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Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 43 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
"Kj... agh." Un caballero de mediana edad, apoyado sin fuerzas contra la pared, vomitaba bocanadas de sangre. A espaldas de su cuerpo, que se desplomaba con lentitud, solo quedaba un lastimero rastro de sangre negruzca. El sudor frío que resbalaba por su rostro le entorpecía los ojos con una pesadez asfixiante, pero el caballero se esforzaba por mantener la lucidez. Aunque todo ya estaba perdido, sobre sus hombros recaía el deber de presenciar el desenlace. \*Paso... paso.\* A los oídos del hombre llegó el eco de unas pisadas que se aproximaban. Una visión nublada, un zumbido sordo en los tímpanos y los alaridos agonizantes de otros que resonaban desde algún punto lejano. Entremezclado con todo aquello, el rumor de aquellos pasos resultaba tan calmo como aterrador. "¿Estaba usted aquí?" "... Al final, has llegado hasta este lugar." Ahora, la mansión se teñía de un escarlata implacable. El caballero, que cargaba con la obligación de haber custodiado aquel recinto, alzó la mirada hacia el hombre que avanzaba por el corredor. Lo único que aguarda al término de la existencia no es más que la muerte. "La orden del señor es lo primero... \*cof\*, pero que el honor propio ocupe el segundo lugar jamás significó acatar mandatos a ciegas." "..." La luz azulina de la luna se filtraba a través de los ventanales del corredor. El hombre, inmóvil en medio de aquel fulgor espectral, se limitó a escuchar el último lamento del caballero moribundo. "Los caballeros del anterior conde Gaidar no eran como tú." "... Por esa misma razón han muerto todos." En la mirada del agonizante, que se apagaba por momentos, se reflejó el destello de una espada que relucía bajo el baño lunar. Era un brillo de una pureza y belleza del todo incompatibles con semejante carnicería. "Esa luz tuya también se extinguirá algún día." "..." Sin pronunciar palabra, el Caballero de la Luna Azul alzó la espada en alto. El contraluz proyectado por la luna ocultaba las facciones de su rostro, mas no hacía falta verlas para adivinarlas. "... Godin. Dile al conde Gaidar..." El vencedor arriba; el vencido, postrado a sus pies. "... que lo estaré esperando en el infierno." \*¡Chac!\* Todo se decidía al arbitrio del vencedor. A lo largo del corredor blanco comenzó a deslizarse un espeso manto de sangre escarlata. "... Se lo haré saber." En aquella mansión donde hasta hacía instantes retumbaban alaridos desgarradores, solo reinaba ahora un silencio sepulcral bañado por la luna azul. Y allí donde se posaba su luz, yacían pintados con sangre los ecos mudos de todos aquellos gritos. \*\*\* Había un muchacho apoyado contra el alféizar de la ventana del carruaje, observando el exterior con un gesto de hastío manifiesto. "¿Cuándo llegamos?" "Ya casi estamos." "Eso mismo me dijiste hace un rato." "..." A Vlad le habían tomado el pelo por completo. Le había dicho que su casa se encontraba dentro de Sturma, por lo que creyó que tardarían medio día como mucho. Sin embargo, muy lejos de sus cálculos, no solo no bastó con medio día, sino que dejaron atrás la ciudad y tuvieron que desplazarse durante casi una jornada más de viaje. Para Vlad, que ya aborrecía los carruajes con toda su alma, aquel trayecto interminable era un tormento digno de un castigo. "Por estas fechas, toda mi familia se traslada a la villa de verano. Es la temporada en la que brota la hierba verde en las llanuras." "Si íbamos a la villa, debiste decírmelo desde el principio." "... Lo siento." Pero a lo hecho, pecho; no quedaba más remedio que resignarse. La familia de Portly ya se había trasladado a una casa de campo dispuesta en las afueras, lejos de los muros de Sturma. Portly le había explicado con vehemencia y escupiendo saliva que pasar los días allí sería mil veces más divertido, pero Vlad solo era capaz de rumiar su fastidio al ver que había malgastado dos días enteros de sus valiosas vacaciones de