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Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 42 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Una noche de luna clara. En un descampado desierto, un muchacho sudaba a mares en completa soledad. "¡Hup!" El muchacho se esforzaba sin tregua, exigiéndose a sí mismo con una ferocidad mucho mayor que la de cualquiera de los escuderos de aquel lugar. "Haaah, haaah." Una gota de sudor suspendida en la punta de su barbilla capturó el brillo de la luna nocturna. Sin embargo, antes de que llegara a estrellarse contra el suelo, el joven se apresuró a secarla con el dorso de la mano. La palabra 'esfuerzo' era noble, hermosa y resplandeciente, pero él se negaba a exhibirla ante los demás. No deseaba que nadie fuera testigo de su entrega. Le repugnaba la mera idea de que lo vieran desmoronado, revolcándose torpemente por el suelo tras haberlo dado todo; detestaba cualquier estampa suya que pudiera interpretarse como debilidad. "¡Huuup!" Desde el pequeño claro entre los callejones del pasado hasta aquel campo de entrenamiento que ahora les había arrebatado a los escuderos, el muchacho, reacio a mostrar flaqueza alguna ante miradas ajenas, empuñaba su espada en lugares desiertos, tal como siempre había hecho. \["Me gustaría que tu cintura estuviera un poco más firme".\] "...¿Enderezar la cintura? ¿Mantenerla erguida?" A diferencia de antaño, Vlad ya era capaz de descifrar un poco mejor los consejos de la voz, y corrigió su postura de inmediato. Tanto la voz como Zayar le habían advertido que no existían atajos en aquel sendero. Le reiteraron que lo único digno de confianza era la destreza forjada a través de la repetición y la experiencia acumulada con el paso del tiempo. "Fuuu..." Qué bendición tan inmensa resultaba poder volcar todas las fuerzas en preparar las posibilidades del mañana. En comparación con la vida en los callejones, donde no alcanzaba a vislumbrar siquiera un palmo de su porvenir, su realidad actual era un auténtico paraíso. Vlad era plenamente consciente de que atravesaba la época dorada de su vida. \["Dejémoslo aquí por hoy".\] "¿Tan pronto?" \["Ya has cumplido la cuota del día".\] La voz comprendía a la perfección el sentir del muchacho. Precisamente por ello, se esmeraba en moderar su ímpetu para que su fuego ardiera con calma, impidiendo que una combustión demasiado precipitada lo consumiera a sí mismo. \["El estiramiento final es la parte más crucial. Si sufres una lesión, todo el esfuerzo acumulado hasta ahora se reducirá a nada".\] "Está bien, ya lo entendí". Siguiendo las indicaciones de la voz, Vlad adoptó la postura de relajación que le había enseñado Zayar y distendió sus músculos. Resultaba lamentable no haber podido entrenar con Zayar el día anterior debido a su propia falta, pero jamás aflojaba en su empeño por avanzar. Al fin y al cabo, solo aquellos que estaban preparados eran capaces de aferrar las oportunidades al vuelo. \["Entremos".\] "Mmm". Con el cuerpo empapado en sudor, el muchacho echó a andar hacia la mansión para guarecerse del aire nocturno, que se volvía cada vez más gélido. "..." Sin embargo, el joven no era el único que velaba en aquella noche. Aunque se encontraba a una distancia prudencial que le impedía oír sus palabras, el caballero tuerto también contemplaba aquel descampado desierto. Educar a una persona era la tarea más difícil del mundo. Ciertas cosas crecían lozanas con solo prodigarles afecto, pero un ser humano requería asimismo de una reprimenda severa. Solo de ese modo se evitaba que se extraviara del camino recto. Únicamente después de constatar que el muchacho entraba en el edificio, el caballero tuerto abandonó su puesto. Fue una noche cargada de cavilaciones para dos hombres que aún se sentían incómodos en sus respectivos roles. \* \* \* "Está bien". Josef respondió desde el interior de su despacho intensamente iluminado. "...Muchas gracias". Aunque sabía que se trataba de un pensamiento algo impertinente, Vlad no pudo evitar sentir compasión por las sombras bajo los ojos de Josef, las cuales no se disipaban por más que la luz las bañara de lleno. A decir verdad, el noble había guardado cama durante varios días apenas regresar de Deomar. "De todos modos, tenía la intención de concederte un permiso. Además, tú mismo te has buscado un destino al que acudir, de modo que no tengo motivos para negártelo". Pese a haber obtenido la venia de Josef, Vlad mantuvo una actitud cohibida, midiendo las reacciones a su alrededor. Todo porque había un caballero tuerto que, a pesar de sus constantes tentativas por cruzar miradas con él, no daba la menor muestra de respuesta. "..." Josef no pasó por alto la atmósfera incómoda que fluía entre ambos, pero prefirió guardar silencio. Por más que ostentara la mayor jerarquía en aquel lugar, existían dinámicas ajenas que debían ser respetadas. "...Aunque estés de