuara con vida y con buena salud. \*Clac.\* Mientras sonreía por un instante al evocar al muchacho rubio, algo cayó de golpe junto a ella. "Oye, pelirroja." "…" Una de las novicias que parloteaba sin cesar se le acercó, dejó caer el cepillo que sostenía y espetó: "Termina tú lo que queda. Ya hemos hecho más que suficiente, ¿no crees?" "Tiene razón. Al fin y al cabo, tú ni siquiera pagas una cuota de manutención. Comes gratis a costa de los demás." "Deberías pasarte la vida entera trabajando solo para compensar el favor de haberte acogido aquella noche. Más bien agradécenos que te demos esta oportunidad." Las muchachas soltaron risitas burlonas, ufanas tras asestarle aquel golpe verbal. No obstante, Jemina no mostró reacción alguna y se limitó a proseguir con su labor en silencio. 'Tienen razón.' Las palabras de aquellas chicas eran ciertas. No había nadie que aportara donaciones para que ella pudiera residir allí con comodidades, y resultaba indiscutible que, si el convento no le hubiera abierto las puertas aquella noche, nadie sabría qué habría sido de ella. Como mínimo, su destino habría sido mucho peor que el presente. "De todos modos, vas a tener que pasar aquí el resto de tu vida. No tienes adónde ir allá afuera ni nadie que vaya a venir a sacarte. Así que no te vendría mal ir acostumbrándote a las faenas de este lugar, ¿no te parece?" "…" Aquello también era una verdad incuestionable. Aunque cruzara esas puertas, Jemina no tenía un solo rincón al que dirigirse. La pérdida del hogar no había sido una tragedia exclusiva de aquel muchacho. Al igual que cierta persona, la joven, tras haber sobrevivido con tenacidad en los callejones, no era de las que se doblegaban ante el hostigamiento; sin embargo, prefirió contenerse. "Bueno, nosotras nos marchamos." "¡Que esté todo terminado antes del almuerzo!" Si respondía conforme a su temperamento habitual, terminarían expulsándola del convento. Y si eso ocurría, no tendría cara para presentarse ante madame Marcela, quien se había sacrificado por ellas aquella noche. "… Menos mal que aprendí a hacer estas cosas antes." Jemina, que ya en el burdel cargaba con los quehaceres más ingratos, permaneció acurrucada en soledad en el refectorio, limpiando la piedra sin inmutarse. No obstante, persistía un recuerdo de aquella fatídica noche que, por más que tallara, jamás lograba borrar. La imagen de aquella mujer empujándolas al interior de los muros del convento mientras ella misma, sujeta de los cabellos, era arrastrada hacia la oscuridad. No debieron permitir que se marchara de esa manera. "Hic…" Por ello, la muchacha apretó el cepillo con más fuerza todavía. Anhelaba arrancar de cuajo aquel recuerdo que se negaba a desaparecer. Tragándose las lágrimas que pugnaban por desbordar sus grandes ojos, el cabello rojizo de la joven, que apenas comenzaba a crecer de nuevo, se mecía con torpeza sobre sus hombros. \*\*\* "¿Seguro que de verdad has usado Aura alguna vez?" "…" Era una voz melodiosa y cantarina, pero para quien la escuchaba resultaba sumamente irritante. Más aún si se empleaba para fastidiarlo sin concederle un solo segundo de tregua. '¿Es que no se cansa nunca?' Vlad, que apenas lograba mantener el equilibrio sobre la carreta que se bamboleaba de un lado a otro, contemplaba a la mujer que cabalgaba a su lado sin dejar de increparlo. "¿Cómo es posible que hayas sido capaz de manifestar Aura pero no sepas montar a caballo? ¿No alteraste el orden de las cosas un poco demasiado?" "… A lo largo de la vida pueden pasar cosas de todo tipo." Vlad giró la cabeza para mirar a su interlocutora. Cabello renegrido, pupilas azabaches. E incluso un par de orejas completamente negras que apuntaban hacia arriba, alertas. "¿Qué miras?" Entre los labios arqueados de la mujer asomaron unos colmillos albos. Eran demasiado afilados como para pertenecer a una humana. A Vlad no le agradaban en absoluto esos colmillos. Al presenciar las burlas, los caballeros de Rutger soltaban risitas a su costado. Al parecer, Vlad se había convertido en el blanco de sus mofas desde el incidente de los cacahuetes. 'Aguanta.' Debía contenerse. Aunque no hubiese sido su intención, en cierto modo era una situación que él mismo había provocado. El muchacho llevaba toda su existencia soportando desprecios semejantes. 'Todo por culpa de venir a estas absurdas vacaciones.' Con todo, le resultaba imposible reprimir el suspiro que brotaba desde lo más profundo de su pecho. En ese momento, Vlad y Portly formaban parte de la comitiva de Rutger. Todo se debía a que, al enterarse de que Vlad pretendía tomarse unos días de descanso, Rutger le había propuesto acudir juntos a una cacería con halcones. 