una semana únicamente en viajar. "Oh..." "¿A que el paisaje es magnífico? Quería mostrarte esto." Sin embargo, el mal humor duró poco. Tal como había prometido Portly, bastó con coronar una pequeña colina para que un panorama enteramente nuevo deslumbrara los ojos de Vlad. Una pradera tan inmensa que despejaba la mirada hasta el infinito. Ante semejante estampa de plenitud, una maravilla que jamás en su vida había contemplado, el propio Vlad, que mantenía el rostro apoyado con desgana en el marco de la ventanilla, abrió la boca de par en par. "Cielos..." Frente al horizonte que se desplegaba ante él, a Vlad no le quedó más remedio que maravillarse. Era la época exacta de transición de la primavera al verano. Al compás de los vientos cálidos, las hierbas que alzaban sus brotes lo teñían absolutamente todo de esmeralda. Sin apenas árboles que estorbaran la vista, la pradera se extendía limpia hasta el confín del cielo, provocándole a Vlad la sensación de encontrarse flotando en mitad de un océano verde. "Esta llanura sigue sin interrupción hasta los linderos de Barna. Por lo general, suelen aparecer monstruos de vez en cuando, pero como este invierno lord Josef llevó a cabo la expedición de exterminio, no habrá de qué preocuparse." "Ah, ¿de verdad?" "Claro. Aquella campaña en la que participaste tú." "Ah. Eso." Toda acción conllevaba un propósito premeditado. Pensar que aquella expedición del invierno pasado, donde conoció a Josef, se había orquestado para poder disfrutar de estas mismas praderas en perfecta paz. "Entonces yo también tengo algo de parte en este paisaje." Vlad sintió una inexplicable satisfacción al pensar que él mismo había arrimado el hombro para hacer posible aquella pradera verde y pacífica. "Me dan ganas de gritar." "Te entiendo. A mí también me dan ganas a veces." Un mundo de un verdor tan arrollador que daban deseos de abrir la portezuela del carruaje de una patada y echar a correr sin freno alguno. Con la certeza de comprender al fin lo que sentían los caballos que correteaban a la distancia, Vlad asomó la cabeza fuera del carruaje, abrió la boca cuanto pudo y tragó de golpe el aire impetuoso que corría a su encuentro. "¡Iaaaahhhhh!" "... Sí. Te entiendo a la perfección." El alarido que desgarró la garganta del muchacho resonó con fuerza en el corazón de la pradera. Para Vlad, que había pasado su existencia entera recluido en callejones oscuros y asfixiantes, no había mayor necesidad que arrojar al viento, sin contención alguna, aquel torrente incesante de emociones puras que lo desbordaba. \*\*\* Como una boya solitaria meciéndose sobre un mar verde, la villa campestre afirmaba su presencia con colores singulares. Frente a ella, alguien agitaba la mano con entusiasmo hacia el carruaje. "Es el mayordomo de mi familia." "Vaya. Un mayordomo." Al verlo saludar con tanta familiaridad pensó que sería un pariente, pero resultó ser un criado. "¿Tan grande es la casa como para necesitar un mayordomo?" "Nuestra familia tiene dos en total." "... ¿En serio?" Aunque la Familia Cannor no pertenecía a la nobleza, gozaba de un peso considerable en Sturma. Si bien en un inicio Vlad había forjado amistad con Portly teniendo aquello en cuenta, la riqueza real de los Cannor sobrepasaba con creces la capacidad de imaginación de un huérfano criado en los bajos fondos. "¡Cuánto tiempo, mayordomo!" "Es un verdadero placer volver a verle, joven amo." Los cachorros, sin importar su corpulencia, siempre se abalanzaban a los brazos de su dueño. Y la estampa de Portly en ese instante era idéntica a esa escena. Las piernas del anciano mayordomo temblaban de manera visible mientras hacía lo indecible por sostener en vilo al regordete Portly. "¿Dónde está mi padre?" Portly, el menor de la Familia Cannor, parecía ser muy querido en el hogar a juzgar por su cercanía con el sirviente. Sin embargo, a pesar de que el mismísimo Vlad, a quien tanto decían haber esperado con anhelo, se encontraba allí mismo, nadie fuera del mayordomo había salido a recibir al invitado. "Verá, lo que