permiso, un caballero jamás debe apartar la espada de su mano". Fue el caballero tuerto quien quebró primero el sutil mutismo. Aunque desviaba la vista de soslayo hacia otra parte, Zayar le estaba hablando inequívocamente al muchacho. "Ya veré cómo regresas". En el camino de la espada, si uno faltaba al entrenamiento un solo día, lo notaba uno mismo; si se ausentaba una semana, lo notaban los demás. Zayar sabía perfectamente que Vlad se aplicaría sin necesidad de advertencias, pero en aquella tesitura no se le ocurría nada más oportuno que decir. Después de todo, era un hombre que jamás había tenido la experiencia de criar a nadie, y mucho menos a un escudero. "¡Entendido!" Al comprobar que Zayar por fin se dignaba a hablarle, Vlad respondió con voz potente y decidida. "Con todo, te sugiero que no albergues demasiadas esperanzas con respecto a los corceles. Tu problema probablemente sea algo difícil de resolver incluso para la Familia Cannor". "...Sí, mi señor". Ante la advertencia que añadió Josef, las ilusiones de Vlad se desinflaron una vez más. "Limítate a comprobar a grandes rasgos hasta qué punto te rechazan las bestias. Y si das con ejemplares cuya aversión sea menor, averigua de qué comarca proceden". Josef estaba al corriente de la incapacidad de Vlad para montar a caballo, y sabía muy bien que no era un defecto atribuible al muchacho. Aunque se trataba de casos extraordinariamente inusuales, a veces ocurría que los animales rechazaban a un individuo, tal como le sucedía a él. Podía tratarse de alguien impregnado de un hedor a sangre demasiado espeso, de una persona afligida por una maldición singular, o bien de un caballero imbuido de una presencia descomunal e intimidante. 'Aunque, en el caso de los caballeros que poseen una presencia arrolladora, suelen regularla por propia voluntad desde el principio...' Por el momento, en lo que concernía al muchacho, lo más prudente era mantener abiertas todas las posibilidades. Al igual que con el asunto de Alicia, era un muchacho del que jamás se sabía hacia dónde saldría disparado o qué imprevisto causaría. "Márchate. Nos veremos en una semana." "Entendido." "No hace falta que traigas ningún regalo a tu regreso." "… Sí." Escuchando las ambiguas palabras de Josef, sin saber con certeza si le estaba pidiendo que trajera un obsequio o todo lo contrario, Vlad abandonó el despacho con el rostro sumido en cavilaciones. "La Casa Cannor, eh…" Contemplando la puerta por donde Vlad acababa de salir, Josef frunció levemente el ceño. "Con un poco de suerte, bien podrían cruzarse." "Al fin y al cabo, ambos son figuras que llaman demasiado la atención." Al conocer el destino de Vlad, Josef torció los labios considerando las posibles eventualidades que pudieran desencadenarse allí. "Bueno, si la situación apremia, ya sabrá servirse de él como crea conveniente." "¿No cree que le echará el ojo?" Ante la pregunta de Sir Zayar, Josef se limitó a hundir de nuevo la cabeza entre los documentos, como si el asunto ni siquiera mereciera el esfuerzo de pensarlo. "Es el tipo de persona que, si desea algo, viene en persona a pedirlo a la cara. No es alguien a quien le gusten las tretas urdidas a espaldas de los demás." Sir Zayar no tuvo más remedio que asentir ante la respuesta de Josef. Muy probablemente tenía razón. Al fin y al cabo, eran las dos personas que mejor se conocían mutuamente en el mundo entero. \* \* \* "Qué oportuno ha resultado todo para lo que tenía planeado." En el salón de recepción de la señora Oksana, donde hasta la luz del sol se teñía de una cálida atmósfera anaranjada, Vlad se encontraba una vez más completamente tieso. Las doncellas que revoloteaban a su alrededor no cesaban de probarle prendas sobre el cuerpo una y otra vez. Al contemplar una escena que se repetía invariablemente cada vez que acudía a esa estancia, Vlad sabía muy bien que quedarse inmóvil como un poste era la mejor decisión posible. "…" En cuanto salió del despacho de Josef, Vlad fue interceptado de inmediato por una criada, como si lo hubiera estado aguardando al acecho. Habiéndose presentado como doncella personal de la señora Oksana, no pudo oponer la menor resistencia y fue arrastrado como una almohada firmemente apresada. Y para cuando volvió en sí, ya se encontraba reducido a este estado. "El color combina de maravilla. Lo mandé a confeccionar con la intención de que lo vistieras sobre la armadura de cuero, pero te sienta aún mejor de lo que imaginaba." "… Muchas gracias." Oksana contemplaba con una sonrisa de satisfacción la capa negra dispuesta sobre los hombros del muchacho. Al percibir la sonrisa de Oksana, Vlad palpó con cautela el tejido de la prenda. Confeccionada con una cálida lana de primera calidad, la capa poseía el abrigo suficiente como para servirle a modo de saco de dormir durante las noches de campamento al raso. Se debía a que Oksana se había esmerado en que la pieza