'Si no me acompañas esta vez, le enviaré dos cajas enteras de cacahuetes a Josef.' '…' Había sido una advertencia ridícula, pero Vlad, consciente de los antecedentes, no había tenido más alternativa que ceder. Por añadidura, el patriarca de la Familia Cannor, que lo había atiborrado de carne, lo había contemplado con ojos suplicantes. Desde su perspectiva, aquella representaba la oportunidad dorada para estrechar lazos entre Portly y Rutger. "¿Acaso los miembros de la raza de las bestias son siempre tan parlanchines?" "¿Eso que acabas de decir es discriminación racial, por si acaso?" Si se hubiera tratado de una sirvienta ordinaria, le habría ordenado en voz baja que cerrara la boca, pero aquella mujer distaba mucho de serlo. Así como al lado de Peter, el señor de los Bayezid, permanecían el mago y consejero Ragmus, junto a Rutger marchaba ella. La mujer que erguía sus orejas negras era una maga. "No lo hostigues tanto, Dorothea. Es un muchacho que he pedido prestado." "¡Es que ese insolente pone cara de haber masticado mierda cada vez que me mira!" "Cualquiera pondría esa cara si lo atormentas de esa manera." En contraste con la acritud con la que lo increpaba a él, la mujer meneaba dócilmente su cola negra al responderle a Rutger, un despliegue que, a ojos de Vlad, resultaba sumamente fastidioso. 'Maldita gata'. Tanto por sus ademanes como por su apariencia, se asemejaba con exactitud a esos felinos que tanto aborrecía, por lo que Vlad se limitó a fruncir el ceño. "Por aquí bastará". "Con los alrededores tan despejados, podremos vigilar bien en cualquier dirección". "Ciertamente así es". Parecía haber alcanzado por fin su destino, pues Rutger observaba a su alrededor escrutando el terreno. "¿…?". Se limitaba a examinar el paraje, sin siquiera sacar de la jaula al halcón destinado a la cacería. "Allí se les ve". "Así es". Rutger y sus caballeros, que habían estado girando la cabeza de un lado a otro sin cesar como si buscasen algo, alzaron el dedo para señalar aquel punto, habiendo dado al fin con su objetivo. 'Mmm'. Vlad también dirigió la mirada con naturalidad hacia la dirección que señalaban. Aunque se hallaban a gran distancia y sus siluetas apenas se distinguían borrosas a lo lejos, en aquel punto había personas que avanzaban a pie atravesando la pradera. Gente vestida de blanco de la cabeza a los pies. Eran sacerdotes. "Qué suerte toparnos con una comitiva de peregrinos". "Así es. Esto también ha de ser obra del destino". '…Más bien parece que han venido a buscarlos a propósito'. Al escuchar el murmullo de la conversación entre Rutger y los caballeros, Vlad comprendió que aquella cacería de halcón no era más que el pretexto para una salida con un propósito muy distinto. "Izad el estandarte. Mostrad nuestras intenciones para que no se inquieten". "Entendido, lord Rutger". En cuanto Rutger hizo una señal con la mirada, uno de los caballeros a su lado sacó un estandarte y lo ató a la vara de cetrería como si hubiese estado esperando la orden. Fue un movimiento tan natural que parecía que habían traído la pértiga con ese único fin. "Busquemos alguna presa con calma". Aunque decía que iban a cazar, ninguno de los presentes se preparaba para ello. Se limitaban a cabalgar lentamente a lo largo de una loma baja, como si escoltaran a los peregrinos que se divisaban allá abajo. Los peregrinos que caminaban allá abajo también parecieron percatarse del estandarte izado por Rutger, pues amarraron su propia bandera a una pértiga y reanudaron la marcha. El blasón que colgaba en lo alto de la vara... era idéntico al emblema grabado en la placa de identidad de Vlad. En cuanto la comitiva comenzó a moverse despacio, Vlad saltó de inmediato del carromato para apartarse de Dorothea. Si no podía lidiar con ella, esquivarla era la mejor opción. "Uf. Qué mareo". "¿Te encuentras bien, Vlad?". Quizás por haber venido a bordo de un carromato desvencijado que se sacudía sin tregua en lugar de un carruaje adecuado, el pecho no dejaba de palpitarle con violencia. "¿Sientes náuseas?". "No tanto como para vomitar". Con todo, al ver que su estado no mejoraba, Vlad siguió las indicaciones de la voz, arrancó una brizna de hierba cercana y se la llevó a la boca. "\[Acuérdate también de esta hierba. Posee un leve efecto estimulante\]". '¿Quién demonios habrá sido en vida?'. Cada vez que escuchaba hablar a la voz, a Vlad le asaltaba el asombro una y otra vez. El conocimiento y la perspicacia que poseía superaban con creces a los de Josef o Sir Zayar. Que ostentara un saber superior al de un noble educado con esmero y al de un caballero curtido en incontables batallas resultaba desconcertante. 