ocurre..." El mayordomo, reflejando su apuro con una sonrisa amarga, le pidió una pequeña concesión a Vlad: "El señor de la casa está ocupado atendiendo a unos huéspedes que han llegado de manera imprevista... Por lo tanto, ¿qué le parecería recorrer primero el rancho del que nuestra familia tanto se enorgullece?" Huéspedes imprevistos. Al notar la incomodidad evidente en el rostro del anciano, Vlad respondió con la mayor naturalidad: "Hagámoslo así." Decirle a un huésped que esperara porque habían llegado otros invitados rozaba la descortesía, pero a Vlad no le importó en absoluto. "Le agradezco enormemente su consideración." Al oírlo, las arrugas del rostro del anciano mayordomo se extendieron en una sonrisa de alivio. \[Bien hecho. Un corazón generoso siempre recibe su recompensa a su debido tiempo.\] 'Tampoco es que lo haya dicho con esa intención...' Vlad respondió en silencio dentro de su espíritu al escuchar la voz en su mente. ¿Acaso había recibido alguna vez un trato digno en su vida? Aunque lo hubieran postergado para después, gozar de una situación como la presente ya era un sueño inimaginable en comparación con su pasado. Además, si pretendiera exigir pleitesías solo por lo ocurrido en Deomar, sus pasos se volverían torpes y su cuello se tornaría rígido cada vez que intentara lograr algo en el futuro. Por ello, el muchacho había decidido mantener la mayor grandeza de espíritu posible ante todas las cosas. "A cambio, me gustaría ver primero el lugar donde están los caballos." "Tenía grandes expectativas". "Por supuesto, así ha de ser. Es verdad que a los ejemplares más costosos se los presentará el señor de la casa en persona, pero no estará de más que echen un vistazo al resto con antelación". 'A cambio, tendré que asegurarme de encontrar y engullir todo lo que me esté permitido'. Vlad era capaz de ceder, pero jamás toleraba salir perdiendo; tal había sido la ley que había regido la vida del muchacho hasta ese día. ※※※※ \*¡Hiiiiiiin—!\* \*¡Fuf, fuf, plap!\* \*¡Guau, guau, guau!\* "......" "......" Vacas, caballos, ovejas... e incluso el perro pastor. Absolutamente todos los animales del rancho huían despavoridos a la distancia en cuanto posaban los ojos en Vlad. "......Esto es un tanto grave". Aunque Portly y Vlad ya habían previsto que una situación así pudiera desatarse, el anciano mayordomo, que jamás en su vida había presenciado semejante estampa, estaba tan pasmado que su rostro había palidecido hasta quedar lívido. "¿Por casualidad... ha visitado la iglesia alguna vez?". "Mi fiador de identidad es el mismísimo sacerdote Andrea". "Ah... Le ruego me disculpe". El mayordomo había insinuado con cautela si acaso el joven cargaba con alguna maldición, pero al escuchar el nombre que brotó de los labios de Vlad, no tuvo más remedio que inclinar la cabeza en señal de reverencia. Como correspondía al mayordomo de la Casa Cannor, consagrada de generación en generación a la ganadería y la crianza, él también poseía un ojo avezado en el trato con las bestias. Sin embargo, podía jurar solemnemente que jamás había visto a caballos y ovejas salir disparados a la fuga de esa manera para escapar de una sola persona. 'Montar una vaca también va a ser imposible'. Sin importarle si el anciano mayordomo a su lado lo miraba con asombro o no, Vlad se limitó a contemplar el cercado desierto con una profunda pesadumbre en el pecho. Goat había bromeado diciendo que, en el peor de los casos, tendría que cabalgar una vaca; pero a juzgar por la situación actual, ni siquiera semejante disparate resultaba factible. El ánimo de Vlad se desplomó en la miseria. "......" Al contemplar su semblante derrotado, Portly sintió una punzada de compasión y le hizo una firme promesa a su amigo: "Veamos a todos los animales que hay en nuestro rancho antes de irte. Seguro que al menos uno encaja contigo". Le juró que le mostraría hasta la última bestia que pisara esas tierras. Sin importar si eran de combate, de monta, de tiro o de matadero, las sacaría todas. "Aun así... ¿habrá al menos uno dispuesto