no solo luciera espléndida a la vista, sino que contara también con una práctica utilidad. "Ciertamente, al tener una complexión tan recia, cualquier cosa que te eches encima te sienta bien. Da gusto vestirte." Al comprobar una armonía de colores que encajaba infinitamente mejor de lo previsto, Oksana dio una palmada suave. La espléndida cabellera rubia del joven era el broche de oro perfecto que terminaba de ensalzar la elegancia del atuendo. "¿Me han dicho que vas de descanso a la Casa Cannor?" "Así es." Apenas hacía unos instantes que Josef le había concedido el permiso; ¿cómo demonios se había enterado con semejante presteza? El muchacho, que todavía no alcanzaba a comprender la verdadera magnitud de la autoridad que ejercía la dama al supervisar hasta el más mínimo resquicio de la mansión, se limitó a pensar que en lo sucesivo debía conducirse con una compostura aún más estricta. "Cuando uno asiste como invitado a una casa ajena, es menester presentarse con una apariencia mucho más pulcra. Es una cuestión elemental de cortesía y la manera de evitar que otros deshonren a tus padres." "…" El muchacho no tenía padres a los que nadie pudiera deshonrar. "Por lo tanto, no debes hacerme quedar mal a mí." "… Jamás me atrevería a semejante cosa." Aunque Oksana no era la madre del joven, le estaba asegurando que asumiría esa misma responsabilidad en su nombre. El respaldo y las atenciones que ella le dedicaba a Vlad habían rebasado hacía ya bastante tiempo las fronteras de un simple mecenazgo. "Te agradezco de todo corazón lo que hiciste en Deomar." "Solo cumplí con mi deber." "No, fue un acto que fue mucho más allá de eso." Oksana no llegaba a semejantes extremos únicamente porque el muchacho llamado Vlad fuera de su agrado personal. Lo hacía también porque el joven que tenía ante sus ojos constituía un pilar de auxilio de incalculable valor para su propio hijo. Si prodigaba semejantes atenciones con un simple escudero como él, ¿hasta qué extremos no llegaría el desvelo que sentía por Josef, la carne de su propia carne? "Siendo así, en cuanto concluya este descanso tendré que asignarte un preceptor de etiqueta. Un desliz de semejante calibre basta con cometerlo una sola vez en la vida, ¿no te parece?" "… Le ruego me disculpe." Aunque Oksana le hablaba en este instante con una sonrisa apacible, si Vlad hubiera sabido que la dama llegó a tambalearse a causa de la conmoción tras enterarse de lo ocurrido con Alicia, muy probablemente se habría postrado de rodillas carcomido por la culpa. "El rango de caballero al que aspiras equivale a la posición de la seminobería, de modo que resulta indispensable que aprendas a conducirte de acuerdo con tu estatus." "Entendido." Cualquiera que contemplase a una tierna criatura que, pese a sus carencias, rebosa de potencial, sentiría el impulso inevitable de tenderle una mano. Y el afecto de Oksana se estaba derramando sobre el muchacho a través de las formas más diversas. "Muy bien. Ya puedes retirarte." "Muchas gracias, señora Oksana." Habiendo obtenido el permiso para marcharse tras un largo rato de confinamiento en el salón, Vlad se disponía a abandonar la estancia con andares rígidos cuando la voz de la dama lo detuvo en seco. "Y cuando te vayas, no olvides llevarte lo que te he dejado ahí a un lado." Ante las palabras de Oksana, Vlad giró la cabeza hacia las cestas dispuestas a un costado. "Esto es…" "Son limones. Los trajo Josef en esta ocasión." Oksana respondió sonriéndole al muchacho, que observaba los limones con una evidente mueca de desconcierto. "Presentarse con las manos vacías al visitar una casa ajena es una falta absoluta de educación." "… Le agradezco profundamente su minuciosa consideración." Vlad, que a lo largo de su vida solo había visto a sujetos dispuestos a arrebatarle lo poco que tenía, carecía por completo de defensas frente a quien se empeñara en colmarlo de favores. Por esa misma razón, no le quedó más remedio que reiterar su gratitud y salir cargando con ambas manos las opíparas cestas de fruta. "Uf…" Al abandonar la habitación de Oksana, de donde invariablemente salía con mucho más de lo que jamás hubiera imaginado, Vlad dejó escapar un tenue suspiro. Recorrió el pasillo con paso pausado, contemplando su propio reflejo proyectado sobre el cristal del ventanal. Ropas de apariencia refinada, una capa imponente y señorial, y las manos colmadas de cestas de fruta. Nada de aquello encajaba con él en lo más mínimo. \----- • Autor: Q10 • Traductor: Inmensurable ⚔️ El juramento de un caballero y el filo del primer Maestro de la Espada se forjan en cada batalla. ¡Deja tu reacción y comentario para avivar la llama del acero y traer pronto el siguiente capítulo! 🛡️✨
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Estás leyendo el capítulo 42 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 19 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.