'Algún día lo sabré'. Tras asumir que la identidad de la voz era un enigma que solo el tiempo resolvería, Vlad masticó la hierba amarga mientras contemplaba la vasta pradera que se desplegaba a sus pies. Aunque las cosas no marcharan a pedir de boca, al menos el paisaje era de su agrado. Una pradera tan dilatada y diáfana que permitía contemplar la línea del horizonte. Vlad respiró hondo ante aquel espectáculo que, con solo mirarlo, le despejaba el alma. "¿Eh?". En ese instante, en el confín hacia donde se dirigía su mirada, una masa ondulante comenzó a perfilarse en su campo visual. Eran criaturas que se desplazaban con extraordinaria rapidez. \*Dum.\* "Es una manada de caballos salvajes". Rutger también debió de advertirlos, pues entrecerró los ojos y clavó la mirada en la manada de corceles que galopaba hacia ellos. Aunque se trataba de una estampa magnífica, desde la perspectiva de Rutger distaba de ser bienvenida. Cuando se tenía la misión de escoltar a alguien, no existía mayor carga que una contingencia imprevista. "Sin embargo, ¿por qué se desplazan hacia el sur?". "…Tiene razón. En esta época del año, los caballos salvajes deberían estar subiendo hacia el norte". Las palabras del caballero eran certeras. En la estación en que el frío amainaba y las praderas se cubrían de pasto, las bestias de la llanura solían ascender hacia el norte en vez de descender al sur. Allá era donde despuntaban los brotes tiernos recién nacidos. No obstante, la manada no se dirigía al norte, sino que bajaba hacia el sur, justo donde se encontraban la comitiva y los peregrinos. Y lo hacían a galope tendido. \*Dum.\* A medida que los caballos salvajes se aproximaban, el corazón de Vlad comenzó a latir con desbocado frenesí. "Mmm…". Sintiendo que se trataba de una sensación semejante a otra ya experimentada en el pasado, Vlad permaneció de pie sobre la colina al igual que Rutger, contemplando a la manada a la carrera. Rebosaban de una vitalidad arrolladora. Los músculos que se hinchaban con brío y la temeridad con la que aquellos corceles devoraban la llanura habrían arrancado exclamaciones de asombro a cualquiera que los contemplase, mas… "…". En este momento no había nadie allí que los contemplara con admiración. Tan solo escrutaban su rumbo con semblantes ensombrecidos por la inquietud. "Se dirigen directamente hacia donde están los peregrinos". "Sus movimientos son de una premura extraña. Es como si algo los viniera persiguiendo…". \*Dum, dum.\* Vlad se aferró el pecho tratando de apaciguar los latidos desordenados de su corazón. "¿…?". Sus miradas se cruzaron. A pesar de encontrarse a una distancia tan remota que las siluetas apenas se distinguían borrosas, Vlad sintió con certeza que sus ojos se habían encontrado con los del líder que encabezaba la estampida. Un ejemplar completamente negro azabache. En principio resultaba imposible cruzar la mirada a semejante distancia, pero no cabía duda de que ambos habían conectado los ojos. "…". Aunque incapaz de expresarlo con palabras, a Vlad le dio la sensación de que aquel animal intentaba hablarle. Esa fue la impresión. "¡Lord Rutger!". Al percibir un indicio sospechoso en la conducta de los caballos, uno de los caballeros apoyó a toda prisa la mano contra la tierra y llamó a Rutger con urgencia. "¿Qué sucede?". "¡El suelo está temblando!". \*Dum.\* El muchacho que había cruzado la mirada con la bestia también lo comprendió: los caballos salvajes estaban aterrados. \*¡Ruuuumblr—!\* Apenas se extinguió el grito del caballero, la tierra tembló como sacudida por un terremoto. Allá al frente, presa del pánico ante la violenta sacudida, la comitiva de peregrinos se desplomó contra el suelo. \*¡Krrraaaagh—!\* Junto al seísmo, un bramido colosal resonó en el corazón mismo de la pradera. La tierra se resquebrajó en una grieta negra y profunda, y de sus entrañas brotó disparada una criatura gigantesca con las fauces abiertas de par en par. \*¡Hiiigh—!\* Alcanzado inexorablemente por aquella pesadilla, el corcel azabache que encabezaba la marcha profirió un relincho desgarrador. "¡Es un gusano de la muerte!". Colmillos feroces destrozaban atrozmente a los caballos salvajes, mientras la sangre de las desdichadas bestias se derramaba en una auténtica lluvia. "¡…!". El corazón del muchacho martilleaba sin reposo, mas lo que recorría su cuerpo entero no era sangre ardiente, sino un frío estremecimiento. La manada de caballos salvajes huía despavorida. Estaban suplicando auxilio. \----- • Autor: Q10 • Traductor: Inmensurable ⚔️ El juramento de un caballero y el filo del primer Maestro de la Espada se forjan en cada batalla. ¡Deja tu reacción y comentario para avivar la llama del acero y traer pronto el siguiente capítulo! 🛡️✨
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El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 44

Estás leyendo el capítulo 44 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 19 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.