a seguirme?". "¡Por supuesto!". Sin embargo, que uno garantizara una promesa no significaba que siempre pudiera cumplirla. Aunque ambos peinaron el rancho de punta a punta aferrándose a un hilo de esperanza, todos los animales hicieron lo mismo: afanarse en huir de Vlad con frenesí. En medio de aquella odisea, el único perjudicado fue el pobre mayordomo, que acabó extenuado por el esfuerzo. "Ni en mis peores cálculos pensé que llegaría a tanto...". Aunque Vlad se había preparado mentalmente para una posibilidad semejante, ver cómo la funesta escena se desplegaba con tanta crudeza ante sus propios ojos resultaba en verdad enloquecedor. Sentía cómo se hacía añicos incluso el último ápice de ilusión que albergaba en el pecho. ¿De qué servía ser capaz de esgrimir el Aura si ni siquiera podía montar a caballo? "Cuando los demás carguen a caballo con gallardía en el campo de batalla, yo estaré tragando polvo y corriendo a pie tras sus huellas...". "......Todavía quedan los ejemplares de buen linaje que trajo mi padre". No obstante, para acercarse a esas bestias se requeriría la venia directa del señor de la casa. Con las enormes expectativas desinfladas de la manera más ruin, a Vlad no le quedó más remedio que arrastrar los pies de regreso a la villa con paso apesadumbrado. El sol poniente que se hundía más allá de la línea del horizonte no hizo más que bañar de tonos carmesíes los hombros caídos del muchacho. ※※※※ \*Chas, chas... ¡Fsssss!\* "......" Al cruzar el umbral del comedor, Vlad se quedó sin palabras ante el espectáculo que se desplegó frente a él. Los sirvientes asaban enormes piezas de carne sin descanso sobre las brasas ardientes. El calor que emanaba de aquellos fogones comenzó a templar de inmediato el atribulado corazón del muchacho. 'Hice bien en venir'. Aunque en el carruaje no había dejado de refunfuñar por lo lejos que quedaba el lugar, al contemplar semejante festín Vlad lo pensó con absoluta sinceridad. Había valido totalmente la pena el viaje. "¡Sé bienvenido! ¡Lamento en el alma no haber salido a recibir en persona a un huésped tan distinguido!". Vlad permanecía petrificado como una estatua frente a la carne que daba vueltas sobre el fuego, moviendo únicamente los ojos de un lado a otro con avidez. Al ver aquella reacción tan genuina y carente de fingimiento, Olsson Cannor, señor de la Casa Cannor y padre de Portly, pareció ponerse de un humor inmejorable y le propinó unas palmadas afectuosas en la espalda con su mano gruesa y rolliza. "Es un honor conocerlo. Soy Vlad, escudero al servicio de la Casa Bayezid". "¡Lo sé, por supuesto que lo sé! ¡Los rumores sobre ti ya corren de boca en boca por toda Sturma!". Al observar a Vlad ofrecerle una reverencia impecable, educada bajo las enseñanzas de la condesa Oksana, Olsson Cannor estalló en una sonrisa radiante. El muchacho que había hecho invocar los Preceptos del Maestro de la Espada después de tantos años de silencio. Al enterarse de que aquel prodigio se encontraba en su propia ciudad, los habitantes de Sturma compartían relatos sobre él sin descanso, henchidos de un orgullo singular. Después de todo, el nacimiento de una nueva estrella siempre era motivo de júbilo. '¡Portly sí que ha sabido granjearse un buen amigo!'. Olsson Cannor contemplaba al apuesto y espigado muchacho que tenía enfrente, sintiéndose tan satisfecho que parecía tener el vientre lleno aun sin haber probado bocado. Durante mucho tiempo le había pesado en el alma ver cómo Portly batallaba para adaptarse a la mansión de los Bayezid, pero al ver al joven que ahora tenía delante, todas aquellas preocupaciones se esfumaron como el humo. Era alto, inspiraba una profunda confianza y, por encima de todo, su complexión magra despertaba el irrefrenable impulso de cebarlo a comida. "¡Toma asiento aquí! ¡Hacía una eternidad que no se oía hablar de los Preceptos del Maestro de la Espada, y ardo en deseos de escuchar la historia!". Fiel a las costumbres adquiridas en los callejones, Vlad intentó discernir el temperamento del hombre a través de su comportamiento. Había sinceridad en su mirada y en su trato, y la estruendosa carcajada que soltaba revelaba una seguridad desbordante. Transmitía el aire de lo que solía llamarse un hombre afable y de buen corazón, y a juzgar por el esmero con el que agasajaba a sus invitados, parecía poseer una personalidad marcadamente extravertida. Dicho en otras palabras: daba la impresión de ser el tipo de persona nacida para los negocios. "¡Hoy han venido a mi hogar huéspedes sumamente distinguidos, y como señor de esta casa no quepo en mí de gozo!". Al escuchar las palabras de Olsson, Vlad recordó que, además de ellos, hoy había llegado otra visita al lugar. '¿Acostumbran sentar a la misma mesa a invitados provenientes de otros sitios?'. Al desconocer las normas protocolares de la nobleza o de las familias acaudaladas, Vlad supuso que el señor de la casa sabría lo que hacía y no le dio mayor importancia. "¡Y para colmo, todos los presentes formamos parte de la Casa Bayezid, lo cual hace que este encuentro sea aún más dichoso!". '¿De Bayezid?'. Vlad ladeó la cabeza intrigado al oír que los otros comensales también provenían de Bayezid. Guiado amablemente por el propio Olsson hasta su lugar, Vlad tomó asiento, y fue solo entonces cuando descubrió la verdadera identidad de los otros comensales. "......" Caballeros. Y no caballeros ordinarios, sino hombres curtidos que emanaban un temple refinado y de altísimo calibre. Quizás antes, cuando era un completo ignorante de tales lides, Vlad se habría mantenido con la cabeza erguida sin inmutarse; pero ahora que había empezado a atisbar, aunque fuera una rendija, la inmensidad del mundo, la presión que despedían aquellos guerreros le resultaba francamente asfixiante. Y en medio de ellos, sentado en el centro exacto como si fuera el verdadero amo y señor de aquel recinto, un hombre lo contemplaba fijamente. Un hombre de conocida cabellera negra le sonreía a Vlad. "Ha pasado un tiempo, ¿verdad? ¿Has estado bien todo este tiempo?". Guardaba una notable semejanza con su señor, pero en lugar de las profundas y tristes ojeras que ensombrecían el rostro de Josef, en el suyo resplandecía una sonrisa cargada de absoluta confianza. "......No esperaba encontrarlo en este lugar, señor Rutger". Rutger Bayezid, el primogénito de la Casa Bayezid. Era él quien le sonreía a Vlad desde el otro lado de la mesa. "No sé si hoy tendré permitido comer algo contigo. Después de todo, sería un pecado rechazar manjares tan exquisitos, ¿no te parece?". Tan pronto como Rutger terminó de pronunciar aquellas palabras, la presencia de los caballeros sentados a su vera se volvió hostil y cortante. Y con justa razón: aquel mocoso insolente que se había atrevido a rechazar la benevolencia del señor al que servían estaba sentado justo frente a ellos. "......" Rutger le guiñó un ojo mientras señalaba con el pulgar hacia su espalda, indicando el lechón entero que giraba lentamente sobre el fuego de las brasas. Al mirarlo, Vlad no pudo evitar recriminar en sus adentros: '¿Por qué demonios me obstiné en rechazar los cacahuates aquel día?'. Y más aún frente a un hombre que cargaba consigo semejante temple despiadado y feroz. "......Hoy no habrá ningún inconveniente". Sin embargo, a pesar de sentirse intimidado, Vlad no bajó la cabeza. Aferró con determinación el tenedor que descansaba frente a él y le sostuvo la mirada sin titubear. "Yo también estaba esperando este momento". "......¿Ah, sí?". Al contemplar al muchacho que lo miraba fijamente con sus feroces ojos azules bien abiertos, Rutger esbozó una sonrisa ancha y cargada de satisfacción. \----- • Autor: Q10 • Traductor: Inmensurable ⚔️ El juramento de un caballero y el filo del primer Maestro de la Espada se forjan en cada batalla. ¡Deja tu reacción y comentario para avivar la llama del acero y traer pronto el siguiente capítulo! 🛡️✨
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Estás leyendo el capítulo 43 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 19 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.